Madrigal
Yo a tu lado no siento las horas que van con el tiempo
Ni me acuerdo que llevo en mi pecho una herida mortal
Yo contigo no siento el sonar de la lluvia y el viento
Porque llevo tu amor en mi pecho como un madrigal
"Madrigal" escrita por Jon Anderson y Rick Wakeman, interpretada por Danny Rivera.
Qué horror. Casi 6 meses de no actualizar esta cosa. Ni me voy a molestar en dar explicaciones porque no las tengo ni vienen al caso.
Total. Por fin estamos de vuelta con una nueva entrega.
Que lo disfruten.
La noche se había vuelto mucho más ajetreada de lo que Shinobu esperaba.
Luego de llevar a Kyojuro hasta una cama desocupada y diagnosticar que estaba fuera de peligro, la doctora y la enfermera se retiraron.
Deliberadamente eligieron un cuarto con dos camas, para que Mitsuri pudiera dormir en el mismo cuarto y montar guardia para su maestro. Shinobu y Aoi sabían que no podrían apartarla de su lado aunque lo intentaran.
―Muy bien, ahora sí. ¿Mitsuri, qué fue lo que pasó luego de que tú y Kyojuro se fueron?― inquirió la doctora, cruzándose de brazos frente a su amiga.
La pelirrosa no tardó en ponerse a jugar con sus manos.
―Pues… luego de que te dejamos, fuimos a cenar, pero en lugar de regresar a la casa del patrón para dormir, el señor Rengoku me preguntó si quería dar un paseo―
―¿Y luego?―
―… Tuvimos una cita―
―¿Cómo es eso?―
―Me llevó a pasear a la ciudad. Me compró algodón de azúcar. Vimos un concierto callejero, fuimos a un mirador a ver las estrellas… ¡Me compró flores!―
Mitusri se cubrió el rostro con ambas manos.
―Y durante toda la noche no paró de tomarme la mano―
Shinobu y Aoi se miraron la una a la otra.
―Pues definitivamente se oye a que tuvieron una velada romántica― dijo Aoi.
―¡Fácil para ustedes decirlo! Yo tuve que estar toda la noche con el corazón en la garganta― replicó Mitsuri.
―Mitsuri, no te entiendo. ¿Estás diciendo que lo pasaste mal?― inquirió Shinobu.
―¡NO! ¡Claro que no! ¡Fue la velada de mis sueños!―
―¿Y cuál es el problema?―
―¡No estaba emocionalmente preparada!―
La Pilar Insecto y su aprendiz guardaron silencio. Sintiendo un poco de pena por la angustiada Pilar del Amor. Pero también sintiendo vergüenza ajena.
―Pero bueno. ¿Y le respondiste al menos?― dijo Aoi.
Antes de que mitsuri pudiera ingeniárselas para responder tan complicada pregunta, el hombre a espaldas del grupo se le adelantó.
―No, no respondió―
Las tres mujeres se voltearon de regreso a la cama, para ver al Pilar de la Flama despierto.
―¡Tú!― gritó Shinobu, muy enojada.
―¿Yo?― respondió Kuyojuro, confundido de la reacción de su amiga.
La doctora se le acercó con pasos pesados y sin dudarlo le propinó un coscorrón en la cabeza. Del lado contrario a donde tenía su chichón por supuesto.
―¡Ow! ¡¿Y eso por qué?!―dijo Kyojuro, sobándose la cabeza.
―¡Te lo mereces por bruto! ¡¿Cuál es tu problema?! ¡¿Cómo se te ocurre hacerle eso a Mitsuri?!― regañó Shinobu, apuntándole acusadoramente con el dedo índice.
―¡Pero si fuiste tú la que me dijo que "Debía hacer algo al respecto"!― se defendió Kyojuro, lo que hizo sonrojar de vergüenza a Shinobu, al ser puesta en evidencia.
―¿Eso qué significa?― intervino Aoi, aunque fue ignorada.
―¡Sí, pero no te dije que le propusieras matrimonio esta misma noche! ¡Tú… tu… ¡Cabeza de fogata!― gritó fúrica, lista para darle otro golpe.
―¡Shinobu, basta! ¡Ya no le pegues!― gritó Mitsuri, rodeando a Shinobu con sus brazos para detenerla.
Shinbo intentó tranquilizarse. Una parte de ella quería sentirse culpable, razonando que debió anticipar que algo así podría pasar. Kyojuro era una persona con la mala costumbre de hacer todo literalmente y a la brevedad posible.
Además, tampoco es como que yo sea un gran ejemplo de una relación que se tomó su tiempo. No cuando mi Rayo de Sol me pidió matrimonio después de que estuviéramos una sola noche juntos.
―Está bien. Ya me calmé― dijo Shinobu, para que la pilar del Amor dejara de sostenerla.
―Bien, ahora explícame. ¿Cómo estuvo eso de que tú le dijiste al Sr Rengoku que "hiciera algo al respecto"?― dijo Mitsuri.
Shinobu suspiró ―Nada. Solo le dije que era muy obvio que estás enamorada y ya era tiempo de que hiciera algo sobre eso― volteó su acusadora mirada al pilar de la Flama, que seguía sentado en la cama ―Mi error fue subestimar su grado de locura, al no ver la posibilidad de que te propondría matrimonio esta misma noche―
―No me ha respondido por cierto― remarcó Kyojuro.
Lo que le ganó una mirada asesina de Shinobu, una de estupefacción por parte de Aoi y una de "Mi cerebro acaba de hacer corto circuito" por parte de Mitsuri.
―¡¿Es en serio?!― preguntó Shinobu.
―¿Qué? Después de todo, necesito saber su respuesta―
―… ¿Sabes qué? Tu ganas― dijo Shinobu, no queriendo hacer más bilis. Se volteó a su amiga de cabello rosa, cruzándose de brazos ― Mitsuri, dinos entonces tú respuesta. Si es que la tienes―
Mitsuri se puso a temblar como gelatina al volverse el objetivo de todas las miradas.
―Y-yo…Yo… He… Y-y-yo… Um―
Ya pobre chica solo supo balbucear incoherencias, como un disco rayado.
―Mitsuri si tu respuesta es no, solo dilo. No le debes nada a Kyojuro― presionó Shinobu.
―Shinobu está en lo correcto― dijo Kyojuro, ganándose nuevamente miradas desaprobatorias por parte de las especialistas en medicina ―Aunque me haría muy feliz si aceptaras. Y claro, si aceptas, tienes mi palabra de que haré todo lo que esté a mi alcance para que seas una esposa feliz―
Eso era todo lo que Mitsuri necesitaba escuchar.
Dejó de temblar, pero sus sobre cargados cerebro y corazón no le permitían pronunciar palabra.
―Mitsuri, respira, te vas a ahogar― dijo Aoi, agitándola un poco del hombro.
Mitsuri reaccionó y tomó una inmensa bocanada de aire.
―¡POR SUPUESTO QUE ME CASARÉ CONTIGO KYOJURO!―
El grito de Mitsuri fue tan potente que hizo vibrar el cristal en las ventanas de la habitación. Shinobu y Aoi habrían celebrado la exclamación de Mitsuri, pero estaban muy ocupadas tapándose los oídos y con tímpanos adoloridos.
Mitsuri finalmente recuperó la movilidad, así que corrió con todas sus fuerzas a los brazos del hombre de quien había estado enamorada desde hace años.
Kyojuro se puso de pie y extendió los brazos. Pero en su felicidad, omitió adoptar una postura más apropiada para recibir Mitsuri. Ya que lejos de caer suavemente en sus brazos y dar giros como hacen los enamorados en las películas, Mitsuri embistió a Kyojuro igual que un bisonte. Levándoselo de corbata y arrasando con la cama y el muro de la habitación.
―¡Hay por favor!― gritó Shinobu, viendo el enorme agujero en la pared creado por el cuerpo de sus amigos y la cama echa pedazos como si un tren se hubiera hecho paso por la habitación.
―¡Ups! ¡Lo siento mucho Shinobu! Perdí por completo control de mi fuerza― se disculpó la cazadora, mirando de vuelta a la habitación en la que dejó atrás.
―¿Kyojuro, estás bien?―
El mencionado no respondió. Estaba tieso, son boba expresión.
―Acabas de noquearlo por segunda vez― observó Aoi.
―¡Ahí, no! ¡LO SIENTO, KYROJURO!―
Luego de limpiar los escombros, con ayuda de las trillizas que fueron despertadas por los gritos de Mitsuri y el ruido de la pared siendo demolida, finalmente todos se retiraron a dormir.
―Mañana va a ser un desayuno interesante― bromeó Shinobu.
―Espero que no se queden a desayunar o esos dos van a masacrar nuestra despensa― respondió Aoi.
Se rieron un poco y siguieron caminando hasta llegar al punto donde debían separarse.
―Aoi, piensa en mi propuesta por favor― musitó Shinobu, una última vez.
Aoi se limitó a asentir con la cabeza.
Shinobu hizo lo mismo, aceptando su respuesta, y cada quien se retiró a su habitación.
La mañana siguiente, Shinobu se apresuró a alistarse y salir a revisar a sus amigos. Encontró a Mitsuri sentada junto a la cama de Kyojuro, custodiando sus sueños.
―Dime que dormiste un poco, por favor― dijo Shinobu, cerrando la puerta.
Las ojeras de Mitsuri no le dejaron mentir.
―¿Cómo hacerlo? Estoy tan nerviosa, emocionada, preocupada y por sobre todo, feliz―
―Sí, te entiendo―
―¿Pudiste dormir la noche que Tanjiro te propuso matrimonio?―
―¿La noche que dije que sí? Dormí como un bebé. La noche en que le dije que no, me quedé llorando hasta el amanecer―
Se rieron y Shinobu se sentó junto a Mitsuri.
―¿No vas despertarlo?― inquirió Mitsuri.
―Esperaba que tú ya lo hubieras hecho―
―No pude. Se ve adorable durmiendo―
―Sí. Casi no se nota que le falta un tornillo― bromeó la doctora.
―No digas eso. Especialmente después de cómo lo mandé a dormir dos veces anoche― dijo Mitsuri, angustiada, mientras se jalaba sus coletas.
―Se lo merecía después de haberte echo esperar por tanto tiempo― replico Shinobu.
―Hablando de eso― dijo Mitsuri poniéndose de pie para poder abrazar a Shinobu ―Muchísimas gracias―
Shinobu respondió el abrazo, gustosa.
―Solo estaba devolviendo un favor―
―Y te lo agradecemos― agregó Kyojuro.
Ambas mujeres voltearon a ver al hombre, quien se incorporaba para sentarse en la mesa. De inmediato, la cara de Mitsuri se pintó de rojo.
―Entonces. ¿Crees que esta vez puedas darme una respuesta sin noquearme?―
Shinobu resistió las ganas de darle a Kuyojuro otro coscorrón.
Mitsuri se echó a llorar, derramando lágrimas de todas las emociones habidas y por haber.
―S-sí…― musitó, mientras temblaba de pies a cabeza. No por miedo, ni nervios. Sino porque se encontraba conteniendo su incalculable alegría ―Nada en este mundo me haría más feliz que ser tu esposa―
Kyojuro se puso de pie. Caminó hasta su ahora prometida y la envolvió dulcemente en sus brazos.
Mitsuri se derritió.
―Perdóname si te hice esperar mucho tiempo―
Mitsuri lo abrazó y negó con la cabeza, secando sus lágrimas contra su hombro.
―¡N-no, no es tu culpa! Tu fuiste el único que siempre creyó en mí. Tú fuiste quien me enseñó cómo convertir mi fuerza en una bendición para mí y para todo el mundo―
Sabiendo que se venían un mundo de confesiones y promesas de amor, Shinobu decidió salir en silencio de la habitación.
Afortunadamente para la alacena de la finca Mariposa, los nuevos novios decidieron no quedarse a desayunar. En parte porque sabían que dejarían completamente extinta la despensa del hospital y en parte porque Kyojuro quería ir a darle la noticia personalmente a su hermano menor.
―¡Muchisimas gracias por todo! ¡Ojalá podamos vernos pronto!― dijo Kyojuro.
―Lo mismo digo. Me habría gustado ver la cara del resto de los pilares cuando se enteren― respondió Shinobu.
―Shinobu, tuve una idea. ¡Deberíamos hacer una boda doble! ¡Reunirnos para una sola ceremonia donde tú te cases con Tanjiro y yo con mi Kyojuro!― dijo Mitsuri, tan emocionada que casi se podían ver brillar sus ojos.
―Eso… sería encantador. Pero tendré que hablarlo primero con Tanjiro―
―Creo que el joven Kamado estará de acuerdo. Pero, veremos qué pasa― replicó Kyojuro.
―Si, y sin presiones. Es solo una idea. Si ustedes prefieren casarse en su propia ceremonia, por su cuenta, están en todo su derecho― añadió Mitsuri, que por mucha ilusión que le hiciera la idea de una boda doble, no quería para nada imponer sus ideas sobre sus amigos.
―Lo entiendo Mitsuri, gracias. Anda, es mejor que se vayan y le den a Senjuro las buenas noticias. No sea que en cualquier momento vendrá un cuervo a asignarle una nueva misión a Kyojuro―
―Tienes razón como de costumbre Shinobu― dijo Kyojuro para luego tomar la mano de su prometida, quien se puso roja como una camelia ―¿Nos vamos, Mitsuri?―
―Te seguiré a donde sea, mi amado Kyojuro―
La pareja se marchó y Shinobu regresó al interior de su hogar, donde Aoi la estaba esperando con una charola que contenía los insumos del tratamiento de la doctora.
―¿Qué haría yo sin ti, mi querida Aoi?―
―Serías un desastre todavía más grande― respondió la otra.
Shinobu deseaba preguntar si Aoi había seguido pensando en la propuesta que Shinobu le hizo la noche anterior, pero decidió darle más tiempo. No tenían tanta prisa.
Pasaron un par de días más hasta que el tercer atardecer trajo de vuelta a Tanjiro y compañía.
―¡Estamos de vuelta!― gritó Tanjiro al abrir la puerta.
Shinobu corrió a la entrada al escuchar la voz de su prometido y sin dudarlo, se lanzó a sus brazos
―¡Bienvenido a casa, mi Rayo de Sol!― gritó la novia, llena de alegría.
―¡Es bueno estar en casa, mi Rayo de Luna!― respondió el novio, igual de contento, mientras giraba con ella en brazos.
Zenitsu pasó de largo de la pareja, hacia el interior de la casa. En parte para evitarse la envidia de ver a la feliz pareja. En parte porque tenía ganas de darse un buen baño.
El grupo degustó una deliciosa cena. Shinobu se sintió bendecida al ver su enorme familia compuesta reunirse para cenar.
Los cazadores compartieron historias de sus aventuras y vivencias de los últimos días.
Aunque el tema principal fue recibir invitaciones para la boda de Kyojuro y Mitsuri.
―¿Soy el único que no vio venir eso?― preguntó Tanjiro.
―Créeme, ni siquiera Mitsuri lo vio venir― respondió Shinobu.
―¿Tú tuviste algo que ver en eso?― la cuestionó su novio.
―Solo les di un empujoncito, nada más. Muy alejado de la locura que nuestros amigos hicieron para ayudarnos a nosotros―
―¿Y ustedes dos cuando piensan casarse?― preugntó Zenitsu.
―Oh, nosotros no tenemos prisa. El matrimonio es solo una formalidad, en este punto― respondió Shinobu.
Tanjiro se limitó a asentir con la cabeza. En efecto, el joven no sentía ningún apuro por volver a la doctora formalmente su esposa.
Tan solo con saber que eran el uno del otro era más que suficiente.
Tampoco tenía prisa por tener hijos, por lo que ciertamente no tenía ninguna prisa.
Lo que no sabía, era que Shinobu tenía sus propios planes de una boda doble.
Cuando se retiraron a dormir, Tanjiro recordó acompañar a su prometida a su habitación.
―¿Compraste una cama más grande?― preguntó Tanjiro, al ver que el mueble era mucho más amplio de lo que recordaba.
―Sí. Esta es una cama matrimonial―
Guiado de la mano por su novia, la pareja se subió a la cama.
―Estos días sin ti se sintieron eternos― musitó Shinobu una vez que terminó de acurrucarse entre los brazos de su prometido.
―Sé a qué te refieres― respondió Tanjiro, para después depositar un beso sobre los cabellos de su amada ―Pienso en ti todo el tiempo―
―Yo también. Y rezo mucho para que vuelvas a casa sano y salvo―
―Hablando de salud, ¿Cómo va tu tratamiento? No quise decir nada durante la cena, pero te vez algo diferente―
Shinobu se acomodó para poder ver de frente a Tanjiro.
―¿Tratas de decir que me veo demacrada?― preguntó, fingiendo estar ofendida.
―Yo jamás diría eso― respondió Tanjiro, en tono juguetón, para después robarle un beso a su novia.
Shinobu lo miró sorprendida y sonrojada. No lo podía creer. Tanjiro volvió el intento de coqueteó de Shinobu en su contra.
―Esa maldita nariz tuya― replicó, abrazándolo con más fuerza.
―¿Shinobu, estás bien?― volvió a preguntar Tanjiro, en un tono más serio.
―Sí, no hay nada de qué preocuparse. Como consumí veneno por tanto tiempo, es de esperar que al detener la ingesta sufra alguna descompensación. Pero hasta ahora solo han sido unos cuántos mareos y desórdenes de sueño. Nada de qué preocuparse― explicó calmadamente la doctora.
―¿Y las manchas a en tu piel?―
―Seguirán ahí un tiempo más. Aún no llegan las hierbas que pedí del extranjero. Con ellas podré preparar un tratamiento de limpieza hepática y renal―
―Ajá… ¿Eso es…―
―Limpiar mi hígado y riñones―
―Claro… ¿Eso cómo a afectar las manchas en tu piel?―
Durante los siguientes diez minutos, Shinobu se dedicó a darle a su prometido otra lección de medicina.
―Lo sabes todo. Como te amo mi Rayo de Luna― suspiró Tanjiro, seguro de que la que tenía en sus brazos era la mujer más extraordinaria de todo Japón.
―Gracias m Rayo de Sol. Aunque debes saber qué esa es la parte del tratamiento donde es probable que la cosa se ponga fea―
Tanjiro notó de inmediato los cambios en el aroma y el tono en la voz de Shinobu.
―¿Qué quieres decir?― inquirió con aprensión.
―Tanjiro, ya te lo he dicho. Incluso si lo hice de forma segura, probar veneno por tanto tiempo es malo para la salud. Ese veneno ha estado en mi cuerpo y mi sangre por mucho tiempo. No será fácil sacarlo―
Shinbou sintió a su prometido abrazarla con más fuerza.
―¿Pero vas a estar bien, verdad?― inquirió, nervioso.
―Es difícil saber―
―Por lo menos dime que no vas a morir―
―Todos morimos tarde o temprano, Tanjiro―
―Shinobu, por favor― suplicó el pelirrojo, al borde del llanto.
Shinobu se abrazó con fuerza a su prometido.
―Shhh. ¿Recuerdas que prometimos ya no mentirnos nunca más? Decirte que voy a vivir no sería mentirte. Pero sería hacer una promesa que tal vez no esté en mis manos cumplir. Tan solo te puedo asegurar que no tengo intención de irme a ningún lado―
―Eso espero. Porque no me quiero imaginar qué será de mi si te pierdo otra vez―
―El sentimiento es mutuo―
―¿Qué harías tú, si yo llegara a morir en combate?―
Tanjiro se mordió el labio luego de hacer semejante pregunta. No quería que Shinobu tuviera que pensar en eso. Pero no pudo evitar expresar su curiosidad.
La doctora respondió con naturalidad.
―Ya te dije que la Luna no puede brillar sin el Sol. Si te perdiera, probablemente me marchitaría de tristeza y me sentaría a esperar la muerte―
―Shinobu por amor de…―
―Pero tú mi amor, eres un Sol. No tengo duda de que sin importar lo que pase tú siempre brillarás―
Tanjiro desvió la vista lejos de Shinobu, para que ella no pudiera ver sus ojos llorosos. Shinobu no tardó en percatarse de esto.
―No estoy seguro de poder cumplir con esas expectativas―
Shinobu se ajustó su postura para ganar altura y llevó su mano izquierda al rostro de su prometido, para obligarlo a verla a la cara.
―No son expectativas, mi amor. Son mis deseos. Deseo que incluso si yo llegara a faltarte algún día tú puedas seguir viviendo y brillando―
Se acercó a él y lo besó en los labios. Un beso largo y tierno para reconfortar a su amado.
―Pero no es necesario pensar en eso ahora. Estamos juntos. Y aunque llegue el día en que nuestros corazones den su último latido, el amor siempre será nuestra guía. Donde quiera que vayas, mi alma encontrará la tuya―
Tanjiro se incorporó de golpe, envolvió a su prometida en brazos y reclamó sus labios en un apasionado beso. Shinobu se dejó amar, y correspondió mostrándole a Tanjro todo su cariño.
Quedaron acostados lateralmente sobre la cama, mirándose a los ojos.
―Cuando estoy contigo, siento que todo es posible― musitó Tanjiro.
―Cuando estoy contigo sé que nada es imposible― dijo Shinobu sonriendo.
Volvieron a besarse. Shinobu dejó caer su cuerpo sobre el de Tanjiro. Shinobu rodeó la espalda de su amada con sus brazos, lo que le permitiendo sentir los senos de ella aplanarse contra su pecho.
Los besos de Tanjiro subieron la intensidad. Sus tiernos roces de labios de la pareja se volvieron una batalla campal a la que se unieron sus lenguas. Y al fuerte abrazo con el que envolvía a su novia, le agregó un apretón de su nalga izquierda.
Shinobu cortó la cadena de besos y se incorporó.
Antes de que Tanjiro pudiera preguntar si había hecho algo malo, Shinobu se sentó a horcajadas sobre él y deshizo el nudo del cinturón de su yukata.
Tanjiro tragó saliva. Shinobu sonrió.
―Dime Rayo de Sol. ¿Puede tu nariz decirte qué es lo que quiero ahora?― susurró seductoramente, haciendo movimeintos con el cuerpo que le permitieran frotar su sexo contra el vientre de su amado.
El pelirrojo sonrió nerviosamente.
―Mi Rayo de Luna quiere que hagamos el amor―
―Ajá. ¿Vas a portarte bien y darle a tu novia lo que quiere, o me vas a hacer suplicar?―
Shinobu estaba disfrutando el control que tenía sobre la situación.
Tanjiro se armó de valor. Metió sus manos bajo la falda de la yukata de Shinobu, rozando sus piernas con la yema de sus dedos en dirección a la retaguardia de la cazadora, hasta que pudo enterrar sus dedos en los carnosos glúteos de esta.
―Jamás le negaría a mi Rayo de Luna una petición así―
Shinobu sonrió y se encorvó para poder volver a besar a su amado.
―Que bueno. Porque no tenía intenciones de aceptar un no por respuesta―
Volvió a besarlo mientra Tanjiro siguió masajeándole las nalgas.
Iba a ser una feliz y larga noche.
