Capítulo 1

Bajo Ataque

RITSUKO

Cuarteles de Nerv. Laboratorios de Investigación y tecnología.

El laboratorio era una tormenta de actividad y en medio de todo, quieta como una estatua, se encontraba Ritsuko. Observando. Pensando.

Las luces de emergencia tiñeron al laboratorio de un color carmesí, que parecía pintar al personal con sangre. Mientras ella supervisaba a su equipo con un semblante calmado, se percató que no necesitaba ver sus pantallas para conocer el estado del contra ataque. Sus rostros le decían todo lo que ella necesitaba saber.

La batalla no era militar pero no por eso era menos peligrosa. Si el ciber ataque tenía éxito, podrían filtrarse bases de datos, tecnología o secretos demasiado peligrosos para el mundo.

El sistema MAGI se encontraba desplegado al máximo de su potencia. Las funciones más superfluas de los servidores se encontraban desactivadas y eso solo dejaba en línea el control de tráfico, las alertas de emergencia y el programa de control de energía eléctrica.

Una casi imperceptible sonrisa se dibujó en los labios Ritsuko, mientras pensaba en la gente que dormía tranquila, sin siquiera imaginar lo que podría pasar si no lograban defenderse.

Maya alzó la voz, cansada pero con firmeza y autoridad.

—¿Cómo van los puertos externos? ¿El firewall? ¿Hemos aislado las zonas más importantes del sistema?

Los operarios respondieron casi todos a la vez, afirmando y reportando sus situaciones. Maya, entrenada por Ritsuko desde que llegó a NERV, pudo captarlo todo. La doctora casi podía ver los engranajes en la cabeza de su aprendiz, girando a toda máquina.

Luego de unos minutos, Ritsuko fue hasta la cafetera, presionó un par de botones y puso su taza en el aparato mientras encendía otro cigarrillo.

Ya les había dado tiempo suficiente para foguearse contra esa clase de situaciones.

Quizá era la costumbre pero no sentía el pánico que era palpable en el ambiente y muy visible en los rostros de sus subordinados. ¿Qué estarían pensando? ¿Que los despediría si cometían un error? ¿Que irían a prisión?

Ritsuko sabía que nada de eso ocurriría a menos que hicieran algo mal en exceso como borrar una de las bases de datos por error. Pero aún así no intentó tranquilizarlos, era necesario que su departamento funcionara siempre con eficacia. En especial bajo presión y para eso necesitaba entrenarlos.

Miró de soslayo a su aprendiz y pudo notar que, a pesar de los años trabajando con ella, seguía mostrándose algo asustada cuando una de estas crisis ocurría. ¿Habría sido así ella cuando era más joven?

Estaba segura que si. La tutela de su madre fue estricta y exigente. El comandante, aunque solía ser más educado y comprensivo de lo que muchos creían, podía ser un muro de hielo cuando se cometía un error catastrófico.

No. Eso no era correcto. Lo era cuando se cometían errores estúpidos o que podían haberse prevenido. Y no era un muro de hielo, eran dos, cerrándose poco a poco hasta aplastarte con su afilado intelecto e inclementes decisiones.

El resto de su personal continuaba reportando los movimientos del enemigo, cada intento de romper su seguridad y las formas en las que desplegaban métodos para detenerlos o contra atacar.

Ritsuko se limitó a terminar su cigarrillo, tomó su taza ya llena y regresó a su escritorio, en donde se sentó y retiró el cabello de su rostro, pasándolo por detrás de sus orejas. Luego presionó unos cuantos comandos con la velocidad que le otorgaba la experiencia.

La gran pantalla de su laboratorio, la que ocupaba casi un tercio de una pared y que mostraba el estado de los sectores de la MAGI, se encendió con una luz ámbar. De pronto, en lugar de los tres sistemas ya conocidos por el personal, apareció un cuarto sector. Este se fue llenando y mostrando actividades rutinarias, como respaldos de las bases de datos, salvaguardando archivos con severos niveles de encriptación y cerrando sus conexiones a otros servicios externos innecesarios o menos seguros.

La sala se quedó en total silencio. Solo Maya volteó a verla con una expresión de pánico e incredulidad.

Ritsuko solo sonrió, escuchando el eterno sonido de las máquinas en NERV. Eran un profundo movimiento sordo, pesado e invisible que provenía de los tanques de mantenimiento de las unidades EVA. Aquel murmullo era más una reverberación quieta y perdida que se podía sentir, más que escuchar, a través de las paredes en todo el cuartel general. Pero sobre todo en los laboratorios. Especialmente en el de ella.

La voz de Maya tembló.

—¿Doctora Akagi?

Claro. Para alguien que no entendía, lo que acababa de hacer parecía una retirada suicida. La creación de un refugio desesperado de información en donde se iba a meter todo lo más importante antes de cortar los cables con un hacha o algo así, de manera que el atacante no pudiera llevarse nada. Y al mismo tiempo revelando al enemigo el lugar en el que estarían las cosas más valiosas y que debían salvarse como prioridad.

Era un dulce y delicioso jarrón de miel que estaba llenándose a los ojos del enemigo. Y justo como Ritsuko esperó, en ese "sistema improvisado" se empezaron a ver sectores teñidos de rojo, en emergencia y bajo ataque. El asedio se volvió feroz y los servidores de aquel pequeño sistema parecían incapaces de detener el ataque.

La voz de Maya sonó aún más desesperada, la muchacha se acercó a su escritorio.

—¿¡Doctora!?

Ritsuko le sonrió y sin decirle nada tecleó un par de veces más y le señaló la pantalla con una cabeceada.

Todos los operarios se giraron para ver.

Las alertas no paraban de sonar y mostrar cuadros de mensajes en la pantalla.

"ARCHIVO COPIADO" "ERROR DE SECTOR EN DISCO" "DATOS CORRUPTOS" "INFORMACIÓN NO ENCONTRADA" "EL SISTEMA NO RESPONDE" "BASE DE DATOS BORRADA"…

Y luego de unos segundos… todo se quedó quieto. Muy quieto. El cuarto sistema pareció morir digitalmente a ojos de todos y las alertas del ataque se desvanecieron una por una. Podía leer la misma pregunta en el rostro de todos: "¿Habían perdido?"

Antes de que Maya dijera algo, Ritsuko se puso de pie y miró a su personal.

—Conéctense a la matriz principal de MAGI —dijo con un tono de voz calmado, su autoridad no necesitaba de gritos— todos. Solo a través de un canal seguro y rastreen las señales del cuarto sistema. Eso nos dirá desde donde estaban atacándonos sin importar cuanto se escondan.

Los teclados volvieron a la vida. Incluso Maya corrió hasta su escritorio a un lado del de ella y atacó con furia su terminal.

Murmullos de preocupación se alzaron entre sus subordinados y luego de unos momentos esos mismos murmullos fueron reemplazados por otros más seguros.

Maya se acercó de nuevo hacia ella y apoyó una cadera en el escritorio de la doctora. Contra la luz de su pantalla se veía muy bien en ese uniforme.

—Por un instante pensé que íbamos a darlo todo por perdido.

Ritsuko le guiñó un ojo y Maya parpadeó con un ligero nerviosismo. Ritsuko hizo como que no se dio cuenta mientras se quitaba la bata blanca del laboratorio y la dejaba encima del respaldo de su silla.

—Aquí en NERV nunca perdemos. Y menos cuando tenemos a las MAGI de nuestro lado. ¿Entendiste lo que hice?

—Una "Trampa de Miel" —murmuró Maya mirando fijamente la bata de Ritsuko— un sistema falso que parece real pero que nos permite atraerlos, rastrearlos e infectarlos nosotros a ellos mientras piensan que están ganando.

—Correcto. Muy bien Maya.

Con unos cuantos comandos más, Ritsuko levantó todos los protocolos de seguridad de la MAGI al máximo e incrementó la frecuencia en la que se iban a hacer diagnósticos y respaldos de la información, cerrando por completo todos los puertos que podían ser vulnerables.

El ataque había sido, por fin derrotado, pero al día siguiente tendría bastante papeleo que llenar. Aquello no le hacía mucha ilusión.

Uno de los técnicos se puso de pie entre los trabajadores. Yamada, si la memoria no le fallaba. Era un hombre alto, fornido y con la espalda como un roble. Muy serio en el trabajo, pero gentil y de buen humor cuando era posible. Traía una hoja de papel con algunas líneas impresas.

—Doctora Akagi… La MAGI ha obtenido el resultado del rastreo.

—Ah, excelente, déjame verlo.

Yamada le entregó el papel, Ritsuko lo leyó y la última línea le hizo soltar una breve carcajada.

—Al gobierno chino le va a encantar saber quienes intentaron atacarnos. Y a ellos no les va a gustar nada lo que han "robado" —comentó Ritsuko en voz alta, para que todos la pudieran oír.

Las voces en el laboratorio se alzaron entre comentarios de incredulidad y celebración.

—¿Qué es lo que había en los archivos que se llevaron? —preguntó Yamada con una sonrisa amplia y brillante.

—No mucho. Todo estaba encriptado con el estándar más alto de la MAGI, lo cuál los haría rabiar y gastar recursos importantes para poder descifrarlos.

—¿Y luego? ¿Cuando los lleguen a abrir? —preguntó Maya con una risita amenazando con filtrarse entre sus palabras.

—Múltiples virus, troyanos, puertas traseras, comandos remotos para robar proyectos y archivos que puedan ser encontrados, de todo, la verdad. Creo que hay incluso unos comandos para freír los núcleos de las computadoras infectadas. Si se atrevieron a meterse con nosotros no vamos a frenar nuestros golpes.

Yamada silbó y luego soltó una carcajada.

—Recuérdeme nunca enojarla, Doctora.

Ritsuko agitó una mano sonriendo y luego se aclaró la garganta, llamando la atención de su personal con un par de palmadas al aire.

—Si bien este ataque fue previsto y contrarrestado con eficacia gracias a nuestro trabajo de inteligencia y a nuestra habilidad técnica, no quiero que se duerman en sus laureles y piensen que somos invulnerables. Manténganse siempre alerta. Maya coordinará capacitaciones y certificaciones de seguridad informática, además de reforzar los protocolos de seguridad en toda la base. No podemos bajar la guardia con el proyecto EVA casi por empezar la etapa de pilotaje activo.

Las voces se alzaron en diferentes tonos pero todos de afirmación. Entonces Maya se puso al lado de la doctora y alzó una mano, llamando la atención.

—Por ahora eso sería todo. Ya es tarde, vayan a casa, descansen y mañana pueden entrar con el horario compensado, por las horas extra que se quedaron esta noche.

La gente empezó a irse, recogiendo sus cosas y dejando sus escritorios ordenados como Ritsuko siempre les exigía. Todos al salir le dedicaban una leve reverencia a modo de respetuosa despedida y la doctora correspondía con un gesto similar. Pudo notar por el rabillo del ojo que Maya hacía lo mismo.

Luego, cuando ya solo quedaron ella y su aprendiz, la doctora alzó una ceja hacia Maya, sonriendo.

—¿Bajo qué autoridad relaja el horario de trabajo de mis subordinados, teniente Ibuki?

—Bajo la suya, por supuesto, —respondió Maya con un ligero tono de desafío y nerviosismo— ya que debería ir a dormir usted también. Hemos trabajado con la tensión del ataque desde hace siete horas y estamos todos cansados. Si, la estoy incluyendo a usted también.

Ritsuko bebió todo lo que quedaba de su café, ya frío. Luego se acercó a Maya hasta invadir un poco su espacio personal y le miró a los ojos.

—Nunca pensé que me enviaría a la cama con tanta firmeza.

Los ojos de Maya se fueron abriendo poco a poco hasta que parecía que se iban a salir. Sus mejillas se tiñeron con un rubor adorable y tragó saliva aunque no retrocedió. Sus labios se movían como si quisiera decir algo pero no sabía qué.

Ritsuko dejó escapar una leve risa y puso en las manos de Maya el papel que le dio Yamada.

—Iré a descansar una vez termine de cerrar el proceso y restaurar las funciones completas de la MAGI. Por ahora te relevo de tus funciones. Ve a dormir Maya, hiciste un buen trabajo hoy.

Le habló con amabilidad pero también con un tono de voz que no admitía réplicas.

Maya pareció recobrar un poco la compostura aunque su pecho subía y bajaba con rapidez. "Un día de estos," pensó Ritsuko, "voy a besarla solo para ver si se desmaya."

—S… ¡sí doctora!

Su aprendiz balbuceó algo, ordenó su escritorio y apagó su terminal de trabajo antes de ir hasta la puerta del laboratorio.

—Bu… buenas noches doctora Akagi.

—Buenas noches Maya, que descanses.

Maya se quedó un momento de pie en el umbral de la puerta, viéndola a los ojos antes de asentir con una temblorosa sonrisa y salir.

Ritsuko se dejó caer en su silla y encendió otro cigarrillo.

Tras unos momentos, la iluminación normal del laboratorio regresó una vez que la MAGI consideró que el estado de emergencia ya no estaba en efecto.

Una luz blanca casi cegadora iluminaba toda la estancia, sin importar la hora del día pues no había ventanas. Ahora que estaba sola pudo notar que el aire olía a desinfectante.

Cada superficie en su laboratorio era de metal, cerámica o plástico, todo estaba pulido, impecable, cargado de herramientas, documentos y cosas por hacer. Era horrible y claustrofóbico para la mayoría pero para Ritsuko era casi como su hogar.

La cafetera emitió un agudo pitido otra vez y la luz roja de su tablero se encendió, indicando que el brebaje estaba listo para ser servido. El exquisito aroma que se esparció por el laboratorio hizo que el olor a limpiador sea mucho más tolerable.

Ritsuko se alejó de su escritorio y se estiró cual gato, alzando las manos por encima de su cabeza, con el rostro apretado en una mueca.. Estaba a punto de dar un paso hacia la la mesa del café cuando un tono de advertencia brotó de su pantalla.

En su terminal de trabajo había un mensaje en el centro. Un simple bloque rectangular rojo con letras blancas dentro.

"SECTOR DE INFORMACIÓN NO INSPECCIONADO EN MAGI BALTHAZAR. ¿DESEA CORRER UN DIAGNÓSTICO DEL BLOQUE DE DATOS? SI / NO."

La noche iba a ser bastante más larga de lo planeado.

Llenó su taza de café, volvió a su puesto de trabajo y empujó la silla con la cadera, para que rodara hacia la pared. No tenía ganas de estar sentada otra vez. Bebió un poco, dejó la taza en el posavasos con ilustraciones de gatitos durmiendo y le dio una calada a su cigarrillo..

La MAGI llevaba un control obsesivo y estricto de toda la información y sus bases de datos eran una obra de arte de precisión, optimización y seguridad. Era como una biblioteca perfectamente organizada y un sector no inspeccionado se sentía como si ella, caminando por una biblioteca, encontrase un libro nuevo y sin registrar en medio del suelo.

Una fina línea se dibujó entre las cejas de la doctora. Sin pensarlo pateo sus zapatos y estiró las piernas bajo su escritorio, posando los talones sobre una caja de papeles.

Sus deducciones la llevaron solo a dos posibilidades. La más probable era un error de algún disco duro que generó información corrupta y la MAGI lo leyó como sector nuevo. La menos probable, más preocupante e intrigante era que alguien haya metido archivos en la MAGI sin que esta lo pudiese rastrear y catalogar, durante el ataque, en los momentos en los que los recursos del sistema estaban enfocados en repeler el hackeo.

Teniendo en cuenta que la MAGI podía infiltrarse en casi cualquier sistema a nivel global y obtener información permitida o no, decidió que no podía correr riesgos.

Presionó el botón de "SI" en el cuadro de la alerta y una luz ámbar se encendió en su tablero de control, indicando el mantenimiento rutinario de los sistemas y el cambio de un modo de "Proceso regular" a "Diagnóstico".

Otra ventana apareció en su terminal y Ritsuko apagó lo que quedaba de su cigarrillo en el cenicero. Ya estaba casi lleno.

"DIAGNOSTICO Y MANTENIMIENTO EN CURSO. ESPERE A QUE TERMINE EL PROCESO ANTES DE HACER OTRA COSA, POR FAVOR."

Ritsuko se encontró a si misma sonriendo. Estaba apunto de desviar sus pensamientos hacia otro lado pero no era capaz de mentirse a si misma. Si ese diagnóstico era estándar, a las siete de la mañana terminaría y por ende, Maya, llegaría para pasar toda la mañana a su lado, trabajando en silencio, bebiendo café y escuchando alguna de sus canciones favoritas.

Ah y también regañándola por no haber dormido.

Una noche sin dormir se le hacía un precio justo.

De pronto su terminal personal se encendió con el mensaje de "LLAMADA ENTRANTE" parpadeando en una esquina.

Ritsuko vio el nombre, revoleó los ojos y presionó el botón de aceptar conexión. Al instante la imagen en vivo de una atractiva mujer de largo cabello negro apareció sonriendo.

—Hola, Misato. ¿Qué haces despierta a esta hora?

—¡Ritsi! Qué gusto escucharte, ¿puedo hacerte la misma pregunta?.

—También es todo un gusto, Misato. Estoy trabajando, por supuesto.

—¿Qué tal resultó el ataque? ¿Los pusiste en su lugar?

Ritsuko conocía a Misato. La mujer no dejaba que creciera moho en su cabeza y no le sorprendió que supiera del ataque. Le preocupó, pero no le sorprendió.

—Espero que no se lo hayas estado comentando a otras personas, Misato.

—Claro que no, lo que yo averiguo es solo para mi.

—¿Y para mi?

—Claro que si, sabes que no hay secretos entre nosotras.

Un delicado y frágil dolor se asentó en el corazón de Ritsuko. Uno que estaba acostumbrada a ignorar pero que no por eso era fácil hacerlo. Si tan solo Misato supiera.

Aún así sonrió y respondió rápido, con un tema que sabía que iba a fastidiar a su mejor amiga.

—¿Ah sí? Entonces ¿me vas a contar por fin por que terminaron tú y Kaji?

Misato hizo un ruido de arcadas y soltó algunos gruñidos más dignos de un camionero que de una joven mujer en edad de matrimonio.

—Por que es un idiota, eso no es un secreto.

—¿Ah si? ¿De verdad fue por eso?.

—¡Ritsi!

Misato exclamó su nombre con un tono que era una mezcla entre broma y advertencia, Ritsuko conocía bien a su amiga y decidió no presionar más el tema. Sin pensarlo mucho tecleó y desplegó una ventana con información en frente de ella.

—¿Qué haces en la estación de simulaciones? —preguntó Ritsuko, algo intrigada—¿Tienes a Soryu entrenando a esta hora?

—Tácticas de guerra nocturnas. Quiero enseñarle que no todo es correr, atacar, gritar y disparar con ametralladoras.

Por lo que sabía de la segunda niña… eso no era ninguna exageración.

—Creo recordar algunos de sus recientes resultados en el simulador —dijo Ritsuko— su puntería… podría mejorar.

—Gracias por la amabilidad. Y bueno, su instructor anterior fue un soldado americano y ya sabes lo que pensaba.

—Suficientes balas acaban con lo que sea.

—Y ni una pizca de elegancia al respecto.

—A mi tampoco me caía bien. Cuando vino a conocer las instalaciones quiso propasarse con Maya. El comandante Ikari parecía que iba a comérselo vivo. Por eso le dieron de baja.

—¿Se metió con tu asistente? —preguntó Misato en un tono infantil y lleno de insinuaciones para nada apropiadas.

—Córtala ya.

—Uy, ¿toqué un tema delicado?

Misato rió. Era contagiante y energizante. De pronto ella misma se sintió tentada a sonreír. Como Ritsuko no respondió y se limitó a mirarla con el ceño fruncido, Misato continuó.

—¿Algún día piensas… no se, darle alguna capacitación en privado Ritsi?

—Eso es muy inapropiado, Katsuragi. Dije que cortes el tema. Ya. O haré que te transfieran a la antártica.

Eso pareció dar en el clavo.

—¡Ritsi! ¡No serías capaz! —exclamó Misato con un falso gesto de angustia.

—Oh claro que si. Y ¿esa promoción que tanto estás buscando? Puff, se irá como la niebla en la mañana.

—Eres una mujer cruel y despiadada.

—Si. Lo soy. Pero solo contigo.

Ambas rieron, era una danza que ya conocían y llevaban años bailando. Desde la universidad, de hecho. Entre bromas e indirectas podían entenderse bastante bien. Quizá la edad que tenían y las responsabilidades que cargaban las había unido en los últimos años, a pesar de la distancia. A pesar de los secretos.

Decidió que era un buen momento para por fin darle la pequeña sorpresa a Misato y despejar las dudas que su amiga podía tener sobre el nuevo puesto de Jefe de Operaciones Tácticas en NERV Japón.

—Hablé con el comandante sobre tu ascenso. Le mostré tu solicitud y le conté sobre ti. Le di mi recomendación personal.

—¡Ritsuko!

—¿Qué?

—Eh… es que… Se que te gusta seguir el protocolo. No me esperaba que tú hicieras eso. No sin antes decirme.

—Misato, por favor.

—¿¡Que!?

—No hay nada de malo en dar mi recomendación honesta. Además, si te ascienden podríamos trabajar juntas otra vez y se que no vas a defraudar al comandante.

—¡Por supuesto que no!

—¿Y sabes cómo lo se?

—Eh… Siento que es una pregunta con trampa.

—Lo sé porque si lo defraudas, eso me hará ver mal y si lo haces te pondré tantas deudas en el sistema que trabajarás hasta los noventa años.

—¡No bromees con eso, sabes lo mucho que me cuesta llevar mis cuentas y controlar mi economía!

—Si bebieras menos…

Misato se largó a decir un montón de cosas en un tono agudo de desesperación. Nada real, solo hacía drama por que así era ella. Era su forma de agradecerle sin decir nada. Sin hacerlo muy personal.

—De verdad espero que te acepten para transferirte. Ser jefa de Operaciones Tácticas es uno de los rangos más altos en NERV.

—¡Lo se! Y no me preocupa el trabajo, se que puedo —respondió Misato con un destello de orgullo en la voz.

—¿Pero…?

—Pero sí me preocupa Asuka. Está pasando por una adolescencia difícil. Detesta a su padre…

—¿Y q uién no?

—Detesta a su madrastra…

—También me cae mal. Esa mujer cruzó una línea, sedujo al esposo de la mujer que ella tenía bajo sus cuidados en el hospital, dejando de lado a una niña que a todas luces necesitaba a su madre y su familia unida.

Misato asintió con energía ante sus palabras.

—El tipo es un cerdo y ella es una p…

—Misato… —murmuró Ritsuko en tono de advertencia, entre dientes. Aún así no lo decía en serio, casi estaba por reír y se notaba.

—Persona de moral y de ética cuestionable…

—Hmmm.

—Ritsuko, hablando con seriedad del tema, Asuka podría tomar muy mal mi transferencia, se ha unido bastante a mi, me ve como una hermana mayor.

—Ese es un error de tu parte, no debiste fraternizar de ese modo con ella.

—Es que…

—Ofrecer apoyo y consejo es parte de tu trabajo, sí,—le interrumpió Ritsuko con un tono practicado, no era la primera vez que tenían esa conversación— pero no lo es el hacer que se confundan las cosas. ¿Crees que podrás mitigar los problemas que eso pueda causar con su entrenamiento de pilotaje?

—¿Eso es todo lo que te preocupa?¿Los problemas? ¿Que sea buena piloto? —Misato la miró con seriedad, parecía a un pelo de sentirse de verdad ofendida.

—Misato, usa la cabeza antes que el corazón. No, no me importa "solo eso". Pero si no se encuentra bien a nivel emocional podría morir con la unidad EVA. Recuerda lo que le pasó a su madre. Recuerda lo que está en juego. No solo es ser piloto. Es su vida…

"Y la de todos nosotros"…

Misato guardó silencio un largo rato mientras mordisqueaba su labio inferior y fruncía el ceño. Era una adolescente en el cuerpo de una mujer. Ritsuko no intentó hacer más llevadera aquella incomodidad, se limitó a beber lo que quedaba de su café y a teclear en su terminal. Al final, su amiga suspiró con pesadez.

—En parte tienes razón. Pero creo que contar conmigo como amiga le ha ayudado mucho. Es una joven muchacha muy prometedora. Ya verás que todo sale bien.

—Lo se, es la mejor en todo el programa de pilotos. Hasta ahora no ha tenido rival y eso es admirable. Confío en tu discreción respecto al asunto de tu transferencia.

—Si es que la aceptan.

—Oh por favor, Misato. Todo esto es, en esencia, protocolar. Estás dentro.

Misato sonrió como un lobo en la pantalla.

—Eso es… ¡maravilloso! Beberé una cerveza al llegar a casa, para celebrar.

—¿Solo una?

Misato le sacó la lengua y giró sobre su asiento unas cuantas veces antes de volver a enfocarse en la pantalla.

—Me alegra que podremos vernos otra vez, pronto. ¿Cuándo me van a enviar la orden de transferencia?

Ritsuko sonrió con picardía.

—Mañana.

Misato casi se cayó de la silla y su rostro desapareció un instante de la pantalla.

—¡¿Mañana?! ¡¿De verdad?!

—Sí, te enviarán el papeleo para que lo leas, lo consultes y lo firmes. Pero no te van a transferir hasta dentro de tres semanas.

—Maldición, no es mucho tiempo, pero creo que será suficiente para apaciguar a Asuka.

—Espero que si Misato, no podemos dejar que su desempeño caiga. Por el bien de todos.

Ante esas palabras ambas se quedaron en silencio. La mirada que le lanzó Misato le dijo todo y ella podía verse reflejada en sus preocupaciones. Era obvio que ninguna de las dos estaba lista para hablar del tema de los ángeles. Ya tendrían que lidiar con ello más adelante, pero de momento era mejor dejar ese tema tan desagradable.

Ritsuko decidió aligerar la tensión y sonrió con tanta calidez como pudo.

—Cuando vengas te mostraré los bares más bonitos de Tokyo-3.

—¡Ahora si estoy emocionada!

—Y quizá podríamos invitar a Kaji un fin de semana, si es que está en el país, tomarnos unas copas, recordar viejos tiempos.

Misato se rascó la nuca, miró hacia los lados como buscando algo y asintió con una sonrisa nerviosa.

—Bueno, si, claro. Eh… Ritsuko, debo irme, tengo que poner en línea a la segunda niña. Si me voy, al menos me aseguraré que su puntería sea decente. No quiero que se queje de mi el que vaya a reemplazarme.

Esta vez fue Ritsuko la que dejó escapar una carcajada.

—Vale, está bien Misato, por favor cuidate.

—¡Ha! ¡Te preocupas por mi!

—No —respondió sonriendo con malicia y colgó la llamada al mismo instante que Misato hacía un puchero.

Tras la llamada se quedó varios minutos "descansando" frente al computador. En silencio, observando el diagnóstico de esos archivos encontrados cuando de pronto el proceso terminó.

—¿Tan rápido? —se dijo a si misma, incrédula.

Ritsuko abrió el reporte y conforme fue leyendo, sus cejas se alzaron y sus ojos se abrieron de golpe.

Era un archivo de su madre. Lo sabía porque, aunque estaba encriptado, el nombre tenía el mismo formato que usaba su madre para almacenar sus archivos personales.

Y la fecha era de un día después de su fallecimiento.