Nuestra historia de amor

Por eso quiero recordarte
Como el más bello sueño que he tenido
Y al despertar mañana y no encontrarte
Pensar que fuiste un sueño, solo un sueño
"Nuestra Historia de amor" escrita por Luis Gabriel Naranjo e interpretada por Blanca Gladys Caldas Méndez. Mejor conocida como Claudia de Colombia.


Shinobu se dirigía de regreso a casa luego de otra misión de rescate exitosa. Kanao caminaba junto a ella, mucho más callada de lo normal. Shinobu sabía bien la razón. Al menos los sentimientos de Kanao respecto al incidente con Tanjiro no habían afectado su desempeño a la hora de matar demonios.

Pasaron junto a un restaurante en mitad del camino repleto de clientes. La mayoría familias y unas cuantas parejas. Shinobu inconscientemente se detuvo sobre el camino y dirigió su mirada hacia los felices comensales.

Para Kanao no pasó desapercibida la mirada llena de añoranza con la que su maestra veía a las parejas en el restaurante.

―¿Maestra?―

Shinobu se sorprendió al caer en cuenta que se había quedado parada mirando al interior del restaurante.

―¿No es lindo Kanao? Es para proteger la felicidad de esta gente que peleamos― dijo la Pilar, buscando desviar la atención de sí misma.

No sabiendo qué más decir, Kanao solo asintió con la cabeza. Shinobu recobró su andar con Kanao siguiéndola de cerca.

―Algún día cuando ya no haya demonios, quizás puedas encontrar un buen hombre y tener una familia feliz junto a él como las personas en ese restaurante―

Shinobu no estaba lista para el comentario de su aprendiz.

―¿Y usted maestra? ¿Algún día cree que pueda encontrar un buen hombre con quien formar una familia?―

Solo gracias a su inhumano auto control fue que Shinbo pudo seguir andando sin tropezar ni detenerse.

―Kanao, tú y yo sabemos que eso no será posible para mi― musitó Shinobu, sin desviar la vista del frente.

―No, no lo sé―

Shinobu dejó de caminar y se dio vuelta para ver a su aprendiz.

―¿Kanao?―

Kakano tenía la mirada fija en el piso y las manos apuñadas.

―Hay muchos otros hombres en el mundo, aparte de Tanjiro― musitó Kanao.

Shinobu sintió un nudo en la garganta. Ambas mujeres quedaron en silencio en medio del camino por unos instantes hasta que, para sorpresa de ambas, Kanao fue la primera en hablar.

―Maestra… Yo siempre la he admirado. Siempre la he seguido fielmente en todo―

Kanao apretó la tela de su falda con las manos. Shinobu le dio un momento para organizar sus pensamientos. Pero al cabo de un rato, decidió mejor darle un empujón.

―¿Pero?―

―Pero desde que ocurrió lo de Tanjiro… Usted está tan triste y miserable que… Que me duele verla de esa forma. Y la forma en que habla sobre el futuro. La seguridad con la que describe que usted no tendrá uno es…―

Shinobu estaba sorprendida. Era un hecho insólito que Kanao hablara tanto.

―Y lo que dijo hace unos minutos… Que para usted nunca será posible tener familia…―

―Kanao, tu sabes―

―¡No, no lo sé!― gritó Kanao, dejando a Shinobu completamente estupefacta. En todos los años que tenían de conocerla, Kanao jamás le había levantado la voz, ni mucho menos la había interrumpido.

―Se suponía que ser devorada por la Segunda Luna Superior era el plan de respaldo. Su último haz bajo la manga en caso de perder el combate y ser...― Kanao jadeó como si estuviera ahogando. No tenía la fuerza para describir el destino que le esperaba a Shinobu ―Pero ahora… Ahora…―

Y como si la situación no fuera lo bastante increíble, Kanao comenzó a llorar.

―Ahora me da la impresión de que usted desea morir. Que planea matarse y eso… ¡Eso es algo de lo que no quiero formar parte!―

Lágrimas de amargura y aflicción desbordaron de los párpados de Kanao, quien cerró los ojos con fuerza como si eso pudiera detener su llanto, pero al ver que no era así se fue corriendo a casa, pasando de lado a Shinobu, quien no hizo ningún intento por detenerla.

La Pilar agradeció la suerte que ninguno de los lugareños que caminaban alrededor de ella se acercaron a hablarle.

Primero Tanjiro, Aoi, Mitsuri y ahora también a Kanao. ¿Cuántas personas más voy a lastimar, hermana?

Shinobu suspiró con pesadumbre.

Las cosas seguían y seguían empeorando. Le estaba costando conciliar el sueño. Y una vez que lo conseguía, no lograba tener un descanso reparador. Se estaba volviendo distraída, descuidada. Al menos no todavía en el campo de batalla, pero Shinobu sabía que solo sea cuestión de tiempo.

No importa donde estuviera, no importa lo que estuviera haciendo, un segundo de pérdida de concentración era lo único que hacia falta para que su mente e imaginación fueran tomadas prisioneras por Tanjiro.

―Tanjiro…―

Decir su nombre se sentía extraño en los labios de la cazadora. Se sentía como algo distante. Como algo perdido hace mucho tiempo.

Sí, perdido era la mejor forma de describirlo.

Perdido el joven que apareció en su vida y por un instante la llenó de luz.

Perdido el cariño de quien más la ha amado.

Perdido su corazón marchito y pútrido.

Perdida la oportunidad de vivir el sueño que su hermana soñó para ella.

―Sueños…―

Era rara la noche en la que no soñara con él. En que no deseara tenerlo en su lecho haciéndole el amor, o simplemente acurrucados en la cama disfrutando de la compañía del otro. Sentir su reconfortante calor corporal al lado suyo. El palpitar de su virtuoso corazón debajo de su mano, reposada sobre su pecho.

Escuchar sus suaves palabras de amor, guiándola a un profundo sueño.

Shinobu se detuvo en mitad del camino para cubrir su rostro con su mano derecha y ocultar sus lágrimas del mundo.

En otros tiempos se habría reprochado mostrar semejante demostración de debilidad. Pero ahora sabía que la debilidad no tenía nada que ver con su llanto.

Dolía, dolía demasiado. Dolía quizás incluso más que la pérdida de Kanae, porque esta vez verdaderamente no podía culpar a nadie más que así misma. De modo que no había enojo que pudiera redirigir su tristeza. Solo vergüenza que la hacía más inaguantable.

―En verdad fue amor― musitó para sí misma.

Efectivamente, en los días posteriores a la catástrofe y especialmente luego de su reunión con Mitsuri, Shinobu finalmente comprendió lo mucho que significó Tanjiro y lo que estuvo dispuesto a darle. Y lo mucho que ella estuvo a punto de dar, si tan solo no fuese tan estúpida.

―Pero ahora es muy tarde. Ahora es solo un recuerdo―

Shinobu reanudó su marcha de vuelta a su hogar, arrastrando los pies sobre el suelo.

Cuando llegó a su casa, no hubo nadie que le diera la bienvenida. No era de extrañar, probablemente Kanao se estaría dando un baño y el resto de las chicas estarían ocupadas en sus labores habituales.

Shinobu suspiró y decidió irse a su habitación a darse un baño rápido de agua fría.

Una vez que terminó de asearse, se puso un kosode color azul y se dejó caer sobre la cama boca arriba.

¿Estoy sufriendo depresión?

Era la pregunta que desde hace varios días rondaba la mente de Shinobu. Los síntomas coincidían. Se sentía infeliz y miserable en todo momento. Su cuerpo siempre estaba cansado sin importar las horas de sueño. Le faltaba el apetito. Y no tenía ganas de hacer nada.

La única razón de que lograra mantenerse en forma y seguir siendo una eficiente cazadora de demonios, era su pura e inmaculada fuerza de voluntad.

Pero Shinobu empezaba a comprender que incluso ese combustible se estaba agotando.

―¿Qué voy a hacer?― se preguntó la hermosa mujer, sobándose la sien con su mano derecha.

Si las cosas continuaban así probablemente muy pronto perdería su capacidad de ejecutar sus labores como Pilar del cuerpo de Cazadores de demonios.

―¿Qué podría hacer para remediar esta situación?―

Shinobu sabía que todos los caminos llevaban a Tanjiro.

―¿Pero y qué hago si lo vuelvo a ver?―

No era la primera vez que Shinobu se hacía esa pregunta. Y cómo en veces anteriores, su imaginación comenzó a divagar en escenarios posibles.

―¿Confesar que todas las cosas que dije sobre que me hizo daño fueron mentiras? ¿Cómo reaccionará después de eso? ¿Acaso merezco su perdón luego haber roto su corazón? Seré capaz de decirle… decirle…―

Shinobu se giró sobre la cama para esconder su rostro en la almohada, impidiendo así que alguien pudiera escuchar su confesión.

Confesión sobre la verdad a la que había llegado finalmente gracias a las semillas plantadas en su corazón luego de su encuentro con Mitsuri.

―¿Tendré el valor de decirle que lo amo? ¿Qué nada me haría más feliz que convertirme en su esposa y que vivamos el resto de nuestras vidas juntos?―

Entregada a la derrota y sabiendo que esa vida feliz era ahora una fantasía inalcanzable, Shinobu se echó a llorar en silencio. Saboreando la amargura y vergüenza de haber alejado al que pudo ser el único gran amor de su vida.

Uno cuya pérdida ahora le provocaba tanto sufrimiento que, como bien dijo Kanao, Shinobu ya ni siquiera contemplaba la posibilidad de sobrevivir a su duelo con Doma. Preferiría que el demonio se la trague completa de una buena vez para poder así escapar a sus martirios.

―¿Qué pensarás de mí, hermana? ¿Qué debería de hacer?―

Sin la caja de Nezuco arruinando su aerodinámica, el chico corría como una locomotora. Un instrumento de velocidad con una ardiente fuente de poder, sin nada que lo pueda detener.

Como bien predijo, logró vislumbrar el techo de la finca Mariposa antes de la puesta de sol. Su euforia comenzó a contaminarse a ansiedad al darse cuenta de que el momento de redimirse estaba cerca.

Sus pasos se volvieron más lentos. Hasta que finalmente se detuvo por completo frente a la entrada de la mansión. Aquella acogedora casa en la que se enamoró de la mujer de sus sueños, ahora le inspiraba un temor terrible. Temor a empeorar las cosas. Temor a ser rechazado nuevamente. Temor a ver a Shinobu y no saber qué decirle.

Pero Tanjiro no estaba listo para rendirse. Apretó los puños, tomó aire, recordó las palabras de su maestro, y caminó dentro de la propiedad.

Aoi y Mitsuri se encontraban en la cocina. Tras volver a fracasar en su último intento por idear un plan para reconciliar a la Pilar Insecto el aprendiz del aliento Solar, Mitsuri le pidió a Aoi que le diera clases de cocina, una vez que Inosuke y Zenitsu se marcharon.

Mitsuri acababa de echar un montón de espaldilla de cerdo picada a un enorme bowl de cocina. Aoi le estaba enseñando como hacer Yakisoba de cerdo con base de arroz.

―Muy bien, ahora debes estar atenta a la carne y moverla de vez en cuando para que se guise uniformemente. Pon mucha atención al color― instruyó Aoi para luego ponerse a picar verduras mixtas que en breve se agregarían al bowl.

―¿La carne va a cambiar de color?―

―Más o menos, se pondrá blanca―

―Buenas tardes―

Ambas mujeres reconocieron perfectamente la voz del recién llegado. Aoi casi se corta el pulgar izquierdo con el cuchillo y Mitsuri por poco arroja la cuchara contra el techo.

Amas se giraron a la puerta de la cocina, encontrando a Tanjiro con semblante de seriedad poco característico en él.

―¡TANJIRO!― gritó Mitsuri con los brazos hacia arriba. Y olvidándose completamente del platillo, corrió hacia el joven para poder envolverlo en un abrazo de oso.

―¡Tanjiro que felicidad verte! ¡Viniste! ¡Regresaste a la finca!― celebraba la Pilar, abrazando y estrujando al muchacho. Quien no podía hacer mucho ya que incluso con la esponjosidad de los enormes senos de Mitsuri formando parte de la ecuación, la forma en la que lo estaba abrazando hacia que la cabeza de Tanjiro se sintiera como exprimida dentro de un cascanueces gigante.

Por suerte, la adulta responsable en la habitación acudió en auxilio de Tanjiro antes de que se asfixiara.

―Tanjiro… haz vuelto― musitó Aoi, sin saber qué decir.

―Si Aoi, señorita Mitsuri, qué gusto volver a verlas―

―Tanjiro, haz venido a…―

―Sí, a arreglar las cosas con Shinobu. ¿Está en casa?―

A ambas mujeres se les iluminaron los ojos. Mitsuri tuvo que resistirse a dar saltos de la emoción. Pero antes de que pudiera hacerlo, Aoi la tomó de la mano.

―¿Nos das un minuto?― preguntó Aoi, quien sin esperar una respuesta, sacó a tirones a Mitsuri de la cocina.

Tanjiro escuchó un silbido, y se asomó por el pasillo a ver que se habían juntado Aoi, Mitsuri, Kanao y las niñas. Parecía que estaba teniendo una reunión de emergencia en la que habían formado un círculo cerrado. Pero Tanjiro no tenía el oído de Zenitsu como para saber qué estaban diciendo entre ellas.

―¿Estás segura Aoi?― escuchó preguntar a Kanao, una vez que rompieron el círculo.

―Sí, es ahora o nunca―

―N-no se si pueda…― dijo Mitsuri, poniendo su puño derecho sobre su peso y meciendo el cuerpo en señal de nervios.

―Debes hacerlo. Hazlo en el nombre del amor― dijo Aoi.

Y con esas simples palabras todo ápice de duda huyó del cuerpo de Mitsuri. Asintió con la cabeza y se fue corriendo a quién sabe dónde.

Kanao y las niñas también salieron corriendo en otra dirección, dejando sola a Aoi quien se volteó hacia Tanjiro. Al joven le asustó la expresión tan severa que la enfermera portaba.

―Sígueme, te llevaré con Shinobu―

Tanjiro se limitó a asentir con la cabeza y seguir a Aoi, eligiendo no prestar atención a que cuando se prefirió a Shinobu no la llamó "Señorita".

Shinobu estaba cabeceando en su habitación cuando de pronto Mitsuri entró derribando, literalmente, la puerta. Haciendo a la Pilar Insecto sacudirse todo el sueño en ese mismo instante.

―¿¡Mitsuri, qué pasa!? ¿Qué la casa se está quemando?!―

La aludida se acercó a la cama sin decir una palabra. Shinobu no tardó en darse cuenta que la mujer frente a ella le temblaban las manos.

―¿Mitsuri?―

―Shinobu, perdona mi rudeza. Pero te juro que un día me lo vas a agradecer―

―¿D-de qué estás hablando?― preguntó Shinobu, extrañada de las palabras de su amiga Pilar, en especial al ver que se le acercaba hasta invadir su espacio personal.

Sin decir una palabra, Mitsuro empujó a Shinobu para hacerla caer sobre la cama. Antes de que pudiera reaccionar, Shinobu sintió al colchón doblarse y cerrarse alrededor suyo igual las fauces de una planta carnívora cuando ha detectado una presa.

Shinobu se encontró completamente inmovilizada entre dos paredes de espuma, a excepción de sus piernas que lograron quedar fuera de las dimensiones de la cama.

―¡MITSURI, SUÉLTAME AHORA MISMO!― gritó Shinobu completamente fúrica desde en medio de su suave prisión.

―¡Lo siento, lo siento! ¡Juro que es por tu bien!― respondió Mitsuri, a putno de echarse a llorar del miedo. Shinobu era aterradora, lo último que la Pilar del Amor quería era darle razones para enojarse con ella, pero era un mal necesario en el nombre del amor.

―¡MITSURI LIBÉRAME AHORA O LO VAS A PAGAR MUY CARO!―

Mitsuri no respondió. Prosiguió a levantar el colchón de la cama con las piernas de Shinobu en dirección opuesta a donde ella estaba. Después, salió a toda prisa cargando con el enorme taco humano.

Tanjiro no entendía por qué Aoi lo llevó hasta el dojo de la finca. Ni que eran los ruidos que se escuchaban en las puertas laterales del lugar, que conectaban al jardín. O a dónde se había ido Mitsuri.

De pronto escucharon lo que parecían gruñidos de un animal rabioso acercarse con velocidad hacia donde ellos estaban.

―¿Qué es eso?― preguntó un confundido Tanjiro.

Aoi se limitó a caminar hacia la puerta principal y abrir bien las puertas corredizas.

Tanjiro se escandalizó al ver a Mitsuri llegar al lugar cargando con un colchón doblado por la mitad. Lo más alarmante fue ver al par de piernas que salían del medio del colchón.

Mitsuri se detuvo en el umbral de las puertas y arrojó el colchón hacia dentro como si este le quemara las manos.

Tanjiro se hizo a un lado para evitar ser aplastado por el colchón. Cuando el inmueble se desdobló revelando la persona que había dentro, Tanjiro sintió como si el corazón le trepara hasta la garganta.

Por su parte, tan pronto como fue liberada de las paredes de espuma, Shinobu estaba lista para buscar sangre.

―¡Empieza a correr Mitsuri porque si te alcanzo…― las palabras de Shinobu quedaron atrapadas detrás de sus dientes, ya que al ver a Tanjiro de pie junto a ella, todo rastro de sed de sangre emigró de su cuerpo.

―T-Ta-Tanjiro…― musitó su nombre, más que nada para comprobar que realmente fuera él quien estaba frente a ella.

―Shinobu―respondió él, con la misma ansiedad.

―Ejem― dijo Aoi para llamar la atención de los ocupantes del dojo.

Ambos voltearon a ver a la enfermera, quien estaba parada en el humbral de la puerta con los brazos cruzados y una expresión severa que haría sentir orgulloso a cualquier general.

―¡No me importa, no quiero saber cómo, pero van que arreglen las cosas entre ustedes! ¡Y más les vale hacerlo porque no los vamos a dejar salir hasta que lo hagan!―

Antes de que alguno de los anonadados cazadores pudieran protestar, Aoi cerró las puertas y se escuchó el ruido de madera y martillazos del otro lado.

―Um― se escuchó la voz de Mitsuri ―Quiero que se sepa que yo no estaba del todo de acuerdo con esta idea. De hecho, había diseñado un meticuloso plan para que los dos ¡Ow, ow ow!―

―Ya vámonos― silenció Aoi a la pilar del Amor, jalándola de la oreja.

―¡Esta bien, pero suéltame la oreja por favor!― imploró la chica de cabellos pastel.

Tanjiro y Shinobu escucharon los pasos alejarse del dojo, quedando solos y en silencio. Ninguno se atrevía a ser el primero en hablar o dirigir la mirada hacia el otro siquiera.

Shinobu comenzó a sudar frío. Había estado pensando en él y su reencuentro con él todo el día. Y aun así no estaba lista. No estaba mentalmente preparada para encontrarse con Tanjiro.

Shinbou estaba asustada. Y Tanjiro lo sabía. Podía oler su miedo. Y en su seguridad de ser la causa de ese miedo, a Tanjiro lo llenó una infinita vergüenza.

Shinobu está asustada… asustada de estar atrapada en la misma habitación que yo… Yo tenía razón. En verdad le hice daño. Seguro debe sentirse en peligro al lado mío.

Tanjiro supo que en efecto su oportunidad de un futuro al lado de Shinobu era un imposible. Pero recordó su conversación con Kyojuro para reafirmarse que no era eso a lo que había venido. Antes que nada, Tanjiro necesitaba disculparse apropiadamente. Incluso si no lograba arreglar las cosas de ningún modo, al menos le debía a Shinobu una disculpa real.

Se giró hacia ella, provocando que la doctora elevara la vista hacía él. cuando se cruzaron sus ojos ambos sintieron como si el corazón les fuera a explotar en el pecho, aunque por razones muy diferentes.

Tanjiro se postró en el piso frente a ella hasta que su frente tocó el piso de madera.

―Lo lamento… lo lamento con toda el alma―


No me había dado cuanta que tenía tantos meses de no actualizar esta historia.

Mis disculpas, espero lo disfrutaran.

Quería aprovechar este capítulo para mostrar que Aoi lleva los pantalones en la Finca Mariposa.

Nos leemos en la próxima.