Un buen perdedor
No tienes por qué disimular
Esas lagrimas están de más
Si tienes que irte vete ya
Sin embarga esperaba
Que te quedaras pero
El agua hay que dejarla correr
Mientras yo me tragaba palabras
Que no pude decir
Y si el viento hoy sopla a tu favor
Yo no te guardaré rencor
"Un buen perdedor" de Franco De Vita y Claudio Rabello.
Tanjiro se sentía muy orgulloso de si mismo. Encaró su primer desilusión amorosa sin perder la compostura.
No se echó a llorar. No enmascaró su sufrimiento con rabia. No se humilló ante la responsable de su dolor, suplicando que le diera una oportunidad.
Sí, se había enfrentado al rechazo como un campeón…
Por el momento.
No estaba molesto con Shinobu por haberlo rechazado. Probablemente no había nada que la cazadora pudiera hacer para causar la ira de Tanjiro. Pero aquella claridad que sintió en el momento que entendió que sus ilusiones no se harían realidad y que podía deshacerse de ellas, apenas le duraron un par de horas.
Especialmente luego de que Shinobu no se presentara a la hora de la comida. Eso puso a la mente de Tanjiro a pensar en un sinfín de posibilidades. Fatalistas posibilidades.
Algo anda mal, algo anda mal. ¿Shinobu está bien? ¿Es mi culpa?
El pobre muchacho simplemente no pudo evitar culparse de la ausencia de Shinobu. A fin de cuentas, ¿Qué otra cosa podría ser?
Y lo peor es que no podía compartir sus preocupaciones con nadie. Lo último que quería era involucrar a Aoi o las niñas en lo que había pasado, aumentando su humillación y vergüenza en el proceso.
A decir verdad, Tanjiro estaba impresionado de que hasta ahora se las hubiera ingeniado en ocultar su enamoramiento de la estricta visión de Aoi, quien manejaba la casa como toda una reina abeja.
Probablemente tampoco podría decírselo a Zenitsu ni Inosuke. Zenitsu empezaría a gritar como loco, contándoselo a todo mundo… E Inosuke probablemente solo se reiría de mi… Eso si es que entiende por lo que estoy pasando.
Por otra parte, ¿Qué malestar podría haberle causado Tanjiro a Shinobu con lo sucedido?
Esto debería ser algo normal para ella, ¿No? Es decir, es una mujer muy hermosa, con dinero y soltera. Seguro recibe confesiones y aspirantes a pretendientes todo el tiempo. ¿Qué es uno más?
Pero es que Tanjiro no había sido simplemente un pretendiente rechazado más. Y él lo sabía.
Shinobu se preparó para rechazarlo cubriéndose de perfume. Tanjiro todavía no se explicaba el por qué de eso. ¿Por qué molestarse en impedirle a Tanjiro poder oler las emociones de ella durante la conversación? De seguro alguien como ella ya debería estar acostumbrada de rechazar pretendientes. ¿No?
Y aunque no lo estuviera. ¿Qué podría tener que ocultar que fuera tan importante?
Por una parte, el lado pesimista de Tanjiro se inclinaba por asumir que el perfume era para protegerlo. Quizás lo que Shinobu hizo fue enmascarar que para ella la situación no eran más que los penosos disparates de un desubicado niño enamorado. Quizás, detrás de toda su cortesía, Shinobu estuviera muriendo de risa, o peor, que estuviera indignada y sin poder creer que un simple campesino como Tanjiro tuviera la osadía de asumir que podría ser digno del amor de ella.
Había la posibilidad de que ese fuera el caso. Pero Tanjiro quería pensar que Shinobu no era capaz de ser tan cruel.
Y mientras que una parte de su mente le presentaba con tales escenarios, al otro extremo la imaginación de Tanjiro se aventuraba, incluso después del rechazo que había sufrido, a concebir la posibilidad de que el perfume fuera una buena señal.
¿Qué tal si el perfume era para que Tanjiro no se diera cuenta que el rechazo también llenaba de tristeza el corazón de Shinobu tanto como el de él? Y si ella también tenía el corazón roto, o por lo menos le producía alguna clase de malestar o trsitesa… Eso significa, eso indicaba, que en algún rincón del corazón de Shinobu debían existir sentimientos iguales a los que él sentía por ella.
―"No eres tú soy yo. No puedo, nadie puede estar conmigo". Esas fueron las palabras de Shinobu. ¿Pero qué quiere decir?―
Tanjiro trataba sin éxito de encontrar respuestas ocultas tras las palabras de Shinobu.
Una cosa era segura. Que la del problema era Shinobu y no Tanjiro.
¿Pero qué podría estar mal con ella como para decir que no puede estar con nadie?
Sencillamente no tenía sentido. Ella era Shinobu Kocho. Y Tanjiro simplemente no tenía el suficiente léxico para describir cual maravillosa era esa mujer.
¿Pudiera ser algo respecto a su salud? Shinobu mencionó que los bebés prematuros como ella enfrentan muchas complicaciones médicas. ¿Podría ser algo relacionado con eso? ¿Pero qué clase de problema médico la haría incapaz de tener pareja?
Las cavilaciones de Tanjiro le trajeron un recuerdo de algo que ocurrió en su pueblo hace cinco años.
Recordó como todas las mujeres del pueblo a quienes les vendía carbón hablaban de eso. Al parecer un hombre había dejado a su mujer luego de que tras varios años de no poder concebir un hijo, concluyera que la mujer era estéril.
―Se le llama estéril a una mujer que no puede tener hijos. Es muy raro que algo así pase― explicaba su madre al chico, luego de volver de vender el cabrón en el pueblo.
Ambos estaban en la cocina y Tanjiro le ayudaba a preparar la cena. Normalmente lo habría estado haciendo Nezuko, pero se encontraba indispuesta por una pequeña fiebre.
―¿Y qué hace que una mujer sea estéril?―
―Buena pregunta. Quizás los doctores en las grandes ciudades lo sepan, pero aquí en nuestro pequeño pueblo nadie está seguro. Aunque en los tiempos de tus abuelos se decía que una mujer que no es bendecida con la habilidad de engendrar es porque fue ignorada por los dioses o maldita por espíritus malignos―
Madre e hijo guardaron silencio y por unos momentos solo se escuchó el sonido del cuchillo cortando los vegetales y golpeando la barra de madera sobre la que los rebanaban.
―Papá no te habría abandonado por algo así―
La mujer casi se corta un dedo al escuchar la declaración de su hijo.
―Sí, es verdad. Pero yo no lo habría culpado si lo hiciera. Si yo no fuera capaz de darle un solo hijo―
―¿Por qué es tan importante?―
―¿Por qué? Tanjiro, todos en este mundo tenemos el deber de sembrar las semillas de futuras generaciones y transmitirles nuestro legado. Si tu padre y yo no los tuviéramos a ustedes ¿Quién vivirá en esta casa cuando ya no estemos? ¿Quién retomará el negocio familiar del cabrón? ¿Cómo sobrevivirán las tradiciones familiares de los Kamado? ¿La respiración de fuego y la danza del Dios de Fuego?―
Tanjiro se quedó mirando a su madre pasmado y apenado. Realmente no comprendía lo que la mujer le estaba diciendo. Y ella como buena madre que entiende a sus hijos, suspiró. Aunque era el mayor de sus hermanos, Tanjiro era demasiado joven para una conversación así.
―Tanjiro no te preocupes. Todavía eres muy joven para estar pensando en cosas como esa. No importa. Estoy segura de que encontrarás una buena mujer que sea tu esposa y juntos formaran una hermosa familia―
Eso había pasado hace muchos años. Su padre aún se encontraba con ellos en aquel entonces. En efecto en aquel entonces Tanjiro era demasiado joven e ingenuo para entender. Pero ahora tenía más experiencia y una perspectiva diferente.
Siendo uno de los dos únicos sobrevivientes de la familia Kamado junto con su hermana, Tanjiro entendía perfectamente que tenía la enorme responsabilidad de salvar su linaje. Y para eso necesitaría de una mujer saludable que pudiera darle al menos un hijo.
Claro, también estaba Nezuko, pero siendo Tanjiro el primogénito, Tanjiro sabía que la responsabilidad sobre sus hombros con el legado familiar era mucho más pesada que la de Nezuko.
Estoy pensando demasiado. Ya hasta me estoy preocupando por cosas que ni siquiera están relacionadas con lo que pasó entre Shinobu y yo. No tendría por qué estar pensando si Shinobu es estéril o no.
En ese momento en que finalmente pronunció cual podría ser la verdadera causa del rechazo de Shinobu, Tanjiro sintió escalofríos.
¿Qué haría si fuera verdad? ¿Si Shinobu no pudiera darme ningún hijo para que formáramos una familia? ¿Aún así la querría a mi lado?
Tanjiro volteó a ver el cielo con tristeza y no pudo evitar reírse de su propia desgracia.
―Tal parece que todavía soy muy joven para estar pensando en este tipo de cosas. ¿No lo crees mamá?―
Más tarde a la hora de la cena Shinobu nuevamente no se presentó. Cuando Tanjiro volvió a expresar su preocupación Aoi le contó que ya había ido a revisar a Shinobu en su laboratorio. Y que le llevaría la cena, después de que los demás terminaran de comer.
Y nuestro noble héroe en uno de sus típicos arranques altruistas, así como del deseo de ver a Shinobu y cerciorarse el mismo de que estaba bien, le hizo ofrecerse a llevar la cena el mismo.
Tanjiro bajó por una escalera que llevaba a un nivel subterráneo compuesto de un pasillo y dos puertas a la derecha e izquierda. Tras la puerta del lado derecho estaba el almacén de insumos y equipo médico del hospital. Y tras la puerta izquierda el laboratorio de Shinobu.
Bajo la recomendación de Aoi, Tanjiro entró sin anunciarse, pues Shinobu ya lo estaría esperando para la cena. Al entrar Tanjiro quedó maravillado del interior de la habitación.
Era un cuarto bastante amplio y muy bien iluminado. Una alacena tipo occidental cubría los muros y pared de la derecha y frente a la puerta. Del lado izquierdo había tres enormes gabinetes metálicos con puertas de cristal que dejaban ven docenas y docenes de frascos cilíndricos y cónicos de cristal de todos colores y tamaños. Dos grandes mesas de madera ocupaban el centro de la habitación. Y en la esquina izquierda junto a una puerta de madera, había un lavabo de gran tamaño.
Pero lo que más llamó la atención de Tanjiro fueron los exóticos instrumentos de química, que a los ojos de Tanjiro parecían sacados de un libro de fantasía.
Contenedores de cristal dejados como papel, en formas que Tanjiro no podía ni describir. Algunos agrupados en grandes organizadores de plástico blancos. Otros dispersos entre sí unidos por diminutas mangueras y sostenidos por armazones de aluminio o madera, cuyo propósito Tanjiro no podía ni sospechar. Incluso cuando más temprano ese mismo día, Aoi y las niñas le habían hablado detalladamente de lo que había y sucedía en ese lugar.
Tanjiro dejó la charola en un área desocupada de la barra y se propuso inspeccionar más de cerca los equipos de química. Un frasco en particular estaba sostenido sobre un anillo metálico con una boquilla de la cual salía fuego, calentando al frasco.
Fue ahí que Tanjiro comenzó a percatarse de un aroma que nunca había percibido. No tenía idea de qué era. En general el lugar estaba repleto del aroma del alcohol y las medicinas de Shinobu, pero había algo más. Algo llamativo, dulce y piante que se volvía más intenso.
Determinó que el aroma provenía del vaso sobre el fuego. El contenido era un líquido espeso color malva. Y Tanjiro creía estar seguro de poder identificar algunos de los ingredientes.
―Miel, raíz de ginseng, flor de camellia… y es todo. No reconozco los demás aromas―
Viendo que el contenido del frasco empezaba a burbujear, sintió que era mejor retirarlo del fuego antes de que se quemara. Buscó en los cajones algo con lo que tomar el vaso sin quemarse, conformándose con un trapo de cocina.
Teniendo el vaso en sus manos, quedó en el lugar perfecto para que el humo de la infusión le llegara directo a la nariz.
Tanjiro no pudo resistirse a dar una gran, gran inhalación y saborear el atractivo y misterioso aroma del misterioso líquido. Tan encantado estaba por aquella extraña pócima que se olvidó por completo de que había ido a buscar a Shinobu.
Se sentía relajado y feliz, aunque también empezaba a sentirse acalorado. Quizás por la falta de ventanas. También empezaba a sentir la cabeza extraña. Como si se le estuviera inchando la cien o algo parecido.
―¿Será por esta medicina?― se preguntó Tanjiro, meciendo el contenido del frasco en su mano.
Y de pronto, sin razón aparente, Tanjiro sintió ganas de probar el contenido directamente. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Era medicina. ¿No?
Tanjiro acercó el frasco a su boca con intención de probar solo unas pocas gotas. Pero justo cuando trataba de empinarse el contenido del vaso en medio de sus labios divididos, escuchó un grito.
―¿¡Tanjiro Kamado, qué crees qué haces?!―
El sustó hizo que Tanjiro diera un pequeño salto y sacudiera los brazos, lo que provocó una cantidad similar a una cucharada sopera de la misteriosa medicina fuera a parar dentro de la boca de Tanjiro. El resto fueron a parar al piso, junto con el frasco, que se partió el mil pedazos.
―¡Shinobu, lo siento mucho! ¡No era mi intención! ¡Pero esta medicina olía tan bien que no me pude resistir una probadita! ¡No quería romper nada, te lo juro!―
Shinobu se acercó rápidamente con pañuelo y recogedor en mano para limpiar lo ocurrido, y sintió un estremecedor escalofrío sacudirle la columna al reconocer el frasco y el líquido derramado en el suelo.
El joven cazador notó como la hermosa mujer se había puesto pálida como un muerto. Pero antes de que pudiera preguntarle si estaba bien, se percató de que él ciertamente no se sentía de esa forma.
No estaba mal. Pero definitivamente no se encontraba bien. Todo su cuerpo de pronto empezó a calentarse. Sentía como si sus manos estuvieran mojadas a pesar de estar secas. Su corazón parecía producir mucho ruido al palpitar. Y estaba teniendo problemas en enforcar la vista, a pesar de no sentirse cansado ni sentir ningún dolor en los ojos.
Y había algo más. Había un nuevo aroma en el aire. Algo seductor y delicioso para lo que Tanjiro no tenía palabras.
―Tanjiro… ¿Qué estabas haciendo con eso?― preguntó, cautelosamente la cazadora.
―Lo olí de cerca… y tomé un sorbo―
Los ojos de Shinobu se abrieron como platos al escuchar la respuesta. Levantó la vista al encuentro de Tanjiro y se sorprendió al ver que sin darse cuenta, Tanjiro se le había acercado hasta quedar frente a ella.
―¿Tanjiro? ¿Te sientes bien?― inquirió la cazadora, alejándose lentamente como si estuviera en presencia de un animal salvaje.
―N-no sé. Creo que estoy enfermo. Mi cuerpo se siente caliente. Y hay un aroma… un aroma que es… ¡Irresistible!―
―¿Qué aroma? ¿La "medicina"?― preguntó Shinobu al borde del pánico, especialmente cuando su espalda chochó con la barra, dejándola atrapada entre la pared y Tanjiro.
―Ese aroma…― musito Tanjiro, deteniéndose frente a la pequeña mujer ―Viene de ti, Shinobu―
Shinobu sintió como si se le helara la sangre. Tragó saliva y maldijo con más fuerzas que nunca ser tan pequeña.
Carajo… La madre que me parió…
