El primer día Parte 6
El basilisco se deslizó lentamente, observándolos con ojos brillantes y hambrientos. Una sonrisa malévola se dibujó en su rostro mientras soltaba un susurro burlón:
—Mmm… más bocadillos adorables.
Willow frunció el ceño, y con voz firme y desafiante le respondió:
—Seremos adorables, pero no somos bocadillos.
Sin vacilar, trazó un círculo mágico con el índice de su mano izquierda y presionó su palma contra el suelo. De inmediato, la misma planta monstruosa que había invocado en su duelo contra la bruja de media luna comenzó a emerger del suelo.
Satan, alarmado al ver la creación de Willow, alzó la voz para advertirle:
—¡Willow, no! ¡Es demasiado arriesgado!
—¡Hora del potenciador!
Gus no titubeó en sumarse a la batalla. Con una sonrisa confiada, lanzó un hechizo propio para fortalecer la planta, haciéndola aún más formidable. Los tallos se ensancharon, y la planta entera desarrolló una musculatura que la hacía parecer invencible.
Justo cuando la planta intentó atacarlo, el basilisco la atrapó con su cola y se la devoró de un solo bocado. Tras tragarla, abrió su boca nuevamente y absorbió la magia de los jóvenes brujos, drenándolos por completo y dejándolos exhaustos al instante.
—Me... siento tan débil —murmuró Willow, desplomándose junto a Gus en el suelo, mientras las miradas preocupadas de Luz y Satan se posaban sobre ellos.
Luz, con la adrenalina corriendo por sus venas, sacó rápidamente su cuaderno de dibujos, sus dedos recorriendo las páginas hasta que encontraron lo que buscaba: un glifo de luz resplandeciente. Con determinación, presionó el glifo con su mano izquierda, sintiendo cómo la magia comenzaba a vibrar en el aire a su alrededor.
—¡Come esto! —exclamó, lanzando el cuaderno hacia el basilisco.
La criatura, sorprendida, atrapó el objeto con su boca voraz, solo para que un destello brillante estallara en su interior.
—¡Quema! ¡Quema!
En medio del caos, Satan se apresuró hacia Willow. Con un movimiento ágil, la levantó en sus brazos, sosteniéndola con una mezcla de fuerza y ternura, como si la transportara en un ritual nupcial.
—¡Hay que llevarlos a un lugar seguro!
De repente, una puerta azul adornada con detalles dorados se abrió a su izquierda. Luis apareció en el umbral, su rostro reflejando asombro al ver al basilisco retorciéndose por el reciente ataque luminoso de su hermana. Sus ojos se agrandaron al captar la escena antes de que su mirada se posara en Luz y Satan.
—¡Pero no se queden ahí rascándose los cocotes y la puchaína! —les ordenó con voz firme y autoritaria—. ¡Entren de una vez!
Sin pensarlo dos veces, Luz acomodó a Gus en su hombro derecho y se dirigió hacia la habitación de los Atajos. Satan la siguió de cerca, manteniendo a Willow en sus brazos, y comentando en un tono de alivio:
—Gracias, titán.
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Amity y Cristo se acercaron rápidamente al grupo, sus rostros reflejando una profunda preocupación.
—¡Baby-lónica! ¡Gus-anito!— exclamó Amity, mientras conjuraba con un gesto elegante una enorme cama en forma de cabeza de un gato abominable púrpura, con ojos de esclerótica negra y pupilas verdes brillantes que chisporroteaban con vida. Su boca, abierta en una sonrisa juguetona, parecía invitar a los dos a un lugar seguro. Dentro de la cama, un colchón rosa simulaba la lengua del felino, y un juguete colgante redondo, que representaba su úvula, danzaba alegremente al vaivén de la magia. —¡Rápido, colóquenlos allí!— añadió con urgencia, su voz resonando con determinación.
—¿Qué les pasó? —preguntó Cristo, con preocupación en su mirada, mientras Luz y Satan acomodaban con cuidado a Willow y Gus sobre la cama abomi-gatuna.
Amity examinó a Satan detenidamente, notando un detalle intrigante en él.
—¡Yay, miren a la estrella de la mañana...! ¡Es un humano!
Sin embargo, Satan, con una expresión grave en su rostro, desestimó el comentario y, en un tono serio, dijo:
—Escuchen. Algo horrible está pasando en la escuela.
Cristo se acercó a la puerta, la abrió levemente y, al contemplar la escena que se desarrollaba afuera, sus ojos se ensancharon de sorpresa y miedo.
—¿U-Un basilisco? ¡Pero eso no puede ser! ¡Esas criaturas deberían estar extintas!
Amity, con una sombra de preocupación en su rostro, asomó ligeramente la cabeza por la puerta, intentando captar más detalles.
—Debe ser el mismo que atacó la escuela St. Epiderm, y ahora viene por nosotros.
—¿Puedes curarlos, chico de los milagros?— preguntó Satan, señalando a Willow y Gus, que yacían inconscientes en la cama abomi-gatuna. Sus rostros eran un retrato de serenidad, pero el color gris de sus pieles revelaba la gravedad de la situación.
Cristo soltó un suspiro profundo, su mirada cargada de preocupación, reflejando la angustia que lo embargaba.
—Me encantaría ayudar, Satan, pero... restaurar toda la energía mágica drenada por un basilisco me llevaría horas y...
—Debemos hacer algo —interrumpió Luz, su voz resonando con fervor y determinación mientras golpeaba su palma izquierda con su puño derecho—. No podemos quedarnos aquí y esperar a que sea demasiado tarde. ¡Hay vidas en juego!
—Solo hay un problema, Nutria —señaló Luis—. Si el director Bump nos encuentra rompiendo otra regla más, no cabe duda de que nos expulsará de la escuela.
—Y no quiero ni imaginar lo que me hará mi madre si me encuentra en estas condiciones —añadió Satan, señalando su forma humana. Luego, extendió su palma izquierda hacia Willow y Gus—. Pero los hexidianos están siendo lastimados, y ustedes son los únicos que pueden salvarlos. Ustedes son problemáticos, ¿no? Entonces vayan y causen problemas.
—¡Ay, pero ete pana me eplotó la nota y me dejó sin decí ni pío! —exclamó Luz, rebosante de energía y alegría.
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Los pasillos de la escuela estaban envueltos en un silencio inquietante, interrumpido solo por el suave deslizamiento del Basilisco, mientras un murmullo amenazante se escapaba de su boca:
—Hambre... Aún tengo hambre...
De repente, una hoja adornada con un glifo cayó y, al tocar la superficie, un brillo cegador púrpura emergió de ella, del cual apareció una etérea figura femenina.
Era un ser fascinante, cuya presencia llenaba el pasillo con una energía inconfundible. Su piel, de un tono púrpura casi translúcido, parecía iluminada desde dentro por sutiles destellos que vibraban con un ritmo propio. Sus ojos, completamente sin pupila, le otorgaban una mirada hipnótica y enigmática. En cada una de sus mejillas, una pica brillante de color blanco se erguía como una joya natural, añadiendo un toque de singularidad que hacía imposible apartar la vista de su figura.
Su cabello, de un vibrante tono verdoso, fluía como si estuviera hecho de hilos de luz, danzando a su alrededor y erizándose en un movimiento perpetuo. Aunque su desnudez era evidente, su figura conservaba una elegancia etérea; las partes más íntimas estaban sutilmente disimuladas, acentuando su esencia sin caer en lo vulgar.
Al desplegarse, la criatura reveló seis brazos gráciles que parecían flotar en el aire, moviéndose con una cadencia hipnótica. Sus grandes alas, de un profundo color morado, eran un espectáculo por sí mismas; el intrincado diseño en sus pliegues recordaba un cielo al atardecer, con una paleta que iba desde el púrpura intenso hasta un azul suave. Desde su cabeza, dos antenas peludas se alzaban y vibraban con sensibilidad, capturando cada susurro y detalle de su entorno.
—Desde el más humilde de los comienzos, un ser aparecerá. Nací de la luz y la oscuridad que han mezclado sus poderes —declaró con una risita divertida—. Yo soy la Polilla Eclipse, baby.
El Basilisco, sintiendo un impulso irrefrenable, se lanzó hacia ella, su cuerpo serpenteando con rapidez. Sus ojos ardían con la ferocidad de su hambre insaciable.
—¡Y MI CENA! —rugió.
—¡Uy!
La Polilla Eclipse, consciente del peligro que la acechaba, desplegó sus majestuosas alas y se elevó rápidamente del suelo, dirigiéndose hacia un pasillo estrecho a su izquierda.
—¿No has considerado ponerte a dieta, querida? —comentó burlona mientras zigzagueaba en el aire—. Estás un poquito... robusta.
—¡Rica polilla! —rugió el basilisco, lanzándose tras ella.
—¡Hazlo ahora, cariño! —gritó la Polilla Eclipse en un llamado urgente.
En ese instante, ella se deslizó hacia el suelo, transformándose en un gran agujero oscuro con su silueta, tres veces más grande. Al percibir el abismo, el basilisco frenó en seco.
—¡Magdalena, ven a mí! —se oyó la voz firme de Cristo.
Pero justo entonces, un grifo irrumpió, lanzándose contra el basilisco y empujándolo hacia las profundidades de la habitación secreta de los atajos.
—¡Amity, ahora! —gritó Luz.
—¡Yay, lo haré! —exclamó Amity, llena de determinación.
Con ambas manos, trazó un amplio círculo de hechizos en el aire. Tentáculos marrones, resultado de una fusión entre magia abominable y botánica, emergieron del suelo, entrelazándose con la tierra que albergaba gusanos y varias plantas con flores blancas. Estos tentáculos se enrollaron alrededor del basilisco, envolviendo sus brazos, cuello y cola con firmeza.
Con ambas manos, trazó un amplio círculo de hechizos en el aire. Tentáculos marrones, resultado de una fusión entre magia abominable y botánica, emergieron del suelo, entrelazándose con la tierra que albergaba gusanos y varias plantas con flores blancas. Estos tentáculos se enrollaron alrededor del basilisco, envolviendo sus brazos, cuello y cola con firmeza.
Aquí tienes una versión mejorada, manteniendo los diálogos originales:
—¿Qué está pasando? —exclamó el basilisco, confundido, mientras Luis, con las pupilas rojas, se colocaba el kriss en la boca.
—¡Ahora es mi turno! —declaró Luis con determinación.
—¡El psicópata humano de...! —comenzó el basilisco, pero Luis no le permitió terminar. Corrió por el elevado camino de la habitación de los atajos y, con un salto, tomó impulso contra la pared. En un movimiento ágil, le cortó el vientre con la hoja del kriss.
El basilisco soltó un quejido, liberando toda la magia que había absorbido, que se dispersó en forma de bolas de energía celestes flotantes, parecidas a meteoritos. Los fragmentos de magia comenzaron a dirigirse hacia sus usuarios.
Willow y Gus despertaron de repente.
—¿Dónde estoy? —se preguntó la joven bruja de las plantas, frotándose los ojos mientras intentaba orientarse.
—Fue una fiesta bastante loca —bromeó Gus.
—Mimosa.
Luis se acercó a Willow con un brillo extraño en sus ojos, que parecían reflejar una mezcla de emociones.
—Tu respuesta —le exigió—. Ahora.
Willow, con una leve sonrisa y un rubor en las mejillas, se sentó sobre sus talones en la cama, levantando ambos pulgares en señal de aprobación.
Luis sonrió, y sin perder un instante, se subió a la cama y se acercó a ella, abrazándola suavemente por la cintura. Ella lo miró con sus ojos llenos de ternura, mientras él la atraía más cerca.
—¿Te molestaría un ligero cambio de escenario? —le susurró él.
Willow, encantada, rodeó el cuello del chico Noceda con sus brazos.
—Para nada.
Entonces, sus labios se encontraron en un beso suave y lleno de ternura, un momento íntimo que parecía detener el tiempo.
Gus, al darse cuenta de la magia del momento, bajó rápidamente de la cama, sin hacer ruido. Con una sonrisa cómplice y tratando de contener la risa, les dejó el espacio solo para ellos, respetando ese instante tan especial que compartían.
Al recibir la magia, Satan sintió cómo su poder se reestablecía en su interior. Con un destello brillante, se transformó nuevamente en un brujo.
—He vuelto —anunció con satisfacción.
Los demás fragmentos de magia, atraídos por la oleada de energía, comenzaron a salir volando por el agujero en el techo, formando la silueta de la Polilla Eclipse, provocando que todos en Hexside despertaran. Afuera, se podía ver cómo otras víctimas del basilisco comenzaban a recuperarse, revitalizados por la energía liberada, llenando el aire con un renovado sentido de esperanza.
—¡Wooooooooooooo!/¡Yaaaaaaaaaaayyyyy! —gritaron Luz y Amity, abrazándose y saltando de alegría.
—Lo lograron, mis amigos problemáticos —felicitó Satan, acercándose a ellas, mientras Cristo descendía del techo con la ayuda de la Polilla Eclipse—. Realmente estuvieron asombrosos.
—Excelente trabajo, Polilla Eclipse —dijo Luz, levantando el pulgar derecho en un gesto de aprobación.
—Le agradezco profundamente su invaluable apoyo, oh, gran y poderosa Reina Eclipsa —añadió Amity, haciendo una reverencia con una elegancia digna de la realeza.
—No fue nada, mis queridas princesitas —respondió la Polilla Eclipse con dulzura—. Hasta pronto.
Y se desvaneció en una niebla negra y púrpura.
Gus se acercó al grupo con una expresión de incomodidad.
—Siento interrumpir la celebración, pero... —dijo, señalando a Luis y Willow, que continuaban besándose con cariño y pasión sobre la cama abomi-gatuna—. Creo que es hora de irnos.
La reacción de los demás fue variada: Satan cruzó los brazos con firmeza, negando con un leve movimiento de cabeza.
—Que alguien les eche agua fría, por favor —murmuró.
Cristo observaba la escena una sonrisa tierna dibujándose en su rostro, y las chicas no pudieron contener su entusiasmo.
—Oye, guapo, si ya te cansaste de ella, ¡aquí estoy! —bromeó Luz, mirándolo de reojo.
—Bajo la lengüita del gatito hay globitos —agregó Amity, riendo y mirando a la pareja con complicidad—. Úsenlos, no sean tontitos.
Luis rompió el beso, visiblemente molesto con las pupilas rojas.
—¡Ya salgan de una vez! —les ordenó, mientras Willow se acurrucaba melosamente en sus brazos y él colocaba su mano derecha en el glúteo izquierdo de ella—. ¡Y llévense ese cadáver maloliente de aquí! —agregó, apuntando con su otra mano al basilisco muerto que ahora estaba en el suelo.
