El calor del momento
I never meant to be so bad to you
One thing I said that I would never do
A look from you and I would fall from grace
And that would wipe the smile right from my face
Do you remember when we used to dance
And incidents arose from circumstance
One thing led to another, we were young
And we would scream together songs unsung
"Heat of the momento", escrita por Geoffrey Downes y John Wetton.
Siempre me pregunto qué pasa con esos lectores que antes comentaban hasta más de tres veces por capítulo y ahora ni sus luces. ¿Será que perdieron interés y dejaron de leer o que algo les pasó?
En fin.
Este será un capítulo decisivo en esta historia. Que lo disfruten.
Cuando Tanjiro salió corriendo de la finca Mariposa aquella mañana, lo hizo pensando que nunca podría llegar a sentirse tan desgraciado y indigno de estar vivo.
Estaba equivocado.
Tenerla de frente a Shinobu temblando de miedo por el simple hecho de estar en la misma habitación que él, semanas después de lo ocurrido, lo hizo sentir niveles completamente nuevos de aflicción y vergüenza. Además de que confirmó sus peores temores. Tanjiro sí le había hecho daños irreparables a Shinobu.
Aplastado por el literal y metafórico peso de sus culpas, Tanjiro calló de rodillas y se postró frente a la doctora hasta tocar el piso de madera con su frente.
―Lo lamento… lo lamento con toda el alma―
Tanjiro ya había renunciado a todas sus esperanzas y sueños. Había aceptado que nunca podría conquistar el corazón de Shinobu, y que ya ni siquiera era digno de su amistad. Lo único que le quedaba por hacer era disculparse.
Por su parte, Shinobu tenía el corazón en la garganta, sin saber que decir.
―Nunca voy a poder reparar el daño de lo que te hice esa noche. Nunca podré enmendar la traición a tu confianza ni el haberme aprovechado de lo que me diste esa noche. Pero… Pero incluso si es así y nada de lo que diga o haga puede cambiar lo que pasó, quiero que sepas que yo jamás quise hacerte daño. Jamás quise lastimarte―
Tanjiro seguía con la cara al piso. Para Shinobu aquello era quizás lo más inaceptable de toda la situación. Tanjiro no debía postrarse así en frente de nadie. Especialmente de una bruja como ella.
Tanjiro debía estar de pie. Su espalda recta, sonrisa al frente y vista hacia el sol.
―Yo sé…― musitó Shinobu ―Sé que no era tu intención. Pero por favor no hagas eso. No te postres ante mi―
―¿Por qué no?― replicó Tanjiro ―Si todo fue mi culpa. Desde mucho antes de esa noche―
Por el tono su voz y los gimoteos, era obvio para Shinobu que Tanjiro estaba conteniendo las ganas de llorar.
―Desde un comienzo hice todo mal. Tu eres tan hermosa, tan magnífica… Pero estabas llena de enojo y tristeza… Quería ayudarte… Quería hacer todo lo que fuese necesario para liberarte de ese sufrimiento y así pudieras sonreír siempre son honestidad―
―Tanjiro― musitó Shinobu entre conmovida y desolada.
Tanjiro se poyó sobre sus manos y estiró sus brazos, pero seguía encorvado y la mirada hacia el suelo.
―Pero entonces pasó… Me enamoré perdidamente de ti. Y aunque sabía muy bien que nunca podría merecer una mujer como tú no pude evitar soñar. Y luego… Y luego…―
Tanjiro apretó los puños con fuerza, y el espacio en medio de sus manos empezó a mojarse con las lágrimas que le escurrían por el rostro, hasta caer de su barbilla al piso.
―Luego llegaron mis vacaciones y vine aquí con la intención de poder pasar tiempo contigo. Y así fue y entonces… Cometí el grandísimo error de creer por un instante que quizás… Quizás existía la posibilidad de lograr que te enamoraras de mí―
Tanjiro soltó una afligida risa.
―Pero terminaste quitándome las palabras de la boca. Me rechazaste como toda una dama y aunque sentí que se me partía el corazón, lo acepté porque en el fondo siempre supe que nunca serías mía―
Si Tanjiro no estuviera tan ocupado cortándose las venas a punta de palabras, se habría percatado que Shinobu también estaba llorando.
―Y a pesar de todo… Acabamos en tu laboratorio… Estaba envenenado. Me ofreciste tu cuerpo para sanarme. ¡Y tuve que echarlo a perder! No puedo recordar si era del todo consciente o no. ¡Pero no importa! ¡Con o sin la droga, te hice daño y eso es imperdonable!―
―Tanjiro… basta por favor― musitó Shinobu, pero a su voz le faltaba fuerza.
―Ningún hombre debería dañar a una mujer jamás. Y yo fui a hacerle daño a una que confió en mí. Que se sacrificó por mí. Fui egoísta. Fui tan egoísta que no me di cuenta que aquello que se sentía como un sueño para mí, era una pesadilla para ti―
Tanjiro por fin elevó la vista hacía Shinobu.
―Tan solo mírate. Estás temblando de miedo y llorando―
Al escuchar aquello, Shinobu comenzó a tratar de limpiarse las lágrimas. Pero lo único que conseguía era embarrarse el escurrido maquillaje sobre sus mejillas y pómulos.
―N-no, no es eso. T-tanjiro… tu no…― Shinobu intentaba disculparse, pero sencillamente no era capaz de encontrar su voz. Mucho menos organizar sus ideas en enunciados coherentes.
Tanjiro negó con la cabeza ―No te preocupes. Ya dije lo que tenía que decir y sé que no me merezco tu perdón―
Tanjiro se puso se pie y giró en dirección a la puerta.
―Te prometo que no tendrás que volver a verme nunca más―
Shinobu no solo sintió como si un arpón para ballenas le atravesara el corazón. También sintió como si un horror cósmico y primigenio se apoderara de su alma.
De manera subconsciente Shinobu comprendió dos cosas. En primera, que si dejaba a Tanjiro salir de la habitación, sería la última vez que lo vería. Y en segunda, que una vida sin Tanjiro sería una vida desoladora más allá de su imaginación y vivir así era inaceptable.
Tanjiro sintió de repente un tirón de la manga izquierda de su haori.
―¡Tu jamás me hiciste daño, Tanjiro!―
Tanjiro se volteó hacia la doctora, creyendo que solo estaba tratando de consolarlo una vez más.
―Shinobu, no tienes que mentir para hacerme sentir mejor―
Shinbo se echó a llorar con más fuerzas ―¡Tanjiro por Dios, esta será la primera vez que seré completamente honesta contigo!― gritó Shinobu llena de aflicción.
―¿Qué quieres decir?―
―Siéntate, y te lo explicaré todo―
Shinobu liberó el haori de Tanjiro y le hizo espacio sobre el colchón para que ambos pudieran hincarse uno en frente del otro.
Shinobu se limpió las lágrimas con las mangas de su haori. Tanjiro odiaba verla trise. Triste y temerosa, ya que incluso si no tuviera su aliento para informarle del estado emocional de la doctora, Shinobu no dejaba de temblar.
―Tienes miedo―
―Sí. Pero te juro no es por lo que crees―
―¿Entonces que es?―
Shinobu estrujó su blusa en sus manos justo sobre donde palpitaba su corazón ―Miedo a confesar mis pecados―
Shinobu sabía que lo que tenía que hacer. Lo que debía de hacer si es que realmente quería obtener lo que deseaba. Necesitaba poner sus cartas sobre la mesa, confesar a Tanjiro todos sus pecados y dejarlo decidir entonces si todavía la quería a su lado una vez que escuchara toda la verdad. Eso último era lo que le aterraba a Shinobu.
¿Me amarás una vez que sepas lo que he hecho? ¿Una vez que descubras que no soy el ángel que imaginas?
Pero aunque Shinobu temblaba de pavor, sabía que no tenía realmente opción. Primero, porque le debía a Tanjiro la verdad. Y segundo, porque Shinobu sabía muy bien que ya no podía vivir más tiempo mintiéndole a sus seres queridos. Especialmente no al joven que le había robado el corazón y con el que ahora deseaba compartir y hacer vida.
―Tanjiro, la verdad es que nunca he sido completamente honesta contigo― Shinobu tragó saliva ―Y con eso me refiero a que si no fuera por tu nariz, no habría casi nada más que mentiras entre nosotros―
―No comprendo― fue lo único que atinó decir Tanjiro.
Shinobu tragó aire con fuerza.
―Siempre supe que estabas enamorado en mí― reveló Shinobu en voz baja, mirándolo a los ojos ―Lo supe porque son muchos los jóvenes cazadores que se enamoran de mí, así que me he vuelto receptiva a identificar las características. Pero tú fuiste el único que me causó curiosidad… aunque solo fuera por tener una hermana demonio. Más nunca me habría imaginado lo que pasó esa primera noche en el techo de la casa… Viste a través de la máscara de mi sonrisa. A partir de ese momento… te volviste alguien muy especial para mi―
Tanjiro se sonrojó, pero no se atrevió a decir nada.
―Desde entonces… desarrollé un gusto por estar contigo. Era cómodo pasar tiempo a tu lado. Estar con alguien que supiera mi secreto. Alguien con quien no tuviera que fingir estar feliz todo el tiempo. Eras un buen confidente y escucha, que me hacía sentir cómoda…―
Shinobu desvió la mirada, y Tanjiro sintió su corazón acelerarse al ver como las pálidas mejillas de Shinobu se estaban tiñendo de rojo.
―Y fue por eso que me volví tan egoísta― exclamó Shinobu.
Haciendo que un muy confundido Tanjiro respondiera con ―¿Eso qué significa?―
Shinobu tragó aire antes de volver a ver a Tanjiro a los ojos.
―Significa que te usé― confesó con vergüenza, mientras estrujaba fuertemente su pantalón con ambas manos.
―N-no comprendo―
―Tanjiro yo jamás tuve intención de corresponder a tus sentimientos. De hecho, hasta la noche en que estuvimos juntos, jamás tuve duda de que lo que sentías por mi no era nada más en el simple y pasajero enamoramiento de un adolescente―
El visible dolor en los ojos de Tanjiro obligó a Shinobu a volver a desviar la vista.
―Y quizás también fue por eso que me fue fácil ser tan egoísta. Porque aunque sabía de tu interés, y mi opinión al respecto… tuve la desvergüenza de aprovecharme. ¿No lo entiendes? Sabía que si pasábamos más tiempo juntos solo te daría falsas esperanzas. Pero no me importó. Porque aunque tú no me gustabas, me gustaba lo que me dabas. Tu compañía, tu comprensión, tu atención―
―Shinobu…―
―Muchas veces dijiste que eras indigno de mí. Que soy demasiado buena para ti. ¡Ja! No podrías estar más equivocado. Soy yo… siempre he sido yo la que no te merece― la voz de Shinobu se quebró al fin y cubrió su rostro con ambas manos para ocultar su llanto.
―Shinobu no digas eso― replicó Tanjiro, acercándose a ella, pero sin atreverse a tocarla.
―¡Abre los ojos Tanjiro!― gritó la doctora, descubriendo su rostro ―¡Me aproveché de ti! ¡Te use para sentirme mejor conmigo misma! Mientras que tú me ofrecías tu cariño con toda sinceridad… yo solo te daba mentiras y oportunismo―
―¡Shinobu no digas eso!― gritó Tanjiro, tomando a la pilar por los brazos.
Shinobu alzó la vista sorprendida y ambos cazadores se congelaron al ver lo cerca que estaban uno del otro. Tanjiro se espantó al respecto, pero antes de que pudiera apartar sus manos y alejarse de Shinobu, esta cubrió las manos de Tanjiro con las suyas.
―Incluso ahora, después de lo que he dicho y hecho, te preocupas por mi y me das tu cariño y cuidado sin esperar nada a cambio―
―De eso se trata amar a alguien ¿No? Entregar todo de nosotros sin esperar nada a cambio― dijo Tanjiro.
Shinobu se rio.
―Shinobu esto quiere decir que… ¿Me perdonas?―
Los ojos de Shinobu se abrieron como platos. Lo miró desconcertada unos momentos antes de fruncir el ceño y gritarle molesta.
―¡¿No lo entiendes?! ¡No tienes nada por lo que pedir perdón! ¡Fui yo la que te estuvo manipulando y lastimando todo este tiempo!―
Shinobu había soltado las manos de Tanjiro, permitiéndole alejarse de la furiosa mujer.
―P-p-pero la noche que―
―¡No me hiciste nada esa noche!―
―¿Pero y tus moretes y hematomas?―
―No tuviste culpa de nada. Fui yo la que propuso que hiciéramos el amor, aún con toda la resistencia que pusiste. Fui yo la que te dijo que hacer y qué no. Y sé que de haberte pedido que te detuvieras lo habrías hecho en un instante. Pero no lo hice ¿Sabes por qué?―
―¿Por qué?―
Shinobu se encogió de hombros. Bajó la vista y se llevó ambas manos al corazón para después responder ―Porque como tú bien dijiste. Lo que pasó en el laboratorio fue mucho más que sexo. Fue la noche más feliz de mi vida―
Por primera vez desde que se topó con ella, Tanjiro sintió un rayo de esperanza encenderse en su corazón.
―Sí, la lujuria y el placer fueron asombrosos, pero no fue eso lo que me hizo que me hizo sentir fuera de este mundo. Me sentí tan… tan feliz. Tan completa… Tan mujer. Con cada beso y caricia y embestida de nuestros cuerpos me sentía segura, contenta y amada. Esa noche me olvidé por completo de los demonios, mis penas y mi venganza. Solo éramos tú y yo. Temí que quizás acabaría convertida en nada más que la receptora de tu lujuria, pero incluso en ese estado no fallaste en ofrecerme todo tu amor y hacerme sentir la mujer más afortunada del mundo… fue maravilloso. Tan maravilloso―
Tanjiro volvió a arrodillarse frente a la pilar. Las declaraciones de Shinobu lo hacían sentir feliz y orgulloso, pero también confundido y angustiado.
―¿Pero Shinobu, entonces por qué me mentiste respecto a esa noche?―
Shinobu se mordió el labio inferior, sintiendo una mezcla de vergüenza y enojo consigo misma ―En pocas palabras: Por estúpida― reveló al tiempo que volvía elevar la vista.
―¡Shinobu!―
―¡Es la verdad! He estado tantos años obsesionada, aislándome en mi dolor y mi venganza, que cuando llegó a mí una fuente de esperanza y felicidad hice todo lo posible por beber de ella sin dar nada a cambio―
Shinobu de pronto extendió sus brazos hacia Tanjiro. Se aferró a su haori y lo jaló hacía ella con todas sus fuerzas. De un momento a otro, Tajiro se encontró con Shinobu apresándolo en un poderosos abrazo.
―Perdóname Tanjiro. Perdóname por ser tan egoísta y estúpida―
El llanto de Shinobu la hacían temblar como si estuviera muerta de frío. Tanjiro no dudó en envolverla en sus brazos, tratando de darle no todo su calor, si también todo su afecto.
―No digas eso. Y… no llores por favor. Odio verte llorar, Shinobu―
Shinobu se rió.
―Pasé tantos años creyendo que lo único que podría hacerme feliz sería la destrucción de Doma. Hasta llegaste tú a ofrecerme algo mucho mejor. Pero tenía miedo… No supe ver el regalo invaluable que me estabas dando e intenté echare de mi vida. Y aún así aquí estás―
Tanjiro apretó un poco más su abrazo, rogando que eso no hiciera sentir incómoda a Shinobu.
―No recuerdo bien. Pero creo haberte dicho que no dejaría de amarte sin importar lo que pasara―
―Sí, lo recuerdo. Aún así, no puedo creer que aún insistas en querer a una bruja tan mentirosa como yo― musitó Shinobu, limpiándose las lágrimas en el hombro de Tanjiro.
―No eres una bruja Shinobu. Y es muy obvio que la persona a la que más han hecho daño tus mentiras y secretos es a ti misma. Por eso es que no puedo enojarme contigo―
Shinobu se rió nuevamente.
―En verdad, eres demasiado hermoso para este mundo, Tanjiro Kamado―
Shinobu se acurrucó contra el pecho de su amado cazador. Era tan cálido y acogedor como recordaba. Un sentimiento de plenitud comenzó a inundarle el alma.
―Hace un rato… cuando pensé que si te dejaba salir por esa puerta nunca te volvería ver… fue uno de los momentos más aterradores de toda mi vida―
Tanjiro sintió que debía de confesar algo similar ―Cuando te vi salir del medio de colchón y me di cuenta de que por fin estábamos cara a cara, me puse tan nervioso que me dieron ganas de vomitar― pero como era de esperarse, Tanjiro fue mucho menos elocuente.
Pero a Shinobu no le importó, pues sabía bien que era parte del encanto del joven cazador. Se separó ligeramente de él para poder verlo a los ojos.
Como muchas otras veces, Tanjiro quedó completamente embelesado por la sonrisa de Shinobu.
―Definitivamente. Incluso cuando lloras y se te embarra el maquillaje, tu sonrisa me parece la más radiante del mundo, Shinobu―
Shinobu lloró con más fuerza, conmovida y encantada.
―Oh, Tanjiro…―
―¡Ugh! ¡Shinobu ya fue suficiente! ¡Ya dile que lo amas y dense un beso, por amor de Dios!―
Los dos cazadores miraron en todas direcciones, buscando el origen de la voz, hasta que se encontraron con un par de agujeros en el papel shoji de una de las ventanas, por donde un par de ojos verde limón se asomaban al interior del dojo.
―¡¿Mitsuri?!― gritaron los cazadores en el interior.
Al escuchar a ambos cazadores llamarla por su nombre, Mitsuri cayó en cuenta de que había revelado su presencia. Lo que la hizo llenarse no solo de vergüenza, sino también de pánico.
―Uhm… Hola― dijo la aludida, tratando de sonar lo más inocente posible.
―Señorita Mitsuri, ¿Qué está haciendo?― preguntó Tanjiro, como siempre, con la inocencia por delante.
Completamente atrapada con las manos en la masa, la hermosa chica de pelo bicolor solo supo balbucear incoherencias. Al menos hasta que una muy enojada e indignada Shinobu preguntó ―¡¿Nos estás espiando?!―
―¡N-no! ¡Claro que no! Yo he… estaba… buscando… mis llaves―
Mitsuri se piro dar un coscorrón ella sola por decir algo tan ridículo. Tanjiro y Shinobu por supuesto, no le creían una palabra. Si los chicos pudieran ver su rostro completo, habrían notado que la pobre chica estaba sudando frío y que su cara se estaba poniendo azul.
―¿Hace cuánto lleva ahí arriba?― inquirió Tanjiro.
―¡Acabo de llegar! ¡P-pero ya les dije! Estoy buscando mis llaves. ¿No las dejé dentro del dojo de casualidad?―
―Mitsuri― llamó su atención Shinobu.
La Pilar del Amor miró a su compañera, encontrándose con la sonrisa de Shinobu. Una sonrisa diferente a todas las demás. Era la sonrisa más diabólica que Mitsuri había contemplado en su vida.
―¿S-s-sí, Shinobu?― en se momento Mitsuri sintió el verdadero terror.
―Se un ángel y― Shinobu abrió los ojos, fulminando a Mitsuri con la mirada, para luego gritar con furia ―¡Lárgate en este instante para que tengamos un poco de privacidad!―
―¡AHH!― gritó Mitsuri, completamente aterrada.
El susto provocó que perdiera el equilibrio y callera sobre la pila de cajas que había construido para ganar altura y poder mirar por la ventana. Los chicos dentro de la habitación escuchar el estrépito de varios objetos de madera cayendo, junto a los gritos de terror de Mitsuri.
Tan pronto como llegó al suelo, con su caída amortiguada parcialmente por sus carnosos glúteos, Mitsuri se puso de pie lista para emprender su escape, no sin antes responder la amable orden de Shinobu.
―¡S-s-s-sí! ¡Ya me voy! ¡Perdonen las molestias!―
Acto seguido, salió corriendo a toda velocidad como alma que lleva el diablo.
―¿Era necesario gritarle a sí?―
―¿Necesario? No. ¿Se lo merecía? Definitivamente― replicó Shonobu ―Aunque tiene razón en algo―
―¿En qué?―
En lugar de responder, Shinobu tomó a Tanjiro por las mejillas con ambas manos.
―Ya fue suficiente perder el tiempo―
Acto seguido, juntó sus labios con los de Tanjiro.
