Luna llena
Swimming across the bay,
The nit is Gray, so calm today
She doesn't want to wait.
"We've gotta make the love complete tonight..."
In the mist of the morning he cannot fight anymore
Thousands moons or more, he's been howling
Knock on the door, and scream that is soon ending
Mess on the floor again
She should not lock the open door
(Run away, run away, run away)
Full moon is on the sky and he's not a man anymore
Sees the change in him but can't
(Run away, run away, run away)
See what became out of her man
"Full Moon" de Toni Kristian Kakko
….
Luego de años de combatir demonios y encontrarse cara a cara con la muerte en muchas ocasiones, quedaban pocas cosas en el mundo que pudieran hacer a Shinobu sentirse nerviosa.
No era que estuviera nerviosa de Tanjiro, per se. Es decir el muchacho ciertamente era 14 cm más alto que ella, a menos que hubiera crecido más desde la última vez que ella tomó las medidas; y ciertamente poseía mucha más fuerza física de la que ella podía convocar sin utilizar sus respiraciones de insecto…
Pero eso era irrelevante para la agilidad y velocidad de Shinobu. En el remoto caso de que surgiera la necesidad de protegerse del intoxicado joven, Shinobu podía simplemente huir o golpearlo en sus puntos de presión para inmovilizarlo.
Pero no, los nervios de Shinobu no eran por su propia seguridad, sino por la de Tanjiro.
Tratándose de una familia que por varias generaciones se había dedicado a la medicina no era de extrañar que los Kocho tuvieran una serie de remedios y medicinas creadas por ellos mismos. Y de todos los medicamentos que su hermana le enseñó a preparar, había solo uno que nunca, nunca debía ser ingerido directamente. Y ese era precisamente el que Tanjiro acababa de tomar.
―Shinobu― jadeó el muchacho con voz rasposa ―¿Qué era esa cosa que me tomé?―
Tajiro estaba temblando. Shinobu podía ver sus hombros, brazos y piernas dar pequeñas sacudidas. Y era más que obvio que había dejado de hacer la respiración de concentración total.
Shinobu extendió su mano y la posó justo encima del corazón de Tanjiro. En parte para evitar que se le acercara más. En parte para medir su ritmo cardiaco. En efecto, su pulso era anormalmente alto.
―Bebiste un compuesto energético especial… Se le conoce como "Afrodisiáco"―
Tanjiro de inmediato cubrió la mano de Shinobu con las de él. Ella mantuvo la calma.
―¿Qué es eso? ¿Porqué siento tanto calor y por qué…?―
Tanjiro aspiraba profundamente por la nariz. No se podía explicar por qué de pronto el aroma de Shinobu se le hacía tan irresistible. Intoxicante habría sido una mejor palabra para describirlo, pero por desgracia esta no existía en el léxico del joven.
―Tiene varios efectos…― musitó Shinobu ―Da energía, mejora la oxigenación al cerebro, dilata los vasos sanguíneos para mejor circulación, hace a las terminaciones nerviosas más sensibles a estímulos de placer―
―¿Por qué de pronto hueles tan bien?― la interrumpió Tanjiro.
Shinobu sintió como si su boca se secara como una fruta abandonada bajo el sol de verano.
―¿Por qué siento ganas de… ganas de…―
Nuevamente a Tanjiro le faltaban los conocimientos y el vocabulario para describir qué era lo que sentía. Para cuando el chico había empezado a tener sus primeras erecciones la salud de su padre estaba por los suelos. Y no queriendo importunarlo más, Tanjiro se guardó las dudas de sus nuevas funciones corporales para sí mismo. Así que él y su padre nunca pudieron tener "La conversación".
Era esa ignorancia la que tenía a Tanjiro prácticamente aterrado consigo mismo. Nunca había sentido nada parecido, ni tenía idea de qué quería decir.
―Siento ganas de…― Tanjiro jadeó, el aroma de Shinobu le hacía agua la boca, y por ello finalmente se decidió por la palabra que mejor definía su sentir ―Siento como si tuviera ganas de comerte―
Apretó la mano de Shinobu con las suyas y sintió una inexplicable satisfacción al ver a la cazadora dar un respingo por sus palabras.
―Ese… es otro de los efectos… Aumento del libido―
Tanjiro sostuvo la mirada de Shinobu un momento antes de cuestionarla nuevamente.
―¿El qué?― preguntó, inocentemente.
Si la situación no fuera tan crítica Shinobu se habría reído.
―Tu apetito sexual― clarificó, solo para ver como Tanjiro mantenía su cara de completa confusión.
―Tu deseo de tener relaciones sexuales―
Viendo el mismo resultado, Shinobu perdió los estribos.
―¡Hay por favor! ¡Tus ganas de tener sexo! ¿Qué tus padres no te explicaron nada? ¡Tienes una erección, por amor de Dios!― razonando lo que dijo, Shinobu bajó su vista a la entrepierna de Tanjiro ―Hay carajo, tienes una erección―
Viendo como el color se le escapaba del rostro a Shinobu al decir esas palabras, Tanjiro dirigió su vista hacia abajo encontrándose con un enorme bulto en su pantalón, causado por su erguido miembro masculino.
Horrorizado consigo mismo, Tanjiro dio un fuerte grito de pánico. Soltó la mano de Shinobu para poder ocupar ambas manos en cubrir su vergüenza. Se dio media vuelta y corrió a la otra esquina del cuarto, encogiéndose en una posición casi fetal.
―¿¡Por qué me está pasando esto?! ¿¡Qué clase de medicina es esa?!―
Shinobu ahora sí estaba alarmada, podía sentir el miedo en la voz de Tanjiro, quien además estaba hiperventilando, lo cual nunca es bueno.
―Tanjiro, por favor tranquilízate. Es una medicina para adultos de edad avanzada que tienen dificultades para tener relaciones sexuales. Normalmente se utiliza en difusores de aceite. Pero tú lo consumiste ingiriéndolo directamente―
―¿¡Y qué va a pasar ahora?! ¡¿No hay un antídoto o algo?!―
―Me temo que no. No es un veneno, es un suplemento natura de rápida absorción. También dudo que puedas mitigar los efectos con tu respiración…―
―¿Y entonces qué hago?―
Como pocas veces en su vida, Shinbou se encontró con un nudo en la garganta. Realmente no sabía qué hacer. Dirigió su atención a otro problema, el afrodisiaco que se había derramado en el piso.
Cautelosa de no mancharse las manos con el líquido Shinobu, limpió la mancha del suelo. Metió todo en una bolsa de papel y la arrojó a un cesto de la basura ubicado debajo del lavabo. Se percató de que no había encendido el extractor de aire del laboratorio.
No puede ser Shinobu, ¿Cuántos malditos descuidos tuviste que cometer en un día?
Terminando con eso, dirigió su atención de nuevo a Tanjiro.
―¿Tanjiro?―
El chico no contestó y Shinobu sintió genuino miedo de volver a llamarlo. No miedo de que Tanjiro fuese a saltarle encima hecho un animal rabioso de lujuria. Sino miedo porque aún no tenía idea de cómo ayudarlo.
No se está masturbando… ¿Acaso no sabe cómo hacerlo? Pasó los últimos 2 años entrenando para ser cazador… Incluso antes de morir su padre dejó de trabajar por su enfermedad, dejando el negocio familiar y el sustento de la familia en manos de Tanjiro… Ho por Dios, no me digas que esta es su primera experiencia sexual.
El muchacho temblaba como si tuviera fiebre crónica. Se podía escuchar el silbido de su furiosa respiración pasando a través de sus dientes.
Su ritmo cardiaco y su respiración son un desastre… No puede hacer nada para controlarlos. Y no hay nada que yo pueda hacer por él. Incluso si hubiera manera de contrarrestar los efectos del afrodisiaco no conozco la dosis exacta que Tanjiro tomó ni la extensión de sus efectos en él. Los efectos secundarios de un antídotopodrían ser catastróficos… Podría sufrir arritmia o incluso un paro cardiaco, o un colapso pulmonar. Que a decir verdad por cómo están las cosas podría sufrirlos en cualquier momento de todos modos. ¡No puedo dejarlo así! ¡Maldición, qué hago! ¿¡Cómo puedo ayudarlo!?
―Shinobu― se escuchó la voz de Tanjiro sacándola de sus cavilaciones ―Shinobu, ayúdame―
Tanjiro giró los hombros para poder ver a Shinobu y lo que ella vio hizo que le dieran ganas de llorar.
Tanjiro, el Tanjiro que ella conocía era un rayo de luz y esperanza. Un joven cálido que levantaba el ánimo de todos a su alrededor con su mera presencia. Con ojos llenos de amor y alegría que brillaban como el mismo sol.
Pero el chico frente a ella no era eso.
El Tanjiro frente a ella era un muchacho patético. Apenas un niño perdido, triste y sobre todo asustado. Con los ojos apagados llenos de angustia que se desbordaba a través de ríos de lágrimas.
Shinobu sintió como le temblaban los labios en su esfuerzo por no llorar.
Santo Dios, Tanjiro. Pero ¿qué te he hecho?
―Shinobu… ayúdame por favor― insistió el joven, al ver que la cazadora no se movía.
No puedo… se lamentó en su mente. Demasiado avergonzada para admitir en voz alta que no había nada que pudiera hacer.
No sé qué hacer… No sé cómo ayudarte… No sé… ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo…
Y entonces ocurrió. A través del dolor y el miedo. Un momento de claridad permitió que la única solución posible alcanzara a Shinobu.
Ah… Pero qué estúpida soy… Es tan simple.
―Muy bien Tanjiro. Llegaod a esto, te ayudaré de la única forma que puedo― musitó ella, caminando con pasos seguros hacia donde se encontraba Tanjiro.
―Que vas a hacer―
―No puedo darte ningún antídoto. Y es un peligro que te deje sufriendo con los efectos del afrodisiaco. Así que lo único que podemos hacer es…―
Hizo una última pausa para darse valor. Y pensar en cómo decir qué era lo que debía hacerse
―¿Qué haremos?― preguntó Tanjiro, desesperado.
Shinobu le sonrió como nunca le había sonreído a nadie para después decir con toda la confianza que era humanamente capaz de proyectar ―Debo pedirte que desahogues tu lujuria en mí―
La hermosa mujer dejó al muchacho procesar lo que acababa de decir. la verdad, no tenía idea de cómo reaccionaría al escuchar su propuesta de una solución a su problema. Ciertamente no se esperó que Tanjiro se pusiera de pie, claramente horrorizado y gritara ―¡NO!―
―¿He? Pero…―
―¡Eso solo lo debes hacer con la persona a quien más amas!― proclamó Tanjiro a todo pulmón.
Shinobu no supo si reír o llorar. Pero antes de que tuviera tiempo de responder, Tanjiro se dio media vuelta. Puso ambas manos en la pared y se alejó de esta sin separar las manos lo más que pudo. Acto seguido, hizo a su cráneo arremeter contra el muro con todas su fuerzas. El golpe fue tan contundente que produjo un hundimiento en la madera, algunas grietas y una mancha de sangre.
Antes de que Tanjiro pudiera repetir el movimiento, Shinobu se puso se pie y lo rodeó con ambos brazos, tratando de detenerlo.
―¡Tanjiro, detente! ¡¿Qué crees que haces?!―
―¡Dijiste que la gente se desmaya si se golpea en la cabeza con suficiente fuerza para que el cerebro toque el cráneo! ¡Eso haré! ¡Asó no tendrás que… ¡No tendrás qué―
El cazador intentaba desesperadamente de zafarse del agarre de la doctora.
―¡Tanjiro no puedes hacer eso ahora! ¡Te podrías causar un daño mucho peor que un desmayo! ¡Podrías sufrir hipoxia o una trombosis cerebral y morir!―
―¡SI NO FUERA POR NEZUKO, PREFERIRÍA MATARME ANTES QUE HACERTE DAÑO, SHINOBU!―
Tanjiro dejó de forcejear. Se quedó tieso, al menos tan tieso como los espasmos que tenía en todo el cuerpo le permitían estar. Shinobu en cambio se congeló por completo.
No puede ser… ¿Cómo es que una bruja como yo enamoró a un ángel como este chico?
Y aunque la pregunta no tenía respuesta, sí logró ayudar a Shinobu a tomar una nueva decisión.
―Shinobu suéltame. Ya sé que haré. Huiré al bosque y correré hasta que se me pase―
Tanjiro se sorprendió al sentir los brazos de Shinobu apretarlo con más fuerza.
―No― musitó ella, contra su espalda en un tono de voz que Tanjiro no reconoció.
―¡Shinobu por favor!―
―¡No, no dejaré que te vayas!―
Tanjiro no supo qué más decir ante eso.
―Tanjiro ¿No vez lo que está pasando? Una serie de circunstancias desafortunadas nos trajeron a este momento en que tenemos una oportunidad que no se repetirá nunca―
―¿O-oportunidad?― cuestionó, confundido girando la cabeza a su espalda, tratando de encontrar la cara de Shinobu.
Shinobu aflojó su abrazo y usó sus manos para hacer que Tanjiro girara hacia ella. Y aunque logró mantener los ojos sobre los del chico, a su vista periférica no pasó desapercibida la ahora muy orgullosa erección del muchacho.
―Te lo dije, no hay un futuro en el que podremos estar juntos. Pero aquí y ahora, tenemos una oportunidad de estar más juntos de lo que jamás estaremos―
Shinobu llevó ambas manos sobre el pecho de Tanjiro y contuvo su sonrisa al ver al joven estremecerse bajo el contacto.
―No es solo porque parte de esto es mi culpa y quiero ayudarte. Es porque… Eres mucho más importante para mi de lo que crees―
―P-pero… Shinobu tú dijiste…―
―Ya sé lo que dije. Y sé que no es así como lo habrías querido. Pero es lo que hay. Y si tengo que escoger entre una vida solos y una noche juntos en el paraíso, la respuesta es obvia―
Tanjiro estaba mormado a causa de su propio yanto. Así que no podía oler las emociones de Shinobu. Solo sabía que pese a que ella también estaba llorando y la sombra de sus ojos se le había escurrido un poco, lucía incluso más hermosa de lo que jamás se había visto.
―Shinobu tengo… tengo miedo―
―Shhh, no te preocupes. Todo va a estar bien― susurró ella, limpiándole las lágrimas con la manga de su uniforme.
―Tengo miedo de lastimarte―
Shinubo se río para sus adentros.
Ho Tanjiro, eres un tonto. Tú no eras indigno de mí. Soy yo, siempre seré yo la que no te merecía.
―No te preocupes. No me harás daño, no soy tan frágil como parezco. A fin de cuentas, recuerda que soy un pilar―
―No sé… Ni siquiera sé que hacer―
―Está bien. De eso me haré cargo―
Era demasiado, incluso para una fuerza de voluntad de alguien como la de Tanjiro. Estar fuertemente drogado por una medicina desconocida, experimentando cambios físicos para los que nunca se preparó y con la mujer de sus sueños ofreciéndole una noche para vivir todos esos sueños rotos…
Tanjiro no pudo hacer nada más que ceder.
Se engarbó sobre la pequeña doncella, guiado por las manos de esta que ahora lo sujetaban de sus mejillas.
―¿Cómo empezamos?―
Shinobu hizo que las narices de ambos se tocaran.
―Cerrando los ojos. Es grosero mirar cuando das un beso―
Hizo lo que ella dijo y un instante después sintió como finalmente sus labios se conectaron con los de ella.
Fue como si por primera vez fuese auténticamente golpeado por el aliento de la vida. Envolvió el cuerpo de la cazadora en sus brazos y dejó a sus sentimientos correr libres.
