El primer día Parte 5
Afuera de la escuela, un resplandor celeste iluminó el ambiente, y de repente, una bruja apareció de la nada, flotando sobre un as de luz azul brillante. Su figura, envuelta en un aura enigmática, sorprendió y asustó a los estudiantes que, hasta ese momento, reían y charlaban despreocupadamente.
Llevaba pequeñas gafas tintadas que reflejaban la luz y su labio inferior se destacaba con un rojo vibrante, creando un fuerte contraste con sus intensos ojos verdes. Su vestido gris, elegante y ceñido a su figura, estaba adornado con una insignia amarilla y un epaulet en un hombro, lo que le otorgaba un aire autoritario. Sus guantes negros completaban el atuendo con un toque de sofisticación.
En una mano, sostenía una pluma celeste que parecía brillar con luz propia, y en la otra, una tabla portapapeles repleta de notas y garabatos. Al aterrizar suavemente, se acercó al director, ascendiendo las escaleras hacia la entrada.
—Inspectora —la saludó Bump con un gesto cortés—. Bienvenida a Hexside.
—Hola, director Bump —respondió la inspectora, haciendo una pequeña reverencia—. Si todo está en orden, el aquelarre del emperador estará feliz de no clausurarlos de por vida.
—Venga.
El director la condujo hacia el interior de la institución.
—Acompáñeme. Hemos preparado un show con nuestros mejores estudiantes.
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En el auditorio de Hexside, Satan Clawthorne dominaba el escenario, transformado en una abominación de tres metros de altura. Su cuerpo colosal, hecho de lodo y alquimia, se movía con una agilidad inesperada, mientras hacía malabares con dos figuras humanoides. Boscha y Medusa reían divertidas mientras volaban por el aire, siendo atrapadas con precisión y suavidad por las enormes manos de Satan.
—Es verdadera magia de Hexside, ¿eh? —comentó el director Bump, dándole un leve codazo a la inspectora, con una sonrisa de orgullo en su rostro.
—Sí, está bien —respondió la inspectora con una sonrisa ambigua, levantándose de su asiento y acercándose al escenario con aire de desafío—: Pero veamos si su mejor alumno resiste un ataque.
—Sí, sí... —asintió Bump, sin darle mucha importancia al principio, pero al notar el tono y la mirada de la inspectora, su rostro se tensó, y su sorpresa se hizo evidente—: Espere, ¿qué?
De repente, el cuerpo de la inspectora comenzó a cambiar. Su piel, antes tersa, adquirió un tono amarillo pálido, casi enfermizo, como si la vida misma se drenara de ella. Los ojos verdes que solían ser calculadores ahora se alargaron y cayeron, recordando las cuencas vacías y frías de una rana, dándole un aspecto inquietante, casi hipnótico.
Su vestido se rasgó con un crujido seco, deshilachándose en los bordes mientras su cuerpo se estiraba, alargándose en una forma serpentina imposible, cubriendo el escenario en espirales. El brillo de escamas afiladas emergió a lo largo de sus brazos, mientras sus manos se deformaban en garras temibles que chisporroteaban contra el suelo. De los lados de su cabeza brotaron orejas palmeadas, semejantes a las de una criatura anfibia, ondulando levemente con el movimiento del aire.
Entonces, su boca se abrió de una forma grotesca, una grieta imposible que se extendió mucho más allá de lo humano, revelando filas de dientes puntiagudos, listos para devorar lo que se interpusiera en su camino.
—¿Eso... forma parte de la inspección? —preguntó Boscha, al ser bajada bruscamente por Satan (junto con Medusa) de su último lanzamiento, ahora completamente en guardia.
—La magia de la escuela St. Epiderm fue deliciosa —dijo la temible criatura, que una vez fue la inspectora—. Pero espero que la tuya sea mejor.
Entonces, abrió su mandíbula y, con un movimiento rápido, absorbió la magia que mantenía la transformación de Satan, quien sintió su cuerpo colosal desmoronarse, regresando lentamente a su forma... ¿humana?.
—¡Titán! —gritó Boscha, con miedo en su voz.
Intentó avanzar para defender a su novio, pero Medusa, se le adelantó.
—¡Mirame a losss ojosss! —siseó la bruja gorgona, su voz resonando como un desafío mortal.
Sus ojos comenzaron a irradiar un brillo amarillo intenso mientras las serpientes en su cabeza se erguían, mostrando sus colmillos afilados y lenguas vibrantes.
El basilisco, con astucia, transformó sus ojos en espejos justo cuando la magia de Medusa iba a alcanzarlo.
Al ver el reflejo de sus propios ojos, la bruja gorgona gritó horrorizada mientras su cuerpo comenzaba a endurecerse, convirtiéndose en piedra, quedando inmóvil como una estatua sorprendida en medio de la batalla.
—¡Medusa!
Boscha, furiosa y desesperada, sacó una botella verde con una calavera en la etiqueta. Desafiante, la destapó con los dientes y escupió el corcho.
—¡Voy a dejarte en los huesos!
Pero antes de que pudiera atacar, el director Bump se interpuso entre ella, Satan y el basilisco. Con una mirada decidida, levantó el índice diestro, canalizando una poderosa magia en un círculo.
—¡Aléjense, yo me encargo de esta farsante! —les ordenó con voz autoritaria.
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King escribía frenéticamente en la pizarra, su diminuta figura balanceándose con confianza sobre el lomo de un estudiante que, resignado, permanecía en cuatro patas. Sus patas pequeñas pero ágiles trazaban líneas y números con precisión, como si estuviera elaborando un plan maestro.
—Tomamos este coeficiente, lo llevamos a 2, resolvemos X.
Hizo una pausa dramática, girándose para mirar a la clase con una sonrisa satisfecha, sus ojos brillando de entusiasmo.
—Y esa es la manera de robar un pastel de una ventana.
—¡Ñaa! Además, ¡pueden comer basura! —añadió Queen, quien estaba sentada despreocupadamente sobre una de las mesas de los estudiantes a su izquierda, balanceando las piernas.
—Por fin, algo útil que sí podemos aplicar —comentó el joven demonio de piel azul y ojos en vertical, con una sonrisa de satisfacción.
—Y ahora, la siguiente lección... —interrumpió King con dramatismo, sacando una rebanada de pizza de su espalda y sosteniéndola orgullosamente en su mano derecha.
De pronto, se escuchó un rugido que hizo que todos en la clase, miraran hacia la puerta.
—Ñaaa, ¿en serio? —gruñó Queen—. Ni siquiera es la hora aún.
—Señorita Queen, ¿podría ir a ver que es todo ese escándalo, por favor? —le pidió King con un gesto exasperado.
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En un instante, Queen irrumpió en el auditorio con paso firme, su voz cortante resonando en el aire:
—¡Ñaaa, disculpen, silencio por favor! El señor King está intentando enseñar un po...
Su voz se apagó al ver la escena frente a ella. La criatura serpentina de escamas brillantes tenía al director Bump atrapado en su garra izquierda, mientras absorbía su magia con una voraz bocanada. En su otra mano, Boscha yacía inconsciente con su brazo derecho reducido a huesos desnudos.
Los ojos de Queen se abrieron de par en par, pero antes de que pudiera reaccionar, Satan apareció corriendo hacia ella con su expresión seria y resuelta.
—¡Prima, sal de aquí! —gritó, tomándola en sus brazos con un movimiento rápido.
Satan la llevó hasta el aula donde King seguía dando clases.
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Al entrar, su voz retumbó por la sala:
—¡Escuchen todos! ¡Abandonen la escuela! ¡Un basilisco anda suelto!
Los estudiantes comenzaron a murmurar nerviosos, pero King, sin perder la calma y bajándose del lomo del estudiante de piel verde de un salto, levantó la voz:
—¡Salgan por las ventanas! ¡Es la ruta más segura!
El pánico se desató, pero la instrucción fue clara. En cuestión de segundos, algunos estudiantes comenzaron a usar magia de levitación para levantar mesas y arrojarlas contra las ventanas. Con el estallido del cristal y los barrotes de hierro cediendo, los estudiantes comenzaron a correr hacia las aperturas.
—¡Y RECUERDEN LEER LOS CAPÍTULOS DE "LA MANERA CORRECTA DE RASCARSE EN PÚBLICO"! —gritó King con fuerza, mientras los alumnos huían despavoridos—. ¡ALERTA DE SPOILER: NO HAY MANERA EQUIVOCADA!
Luego, suspiró y, con orgullo, añadió:
—Días como este hacen que ser maestro valga la pena.
—Ñaa, tú no eres maestro —le recordó Queen con burla.
King la fulminó con la mirada.
—Tal vez no, pero me preocupo por estos chicos. ¡Y nada cambiará eso!
—¿Qué estiércol de eco ratón esperan, Primos? —les dijo Satan con urgencia a los "monarcas"—. ¡Ya lárguense de aquí!
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—Te juro por el Titán, Luz, que cuando hablemos con Bump, todo se arreglará —le aseguró Willow, mientras ella, Luz y Gus caminaban por un desolado pasillo de la escuela.
—No uses el nombre del Titán en vano, Mimosa —bromeó Luz, mostrando una sonrisa traviesa.
—Tal vez deberías distanciarte de Cristo —dijo una voz masculina detrás de ellos, lo que los obligó a voltearse de golpe—. Porque te oíste igual que él.
—Satan —murmuró Willow, con una frialdad que contrastaba con su habitual calidez.
Luz se adelantó rápidamente hacia el joven Clawthorne, notando algo extraño en su apariencia.
—Oye, te ves diferente… ¿Qué le pasó a tu cabello? ¡Está café! —exclamó con curiosidad.
—¡Y tus orejas son redondas, como las de un…! —agregó Gus, acercándose para observar más de cerca, sorprendido.
Satan esbozó su característica sonrisa arrogante, esa que parecía desafiar al mundo entero.
—Humano, lo sé —lo interrumpió con un dejo de desdén—. Es porque ahora lo soy, gracias a esa cosa de allí —añadió, señalando con su índice derecho al basilisco que se enfrentaba a la maestra demonio cabra de la clase de oráculos.
Ella desató un hechizo de energía contra la criatura, pero el basilisco lo absorbió sin esfuerzo, dejándola desplomada e inerte en el suelo. El trío, horrorizado, soltó un grito ahogado y se abrazaron entre ellos, paralizados por el miedo.
