El primer día Parte 3
El director Bump estaba sentado en su escritorio, concentrado en un grueso libro mientras las noticias resonaban en una bola de cristal sobre su escritorio.
—Hoy, la escuela Glandus está de luto, rindiendo homenaje a tres de sus más destacados estudiantes, víctimas del infame "Psicópata Humano de los Ojos Rojos". En estos momentos, en los terrenos de la institución se llevan a cabo vigilias y ceremonias solemnes, donde alumnos y profesores se reúnen para honrar la memoria de aquellos que partieron de manera trágica y prematura. Mientras la comunidad escolar atraviesa este doloroso momento, las autoridades continúan investigando en busca del culpable de la tragedia. Glandus se mantiene unida, con el corazón lleno de dolor pero también de esperanza, comprometida en su promesa de obtener justicia para los caídos. Y en otras noticias... Un terrible suceso ocurrió en la escuela St. Epiderm. Los estudiantes y maestros fueron encontrados inconscientes y sin magia. Se desconoce la causa.
—¡Ja! ¡Tomen eso, Glandus y St. Epiderm! Parece que este año se perderán el partido de Grudgby —exclamó Bump alegremente para sí mismo, disfrutando un poco de la desgracia ajena.
En ese momento, la puerta se abrió y entraron los hermanos Noceda. Luz fue la primera en hablar con entusiasmo.
—Hola, ¿dire B? ¿Podemos llamarlo así?
—Definitivamente no —respondió Bump, con un tono serio.
—¿Y por qué no? Escuché a Amity... —insistió Luz.
—Hubo ciertas connotaciones, señorita Noceda. Su madre y yo... Agh, no importa —se interrumpió el director rápidamente, tratando de esquivar el tema con sus mejillas ligeramente enrojecida.
Luis cruzó los brazos y lanzó una mirada divertida hacia su hermano, disfrutando de la pequeña incómoda revelación de Bump.
—Bueno, volviendo a lo importante —continuó Bump—. Hoy nos visitará el aquelarre del Emperador para una inspección de rutina. Para impresionarlos, tienen que unirse a una clase de aquelarre antes de que lleguen.
Con entusiasmo característico, Luz sacó un pergamino largo y lo desenrolló frente al director Bump, con la esperanza de impresionar.
—En realidad, director Bump, hicimos...
—¡Ejem! —la interrumpió Luis, con una claro y exagerado carraspeo de advertencia.
Luz, sin perder su compostura, le lanzó una mirada de disculpa y rápidamente corrigió su discurso.
—Digo, hice mi propio cronograma. Primero, veterinaria de bestias míticas. Luego, curación y tratamiento, y después...
De repente, y para su gran exasperación, Luis le arrebató el pergamino de las manos. Sin dudarlo, lo rompió en varios pedazos y, tras arrugarlo con fuerza, lo lanzó con precisión hacia una maceta cercana, donde unas plantas carnívoras se lo devoraron al instante. Luego, se volvió hacia Bump.
—Señor director, ¿podría hablar con esta chinwenwencha un momento? —le preguntó amablemente, como si nada hubiera pasado.
—Por favor —respondió Bump.
Luis soltó un suspiro, dirigió la mirada hacia su hermana y comenzó a explicarle:
—Lamento desilusionarte, Nutria, pero no se puede estudiar más de una clase a la vez. Piénsalo, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que nadie aquí, ni en ninguna otra institución de estas miserables islas, lo hace.
Luz frunció el ceño, aferrándose a su optimismo. Antes de que pudiera argumentar, el director Bump intervino, esbozando una leve sonrisa.
—Debo admitir que, aunque su lógica es perturbadora, hay algo admirable en la forma en que piensan los psicópatas —comentó, dirigiéndose a Luis.
Luz, sin inmutarse, respondió con una sonrisa de determinación:
—Podemos ser los primeros.
Luis negó con la cabeza, firme en su postura.
—No. No podemos.
Con calma, se acercó al escritorio del director y tomó prestado el libro de reglas, solicitando amablemente:
—Permítame un segundo, por favor. Gracias.
Lo hojeó con cuidado y, al encontrar la página adecuada, se lo mostró a su hermana melliza.
—El artículo 666, párrafo 4 del libro de reglas dice: «Los buenos brujos deben concentrarse».
Tras leerlo, cerró el libro y lo volvió a colocar en el escritorio del director. Luego, con su dedo índice izquierdo, señaló hacia los nueve estandartes de aquelarres que colgaban sobre la cabeza de Bump.
—Solo podemos elegir una de las nueve asignaturas disponibles.
Luz miró hacia otro lado con consternación, sintiendo la presión de la elección que tenía ante ella.
—Pero todas son tan geniales. No sé si podré elegir solo una, Tikbalang.
—¿Quieres que lo haga por ti? —le sugirió Bump.
—No, director Bump, prefiero hacerlo yo misma. A ver...
Con un suspiro profundo, cerró los ojos y se concentró, buscando la manera de decidir. Luego, empezó a murmurar:
—De Tin Marín de Do Pingüe, cúcara mácara títere fue, yo no fui, fue Teté, pégale, pégale que él... fue.
Mientras recitaba la rima, extendió su dedo, tocando ligeramente cada uno de los estandartes que colgaban, sintiendo la energía mágica que emanaban. Su dedo se movía de un lado a otro, guiándose por la melodía de su elección hasta que, al final, se detuvo en el estandarte de pociones.
Bump, observando su proceso, sonrió con aprobación y comentó:
—Ah, sí, la clase de pociones. Los humanos están llenos de líquidos, ¿verdad?
Acto seguido, trazó un círculo mágico en el aire con su dedo índice derecho. En un instante, el uniforme de la jóven Noceda cambió al del aquelarre de pociones.
—Oh, creo que siempre me gustó verter cosas dentro de otras —admitió Luz, sonriendo.
Con un tono sarcástico, Luis le preguntó:
—Tato, ¿qué puede salirse de madre si ere tú la que etá jangueando con vainas heavy? ¿Tú sabe cuándo te quedate pelá?
—¡Etaba en un lío, loco! —exclamó Luz, levemente ruborizada por la vergüenza—. Se me acabó la sopa pa el pelo y mi yuca parecía campo de caña, ¡tuve que bucarme la vuelta!
—Está bien, suficiente de llantos —los interrumpió Bump, enfocando su atención en Luis—. ¿Y qué hay de ti, pequeño psicópata?
Luis, con un tono sarcástico, dijo:
—¿No hay alguna prenda mágica que pueda ayudarme a decidir?
Bump se puso tenso.
—Bueno, solía ser así, pero...
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[Escena retrospectiva]
El director Bump se acercó a un niño brujo de cabello desordenado y pecas que estaba sentado en un banco.
—¡Estoy muy emocionado! —exclamó el niño.
Bump colocó un sombrero marrón de bruja sobre su cabeza. De repente, el sombrero cobró vida, mostrando una cara tétrica y diciendo:
—Y ahora... ¡Me alimento!
Y las alas dentadas del sombrero se desplegaron, cubriendo al niño por completo.
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[Fin de la escena retrospectiva]
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—Si no fuera por el "chico de los milagros", jamás habría recuperado su cabeza.
—Bardos —pronunció Luis con voz monótona, sin dejar entrever ninguna emoción.
El director Bump esbozó una sonrisa.
—Una sabia elección —comentó, trazando un círculo con su índice derecho.
Al instante, el uniforme de Luis adquirió el color distintivo de cierto aquelarre.
—Oie, ¿y tú al fin va a "decargar" tu paión, eh? Eso tá chévere. Pero chequea que el "bajo" eté "alante", poque si no, tu "groove" va a virar en un "nocturno" solitario —le dijo Luz a su hermano, golpeándole las costillas juguetonamente con el codo izquierdo.
Luis gruñó.
—Agradeco el tip, mi sangre.
—Espero que te portes bien y no me avergüences delante del inspector —le dijo el director Bump en un tono de advertencia—. Porque no querrás que una clausura permanente haga que Hexside anhele tu cabeza, tal como Glandus lo hace ahora por sus estudiantes muertos.
Luz hizo una mueca de dolor, exclamando:
—Ouch!
—Ahora vayan a...
Sin embargo, un grito infantil interrumpió la orden del director, quien se levantó de su escritorio y se acercó rápidamente a una de las ventanas. Con voz alarmada, exclamó:
—¡El sombrero selectivo se escapó!
En un arranque de heroísmo, Luis se lanzó a través de la ventana, rompiendo el cristal en su camino.
—Ese impulso masculino de rescatar damiselas en peligro —le comentó Luz al director, quien tenía un tic en el ojo izquierdo.
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En la clase de Bardos, el profesor, un demonio rinoceronte de piel celeste, vestido con una túnica roja y una peluca blanca tipo Mozart, miró a sus alumnos con ojos atentos.
—Bienvenidos al nuevo semestre, jóvenes bardos —dijo alegremente—. Hoy empezaremos con algo especial. Quiero una presentación creativa de cada uno de ustedes. Pueden elegir entre cantar, recitar un poema o tocar algún instrumento. ¿Quién quiere empezar?
Muchos de los estudiantes levantaron la mano de inmediato, emocionados. Sin embargo, en la parte trasera del salón, Luis, tenía los brazos cruzados, claramente sin interés en ofrecerse voluntario. Pero eso no pasó desapercibido.
—Jóven Tikbalang —dijo el profesor, señalándolo—. Como eres nuevo aquí, será justo que seas el primero. Ven al frente, por favor.
Los estudiantes se giraron hacia él, curiosos. Luis suspiró, sintiendo cómo todos los ojos se posaban en él. Lentamente, se levantó y caminó hacia el frente.
—¿Qué sorpresa nos tienes preparada?—le preguntó el profesor, mirándolo con interés.
Luis dudó por un momento antes de responder:
—Cantaré —Pausó antes de agregar—: Pero no tengo un instrumento propio.
El profesor asintió, comprensivo
—No te preocupes. Puedes cantar a capella, o si lo prefieres, alguno de tus compañeros puede acompañarte con el instrumento que elijas.
Luis se quedó en silencio unos segundos, pensando. Luego, con un gesto decidido, se bajó la capucha y se quitó la máscara de cráneo de caballo, revelando debajo otra máscara de color piel, que cubría todo su rostro sin rasgos visibles como ojos, nariz boca u orejas.
—No tengo mucha magia —admitió—. Pero… ¿alguien puede convertir este cráneo en una guitarra eléctrica?
El aula quedó en silencio por un instante, hasta que una joven bruja de piel marrón oscuro, con iris grises y cabello en tonos de gris rosado y malva oscuro recogido en una cola de caballo, levantó la mano con confianza.
—Yo lo hago—dijo mientras se levantaba de su asiento.
Caminó hacia Luis, invocando su Lyra con un destello brillante. Al tocar las cuerdas de su instrumento, una magia musical envolvió la máscara de cráneo de caballo, transformándola lentamente en una guitarra eléctrica con un diseño único y macabro.
Luis miró su instrumento, y luego levantó la vista hacia el profesor.
—¿Alguna petición? —preguntó.
El profesor sonrió, haciendo un gesto para animarlo
—Lo que quieras. Hoy es tu momento de brillar.
Luis respiró hondo, llenando sus pulmones de aire fresco. Con un movimiento decidido, comenzó a tocar un riff vibrante en la guitarra eléctrica, llenando el ambiente con una energía electrizante. Las notas reverberaban, haciendo que la música resonara en cada rincón del aula.
Dejando que su voz se fusionara con la melodía, comenzó a cantar:
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Me vendes sueños que no quiero creer
Tus besos fríos no me pueden mover
El amor, ¡qué mentira fatal!
Es solo un juego para hacernos mal
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Promesas falsas que nunca cumplirás
Lo que buscas no lo encontrarás
Quiero pasión, sin más complicación
Que el deseo sea nuestra única misión
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Al principio, la melodía evocaba una profunda melancolía, haciendo que algunos alumnos asintieran con la cabeza, mientras que otros luchaban por contener las lágrimas. Sin embargo, a medida que la música adquiría intensidad, la atmósfera se transformó radicalmente. Algunos estudiantes, llenos de rabia, apretaban los puños y golpeaban la mesa, mientras que otros, impulsados por el ritmo, comenzaban a moverse al compás de la canción.
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Dame calor, no palabras de miel
Lo que quiero es sentir la piel
Dejemos el drama, lo que fue ya pasó
Solo el fuego es lo que quedó
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Con cada nota, los estudiantes se sentían más liberados. A medida que la música avanzaba, algunas miradas cómplices empezaron a cruzarse.
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Porque el amor es un fraude, pura confusión
Lo único que importa es la sed y la atracción
No busco cuentos ni falsas fantasías
Solo quiero lujuria, ¡y vivir los días!
El amor es un fraude, no me hagas caer
La pasión es real, lo demás lo puedes perder
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La energía en el aire se volvió palpable, haciendo que los estudiantes se acercaran entre sí. Algunos subieron a las mesas, mientras que otros se dejaban caer al suelo, dejándose llevar por la melodía que los incitaba a besarse y acariciarse. Los jóvenes demonios, comenzaron a despojar a algunos/as de sus compañeros/as brujos/as de sus prendas, utilizando sus afilados dientes, cuernos y garras.
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No me des regalos, ya no creo en na'
Las mentiras pronto se descubrirán
El "para siempre" es una absurda ilusión
Lo que quiero es hoy, ¡y que arda la razón!
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No intentes más, ya no me atraparás
Los sentimientos no me harán tropezar
El deseo es verdad, el resto es en vano
Prefiero el placer, ¡no quiero tu mano!
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El profesor intentó detener a Luis trazando un círculo de hechizos en el aire, pero apenas lo formó, este se desvaneció como humo disipado por el viento. Frunciendo el ceño, decidió acercarse, extendiendo la mano hacia Luis. Al tocarlo, una oscura y densa aura negra recorrió su brazo derecho como un rayo, provocando un intenso ardor en su piel.
—¡Argh! —exclamó, retrocediendo de golpe mientras observaba con horror cómo la quemadura se expandía.
Con los ojos llenos de preocupación y respiración agitada, el profesor vaciló por un momento antes de hablar con voz temblorosa:
—¡Por el titán!... ¡Debo... debo salir de aquí!
Llevándose la mano al pecho, todavía sintiendo el dolor, abandonó el aula apresuradamente, su paso acelerándose con cada segundo que pasaba.
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Dame calor, no palabras de miel
Lo que quiero es sentir la piel
Dejemos el drama, lo que fue ya pasó
Solo el fuego es lo que quedó
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Porque el amor es un fraude, pura confusión
Lo único que importa es la sed y la atracción
No busco cuentos ni falsas fantasías
Solo quiero lujuria, ¡y vivir los días!
El amor es un fraude, no me hagas caer
La pasión es real, lo demás lo puedes perder
.
Dime que lo sientes, que me vas a querer
Pero yo no compro lo que no puedo ver
El amor es un truco, un juego perdido
Solo queda el calor cuando todo está hundido
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La canción llegaba a su clímax, y los estudiantes estaban completamente inmersos en la experiencia compartida. Justo cuando Luis terminó el estribillo final, el profesor regresó, ahora acompañado por el director Bump.
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Porque el amor es un fraude, pura confusión
Lo único que importa es la sed y la atracción
No busco cuentos ni falsas fantasías
Solo quiero lujuria, ¡y vivir los días!
El amor es un fraude, no me hagas caer
La pasión es real, lo demás lo puedes perder
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El profesor y el director Bump se detuvieron, observando con ojos desorbitados la impactante escena que se presentaba ante ellos: el aula estaba llena de estudiantes exhaustos y jadeando. Algunos yacían sobre las mesas, unos sobre otros, mientras que el resto se encontraban en el suelo, abrazados. Todos lucían sonrisas satisfechas, con marcas visibles de mordidas y labiales en sus cuerpos casi expuestos.
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Luz entró en la clase de Pociones 101 y, después de un breve vistazo al aula, se sentó entre un joven demonio de piel verde y otro de ojos verticales con la piel azulada. El ambiente olía a hierbas y brebajes desconocidos, y el aire estaba cargado de expectativa.
La maestra, una demonio con una apariencia que mezclaba características de ave y reptil, se desplazaba con una elegancia amenazante. Con voz firme, pero llena de energía, dijo:
—Bienvenidos a un nuevo semestre. A mezclar. Hoy haremos pociones de niebla.
Sacó una botella de debajo de su escritorio, su contenido brillaba con un resplandor anaranjado amarillento. Sin previo aviso, lo arrojó al suelo, liberando una cortina espesa de humo que la envolvió por completo. Durante unos momentos, la maestra desapareció en la bruma antes de materializarse de nuevo al otro lado del escritorio, esbozando una sonrisa triunfal.
—Comiencen —dijo con entusiasmo, animando a los estudiantes.
Luz, enfocada en su tarea, tomó un tubo de ensayo con el mismo líquido amarillo y lo vertió cuidadosamente en su caldero. Mientras el brebaje chisporroteaba levemente, murmuró para sí misma, como si se estuviera reconfortando:
—¿Ves? Son solo pociones. Podrías pasar el resto de tu vida estudiando esto, ¿verdad?
De pronto, un estruendo sacudió el aire fuera del salón, captando la atención de Luz. Levantó la cabeza rápidamente, intrigada por el sonido. Girándose hacia la ventana, apoyó una mano en el cristal y sus ojos se agrandaron. En el patio, Willow estaba en medio de un duelo con una demonio de piel pálida y cabeza en forma de media luna.
—La clase del oráculo —murmuró Luz al ver a la demonio, quien sonreía desafiante mientras sacaba una bola de cristal de la que emergió un espectro, similar al que Odalia había invocado en la biblioteca.
Willow, decidida, dibujó un amplio círculo en el aire y golpeó el suelo con la palma. Al instante, una gigantesca planta carnívora surgió de la tierra.
—¡La clase de las plantas! —exclamó Luz al ver a su amiga.
Las criaturas invocadas chocaron con un estrépito.
—Wow.
Luz, distraída, no notó que su poción comenzaba a emitir un humo verdoso y amarillo. De espaldas a la escena, solo reaccionó cuando escuchó a la maestra carraspear detrás de ella. Con una expresión de vergüenza, se dio la vuelta rápidamente y comenzó a revolver el caldero con una cuchara de madera, mientras se disculpaba apresuradamente:
—Perdón. Lo siento.
La campana inhaló y hizo sonar una campana más pequeña que sostenía con su brazo derecho. Luz salió del aula tras sus compañeros, frotándose el brazo izquierdo con la mano derecha, probablemente adolorida por revolver el caldero.
—Bueno, mezclar no es divertido —comentó, sacando un papel para revisar el programa—. ¿Qué más tenemos hoy?
Al mirar la hoja, su expresión se desanimó al ver que solo había clases de pociones.
—Oh, no —murmuró—. Lo siento, codo —agregó, levantando su codo izquierdo para observarlo.
De repente, Luz vio a la estudiante de oráculo con la que Willow había estado combatiendo colocar la bola de cristal que había usado en un almacén de puerta abierta, antes de alejarse caminando.
—Una bola de cristal. Podría decirme si estoy en la clase correcta.
Con una mirada cautelosa a su alrededor, se aseguró de que no hubiera nadie cerca.
—No debería hacerlo—intentó convencerse—. Es mi primer día, y debería dar una buena impresión, pero...
Se acercó sigilosamente al almacén.
—No puedo dejar pasar esta oportunidad.
En el instante en que sus dedos tocaron la superficie de la bola, el espectro emergió de ella, envuelto en una bruma oscura. Su voz resonó, sombríamente:
—Estarás en problemas muy prontooo… Al igual que tu hermanoooo...
Luz se sorprendió.
—Wow, espera, ¿qué dijiste?.
Pero antes de que pudiera procesar lo que había escuchado, un carraspeo interrumpió el momento. Volteó rápidamente y se encontró con el director Bump, cuya mirada severa podía hacer temblar hasta a los más valientes. A su lado estaba Luis, su hermano, con una expresión de resignación en el rostro, suspiró:
—Obvio.
Pronto, Luz se vio arrastrada por el director Bump del antebrazo izquierdo.
—Pero no estaba estudiando otros temas. Yo... ah...
De repente, sacó una botella de su bolsillo y, con determinación, la arrojó al suelo.
—¡Posión de niebla!
Sin embargo, lo único que ocurrió fue que el líquido mostaza manchó el suelo y esparció pedazos de vidrio por todas partes.
—Buen intento, Nutria —le dijo Luis, quien caminaba al lado izquierdo del director.
Luz frunció el ceño, pero pronto recordó algo, y su expresión se iluminó.
—¡Oh, es cierto! Aún me queda...
—¡¿Acaso quieres ser expulsada?! —la interrumpió Luis, con un tono de severidad que no dejaba lugar a dudas.
—Ñaa.
De pronto, un bote de basura cercano se sacude y de su interior emergieron King y Queen, algo desaliñados.
—¡Majestades! —exclamó Luz mientras el director la arrastraba nuevamente—. Díganles que somos buenos.
King se encogió de hombros y guiñó un ojo.
—Oh, cierto. No los conocemos.
Queen se rió y añadió:
—Ñaaa, ¿qué te dije de hablar con extraños, mi rey?
Mientras continuaba siendo arrastrada, Luz solo pudo soltar con irritación:
—¡Que te j*", Tikbalang!
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El director Bump abrió la puerta de un aula sombría y empujó a los Noceda adentro. El ambiente estaba cargado de una extraña energía, con paredes oscuras y una tenue luz que apenas iluminaba el lugar. En el interior, un profesor demonio de piel azul se encontraba sentado al frente, revisando un pergamino de penstragam. Sus seis ojos rojos, ocultos detrás de unas gafas redondas, miraron hacia la puerta, mientras su cabello corto y su bigote blanco le conferían un aire de autoridad.
Sentado en una mesa compartida, Cristo Blight lucía una expresión de tristeza. Amity trapeaba el piso, mientras su rostro reflejaba un agotamiento. Sin embargo, al ver a los mellizos entrar, su expresión se iluminó al instante. Agitó su mano derecha hacia ellos con entusiasmo, como si su llegada pudiera traer un soplo de alegría a la sombría atmósfera.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Luz, la preocupación.
—Este es obviamente el lugar a donde vienen los problemáticos, Nutria —le respondió Luis.
—La clase del castigo —añadió Bump.
—¡Nooooo! —gritó Luz tan fuerte que su voz resonó fuera de la escuela.
