Pisando fuerte
Locamente enamorado (locamente enamorado)
No sé qué es lo que me pasa
Pero solo puedo pensar en ti.
Locamente enamorado, locamente enamorado, sí
Todo irá bien, ya verás
Me digo porque quiero estar convencido.
Son tan fuertes tus miradas
Elegantes y estudiadas
Yo soy solo un adolescente
Pero entraré en tu mente
Pisando fuerte, pisando fuerte.
"Pisando fuerte" de Alejandro Sanz. No quería repetir artistas, pero es que le va perfecto a lo que está pasando Tanjiro en este capítulo. Y creo que no será la última vez que use una canción de Alejandro para acompañar un capítulo de Tanjiro.
Gracias a mis lectores alrededor del mundo. Comenten ahorita que Dios todavía nos presta vida.
Tanjiro tenía tantas ideas en la cabeza que podía sentir como si su cerebro fuera una caja a punto de reventar por exceso de contenido. ¿Cómo culparlo?
Todavía ni siquiera era capaz de terminar de aceptar la increíble suerte, no, la ABSOLUTA BENDICIÓN que había recibido la noche anterior. Hacer el amor por primera vez en compañía de la mujer de sus sueños, su amada Shinobu.
Cada segundo, cada minúsculo trozo de la experiencia había sido algo salido de algún cuento de hadas. Algo maravilloso que Tanjiro estaba seguro no debería ser experimentado en el plano terrenal por simples mortales, pero que de alguna forma ellos tuvieron la oportunidad de sentir.
Porque lo sintieron ambos.
Tanjiro no estaba seguro de en qué momento recuperó la claridad mental para distinguir las emociones a través de aromas, pero el caso era que a partir de cierto punto pudo olfatear las emociones de Shinobu.
Sé que no lo imaginé. Shinbou estaba feliz. ¡Estaba en verdad feliz! Tan feliz que su alegría opacaba todas las demás emociones. Por primera vez no olía a enojo. Ni tristeza. Yo hice eso... logré hacer que Shinobu olvidara su enojo y tristeza, aunque sea por solo un rato. Y en su lugar hice que se sintiera feliz... feliz a mi lado.
Decir que Tanjiro se sentía orgulloso sería como decir que el sol es caliente. No le haría justicia.
Si no fuera porqueTanjiro sentía como si sus músculos hubieran pasado a través de un raspador quesos, y sus huesos hubiesen sido triturados en un suribachi gigante, el muchacho estaría sonriendo de oreja a oreja dando saltos de alegría.
Pero por otra parte, Tanjiro estaba extremadamente preocupado. Preocupado porque sabía que dejar ir a Shinobu ya no era una opción para él.
"Hush, ya hablaremos después" Fue lo que Shinobu me dijo.
En su momento Tanjiro no tuvo la fuerza para replicar. Más que nada porque comprendía la urgencia de Shinobu en hacer que ambos dejaran el laboratorio y tratar de mantener los eventos ocurridos en este un secreto del resto de las residentes de la finca. Eso y que Tanjiro le pareció bien la idea de tener algo de tiempo en organizar sus pensamientos.
Al salir del laboratorio se habían topado con Aoi. Tanjiro no tuvo tiempo de procesar lo que estaba pasando. Con inusual fuerza física, Aoi lo arrebató del lado de Shinobu y se lo llevó de vuelta a su habitación sin dirigirle una palabra. Pero aunque Tanjiro le vendrían bien unas horas más de descanso, tenía una necesidad mucho más grande.
―Aoi, disculpa, quiero darme un baño― musitó avergonzado.
Aoi detuvo su apresurada caminata al escuchar las palabras del cazador. Su incomodidad era tan palpable como la de él.
―N-no hay agua caliente. ¿Estás seguro?―
―Sí, no te preocupes― En verdad me hace falta. Me siento pegajoso de todas partes.
La enfermera lo ayudó a llegar al baño de huéspedes y lo dejó en la puerta de la regadera.
―Te traeré ropa limpia. Procura hacerlo rápido, debemos llevarte a tu cama―
―Sí, entiendo. Gracias Aoi―
Tras un apresurado baño, ambos cazadores llegaron a la habitación provisional de Tanjiro y Nezuko. La niña demonio no estaba en su cama, así que debía estar dentro de su caja. Tanjiro respiró con alivio.
Menos mal. Me moriría de vergüenza si tuviera que explicarle a Nezuko donde estuve toda la noche.
―Iré a ver como está Shinobu y más tarde te traeré el desayuno―
―¿Traerlo?―
―No puedes ni caminar bien tú solo― replicó con ironía la enfermera ―Te traeré el desayuno. Si las niñas preguntan, estás echo polvo porque Shinobu te llevó al bosque por un entrenamiento especial―
―¿Qué entrenamiento?―
―¡¿Yo qué sé?! ¡Tú eres el aprendiz de Pilar! Inventa algo―respondió enfadada, para luego salir de la habitación.
Tanjiro se recostó sobre la cama y cerró los ojos.
Muchas partes de su cuerpo aún le dolían. Especialmente la espalda baja.
Intentó no concentrarse en eso.
Su mente comenzó a revivir la noche anterior. Su corazón se aceleró recordando el universo de sensaciones que descubrió al lado de Shinobu.
La suavidad de su piel.
La ternura de sus músculos.
El sabor de su boca.
El calor dentro de su cuerpo.
El aroma de su sexo.
La satisfacción de escucharla gemir y gritar su nombre.
Tanjiro sintió un hormigueo en las manos. Sus manos pedían tener de vuelta a Shinobu a su alcance. No, más bien todo su cuerpo se estremecía con el deseo de volver a estar en el lecho de la doctora.
Pero Tanjiro ya no estaba bajo los efectos de ningún brebaje medicinal que nublara su juicio. Ahora estaba siendo plenamente consciente de lo que sentía y quería. Y eso era algo mucho más que solo la satisfacción del contacto físico íntimo con Shinobu.
Lo siento, lo siento Shinobu. Sé que prometí que tomara mis sentimientos y se los diera a alguien más. Pero es que después de anoche ya no será posible. ¡Te amo! ¡Te amo con todo mi corazón!
Tanjiro se imaginó como sería estar junto a Shinobu. Y esta vez hacerlo bien.
Le declararía de la forma más solemne posible su amor y completa devoción. Y Shinobu le sonreiría, con una sonrisa que brillaría más que el sol. Pues su sonrisa no sería una máscara para ocultar la ira y la angustia de la cazadora, sino un gesto de la alegría producido por el amor que sentían el uno por el otro. Tanjiro la besaría con ternura y la tomaría en sus brazos, dispuesto a no permitir que nada ni nadie volviese a dañarla nunca más.
Tanjiro abrió los ojos para salir de su ensoñación. Se rio un poco de si mismo y de sus propias fantasías.
―Sé que probablemente las cosas no salgan tan bien... sé que tal vez no salgan para nada bien― se dijo, pensando en voz alta, pues sabía que debía estar preparado para lo peor ―Pero ahora más que nunca quiero internarlo. Ahora más que nunca no pienso rendirme―
Tocaron a la puerta de la habitación.
―Adelante―
Se abrió la puerta y entraron las tres pequeñas con el desayuno.
―¡Buenos días, Tanjiro!― gritaron alegremente las tres juntas.
―Buenos días, niñas―
―Aoi nos envió a traerte el desayuno. Dijo que tuviste un entrenamiento muy duro anoche con la señorita Shinobu― dijo Naho.
―Sí efectivamente. Perdonen las molestias― respondió nervioso, al tiempo que se acomodaba la charola de comida entre las piernas.
―Te vez algo pálido, como si no hubieras comido en días― dijo Sumi.
Le siguió Kiyo, quien pronunció la pregunta que las tres se habían estado haciendo desde que Aoi les contó del asunto ―¿Qué clase de entrenamiento realizaron?―
Tanjiro sintió como si fuese a empezar a sudar frío.
―P-pues...― Tanjiro no tenía palabras. Ya bastante malo era que se le diera de la patada decir mentiras. Pero tener a las tres niñas expectantes de su respuesta con sus inocentes rostros.
¡Vamos Tanjiro, piensa en algo! Cualquier cosa es mejor que decirles que tomaste una medicina que no debías y pasaste la noche haciendo el amor con Shinobu porque te pusiste más cachondo que un animal rodeado de hembras en celo.
―¡Carrea de obstáculos!―
―¿Carrera de obstáculos?― cuestionó el trío.
―¿De noche?―
―¿En el bosque?―
―¿En la oscuridad?―
―S-sí... para... ¡Mejorar mis reflejos! Y... he... hacerme practicar con poca visibilidad. Ya saben, por si me enfrento a un demonio con una técnica de sangre que afecte la visibilidad―
―¡Ho!― exclamaron las pequeñas, aceptando la respuesta de Tanjiro.
―Bueno, come antes de que se enfríe. Aoi te manda esa medicina para que te recuperes pronto― dijo Kiyo.
Tanjiro notó que la limonada que venía con el desayuno era más verde y turbia de lo normal.
―La limonada también es especial. Tiene clorofila y bicarbonato de sodio. Te quitará por completo la sed― explicó Sumi.
―Entiendo, gracias niñas... ¿Saben... ¿Saben cómo está Shinobu?―
―Aoi fue a llevarle su desayuno a su habitación. Seguro también está cansada― respondió Naho.
―Ya veo― musitó Tanjiro, preocupándose un poco por la condición de Shinobu.
Las niñas no se percataron de esto, de modo que salieron de la habitación, dejando solo al joven cazador.
Espero... no haberla lastimado...
Mientras comía, Tanjiro volvió a sus cavilaciones y fantasías.
Si bien ya no estaba dispuesto a dejar ir a Shinobu sin tratar de convencerla de darles una oportunidad ambos, también le asustaba pensar es las más de mil maneras en que las cosas podrían salir mal.
Para ayudarlo Shinobu había aceptado hacer con él algo que debió ser reservado para quien fuese el esposo, o mínimo, la pareja de sentimental de Shinobu.
Al menos era lo que pensaba Tanjiro.
Le había robado a Shinobu algo hermoso por lo que Tanjiro ni siquiera había tenido que hacer alguna clase de esfuerzo. Solo meter la pata y dejar que las cosas siguieran su curso.
Shinobu podría echarme a patadas de la finca y tendría todo el derecho de hacerlo. Pero incluso esta mañana...
Había algo diferente en sus ojos. En su voz. En su aroma.
Un cambio que él provocó.
Terminó su desayuno y movió la charola a la mesa de noche junto a su cama, para poder recostarse.
Y aún está el pendiente de eso que dijo, que nadie puede estar con ella...
Tanjiro suspiró y apretó los puños.
Pero... eso ya no importa. Ahora lo sé. Amo a Shinobu. Y del mismo modo que si llegara a matar a Muzan y hacer que Nezuko vuelva a ser humana, ¡No! ¡Después de que mate a Muzan y Nezuko vuelva a ser humana!...
Tanjiro sintió arder el fuego de su alma. Llenándolo de determinación. Alistándolo para pronunciar la epifanía que había descubierto.
¡Haré que Shinobu sea mi esposa así sea lo último que haga!
