Solo si es por una noche
And I heard your voice
As clear as day
And you told me I should concentrate
It was all so strange
And it's so surreal
That a ghost should be so practical
Only if for a night
And the only solution was to stand and fight
And my body was bruised and I was set alight
But you came over me like some holy rite
And although I was burning, you're the only light
Only if for a night
"Only if for a night" de Florence Welch y Paul Epworth.
Shinobu nunca se había considerado a sí misma afortunada ni nada parecido.
Fue una bebé prematura que apenas logró sobrevivir. Sus padres murieron cuando ella tenía solo 3 años. Su hermana mayor murió cuando ella tenía 15. Si bien era una excelente cazadora de demonios, lo cierto es que su labor era un constante recordatorio de sus limitaciones, perdidas y fracasos. Así como una inagotable fuente de experiencias horribles y desoladoras.
Más como todo ser vivo, Shinobu había buscado la manera de sobrevivir. Desarrolló sus venenos, creó sus propias técnicas de respiración y entrenó hasta el borde de la muerte para convertirse en Pilar. Pero lo más importante, creó un mecanismo de defensa en la forma de una sonrisa con la que no solo había logrado protegerse sino también a otros de sí misma sin fallar durante años.
Pero entonces un día se cruzó en su vida un singular joven cazador que en una sola noche logró ver a través de la máscara de Shinobu, permitiéndole así poder tener al fin una conversación sincera sin necesidad de sonrisas falsas ni pretensiones de fortaleza.
Y fue por eso que a Shinobu le fue imposible catalogar a Tanjiro tan solo como otro chico enamorado de ella. Porque a diferencia del resto, Tanjiro también hacía que Shinobu sintiera cosas.
El problema es que Shinobu no era una santa.
Con tan pocas cosas que le trajeran alegría en su vida, Shinobu no pudo resistirse a jugar, sin llegar demasiado lejos claro, con Tanjiro para su propio entretenimiento. Y por un tiempo todo estuvo bien. Ella podía divertirse un poco sin abuzar del corazón del muchacho que podía fantasear estando cerca de la chica que le gustaba… Pero entonces todo cambió.
Tanjiro recibió un permiso de vacaciones que decidió gastar hospedándose en la finca y sin darse cuenta Shinobu y él se acercaron mucho, demasiado rápido. Tanto que Shinobu tuvo que confrontar la realidad de que en algún punto en medio de sus coqueteos juguetones ella también y sin darse cuenta había comenzado a plantar las semillas de sentimientos innombrables por el muchacho.
Y aunque Shinobu no era una santa, tampoco era un monstruo.
Podría haber dicho que sí. Ser egoísta y simplemente aceptar todo lo que Tanjiro quisiera darle hasta que Shinobu encontrara su inevitable final en manos de Segunda Luna Superior. Pero la cazadora no era lo bastante desalmada para aprovecharse así de los sentimientos del chico. Así que en su lugar se decidió por confrontarlo y dejar las cosas en claro. Que nunca podrían estar juntos.
Tú eres puro como agua de rocío. Brilloso y cálido como el sol. ¿Y a quién no le gusta el sol? Pero mi corazón está marchito de odio y mi cuerpo es un pútrido reservorio de veneno. Tanjiro, tú merece algo mejor.
Pero entonces… pasaron ciertas cosas. Una serie de eventos en cadena que los condujeron a un escenario que ahora les permitía estar más unidos de lo que jamás debieron estar. Y posiblemente lo hubieran podido evitar si Shinobu se lo hubiese pensado con más calma y explorara otras opciones antes de decantarse por la solución con la que finalmente decidió afrontar el predicamento surgido entre ambos.
Pero Shinobu no era una santa.
Y en el momento que se percató que se hallaban en una situación que proveía la excusa perfecta para que ambos pudieran entregarse a sus más pecaminosas fantasías, la cazadora no opuso resistencia. Y afortunadamente, lo mismo hizo el aún enamorado muchacho.
Así que ahí estaban. Tan pronto como se dieron su primer beso, la mente de Tanjiro se nubló con instinto y deseo, haciéndolo tomar a la cazadora en sus brazos y alejándola del suelo como si no quisiera que nada ni nadie más que él pudiera tocarla. Shinobu respondió al ímpetu de Tanjiro con gusto, rodeando su cuello con ambos brazos, y enterrando los dedos en sus alborotados cabellos rojizos.
Shinobu podía sentir la inexperiencia y ansiedad en los besos de Tanjiro. El toque de labios era brusco y errático. Sus labios chocaban como un par de toros embistiéndose entre ellos. El errático aliento de Tanjiro le goleaba el rostro con cada pequeña separación de los labios. Shinobu no podía describir lo excitante que era para ella poder sentir cuán deseada era por Tanjiro.
Para darse mayor estabilidad Shinobu rodeó a Tanjiro por la cintura con ambas piernas, produciendo un fuerte jadeo por parte del joven. Especialmente cuando sintió su pene toparse con los macizos muslos de Shinobu.
Shinobu pensó que como el beso, ese sería detonador suficiente para acelerar las cosas, pero en su lugar Tanjiro pareció redoblar sus esfuerzos en tratar de comérsela a besos, llegando a introducir su lengua en la boca de ella. Shinobu le correspondió con gusto. Si él no tenía prisa, ella tampoco.
La noche sería larga y para cuando llegaran las primeras luces del alba, la luz encontraría a Shinobu calcinada por las llamas de otro sol.
Yo tenía intenciones de dejarte ir Tanjiro. Quería alejarte de mi y no mirar atrás. Pero ahora que estamos aquí quiero llegar al límite. Quiero que me des en esta noche todo el amor que me habrías dado, así me dejes hecha cenizas.
Como si el muchacho leyera sus pensamientos, la abrazó con más fuerza haciendo que sus senos se exprimieran contra el pecho de él. Shinosu compensó la presión sobre su pecho exhalando aire por la nariz. Y se permitió abrir los ojos un instante para revisar el estado de Tanjiro. Él joven seguía devorándola con los ojos cerrados.
Buen chico. Pensó Shinobu, volviendo a cerrar los ojos, preguntándose cuánto tiempo más se conformaría Tanjiro con solo besarla.
Tanjiro por su parte había quedado prácticamente incapacitado de realizar operaciones mentales complejas desde el primer beso de Shinobu. Todo lo que podía razonar es que la boca de la doncella era la cosa más suave y dulce que había probado en su vida y quería seguir bebiendo de ella por el resto de su vida.
Sabía que lo estaba haciendo mal. Porque incluso si Tanjiro nunca tuvo una plática con su padre al respecto, Tanjiro tenía la idea de que un beso debía ser algo tierno y gentil. En especial con una doncella tan especial para él. Porque es así como había visto a sus padres besarse cuando estaban vivos.
Perdóname Shinobu, se que debería ser más gentil, pero es que no puedo parar. Tu boca, tus besos, me están volviendo loco. Y, ¡Ho por todos los cielos! ¡TU AROMA!
Si tan solo Tanjiro estuviera familiarizado con el concepto de "Feromonas", quizás entendería por qué no solo su olfato, sino todo su cerebro había redirigido su atención para no concentrarse en nada que no fuera el exquisito aroma femenino que producía Shinobu. Y que se volvía más intenso a cada segundo que pasaba.
Tanjiro se daba valor al no sentir ninguna resistencia por parte de Shinobu. Al contrario, la mujer parecía aceptar con gusto todos y cada uno de sus avances. Y siendo así, no había nada que pudiera incentivar a Tanjiro a detenerse… Nada excepto estar a punto de ahogarse por falta de aire.
Shinobu se sorprendió cuando Tanjiro se separó de golpe de ella, rompiendo así finalmente el contacto entre sus labios. Pero la razón fue clara tan pronto lo escuchó inhalar una gran bocanada de aire.
―¿Estás bien?― preguntó, ella, topando su frente con la de él.
―S-sí― por primera vez desde su primer beso, Tanjiro abrió los ojos, encotnrando su reflejo en los orbes violeta de su amada ―¿Tú estás bien Shinobu?―
―Yo estoy muy bien. No lo haces nada mal. Pero no se te olvide respirar por la nariz, ¿de acuerdo?―
Escucharla usar el mismo tono calmado que usaba al hablarle de biología durante sus reuniones en el techo, tranquilizó a Tanjiro. La observó cuidadosamente. Su expresión era tranquila, pero su normalmente inmaculado rostro blanco ahora estaba teñido de rojo y sus finos labios parecían mucho más carnosos de lo normal.
―Shinobu tus labios están rojos―
―Efectos del uso― respondió ella sonriendo, robándole un beso ―¿Sabes? Hay muchas otras partes de mi que puedes besar. Pero primero vamos a tener que quitarnos toda esta incómoda ropa―
Aquello perecía tener demasiado sentido para Tanjiro, desde hace un rato había estado teniendo esta extraña sensación de inconformidad con la ropa. Específicamente con la ropa de Shinobu. Deseaba apartarla y poder tocar directamente la piel de la cazadora. Y claro, la idea de poder contemplar el cuerpo desnudo de Shinobu, hacía a Tanjiro estremecer.
Bajó a la cazadora hasta que sus pies tocaron el piso y la liberó de sus brazos. Shinobu se cercioró al descender de que ni sus piernas ni sus nalgas tocaran el miembro de Tanjiro. Aunque estaba excitada, la verdad es que otra razón por la que quería llevar las cosas con calma es porque ella también estaba nerviosa. Era la primera vez en años que estaba con un hombre.
―¿Q-qué debería―
―¿Por qué no me ayudas a desvestirme? Yo te ayudaré a ti―
Tanjiro perdió la capacidad de utilizar sus cuerdas vocales. Así que se limitó a asentir con la cabeza.
Shinobu no pudo evitar reírse con su reacción.
―Muy bien, ven― musitó ella invitándolo a sentarse en el suelo ―Ayúdame con estos botones―
Tanjiro se arrodilló frente a ella. Fue hasta entonces que se percató que Shinobu no llevaba puesto su ahora de mariposa, sino una bata blanca de laboratorio. Shinobu guió las manos de Tanjiro a donde empezaba la línea de botones, para después llevar sus manos al cuello de él.
―Sigue besándome mientras me desabotonas la bata― musitó ella, antes de volver a apoderarse de sus labios.
Tanjiro obedeció sin demora. Para sorpresa de Shinobu, los besos de Tanjiro esta vez fueron más gentiles.
Pobre, me pregunto si cree que me lastimó con sus besos.
Shinobu no tardó en liberar los 5 botones en la camisa de Tanjiro y tan pronto como lo hizo, Shinobu introdujo su mano derecha bajo la prenda para tocar el abdomen del joven.
Tanjiro arqueó la espalda como su lo hubieran golpeado con una vara de metal al rojo vivo. De un momento al otro, las manos que desabotonaban la bata de Shinobu, la tomaron por los hombros. Acto seguido Tanjiro saltó contra ella como un animal salvaje abalanzándose sobre su presa. Pero en vez de enterrarle las garras o anotar una mordida fatal, Tanjiro nuevamente reclamó los labios de Shinobu como suyos.
Un rayo de placer y dolor golpeó a Shinobu, quien se dejó caer de espaldas, atrayendo a Tanjiro consigo.
―L-lo siento―
―Ni lo digas. Déjame ayudarte― respondió ella, uniéndose a Tanjiro en sus esfuerzos por liberarla de sus ropajes.
¿Por qué justo hoy tenía que ponerme la estúpida bata de 8 botones?
Cuando por fin todos los botones quedaron sueltos, Shinobu se apresuró a levantarse sobre sus codos uno por uno, deslizando la bata bajo sus brazos para al fin librarse de ella. Pero aún estaba lejos de encontrarse en el estado de desnudez que deseaba. Pues aún quedaban dos capas del uniforme de cazadores.
Me lleva la… no, espera… había una forma de apresurar las cosas y hacerlo más excitante para algo. ―Tanjiro, ¿Me ayudas?―
El aludido dirigió manos temblorosas a los botones de la camisa de Shinobu, ―Olvida eso― dijo usando un tono juguetón ―Hazlo así―
Shinobu guió las manos de Tanjiro encima de su cinturón. Liberó el amarre de la hebilla de su cinturón, para luego mirar con picardía a los ojos del absorto cazador.
―Olvida el resto de los botones― musitó seductoramente al tiempo que desabotonaba el cuello de su uniforme ―Quítame la ropa por encima de mi cabeza―
Tanjiro targó saliva, entendiendo lo que Shinobu le pedía. Desfajó la camisa exterior e interior del uniforme de Shinobu para luego empuñarla con ambas manos. Nunca había estado tan ansioso y nervioso al mismo tiempo, estaba a punto de desnudar parcialmente a Shinobu. Su hirviente cuerpo se sacudía violentamente por un sin número de escalofríos que solo servían para aumentar aún más su temperatura corporal. Su pene palpitaba y dolía como una fiera herida dentro de una lúgubre prisión. Y aún así Tanjiro mantenía el control. No se permitiría lastimar a Shinobu por culpa de ninguna medicina rara ni menos por sus propios impulsos estúpidos.
Finalmente, Tanjiro comenzó a deslizar la ropa en dirección norte. Shinobu suspiró al sentir como sus sudadas prendas le rosaban la piel, dejando libre su cuerpo. Alzó los brazos para ayudar a la labor de Tanjiro y cerró los ojos.
Se sintió expuesta cuando por fin quedó libre de su ropa. A pesar de que sus pechos aún se encontraban cubiertos por el sarashi. Shinobu mantuvo los ojos cerrados, volvió a recostarse sobre el suelo con los brazos a los lados y la cabeza ligeramente inclinada a un lado en señal de sumisión.
Me pregunto que hará ahora. ¿Me besará el cuello? ¿Me quitará el sarashi? ¿Tocará mis senos?
Pero Tanjiro no le puso ni un dedo encima. Confundida Shinobu abrió los ojos en busca de cuál era la demora. Lo que encontró no era lo que esperaba. Tanjiro estaba sobre ella, apoyándose sobre sus manos que estaban a cada lado de la cabeza de Shinobu. Jadeaba profundamente y su mirada de entre todos los sentimientos que podría haber reflejado, era uno de miedo.
―¿Tanjiro?―
El mencionado no respondió.
―¿Tanjiro que pasa?― inquirió preocupada, llevando su mano derecha a la mejilla del chico.
Tanjiro cerró los ojos, apretó los dientes y suspiró.
―N-no puedo hacerlo―
Shinobu sintió como si le hubieran clavado un puñal en el hígado.
¿Qué está pasando? ¿Qué podría haberlo echo cambiar de opinión en un momento así? ¿¡Soy yo?! ¿¡Tengo algo malo?! Sé que no soy tan voluptuosa como Mitsuri, pero…
Al bajar la mirada sobre su propio cuerpo, el ojo médico de Shinobu notó algo inusual, que Tanjiro no habría encontrado en ningún otro cuerpo. Sobre la zona de la clavícula, hombros y parte superior de sus pechos, la piel de Shinobu estaba decorada con minúsculos lunares violeta.
¡Ho mierda! ¿¡Cómo se me pudo olvidar?! ―T-tanjiro no te asustes. Estos lunares son un efecto secundario de trabajar tanto con mis venenos de flor de glicinia. N-no estoy enferma ni se trata de nada contagioso―
Quizás Tanjiro no supiera mucho de medicina, pero Shinobu estaba segura de que incluso en el más aislado de los pueblos montañeses se sabría que las manchas en la piel de colores son un síntoma de enfermedad. Y se aterró al pensar que el miedo o asco a sus lunares violetas les fuera a arruinar la noche.
Más no estaba preparada para lo que el muchacho respondió.
―Eres hermosa―
Shinobu sintió como si su corazón diera un salto.
―Eres más que hermosa… Eres perfecta… Eres tan… Tan perfecta―
Tanjiro empezó a llorar, por segunda vez en la noche.
―¿En verdad deseas seguir con esto? ¿De verdad piensas ofrecerle tu cuerpo a alguien como yo?―
Y entonces la mente de Shinobu hiso click. Y el esclarecimiento la llenó de furia.
―¡¿DISCULPA?! ¿Eso qué demonios quiere decir?― demandó ella, incorporándose frente al muchacho.
―Y-yo…―
―¡Tanjiro no soy una santa! ¡No soy perfecta, ni maravillosa! ¡Soy solo una mujer de carne y hueso, como cualquiera!―
Tomó la cara de Tanjiro con ambas manos y lo acercó a ella hasta que sus fnrete casi se topan.
―¡Y te prohíbo que sigas pensando que eres de alguna forma indigno o indeseable de mi! Si te rechace… ¡Es cosa mía! ¡¿Queda claro?! No estoy haciendo esto por lástima. Es porque tú me necesitas y yo…―
Shinobu se mordió el labio inferior.
―Yo te necesito. Te necesito ahora para que me ayudes a que esto suceda, porque quiero que esto suceda, porque eres tú. Y no hay ninguna otra persona con la que preferiría estar en este momento―
―Shinobu― fue lo único que pudo responder Tanjiro, al tiempo que su llanto se volvía más intenso.
―Perdóname, pero soy una mujer muy egoísta― dijo ella, sonriéndole con culpa y melancolía.
Tanjiro la abrazó y hundió su rostro en la comisura de su cuello. Embriagándose en el aroma femenino de la doctora.
―Esas son mentiras. Yo sé, que eres una persona maravillosa―
Shinobu contuvo las ganas de reírse. En verdad no entendía como es que Tanjiro se enamoró de ella.
―Entonces confía en mí. Deja el miedo y las dudas. La noche no va a durar para siempre― dirigió su boca cerca de la oreja del cazador ―Y yo también tengo muchas cosas que quiero darte y hacerte―
Tanjiro se estremeció. Liberó a Shinobu de sus brazos y le asintió con la cabeza. Shinobu dejó en claro que ya no quería esperar. Y la mancha de humedad en los panalones de Tanjiro le decía que él ya no podía espera más tampoco.
Se dieron la espalda para desnudarse cada quien por su cuenta. Muerto de nervios, Tanjiro se giró a ver a Shinobu mirándolo por sobre el hombro, exponiéndole una vista espléndida de su escultural cuerpo. La blanca piel de la planicie de su espalda decorada con más de aquellos hermosos lunares violetas. Los montes perfectamente redondos de sus pompas. Las seductoras e imponentes ondulaciones de sus musculosas piernas.
Shinobu sonrió al ver la expresión del embelesado Tanjiro.
―No te quedes ahí. Hace tanto frío que creo que mis pezones podrían cortar diamantes―
Enfatizó su chiste girando de frente al muchacho para que pudiera ver de frene sus senos.
Tanjiro arrojó por la borda la poca cordura que le quedaba.
Palabras del autor:
Quiero dar las gracias mis lectores por ayudar a que esta historia superara las mil visitas.
Me atoré un poco con este capítulo pensando mucho en cómo empezar… Pero principalmente porque no terminaba de convencerme de qué canción quería usar para representar este capítulo.
Y ya que hablo de esto, que he visto a algunos llamarlos poemas, los versos que pongo al inicio de cada capítulo son de letras de canciones. Escúchenlas si no las conocen. Que imagino que va a ser el caso para la mayoría, ya que salvo por la que usé para este capítulo, todas las demás canciones tienen más de 20 años.
Y a los que se quedaron con ganas de más, descuiden. Todavía no terminé de echarle carne al asador.
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