El primer día Parte 2
De camino a Hexside, los hermanos Noceda avanzaban por el bosque. El viento agitaba las hojas, creando un susurro constante que acompañaba cada uno de sus pasos. Luis iba al frente, con un paso firme y decidido, mientras Luz lo seguía de cerca, con su celular en alto y una expresión seria mientras grababa un video.
Ambos llevaban los uniformes de la Escuela de Magia y Demonios Hexside, con las mallas de color blanco. Luz cargaba su mochila azulada en la espalda, y Luis, por su parte, llevaba su morral color chocolate colgado en el hombro derecho, sujetándolo con la mano derecha con un aire despreocupado.
—Hola, mamá, papá... —comenzó Luz, su tono cargado de seriedad y preocupación—. Lo que voy a decirles será difícil de asimilar, pero necesitan saber la verdad. No hay forma fácil de decir esto, así que lo diré directamente... Se trata de Luis. Ha hecho algo que nunca imaginamos posible. Se ha convertido en un asesino. Sé que suena increíble, como una pesadilla de la que no podemos despertar, pero es la realidad. Al principio, me negué a creerlo. Pensé que debía haber alguna explicación, que quizás estaba equivocada. Pero no es así. Luis ya no es el mismo. Algo en él ha cambiado, y quiero que sepan que no es culpa de ustedes. Esto está más allá de nuestra comprensión.
Luz se acercó corriendo a su hermano, quien continuaba caminando con indiferencia, y enfocó su celular hacia él. El cráneo de caballo que llevaba como máscara, combinado con la capucha, le confería un aire profundamente enigmático.
—Y si se preguntan quién es este individuo con una máscara de cráneo de caballo, bueno... —continuó—. Es él, bajo su nueva identidad: Tikbalang.
—Espero que no haya sido una transmisión en vivo —le dijo Luis, sin molestarse en girar la cabeza—. ¿Ya olvidaste la broma del secuestro que hicimos en quinto año?
Luz soltó una risa, recordando la anécdota con una mezcla de vergüenza y diversión.
—No, ¿cómo crees? Diez chanclazos y un mes entero de castigo.
Guardó el celular en su mochila y lanzó una mirada inquisitiva a su hermano mellizo.
—Y sobre lo que pasó ayer...
Luis dejó escapar un profundo suspiro.
—Dale, que tamo' ready —dijo, marcando su acento dominicano.
—Déjame ver si entendí bien.
Luz posó suavemente su mano izquierda sobre el hombro de su enmascarado hermano mellizo.
—Mientras yo estaba tomando el té con unas princesas, ¿tú fuiste con Gus y la ex "prisionera del fanfiction" a un antiguo cementerio de ilusionistas?
—Sí, a las Ruinas del Espejo, o algo por el estilo —respondió Luis indiferente.
—¿Y estaban con cuatro estudiantes de la Escuela Glandus?
—Ajá.
—¿Y uno de ellos era la fabulosa ex de Amity?
—Oui
—¿Y acabaste con tres de ellos para proteger a Gus, a Katya y evitar que robaran unas piedras mágicas que incrementan el poder del portador?
—Culpable.
—¿Y Lusine fue la sobreviviente?
—Ye'terday.
Luz embozó su caracteristica sonrisa de "Nutria con un lado oscuro".
—¿Y sin importarte que ella pudiera delatarte, la dejaste ir solo porque se parece a mí? Wow, eso es...
—¿Enfermo? —la interrumpió Luis.
—Iba a decir extremadamente dulce —le corrigió Luz con una pequeña risita—. Y hablando de dulzura...
Hurgó en su mochila y sacó una pequeña lata púrpura con el rótulo "Caramity" escrito en letras de colores vibrantes. Debajo, una ilustración de la cabeza de Amity sonreía alegremente, acompañada de un globo de diálogo que decía: "¡Enloquecerán a tu gusto!"
—¿Caramitys? —le ofreció.
Luis giró ligeramente la cabeza.
—Cara... ¿Qué? —dijo, con una confusión genuína.
Luz destapó la lata con entusiasmo y habló con su marcado acento dominicano:
—Poroticos Aucaradicos de las industrias Blight. Pero, loco, había un tro de etos en el jangeo del teito real de ayer y yo me agencié unos chines. ¡Durito, durito, Cangurito!
—¿Cangurito? —interrumpió una voz inesperada.
De repente, la cabeza de Amity emergió del interior de la lata.
—¿Y eso qué es?
Luz y su hermano se sobresaltaron, deteniéndose en seco.
—¡¿Qué rayos, Amity?! —exclamó Luz, dejando caer la tapa de la lata al suelo.
—Ji ji, lo siento viento, pero no miento —se disculpó Amity divertida, saliendo de adentro de la lata—. Me picó la curiosidad a full, y en la mañana mojé mis sábanas de tul.
Luz suspiró.
—¿Sabes qué? Ni siquiera voy a preguntar cómo hiciste eso. Y lo más importante, ¿te los comiste todos?
Amity rió entre dientes.
—Nopiti Toditis, Amigui. Solo los de Cereza Yerma, Ajo Trucho, Rábano Inmaduro, Aguacate Mohoso, Menta Apestosa, Insecto Resabio, y Tripa Ahumada. Los de Yuca Caramelizada están intactitos gatitos. Digamos que no quería que tu gusto enloqueciera tanto, ji ji ji ji.
—Bueno, supongo que me hiciste un favor —admitió Luz con un suspiro. Luego, extendiendo la lata hacia su hermano, añadió—: ¿Quieres?
Luis negó con la cabeza.
—Nel.
Luz se encogió de hombros con una sonrisa.
—Más para mí.
Sin perder tiempo, se llevó todos los dulces de la lata a la boca, masticando con entusiasmo. Mientras tanto, Amity se quedó rascando su cabeza con la mano derecha, luciendo confundida.
—Uh... ¿y para qué vine aquí?.
Y, tras unos segundos de reflexión...
—¡Ding!
Tomó a Luz de los hombros con ambas manos, mirándola con pena, y le dijo:
—Oh, nena, cariño, mi amor, luz de mi vida, acabo de enterarme de lo de Luis.
—Sí, fue horrible, espantoso... —admitió Luz con la boca aún llena de dulces—. Willow también está destrozada.
Amity suspiró, bajando la vista al suelo.
—Y justo cuando empezaban a salir. Qué lamentable, ellos hacían una pareja tan bonita.
—¡Oh, por mis calzones sucios! —exclamó Luis indignado, haciendo que ambas chicas se giraran a mirarlo—. No se angustien por esa & $#/. La relación no iba a llegar muy lejos. Él solo la quería para "jugar".
Después de tragar los dulces, Luz lo miró con una sonrisa burlona.
—Es cierto, —le respondió—. Ella se merece algo más que ser el juguete de un loco safado.
—Ji ji, quizás Luis era más parecido a Satan de lo que creíamos —comentó Amity con una sonrisa divertida, aunque pronto su rostro se tornó serio—. Pero aun así, donde quiera que esté, me gustaría que supiera que no le guardo rencor. En su lugar, yo habría hecho lo mismo para salvar al Gus-anito o a cualquiera a quien considere mi amiguita o amiguito. De todos modos, nunca me cayeron bien esos supuestos amigos de Lusine. Sobre todo esa tal Bria...
—¿Todavía sientes algo por ella? —interrumpió Luz, con curiosidad en los ojos.
Amity levantó una ceja.
—¿Por Bria?
—No, por mi versión bruja.
La expresión de Amity se tornó aún más confusa.
—¿Quién o qué?
Luz soltó una sonora carcajada.
—¡Wow! El elixir anti-amor de Eda es realmente poderoso.
—Ahora que la mencionas, ¿dónde está ella? —quiso saber Amity—. Como es tu primer día, pensé que…
—Yo también —la interrumpió Luz—. Pero tuvo que ir a ayudar a su hermana Val D' Nora con la terapia de pareja de su hijo y su nuera. Es un asunto delicado.
—Pobres de los hijos —agregó Luis—. Ellos pasando el verano lejos, mientras sus padres están al borde del divorcio.
Amity soltó un chillido, con una alegre sonrisa iluminando su rostro.
—¡Yayy!, si alguien puede resolver ese lío, es la tía Peso Pluma. Ella es un amor de persona y siempre encuentra la manera de solucionar las cosas.
Luz contuvo otra carcajada, intrigada.
—¿Peso Pluma?
—Sipirirín —afirmó Amity—. Mi mami la llamaba así cuando eran jóvenes por ser "ágil y ligera" en su estilo musical. Ellas fueron mejores amigas. Además, ella y mi papi salían, antes de hacerlo con la que me trajo a este mundo.
Luz no pudo evitar soltar una risa maliciosa.
—¡No me digas que Odalia le quitó el novio!
Esta vez, fue Amity quien soltó una carcajada.
—Buena deducción, Amigui, pero nopiti nop. En realidad, la tía peso pluma se lo regaló, por así decirlo. Los tres siempre tuvieron una perspectiva más abierta sobre las relaciones. Digamos que estaban en una especie de "vínculo no tradicional".
Luis, quién había estado escuchando con una expresión neutral, se cruzó de brazos y con un sarcasmo afilado, dijo:
—Qué romántico. Nada dice "amor eterno" como intercambiar parejas como si fueran tarjetas coleccionables.
Luz estalló en carcajadas una vez más, seguida por Amity que no tampoco pudo contenerse.
—¡Oh, Villana Lucy! ¡Ninguno le tuvo miedo al éxito!
—Y...
Amity rodeó los hombros de Luz con su brazo derecho.
—Última portunidad para reconsiderarlo y unirte al aquelarre de las princesas mágicas. Es como embriagarse, pero más saludable.
Cansado, Luis tomó a Luz por la muñeca izquierda, y la lata vacía de Caramitys se cayó de su mano. Luego, la atrajo hacia sí y comenzaron a caminar juntos.
—Lo hará cuando tu madre supere su promiscuidad. Adios.
—Eso fue muy grosero, Tikbalang —le reprochó Luz con el ceño fruncido.
Amity soltó una risita.
—Pero tiene razón. Y Tikbalang es un nombre muy refrescante.
A continuación, la joven bruja de cabello púrpura realizó un elegante salto de ballet, girando en el aire antes de aterrizar en la lata vacía de Caramitys. Con un gesto mágico, la tapa se cerró de inmediato sobre ella. Y justo después de que la lata quedara completamente sellada, la cabeza estampada guiñó un ojo de manera traviesa.
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Los Noceda llegaron al imponente castillo de la escuela de magia y demonios Hexside. Mientras avanzaban por el camino principal, sus miradas se alzaron hacia una pancarta azul que ondeaba entre dos postes de hierro forjado. En grandes letras amarillas, el mensaje les daba la bienvenida: "¡Bienvenidos a un nuevo semestre!". A su alrededor, otras nueve pancartas exhibían las imágenes de los líderes de los diferentes aquelarres. Los estudiantes comenzaban a llegar, conversando animadamente mientras cargaban sus útiles escolares.
De repente, en un destello de luz carmesí y una nube de humo rojizo, Satan Clawthorne apareció ante los hermanos.
—Buenos días, primores —los saludó con una sonrisa amable—. Felicidades por aprobar... y por no estar en la clase de bebés.
—Gracias, Satan. ¡Chócalas! —dijo Luz, alzando su palma izquierda.
Satan le devolvió el gesto con entusiasmo, pero la mano de Luz terminó empapada en baba de abominable.
—¡Urg! —se quejó ella, sacudiendo la mano rápidamente.
Luis ajustó su máscara de cráneo de caballo, sintiendo el peso del aire extraño que emanaba de Satan, quien lo observaba con una sonrisa pícara y los ojos entrecerrados. El jóven brujo inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera evaluando un objeto raro y fascinante.
—Pero qué atractivo este prójimo... —murmuró con voz suave, que casi ronroneaba mientras seguía recorriendo con la mirada la figura de Luis—. ¿Cómo te llamas?
Luz no pudo evitar embozar su sonrisa de "nutria con un lado oscuro" ante la situación.
—Él es Tikbalang —dijo en un tono juguetón—. El caballo erguido.
Luis iba a decir algo, pero...
—Oh, yo podría cambiarte de posición, si lo prefieres —lo interrumpió Satan con una sonrisa que prometía más de lo que las palabras decían.
—¡Duelo de espadas! —exclamó Luz con entusiasmo, levantando los puños al aire.
—Tú siempre le das a todo lo que se mueve, ¿eh, Satanás? —bromeó King, asomando la cabeza desde un basurero cercano.
—Ñaa, hasta por debajo de la lengua —replicó Queen, emergiendo del mismo lugar, mientras sostenía una dona de crema rosa, a medio comer, en su pata izquierda.
—¡Majestades! —exclamó Luz.
—¿Qué rayos hacen ahí? —preguntó Luis, frunciendo el ceño.
—Disfrutando de un buffet gratis, digno de un rey —respondió King con orgullo.
—¡Ñaa, y de una reina! —añadió Queen, con un tono dulce y encantador, agitando la mitad de una dona en su pequeña garra—. Estos cubos están llenos de exquisitas sobras.
Y antes de darle un mordisco, King la interrumpió, exclamando:
—¡Ey, esa es mi dona!
Queen soltó una risita traviesa.
—Ñaaa, querrás decír ERA tu...
—¡Devuélmela, Meretriz Glotona!
—¡¿Ña, como me llamaste?!
En cuestión de segundos, ambos comenzaron a forcejear con furia dentro del cubo de basura, que se tambaleaba peligrosamente.
Luis sacudió la cabeza y tomó la mano izquierda de su hermana, comenzando a caminar a su lado.
—Si alguien pregunta, no nos conocen —afirmó con determinación.
—Bye, Bye, Estrella de la Mañana —se despidió Luz, sonriendo.
De repente, King y Queen interrumpieron su acalorada pelea. Con algunos rasguños y manchas en sus pelajes, asomaron sus cabecitas desde el basurero y, al unísono, agitaron sus patitas, diciendo:
—Que tengan un maravilloso día, personas desconocidas.
—Ah, pero ustedes son boticarios en quiebra —bromeó Satan—. Osea, no tienen remedio.
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En las escaleras de la institución mágica, Willow y Gus alzaron las manos emocionados al ver a los hermanos Noceda acercarse.
—¡Chicos!
Gus agitó su índice izquierdo y en el aire aparecieron letras brillantes y azules que decían: "Felicidades por su éxito, amigos".
—¡Sabía que lo lograrían, chicos!
—¡Azurantástico! —exclamo Luz, observando las letras en el aire.
—Sip, me preparé para lo mejor de lo mejor —afirmó Gus, con una sonrisa confiada.
—Y... ¿saben quiénes son ellos? —preguntó Willow, señalando hacia las pancartas de los aquelarres.
Pero antes de que pudiera terminar, la jóven bruja regordeta fue interrumpida bruscamente por Luis.
—Sí, sí, sí, sí, sí, los P& $#/s líderes de los P& $#/s aquelarres principales.
Acto seguido, sacó un doblado papel rosa de su morral y la deslizó debajo de la capucha de jóven bruja regordeta.
—Esto es para ti.
Luego, sin aviso, levantó a Luz como si fuera una bolsa de papas, cargándola en su hombro izquierdo.
—Y ya nos vamos.
—¡Ey, ey! ¿¡Pero qué loqué!? ¡Bájame ya mismo, Equino Macanudo! —protestó Luz con acento dominicano, mientras intentaba soltarse, sin éxito.
—Da gracias que no te jalo por una oreja o ese moño, lutrina chivirica —le gruñó Luis, comenzando a subir las escaleras, ignorando las quejas de su hermana melliza.
Willow y Gus los miraron alejarse por un rato. Luego, Willow sacó el papel rosa de su capucha, lo desdobló con manos temblorosas y se sonrojó intensamente al leer el mensaje que contenía:
.
Hoy, el auditorio será nuestro,
las sombras dirán más que cualquier palabra.
Entre miradas, un deseo velado,
una invitación silenciosa.
.
Sin prisas, solo un roce,
una danza en el vacío.
Si lo deseas, levanta los pulgares,
y deja que el silencio guíe nuestros pasos.
.
Al final del día, nos veremos allí,
donde las luces se apagan y el eco susurra,
nuestro momento, sin testigos,
donde el tiempo se detiene.
.
Gus, que había echado un vistazo a la nota sin que Willow se diera cuenta, la miró con falsa desaprovación y le dijo con frialdad:
—Me das asco.
Willow lo miró con una ceja alzada.
—¿Disculpa?
—Oh, vamos, sé que Luis se convirtió en un fugitivo, pero... ¿realmente estás tan desesperada por sustituirlo? ¿Es tan urgente...?
Sin embargo, al ver a Willow con los brazos cruzados y una expresión molesta, Gus se dio cuenta de que estaba cruzando la línea.
—¿Sabes? —se restregó la nuca con la mano izquierda, riendo con vergüenza—. Mejor dejo las bromas de lado.
