Debió ser amor amor

It must have been love
But it's over now
From the moment we touched
Till the time had run out
Yeah, it must have been love
But it's over now
It was all that I wanted
Now, I'm living without
It must have been love
But it's over now

"It must have been love" escrita por Per Gessle. Y pensar que originalmente era una canción de Navidad.

En este capítulo, se une otro pilar a la historia.


Para Shinobu la vida nunca se había sentido tan sofocantemente miserable. Ni ella lo podía creer, pero era incluso peor que cuando perdió a su amada hermana Kanae.

No debería ser sorpresa, pues en realidad nunca había logrado recuperarse de esa pérdida. Y los errores cometidos recientemente solo habían agregado más peso a su abundante carga de culpas y malestares emocionales, llegando al punto que Shinobu estaba sorprendida consigo misma de que no se hubiera vuelto loca todavía.

Nada parecía estar bien. No podía ni siquiera fingir que las cosas estaban bien. Su propio hogar se sentía como un lugar incómodo donde no era bienvenida.

Claro que eventualmente tuvo que salir de su habitación, disculparse con Aoi y explicarle a todas, omitiendo algunos detalles claro, lo que había pasado entre ella y Tanjiro; y por qué se había ido de la finca al borde del llanto.

Pero claro, aquello nunca podría arreglar las cosas. Especialmente porque esas explicaciones a medias nunca conseguirían que Tanjiro volviera a sus vidas.

Los primeros días Shinobu podía ver la decepción y recelo en los ojos de Aoi. Después solo quedó indiferencia. No era pasiva agresiva, ni nada. Pero era obvio que Aoi ya no admiraba ni respetaba a Shinobu como solía hacer.

Las niñas, quienes eran las que menos entendían qué había pasado, claramente resentían a Shinobu. Kano siempre parecía tener preguntas que no se atrevía a hacer. Y Shinobu no se atrevía a confrontarla al respecto.

Incluso matar demonios ya no le producía la satisfacción de siempre. Al contrario, parecían solo servir para avivar su furia y sufrimiento. Pues cada demonio le recordaba de sus incorregibles limitaciones y fracasos. Con Kanae, con Tanjiro y con cada cazador herido que fue incapaz de salvar.

Como si eso fuera poco, recientemente había tenido que empezar a usar más maquillaje de lo normal para ocultar sus ojeras. Y es que desde aquel día no había tenido una buena noche de sueño. Cuando no recordaba la cara de Tanjiro desecha de dolor, el bastardo de Doma venía a atormentarla burlándose de ella.

Entrar a su laboratorio era una tortura. No podía estar más de dos minutos dentro sin pensar en Tanjiro y lo que hicieron juntos. En las cosas que la hizo sentir. Recuerdos de la mejor noche que había tenido lejos de traerle paz y felicidad, la llenaban de angustia y dolor, pues sabía que tanto esas emociones como el muchacho que las trajo consigo ya nunca volverían a formar parte de su vida.

Shinobu sentía que se estaba ahogando. Sabía que no había nada realista que pudiera hacer para enmendar las cosas con Tanjiro. Pero al menos le gustaría poder confesarse con alguien. ¿Pero quién? No podía recurrir a su hermana, por obvias razones. No podía recurrir a sus discípulas ya que estaban demasiado involucradas.

Y por mucha estima y confianza que le tuviera, tampoco podía recurrir al patrón. Le aterraba demasiado las posibilidades de qué se podría desencadenar con semejante consulta.

Shinobu tenía una única opción.

―¡Buenos días, Shinobu!― exclamó la hermosa Pilar del Amor, al llegar a las puertas de la Finca Mariposa.

―Buenos días, Mitsuri. Gracias por venir― respondió cordialmente la doctora, quien había estado esperando a la muchacha de pelo bicolor.

―¡Al contrario! ¡Es un placer! Vine tan pronto como puede. ¿En qué te puedo ayudar?―

Shinobu sonrió con sinceridad por primera vez en días. Ver la sonrisa de la primavera echa mujer, mejor conocida como Mitsuri era un bálsamo para la afligida alma de Shinobu.

―Acompáñame, para que hablemos―

Shinobu guió a su voluptuosa amiga a través del patio de la casa, hasta un kiosko ubicado en la punta de la propiedad. Normalmente casi no se usaba aquella instalación, pero por esa ocasión Shinobu deseaba estar algo apartada del edificio principal.

Las cazadoras apenas se habían sentado frente a frente en la mesa de té que había debajo del kiosko, cuando apareció Aoi cargando una charola con refrigerios. A Mitsuri le llamó la atención que en lugar de té, la bebida que les habían traído era sake. También llamó la atención la indiferencia con la que Aoi respondió a los agradecimientos de Shinobu.

―¿No es algo temprano para beber alcohol?―

―Falta menos de media hora para el medio día― respondió Shinobu, sirviéndose una copa.

Mitsuri se alcanzó un mochi.

Fue hasta entonces que pudo notar que algo andaba realmente mal con su amiga Shinobu. No estaba sonriendo como siempre lo hacía. Tenía mucho maquillaje alrededor de los ojos. Pero ningún maquillaje le alcanzaría para cubrir el cansancio que había dentro de ellos.

―Shinobu, ¿De qué querías hablar?― inquirió Mitsuri con un tono de seriedad no muy común en ella.

Mitsuri había recibido hace dos días una carta proveniente de su compañera pilar, la cual le pedía acudir a la finca Mariposa para que pudieran hablar. Mitsuri no dudo un instante en enviar una carta de regreso con respuesta positiva, creyendo que Shinobu la convocaba para una amena reunión social, como las que solían tener cuando ambas eran más jóvenes. Pero viéndola ahora de frente, era obvio que el motivo de su llamado era otro.

Shinobu se bebió la copa de sake que se había servido.

―Dime Mitsuri… ¿Has sabido algo de Tanjiro recientemente?― Shinobu disimuló lo difícil que era siquiera pronunciar el nombre del joven.

―Pues… No, no lo he visto en algún tiempo. ¿Tu has sabido algo de él?―

―Estuvo aquí hace un par de semanas―

―¿Otra vez heridas de batalla?―

Shinobu negó, agitando la cabeza.

―No esta vez. Vino para pasar sus vacaciones. Se hospedó en la finca por seis días―

―Ha ya veo. Vacaciones. Ehehe. ¿Recuerdas cuando nosotras teníamos vacaciones?―

―Yo no― respondió Shinobu con pesar, sirviéndose otra copa, dejando a Mitsuri confundida.

Mitsuri no entendía de qué se trataba el asunto. Por un lado estaba feliz de saber que a Tanjirio le habían dado unas muy merecidas vacaciones. ¿Pero por qué Shinobu le preguntaría a ella por Tanjiro? ¿Tenía él algo que ver con la salud de ella?

―Shinobu, no estoy entendiendo. ¿Me pediste que viniera para preguntarme por Tajiro?―

Shinobu elevo la copa hacia sus labios, pero se detuvo a medio camino. Quedó contemplando el reflejo de sus ojos en el claro líquido.

―No, no te traje para preguntarte por él― cerró los ojos y bajó la copa a la mesa ―Te traje para hablar de él… y de mí― Shinobu agachó la cabeza al momento de referirse a sí misma.

Al principio Mitsuri no entendió. Pero a medida que su mente comenzó a juntar las piezas, sus blancas mejillas comenzaron a pintarse de rojo.

―Shinobu… ¿Qué me estás queriendo decir? ¿Qué tú y Tanjiro…―

Shinobu abrió los ojos, sorprendiendo un poco a Mitsuri. Tomó la copa de sake de regreso en sus manos y se la tomó de un trago.

―Pensaba usar el sake para ayudarme a aflojar la lengua, pero mejor confieso todo antes de ponerme ebria― se frotó el rostro con ambas manos como para despertarse y hacer un lado sus mechones de cabello.

―Mitsuri, por favor pon mucha atención a lo que voy a contarte. Siéntete libre de juzgarme―

Durante la siguiente hora Shinobu prosiguió a contarle a Mitsuri todo lo que había ocurrido durante la semana de vacaciones de Tanjiro. Sus entrenamientos ligeros matutinos. Sus lecciones de medicina y anatomía por las tardes. Sus pláticas y contemplación de estrellas por las noches.

Le habló de como su amistad se fortaleció desenfrenadamente durante esos días. Tanto que no fue capaz de percatarse que puede que en realidad se habían vuelto más que amigos.

Shinobu le habló de cómo tuvo que confrontar a Tanjiro la primera vez. Luego, el percance, la solución, el sueño, el despertar, la tragedia. La caótica noche de decepción e ilusiones que había acabado completamente con la relación entre ella y el joven.

Mitsuri había empezado a sollozar desde mediados del relato de Shinobu. Para cuando terminó su historia, Mitsuri estaba llorando cascadas.

―Pero Mitsuri ¿Tú por qué lloras?― preguntó la pilar Insecto, acercándole a la otra un pañuelo.

―¡Buá! ¡Es la historia de amor más triste que me han contado en la vida! ¡¿Cómo no quieres que llore?! ¡Buá, buá!―

Mitsuri aceptó el pañuelo que le ofrecía su amiga. Aunque de nada le sirvió secarse las lágrimas, ya que al instante nuevos ríos de llanto se le formaron en las mejillas.

―¿¡Cómo es que tú no estás llorando?!―

Al menos esa era una pregunta que Shinobu podía responder fácilmente.

―Ya he llorado lo suficiente. No me quedan más lágrimas― exclamó con melancolía.

Al escuchar esas palabras Mitsuri se puso de pie, rodeó la mesa, se arrodilló junto a Shinobu y la envolvió en un abrazo de oso.

―¡Hay Shinobu, cómo lo siento! ¡No puedo ni imaginar por lo que estás pasando, pero aquí estoy! ¡Aquí estoy para ayudarte en todo lo que necesites! ¡Descuida, yo lloraré por ti! ¡Buaaaaaaaaaá!―

Mitsuri seguía llorando y mecía torpemente su cuerpo mientras estrujaba a la pobre Shinobu entre sus fuertes brazos.

No era como Kanae lo habría hecho. Pero aún así, a través de aquel abrazo Shinobu podía sentir todo el cariño y la empatía de la cazadora titulada apropiadamente como la pilar del Amor.

Shinobu respondió al abrazo y cerró los ojos, dejando que su amiga siguiera sanándola con aquella muestra de incondicional afecto.

Tras un rato los llantos de Mitsuri al fin cesaron, dejando solo el sonido de uno que otro sollozo. Asi como el ruido de su nariz congestionada luego de tanto llorar.

―Gracias Mitsuri. Haces que me sienta mucho mejor―

El agradecimiento provocó la risa de la chica de ojos limón.

―D-de nada. Que vergüenza, pero qué llorona soy― dijo antes de sonarse la nariz con una servilleta.

Se separaron del abrazo y quedaron frente a frente.

―Y bueno, ¿Cuál es el plan?― preguntó Mitsuri, tratando de sonar optimista.

Lo que encontró fue confusión por parte de la ojos violeta, quien con una ceja en alto preguntó ―¿El plan?―

―¡Sí el plan! ¿Qué plan tiene ahora?―

―Plan… ¿Sobre Tanjiro?―

―¡Sí sobre Tanjiro! ¡¿Qué vas a hacer ahora?!― interrogó Mitsuri impaciente.

―Yo… ya lo hice. Le puse fin a esa historia―

Los ojos de Mitsuri se abrieron como platos por culpa del horror cósmico que sintió al escuchar a Shinobu decir aquellas palabras.

―¡¿No piensas hacer nada?!― preguntó horrorizada.

Shinobu alejó su vista del demandante rostro de su amiga.

―¡Shinobu no puedes hablar en serio! Tanjiro está enamorado de ti y… ¡Tú estás enamorada de él! ¡No puedes hablar en serio! ¡No puedes dejar las cosas así!―

Shinobu bajó la mirada y se encogió de hombros. Mitsuri jamás había visto a la Pilar Insecto avergonzarse y quedarse corta de palabras de esa forma.

―Shinobu no te entiendo. Claramente sientes un gran afecto por Tanjiro y haberlo rechazado te dejó devastada. ¿Pero por qué fue que rechazaste a Tanjiro en primer lugar?―

Shinobu se mordió el labio inferior. La conversación con Mitsuri había tomado una dirección inesperada. Ahora tendría que pensar en nuevas excusas.

―Soy una Pilar. No tengo tiempo para una pareja― respondió Shinobu.

―¡Hay por favor! ¡No hablarás en serio!― gritó Mitsuri, cruzándose de de brazos y haciendo un puchero ―¡Uzui tiene tres esposas! ¡Y el señor Rengoku estaba casado y engendró dos hijos mientras era un Pilar! Más te vale tener una mejor excusa―

Shinobu quedó anonada. Mitsuri jamás se había dirigido a ella, o a nadie realmente, de forma tan impertinente y demandante.

―Pero las parejas de ellos no eran cazadores. Tanjiro y yo si lo somos. Y él necesita entrenar constantemente para fortalecerse si quiere algún día curar a su hermana, matando a Muzan―

―¿Es una cuestión de tiempo, entonces? ¿Es en serio?―

Shinobu estaba igualmente sorprendida de que Mitsuri pudiera ser tan suspicaz.

―Tanjiro es más joven que yo. Se supone que el hombre debe buscar una mujer más joven que él mismo―

―Bueno, evidentemente eso no le molestó a Tanjiro. ¿Te molesta a ti que él sea más joven que tú?― cuestionó con una muy demandante e inquisitiva mirada.

Shinobu no tuvo más remedio que apartar la mirada. Nunca se habría imaginado que Mitsuri sería capaz de hacerla sentir indefensa y acorralada.

―¿Y bien?― insistió la pilar del Amor, que seguía expectante con los brazos cruzados.

Shinobu se mordió el labio inferior de nuevo, no tenía idea de qué otra excusa inventar sin tener que recurrir a la verdad.

Viendo que su amiga no estaba dispuesta a cooperar, Mitsuri decidió cambiar su enfoque. Suspiró y dejó caer los brazos para reposar las manos sobre sus rodillas.

―Shinobu… ¿Se trata de tu salud?―

Shinobu sintió un terrible escalofrió treparle por la columna.

―¿Qué dijiste?―

―¿La razón de que rechazaras a Tanjiro tiene algo que ver con tu salud?―

No, no, no, ¡No puedo permitir que me descubra! ―¿Por qué preguntarías eso, Mitsuri?― preguntó, fracasando en su intento de ocultar sus nervios.

El semblante de Mitsuri había cambiado completamente. Ahora estaba siendo sumisa.

―Bueno. Ya me habías hablado alguna vez de que fuiste una bebé prematura y por las secuelas médicas es que tu cuerpo tiene pocas fuerzas en la espalda y brazos― Mitsuri hablaba en voz baja, sabía que el tema era algo delicado para Shinobu. Y lo sería más aún si sus sospechas eran correctas.

―Será que acaso, sufres de otras condiciones médicas que… te harían indeseable a los ojos de un hombre―

Mitsuri dirigió sus ojos hacia la zona baja del cuerpo de Shinobu. La doctora no tardó mucho en entender de qué estaba hablando su compañera. Ello le provocó un alivio. Al menos no sospechaba de lo que Shinobu creía. Pero el alivio le duró poco, ya que Mitsuri acababa de poner sobre la mesa un tema sobre la que Shinobu nunca se había cuestionado.

¿Seré capaz de engendrar un bebé?

Shinobu llevó su mano sobre el área que estaría su útero.

He bebido cantidades colosales de veneno durante los últimos años. Solo me preocupé de que no afectaran mi sistema respiratorio o capacidades motrices… ¿Pero acaso habrá afectado mis funciones reproductivas?

No entendía por qué, pero aquellos cuestionamientos la llenaron de un inmenso terror. ¿Por qué? Shinobu ya había decidido hace mucho tiempo estar de acuerdo con la idea de morir con tal de lograr su venganza. ¿Por qué le tendría que importar ahora cuestionarse si era capaz o no de tener un bebé?

―¿Shinobu?― preguntó Mitsuri, apenas susurrando. Como si tuviera miedo de asustar a la doctora.

Shinobu levantó la vista hacia su compañera y por unos momentos solo pudo balbucear incoherencias, hasta por fin darle una respuesta ―Existe la posibilidad, sí, de que yo sea estéril. Con mi historial médico y todo eso― eran más mentiras, pero en tanto sirviera para que Mitsuri dejara de interrogarla, o por lo menos encubrir la verdad de su situación médica, Shinobu estaría complacida.

―Ya veo, lo siento mucho―

Para sorpresa de Shinobu, Mitsuri volvió a abrazarla. Pero esta vez despacio y con delicadeza.

―¿Se lo dijiste a Tanjiro?―

―N-no. ¿Por qué?―

―Porque una cosa es que lo rechazaras preventivamente creyendo que él ya no te querrá como mujer si cree que no puedes darle un hijo. Y otra es dejar que él decida por sí mismo si quiere que seas su mujer aún con la posibilidad de que tal vez no puedas darle un hijo―

Shinobu dejó escapar una risa.

―¿Desde cuándo te volviste tan sabia, Mitsuri?―

―Tengo mis momentos―

Se quedaron en silencio unos cuantos minutos hasta que Mitsuri volvió a hablar.

―¿Y entonces? ¿Qué vas a hacer?―

Shinobu suspiró y se separó del abrazo.

―Mitsuri, agradezco muchísimo que vinieras y lo que estás haciendo. Pero ya es tarde―

Mitusri que por un momento había tenido esperanzas en haber hecho que Shinobu cambiara de opinión, se sintió derrotada.

―¿De verdad piensas dejar las cosas así?―

―Me temo que sí― respondió Shinobu, separándose del abrazo ―Fue lo que decidí desde el momento en que lo rechacé ambas veces―

Mitsuri bajó la vista al sueño. Formó apretados puños con ambas manos y encogió de hombros.

―¿Shinobu, por qué me hiciste venir?― musitó la cazadora.

―¿Qué dices?―

―¿Por qué me pediste que viniera? ¿Por qué es que vine a este lugar?―

―Mitsuri, no entiendo tu pregunta―

Mitsuri levantó el rostro para encarar a la doctora. Se veía furiosa e indignada, a pesar de las lágrimas que amenazaban con desbordar de sus párpados.

―¿¡Por qué razón me trajiste a aquí a hablar de esto?! ¿¡Cuál es el punto de contarme lo que pasó si no planeabas pedir mi ayuda después, ya que no tienes ninguna intención de arreglar las cosas entre tú y Tanjiro?!―

Shinobu se asustó un poco. Nunca había visto a Mitsuri tan enojada. No sabía siquiera que la siempre dulce e inocente Mitsuri era capaz de enojarse de ese modo.

―Mitsuri, yo… Necesitaba alguien con quién hablar―

―¿¡Y por qué tuve que ser yo?! ¿Cómo puedes hacerme esto? Me traes aquí, me cuentas esta desgarradora tragedia que se suscitó entre tú y Tanjiro. ¿Y esperas que me quede sin hacer nada sabiendo que dos de mis mejores amigos están sufriendo?―

Las palabras de Mitsuri, hicieron a Shinobu sentir que la invadía la familiar sensación de asco por si misma.

―Mitsuri, lo lamento mucho. No imaginé que esto te afectaría tanto―

―Ya lo veo. Y si así estoy yo, ¡Piensa en cómo lo estará pasando el pobre Tanjiro!―

Shinobu sintió una punzada en el corazón.

Claro que lo he pensado. Lo pienso todos los días. Lo pienso cada vez que recuerdo su rostro desecho de dolor. O como lo describió Aoi "Como si alguien le hubiera quitado las ganas de vivir".

Mitsuri vió el efecto de sus palabras en Shinobu. Era claro que la pilar Insecto seguro también sufría muchísimo más de lo que dejaba ver.

―¡¿Y aún así no piensas hacer nada?!―

Shinobu apretó los puños y se encogió de hombros, por la vergüenza.

―Y-ya te lo dije Mitsuri. Ya hice todo lo que podía hacer―

Mitsuri se puso de pie al mismo tiempo que lágrimas de tristeza y rabia comenzaron a caer de sus ojos.

―¡No puedo creerlo! ¡No puedo ni reconocerte! Jamás… Jamás…―

Mitsuri cerró los ojos. Como si se preparara mentalmente para el dolor que sabía le causarían sus siguientes palabras.

―¡Jamás me habría imaginado que pudieras llegar a ser tan egoísta y cobarde! ¡Estoy, muy, muy decepcionada de ti, Shinobu! ¡Muy decepcionada!―

Mayor fue su indignación al ver que Shinobu no produjo ni siquiera la intención de defenderse. Solo agachó la cabeza, aceptando las rudas palabras de la pilar del Amor.

Pero aún en medio de su tristeza y furia, Mitsuri no quería otra cosa más que ayudar a Shinobu. Pero como.

Si al menos pudiera hacer que Shinobu admita que quiere arreglar las cosas. O por lo menos que admita que está enamorada de Tanjiro.

Mitsuri tenía una muy clara idea sobre cómo lograr su objetivo. Pero le parecía una opción demasiado extrema incluso en esa situación.

―¿¡De verdad no piensas decir nada?!―

―Tomé mi decisión. Y la verdad… no es asunto tuyo―

Aquellas palabras hicieron que Mitsuri mandara al carajo todas sus precauciones.

¡AHORA SÍ SACASTE BOLETO, SHINOBU! ¡PREPÁRATE PORQUE AQUÍ VOY!

―¡Pues bien! ¡Si quieres pasar el resto de tu vida triste, sola y sin amor, allá tú! ¡Pero no dejaré que Tanjiro pase el resto de sus días con el corazón roto!―

Shinobu elevó la vista, con una expresión confusa.

―¿Y qué planeas hacer?―

―¡Saliendo de la finca me iré a buscar a Tanjiro, y le pediré que sea mi novio!― proclamó la pilar del Amor, poniendo sus manos en su cadera y levantando su pecho con orgullo.

Para su desgracia, su declaración no tuvo el efecto deseado en Shinobu. Mitsuri se esperaba que la cazadora respondería con algo como "¡Sobre mi cadáver!". Pero en vez de eso, bufó y dijo ―Mitsuri, sé lo que intentas hacer. Ni te molestes―

Para enfatizar que no creía en las palabras de la chica de ojos limón, Shinobu prosiguió a servirse otra copa de sake.

―¡Estoy hablando en serio!― replicó Mitsuri. Fue sorpresa para ambas que no se le escuchara tartamudear.

―Ajá― respondió ala otra con indiferencia.

Mitsuri se cruzó de brazos y miró el horizonte, como si de Kyojuro se tratara.

―De verdad. Tanjiro es un chico muy apuesto, gentil y caballeroso. Y cada día se hace más y más fuerte. ¡Es exactamente mi tipo de hombre!―

―Bien por ti―

―Gracias. Pero pronto ya no estarás tan contenta. Porque te advierto que una vez que sea mío ¡Ya no lo recuperarás!―

Aquello si pareció provocar una reacción en Shinobu. Un tic en sus manos y cuello. Mitsuri sonrió y decidió seguir presionando.

―¡Así es! Porque seré una novia muy amorosa que le dará a ese chico todo el cariño que se merece. Y siendo Tanjiro tan noble como es, sin duda habrá de quererme de la misma manera―

Shinobu apretó con fuerza su copa de sake.

―Mitsuri no va a funcionar―

―Entonces, no te molestará que te adelante que nos casaremos lo más pronto posible. Además, tu misma me has dicho que soy una mujer extremadamente saludable. Y hasta yo sé que tengo caderas muy amplias, excelentes para parir. ¡Me aseguraré de darle a Tanjiro muchos, muchos bebes! ¡Apuesto a que cada uno será más precioso que el anterior!―

―Felicidades―

Mitsuri rechinó los dientes.

―¡Pues sí! ¡Seremos la pareja de cazadores de demonios más formidable que haya existido y mataremos a Muzan juntos! Luego, cuando pase el tiempo nos mudaremos a la playa más bonita de Okinawa donde construiremos una casa en la que vivir nuestros años dorados. Te enviaré fotos de nosotros en la playa cada año nuevo y cuando las veas dirás "¡Ho, pero que feliz pareja! ¡¿Por qué no habré sido yo?!"―

Mitsuri no se dio cuenta que se había quedado sin aire. O que se había emocionado tanto con su discurso, que le hormigueaban las manos. La verdad es que no habían sido solo palabras para molestar a Shinobu. Aquello había sido también una confesión de la historia de amor que la propia Mitsuri añoraba tener. No con Tanjiro específicamente, sino con otra persona.

Se percató entonces que Shinobu se había encorvado como si tuviera una joroba y le temblaban las manos y los hombros. Mitsuri comenzó a sentir pánico.

Hay no… Hay no… ¡¿Mitsuri, qué hiciste?! ¡¿Tienes deseos de morir?! ¡¿Cómo piensas ayudar a Shinobu y Tanjiro si haces enojar tanto a la primera que termina matándote?!

Sintiendo que su vida corría peligro, Mitsuri comenzó a buscar en todas direcciones su mejor ruta de escape, para el momento en que Shinobu decidiera saltarle encima con un cuchillo de mantequilla, dispuesta a sacarle los ojos.

Mitsuri acababa de elegir su ruta de escape cuando el sonido de llanto llegó a sus oídos. Bajo la vista de vuelta a la figura de Shinobu para encontrarla cubriendo su rostro con ambas manos.

―¿S-shínobu?―

Como un dique que se desborda tronco por tronco, los lamentos y las lágrimas de Shinobu poco a poco inundaron el silencio del jardín.

―¡S-Shinobu, lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo que dije no es verdad!―

Shinobu se descubrió el rostro para ver a su amiga, quien había vuelto a arrodillarse junto a ella. Sin pensarlo, se le echó encima, envolviéndola en un abrazo.

Mitsuri inmediatamente respondió el abrazo y siguió disculpándose, mientras que la cazadora lloraba como una niña.

―Shinobu por favor ya no llores. Eran mentiras. ¡Dije puras mentiras! Yo nunca alejaría a Tanjiro así de ti―

―Lo sé. Pero todo lo demás que dijiste es verdad. Soy una egoísta y una cobarde―

―Shinobu, eso no es verdad― trató de reconfortarla, sobándole la espalda.

―¡Pero es cierto! Tanjiro estaba más que enamorado de mí. Él me amaba, Mitsuri. Él de verdad me adoraba. Y yo… lo desprecié. Rompí su corazón en pedazos con mis propias manos―

Mitsuri jamás había escuchado a una persona hablar con tanta aflicción en su voz.

―Shinobu, estoy segura de que no pudo ser tan malo―

―Pero lo fue. Fue todo culpa mía. Mitsuri… yo lo lastimé. Lo eché de mi vida como si fura un perro callejero. ¡Carajo, lo único que me faltó fue arrojarle una piedra! ―

Shinobu se abrazó de Mitsuri con todas sus fuerzas y siguió llorando con el rostro oculto en el hombro de la cazadora. Mitsuri no supo que otra cosa hacer más que seguir abrazando a su desconsolada amiga y tratar de resistir las ganas de echarse a llorar ellas también.

Al cabo de un rato, el llanto de Shinobu finalmente se detuvo. Y en todo ese tiempo Mitsuri no había dejado de pensar, tratando de idear una forma de ayudar a su amiga. Los graznidos de un cuervo interrumpieron su lluvia de ideas.

―¡Caw, caw! ¡Llamado de Emergencia para la Pillar Insecto! ¡Cazadores necesitan atención médica urgente en ciudad Toride! ¡Caw!―

¡No puede ser! ¿Justo ahora?

―Y así, comienza de nuevo― musito Shinobu, separándose del abrazo.

―Shinobu, espera― Mitsuri sabía que había vidas en peligro. Que cada segundo que Shinobu tardara en llegar era un segundo más cerca de la muerte para esos cazadores heridos. Pero simplemente no podía dejar las cosas así.

Shinobu la tomó de las manos y le sonrió con melancolía.

―Mitsuri, lamento mucho haberte echo cómplice de mis desgracias. Tienes razón, fue muy egoísta de mi parte. Aún así, te estoy muy agradecida con todo lo que hiciste hoy. Eres una amiga maravillosa―

―Shinobu… ¡Estoy no se quedará así! ¡Ya tendremos tiempo de arreglar―

Shinobu la interrumpió sorbiéndole los labios con su dedo.

―Ya no hay retorno para mí. Te suplico que lo dejes así. Ayuda a Tanjiro si lo vez necesario, pero no me involucres―

Shinobu se dio vuelta con la vista a la casa. Suspiró y de un momento a otro se desvaneció con aquella increíble velocidad suya. Dejando a la pobre Mitsuri con el corazón destrozado de no haber podido hacer nada para ayudar a su amiga.

Te equivocas. Shinobu no tienes idea de lo equivocada que estás.

Mitsuri se puso de pie con los puños en alto.

¡Sobre mi cadáver, permitiré que la historia de amor tuya y de Tanjiro terminé así! No te preocupes. ¡La Pilar del Amor está en el caso!

Volteó su mirada al sol, y sonrió al sentir como si aquel astro luminoso le diera la razón.

¡Ustedes dos volverán a estar juntos, o mi nombre no es Mitsuri Kanroji!


Y con esto, se une otro pilar a la historia.

¿Quién será el próximo?

¿Cómo estará Tanjiro?

¿Podrán algún día él y Shinobu volver a estar juntos?

Sigan al pendiente para averiguarlo.