En carne viva
Haz amigo el favor
De no hablarme de ella aun
Todavía es muy pronto y la sueño
Todavía su amor lo recuerdo
Haz amigo el favor
De ignorarla delante de mí
Ni siquiera pronuncies su nombre
Que aun mi alma está hecha girones
"En carne viva" escrita por Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez y Purificación Casas Romero. No existe mejor intérprete de esta canción Raphael. Que un mal rayo parta a todos los herejes que no crean esta gran verdad.
Zenitsu supo que algo andaba mal con Tanjiro desde el momento en que les saludó cuando se reencontraron. Todo respecto a él delataba que algo terrible había pasado. Sus ojos, su voz, su lenguaje corporal, su nada característica falta de palabras. Seguía siendo igual de dedicado a sus entrenamientos e igual de formidable y eficiente a la hora de combatir demonios, pero fuera de combate era casi una persona distinta.
Y no era solamente Tanjiro quien había cambiado. Nezuko también actuaba diferente. Todas las noches salía de su caja para estar junto a Tanjiro. Se sentaban juntos en algún lugar y ella lo abrazada del brazo o por la espalda. Ya a la hora de dormir, Nezuko se volvía pequeña y se acurrucaba junto a Tanjiro.
Inosuke por supuesto, no se daba cuenta de nada de lo que estaba pasando. En el mejor de los casos notaba de vez en cuando que Tanjiro andaba distraído o bajo de ánimo. Pero para Zenitsu la respuesta era más que obvia: Tanjiro había sufrido una decepción amorosa.
Era demasiado obvio. ¿Por qué otra razón habría estado Tanjiro insistiendo en pasar las vacaciones en la Finca Mariposa sino para pasar tiempo con la chica de la que estaba enamorado?
El problema para Zenitsu es que aunque estuviera convencido de cuál era el motivo de los cambios vistos en Tanjiro, no tenía la menor idea de qué hacer para ayudarlo. Es decir, fuera de decirle cosas que Tanjiro de seguro ya sabía como "Estas cosas pasan" o "Hay muchos otros peces en el mar".
Claro que Zenitsu también tenía mucha curiosidad por saber quién de las mujeres de la Finca Mariposa había roto el corazón de Tanjiro.
―Creo que Aoi sería la opción más obvia―razonó Zenitsu.
Aunque tenía un carácter un tanto abrasivo y afrontaba todo con una actitud de profesionalismo, su inigualable don para llevar a cabo tareas domésticas la hacían una mujer deseable para el rol de compañera de hogar. Especialmente si se tomaba en cuanta sus habilidades culinarias. Porque lo único que pone más feliz a un hombre que degustar buena comida, es degustar buena comida preparada por una hermosa mujer. Y más aún si esa mujer es su esposa.
―Pero no se puede negar que Kanao tiene lo suyo―
La enigmática aprendiz de la Pilar Insecto era una chica de pocas palabras. Era callada y sumisa, lo cual ya de por sí la volvían deseable a ojos de la mayoría de hombres, pero además Kanao llevaba el agregado de ser una chica misteriosa. Con el tiempo la muchacha se había empezado a volver menos introvertida, y es posible que Tanjiro tuviera la intención de ayudarla a florecer.
―Y claro, no podemos olvidar la señorita Shinobu. pero… ¿Tanjiro no estaría tan loco como para tratar de cortejar a la señorita Shinobu, verdad?―
No era solamente la consideración de la diferencia de rango o edad. Esas eran pequeñeces cuando se tomaba en cuenta que Shinobu era poseedora de tal hermosura como para seducir el corazón de cualquier hombre que ella deseara. Tal y como Cleopatra o Semiramis en sus buenos tiempos.
No, lo que haría a Zenitsu pensárselo dos veces antes de intentar cortejar a Shinobu, era otra cosa.
Desde que conoció a Shinobu, y aún a pesar de haber quedado cautivado por su belleza, Zenitsu había notado que algo andaba mal con la Pilar Insecto. Algo que lo hacía estar alerta siempre que se encontraba frente a ella. Como estar en presencia de un depredador que no sabes cuándo va a atacar.
―Sí, puede que no sea la vela más brillante del candelabro, pero ni siquiera Tanjiro intentaría ir tras el corazón de una mujer tan claramente peligrosa― murmuró Zenitsu para sí mismo.
―Zenitsu te estás rezagando― escuchó decir a Tanjiro.
―¡No te distraigas Monitsu o te dejaremos atrás!― gritó Inozuke.
―¡Ya voy!― respondió el rubio, dando una carrea para alcanzar a sus compañeros de equipo.
El grupo se encontraba camino a un pueblo montañés llamado Hiraizumi, para investigar la posible presencia de demonios. A Zenitsu no le gustaban las montañas. Siempre le traían recuerdos de la misión en la montaña Natagumo y lo cerca que estuvo de morir envenenado. O peor, ser convertido en un engendro arácnido.
Aunque también gracias a esa misión fue que terminaron bajo los cuidados del personal de la Finca Mariposa por primera vez.
Este razonamiento hizo que Zenitsu volviera a pensar en Tanjiro. Su compañero lo disimulaba muy bien, pero el rubio sabía que el pelirrojo estaba deprimido. Melancólico incluso.
Algo se tenía que hacer.
―Oye Tanjiro. ¿Está todo bien?― Zenitsu se sintió tondo haciendo una pregunta de la cual ya tenía respuesta, pero sabía la importancia de empezar con cuidado aquella conversación.
Tanjiro se giró a verlo y sonriéndole, preguntó ―Claro Zenitsu. ¿Por qué no lo estaría?―
Por que me estás mintiendo y tú no mientes jamás ―Has estado un poco diferente desde que volviste de tus vacaciones. ¿Qué sucede? No me digas que ya te habías acostumbrado a ser cuidado por las hermosas doncellas de la Finca Mariposa―
Tanjiro pareció asustarse un poco y desvió la mirada al frente.
―Debes estar imaginando cosas. Estoy perfectamente normal―
Zenitsu no tuvo problemas en darse cuenta que Tanjiro estaba mintiendo. Pero no quería confrontar directamente a Tanjiro al respecto. Sabía que nada provoca heridas más profundas y dolorosas en un hombre que el rechazo de una mujer.
―Es que me da la impresión de que has actuado raro desde que volvimos. Estás muy pensativo todo el tiempo―
Zenitsu por supuesto usó pensativo como sustituto para distraído.
Tanjiro soltó una risa fingida para luego responder ―Creo que te lo estás imaginando. Soy el mismo de siempre―
Nuevamente, Zenitsu notó la deshonestidad en Tanjiro. Así como la forma en que desvió la mirada y apretó las correas de la caja de Nezuko.
―Tanjiro… no te quería decir esto… pero se te da de la patada mentir―
Tanjiro dejó de caminar y bajó la vista al piso para que Zenitsu no viera que estaba asustado.
Claro. No quería que nadie más se enterara de lo que había pasado. No quería que nadie conociera su vergüenza por sus errores. Errores que se resumían en haber creído que podría tener la menor oportunidad de ser digno del amor de Shinobu. Y no conforme con eso, haberla lastimado cuando ella le ofreció el privilegio de que pasaran una noche juntos luego de que Tanjiro se las arreglara para envenenarse él solo.
Realmente eso era lo que más le dolía. No que Shinobu lo rechazara, aún cuando Tanjiro puso su corazón a sus pies. Siempre supo en lo profundo de su ser que no era digno de semejante tesoro. Lo que le desgarraba el corazón en pedazos era haberla tenido en sus manos, el haberla echo su mujer por una noche, solo para descubrir que permitió que su falta de control le hiciera mancillar el divino cuerpo y quizás el alma misma de aquella angelical mujer a la que se atrevió a pedir su mano en matrimonio.
Zenitsu se preocupó al ver el estado de malestar emocional que se había manifestado sobre Tanjiro.
No lo había visto tan angustiado desde la misión en el tren Mugen.
―Tanjiro…―
El aludido dio un pequeño salto de susto al ser sacado de sus pensamientos.
―¡Oigan idiotas! ¿¡Por qué se quedan quietos?!― gritó Inosuke, quien apenas se daba cuenta que sus acompañantes se habían quedado parados muy atrás de donde él estaba.
Corrió de regreso listo para hacerlos escarmentar por no seguirle el paso.
―¿¡Cuántas veces tengo que decirles que―
―¡CÁLLAE IDIOTA!― gritó Zenitsu con más autoridad de la que jamás había tenido ―¡No es el momento para tus estupideces! ¡Estamos ocupados!―
Zenitsu volvió su vista a Tanjiro, y aunque Inozuke tuviera el orgullo herido, incluso él sabía lo peligroso que podía ser confrontar a Zenitsu cuando se ponía así.
―Tanjiro… está bien si no quieres decirme qué pasó. Pero puedes confiar en nosotros… bueno en mi al menos―
―¿Le pasa algo a Gompachiro?―
―No, no pasa nada Zenitsu. Sigamos adelante― respondió Tanjiro, retomando su andar.
―Tanjiro―
―Ya te dije que estoy bien, Zenitsu―
―Está bien, está bien― respondió alzando sus manos en señal de rendición.
Miente todo lo que quieras. En algún momento tendrás que hablar con alguien al respecto.
―Esperen, ¿Qué está pasando? ¿De qué me perdí?―
―De nada. Todo está bien, ¿qué no escuchaste?― dijo Zenitsu con sarcasmo.
El equipo llegó al pueblo. Exploraron la zona, entrevistando a los residentes, buscando pistas. Como era un pueblo montañés, el terreno era muy escabroso, así que decidieron que en lugar de explorar los alrededores en busca de la guarida del demonio lo mejor sería esperar la noche y a que atacara.
La cacería comenzó alrededor de las diez de la noche, cuando Zenitsu escuchó los gritos de las víctimas del demonio.
El demonio al que enfrentaron tenía la habilidad de manipular la tierra. Abrir grietas en el piso, levantar muros protectores de todas formas y tamaños, o lanzar rocas o proyectiles de tierra comprimida a gran velocidad.
Como tenía experiencia enfrentado a demonios capaces de mover cosas con la mente, Tanjiro se dio cuenta que su presa solo podía usar su técnica de sangre mientras estuviera tocando físicamente lo que manipulaba. Es decir, que en el momento que lanzaba un proyectil de tierra que se desconectaba del suelo, dejaba de tener control sobre él. Así que no podía corregir la trayectoria, lo cual hacía sus ataques fáciles de esquivar. También significaba que no podía usar su técnica mientas saltaba o estuviera en el aire.
―Debemos encontrar la forma de alejarlo del piso o nunca pasaremos esos muros de tierra― dijo Tanjiro.
―Hay que rodearlo y atacar de todas partes. ¡No podrá bloquearnos a los 4!― exclamó Inosuke.
―No, no todos. Zenitsu tú quédate atrás. Espera el momento en que esté desprotegido. ¡Vamos Nezuko!―
Los dos cazadores y la niña demonios rodearon a su oponente. Se abalanzaron sobre él al mismo tiempo, haciendo que el demonio se protegiera creando un domo alrededor suyo. Ni las espadas de Inosuke ni Tanjiro lograron cortar la cúpula de tierra. Pero los puños de Nezuko lograron romper aquel escudo. Nezuko tomó al sorprendido demonio por el cuello y lo lanzó al aire donde no podría utilizar su técnica de sangre. Zenitsu vió su oportunidad.
―Respiración de Rayo. Primera postura: Destello del Relámpago― en un parpadeo Zenitsu surcó la distancia que existía entre él y el demonio, cortando su cabeza de un tajo.
El cuerpo del demonio calló al suelo inerte. Su cabeza rodó por los suelos.
―¡Bien hecho Monitsu! Nuestro abuelo estará orgulloso de saber que esta vez no te acobardaste― festejó Inosuke.
―¡No digas nuestro abuelo, cerdo apestoso! ¡Es mi abuelo no el tuyo!―
Tenjiro dejó a los otros discutir, felicitó a su hermana y se fue a acercarse a la cabeza del demonio que agonizaba.
Era uno de esos demonios que no generaban una aroma a tristeza al morir. Solo se sentía rabia y resentimiento. Y por alguna razón, aún se sentían pequeñas vibraciones en el suelo.
―Desgraciados… malditos cazadores…― murmuró lleno de ira.
―¡He! Parece que ese gusano todavía puede hablar― se burló Inosuke.
―Que horror. Odio cuando pasa eso―
―Terminará pronto. Lo mejor sería que hicieras las pases contigo mismo―
Al escuchar la sugerencia de Tanjiro, el demonio comenzó a reír.
―Mi única paz… será saber…― de pronto la tierra comenzó a temblar ―¡Que pude llevármelos conmigo! ―
Lo que parecía ser una enorme fisura se abrió algunos metros detrás de los cazadores. Pero no era una fisura, era una ruptura en el suelo, producto de un derrumbe. Toda el área en que habían estado peleando comenzó a desmoronarse sobre la falda de la montaña.
―¡CORRAN!― gritó Tanjiro a sus compañeros.
La superficie plana se convirtió en una pendiente mientras que los cazadores debieron navegar para llegar a tierra firme. El suelo se partía como piezas de rompecabezas, obligando a los cazadores a saltar en busca de superficies sólidas en las que poder impulsarse lejos del derrumbe. Entre el caos, nadie prestó atención a las risas del demonio que se perdieron al ser arrastrado por la tierra que él mismo había desprendido.
Con agilidad uno por uno, los miembros del equipo lograron ponerse a salvo. Todos excepto uno.
―¿Tanjiro? ¡TANJIRO!― Zenitsu giró de vuelta a la pendiente por al que tierra seguía cayendo. Nezuko ni siquiera se molestó en ver hacia abajo antes de saltar al vacío para ayudar a su hermano.
Un poco corto comparado al capítulo anterior.
Quiero pensar que ya sabían que ni Zenitsu ni Inosuke sabrían como ayudar a Tanjiro con su problema.
