De la noche a la mañana
Y se detiene el tiempo en tu cara
Y se te acaba el cuento de hadas
Y se te mueve el piso, el cielo y no sabes ni cómo te llamas.
Y sientes que la virgen te habla
sientes que el silencio te embriaga
Y quieres gritar y gritar y gritar y no encuentras palabras
Y cuelgas los ojos en la ventana
Y vives de a poco...
"De la noche a la mañana" escrita por José Martinez.
Y bueno ahora que Tanjiro y Shinobu terminaron de coshar podemos volver al drama.
Alguien me preguntó si ya estaba cerca el fin. Mis niños, no vamos ni por el 1/3 de la historia.
Lo primero que sintió al despertar fue un punzante dolor en su espalda baja. Lo siguiente fue el entumecimiento en el brazo sobre el que había dormido. Luego comenzó a percibir los aromas residuales de aquello que pasó haciendo toda la noche en compañía de su inesperado amante. Aromas ahora no le parecían gratos de ninguna forma.
Varios quejidos se escaparon de sus labios mientras intentaba abrir los ojos. Y al hacerlo, Shinobu se encontró con el rostro de Tanjiro a escasos centímetros del de ella. La expresión de absoluta serenidad del joven hizo que por unos instantes Shinobu se olvidara de todas las incomodidades que sentía. Acarició la frente del muchacho sin obtener ninguna respuesta.
Shinobu suspiró y chocó su frente con la de Tanjiro. Su mente empezó a trabajar a mil por hora.
¿Es tarde? ¿Alguien ya habría notado que Tanjiro no está en su cama? ¿Qué yo no estoy en mi cama?
Había un millón de cosas que tenía que hacer si quería mantener los sucesos de la noche anterior un secreto. Shinobu se lamentó nuevamente no tener un reloj en el interior del laboratorio.
Miró a Tanjiro nuevamente. El chico que se las había ingeniado para derribar todas las barreras físicas y mentales que ella había puesto, hasta hacerse un lugar en lo más profundo de su corazón. Shinobu lo besó en la frente, para luego abrazarlo con angustia. Sabía que sería la última vez que podría estar igual de cerca del cazador.
Se separó al fin de él. Todo el cuerpo de Shinobu de la cadera hacia abajo se revelaba a las órdenes. Sentía dolor, entumecimiento y somnolencia, todo al mismo tiempo. Pero uno no llega al rango de Pilar en los Cazadores de Demonios sin desarrollar la capacidad de hacer que tu cuerpo realice lo imposible.
Pasó de vuelta por otro recipiente de agua destilada y luego se fue al baño a tratar de limpiarse un poco. De ninguna manera caminaría por su casa con su cuerpo pintado con la mayoría de las secreciones que el cuerpo humano es capaz de producir.
De haber sabido que algo así pasaría, habría instalado una regadera aquí abajo… Se quejó Shinobu, mientras se limpiaba lo mejor que podía usando papel higiénico y agua del lavamanos.
Cuando estuvo satisfecha, salió del baño y se vistió nuevamente.
Tanjiro seguía dormido, cubierto por la bata de laboratorio de Shinobu.
Shinobu tragó saliva. Se arrodilló junto al chico y se preparó mentalmente unos instantes, antes de tratar de despertarlo.
―Tanjiro, es hora de despertar― le dijo, dulcemente.
No hubo ninguna reacción.
―¿Tanjiro? Hola, hola. ¿Serías tan amable de despertar?―
Al ver que el muchacho no respondía, Shinobu decidió sacudirlo un poco del hombro.
―Tanjiro, por favor. Tenemos que irnos o nos meternos en más problemas. Despierta―
Comenzó a sacudir levemente al joven y al ver que ni siquiera eso provocaba una reacción en él, Shinobu comenzó a preocuparse. Notó que Tanjiro estaba muy pálido y la piel parecía haber adelgazado. Como suele pasar en pacientes con deshidratación o mal alimentados. También tenía muy pronunciadas ojeras debajo de los ojos
Hay no, hay no, esto está mal. ¿No tomó suficiente agua anoche? ¿Es por el afrodisiaco?
―¡Tanjiro, despierta por favor!― gritó la afligida doctora.
Su grito finalmente logró hacer responder a Tanjiro. Sacudió la cabeza y estornudó un par de veces, para luego abrir los ojos. Shinobu respiró aliviada de verlo despertar.
―¿Shinobu?― preguntó el cazador con voz rasposa. Shinobu se apresuró a presentar un recipiente con agua que Tanjiro recibió con gusto.
Inmediatamente, el muchacho notó que la cazadora estaba vestida mientras que él seguía desnudo. Lo que lo hizo sentir avergonzado, para la diversión de Shinobu quien se sintió aliviada de ver que el joven seguía siendo igual de inocente. Aún después de todo lo que había pasado la noche anterior.
―S-shinobu, yo―
―Hush, ya hablaremos después. Por ahora debemos darnos prisa en volver a nuestras habitaciones antes de que alguien se de cuenta que no estamos y vengan a buscarnos―
Tanjiro quería protestar. Había mucho, demasiado que quería decir sin idea de cómo ni por donde empezar. Pero sabía que Shinobu tenía razón. Su meta inmediata debía ser asegurarse de que nadie se enterara de lo que había transcurrido entre ambos la noche anterior.
Tanjiro asintió con la cabeza.
―¿Necesitas que te ayude a vestirte? ¿Quieres pasar al baño a limpiarte un poco?―
―Iré al baño primero―
Shinobu ayudó a Tanjiro a ponerse de pie y lo ayudó a llegar al baño dejando que Tanjiro se apoyara en ella. Notó que el chico tenía mucho menos equilibrio y fuerza que ella.
Cuando Tanjiro emergió del baño ya vestido, Shinobu se ofreció a ayudarlo nuevamente y ambos salieron al pasillo.
―Shinobu, ¿Qué pasará con el laboratorio? ¿No deberíamos de limpiar?―
Shinobu le respondió mientras caminaban, llevaba prisa. ―No te preocupes. Soy la única que entra ahí a no ser que le pida a Aoi que limpie o me ayude con algo. Yo misma haré la limpieza más… tarde…―
Tanjiro, que había estado viendo a Shinobu a la cara mientras esta hablaba no entendió por qué la cazadora de pronto se puso más pálida de lo normal. O por qué dejó de caminar. Dirigió su vista al final de las escaleras y comprendió la reacción de Shinobu.
Ahí, parada con los brazos cruzados estaba Aoi, mirándolos con el ceño fruncido. Bajó las escaleras rápidamente y prácticamente le arrebató Tanjiro a Shinobu, colgándose su brazo libre sobre los hombros.
―Démonos prisa. Las niñas ya casi despiertan. Y Kanao podría llegar en cualquier momento. Llevaré a Tanjiro a su cuarto. Tú ve a darte un baño. Estás echa un asco―
Shinobu quedó pasmada sin saber qué cosa le sorprendía más. Que su leal asistente pudiese actuar con tanto profesionalismo sabiendo lo que había ocurrió, o que fuese capaz de hablarle de forma tan impertinente.
Aoi desapareció tirando de Tanjiro quien no tenía la fuerza ni la coherencia para protestar, dejando a Shinobu anonadad en la base de las escaleras.
Se recargó en la pared y cubrió sus ojos con su mano derecha.
Mierda… lo sabe… ella lo sabe. Y apenas acabamos de despertar… este va a ser un día del carajo…
Shinobu se las ingenió para subir al segundo piso donde estaba su habitación. Tomó un cambio limpio de ropa y se fue directo a la ducha. No importa que no hubiera agua caliente. El agua fría sería mejor para despertarla. Apenas comenzó a lavar su cuerpo se dio cuenta que en toda su piel se hallaban evidencias que contaban la historia de lo que ocurrió en el laboratorio.
Tenía marcas de uñas por sus brazos y hombros. Sus senos estaban llenos de moretones causados por todos los besos y mordiscos que recibieron. Su cuello de seguro estaría igual. Tenía hematomas en sus muñecas, muslos y glúteos. Prácticamente su piel se había convertido en el lienzo de una pintura de arte abstracto.
Pero no estaba molesta. La inexperiencia combinada con la insaciable lujuria que le había proporcionado a Tanjiro es lo que causó sus heridas. Después de todo, ella lo escuchó cuando dijo "¡Si no fuera por Nezuko, preferiría matarme antes que hacerte daño, Shinobu!" Y ella lo creía. Tanjiro jamás la lastimaría deliberadamente. De eso no tenia ninguna duda.
―Fui una tonta en pensar que solo estaba enamorado de mí. El… en verdad me adora ¿verdad?― se abrazó a misma mientras recordaba las ultimas palabras de Tanjiro antes de quedarse dormido ―Él me ama… ¿Lo escuchaste Kanae? Ese chico me ama―
Shinobu se desplomó sobre el piso del baño, con la fría agua de la regadera cubriendo su cuerpo.
―Maldición. ¿Y ahora qué? El no podrá salir caminando de esto. ¿Cómo demonios le explico que eso ni nada parecido a eso puede volver a pasar nunca?―
Shinobu no entendió por qué al decir esas palabras sintió una punzada en el corazón. O quizás si lo entendía. Solo que no se atrevía a contemplar la posible respuesta.
De proto alguien tocó a la puerta.
―¿Shinobu, estás bien?―
―S-sí, estoy bien Aoi… ¿Cómo está Tanjiro?―
―La verdad… está muy mal. Estaba pensando que lo mejor será llevarle el desayuno a la cama― Hablo en serio, parece una calavera. ¿¡Qué rayos le hiciste, Shinobu?!
―Hazlo. Si las niñas preguntan, diles que anoche llevé a Tanjiro al bosque a un entrenamiento especial y por eso está tan cansado―
Bueno, puede que no fuera entrenamiento, pero de que fue especial no me cabe la menor duda. ―¿Debería darle algo? Está… Pálido y…―
―Prepara un desayuno rico en proteínas. Dale un complejo B de 500mg. Y prepara una limonada rehidratante con bicarbonato de sodio. Dale una infusión de solución salina si es necesario―
―Entendido. Tú…―
―Estoy bien. Saldré en breve. Y Aoi―
―¿Sí?―
―Muchas gracias―
―Es mi trabajo―
Shinobu suspiró cuando escuchó a Aoi marcharse. Viéndolo bien, era una bendición que Aoi los hubiera descubierto. Al quedarse en el baño sola con el ruido del agua cayendo, Shinobu pudo caer cómodamente en la desesperación y la culpa.
¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer ahora?
Sin muchas opciones, pero sí muchas cosas por hacer, Shinobu salió eventualmente del baño. Pero antes de vestirse saco un botiquín y otros insumos médicos que guardaba en su baño y comenzó a realizar trabajo de auto curación.
Limpió sus heridas con algodón alcohol. Usó ungüentos analgésicos y cicatrizantes para aliviar el dolor. Y cubrió sus hematomas con gazas o vendajes. Teniendo que hacerse un cuello de tortuga con vendas para cubrir las heridas dejadas por Tanjiro.
Sí que le gustó mi cuello. Esto va a ser difícil de explicar si alguien pregunta. "Ho, no es nada. Había muchos mosquitos en el bosque y se tragaron mi cuello. qué suerte la mía. Hahahaha!"
Shinobu se tapó la cara con ambas manos.
Tengo que calmarme… tranquila… todo se va a arreglar. No vas a permitir que esto te destruya ni a ti, ni a tu amistad con Tanjiro.
Se vistió con un uniforme de cazador limpio. Se secó el cabello y se percató que dejó en el laboratorio su broche de mariposa. Por suerte tenía un repuesto en su cuarto. Prosiguió a maquillarse y al cabo de unos minutos se veía tan pulcra como cualquier otro día, excepto por los vendajes que se asomaban sobre el cuello de su uniforme. No quería salir de su habitación aún. Se sentó en la cama a pensar y al cabo de un rato, regresó Aoi con una charola con su desayuno.
―Disculpa que te haya echo traer eso―
―No te preocupes. Imaginé que tú tampoco querrías salir―
Se sentaron frente a frente en la pequeña mesa que había en la habitación de la Pilar. Fue solo hasta ese momento que Shinobu se dio cuenta lo muerta de hambre que se encontraba. Comenzó a devorar su desayuno con los modales de un pirata.
―Cielos… Sí que tenías hambre― dijo Aoi, en un tono bromista. Provocando que Shinobu se atragantara con su comida.
―Disculpa mis modales. Es que… con todo lo que pasó ni siquiera pude comer la cena de anoche―
Aoi se cruzó de brazos. ―¿Segura que no cenaste nada? Un simple entrenamiento no pudo ser lo que dejó a Tanjiro seco como una pasa―
Shinobu se puso roja como un tomate y por primera vez en su vida, bajó la mirada ante Aoi.
―¿C-c-cómo es que lo sabes?―
―Luego de hacer mi última ronda, me percaté que tus platos sucios no estaban en el lavaplatos de la cocina. Me pareció raro y decidí ir a buscarlos a tu laboratorio, pero incluso antes de bajar las escaleras pude escuchar claramente lo que estaba pasando ahí dentro― Aoi guiñó su ojo izquierdo con picardía.
―No puede ser, qué vergüenza―
―¡No, nada de eso!― la corrigió, Aoi tomándola de las manos, sorprendiendo a Shinobu. ―¡Shinobu, es maravilloso!― proclamó alegremente la cazadora de ojos azules.
―¿L-lo es?― dijo confundida.
―¡Sí! Todo este tiempo temí que tarde o temprano tendrías que romper el corazón de Tanjiro, pero al final resultó que tú también estabas enamorandote de él. Y ahora por fin se han confesado el uno al otro―
Aguarda… ¿Ella cree que…
―Claro, se saltaron un par de pasos, pero ¡PFF! ¿A quién le importa? Es maravilloso. Estoy muy feliz por ambos―
Shinobu nunca había visto a Aoi sonreír con semejante honestidad y alegría. Era tanta la felicidad en su rostro que a Shinobu casi se le parte el corazón. No sabía ni qué decir o cómo explicarle a la cazadora que su noche con Tanjiro había sido todo menos una proclamación de amor.
Alejó sus manos de las de Aoi.
―¿No estás molesta? Tú… ¿Acaso no tenías sentimientos por Tanjiro? ¿Y que hay de Kanao? ¿Qué dirá ella?―
Aoi se sonrojó un poco y desvió la vista.
―Tanjiro… es un chico encantador, lo admito. Pero, vamos, que todas sabemos que está loco por ti. Le brillan los ojos cuando te ve entrar al dojo mientras entrenamos. Y casi se le cae la baba de tanto sonreír cuando habla contigo. Hasta Kanao se dio cuenta. Es torpe pero no ciego―
―Y-ya veo. Entonces hasta Kanao se dio cuenta― musitó Shinobu.
Aoi se confundió al escuchar el tono de vergüenza en la voz de Shinobu.
―Shinobu, no hay nada de qué avergonzarse. ¿Y qué si es unos cuantos años más joven que tú? Es un buen hombre, valiente y honesto. Además, viendo como cuida a su hermana, apuesto que―
―Aoi basta― la interrumpió tajantemente su hermana, con un tono de severidad que asustó a la enfermera.
―Aoi, Tanjiro y yo… Lo que pasó allá abajo no es lo que crees―
La aflicción en la voz de Shinobu hizo que Aoi pasara de la confusión a la ansiedad.
―¿Qué quieres decir? ¿Shinobu que pasó entonces? No vas a decirme que te acostaste con él solo por placer―
Shinobu bufó ―Ojalá hubiese sido algo tan sencillo―
―¿Cómo que algo tan sencillo, Shinobu que…― Aoi se cortó al notar los vendajes que sobresalían del cuello del uniforme de Shinobu ―¿Shinobu, qué es eso?―
Notando a dónde estaba mirando Aoi, Shinobu se cubrió el cuello con su haori de mariposa.
―Shinobu, ¿Qué fue lo que te hizo?― demandó saber la chica de cabello negro.
―¡Nada que yo no haya querido!― respondió Shinobu en tono defensivo, dejando a Aoi estupefacta.
―Entonoces… ¿Qué fue lo que pasó?―
Shinobu suspiró derrotada. Quería mucho a Aoi. Casi tanto como una hermana menor. Se conocían muy bien la una a la otra. Y aunque Shinobu habría preferido no involucrarla más o no involucrarla del todo, necesitaba hablar con alguien.
Terminó por confesarle todo. Y Aoi escuchó atentamente el relato de su maestra.
―Por Dios… Shinobu ¿Qué vas a hacer ahora?―
―Hablar con él. Poner las cosas en claro. Pero no ahora. Los recuerdos aún están muy frescos. Necesito… un poco de tiempo―
Aoi apretó las manos sobre sus piernas sin saber qué decir.
―¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?―
Shinobu se talló la sien para ayudarse a pensar un momento antes de responder.
―Envía una carta a nuestro proveedor de opio. Dile que necesitaré otro lote antes de lo normal por un accidente en mi laboratorio. También contacta a mi tío, pídele que envíe más agua destilada y extracto de ginseng―
―Entendido― respondió Aoi, comprendiendo que era una lista de los ingredientes que harían falta reponer el lote perdido de afrodisiaco y el agua que se habían estado bebiendo para sobre llevar la noche.
―¿Qué hay del laboratorio? ¿Debería de―
―¡No!― la interrumpió Shinobu ―¡No se te ocurra entrar ahí! Yo misma limpiaré más tarde―
―E-entiendo―
Se quedaron en un incómodo silencio. Shinobu prosiguió a seguir comiendo. Haciendo a Aoi comprender la indirecta de que quería estar sola.
―Bien, iré a hacer eso. ¿Estarás bien?― inquirió preocupada.
―Sobreviviré― respondió, tratando de sonar indiferente.
Aoi no estaba para nada convencida. Shinobu era un claro desastre. Más no sabiendo como ayudar, tuvo que limitarse a obedecer.
―Está bien. Nos vemos más tarde―
Se puso de pie y se dirigió a la salida de la habitación.
―Muchas gracias Aoi― le llamó antes de cerrar la puerta.
―Para servirte―
Sola con sus pensamientos y el sonido de su boca masticando sus alimentos, Shinobu se contuvo para no entregarse al pánico.
Pánico que al mismo tiempo que un gran miedo la hacía sentir una gran furia.
Maldición. No pude ser. ¡No puede ser Shinobu! es solo un chico. ¿A que demonios le tienes tanto miedo?
La pregunta tenía una respuesta. Una que su subconsciente pronunció utilizando no su propia voz, sino la voz del ser que Shinobu odiaba más sobre la faz de la tierra. Aquiel que siempre la visitaba en pesadillas a recordarle lo débil que era.
Porque no es solamente un chico, ¿No es cierto? Es EL chico. El chico del que estás enamorada.
Shinobu no tuvo más remedio que cubrirse el rostro con ambas manos y echarse a llorar.
―Mierda… mierda…―
