Echame a mi la culpa
Dile a quién te pregunte, que no te quise
Dile que te engañaba, que fuí lo peor
Échame a mí la culpa de lo que pase
Cúbrete tú la espalda con mi dolor
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno encuentres gloria
Y que una nube de tu memoria me borre a mí
"Echame a mi la culpa" de José Ángel Espinoza «Ferrusquilla»
Tanjiro se preocupó un poco cuando Shinobu no se presentó al desayuno. Pero Aoi lo calmó, explicando que era costumbre para Shinobu desvelarse en su laboratorio trabajando en venenos anti demonios o fórmulas medicinales. Y como resultado se levantaba tarde al día siguiente.
El resto del desayuno consistió en Aoi y las niñas turnándose para explicar a Tanjiro qué es y qué se hace en un laboratorio químico…
Más tarde Tanjiro recibió la visita de nada menos que Chuntaro, que llevaba consigo una carta escrita de Zenitsu.
"Hola Tanjiro, soy Zenitsu.
Empezaría esta carta preguntando si estás bien, pero sé que de hecho estás mil veces mejor que yo. Gozando las vacaciones descansando como se debe. ¡Y rodeado de todas las mujeres hermosas que viven en la Finca Mariposa para ti solo! No como uno que se está partiendo el lomo entrenando todos los días. ¡¿Pero en qué demonios estaba pensando cuando le sugerí a Inosuke venir aquí?! ¡Y lo peor es que a mi abuelo le cae bien el loco de Inosuke! ¡Es horrible, parece que lo quiere hasta más que a mi!
Pero bueno, no quiero agobiarte con mi sufrimiento solamente. Te escribo ya que solo nos quedan dos días de vacaciones y acordar el lugar de nuestra reunión. ¡Porque ni de chiste me voy a una misión yo solo con Inosuke!
¿Te parece bien si nos reunimos en la casa de glicinias a las afueras del pueblo Yahiko? Envíame tu respuesta con Chuntaro
Saludame a las damas de la finca y a mi amada Nezuko.
Zenitsu"
Una vez que consiguió lápiz y papel, Tanjiro se dispuso a escribir su respuesta para Zenitsu.
"Hola Zenitsu. Lamento mucho escuchar que lo estás pasando mal. Yo he tenido días muy tranquilos. Y la verdad es que sí la he pasado muy bien. También Nezuko.
Por mi está bien que nos encontremos en la casa del pueblo Yahiko. Nos vemos ahí en 2 días"
Tras entregarle la carta a Chuntaro y que este se fuera volando, Tanjiro se dirigió al patio con intenciones de hacer ejercicio, más en su camino se encontró con Shinobu.
―Buenos días Tanjiro― le saludó sonriente la bella mujer.
―Buenos días Shinobu― contestó el muchacho, como siempre encantado de encontrarse con su amada.
Pero entonces se percató de algo extraño. Shinobu estaba usando perfume. Es decir, estaba usando mucho perfume. Tanto que Tanjiro no podía el aroma normal de Shinobu. Y mucho menos sus emociones.
Esto lo desconcertó. ¿Por qué Shinobu se cubriría de esa forma con una loción aromática?
―¿Me acompañas a mi consultorio? Hay algo de lo que quiero hablarte―
Todavía confuso por la artificial fragancia que enmascaraba el aroma de Shinobu, Tanjiro se limitó a responder ―Sí, claro―
Se sentaron frente a frente como siempre. Pero había algo distinto esta vez. Shinobu no sonreía ni lo miraba a los ojos. Tanjiro comenzó a sentir que algo andaba mal.
―Tanjiro, no sé por dónde empezar así que iré al grano. Sé que estás… interesado en mi―
Tan pronto como escuchó aquellas palabras, Tanjiso sintió como si todos los huesos de su cuerpo se le hubiesen acumulado en el cuello.
Shinobu finalmente elevó la vista para encarar al joven frente a ella.
―Tienes un corazón maravilloso. Y por eso quiero que sepas que me hace sentir muy alagada que tengas un interés en mi como mujer. Por eso lamento tener que informarte que, lo que deseas es algo que nunca podrá ser―
Tanjiro sintió como su atravesara una infinidad de tempestades en un instante. Sintió el azote de un viento congelante en su espalda. El escozor de un sol ardiente en el rostro. Y el sofocamiento de ahogarse bajo el agua.
Shinobu observó atentamente los pequeños cambios en el semblante de Tanjiro. Y se maldijo a si misma al ver el sufrimiento que le causaban sus palabras al muchacho.
Perdóname Tanjiro. En otra vida. En otro mundo quizás… Quizás podríamos haberlo intentado. Pero aquí y ahora necesito dejar en claro que el camino que sigo es uno que tú no puedes seguir, ni del cual no puedo permitir que me desvíes.
Tal había sido la resolución a la que llegó Shinobu durante la noche. Debía confrontar al joven Kamado y dejarle en claro que entre ellos no podía haber nada fuera de lo profesional. Por el simple hecho de que Shinobu tenía una misión. Una misión que le rompería el corazón a Tanjiro en mil pedazos. Así que en vez de jugar con él, lo mínimo que Shinobu podía hacer era dejarle las cosas en claro para que el muchacho pudiera seguir con su vida.
Para Tanjiro la revelación fue devastadora. Y tras esa tormenta de decepción y dolor, el joven Kamado encontró tranquilidad y liberación. Y es que detrás de todas sus esperanzas y sueños, en lo profundo de su ser Tanjiro siempre supo que no tenía oportunidad.
¿Quién era él para creerse digno del amor de Shinobu? Ella que no solo era la mujer más hermosa del mundo, sino también una persona muy inteligente, fuerte, capaz y más rica de lo que él jamás podría llegar a ser vendiendo carbón.
¿Qué tenía un sucio campesino del norte para ofrecerle?
―Comprendo― suspiró Tanjiro, bajando la vista en señal de derrota.
―Tanjiro, lo siento― dijo Shinobu, disponiéndose a aclarar algunas cosas y mitigar el dolor por el rechazo del chico.
―Está bien Shinobu, no tienes que explicarme nada―
―Sí, si tengo. Y te pido que me escuches― le corrigió con firmeza ―Tanjiro quiero que entiendas que te estimo mucho y en serio significa mucho que te fijaras en mi como mujer. Y por eso no quiero que piensas que te estoy rechazando por tu edad o alguna frivolidad como la diferencia entre nuestros estatus sociales ni nada por el estilo―
Tanjiro comprendió entonces por qué Shinobu se había puesto tanto perfume. Era para que él no pudiera saber lo que ella estaba sintiendo durante esa conversación que estaban teniendo. ¿Pero por qué llegar tan lejos? ¿Si el objetivo era decirle la verdad, qué mas daba si él se enteraba del estado de ánimo de ella? Su cara al hablar y su voz eran de completa honestidad. ¿Qué podría estar ocultando? Estas dudas lo condujeron a preguntar.
―¿Entonces por qué?―
Si no fuera por el perfume, Tanjiro habría percibido como el aroma de Shinobu se cubría de vergüenza.
―En estos días te he revelado muchos de mis secretos― Shinobu se vio forzada a desviar la vista, escapando de la interrogante mirada del cazador.
―Pero todavía estás lejos de conocerme. Si lo hicieras entenderías que no hay un futuro en que podamos ser felices juntos. Así que, por favor, toma tus sentimientos y entrégaselos a alguien más―
Tanjiro no entendía. Odiaba no poder entender. Porque sin entendimiento, no podía hacer nada. No podía buscar una solución. Lo peor es que en este caso lidiaba con un problema muy complejo que no le era para nada familiar. Ni su padre ni su madre lo prepararon para algo para esto. No hubo tiempo.
Pero había algo… un pequeño vestigio de un recuerdo en que su madre le habló de como su padre le propuso matrimonio.
―¿Y qué pasa si la mujer que quiero no quiere casarse conmigo?― preguntó el entonces pequeño Tanjiro.
Su madre le sonrió con algo de melancolía, imaginando la pena que sufren muchas mujeres que Japón que son forzadas contra su voluntad a contraer nupcias.
―Si eso llega a pasar, espero que respetes y aceptes el rechazo de esa doncella. Y la dejes en libertad―
―¿Pero y si la quiero mucho?―
―Si de verdad la quieres, querrás que sea tan feliz como tú. Y que es mejor dejarla ir si no puede ser feliz contigo. No te gustaría que Nezuko se case con un hombre con el que no es feliz ¿Cierto?―
―No, creo que no―
Tanjiro pudo entonces obtener claridad y llenarse de calma una vez más. No tenía más de qué preocuparse. Shinobu sencillamente lo había rechazado y no le debía ninguna explicación. Lo único que Tanjiro podía hacer era aceptar con dignidad su fracaso.
―Está bien Shinobu. Perdona que te molestara― dijo Tanjiro, relajando las manos sobre sus rodillas y cerrando los ojos para dar un largo suspiro.
De pronto sintió las manos de Shinobu sujetarlo de los hombros.
―Tanjiro no eres una molestia. No eres tú soy yo. No puedo, nadie puede estar conmigo―
Tanjiro la miró lleno de angustia. Angustia que se veía también en los ojos de Shinobu. Deseaba preguntarle la razón de su soledad. Pero justo se acababa de prometer que no presionaría más a Shinobu. ¿Qué hacer entonces?
Shinobu sonrió al reconocer la pregunta sin pronunciar del muchacho.
―Eso Tanjiro, es un secreto que ni siquiera tú puedes saber. ¿Lo entiendes?―
Tanjiro se avergonzó de ser descubierto y bajó la vista. Pero las palabras de Shinobu le devolvieron por tercera vez su paz mental.
―Sí, lo entiendo―
―Gracias― respondió ella con alivio.
Retiró sus manos de los hombros del joven, pero antes de que pudieran caer completamente y quedar colgando a los lados de su cuerpo, sus muñecas fueron interceptadas por las manos de Tanjiro.
―Pero aunque no exista un futuro en que podamos estar juntos. Quiero que sepas que siempre podrás contar con mi amistad y mi apoyo. Sin importar de que se trate, si algún día necesitas mi ayuda llámame y ahí estaré―
Shinobu requirió de toda su fortaleza para no estremecerse ante la abnegación de Tanjiro. La honestidad y determinación en su voz y sus ojos. Así como la cálida sensación que le transmitían sus manos envolviendo las muñecas de ella, amenazaban con hacer que el corazón de Shinobu se acelere.
En serio eres… una persona maravillosa Tanjiro…
Shinobu decidió que era momento de terminar la conversación.
Elevó sus manos a alas mejillas del chico. Lo tomó con suavidad y lo atrajo hacia ella. Tanjiro se sonrojó al que el rostro de Shinobu acercarse al de él. Shinobu hizo con sus manos que la cabeza de Tanjiro se inclinara más hacia el frente, permitiéndole a ella un mejor acceso a su frente. Lo que le permitió darle un suave y fugaz beso. Justo en medio de las sienes del aturdido muchacho.
―Muchas gracias Tanjiro. Tú también recuerda que siempre serás bienvenido en la Finca Mariposa. No dudes… No dudes en venir a verme cuando estés herido― musitó Shinobu tras terminar su beso. Esperando que el cazador no se percatara de los esfuerzos de ella por romper en llanto.
―Lo haré― respondió él, quien afortunadamente estaba demasiado eufórico a causa del beso, como para ver las lágrimas que amenazaban por escapar de los ojos de Shinobu.
―Bien― respondió ella, apresurándose a retirar su manos de la cara de Tanjiro, y tomándolo de los hombros para obligarlo a dar la vuelta.
No sabía cuanto más podría aguantar ¡Necesitaba sacarlo de ahí ya!
―Ahora vete por favor, que tengo mucho que hacer. Nos veremos a la hora de la comida o después. ¿De acuerdo?― decía ella mientras empujaba al cazador hacia la puerta.
―S-sí, sí, está bien― dijo él justo antes de que la puerta se cerrara en su espalda.
Tanjiro se quedó mirando la puerta cerrada del consultorio. Se llevó su mano derecha a la frente y frotó la zona que hacía sido tocada por los tiernos labios de Shinobu. Podía jurar que de ese lugar todavía se desprendía una sensación de calidez que le calentaba hasta el alma.
Probablemente sea el primer y último beso que reciba de Shinobu. Más me vale no olvidarlo nunca.
"En el amor y la guerra todo se vale" menos arrastrarse, en la guerra se muere de pie y en el amor se dice adiós con dignidad.
Faltaban todavía algunas décadas para que el escritor Charles Bukowski creara tan legendaria frase, pero en aquel momento un joven enamorado de Japón ya había descubierto y conquistado su significado.
Satisfecho con su premio de consolación, Tanjiro se fue por el pasillo en busca de algo qué hacer antes de la próxima hora de comer.
Shinobu giró la silla de cara al escritorio para poder apoyar sus brazos sobre la barra una vez que se sentó. Se llevó su mano derecha a la parte trasera de la cabeza en busca de su broche de mariposa el cual desprendió con violencia. Enterró los dedos de ambas manos entre sus cabellos y lo revolvió hasta dejar su cabellera echa girones.
Se tapó la boca son su mano derecha para ahogar los quejidos del inminente llanto. Tanto fue su frustración y rabia que se mordió el labio inferior hasta que la sangre le terminó escurriendo hasta la muñeca, manchando su uniforme.
Maldición… Maldición… Soy una completa estúpida…
