Siempre es de noche
Acércate, que cuando estemos piel con piel
Mis manos te dibujarán, tu aroma me dirá tu edad
Junto a ti, unidos sin saber por qué
Seguramente se me note
El resplandor de una ilusión
Porque a tu lado puedo olvidar.
"Siempre es de noche" de Alejandro Sanz.
―¿Qué te trae a la finca esta vez Tanjiro? No pareces estar herido. ¿Es por uno de tus amigos?― inquirió Shinobu, sacando a Tanjiro al fin de su aparente estado de estupor.
―¿He? ¡Ha, sí!― respondió, al reaccionar por fin el muchacho ―Estoy bien, Shinobu, descuida. Y mis amigos también. Estoy seguro―
―¿Estás seguro?― preguntó confundida. Tanjiro siempre se cercioraba de revisar el estado de salud de sus amigos cuando venían a la finca.
―Bueno, es que ellos no están en la finca. Nos dieron vacaciones y tomamos rumbos diferentes―
―Ha, ya veo. ¿Te molesta si te acompañó?― inquirió Shinobu con una gran sonrisa.
―¡No, para nada! Por favor, siéntate―
La hermosa cazadora se sentó a una distancia moderada del muchacho. Tanjiro no pudo evitar sentir un esbirro de decepción. Habría preferido que Shinobu se sentara igual de cerca que la primera noche que se encontraron en el techo.
Quedaron un silencio unos breves momentos mirando a la Luna. Tanjiro habría preferido haber podido seguir viendo directamente a Shinobu. Pero su padre le había dicho que era grosero ver fijamente a una mujer por demasiado tiempo.
En su lugar, Tanjiro decidió hacer conversación.
―¿Cómo te fue en su viaje? Aoi me contó que tuviste que salir a atender a un cazador herido―
Tanjiro se arrepintió inmediatamente después de haber formulado su pregunta, pues pudo percibir como el aroma de Shinobu de pronto se había llenado de melancolía.
―No sobrevivió― suspiró con tristeza.
¡Tanjiro, eres un idiota! Se recriminó. ¡Ahora Shinobu está triste por mi culpa! Debo decir algo para hacerla sentir mejor.
―Estoy seguro de que hiciste todo lo que podrías haber hecho―
―Ese fue el problema― respondió en resignada derrota ―No pude hacer nada. Murió dos horas antes de que yo llegara a la casa de glicinias―
Ah, ya veo. No es tristeza por haber fallado. Es porque ni siquiera tuvo oportunidad de hacer algo para salvar al cazador. Tal como yo no tuve oportunidad de defender a mi familia.
―Probablemente no habría cambiado nada― dijo, liberando un suspiro de resignación ―Diagnosticamos muerte cerebral. Sufrió una terrible lesión en el occipucio y tuvo derrames de sangre por los oídos y fosas nasales. Incluso si el trauma no provocó un daño falta en su cerebro, seguro se ahogó en su propio líquido cefalorraquídeo―
―He…―
Shinobu volteó a ver al muchacho que parecía completamente desorientado.
―Shinobu ¿Qué es el líquido cefalo… esa cosa que dijiste?―
Le tomó a Shinobu unos instantes comprender el motivo de la confusión de Tanjiro. Y cuando lo hizo no pudo evitar reírse, para la desdicha del muchacho.
―Perdón por ser tan ignorante― dijo el cazador, bajando los hombros, sintiéndose patético.
―¡Ho cielos, no, no te sientas mal!― dijo ella, tratando de reconfortarlo ―No me estoy riendo de ti, Tanjiro, me río contigo. Es mi culpa. Créeme que la gran mayoría de personas tampoco sabría de lo que estoy hablando―
―Entonces… ¿Me podría explicar?― preguntó, apenado.
Shinobu le sonrió. Para ella el que Tanjiro siempre le emocionara aprender cosas nuevas era una de sus mejores cualidades.
―¡Será un placer! Es muy sencillo. Imagina que el cráneo es igual al huevo de cualquier ave. Nuestro cerebro es la yema. Y la clara en este caso es algo que llamamos líquido cefalorraquídeo, un líquido especial que mantiene a nuestro cerebro sano―
―¿Y por qué el cerebro necesita un líquido especial? ¿Por qué no está rodeado de sangre como el corazón?―
―Jeje. Buena pregunta Tanjiro. Pero la respuesta es algo un poco más complicada. Solo digamos que cada órgano es distinto. Y en el caso del cerebro necesita de un líquido especial para protegerse―
Tanjiro asintió aceptando la explicación de la cazadora. Comprendiendo lo que había demasiado conocimiento fuera de su alcance.
―¿Cómo aprendiste todo esto? A ser doctora y todo lo demás―
―¿Ho?― Shinobu se acercó a Tanjiro con una pícara sonrisa adornando su rostro ―Estás muy curioso esta noche. ¿No es verdad?―
―Y-y-yo solo tengo curiosidad. No tienes que responder si no quieres―
Estaba sonrojado, estaba seguro. Pero daba igual. Tanjiro siempre terminaba sonrojándose por una u otra cosa delante de Shinobu.
La muchacha sonrió, esta vez con dulzura en vez de picardía.
―Mi familia han sido farmacéuticos y médicos durante generaciones. Así es como hicieron su riqueza. Esta mal que lo diga, pero la salud es un buen negocio. Nunca deja de haber gente enferma―
―Entonces, este edificio―
―Solía ser un hospital público. Pero mi hermana lo adaptó para que fuera de uso exclusivo del cuerpo de cazadores. Construimos uno nuevo del otro lado del pueblo para remplazar este―
Tanjiro se sorprendió con la facilidad con la que Shinobu describió aquellos sucesos. Según le había contadosu padre, el abuelo de Tanjiro se tardó años en construir la casa de la familia Kamado. Y también recordaba los largos días que su padre tuvo que trabajar para construir las expansiones para sus hermanos menores.
Los Kocho por otra parte tenían dinero suficiente para mandar construir no una, sino dos gigantescas casas de dos pisos con más de una docena de habitaciones. Tanjiro podría haberse pasado toda la vida vendiendo carbón y jamás habría reunido suficiente dinero ni para comprar el terreno que ocupaba la finca.
¿O quizás sí? Tanjiro no era particularmente en matemáticas.
―Yo casi no recuerdo a mis padres― continuó Shonobu ―Murieron devorados por demonios cuando yo era muy, muy pequeña. Mi hermana se unió a los cazadores para vengarlos. Y yo la seguí tan pronto como tuve edad suficiente para empuñar una espada―
―Entiendo, lamento mucho escuchar eso―
―Mi hermana nunca estuvo de acuerdo en que yo me volviera una cazadora. Ella quería que yo y Kanao tuviéramos vidas normales. Lejos de todo el peligro y el dolor del oficio de matar demonios―
Quedaron en silencio. Shinobu ya no miraba la Luna ni el cielo. Tenía la cabeza agachada, con la vista puesta en sus manos.
―No sé que decir además que lo siento―
Si bien para Tanjiro era humillante tener que admitir que no tenía nada útil que decir, el muchacho sabía que se habría sentido peor de no decir nada frente a la honestidad de Shinobu.
―No te preocupes. No hay nada que decir, fui yo quien habló de más―
Tanjiro iba a responder otra disculpa, pero al voltear la vista en dirección a la cazadora se percató de que ahora estaba cerca. Demasiado cerca, tal y como aquella primera noche.
―Es curioso, pero me es fácil hablar contigo Tanjiro. ¿Lo sabías?―
―He, pues, muchas gracias. Yo también, disfruto mucho poder hablar contigo Shinobu― si Tanjiro pudiera verse en un espejo, le asustaría lo roja que tenía la cara.
―Me alegro. Dime entonces, ¿Qué hay de ti? ¿Qué me puedes decir de tu familia?―
Tanjiro aspiró profundamente para sacudirse los nervios.
―Pues no sé mucho la verdad. Sé que mi abuelo construyó originalmente la casa de nuestra familia. Y creo que uno de mis tíos murió de una pulmonía antes de que pudiera casarse, dejando a mi padre como único heredero. Y hasta donde sé, siempre nos hemos dedicado al cabrón, por lo que no me explicó cómo llegó hasta nosotros la técnica de respiración del Sol―
―Mmm. Entiendo. ¿Y tu padre, él nunca te dijo de dónde venía la respiración?―
―No, solo me dijo que era parte de un ritual que nuestra familia realiza cada año en honor del Dios del fuego para que nos diera su protección y buena fortuna―
―¿Ritual?―
―Sí, papá lo hacía todos los años. Preparábamos un círculo con antorchas y papá tomaba una espada ceremonial y danzaba toda la noche sin parar. Era increíble―
Shinobu se conmovió de ver al joven tan feliz al describir a su padre y la tradición familiar.
―Es gracioso, la verdad es que nunca pude quedarme despierto toda la noche para ver el ritual. Mis hermanos y hermanas caían dormidos uno por uno y mi madre los llevaba de vuelta a casa―
Tanjiro se rio al recordar como cada ritual decía que esa vez sería la que podría acompañar a su padre hasta el amanecer. Solo para despertar en su habitación en cada ocasión.
―Debió ser maravilloso. Me gustaría poder ver eso algún día. ¿Crees que puedas mostrarme?―
El chico miró sorprendido a su acompañante. Y razonó con detenimiento lo que estaba pidiendo.
Shinobu quiere ver la danza del Dios de Fuego. Quiere que yo se la muerte. Shinobu quiere verme bailar…
―¡Sí, por supuesto! ¡Haré lo que sea por ti, Shinobu!― gritó Tanjiro, muy contento de que Shinobu pidiera algo que él y solamente él podía darle.
Pero viendo la expresión de sorpresa que puso la doncella al escuchar su respuesta, Tanjiro supo que algo andaba mal con lo que acababa de decir.
―Oh cielos, Tanjiro. Pero qué cosas dices― musitó Shinobu poniendo sus manos sobre sus mejillas y cerrando los ojos cual chica ilusionada.
Y al darse cuenta Tanjiro de lo que dijo se sintió morir de la vergüenza.
―¡N-no! ¡Lo siento! No quise decir eso―balbuceó, cubriéndose la cara con sus manos.
―¿No quisiste? Oh, ya veo…― dijo, Shinobu, bajando sus manos hacia sus muslos. Un inconfundible tono de desilusión decoraban su rostro y su voz. Y quizás no solo eso, sonaba… ¿Triste?
―¿Shinobu?―
La aludida de pronto lo miró con severidad y desaprobación. Levantando su mano derecha hacia él y apuntándole con el dedo índice.
―¡Tanjiro que vergüenza! No puedes ilusionar una dama de esa forma e inmediatamente después salir con que en realidad no quisiste decirle eso―
Shinobu por supuesto sabía exactamente lo que estaba haciendo. Y estaba ansiosa por ver que otras reacciones podría obtener del chico. Más no se esperaba que este de pronto se pondría de rodillas frente a ella y envolvería su manos con las dos de él.
―¡Lo que dije es verdad! ¡Haré lo que sea por ti Shinobu!―
Fue el turno de Shinobu de quedar anonadada. Tanjiro estaba rojo como un tomate, pero había tanta determinación en su voz y tanta honestidad en sus ojos, que Shonobu fue incapaz de sentir como la sangre le coloreaba las mejillas.
―Pero… Es decir… En una forma ¿Cómo se dice?... Es un sentido platónico. ¿Creo que sí? Solo quiero que quede claro que―
Shinobu interrumpió los desvaríos de Tanjiro posando sus dedos medio e índice de su mano libre sobre los labios del joven. Se permitió un suspiro para recuperar la compostura.
―Lo siento, solo estaba bromeando un poco. Sé lo que quisiste decir Tanjiro y me hace muy feliz―
Shinobu estaba sonriendo nuevamente. Y la nariz de Tanjiro le decía que aquella no era una de sus sonrisas fingidas, sino una genuina. Su aroma era de paz, serenidad y alegría.
Tanjiro había logrado, en pocas palabras, hacer que Shinobu se sintiera feliz. Y eso lo lleno a él también de alegría. Y más de un poco de orgullo masculino.
―Ahora, ¿Podrías devolverme mi mano, por favor?―
Tanjiro bajó la vista para comprobar que seguía a sosteniendo la mano derecha de Shinobu. Shinobu asumió que Tanjiro la soltaría como si su mano fuera un pedazo de cabrón al rojo vivo, pero en su lugar, solo la liberó despacio y sin respingar.
―Perdón―
―No hay nada que disculpar―
Shinobu se puso de pie y sacudió su haori.
―Disculpa, pero estuve viajando todo el día y estoy algo cansada. Tu también deberías irte a dormir pronto―
―S-sí, creo que lo haré―
―Me dio gusto que pudiéramos hablar. ¿Te quedarás aquí unos días o piensas seguir tu camino el día de mañana?―
―Pensaba quedarme aquí los próximos seis días. Luego iré a un punto de reunión para encontrarme con Zenitsu e Inosuke. Espero no ser una molestia―
―Para nada. Sabes que siempre eres bienvenido aquí en la finca Mariposa. Ojalá Kanao regrese pronto. Se pondrá muy feliz de verte―
―Eh, sí, eso espero― respondió Tanjiro, quien no supo muy bien como interpretar el último comentario de Shinobu.
―¡Bien! Entonces nos vemos mañana―
―Hata mañana. Que descanses Shinobu―
Como la primera vez, Shinobu desapareció en un parpadeo, dejando al enamorado joven solo con su acelerado corazón.
No estoy loco. Shinobu estaba feliz. Shinobu estaba feliz de estar conmigo.
En alguna parte de su mente consciente Tanjiro sabía que la razón por la que Shinobu estaba feliz seguramente no eran las mismas que la suya. Pero no le importaba. Logró poner una genuina sonrisa de felicidad en el rostro de su amada.
Tanjiro estaba muy feliz de haber venido a la finca.
