Aventuras mágicas Parte 5
—Que el o la culpable dé un paso al frente —ordenó la mariposa estelar con serena firmeza.
Eda invocó su bastón mágico y exclamó:
—¡Acabas de molestar a la mariposa estelar!
—¿Aceptará unas sinceras disculpas? —preguntó Luz nerviosa.
—Sinceramente, lo dudo —respondió Satan.
La mariposa estelar se fijó en la pipa humeante que Luz sostenía en su mano derecha y frunció el ceño.
—Tú —murmuró, acercándose a ella.
—¡Luz!
Cierto trío de jóvenes brujos y un humano llegaron corriendo.
—Escuchamos una explosión —dijo Willow.
—¿De qué nos perdimos? —añadió Gus.
Luis observó el objeto que sostenía su hermana y le preguntó con firmeza:
—¿Y qué estás haciendo con la pipa de Satan?
Molesta, Luz devolvió la pipa a su dueño, pero depositándola bruscamente en la boca de este.
—Niños, tenemos mayores problemas —afirmó Eda, apuntando con su bastón hacia la...
—¡Princesa Star!
Amity corrió hacia la mariposa estelar, feliz de verla, y se abalanzó sobre ella, dándole un abrazo al que la criatura ni siquiera reaccionó.
—¡Oh, es tan linda! —exclamó Gus—. ¿Creen que tenga novio?
—¡Augustus! —le reprochó Willow con firmeza.
—¡Qué alegría volver a verla! —exclamó Amity, rompiendo el abrazo. Luego, al notar la mirada amenazante que la criatura dirigía a Luz, agregó—: Pero... ¿por qué parece tan enojada con...?
Amity miró a Luz con preocupación.
—Luz, ¿qué le hiciste?
Avergonzada, Luz se frotó la nuca con la palma de su mano derecha.
—Yo... creo que arruiné su cena. —dijo, sintiendo un nudo en el estómago.
De repente, la mariposa estelar apuntó su palma derecha superior, la cual comenzó a brillar en un aura blanca, hacia la chica Noceda. Luz se asustó bastante, mientras Eda, Satan y Luis se ponían en guardia.
—¡Pero no lo hice a propósito!
De repente, Amity se arrodilló en la nieve y suplicó:
—Su alteza real, le ruego que no castigue a Luz. Ella es solo una joven humana llena de sueños y aspiraciones, especialmente de convertirse en una bruja, y aún le queda mucho por aprender.
Al levantar la mirada, finalmente pareció notar algo en la expresión de la mariposa estelar.
—¡Oh no! ¡No puedo creer que no me di cuenta! ¡Otra vez está sonámbula!
—¡Golpe narbal! —exclamó la mariposa estelar.
Tras esas palabras, de la palma diestra de la criatura salió disparada una ráfaga de luz azul, junto con lo que parecía ser un cardumen de peces o mamíferos acuáticos con cuernos, que se dirigieron hacia la chica Noceda.
—¡Cuidado! —advirtió Luis, colocándose frente a su hermana y bloqueando el ataque con un tajo de su kris, mientras un aura negra rodeaba su arma.
Acto seguido, Willow invocó unas enredaderas espinosas desde sus manos, que lanzó hacia la criatura, rodeando las muñecas de sus seis brazos con ellas.
—Será mejor que se calme, Princesa —le dijo con calma y firmeza.
Desde debajo de su bufanda, Gus extrajo un pequeño amuleto colgante que parecía ser un espejo o un símbolo de Venus, de color amarillo. Mientras sus ojos destellaban con un matiz azulado, sostuvo el amuleto en su mano derecha, y éste comenzó a brillar intensamente. Con determinación, amenazó a la mariposa estelar diciéndole:
—Sí, no me obligue a revivir sus malos recuerdos.
Sin dudarlo dos veces, la mariposa estelar se elevó hacia el cielo, llevando consigo a la joven bruja Recordeta, quien se sostenía firmemente de las propias enredaderas que había invocado, en dirección al bosque. Mientras todos los demás las veían alejarse, exclamaban:
—¡Mimosa!/¡Willow!/¡Baby-lónica!
Luis soltó un gruñido mientras un aura oscura envolvía su cuerpo. Se lanzó corriendo, dejando huellas en la nieve que se derretían con cada paso.
—¡Ey, ey, Corchito! ¿A dónde vas? —dijo Eda, girando luego hacia Satan, quien desapareció en un destello de luz roja—. ¡Querubín!
Poniéndose de pie, Amity negó con la cabeza.
—Lo que hacen los chicos por nosotras.
—¿Que haremos? —preguntó Luz.
—Vamos a ayudarlos —respondió Eda, montando en su bastón mágico—. Tú regresa a casa —añadió, mientras Amity y Gus se subían detrás de ella.
—Pero...
—La Princesa Star es muy peligrosa —advirtió Amity con preocupación—. Su objetivo ahora es eliminarte.
—Y no descansará hasta lograrlo —añadió Gus.
—Ahora corre y no mires hacia atrás —remató Eda antes de emprender el vuelo a toda velocidad.
—¡Chicos, esperen!
Luz intentó seguirlos, pero de repente, divisó lo que parecía ser un arcoíris vertical entre los árboles. En un instante, una explosión de mariposas multicolores emergió del centro del bosque.
Los ojos de la joven Noceda se abrieron con horror mientras veía cómo la mayoría de los árboles quedaron sin hojas, algunos envueltos en pequeñas llamas. Gran parte de la nieve se había derretido y las mariposas volaban en todas direcciones. Se dejó caer de rodillas en la nieve.
—Mi maestra... mi hermano... mis amigos... todos están... —murmuró entre lágrimas.
Pero pronto, se dio una bofetada, y con firmeza, se dijo a sí misma:
—¡No! ¡No los subestimes!
Luz secó sus lágrimas con la manga derecha mientras caminaba hacia el acantilado. Con voz cargada de frustración, gritó:
—¡Tonta isla!
Dirigió su mirada hacia el enorme cráneo del titán.
—Debías enseñarme magia.
Observó el cielo, notando que comenzaba a nevar. Sacó una libreta y un lápiz de su bolsillo izquierdo.
—Pero nunca aprenderé más que esto.
Dibujó un glifo de luz y, al presionarlo con su lápiz, observó cómo el orbe se elevaba hacia el cielo y desaparecía. Sin embargo, algo llamó su atención.
—Espera... Eso es...
Entrecerró los ojos y vio que un grupo de estrellas, entre la nieve que caía y un pequeño espacio entre las nubes, formaban...
—Un glifo de luz. ¿Pero qué significa?
De repente, un copo de nieve cayó sobre su ojo derecho, quedando atrapado entre sus pestañas. Con cuidado, lo tomó entre el índice y el pulgar de su mano derecha, lo que le permitió ver mejor. Notó que este copo tenía lo que parecía ser un glifo diferente en su centro.
—Ya veo.
Guardó su libreta y su lápiz en el bolsillo una vez más.
—Significa que la magia es un regalo de la isla.
Se arrodilló y con su dedo índice derecho trazó el mismo glifo que había visto en el copo de nieve en el suelo.
—Significa que la magia está en todas partes —dijo, mientras lo presionaba y surgía una pequeña columna de hielo—. Mi segundo hechizo.
Miró hacia la nevada.
—Gracias, nieve.
Luego, hacia el titán.
—Gracias, isla.
Entrelazando los dedos y cerrando los ojos, agregó:
—Gracias, Eda.
Finalmente, se puso de pie y echó a correr hacia el bosque.
—¡A buscar sobrevivientes!
.
.
.
En la casa búho, King aún estaba fuera, pero esta vez estaba teniendo una conversación con un demonio casero.
—Hooty, Hooty, mi fiel amigo, ¿me ayudarás a destruir un campamento y derrocar a su corrupta líder?
—Claro, cuenta conmigo —respondió Hooty entusiasmado—. Después de todo, ella me dijo que estaba desesperado.
—Excelente.
King hizo un gesto con su garra derecha para indicarle que se acercara, deseando susurrarle algo:
—Ahora escucha, este es el plan...
.
.
.
Dentro de la acogedora casa, Queen estaba disfrutando de su momento con comida chatarra en el sofá, rodeada de sus juguetes vivientes, quienes le traían una y otra vez más de esas delicias. Mientras saboreaba cada bocado, entonaba una canción que decía:
.
En la sala, la victoria resplandece,
Con bocadillos, la revolución se mece.
Gritos de libertad en cada mordisco,
El sabor de la lucha, un dulce compromiso.
.
Bocadillos de esperanza en la mesa,
Celebrando la victoria con certeza.
En cada bocado, la fuerza renovada,
La revolución en sabor, bien sazonada.
.
Una vez terminó de cantar, tomó una bolsa de papas fritas y, mientras la abría, exclamó:
— ¡Eso es! ¡Sigan trayendo más y no se olviden de los pretzels esta vez!
Después, giró hacia el oso de peluche blanqueado que estaba a su izquierda.
— Y en cuanto a ti, Cabo CariñOSITO, como mi segundo al mando, te mereces raciones extras.
Volcó las papas sobre él y luego tiró de la cuerda en su espalda, haciendo que dijera:
— ¿No quieres un abrazo?
—¡Ñaaaaa!
Queen se abalanzó sobre el peluche y le dio un gran abrazo, el cual este correspondió con gusto.
—Los abrazos son lindos.
Luego, bostezó, sacó un par de gorras azules para dormir de su espalda y las colocó en su cabeza y en la del peluche.
—Ñaaa, dirigir un entrenamiento es agotador, así que la sargento Queen va a descansar.
—Claro.
Ni bien cerró los ojos, los abrió al escuchar la voz del "rey de los demonios", quien estaba de pie en la puerta abierta de la casa.
—En paz.
En ese momento, Hooty se estiró bruscamente hacia la sala, desgarrando a todos los peluches vivientes entre los gritos de Queen.
—¡No tomen prisioneros! —gritó King.
