Rook

Tras el combate, Rook encajó las dagas en su funda, con una floritura. Varric alzó las cejas, sorprendido, mirándola de arriba abajo, como si hubiese algo que no le cuadrase.

— ¿Ni una pizca de magia, Rook? —le preguntó, estupefacto ante su aparente indiferencia.

—No hacía falta. Me valía con las dagas— comentó Rook, con simpleza, mientras se quitaba una pelusilla de la manga, como si con ella no fuese la cosa.

Harding los miró, alternativamente, con una ceja alzada.

—Tengo muchas dudas, pero las reservaré para después. Vamos.

Se pusieron en marcha, en silencio. Rook aprovechó el momento de inesperada calma para soltar una de las preguntas que le llevaba comiendo la cabeza desde que comenzaron la misión. Frunció el ceño y se colocó al lado de sus compañeros, en dos zancadas.

—Hay algo que no entiendo. ¿Por qué Solas quiere destruir el Velo, si sabe que va a destruir el mundo simultáneamente? —preguntó, realmente confusa, su cara expresando totalmente su opinión sobre una idea tan aparentemente estúpida.

Harding suspiró profundamente, agachando la vista por un momento.

—Solas siempre hablaba de lo bello que era el Mundo Antiguo —murmuró, con la expresión sombría. Varric asintió, dándole la razón a la enana.

—Ese mundo existía antes del Velo y quiere recuperarlo a toda costa— continuó Varric, mirando a Rook —. Incluso si nos destruye en el proceso —dijo entre dientes, con enfado hacia su amigo elfo.

Volvió a imponerse un silencio sombrío entre ello. Con rapidez, se dirigieron por donde Harding los guiaba, como un sabueso en busca de su presa. Unos minutos después, escucharon una voz por encima del estruendo, alterándolos por un momento.

—¡Estáis incumpliendo la orden imperial! ¡Deténganse! — gritaron desde un amplificador. Parecía venir del Palacio del Arconte, que cada vez estaba más cerca de ellos.

El equipo se dirigió hacia un edificio, protegiéndose de miradas indiscretas. Entonces, miraron hacia delante, desde donde venia la voz.

Una cúpula enorme, hecha de magia, estaba defendiéndose de los disparos de magia que le dirigía el palacio, con eficacia. Harding emitió un respingo, tapándose la boca, cuando vio donde estaba localizada esa cúpula.

—¡Oh, no! ¡Creo que esa es la plaza de Dumat! —murmuró, dirigiéndose a ellos. Varric y Rook se miraron y asintieron, a la vez.

Hora de volver a ponerse en acción.

Con presteza, se dirigieron hacia la cúpula, seguidos de Harding. Por el camino, fueron abatiendo los venatori que se atrevían a cruzarse delante de ellos, valientes.

Lo que no sabían era lo mortal que podía llegar a ser la combinación de una ballesta, un arco y unas dagas, que sostenían una resolución firme de llegar a su objetivo. Destruyeron un cristal venatori, una gema hecha por la magia de sangre, que les cerraba el paso con una barrera y, en pocos pasos, estaban ya en la plaza. Más venatoris les cerraron el paso, crujiéndose los dedos al mirarlos. Rook les sonrió cruelmente, pero antes de que desenfundase sus dagas, estaban los dos abatidos por unos proyectiles mágicos venidos de la nada. Ella dio un salto hacia atrás, defendiéndose con las dagas, confundida y mirando a todas partes.

¿Qué había sido eso?, se preguntó, sin cambiar su postura.

A su lado, Varric frunció el ceño, con Bianca en alto también.

—¿Habrá sido Neve? —murmuró, con el mismo desconcierto.

Pero no les dio tiempo para llegar si quiera a planteárselo. La cúpula se quitó en ese momento, abriéndose en toda su extensión y desapareciendo, mientras el Palacio se alejaba, atento a otro peligro.

Rook escuchó un leve paso, metálico, sonando contra los adoquines del suelo. Una figura se acercó a ellos, perezosamente.

Neve Gallus, con todo su porte mágica, los observó, uno a uno, clavando su mirada oscura en ellos. Su pelo negro, cubierto por un extraño sombrero, brilló bajo la lluvia, mientras le daba una calada a una pipa, lentamente.

— ¿Alguien me solicitaba? —preguntó, su voz algo ronca, mientras soltaba el humo en densos círculos,

Harding sonrió ampliamente al verla, aliviada. Se colgó el arco a la espalda, mientras se llevaba una mano al pecho, inspirando.

—¡Neve! ¡Estás bien! Pensábamos que los venatori te habrían capturado—comentó, algo dudosa, pero con preocupación.

Neve, con soltura, recogió su bastón clavado en uno de los venatoris cercanos que había derrotado y se giró, guardando la pipa y caminando unos pasos, mientras les hacía un gesto con la cabeza.

—Ellos pensaban lo mismo —dijo, indiferente ante los cuerpos delante suya.

Rook los miró, con un pequeño silbido. Vaya con la detective. Sabía defenderse muy bien, pensó, mientras analizaba las heridas de los venatori muertos.

Todas y cada una de ellas hechas en puntos mortales. Maravilloso.

Entonces, el equipo se encaminó hacia donde estaba yendo la detective, siguiéndola.

—Sé que hay muchos venatori que no les importaría ajustar cuentas conmigo, así que aproveché eso, para ver quién era esta vez el responsable— comentó con ligereza Neve, mientras atravesaban las calles, mojadas por la lluvia que seguía cayendo, acompañada de los demonios que gritaban, furiosos—. Entonces, empezaron a caer demonios del cielo—dijo, señalándolos. Después, encogió un hombro—. Así que, vuelta al trabajo.

—Perfecto—asintió Varric, satisfecho. Entonces, extendió su mano, señalando a la detective, mientras clavaba la vista en la elfa—. Rook, esta es Neve Gallus, nuestra experta humana local. Nos va a ayudar a encontrar a Solas—les presentó Varric, animadamente.

Rook inclinó la cabeza hacia la detective, en forma de respeto, mientras le sonreía, amablemente.

—Rook De Riva, de Los Cuervos Antivanos. Un placer.

—Oh, un Cuervo y una De Riva, ni más ni menos— ronroneó Neve, mirándola por el rabillo del ojo, mientras jugaba con su bastón—. Estás muy lejos de casa, Cuervo.

—Es…una historia larga de contar. Digamos que no les agradé a los jefes por una cosita de nada —señaló, arrugando el gesto y levantando su mano, juntando los dedos. Neve la miró con curiosidad durante unos segundos.

—Eso me lo tendrás que contar más adelante, Rook —le comentó, sonriendo.

Rook asintió amigablemente. Total, tampoco es que fuera un secreto su pequeño receso de los cuervos. Y a ella no le importaba decirlo, sinceramente.

Neve entonces se dirigió a los demás, cambiando de tema.

—No he visto a Solas directamente, pero he hallado trazas de magia antigua, parecida a la que se encuentra en las ruinas élficas. Sin duda, es él—señaló hacia una gran estatua del fondo, que se alzaba imponente—. El rastro se dirige hacia un edificio debajo de Nuestra Señora de la Victoria. Ahí está nuestro hombre.

Varric apretó los puños, mirando hacia donde señalaba la detective. Después, inspiró, armándose de valor o buscando una calma que necesitaba.

Rook pensó que era más bien lo segundo.

—Entonces, vamos hacia allá antes de que empeore el ritual—comentó, con la voz dura, metido en sus pensamientos.

Neve soltó una risa de burla, sin poder evitarlo, ante las palabras del enano.

—¿Empeore? —preguntó, incrédula—. Este ritual ya tiene más poder que una docena de magos juntos, Varric. Me dijiste que trabajaba solo—le recalcó esta última palabra, con sorna y acusación.

Él se encogió de hombros, indiferente ante el tono de la maga de hielo.

—Pero también te dije que era un antiguo dios élfico —le dijo, respondiendo a su acusación con labia, propia del enano.

Neve inspiró, cerrando los ojos por un momento. Se frotó entre las cejas, con tensión.

—Un dios élfico. Captado. Vamos, este dios ya ha causado demasiados estragos a mi ciudad.

Sin demorarse más, se encaminaron con rapidez hacia la estatua. Neve les dirigía en el frente, con premura. Entonces, sin mirarlos, se dirigió hacia ellos, moviendo nerviosamente su bastón, pero aparentando calma.

—Vale, entonces, si pillamos a Solas…o al Lobo Terrible, cómo quiera que se llame, ¿cuál es el plan?

—Con suerte, estará lo suficientemente concentrado en el ritual como para fijarse en nosotros—contestó Harding—. Ahí podremos enfrentarlo sin problemas.

Varric se colocó bien a Bianca, en un gesto nervioso.

—Solo hay una persona en este mundo (y en cualquiera, realmente) que podría enfrentarlo y no está aquí— siguió Varric—. Un combate directo hará que nos mate.

Rook alzó una ceja ante las palabras del enano. Esa información no la tenía ella, pensó frunciendo el ceño.

— ¿Y quién es esa persona? — preguntó Rook, curiosa, sin poder saltar esa parte.

Varric y Harding cruzaron una mirada, tristes. Neve solo seguía la conversación de fondo, curiosa también, queriendo saber la respuesta.

—La Inquisidora Lavellan— le contestó Harding, tras unos segundos de silencio.

Ah, pensó Rook, puede que si hubiese tenido esa información. Pero no la había enlazado correctamente, se dijo, posando una mano en sus dagas, pensativa.

Entonces, Varric gruñó, apretando los puños y frunciendo el ceño.

—Pero ni ella le hará cambiar de opinión. Ya lo hemos visto demostrado.

Rook lo observó, pero decidió no seguir preguntando, por mucho que quisiese contrarrestar información. En sus rostros, había un dolor compartido, antiguo, que parecían no querer reflotar y no iba a ser ella quién les obligase a hablar, pensó, empatizando.

No cuando Rook misma guardaba muchos secretos. No era justo.

Deslizándose por una tirolina, llegaron rápidamente al edificio, custodiado por una barrera mágica, ondulante bajo la noche.

—Me encargo yo.

Neve se dirigió a la barrera, dispuesta a desactivarla, mientras empezaba a realizar unos gestos, concentrada.

En ese mismo instante, Rook tuvo un escalofrío. Una vocecilla dentro de ella empezó a gritar, alarmada. Miró a su alrededor, desconfiada, hasta fijar su mirada en la derecha, en un edificio oscuro.

Había algo ahí. O alguien.

Alguien muy poderoso.

—¿Pasa algo, chavale? — le preguntó Varric, viendo su inquietud.

Rook frunció el ceño, intentando separar sus emociones, para identificarlas. Se frotó el pecho, sin apartar la mirada.

—Siento como si alguien nos siguiese. Es como…una picazón. Su magia es como una picazón constante —contestó, en voz baja, con una sutil amenaza en su voz.

Harding alzó las cejas, sorprendida.

— ¿Tú también puedes detectar la magia así de fácil?

Rook negó con la cabeza.

—No siempre y no tan fiablemente como lo hace Neve. Solo puedo por el descontrol que hay ahora mismo en el más allá, por culpa de la brecha— Rook apartó la mirada, con dificultad, para mirarlos—. Esta sensación es extraña. Es como si algo nos acechase. Algo antiguo.

Varric miró también a su alrededor, apoyando una mano sobre Bianca.

—¿Deberíamos investigarlo? —le preguntó, bajando el tono.

Rook negó con la cabeza, mientras intentaba aliviar la picazón.

—Es curioso, pero no creo que sea malvado. No le hagamos caso—comentó, casualmente.

Porque era así, le comentó esa vocecilla tan conocida para ella en su cabeza.

No era un peligro. No iba hacerle daño.

Y, como siempre, Rook confió en su vocecilla particular.

—Listo— En ese momento, Neve desactivó la barrera, que cayó, con un leve zumbido. Entraron rápidamente, aunque Rook no pudo evitar echar la mirada hacia atrás una última vez, antes de entrar.