Sin Luz, Sin Luz
You want a revelation
You want to get it right
And it's a conversation
I just can't have tonight
You want a revelation
Some kind of resolution
You are the revelation
No light, no light in your bright blue eyes
I never knew daylight could be so violent
A revelation in the light of day
You can choose what stays and what fades away
"No Light, no Ligth" escrita por Florence Leontine Mary Welch e Isabella Janet Florentina Summers.
Shinobu no podía creer lo que acababa de escuchar. Sabía que su próximo encuentro con Tanjiro tendría terribles consecuencias y por eso estuvo todo el día tratando de evitarlo. Quería darse tiempo de planear y ensayar qué le diría la próxima vez que se vieran. Pero nunca se le habría ocurrido que el muchacho saltaría a pedirle matrimonio de esa forma.
Ho Tanjiro. Mi querido Tanjiro. ¿Por qué me haces esto?
Shinobu intento no pensar en lo ocurrido la noche anterior. En las cosas que Tanjiro la hizo sentir. O aquellas que la hacía sentir desde siempre.
Pero al escuchar esas palabras Shinobu pudo sentir su pecho llenarse de un cálido sentimiento. Un sentimiento llamado alegría. Más alegría de la que Shinobu jamás había sentido. Suficiente como para hacer que su aluna vez marchito y amargo corazón renaciera palpitando lleno de vida.
Ya no había vuelta atrás. Ya no alcanzaban las mentiras, ni las excusas ni tampoco hacerse la tonta.
Desde esa primera conversación en el techo, la honestidad y bondad del joven la habían hecho sentir el mismo tipo de calidez que Shinobu solía sentir al lado de su difunta hermana. Un sentimiento que Shinobu se permitió perseguir sin preguntarse lo que significaba en realidad, ni en lo que podía convertirse. Creyendo ingenua o quizás arrogantemente que nunca podría desarrollar un interés romántico por el joven cazador, aunque fuese más que obvio que él tenía un interés romántico por ella.
Y solo ahora que ya era demasiado tarde, podía ver claramente a dónde la llevó aquel camino que creyó sería capaz de recorrer con los ojos cerrados.
Estoy enamorada… Estoy enamorada de Tanjiro. ¿Verdad hermana?
Años y años de barreras emocionales construidas cautelosamente para que Shinobu pudiera enfocarse en su misión y nada más que su misión, se habían caído como castillos de naipes frente a los actos de gentileza de Tanjiro.
Y pensar que todo este tiempo creí que era yo la que dejaba que jugaras a quererme. Pero resulta que al final terminé igual de enamorada. ¿Cómo dice la canción? "Pobre tonto, ingenuo charlatán. Que fui paloma por querer ser gavilán".
De pronto la voz de Tanjiro retumbó como un trueno en la habitación, sacando a Shinobu de sus cavilaciones.
―Y-ya… ¡Ya lo dije! ¡Shinobu, quiero que seas mi esposa!―
Ver a Tanjiro reafirmar su propuesta de matrimonio con tanto fervor, impactó incluso más a Shinobu, quien temblorosamente cubrió su boca con su mano derecha.
―Se que seguro pensarás que solo lo digo por lo que pasó anoche. ¡Pero no! ¡Lo digo gracias a lo que pasó a noche! Digo… ¡Te equivocaste al decir que estaba interesado en ti! Shinobu yo quedé encantando contigo desde esa mañana en la finca del patrón. Y cada día o cada encuentro que hemos tenido juntos ha sido una ocasión para enamorarme más y más… Y para bien o para mal, al fin lo entiendo. Te amo―
Shinobu comenzó a llorar.
No podía creer lo estúpida que había sido. No podía creer que no se dio cuenta cual inexistente había sido su control de la situación incluso desde mucho antes del incidente en el laboratorio. Y este era el resultado, Tanjiro con los sentimientos a flor de piel ofreciéndole a una bruja como ella su amor. Su vida.
Y lo peor de todo es que Shinobu sabía que quería decir sí. Pues sabía que el hombre frente a ella sería un esposo maravilloso que se esforzaría incansablemente por hacerla feliz. Algo que probablemente no le costaría mucho trabajo, porque a fin de cuentas ¿No era esa la razón por la que Shinobu había consentido estar tanto tiempo en compañía de Tanjiro? Porque estar al lado del cazador era un refugio donde podía ser ella misma libre de máscaras y secretos. Porque el joven la hacía sentir cómoda, relajada, contenta y hermosa.
Shinobu llevó su mano izquierda sobre su corazón.
Hay quienes dicen que el corazón susurra. Que para escucharlo debes poner mucha atención. En ese momento, para Shinobu era todo lo contrario. Podía escuchar en lo más profundo de su alma una voz que le decía "Di que sí. Sabes que lo deseas".
Shinobu intento limpiarse las lágrimas. E intentó, como muchas otras veces, en racionalizar uno o más motivos para no aceptar la propuesta de Tanjiro. Pero en lugar de ideas, fue una voz diferente la que acudió en su ayuda.
¿Y qué piensas hacer, querida? ¿Aceptarás el corazón del muchacho y le darás el tuyo? ¿O cumplirás la promesa que le hiciste a tu hermana y vendrás por mi cabeza?
Los amargos recuerdos que le trajeron la burlona voz de Doma, sirvieron para traer a Shinobu de vuelta a la realidad, como a su corazón le hubieran amarrado un ancla. La hermosa mujer se mordió el labio inferior. Su corazón tan lleno de alegría y esperanza, de pronto se infectó con desolación.
Tanjiro, mi querido Tanjiro, por favor perdóname.
Shinobu terminó de secarse las lágrimas, tomó aire y miró al cazador frente a ella quien esperaba una respuesta. Shinobu cerró los ojos y se la dió.
―No―
Tanjiro sintió como si aquella única palabra le arrebatara los latidos de su corazón.
―Shinobu…―
―No, Tanjiro― le interrumpió ella con los ojos cerrados.
―Shinobu, si pudieras―
―¡No Tanjiro, no puedo!― gritó encolerizada, abriendo los ojos al fin y dejando que las lágrimas volvieran a corrieran libres por sus mejillas ―¡Ni siquiera deberíamos estar teniendo esta conversación! ¡Te deje muy en claro que no podemos estar juntos! ¿¡Cómo se te ocurre pedirme matrimonio de esa forma?!―
Shinobu observó el semblante de Tanjiro entristecerse, como era de esperar, ya que Shinobu jamás usaba ese tono con él. Y dada la situación.
Perdóname, perdóname por favor Tanjiro, pero es necesa-
―¿¡Bueno y por qué no?!― replicó el muchacho, para sorpresa de la doctora.
―¿Qué?― fue lo único que pudo responder Shinobu.
―¿Por qué no podemos estar juntos? ¿Por qué estás tan segura de que ni siquiera vale la pena intenarlo?― insistió.
Shinobu estaba desconcertada. Tanjiro jamás se había portado tan demandante. Y es que para Tanjiro las cosas eran ahora completamente distintas.
―Ayer no dije nada cuando me rechazase, porque creí que estabas en todo tu derecho. Pero resulta que entre ayer y hoy pasaron muchas cosas y…― Tanjiro apretó los puños ―Creo que me merezco una explicación real―
Shinbu no podía creer lo que estaba escuchando. Tanjiro haciendo demandas. Demandas que tristemente, eran completamente justificadas. Ella en ningún momento le había dado verdaderas razones de por qué no podían estar juntos. Y entendía, al menos en parte, que sus viejas excusas ya no serían suficientes. Por desgracia, eso no quería decir que estuviera lista para revelarle a Tanjiro que planeaba matar a la Segunda Luna superior así tuviera que suicidarse para conseguirlo.
Shinobu no tuvo más remedio que evadir las interrogantes lo mejor que pudo.
―Tanjiro no seas ridículo. Lo que pasó allá abajo en mi laboratorio fue un accidente. Y lo que surgió de ese accidente fue solo sexo―
Shinobu intentaba sonar indiferente a aquellos acontecimientos. Pero se le olvidaba que la perceptiva nariz de Tanjiro podía oler a través de sus engaños.
―¡No es verdad y lo sabes!― exclamó Tanjiro, sorprendiendo a la cazadora, con su determinación.
―Tú misma dijiste que fue algo que tu querías. Dijiste que lo querías porque era conmigo que lo harías. Dijiste incluso que sería especial porque yo era alguien especial para ti―
Las palabras de Tanjiro hicieron que Shinobu empezara a ahogarse en un sentimiento de culpa. Especialmente al ver que el muchacho parecía querer llorar.
―Y no es solo por lo que dijiste, es por lo que sé que sentiste, porque lo olí― Tanjiro cerró los ojos un momento para darse valor ―Shinobu, anoche… por primera vez desde que te conozco, no sentí el más mínimo aroma a enojo ni tristeza en ti―
Shinobu se sonrojó.
―Entre más avanzaba la noche, mas sentía el aroma a paz, de confianza, de felicidad. Y lo sé también porque yo me sentí igual―
Tanjiro estiró sus manos sobre la mesa para tomar las de Shinobu, pero esta se adelantó y las retiró antes de que el cazador pudiera alcanzarlas. También, al ser descubierta, sintió vergüenza suficiente para alejar la vista al piso.
Tanjiro, por favor no sigas. ¡Si sigues con esto me obligarás a hacerte todavía más daño!
―Shinobu, yo sé y sé que tu lo sabes también, que no pasamos la noche teniendo nada más que sexo. Pero… tampoco quiero ser arrogante y decir que fue amor porque… porque es obvio que no nos sentimos igual… Pero aún así…―
―Tanjiro por favor detente― musitó Shinobu, cubriendo su boca con la mano derecha para que no se notara que le temblaban los labios. También alejó su vista hacia un lado con la esperanza de que el joven frente a ella no notara que nuevamente quería echarse a llorar.
Grande fue su sorpresa al sentir como Tanjiro tomaba con ambas manos la mano izquierda de ella. El muchacho había rodeado la mesa que los separaba para arrodillarse junto a ella.
―Shinobu, sé que no tengo dinero ni nada para ofrecerte. Pero te juró que si me das una oportunidad no te fallaré. Haré lo que sea necesario para hacerte una mujer feliz―
Shinobu no pudo contener sus lágrimas. Su corazón quería salírsele del pecho y saltar a las manos del joven. No podía entender cómo ni por qué aquel chico estaba tan empeñado en estar a su lado. Ni cómo es que era tan torpe como para no darse cuenta de que ya había conseguido conquistarla por completo. Aunque bueno, siendo justos ella tampoco se había dado cuenta, hasta esa misma mañana.
Shinobu no pudo evitar reírse y apretó los dedos del cazador entre los suyos.
Oh, Tanjiro. Mi querido y dulce Tanjiro… No tienes idea de la felicidad y el daño que me haz hecho. Ni de lo mucho que esto me va a doler.
Al sentir a Shinobu apretarle la mano, hizo que Tanjiro se llenara de esperanza. ¿Será que había conseguido hacer que Shinobu cambiara de opinión?
La respuesta a sus dudas llegó en la forma de una bofetada que hizo eco en toda la habitación. Aprovechando el aturdimiento del chico, Shinobu extrajo su mano y se puso de pie para mirarlo desde arriba.
―¡Ya fue suficiente, Kamado! ¡Deja de actuar como un niño enamorado y tonto! ¡Lo que pasó anoche fue solo sexo! ¡Métetelo en la cabeza!― el tono de Shinobu era despectivo. Lo hacía a propósito. Estaba decidida a alejar a Tanjiro y convencerlo de dejar de perseguirla así tuviera que hacerle daño. Llegados a este punto, Shinobu prefería romperle el corazón en mil pedazos ahora que darle esperanzas dejando a ambos entregarse a una relación que no tenía ningún futuro. Y como tal, solo le traería mucho más dolor a Tanjiro.
―¿Quieres saber la realidad de esa "Felicidad" que tanto presumes que me hiciste sentir? Eso fue solo la dopamina inundando mi cerebro. La dopamina es la hormona que hace sentir placer y se libera en grandes cantidades en el cerebro durante el orgasmo. ¿Lo entiendes? No fue amor. Solo fueron nuestros malditos cuerpos haciendo caso a la madre naturaleza. ¡UBICATE!―
Shinobu sentía ganas de vomitar. Nunca había dicho tantas mentiras juntas. Tuvo ganas de detenerse al ver el rostro de Tanjiro teñirse de tristeza, pero sabía que debía continuar.
―¡Para empezar, ni siquiera eres el primer hombre con el que he estado! ¡Y estoy segura que si no fuera por el afrodisiaco no habrías podido hacerme acabar ni una sola vez! ¡Deja de pensar que lo que pasó ahí es parte de un cuento de hadas y madura!―
Shinobu jamás había sentido tanta vergüenza consigo misma. No desde que maldijo su propia debilidad la noche de la muerte de Kanae. Rogó a Dios que aquello fuera suficiente para que Tanjiro se diera por vencido.
Tanjiro que la miraba con tristeza, cerró los ojos y bajó su vista. Shinobu se permitió un suspiro entre aliviada y triste, de creer que por fin había tenido éxito.
Tanjiro se puso de pie. Abrió los ojos y en ellos Shinobu encontró, para su desgracia, compasión y determinación. Por alguna razón aquello hizo sentir a Shinobu nerviosa. Asustada incluso. Tanjiro la tomó por los hombros y antes de que la cazadora terminara de registrar lo que estaba pasando, la atrajo hasta su pecho para envolverla en un fuerte abrazo.
―Sé que estás mintiendo― susurró en su oído.
Shinobu sintió como si se le helara la sangre.
―Sé que todo lo que acabas de decir es mentira. Bueno todo menos la parte en que no soy tu primer hombre… pero eso ya me lo esperaba, por la experiencia que demostraste anoche. Aunque eso es lo último que me importa―
Tanjiro se rió. Shinobu sintió que otra vez se echaría a llorar.
―Lo que quiero saber es la verdad. Tú y yo siempre nos hemos hablado con la verdad. Solo te pido la verdad, Shinobu. Dime por qué no podemos estar juntos―
Shinobu tuvo que invocar toda su fuerza de voluntad para no responder el abrazo del joven. Sabía que si lo hacía ya no podría mantener su farsa e irremediablemente se entregaría a él.
Finalmente comprendió que la única forma de detener a Tanjiro sería exponiéndolo a la verdad. Pero no la verdad completa. Sino una verdad a medias y distorsionada para romper su espíritu. Sí la única opción restante para Shinobu era aplastar el corazón de Tanjiro.
―Porque tengo una misión― susurró contra de su pecho.
―¿Misión?―
―Sí. Pero no es solo una misión. Es mi propósito. Mi razón de existir―
―¿Y cuál es?―
Shinobu saboreó una última vez estar en medio de los brazos de Tanjiro. Sabía con toda seguridad que ya nunca más podría estar entre ellos.
―Debo matar a Doma, la Segunda Luna superior―
Tanjiro la soltó un poco para poder alejarse y tratar de mirarla a los ojos ―Shinobu, si ese es el caso entonces…―
―¡NO! ¡No te atrevas a decir que me ayudarás a matarlo!― gritó Shinobu llena de furia, y empujando a Tanjiro para alejarlo de ella.
―¿¡Cómo carajo pretendes hacerlo?! ¡Ni siquiera pudiste matar una Luna Menguante!― el daño emocional causado por las palabras de Shinobu, se vio claramente en el rostro de Tanjiro ―Cada vez que te enfrentas a una Luna no eres más que un estorbo que debe ser salvado por un Pilar. ¿Así es como pretendes ayudarme? ¿Cómo ayudaste a Uzui? ¿A Tomioka? ¿¡A Kyojuro?!―
Tanjiro sintió como si cada una de aquellas preguntas fuese un cuchillo enterrándose en su corazón.
―¡Y lo peor de todo no es que no pudieras ayudarlos a ellos o a mi! ¡¿Es que si no logras matar ni una sola Luna, ¿Cómo carajo pretendes matar a Muzan para que tu hermana vuelva a ser humana!?―
Aquello fue como si a Tanjiro le hubiera caido encima todos los hielos perpetuos del ártico. Shinobu continuó su asalto.
―¡Debería darte vergüenza estar perdiendo el tiempo tratando de conseguir una esposa, cuando tu hermana necesita de tu ayuda! Y en caso que todavía no te quede claro que lo que pasó anoche no fue cosa de amor―
Shinobu se desabotonó el cuello de la camisa, revelando los vendajes alrededor de su cuello. Metió los dedos entre las vendas y las jaló furiosamente, partiéndolas de un tirón. Tanjiro palideció al ver el estado de la piel que cubrían aquellos listones blancos.
―¡¿Esto te parece algo que le haría un hombre a la mujer que ama?!― Shibobu prosiguió a levantarse la camisa y mostrar su abdomen ―¡¿O esto?!― continuó doblando las mangas de la camisa hasta los codos ―¡¿O esto?!―
Tanjiro cayó de rodillas al suelo. No podía creerlo. Él que pensaba que había hecho feliz a Shinobi y que la había bañado con todo su amor. ¿Entonces, cómo es que su hermoso cuerpo estaba cubierto de moretes y hematomas?
Comenzó a llorar. Entonces Shinobu supo que finalmente lo había conseguido. Y sin embargo era la segunda vez que se sentía tan vacía y miserable en su vida.
―Espero que lo comprendas. No fue amor. No te amo. No puedes ayudarme. Y… y ya es hora de que te vayas― musitó Shinobu, mientras volvía a acomodarse el uniforme.
Escuchó a Tanjiro ponerse de pie, pero no se atrevió a dirigirle la mirada.
―Lo lamento― fue todo lo que dijo. Se escucharon sus pasos alejarse de ella, hasta que se detuvo en el umbral de la puerta.
―Adiós Shinobu― fueron sus últimas palabras, para después cerrar la puerta.
Shinobu corrió a encerrarse el baño. Tomó la toalla de mano para cubrir su rostro y liberó un grito de aflicción, que sostuvo hasta vaciar completamente sus pulmones. Acto seguido, se desplomó sobre el suelo a llorar.
¡Perdóname! ¡Tanjiro, por favor perdóname! Suplicaba en su mente la cazadora.
Se quedó en silencio dejando escapar sus penas en forma de lágrimas en el piso del baño, hasta que escuchó la voz de Aoi llamarla.
―¡Shinobu! ¿¡Shinobu, dónde está?!― había pánico en la voz de la enfermera. Aún así, Shinobu no encontró la fuerza para responderle.
―¡Shinobu! ¡Shinobu abra esta puerta!― demandó, tratando de hacer girar la perilla de la puerta del baño.
―Déjame en paz Aoi―
Shinobu no esperaba que Aoi abriera la puerta de una patada. O que Kanao entrara detrás de ella, con un semblante de preocupación.
―Shinobu, ¡¿QUÉ, CARAJOS, PASÓ?!―
Si Shinobu no estuviera tan emocionalmente devastada, se había indignado del lenguaje de Aoi.
―Lo que te dije que haría. Decirle a Tanjiro que lo nuestro no podía ser― respondió con apatía, sin dirigirle la mirada.
―¿Y qué más?―
―¿Cómo que "¿Y qué más?"?―
―¡Tanjiro acaba de salir de la casa como si alguien le hubiera quitado las ganas de vivir! Y parecía no tener intenciones de volver nunca― explicó Aoi, claramente muy angustiada.
―Tal vez eso sea lo mejor―
―¡¿DISCULPE?!― gritó Aoi entre estupefacta y furiosa.
―No estoy de humor para más preguntas― replicó Shinobu ―Tanjiro tuvo su primera decepción amorosa y siente que le rompieron el corazón. Eso es todo. Eso se llama vida―
―Maestra…― musitó Kanao, sin poder creer el grado de indiferencia que mostraba su mentora.
―No es solo Tanjiro quien me preocupa. También usted― dijo Aoi, tratando de calmarse.
―Estoy bien, no es nada que no pueda manejar―
―M-maestra, está mintiendo― replicó Kanao, sorprendiendo a las otras dos mujeres.
Aoi fue la primera en reaccionar.
―Kanao, tiene razón. Usted claramente también tiene el corazón roto―
―No digas tonterías Aoi―
―¡Shinobu, te encerraste en el baño a llorar igual que una niña asustada, por amor de Dios!―
Indignada, por la veracidad del comentario Shinobu respondió ―¡Mi valentía no será puesta en duda por una cazadora cobarde que no ha logrado matar un solo demonio!―
―¡Maestra!― gritó Kanao, sabiendo que aquello era un tema muy sensible para Aoi. El grito de su aprendiz, ciertamente logró generar una reacción de arrepentimiento en el semblante de Shinobu, más no se disculpó.
Aoi, en un despliegue de madures impresionante, decidió dejar pasar el insulto. Claro que le había dolido. En especial porque se lo había dicho Shinobu. Pero la enfermera entendió que era un mal momento para confrontar a su maestra. Y que en aquel momento tendría que ser ella la que se portara como la hermana mayor y jefa de familia.
Aspiró aire profundamente y lo dejó salir despacio para calmarse.
―Voy a dejar pasar eso porque claramente te encuentras muy mal. Cuando quieras hablar, estaremos abajo― se dio media vuelta hacia la puerta ―Vámonos Kanao―
―P-pero…―
―¡Dije vámonos!― gritó Aoi, tomándola de la muñeca y jalándola para sacarla del baño.
No cerraron la puerta del baño al salir, pero sí la puerta de la habitación. Dejando a Shinobu sola en el baño temblando.
Se acercó al lavamanos y donde llenó sus manos con agua para enjuagarse la cara. Repitió el proceso un par de veces. Sus manos temblaban. Su respiración era un desastre. El corazón le dolía. Y como si las cosas no pudiesen estar peor, una risa diabólica se hizo presente.
¡Magnífico! ¡Magnífico! ¡Qué impresionante despliegue de sangre fría! ¡Ni yo lo habría hecho mejor!
Shinobu rechinó sus dientes. Apretó el mueble del lavamanos con sus manos. Elevó la vista y ahí, dentro del espejo frente a ella estaba Doma. Sonriendo maquiavélicamente como siempre.
Me alegra saber que nuestra cita no se pospondrá. ¿No te emociona? ¡Hahaha!
Shinobu elevó su puño y en un arrebato de furia ciega, golpeó el cristal con su puño derecho desnudo. Acto seguido, arrancó el espejo de la pared y lo arrojó por la ventana con todas sus fueras. La ventana había estado cerrada.
―¡MALDITO SEAS DOMA! ¡JURO QUE TE VOY A MATAR ASÍ SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA!― gritó con toda la fuerza de sus pulmones a los cuatro vientos, dese la ventana.
Se quedó sin aire después del grito. Se tambaleó de regreso al lavamanos, donde se dispuso a enjuagar la sangre de su puño. Envolvió su mano con papel higiénico y se desplomó nuevamente sobre el suelo del baño a llorar.
¿Qué fue lo que hice? ¿Kanao, qué fue lo que hice?
Y como le dijo el Conejo de Pascua a Jesús al tenerlo rodeado con su ejército de secuaces "No creíste que iba a ser tan fácil, ¿O sí?".
Me costó mucho trabajo este capítulo, porque no me terminaba de convencer. Espero les gustara. Aquí termina lo que sería el primer arco de la historia, pero como dije, queda historia para rato.
Díganme que les pareció. Y nos leemos en la próxima.
