Haré lo que sea por amor
And maybe I'm lonely
That's all I'm qualified to be
There's just one and only
One and only promise I can keep
As long as the wheels are turning
As long as the fires are burning
As long as your prayers are coming true
You better believe it!
That I would do anything for love!
"I'd Do Anything For Love (But I Won't Do That)" escrita por Jim Steinman, e interpretada por Meat Loaf.
Tanjiro se sentía feliz, realizado y completo. En otras palabras, era el momento más feliz de su vida.
Shinobu no solo lo había perdonado, había decidido corresponder a sus sentimientos. O al menos, Tanjiro estaba seguro de que eso es lo que quería decir con los besos que ahora se estaban dando.
Los labios de Shinobu eran justo como los recordaba. Tiernos, dulces y cálidos. Y en conjunto, un agasajo para los sentidos. Y a pesar de ser tal y cómo los recordaba, la ocasión hacía que se sintieran completamente diferente. Porque esta vez Tanjiro estaba completamente lúcido. Esta vez el éxtasis provenía del regocijo de haber sido perdonado y aceptado al fin por su amada mariposa.
Tanjiro se sentía el hombre más feliz del mundo. Nuevamente tenía en sus brazos a su amada Shinobu. Solo que esta vez era real, voluntario y lo más importante, ya no tendría que dejarla ir al amanecer.
Shinobu también estaba en éxtasis. No podía creer el maravilloso giro que había dado su vida. Apenas hace unas horas estaba en su cuarto cayendo en depresión, preguntándose si alguna vez volvería a ver a Tanjiro. ¿Ahora? Estaba envuelta en un abrazo mientras los besaba apasionadamente como si no hubiera un mañana.
La dicha que empapaba el alma de Shinobu en ese momento no se comparaba a ninguna otra forma de felicidad que hubiera sentido en su vida. Sabía perfectamente que ni la más dulce de las venganzas le podría dar semejante alegría.
Shinbu renunció total y para siempre a su venganza en ese instante. Ya no quería estar sola. Ya no quería morir. Nunca renunciaría a sus deberes como cazadora, pero Shinobu quería vivir. Quería gozar su existencia y hacerlo en compañía de ese apuesto ángel pelirrojo.
Los nuevos amantes se separaron para poder tomar aire.
El rostro de Shinobu aún estaba decorado con frescos ríos de lágrimas. Y los ojos de Tanjiro se habían desbordado también. Ojos que veían a Shinobu con completa e inmaculada adoración.
Shinobu se sintió bendecida de ser la receptora de tanto amor. Y por eso reafirmó su deseo y la importancia de sincerarse con el joven.
―Tanjiro, tu me has hecho sentir cosas que pensé que nunca podrían caber en mi corazón―
―Y tú Shinobu…―
―Pero hay cosas que debes entender antes de que avancemos más―
―¿Qué cosas?―
Shinobu suspiró para relajarse y darse valor.
―¿Recuerdas mis lunares morados? ¿Esos que tanto te gustaron?―
Tanjiro se sonrojó marcadamente, recordando el cuerpo desnudo de Shinobu y los lunares morados que le decoraban la piel.
―Sí. Dijiste que los obtuviste por tanto trabajar con el veneno de glicinia. Pero que no eran peligrosos―
―Hice algo más que trabajar con el veneno de glicinia―
―¿A qué te refieres?― Tanjiro no entendía por qué de pronto Shinobu olía tanto a vergüenza al hablar de la que era su principal herramienta de trabajo para matar demonios y con la que logró convertirse en pilar.
―¿Recuerdas cuando te dije que mi misión era matar a la Segunda Luna superior?―
―Sí, lo recuerdo―
―Lo que no te dije es que como último recurso, es decir, en caso de que pierda la batalla contra él y me devore, me he preparado bebiendo una pequeña dosis de veneno de glicinias todos los días… desde hace dos años―
Shinobu dejó que su confesión se asentara en la mente de Tanjiro. Esperando que luego de todas sus clases de medicina y biología, el joven entendiera las implicaciones de beber veneno.
El rostro de Tanjiro lentamente se deformó a medida que racionalizaba la confesión de la doctora.
―Pero dijiste que tus lunares no eran peligrosos ni estabas enferma― dijo Tanjiro, con preocupación.
―Siempre he tenido cuidado de consumir dosis pequeñas que no me causen daños significativos. Pero veneno es veneno, Tanjiro. Ninguna persona saludable tiene manchas moradas en la piel―
―¿Qué significa? ¿Estás enferma?― preguntó Tanjiro, quien se estaba llenado muy rápido de angustia.
―La verdad es que no lo sé. Hasta ahora el único efecto secundario que he notado han sido mis lunares, pero quién sabe lo que me pueda pasar a largo plazo―
―¿Qué podría pasarte?― inquirió Tanjiro, quien podía oler los nervios y el creciente miedo en Shinobu.
La Pilar se mordió el labio inferior antes de responder.
―Podría sufrir enfermedades o problemas renales en el futuro. Podría desarrollar enfermedades de la sangre como anemia, hemofilia o leucemia. Podría…― Shinobu recordó su conversación con Mitsuri, el día que le confesó lo que había ocurrido con Tanjiro.
Desvió su mirada de Tanjiro para mirar su vientre, el cual cubrió con su mano izquierda. El gesto no pasó desapercibido por Tanjiro.
―Existe la posibilidad de que… Yo no sea capaz de tener bebés―
Tanjiro sintió como si se hubiera echado un clavado en un río de agua congelada. Se le secó la garganta y toda la alegría que sentía hace unos momentos, huyó despavorida de su cuerpo, igual o peor que como Mitsuri salió corriendo de la finca.
Shinobu pudo ver el cambio en el semblante de su amado, y sintió pavor de pensar que esta vez de verdad lo había perdido.
¿Cómo no hacerlo?
Tanjiro era el primogénito de sus padres. Era el único varón sobreviviente de la familia Kamado. Era su deber sagrado preservar estirpe de su clan. Y eso es algo para lo que obviamente necesitaba de una mujer saludable y fértil que pudiera darle hijos.
No una bruja que por obsesionarse con la venganza tragó veneno como golosinas, sin duda quitándose más de un par de años de vida en el proceso y posiblemente perdiendo también la capacidad de concebir.
Shinobu podía sentir su corazón empezar a quebrarse, como un vaso de cristal que se deja demasiado tiempo al fuego. Sabía que la revelación seguramente le conseguiría el rechazo de Tanjiro, pero no habría sido justo para él no conocer los riesgos de tomar a Shinobu como su mujer.
Recibió un buen susto cuando Tanjiro la tomó por los hombros con ambas manos, sacudiéndola un poco al tiempo que preguntaba ―¿Ya sabías que algo así podía pasarte desde un principio?―
―S-sí, conocía los riesgos― respondió Shinobu, aún sorprendida por la reacción de Tanjiro.
―¿¡Por qué lo hiciste?! ¡¿En qué estabas pensando?!― gritó Tanjiro, más molesto de lo que Shinobu jamás lo había visto.
―¡Ya te lo dije! ¡Estaba loca! ¡Obsesionada con vengarme y matar a Doma a toda costa! ¡No me importaba nada más, solo quería estar segura de poder matar a Doma a como diera lugar!
Tanjiro no sabía qué decir. Estaba triste, enojado, afligido y confuso. Quería regañar a Shinobu por poner en peligro su vida de esa forma, pero sabía que no lograría nada con eso. Y que no tenía caso ahora que Shinnobu parecía haber comprendido al fin el terrible disparate que había cometido.
Tanjiro recordó su conversación con Kyojuro. Shinobu había padecido una tragedia terrible. Más dolorosa incluso que la de Tanjiro. Una tragedia que la casi la hizo enloquecer de dolor, dolor que con el tiempo dio paso a la rabia y el odio.
Shinobu no necesitaba alguien que la reprendiera. Necesitaba alguien que le ayudara. Ayudarla a redirigir su furia. A sanar su tristeza.
Y Tanjiro estaba dispuesto a ser esa persona.
―¿Alguien más sabe de esto?
―Solamente Kanao.
―¿Y Aoi y las niñas?
―No saben nada. Nadie más lo sabe.
Tanjiro asintió con la cabeza y quedó en silencio unos momentos. Lo que hizo que Shinobu llenarse de miedo. Miedo a ser rechazada. Y aunque creyó que ya había hecho las pases con esa posibilidad, contemplar la idea de que en cualquier momento quedaría sellado su destino y este podría ser el de perder a Tanjiro para siempre, hacía a Shinobu llorar de angustia.
―Sabiendo esto… ¿Comprendes los riesgos de aceptar a esta bruja y los pecados que carga? ¿Aún así deseas que sea tu mujer?
Tanjiro no pensó de inmediato en su respuesta. En su lugar, solo podía pensar en una cosa: Lo que tenía frente a él era inaceptable. Ver a Shinobu temblar y llorar de miedo era absolutamente inaceptable.
Shinobu, SU Shinobu no debía verse así. Porque su Shinobu no era miedosa, ni débil, ni patética. Shinobu era inteligente, valiente, poderosa y magnífica. Aunque indudablemente, Shinobu también estaba llena de dolor.
Tanjiro estaba listo y dispuesto a ser la curara de ese dolor. O como mínimo, sería otra cosa que agregaría a su lista de "Cosas que lograré o moriré en el intento".
Tanjiro tomó el rostro de Shinobu en sus manos y la miró fijamente a los ojos.
―No eres una bruja Shinobu, eres una mariposa.
Shinobu sintió como si su corazón dar volteretas en su pecho.
Tanjiro aspiró profundamente antes de hablar.
―Una hermosa mariposa herida por culpa de un cruel giro del destino. Y yo, soy aquel que por sobre todas las cosas, desea ser el dueño de tu amor y hacerte feliz. Para lograrlo, estoy dispuesto a todo. Si no puedes volar, seré viento que te levante en mis brazos. Si tienes frío, seré fuego que te de calor. Si sientes dolor, seré bálsamo que te de alivio. Si te pierdes en la oscuridad, seré luz que te muestre el camino. Y cuando la noche sea larga y oscura, seré un rayo de Sol que traerá el alba.
Shinobu lloró. Lloró como jamás lo había hecho en su vida. De desbordante e inmaculada felicidad. Se abalanzó sobre Tanjiro envolviéndolo en sus brazos con todas sus fuerzas y entre lágrimas, comenzó a proclamar su amor.
―¡Oh Tanjiro! ¡Te amo! ¡Te amo, tanto!
Al escuchar a su mariposa finalmente decir esas palabras, Tanjiro también se echó a llorar de alegría. Correspondió el abrazo de la Doctora, sin poder nada más que reír y besarla en su hermosa y perfumada cabellera negro y morada.
―¡Por favor, por favor!... ¡Ámame! ¡Ámame y cuídame y no me dejes nunca! Y sobre todo, te lo suplico, tenme paciencia… Tenme paciencia. Porque soy más estúpida de lo que crees…
―Lo haré. Lo haré Shinobu, lo juro. Pero solo si me prometes una cosa.
―¡Lo que sea!
Shinobu sintió a Tanjiro tomarla por los hombros para alejarla. Shinobu comprendió que debían verse a la cara.
―Pensándolo bien. Deberás hacer tres promesas.
―¡Sí, lo que sea, solo dímelo!―
Shinobu se sentía soñada y que en ese instante todo era posible. Si Tanjiro le pidiera caminar sobre agua para probar su amor, Shinobi sin duda hallaría el modo de lograrlo.
―Primero, debes confesarle a Aoi y las chicas lo que planeabas hacer con el veneno. Merecen saber la verdad.
Shinobu se cohibió un momento, pero sabía que Tanjiro tenía la razón. Su familia merecía conocer la verdad. Shinobu asintió con la cabeza.
―Segundo, no volverás a beber veneno nunca más. Y a partir de mañana debes iniciar un tratamiento para purgar el veneno de tu cuerpo.
―Sí, por supuesto― respondió Shinobu.
A decir verdad, eso es algo que ya había planeado hacer desde el momento que besó a Tanjiro.
―Y por último. Quiero que me prometas que ya no habrá más mentiras ni secretos entre nosotros. O por lo menos, no aquellas que puedan lastimarnos. Ya sea a mi o a ti o a nuestros seres queridos.
Shinobu sonrió, para luego envolver las manos de Tanjiro con las propias.
―Por ti Tanjiro, mi amor, mi futuro esposo y mi todo, lo que sea.
Tanjiro le sonrió también.
Se envolvieron el uno al otro entre sus brazos y se pesaron con todo el amor. Haciendo a cada beso la firma de un juramento grabado en sus corazones. Desde ese momento, ninguno de los dos volvería a estar solo.
Aoi tenía todo listo para la cena. Se molestó con Mitsuri cuando no fue capaz de detenerla a ir a espiar a la pareja en el dojo, pero a juzgar por la forma en que salió corriendo de la finca, recibió su merecido. Además, que no se quedará para cenar era una bendición, ya que Aoi no tendría que cocinar el equivalente de un banquete para veinte personas.
Dónde almacenaba esa chica toda esa comida, era todo un misterio.
O tal vez no, si sus enormes atributos femeninos eran indicativos de algo.
Zenitsu e Inosuke llegaron poco después de ponerse el sol. Cansados y sucios, pero ilesos tras otra misión exitosa. Aoi no tardó en ponerlos al corriente con los hechos del día.
―Pobre señorita Mitsuri, ojalá esté bien― se lamentó Zenitsu.
―Ella se lo buscó. Le advertí que lo lamentaría muy caro si se iba de fisgona― replicó Aoi.
―¿Y ahora qué hacemos? ¿No se va a servir la cena?― dijo Inosuke.
Aoi frunció el ceño en contra de Inosuke. Quería responderle que no y que había cosas más importantes, pero la verdad es que no había mucho más que pudieran hacer respecto a la situación de Shinobu y Tanjiro, más que esperar.
Antes de que terminara de decidirse a qué responder, apareció en la ventana un cuervo con un listó rojo y naranja amarrado al cuello.
―¿Qué es eso?― inquirió Zenitsu.
―Es un mensaje de Senjuro― respondió Aoi, alarmada.
Se puso de pie y corrió hacia el ave para retirarle el mensaje que llevaba en la pierna izquierda.
―¿Qué dice el mensaje Aoi?― preguntó Kanao.
Aoi, quien empezó a leer el mensaje con una expresión muy seria, lentamente comenzó a sonreír hasta el punto de que le temblaban los labios por contener la risa.
―¿Aoi?― llamó Zenitsu.
La aludida se giró hacia el resto de ocupantes en la habitación y aclaró su garganta antes de comenzar a leerles el contenido de la carta.
―Estimada Señorita Aoi o a quien corresponda. Les envío esta carta para expresar mi confusión en base a algo que sucedió hace unos momentos. La señorita Mitsuri entró corriendo a la casa como si la persiguieran todas las almas en pena del infierno. Apenas y me saludó. Se puso a juntar todas las almohadas y colchones que pudo y las usó para construirse una fortaleza en el sótano, donde incluso ahora permanece atrincherada. Y cuando intenté preguntarle qué había pasado, bueno no me respondió en realidad, pero no dejaba de decir "Metí la pata, metí la pata. Shinobu me va a matar". ¿Sabe usted qué ha sucedido? ¿Qué debería de hacer? Por favor ayuda. Estoy muy preocupado por la señorita Mitsuri.
Una vez que terminó de leer, Aoi estaba que no podía aguantar la risa. Así que Zenitsu le ayudó a no sentirse culpable, dejando salir sus propias carcajadas. Incluso Kanao empezó a soltar una que otra risilla.
―Pobre Misuri.
―Sí, será mejor que le escriba algo.
De pronto, Zenitsu llamó la atención de todos en la habitación al hacer un movimiento súbito de su cabeza y erguir la espalda, como cuando un animal detecta un peligro en la distancia.
―¿Qué sucede, Monitsu? ¿Oyes algo?― dijo Inosuke.
―La puerta del dojo se abrió. Tanjiro y Shinobu vienen hacia aquí― musitó el rubio, haciendo que todos entraran en silencio.
Kanao y las niñas se alejaron de la puerta, como si se prepararan para recibir la llegada de un gran peligro. De todas las chicas, Aoi era la más nerviosa. ¿Y cómo no estarlo? Si toda la idea de encerrarlos en el dojo fue suya. Quizás debieron seguir la recomendación de Inozuke y amarrarlos de pies y manos para que no pudieran escapar.
―Ya están aquí― susurró Zenitsu, como última advertencia antes de que las puertas se abrieran.
La puerta se abrió, e incluso a Inozuke se le heló la espalda.
Pero lo que entró por la otra puerta no eran dos almas llenas de furia, ni decepción ni tristeza. Eran solo Tanjiro y Shinobu con posturas relajadas y rostros contentos. Al darse cuenta de la multitud reunida en el comedor, Shinobu sonrió con alivio.
―¡Oh, vaya! Pero si ya todos están aquí. Bueno, menos Mitsuri que tuvo que irse. Pero peor es nada.
La singular alegría en la voz de Shinobu no era nada nuevo. Así que ninguno sabía qué pensar. Kanao fue la primera en notar que la mano de su maestra y Tanjiro estaba entrelazada con la de Tanjiro.
―Maestra…― fue la única palabra coherente que la muchacha pudo decir.
―Bien, ya que están todos aquí, Tanjiro y yo tenemos un anuncio muy importante qué hacerles―
Shinobu tiró de la mano de Tanjiro para acercarlo más a ella. Lo siguiente que hizo fue envolver todo el brazo izquierdo del joven con los suyos, y reposar la cabeza en el hombro de él. Todo sin perder la sonrisa en ningún momento.
―¡Tanjiro y yo hemos decidido casarnos!
La declaración hizo que todos se paralizaran de sorpresa. Tanjiro se puso rojo como un tomate, confirmando las palabras de Shinobu. Lentamente, los rostros de los ocupantes del comedor se iluminaron con sonrisas, hasta que Inosuke fue el primero en romper el silencio.
―¡Hahahaha! ¡Yo sabía que mi secuaz Gompachiro lo conseguiría! ¡Bien hecho!
A los gritos de Inozuke, le siguieron las trillizas que corrieron hacia la pareja a para poder abrazarlos, tomarles las manos y hacerles muchas preguntas.
―¡Muchísimas felicidades, señorita Shinobu!
―¿Tanjiro se mudará a vivir con nosotras?
―¿Se casarán ya pronto?
―¿Van a tener muchos bebés?
Mientras el resto de ocupantes se acercaba para rodear a los novios, Aoi se quedó atrás para poder secar sus lágrimas de alegría.
Se apresuró a escribir la respuesta a Senjuro.
Querido Senjuro, soy Aoi.
Gracias por escribir.
Por favor dile a Mitsuri que no tiene nada que temer y que ya todo está bien. Dile que ha triunfado el amor. Ella entenderá.
Y así, finalmente, nuestros héroes están juntos.
¿Les ha gustado la historia?
Imagino que sí porque se leyeron 25 capítulos.
Y no sufran, que este no es el fin. Oh no, aún me queda mucho por compartir con ustedes.
