Don

Podría ser que al final, rompiste el cristal en mí
Abriste mi piel que estaba tan mal
Quebraste el silencio que me hizo alejar
Quizás seas tú quien me haga regresar
Intuyo que sabes la forma mejor
Y tienes el don que requiere curar este mal.

"Don" escrita por Alejandro Sergi Galante.

Ya tenía rato de no actualizar. Y pues habría estado gacho no hacerlo con la temporada.

Espero lo disfruten.


Los Pilares se habían reunido cientos, tal vez miles de veces en la residencia Ubayashiki. Pero ciertamente, ninguna reunión había concluido con un espectáculo como el que había acontecido esa noche.

La Pilar Insecto estaba envuelta en cadenas sujetada de sus piernas por el Pilar de la Flama, mientras que la parte superior de su cuerpo era sostenida por la Pilar del Amor. Por la forma en que estaba amarrada y cómo zarandeaba su cuerpo intentando escapar, pareciera que los pilares estaban sosteniendo un atún… Un atún rabioso.

―Shinobu por favor tranquilízate― suplicaba Mitsuri, temiendo por su vida.

―¿Ven como tengo razón? No es posible qué― antes que Giyu pudiera terminar su comentario, fue silenciado por un coscorrón por parte de Sanemi ―¡Cállate! ¡Cierra el pico, bestia! O yo mismo te sostendré mientras Kocho te hace pedazos―

―Pero yo solo…―

―Tomioka― interrumpió esta vez Tengen ―Como tú amigo, te sugiero por el bien de todos y especialmente el tuyo que cierres la boca―

Giyu decidió seguir el consejo de Tengen respecto a sus opiniones de Shinobu. Y decidió mejor comentar algo diferente ―Rengoku, ten cuidado con los pies de Shinobu―

―¿Qué? ¿Por qué?―

―Porque tiene navajas ocultas en sus sandalias que seguro están envenenadas―

Kyojuro sintió un escalofrió al escuchar eso. Pero para su sorpresa y la de todos, Shinobu dejó de forcejear en ese momento.

―Querido Kyojuro, no te preocupes, esas navajas son solo para matar demonios― dijo Shinobu con perturbadora serenidad ―¡Y dar puntapiés a bocones estúpidos llamados Giyu Tomioka!―

―Creo que no cenaremos juntos esta noche― dijo Gyonmei.

―Sí, creo que lo mejor será que Mitsuri y yo llevemos a Shinobu a su casa― dijo Kyojuro.

―Yo podría acompañarlos― ofreció Iguro.

―No, no puedes. Todavía me debes unos tragos de la última vez― dijo Tengen, poniéndole una mano sobre el hombro al Pilar de la Serpiente.

―No te preocupes Iguro, ya nos veremos otro día― alentó Mitsuri.

―Eh… Sí, está bien― declaró derrotado el joven.

Tan pronto como los pilares del amor y la Flama se dieron media vuelta y empezaron a andar, su cargamento volvió a sacudirse violentamente y a vociferar sus amenazas.

―¡Esto no ha terminado Tomioka! ¡¿Me oiste?! ¡Mi venganza será terrible, lo juro! ¡Y te va a pesar!―

―Pobrecito de mi muchacho― musitó Tengen, una vez que se sintió cómodo con la distancia entre él y la Pilar Insecto.

―Yo creo que se harán mucho bien el uno al otro. Él apaciguará la ira de ella, y ella compensará la ingenuidad de él― comentó Gyomei.

―Es verdad. Ciertamente hoy había una clara serenidad detrás de la sonrisa de Kocho. Al menos hasta que alguien decidió abrir su bocota―

Giyu aún no terminaba de comprender qué hizo mal.

Shinobu dejó de forcejear al poco tiempo de que el trio dejara la casa del patrón. Mitsuri se sintió tentada a preguntar si era hora de que la liberaran. Pero viendo que ni Shinobu ni Kyojuro hicieron tal sugerencia, decidió mejor no hacerla ella tampoco.

Pasado otro rato, Shinobu finalmente suspiró.

―Muy bien, ya me calmé. ¿Pueden soltarme, por favor?― a lo que Kyojuro respondió sin vacilar ―Sí, está bien―

Pusieron a la Pilar Insecto en el piso para poder desamarrarla. Una vez libre, Shinobu se puso de pie para estirarse, mientras Kyojuro envolvía la cadena para luego colgársela en el brazo izquierdo.

―Lamento que tuvieran que verme así― se disculpó Shinobu.

―No hay problema― dijo Kyojuro.

―Es verdad. Además, Tomioka fue muy grosero― afirmó Mitsuri.

―¡Verdad que sí!― dijo Shinobu, muy complacida de tener el respaldo de su amiga ―¡¿Él qué sabe?! ¿¡Quién se cree que es para decir que mi rayo de Sol y yo no somo el uno para el otro!?―

―¡KYAAAA! ¿¡Shinobu, qué fue lo que dijiste!? ¿Tú y Tanjiro ya se ponen apodos románticos?― gritó Mitsuri llena de alegría.

La aludida se sonrojó al darse cuenta que había revelado sin querer el sobre nombre de su prometido.

―Sí, así es… Él es mi rayo de Sol y yo soy su rayo de Luna―

Mitsuri se arrojó sobre Shinobu para envolverla en un abrazo de oso.

―¡Que hermoso! ¡Hay Shinobu que felicidad me da por los dos!―

―En efecto me da mucho gusto que las cosas funcionaran―

―Hablando de eso Kyojuro, ¿Hace cuánto que lo sabes?― inquirió la doctora.

―Me enteré del amor del joven Kamado por ti cuando lo visité en la casa de Tengen. Luego de nuestra conversación se fue corriendo a buscarte para arreglar las cosas. Imagina mi sorpresa unos días después al recibir una carta en la que me decía que se habían comprometido―

―Creo que eso significa que estoy en deuda contigo―

―No me debes nada. Solo le di al joven Kamado un empujón en la dirección correcta. Me alegra que las cosas salieran tan bien―

―Aún así, tienes mi gratitud― respondió Shinobu, con una pequeña reverencia.

Kyojuro sonrió.

―Es curioso. Recuerdo aquella ocasión en que en tono bromista me preguntaste su me daba miedo que fueras a "Comerte" al joven Kamado. ¡Mírate ahora!―

Shinobu se puso roja como una flor de camelia.

―No solo te lo comiste, sino que lo amarraste para toda la vida. ¿O será que fue él quien te atrapó a ti? ¡Hahahaha!―

Shinobu bajó la vista para que sus acompañantes no pudieran ver su expresión de "Tierra trágame". Mitsuri no comprendía como era posible que su maestro bromeara tan despreocupadamente sobre semejante tema. Especialmente luego de que todos vieran como Shinobu casi mata a Giyu por faltarle al respeto.

―Pero no te pongas así, Shinobu. Toda esta situación es causa de alegría. ¿Qué importan las circunstancias si al final ambos encontraron amor verdadero?―

Shinobu encontró la dignidad para levantar la vista de nuevo.

―Gracias Kyojuro― dijo la doctora, para luego voltear hacia su amiga de cabello bicolor ―Y por supuesto, gracias a ti también Mitsuri. Muchísimas gracias por todo tu apoyo―

Mitsuri se sonrojó e hizo un ademán de negación con las manos.

―¡No es necesario Shinobu, de verdad!―

―Mitsuri, literalmente me cargaste con todo y colchón para llevarme hasta Tanjiro―

―¡Haha! ¿Mitsuri hizo eso? ¿Cómo terminaron en esa situación?― preguntó Kyojuro, muy interesado.

―No fue la gran cosa― replicó Mitsuri, avergonzada.

―Fue algo que hizo toda la diferencia― contrarrestó Shinobu, llena de gratitud.

Kyojuro sonrió.

―Es curioso

El trío siguió caminando en dirección a la casa de la doctora. Luego de Shinobu y Mitsuri contaran los eventos del día en que la primera y Tanjiro se reconciliaron y comprometieron, comenzó una serie de preguntas típicas para futura esposa.

¿Ya han pensado en la fecha?

¿Dónde van a vivir?

¿Cuántos hijos van a tener?

Eventualmente llegaron a las puertas de la finca Mariposa.

―Creo que será mejor que nos despidamos aquí― dijo Kyojuro, antes de que sus pies los llevaran al interior de la propiedad.

―¿Cómo? ¿No van a pasar a cenar?―dijo Shinobu, confundida.

―Me duele tener que rechazar tu hospitalidad, pero seamos realistas. Si fueses a alimentarnos a Mitsuri y a mí, dejaríamos desierta tu despensa― bromeó el Pilar de la Flama.

―Bueno, es cierto, pero me causa conflicto dejarlos en la puerta―

―Si insistes, puedes invitar a Mitsuri a cenar. Yo iré a buscar un restaurante―

―Eh, no, está bien. Señor Rengoku, prefiero ir con usted― dijo Mitsuri, quien de pronto parecía muy cohibida.

Shinob paseó su vista varias veces entre sus dos amigos. Mitsuri enviando señales groseramente obvias, y Kyoguro groseramente sin dar señales de recibir el mensaje.

Decidió que era un buen momento para devolverle el favor a sus amigos.

―Mitsuri, ¿Serías tan amable de darme un momento a solas con Kyojuro? Hay algo que quiero hablar con él en privdao―

―Sí, seguro―

―Y esta vez, has el favor de no espiarnos. ¿Está bien?―

Una enorme gota de sudor frío se deslizo por el cuello de Mitsuri.

―S-sí, no te preocupes. Prometo portarme bien―

Una vez dentro del jardín y parados frente a la puerta, donde Shinobu se volteó a ver de frente a Kyojuro, el espadachín preguntó ―¿Qué fue eso de no espiar?―

―Oh, nada. Detalles menores―

―Entiendo. ¿De qué querías hablar?―

Shinobu se despojó de su sonrisa y miró a Kyojuro con seriedad.

―Quisiera saber tu honesta opinión de mi compromiso con Tanjiro. ¿En verdad crees que nos irá bien estando juntos? ¿O secretamente tienes una opinión más por el lado de Tomioka?―

También desvaneció su propia sonrisa.

―¿Por qué me preguntas eso?―

―Tú sabes bien por qué― replicó Shinobu, ofendida de que el Pila de la Flama se hiciera el desentendido.

Kyojuro cerró los ojos y se cruzó de brazos.

―Shinobu, no tengo el don de ver el futuro. No tengo idea o más bien, no puedo asegurar si tu relación con el joven Kamado florecerá de forma exitosa― Kyojuro abrió los ojos al tiempo que recuperaba su sonrisa ―Lo que sí te puedo decir, es que no cabe duda el amor que sienten el uno por el otro es verdadero―

Shinobu sonrió complacida con la respuesta.

―¿Cómo estás tan seguro?―

―Tu sonrisa. La sonrisa que portas esta noche es un reflejo de tu felicidad. Pero no es la felicidad que conocías cuando Kanae aún estaba con nosotros. Ni es la máscara que empezaste a usar después. Es algo nuevo que descubriste luego de aceptar al joven Kamado en tu vida―

Shinobu asintió con la cabeza.

―¿Ya vez por qué quería tu opinión? Me conoces muy bien―

―Me avergonzaría si no fuera así―

Shinobu soltó una risilla de aprobación. Pero entonces su semblante cambió nuevamente. Giró la vista hacia un lado y comenzó a juguetear con su mechón de cabello izquierdo.

―Cambiando de tema. Dime la verdad Kyojuro… Alguna vez… Te has arrepentido―

―¿Lo has hecho tú?― interrumpió el rubio ,quien de nuevo parecía hablar con toda seriedad.

―No… No exactamente― confesó, apenada.

Kyojuro asintió con la cabeza ―Diría que estoy igual―

―¿De qué te arrepientes?―

―Que al final no fui capaz de devolverte tu sonrisa. Solo una máscara en su lugar. Ese, es el único fracaso que siempre habré de lamentar―

Shinobu se acercó a su amigo para poner su mano derecha sobre su brazo.

―No digas eso. Fue gracias a ti que no terminé muerta por la forma en que estaba entrenando y cazando demonios sin parar. Si no hubieras estado ahí, mi cuerpo habría colapsado tarde o temprano y me habría vuelto la cena de cualquier demonio de pacotilla―

―Ese es mi consuelo. ¿Tú de qué te arrepientes?―

―Más que nada, pienso que me aproveché de ti―

―¿Segura que no soy yo quien debería sentirse mal por eso?― dijo Kyojuro en tono burlón.

―¿Sientes que te aprovechaste?―

―¡Claro que no! Tu insististe mucho esa noche. Y además ¿No te has visto en el espejo? ¿Qué hombre podría resistir la tentación?―

Shinobu se sonrojó y si fuera cualquier otra persona, le habría dado una patada en las bolas.

Pero no a él.

No a su Kyojuro.

―Tu imprudente honestidad siempre será una bendición―

―Debo agregar que me consuela que aunque no logré hacerte feliz, si entrené al muchacho que lo consiguió― celebró el hombre.

―Y que buen trabajo hiciste― respondió Shinobu ―Pero tú no tienes nada de que arrepentirte ni avergonzarte. Me salvaste la vida. Y por muy poco ideales que fuesen las circunstancias… Siempre serás mi primer amor―

Kyojuro sonrió. Extendió sus brazos para abrazar a Shinobu, quien respondió gustosa al gesto.

―Espero que la tristeza no vuelva nunca a apoderarse de tu vida―

―Gracias. Planeo no dejar que suceda de nuevo―

Se separaron, pero Shinobu lo detuvo aferrándose a las mangas de su haori.

―Por cierto querido Kyojuro, Mitsuri es una mujer muy hermosa que te adora con todo su corazón― Shinobu cubrió los labios de Kuojuro con sus dedos y se paró de puntitas para poder susurrarle al oído ―Creo que ya es hora de que hagas algo al respecto―

Cuando Shinobu se separó no pudo contener la risa al ver la expresión de sorpresa en Kyojuro, quien luego pasó a sonreír y acompañarla en sus carcajadas.

―¿De verdad lo crees? Solía ser mi discípula―

―¿Y luego? Ya es una mujer adulta capaz de tomar sus propias decisiones― Incluso si la mayor parte del tiempo demuestra tener toda la ingenuidad de una niña pequeña.

―La verdad es que siempre pensé que me estaría aprovechando. Aunque no puedo negar que es una mujer extraordinaria en todo sentido―

―Y tú la ayudaste convertirse en eso. Nadie te juzgará por cosechar la flor que tú mismo ayudaste a florecer― insistió la doctora.

―¿De dónde sale este repentino interés?―

―No es interés. Es siempre reciprocidad. Tú le diste un empujoncito a Tanjiro y Mitsuri me lo dio a mí. Ahora yo te estoy dando un empujón a ti―

―Ya veo… Está bien Shinobu, tu ganas. De todos modos creo que tienes razón. Creo que es hora de que haga algo respecto a Mitsuri―

―Perfecto―

Ambos salieron de regreso fuera de la propiedad, donde la Pilar del Amor esperaba pacientemente.

―¿Ya terminaron?―

―Perdona la tardanza, Mitsuri―

―No es nada―

―Muy bien entonces, nos veremos cuando nos veamos. Hasta pronto Shinobu― se despidió Kyojuro.

―Hasta pronto Kyojuro. Hasta pronto Mitsuri. Mucha suerte―

―¿Suerte?― preguntó confundida.

―Ya sabes. Para vencer a los demonios y lo que haga falta― replicó con inocencia.

―Ah, bueno. ¡Suerte a ti también! Avísanos en cuanto tengas fecha para tu boda con Tanjiro―

―Sí, lo haré―

Finalmente el grupo se separó, dejando a la doctora sola en el umbral de su finca, mientras que maestro y aprendiz se alejaban. Cando por fin desaparecieron de su vista, Shinobu entró a su hogar.

Aoi ya la esperaba dentro, con una carta de Tanjiro en mano.

―Llegó hace un par de horas―

―Muchas gracias Aoi―

―¿Escribes una respuesta en lo que termino de preparar la cena?―

―Por favor―

Después de una deliciosa cena, Shinobu le pidió a Aoi que la acompañara al patio.

―Dime Aoi, tú quieres mucho a Tanjiro. ¿Verdad?― preguntó Shinobu, como si aquello fuera la cosa más simple del mundo.

―Uhm… S-sí…― respondió una muy sonrojada Aoi.

―Y Tanjiro te quiere mucho a ti―

―Tanjiro quiere mucho a todo el mundo― replicó Aoi, sin entender cuál era el objetivo de esos comentarios.

―Quizás, pero estoy segura de que el vínculo que tienen entre ustedes es especial―

―¿Shinobu, a dónde quieres llegar en esto?―

―¿No te gustaría ser su segunda esposa?―

Shinobu se esperaba que Aoi diera un salto de sorpresa. O tal vez pondría cara de asombro y estupefacción. Quizás daría un cómico alarido.

Pero en lugar de eso, con toda seriedad, se puso de pie y se alejó de ahí.

―¿Aoi?― inquirió Shinobu, muy desconcertada por la reacción de la enfermera ―¿Aoi, escuchaste lo que dije?―

―Sí y no me gustan las malas bromas―

―Aoi, lo que dije no es una broma― dijo Shinobu, quien ya se encontraba siguiendo a Aoi.

La enfermera no respondió y siguió caminando.

―Aoi si no estás interesada, solo tienes que decirlo. No es para que te molestes―

Aoi de pronto se giró hacia Shinobu con rabia en los ojos y dolor en su voz

―¿Cómo me dices eso? ¡Claro que me gustaría ser su esposa! ¡Llevo enamorada de él desde la primera vez que vino aquí! Pero el jamás ha tenido ojos para mi. ¿Cómo te atreves… ¡¿Cómo te atreves a preguntarme si me gustaría estar con él, cuando él ya te tiene a ti?!―

―Si un idiota como Tengen puede tener tres esposas, entonces mi Rayo de Sol puede con dos― replicó Shinobu, poniendo sus manos en su cadera.

Su declaración casi le provoca un corto circuito al cerebro de la pobre Aoi.

―Aoi, estoy hablando muy en serio. Me gustaría que junto conmigo, te convirtieras en esposa de Tanjiro―

―Pero Shinobu… Eso es―

―¿Poco convencional?―

―Shinobu, ¿Qué interés podría tener Tanjiro en una mujer como yo, teniéndote a ti?―

Shinobu entendió entonces los motivos tras la mala reacción de Aoi. Se acercó a ella y la tomó de las manos.

―Aoi, ¿Qué disparates estás diciendo? Eres una mujer bellísima, trabajadora y virtuosa. Cualquier hombre estaría encantado de tenerte para él― premió la doctora.

―P-pero Shinobu, comparada contigo―

―Sigues siendo una bendición de mujer―

Shinobu acarició las palmas de Aoi con sus pulgares. La enfermera ya no parecía enojada, solo cohibida y dubitativa.

―Shinobu… ¿De verdad hablas en serio?― inquirió con incredulidad.

―Sí, hablo muy en serio. Te amo Aoi―

La enfermera miró anonadada a su superior al escuchar esas palabras.

―Eres como una hermana para mi. Alguien que me conoce muy bien y que a lo largo de estos años se ha encargado de cuidarme. Porque ambas sabemos que en el fondo soy un desastre―

―Sí, eso es verdad― se atrevió a bromear Aoi ―Pero aún así…―

―Aoi, ¿En serio piensas que Tanjiro va a decir que no? ¿Qué va a rechazarte?―

―Shinobu, es que no sé. Esto es―

―Repentino, lo sé. Pero la verdad es algo que he estado pensando en estos días. Si te soy sincera, hay otra razón por la cual me gustaría que formaras parte de este matrimonio―

―Y… ¿Cual sería?―

Shinobu liberó las manos de Aoi para poder posar su mano derecha sobre si vientre.

―Tú más que el resto comprendes las consecuencias que podría tener en mi salud haber tomado tanto veneno por tanto tiempo―

―Shinobu…―

―Es posible que desarrolle enfermedades crónico degenerativas de mi sangre o sistema renal, o peor, de ambos―

Aoi pudo notar como los ojos de Shinobu se volvía llorosos.

―Y por si eso no fuera poco, ni siquiera puedo estar segura de si seré capaz de darle a Tanjiro hijos sanos. Eso si soy capaz de concebir en primer lugar―

―Shinobu, no digas eso―

―Ambas sabemos que es cierto. Y ambas sabemos que Tanjiro es demasiado santo como para serme infiel o para, buscar una segunda esposa en caso que yo me adelante…―

Aoi comenzó a entender a donde quería llegar Shinobu.

―En cualquier caso, odiaría que Tanjiro se quedara atrapado con una mujer estéril que no le de hijos, o como un viudo cuya esposa lo dejó aún siendo él un hombre joven―

―¿Por qué me pides esto a mi? ¿Por qué no a Kanao?― inquirió Aoi, con genuina curiosidad.

Shinobu suspiró.

―Porque por mucho que ame a Kanao, ella no tiene la madures emocional para ser esposa de nadie. Tampoco la fortaleza emocional que tú tienes―

Aoi no ocultó el sarcasmo al responder ―Shinobu, me tiemblan las piernas solo de pensar en enfrentarme a un demonio―

―Y sin embargo, eres la única persona en todo el cuerpo de cazadores con valor suficiente como para decirme a la cara que he hecho algo estúpido―

Aoi se die un momento para pensar todo lo dicho por Shinobu.

Sabía bien que su maestra no la quería simplemente como "La segunda". Ni "El remplazo". Lo que ella proponía era que ambas fueran esposas de Tanjiro, al mismo nivel, sin diferencias de jerarquía ni ningún otro tipo. Sabía también, que de aceptar Tanjiro tampoco lo permitiría de ningún otro modo. Era demasiado noble para dar un trato preferencial.

La verdadera pregunta era ¿Podría funcionar? ¿Estaba Aoi en verdad interesada? Claro que había tenido un interés romántico por el joven Kamado desde aquella mañana en el patio de la finca.

Sus gentiles palabras abrieron las puertas de su corazón como un ariete de asedio.

Pero convertirse en su esposa…

―Si quieres, puedes tomarte un tiempo para pensarlo― propuso shinobu, viendo la pensativa expresión de Shinobu.

Aoi sintió ―Creo que sería lo mejor―

―¡SHINOBUUUUU!―

La conversación de las mujeres se vió interrumpida por un grito ensordecedor, lleno de pánico. Un grito de Mitsuri.

Corrieron a la entrada de la casa de donde venía el grito, al cual le siguieron muchos otros.

―¡Shinobu, Aoi! ¡Necesito ayuda!―

Cuando llegaron a la entrada, encontraron a la Pilar del Amor llorando ríos de lágrimas, mientras que en sus brazos cargaba a un inconsciente Pilar de la Flama.

―¿Qué sucedió?― preguntó Shinobu, mientras que Mitsuri recostaba a Kyojuro sobre el piso.

―El señor Renogku… él… él…―

―¿Es ese un chichón en su cabeza?― preguntó Aoi.

―Sí― respondió Aoi.

―¿Cómo fue que… ¿Mitsuri, qué rayos pasó?― cuestionó una muy confundida Shinobu, quien no entendía por qué Kyojuro no tenía ninguna otra herida ni señales de lucha. Ni por qué Mitsuri estaba toda roja.

―El señor Rengoku… ¡ME PROPUSO MATRIMONIO!―

―… ¿¡QUÉ COSA?!― gritaron maestra y aprendiz.

―¡El señor Rengoku me propuso matrimonio! ¿Qué parte no entienden?―

―¿Y eso qué tiene que ver con su estado actual?― dijo Aoi.

―¡Entré en pánico y lo golpeé en la cabeza!― confesó, echándose a llorar con mucha más fuerza.