Acaríciame
Acaríciame
Y ahógame en tus brazos
Cuídame
Y mátame despacio
Mírame
No ves que estoy, muriéndome.
Acaríciame
Tan suave como el aire amor
Tan fuerte como el huracán
Que ciega mi mente.
Acaríciame
Y empápame de tu ternura amor
Contágiame de esa locura
Que hay en tu vientre.
"Acaríciame" de Juan Carlos Calderon. Interpretada por María Conchita Alonso.
Aviso, que en este capítulo justifico por qué la historia tiene una etiqueta de contenido adulto.
Cuando se quitó la ropa, Tanjiro se dio un momento para sonarse la nariz. El llanto previo le había llenado los poros de mucosa que entorpecían su capacidad para distinguir aromas. Pero ahora, con las fosas nasales despejadas pareció como si el afrodisiaco hubiera afectado incluso su sentido del olfato. O quizás era simplemente su nariz y cerebro que habían decidido ignorar cualquier otro aroma que no viniera de Shinobu.
Y el pobre Tanjiro simplemente no tenía forma de controlar las cosas que el suculento aroma femenino de la cazadora lo hacía sentir. Mucho menos una vez que sus ojos se posaron sobre la divina silueta que formaba su cuerpo desnudo.
Tanjiro había sabido que Shinobu era una sublime obra de Dios hecha mujer. Y ahora, teniéndola desnuda frente a él, se sentía más indigno que nunca de tener la oportunidad de tocar y mancillar el cuerpo de tan divina criatura.
Tan hermosa, tan perfecta. Tan exquisitamente suculenta.
Shinobu también quedó muy complacida con lo que encontró al voltear la vista hacia Tanjiro. Al haber desempeñado varias veces el papel de su doctora, Shinobu estaba más que familiarizada con el cuerpo del joven. Pero verlo ahora tal y como vino al mundo era una cosa muy diferente.
Tanjiro poseía una cuerpo tonificado de pies a cabeza. Delgado, pero inequívocamente saludable gracias a la visible masa muscular que delineaba todas sus extremidades, su pecho y abdomen.
Como todos los cazadores, Tanjiro tenía el cuerpo decorado con cicatrices en diversas formas y tamaño por todo el cuerpo. Algunas muy visibles como la puñalada en el abdomen durante la misión del tren Muguen. Otras perceptibles solo ante los ojos de un médico con experiencia, como el de ella.
Y luego estaba su miembro masculino. Tanjiro bien podría ser el hombre más inocente, virginal y puro que Shinobu había tenido la fortuna de conocer. Pero en definitiva era un hombre. Un hombre que justo ahora tenía su pene erecto a más no poder.
Largo, grueso y macizo. Igual que un ariete a punto de derribar los muros y puertas de un castillo enemigo.
Ho sí, Shinobu también estaba excitada. Y viendo que Tanjiro estaba demasiado embelesado, se dispuso a sacarlo de su trance para comenzar con la acción.
―No te quedes ahí. Hace tanto frío que creo que mis pezones podrían cortar diamantes―
Giró sobre si misma para ver a Tanjiro frente a frente. Y para enfatizar incluso más su inuendo cruzó ambos brazos frente a ella para levantar sus senos, exhibiéndolos con orgullo ante el muchacho.
Si bien bien Shinobu no heredó la estatura de sus padres, sí había recibido los encantos femeninos de su madre en lo que a pechos se refiere.
Ver de frente los atributos femeninos de la cazadora hicieron que miles y miles de años de memoria genética en forma de instinto arrasaron la mente de Tanjiro, llevándose lo poco que quedaba de su cordura.
―¡Shinobu!― gritó el muchacho, lanzándose a correr hacia la cazadora quien lo recibió con una sonrisa y los brazos abiertos.
No midió la fuerza de su carrera, por lo que terminó prácticamente embistiendo a Shinobu y haciendo que ambos cayeran al suelo. Él encima de ella. Tanjiro se habría disculpado por empujarla si no fuera porque Shinobu se echó a reír incluso antes de que su espalda tocara el suelo.
―¿Shinobu?―
La aludida lo tomó por las mejillas con ambas manos y le arrebató un profundo pero breve beso.
―Todo está bien. Puedes tocar y besarme donde tú quieras― musitó, lujuriosamente al acabar el beso.
A Tanjiro le tomó unos instantes procesar lo que acababa de escuchar. Bajó su vista al cuello de Shinobu, y guiado por su nariz hundió su rostro en el cuello de esta. Por alguna razón el aroma de ella parecía ser mucho más intenso en toda esa zona. Poseído por sus instintos, Tanjiro extendió su lengua fuera de su boca y comenzó a lamer con desesperación el cuello de Shinobu. No supo que le gustó más, el sabor de la piel combinada con el sudor de ella o los angelicales sonidos que Shinobu comenzó a entonar al ser su cuello explorado por la cálida lengua de Tanjiro.
Shinobu rodeó a Tanjiro con sus brazos para explorar su espalda con ambas manos. Tanjiro que había estado sosteniendo su cuerpo con sus manos pasó a ocuparlas para rodear a Shinobu por la espalda en algo mejor descrito como un feroz abrazo de oso. Lo que además provocó que todo su peso cayera encima de la pequeña cazadora.
―Shinobu… Shinobu, sabes tan bien como hueles― jadeó Tanjiro, en medio de sus besos y lamidas al cuello de Shinobu.
La cazadora se rió encantada.
-Me alegra escucha eso―
Movió su cabeza para darse espacio y poder alcanzar la oreja derecha de Tanjiro, a la cual dio una mordida, provocando un gemido por pare del cazador.
―Mis senos aún esperan a que les des algo de atención―
Tanjiro se separó lentamente de Shinobu, volviendo a apoyarse con sus manos sobre el piso. Cada contacto, cada roce de sus cuerpos se sentía como si produjera chispas. Shinobu tomó la mano derecha de Tanjiro y la dirigió hasta hacerla reposar sobre su pecho derecho, sin tocarlo.
Tanjiro tragó saliva. Por alguna razón se sintió como si estuviera tratando de tragar un melón completo.
No se explicaba por qué la imagen la de los senos al descubierto de Shinobu le hacían sentir como si su corazón estuviera en llamas. O por qué aquellas bolas de piel y carne le parecían los orbes más hermosos y apetitosos de la creación. Apetitosos como un par de enormes y exquisitas bolas de mochi, decorados con trocitos de mora azul y coronado con una única fresa en la punta. Que para el caso eran los lunares y los pezones de Shinobu respectivamente.
Tanjiro nunca había sentido un hambre como la que sentía en ese preciso momento.
Con dedos temblorosos, Tanjiro acercó su mano lentamente hasta que su palma tocó el erguido pezón de Shinobu. Ella no podía dejar de sonreír. Incluso ahora, muerto de hablre de lujuria, Tanjiro intentaba controlarse por miedo a lastimarla.
Pero Shinobu estaba excitada, y por adorable que fuera la precaución con la que Tanjiro la acariciaba, la cazadora estaba empezando a impacientarse. Sin avisar llevó sus manos tras la cabeza el joven y lo atrajo hacia ella, haciéndolo enterrar el rostro en medio de sus senos.
―Vamos, no tengas miedo a lastimarme―
Ninguno dijo nada. No fue necesario. Tanjiro rodeó los pechos de Shinobu con sus manos y los abultó en contra de su cara para luego empezar frotar la misma con entusiasmo, fascinado por la suave, flexible y cálida naturaleza de los atributos femeninos de su amada cazadora.
Nunca se habría podido imaginar por sí solo una sensación igual.
No, no existe nada en este mundo que se le pueda comparar. Está sensación, este sentimiento. Solo Shinobu podría hacerme sentir esto.
Tanjiro no tardó mucho en empezar a besa, lamer y claro, succionar. Los grandes senos de Shinobu se deformaban fácilmente bajo la presión de los labios, la lengua y los dedos de Tanjiro. Y bajo sus entusiastas caricias, la fría piel de la cazadora comenzaba a calentarse y sudar más, permitiendo a Tanjiro embriagarse mas y más en los exquisitos aromas y sabores de Shinobu.
Shinobu gemía encantada por la atención de Tanjiro sobre sus pechos. Sus gemidos eran un canto de sirena que incitaba a Tanjiro a ser más y más apasionado. No es como que necesitara más incentivos de los que ya tenía. Pues si tuviera que describir la sensación que le producía acariciar y besar los senos de Shinobu, solo podría hacerlo como "Algo fuera de este mundo". La sensación que había descrito antes como "Ganas de comerse a Shinobu" ahora tenía perfecto sentido.
Menos mal que Tanjiro no era un demonio o en definitiva se estaría devorando bocado a bocado a Shinobu.
Shinobu podía sentir como todo su cuerpo empezaba sudar. Como sus pulmones empezaban a revelarse contra la respiración de control total. Y como su vientre y toda el área de su entrepierna comenzaban a calentarse de dentro hacía afuera.
Como un horno esperando la llegada del platillo principal. Saboreó la cazadora, relamiéndose los labios mientras que con una mano exploraba la espalda de su compañero y con la otra le revolvía el cabello.
Tanjiro había comenzado, torpemente, a mover las caderas en un movimiento vaivén de sus caderas, que daba como resultado frotar su pene contra las piernas de Shinobu. La mujer podía sentir dos cosas de ese contacto. Primero, que el pene de Tanjiro estaba duro y caliente como la hoja de una espada al rojo vivo cuando es forjada. Y segundo, que había una cantidad abundante de líquido pre eyaculatorio embarrándole la pierna.
Es hora.
Shinobu tomó la cabeza de Tanjiro con ambas manos para poder alejarlo de sus pechos y hacerlo verla a los ojos.
―Sh-Shinobu―
―Ya es hora, querido Tanjiro―
Atrajo su rostro hacia ella para poder besarlo nuevamente. Tanjiro no tardó en acomodar su cuerpo para poder seguir frotando su miembro, esta vez contra el vientre de ella. Shinobu se rio y cortó el beso.
―Ya fue suficiente de eso. Veo que estás impaciente ¿Pasamos al evento principal?― inquirió llena de deseo. Deseo que era compartido por Tanjiro. Pero había un problema.
―No sé cómo hacerlo…― reveló avergonzado ―No sé dónde… cómo entrar en ti―
Shinobu se apresuró a darle otro beso. No quería que el muchacho se sintiera humillado y perdiera la confianza en un momento tan crucial.
―No te preocupes. Está bien― lo calmó, acariciándole la mejilla con su mano izquierda ―¿Me dejas guiarte?―
Tanjiro asintió con la cabeza. Sudor y saliva escurriendo de su barbilla.
―Levántate un poco, necesito espacio―
Tanjiro se irguió sobre de rodillas. Se tomó un momento para admirar a la hermosa mujer que yacía tendida en el suelo debajo de él. Como si no fuera suficiente que los lunares violetas que adornaban la piel de la cazadora le dieran una apariencia muy exótica, su cuerpo ahora cubierto por perlas de sudor que reflejaban la luz de las lámparas hacían ver a Shinobu como un ser absolutamente divino.
―Eres tan hermosa―
Shinobu le sonrió. Dobló las rodillas hacia su pecho para poder extraer sus piernas que habían quedado debajo de Tanjiro y atrapadas por las piernas de este cuando le cayó encima. El movimiento de piernas le resultó hipnótico al cazador. Acto seguido, Shinobu llevó sus manos sobre sus rodillas y abrió las piernas como si fueran un par de puertas.
―Y estoy lista para ti. ¿Mira?―
Shinobu llevó su mano derecha hacia el sur de su cuerpo. Tanjiro la siguió. Sintió nuevamente un nudo en la garganta posar sus ojos sobre la vulva de Shinobu. El muchacho nunca había visto algo igual. Eran como un par de labios alineados verticalmente. Con un fino follaje de bello negro coronándolos. Pero lo más importante, si el aroma que provenía del cuello de Shinobu era intenso, el que emanaba de su entrepierna era sofocante. Tanjiro se moría de ganas por enterrar su rostro en ese lugar y volver a explorar todo con sus labios y lengua.
Mientras tanto, Shinobu respiró con alivio. La verdad es que estaba algo nerviosa de cuál sería la reacción de Tanjiro al ver su órgano reproductor. Son muy pocos los casos pero, no sería raro que Tanjiro resultara ser uno de esos hombre que quedan perplejos al ver por primera vez una vulva. Pero su reacción era una claramente positiva.
Se dio valor y extendió su mano. Tanjiro dio un grito de placer y sorpresa al sentir los dedos de Shinobu tocar su miembro.
―Acércate― dijo ella, jalando suavemente el pene del muchacho con sus dedos, para guiarlo en dirección a la entrada de su vagina.
Tanjiro comenzó a hiperventilar. No sabía qué estaba pasando o qué iba a pasar, pero quería que sucediera cuando antes.
―Retiramos el prepucio de tu glande― explicó Shinobu en el tono que solía usar en sus lecciones de biología, solo que esta vez la atención de Tanjiro estaba en otra parte ―Y acercamos la punta a mi vulva, usando el líquido preeyaculatorio para lubricar bien la entrada―
Ambos arquearon un poco la espalda al sentir a sus geniales hacer contacto entre sí.
―Shinobu―
La forma en que Tanjiro la llamó, hizo a Shinobu estremecer.
―¿Listo?―
Tanjiro asintió.
―Entonces, entra de una vez―
Shinobu elevó sus manos a sus hombros de Tanjiro y lo atrajo hacia ella para poder volver a besarlo. Tanjiro se dejó llevar por la cazadora y al mismo tiempo que su cuerpo cubrió el de ella, su miembro se hundió en lo profundo del sexo de Shinobu.
Ambos sintieron una sensación abrazadora recorrerles las espaldas, provocando que ambos dieran un grito. Tanjiro por probar por vez primera el placer que solo se encuentra al perderse dentro de una mujer. Shinobu por saborear nuevamente la sensación de ser invadida por la masculinidad de un hombre.
Tanjiro la abrazó como si tuviera miedo de que ella fuera a desaparecer. Shinobu respondió llevando sus manos a las nalgas del muchacho, apretándolas, demandando que se enterrara aún más en ella. Cosa que Tanjiro hizo, hasta que su pelvis chocó con la de Shinobu.
Tanjiro jadeaba violentamente, tratando de acostumbrarse a la sobrecogedora sensación. Shinobu no sabía que la quemaba más, la palpitante espada del joven dentro de ella, o el aliento del mismo que le bañaba el cuello.
―Tanjiro…― gimió en su oído ―Por favor―
―S-Shinobu―
―Muévete por favor―
―¿C-c-cómo?―
La cazadora clavó sus pies en el suelo para levantar su entrepierna contra la de Tanjiro. La fricción resultante dentro y fuera de los cuerpos de ambos, hizo a Tanjiro sacudirse y gemir.
―Dentro y afuera. Adelante y atrás―
Tanjiro tragó saliva. Torpemente intentó retraer sus caderas para extraer su miembro de las profundidades de Shinobu. El envolvente abrazo de la feminidad de Shinobu hacía que con cada milímetro que retrocedía Tanjiro fuera asaltado por una una infinidad de sensaciones agonizantemente placenteras. Así como del deseo de volver a enterrarse en ella tan profundo como le fuera humanamente posible.
―¡Eso es suficiente!― gritó Shinobu para detenerlo antes de que saliera por completo de ella ―Ahora vuelve a entrar―
Tanjiro no dudo en volver a clavarse en el interior de la cazadora, haciendo que ambos volvieran a gemir de placer.
―¡Shinobu!― gritó su nombre con lujuria y desesperación.
―¡Sí! ¡Ahora ya sabes que hacer! ¡No te detengas!― gritó ella, reflejando el mismo deseo que el muchacho.
Sin nada más que esperar ni dudar, Tanjiro comenzó a embestir a Shinobu como si su vida dependiera de ello. Shinobu correspondió su pasión usando sus piernas para rodearlo por las caderas, y ofreciéndole todos sus sentimientos a través de un beso.
