Magia blanca
Magia blanca tu tienes, me has hechizado a mi
Con tu mirada coqueta, con tu manera de hablar
Cuando pasando caminas, todos te admiran a ti
¿Por qué eres así? Fíjate en mí, no me hagas sufrir
¡Oh! magia blanca, magia blanca que te embrujó
Magia blanca tienes tú, me haces llorar con tu castigar
"Magia Blanca" de Los Hermanos Carrión.
Escurridiza.
Evasiva.
Esquiva.
Son los adjetivos que Tanjiro habría utilizado en ese momento para describir a Shinobu. No importa lo mucho que intentara atraparla, la mujer estaba siempre un paso delante de él.
Inalcanzable.
Eso es lo que era.
Shinobu era inalcanzable.
Por suerte Tanjiro era perseverante y resiliente. Jamás habría logrado convertirse en cazador de demonios sin esas dos cualidades. Pero quizás más importante aún, Tanjiro estaba enamorado. Perdidamente enamorado de Shinobu.
Así que sin importar cual imposible pareciera la tarea, Tanjiro siguió persiguiendo a la hermosa cazadora como si su vida dependiera de ello.
Al menos hasta que Shinobu decidió ponerle fin a su juego de quemados.
―¡Muy bien Tanjiro, eso será suficiente! Después de todo estás de vacaciones y no quiero que te agotes ni nada―
―!No es necesario Shinobu!― replicó el muchacho ―Puedo seguir―
―Yo sé que sí. Pero en caso que no te hayas dado cuenta, tenemos más de media hora corriendo―
Tanjiro volteó a mirar el moderno reloj occidental que había colgado en la pared del dojo. Si la memoria no le fallaba sobre la explicación que Aoi le dio sobre como leer el reloj, faltaban diez minutos para las diez de la mañana. Y considerando que habían venido al dojo justo después de desayunar, Tanjiro concluyó que Shinobu probablemente tenía razón. Además, no tenía intención de alegar con ella. Luego de limpiarse el sudor usando unas toallas que Aoi dejó para ellos antes de que empezaran su práctica, Tanjiro acompañó a Shinobu a sentarse en el proche de vista al jardín.
―Así que esa es la respiración de fuego. Muy impresionante. Casi ni pareces haberte cansado―
―Garcias. Pero creo que todavía me falta mucho para poder perfeccionarlo. En especial si quiero ser capaz de poder alcanzarte algún día―
Shinobu sonrió ante la humildad del muchacho.
―Puede que con eso no sea suficiente. Mi respiración de Incecto está totalmente basado en el uso de la velocidad y evasión―
Tanhiro se interesó inmediatamente. Le encantaba escuchar la teoría de los estilos de respiración.
―¿Cómo hizo tu hermana para crear la respiración de insecto?―
―De hecho, luego de unirse a los cazadores y entrenar con los Rengoku por un tiempo, mi hermana creó la respiración de Flor. Pero sus técnicas no se ajustaban a mi físico. Así que cree la respiración de insecto yo misma―
―¿Su físico?― inquirió Tanjiro, confundido.
Shinobu lo miró con picardía ―Vamos Tanjiro, no me digas que no lo has notado― musitó de manera coqueta, acercándose al indefenso cazador con la sutileza de una mantis.
Tanjiro solo supo balbucear incoherencias mientras su cara se ponía roja como un tomate.
―¡Soy muy pequeña!―exclamó Shinobu con alegre voz, para después devolverle a Tanjiro su espacio personal.
―¿Pequeña?― respondió Tanjiro, todavía más confundido. Claro que se podía ver a simple vista que Shinobu era una mujer de baja estatura aún entre la mayoría de mujeres. Peor no entendía qué tenía que ver eso con poder usar o no una de las respiraciones.
Shinobu cerró los ojos y encogió la cabeza en sus hombros.
―Tanjiro, ¿Sabes que lo que es un bebé prematuro?―
―Sí eso lo sé. Son los bebés que nacen antes de tiempo. Antes de lo que nueve meses que se supone dura un embarazo―
―Sí, exactamente―
―Shinobu, quieres decir que tú…―
―Sí, en efecto, yo fui una bebé prematura. Mi madre tenía siete meses de gestación cuando yo nací. Casi todos los bebés prematuros mueren en el primer semestre por falta de cuidados y en especial por falta de recursos de los padres. Pero yo tuve la suerte de nacer teniendo padres médicos y con dinero―
―Um… Sí, es una suerte―
Tanjiro no estaba seguro de si debía darle la razón a Shinobu o no. Su aroma era de frustración y tristeza.
―El problema es que, aunque un bebé prematuro logre sobrevivir, debe enfrentar ciertos percances médicos. En mi caso, fue quedarme como una mujer de muy baja estatura, a pesar que mi hermana y mis padres eran personas altas. Además, poseo muy poca fuerza en la parte superior de mi cuerpo. Creo que ya lo sabes, pero ni siquiera tengo la fuerza suficiente para decapitar un demonio común―
―L-lamento escuchar eso. Debió ser muy difícil para ti. Entonces fue por eso que tuviste que crear la respiración de insecto―
Tanjiro había empezado la conversación sintiéndose afortunado de poder hablar a solas con Shinobu. Pero ahora estaba arrepentido. Solo estaba logrando conseguir que la muchacha se sintiera triste y molesta.
―Y aún así, si no hubiera sido porque logré crear mis venenos mata demonios, ni siquiera habría podido sobrevivir a la selección final―
Tanjiro juntó sus manos y comenzó a jugar con sus pulgares. Un desagradable sentimiento de impotencia se había apoderado de él. Quería decir, hacer algo para levantarle el animo a Shinobu. Pero para su desgracia, no se le ocurría nada.
Y de pronto, un hermoso sonido alcanzó sus ojos. Era Shinobu, que se estaba riendo.
No eran ruidosas carcajadas, solo una traviesa risa que la doncella intentaba cubrir con la palma de su mano frente a su boca.
―¿Shinobu?―
―Perdón. Es que acabo de percatarme que acabo de contarte un secreto muy personal―
―Ha, y eso… ¿Es gracioso?―
―Yo diría que sí, porque lo hice casi sin darme cuenta― respondió, limpiándose los ojos de las lágrimas de risa que amenazaban con escapar de entre sus párpados.
―¿Cuál es tu secreto Tanjiro? ¿Tienes alguna habilidad especial para que la gente te cuente sus secretos?― preguntó con sospecha la muchacha.
―¡No, no tengo nada parecido! Y… Y aunque tuviera una habilidad así sería incapaz de aprovecharme de ella. ¡Especialmente contigo Shonobu!―
Shinobu volvió a reírse de la predecible reacción del muchacho y nuevamente se acercó a él.
―Ya lo sé, no te enojes, solo estaba bromeando. No olvides, que fui yo quien te dijo que tienes un corazón hermoso. Y todavía lo pienso― a pesar de estar elogiando a Tanjiro, esta vez las palabras de Shinobu no llevaban un tono seductor. Solo estaba siendo honesta.
―Me alegra que vinieras. Me relaja hablar contigo― musitó Shinobu, cerrando los ojos y, para sorpresa de Tanjiro, se reclinó para poder apoyar su peso en el cuerpo del joven cazador. Culminando con reposar su cabeza en el hombro de él. Tanjiro por supuesto, quedó tieso como un roble.
Shinobu quedó en silencio, respirando tranquilamente, dejando al pobre chico enfrentarse a una tormenta de sensaciones imposible de controlar.
Shinobu está reposando en mi brazo. Está junto a mí. Huele muy bonito. Huele a flores y medicina. ¿Estará mal si la rodeo con mi brazo? ¿Debería preguntarle primero si está bien? Su respiración es muy lenta y profunda. ¿Acaso se quedó dormida?
―¡Señorita Shinobu!― se escuchó la voz de Aoi.
En un instante, Shinobu se separó de Tanjiro y se puso de pie encarando al pasillo del que pronto emergió Aoi.
―¿Sucede algo Aoi?― inquirió en tono profesional.
―El señor Shinazugawa acaba de llegar. Nada grave, solo unas cuentas puntadas, como siempre―
―A ya veo. Me disculpas Tanjiro, debo atender esto―
―Ah, sí, no hay problema―
―Nos veremos más tarde―
―¡Sí! Hasta luego―
Y así, la doctora y pilar Insecto se fue a seguir con sus deberes, dejando al joven enamorado con el corazón acelerado y la sangre caliente.
Que maravillosa idea son las vacaciones. Y que maravillosa idea fue haber venido aquí.
Pensó Tanjiro, mientras trataba de recuperar la calma.
