Yo soy el viento
Just like the wind
I've always been
Drifting high up in the sky that never ends
Through thick and thin
I always win
'Cause I would fight both life and death to save a friend
"I am the wind" de Cynthia Harrell
A Sanemi no le fascinaba esto. Tener que ir en busca de la casa de glicinias más cercana al término de cada misión para remendar sus heridas era francamente un fastidio. Sobre todo si a eso agregamos que no le gustaba para nada la sensación de jaloneo que le producían las puntadas en sus heridas. Y en un grado más personal y arbitrario, no le gustaba que las cicatrices dejadas por heridas cosidas eran mucho menos impresionantes que las cicatrices de heridas que dejaba sin atención a curarse solas.
―Pero bueno, órdenes del patrón. No hay de otra― suspiró, al salir de la finca Mariposa.
Casi llegando a la entrada del pueblo, se cruzó de frente con Tanjiro y las pequeñas Sumi, Kiyo y Naho.
―Buenos días Shinazugawa― le saludo Tanjiro, cuando estuvieron de frente. Las niñas también le saludaron, pero agregando un señor, antes de su apellido.
―Buenos días. ¿De dónde vienen?― preguntó el Pilar de Viento, al ver como cada miembro del grupo cargaba bolsas con víveres.
―Del mercado del pueblo― respondió Sumi.
―El patrón paga por los gastos del hospital de la finca, pero la alacena de donde comemos las residentes queda en manos de la señorita Shinobu― elaboró Naho.
―A ya veo. Y a ustedes les toca ir a comprar las comida―
―Normalmente Aoi es quien las acompaña, pero ya que estoy aquí me ofrecí a ir yo con ellas― explicó Tanjiro.
Sanemi recorrió al grupo con la vista unos momentos antes de fruncir el ceño.
―¿Y si te molestaste en acompañarlas, por qué dejas que las niñas carguen con bolsas? ¿Qué no eres hombre, Kamado? Denme eso, niñas―
Dicho esto, Sanemi se acercó a las niñas y una por una les quitó las bolsas con que cargaban. No eran particularmente pesadas. Servilletas, papel higiénico, jabón y comestibles. Al menos estaba claro que Tanjiro se había echo a la tarea de cargar con las cosas más pesadas como el arroz, las frutas y verduras.
―¡Gracias señor Shinasugawa!― dijeron las niñas.
El grupo retomó el camino de regreso a la finca acompañados de Sanami. Tanjiro no puedo evitar sonreír ante el acto de gentileza del Pilar de Viento.
Al parecer Shinasugawa es más gentil de lo que aparenta.
Sintiendo la mirada del joven cazador sobre su espalda, Sanemi volveó a ver a Tanjiro.
―¿Qué te pasa? ¿Se te perdió algo?― preguntó de forma hostil.
―No es nada. Me pareció ver un cuervo― respondió Tanjiro, girando la vista en dirección contraria para fingir demencia.
Esto fue correspondido por un refunfuño de Sanemi, quien recién se percató de que Tanjiro no llevaba su uniforme de cazador, ni su espada.
―¿Por qué no traes tu uniforme, Kamado? ¿Y dónde están tus amigos el rubio histérico y el jabalí psicópata?―
Tanjiro decidió ignorar la despectiva forma en que Sanemi se refirió a sus amigos.
―De vacaciones visitando al abuelo de Zenitsu. Yo decidí pasar las mías en la finca Mariposa―
―Ya veo. Yo también querría darme un descanso de esos dos―
―¿Shinzugawa, los pilares también tienen vacaciones?―
El aludido volteó a ver a ver al joven, sorprendido de que se dirigiera a él con tanta familiaridad. No solo por la diferencia en rango entre ambos. Sino porque no parecía guardarle el más mínimo rencor por lo ocurrido durante su primer encuentro.
Sanemi no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta. Pero ciertamente no estaba orgulloso de muchas de las cosas que pasaron ese día…
―No exactamente. Iguro, Tomioka, Uzui y yo recibimos misiones constantemente como tú y el resto de cazadores. El resto de los pilares permanece en alerta permanente. Asumen misiones fallidas de otros cazadores o acuden como refuerzos a llamados de auxilio como lo ocurrido con la misión de la montaña Natagumo. Claro que todo depende de quienes estén disponibles para responder a los llamados de los cuervos y quienes se encuentren más cerca del lugar de los hechos. De todos los pilares, Kocho es la que menos recibe misiones ya que el patrón prefiere que ella esté disponible en caso de que la necesiten para atender casos especiales de cazadores heridos en su finca u cualquier otro refugio para cazadores―
Sanemi dio la explicación manteniendo la vista al frente, con voz monotónica. La verdad es que estaba sorprendido de que Tanjiro no estuviera enterado de ese tipo de cosas.
―¿En serio no te hablaron de esto ni tu instructor ni Tomioka? Ambos son el Pilar de Agua―
―Pues no. El señor Urokodaki nunca mencionó el tema de los pilares. Y a Tomioka solo lo he visto el día que me enjuiciaron y el día que Nexuko fue convertida en demonio―
Esa última frase pareció dejar pensativo a Sanemi.
―Tú hermana…― musitó.
―¿Hm?―
―¿Cómo está tu hermana?― preguntó, Sanemi, alejando la mirada lo más posible de Tanjiro.
La pregunta tomó por sorpresa al joven.
―¿Perdón?―
―Tu hermana. ¿Está muerta? ¿Todavía viajan juntos? ¿No se ha comido a nadie?― inquirió, molesto de tener que repetirse.
―¡A-a-ah, sí, sí! ¡Nezuko está bien! Está durmiendo en nuestra habitación en la finca. Normalmente solo sale por las noches y duerme todo el día. Pero muchas veces luego de una pelea, duerme varios días seguidos―
Tanjiro se puso un poco nervioso al considerar lo que podría pasar si Sanemi le preguntaba sus motivos por venir a pasar las vacaciones a la finca Mariposa. Para su suerte, el Pilar del Viento no hizo más preguntas el resto del camino.
El grupo entró de regreso a la finca y fueron directo a la cocina donde als niñas comenzaron a acomodar las cosas en su lugar. Sin más motivos para quedarse, el Pilar se despidió de ellas y se dirigió a la salida. Tanjiro decidió acompañarlo para despedirlo.
―¿Cómo lo haces Kamado?― preguntó Sanemi en el umbral de la puerta.
―¿Qué cosa?―
―¿Cómo haces para estar tan feliz todo el tiempo? Y digo estar feliz de verdad. No como Kocho que puede que sonría todo el tiempo, pero sé que está pensando en arrancarle la columna vértebra por vértebra al demonio que mató a su hermana. O Kanroji quien siempre está feliz por el simple hecho de tener algodón en vez de sesos en el cerebro―
Tanjiro se quedó pasmado ante la pregunta de Sanemi, así como la forma tan cruda en que había descrito a los pilares. Y aunque por un lado el caballero en él le decía que era su deber defender el honor de ambas doncellas, por el otro no tenía ganas de empezar otra riña con el pilar del Viento. Así que solo se concentró en tratar de responder a su pregunta.
―Pues no estoy muy seguro. Tan solo es mi forma de ser supongo. Y creo que… Si al final de todo esto Nezuko vuelve a ser humana y logramos acabar con Muzan, todo valdrá la pena de aluna forma―
Sanemi frunció el ceño ante la decepcionante pero predecible respuesta del ingenuo muchacho.
―Lo que sea que te deje dormir por las noches― dijo, dándole la espalda para emprender su partida.
―Buena cacería, Kamado―
―¡Buena cacería, Shinasugawa!―
Una vez solo en la entrada, Tanjiro volteó hacia el segundo piso de la casa.
Me pregunto si Shinobu estará ocupada… ¡Tal vez pueda ayudarla con algo!
Emocionado de pasar más tiempo junto a la dueña de su corazón, Tanjiro entró a la casa corriendo.
De vuelta en el camino de tierra, Sanemi seguí deliberando la respuesta de Tanjiro.
Si logramos vencer a Muzan. Ojalá todos fuéramos tan optimistas como tú, Kamado. La triste verdad es que los cazadores lo han intentado durante siglos y nunca lo han conseguido. Y la cruda verdad es que siguiendo esa lógica, probablemente ninguno de nosotros vivirá lo suficiente para ver a Muzan exhalar su último aliento.
Observó las cicatrices en sus manos y brazos. Sus orgullosas medallas, recuento de sus batallas ganadas.
Sanemi decidió que era mejor pensar en otra cosa.
Bueno y ese loco cómo se le ocurre pesar sus vacaciones en la finca Mariposa. ¿No se da cuenta que lejos de ser el hogar de una tierna mariposa es la guarida de una mortífera viuda negra?
Sanemi se rió de su propio chiste.
Si soy sincero, Kocho sin duda da más miedo que todas las mujeres del cuerpo de cazadores juntas. Y ese loco quiere pasar su descanso bajo el mismo techo que ella…
De pronto el joven se detuvo en seco en mitad del camino.
Un momento…
Sanemi comenzó a repetir en su mente los eventos y conversaciones de esa mañana.
Al equipo de Kamado le dieron vacaciones y solo él decidió venir a la finca. Y decidió venir específicamente aquí antes que cualquier otro sitio… Y hoy tenía una sonrisa especialmente babosa…
En menos de un minuto el análisis de Sanemi sobre los hechos, le llevó a una única respuesta. Misma que lo hizo reír a carcajadas, asustando a la gente que pasaba junto a él.
¡Hahaha! ¡Kamado, tú no estás jodido, estás más que muerto! ¡Te enamoraste de nada menos que Shinobu Kocho! ¡Hahahaha! Ho cielos. ¿Por qué no mejor intentas cruzar el océano en un bote de remos y sin brújula, con un tiburón atado a la espalda en vez de tu hermana? ¡Hahahaha!
Tras recuperar la suficiente compostura como para no sacudirse de risa, Sanemi reanudó su camino.
En fin, no es mi problema. Más le vale que no se interponga en su trabajo.
El Pilar del viento siguió caminando volviendo a reírse a ratos de su descubrimiento.
Y apenas es medio día. Fue una buena mañana después de todo.
