El primer día Parte 7
En el escenario del auditorio escolar, Boscha, entretenida, usaba un marcador para dibujar en el rostro de su amiga Medusa, aún petrificada. Con una sonrisa burlona, sostuvo el marcador en su brazo derecho, que seguía siendo solo hueso, y le pintó cejas, bigote y barba a la bruja gorgona.
Desde la platea, el director Bump observaba la escena con evidente exasperación y murmuró para sí mismo:
—Necesitamos al chico de los milagros.
Justo en ese momento, el profesor de la clase de castigo irrumpió en el auditorio, visiblemente agitado.
—¡Director Bump! —exclamó—. Los estudiantes castigados han escapado.
Bump suspiró, pero antes de poder reaccionar, un destello de luz roja y una nube de humo envolvieron el escenario. Cuando el humo se disipó, allí estaban Luz, Amity, Satan, Cristo, Gus y el cadáver del basilisco.
Al ver a su novio, Boscha corrió hacia él, sus ojos llenos de lágrimas de alegría mientras exclamaba:
—¡MI AMOR!
Sin detenerse, lo abrazó y le dio un apasionado beso en los labios. Cuando se separaron, murmuró emocionada:
—Eres un brujo de nuevo.
Satan le secó las lágrimas suavemente con su índice derecho y, con una sonrisa tierna, le susurró:
—Lo sé.
Justo en ese momento, el profesor de la clase de castigo avanzó con paso firme hacia el escenario, seguido de cerca por el director Bump. Al llegar al frente, el profesor recorrió a los estudiantes con la mirada, brazos cruzados y una ceja alzada en un gesto de fría evaluación.
—Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? —comenzó en tono severo, sus palabras pesadas como una advertencia mientras sus ojos se detenían en Luz, Cristo y Amity—. Al parecer, estos pequeños fugitivos piensan que las normas son opcionales.
El profesor se acercó a Satan, posando una mano en su hombro izquierdo con una mezcla de aprobación y condescendencia, mientras Boscha, con orgullo y ternura, le acariciaba la barbilla con su mano izquierda.
—Pero parece que nuestro mejor estudiante tuvo la amabilidad de capturarlos antes de que causaran más caos. Buen trabajo, joven Clawthorne
—Esa es mi estrella de la mañana —añadió Boscha.
El profesor retiró la mano del hombro del joven Clawthorne y, para el deleite de la bruja tríclope, volvió a dirigir su mirada hacia los tres "escapistas".
—Están en graves problemas.
Luego, dirigió una mirada calculadora a Gus, quien observaba la escena con incertidumbre. Alzando una ceja, murmuró con una sonrisa apenas disimulada:
—Ah, veo que tenemos otro aspirante al club de los castigados —agregó, mientras Gus tragaba saliva y Boscha soltaba una risita—. Bienvenido, joven.
Sin embargo, en medio del tenso ambiente, frunció el ceño, como si recordara algo importante.
—Oigan, ¿dónde está su amigo, el que tiene cara de equino huesudo? —preguntó, su voz adquiriendo un tono más agudo mientras buscaba entre los rostros reunidos, notablemente inquieto por la ausencia de su compañero.
El profesor, visiblemente preocupado, se volvió hacia el director Bump y comenzó a decir:
—Director Bump, sugiero que…
Pero el director lo interrumpió, levantando la mirada del cadáver del basilisco y preguntando con curiosidad:
—¿Quién lo hizo?
Para sorpresa y descontento de su novia, Satan, con su inconfundible elegancia y una sonrisa enigmática, se dirigió al director:
—Permítame aclarar, honorable director, que la responsabilidad no recae únicamente en uno. Nuestros intrépidos amigos se enfrentaron a la criatura con una determinación admirable, desafiando las normas al entrelazar sus habilidades mágicas. No obstante, debo señalar que el golpe final fue infligido por el enigmático psicópata humano de los ojos rojos, conocido por sus oscuros antecedentes.
El rostro del profesor, a cargo de la clase de castigo, palideció al escuchar esas palabras, sus ojos desorbitados en estado de shock.
—¿E-El asesino de los estudiantes de Glandus? —murmuró, su voz temblorosa. —¿Co-Cómo logró infiltrarse? ¿Y por qué no se dirigió a ustedes?
Gus, quien había permanecido en silencio hasta ese instante, decidió intervenir para desviar la atención de la verdad.
—Se disfrazó como un estudiante de aquí —respondió con una tranquilidad calculada—. Su único objetivo era el basilisco; no teníamos nada que ver en sus planes. Tenía cuentas que ajustar con esa criatura.
Luz, Amity, Cristo y Satan observaban a Gus con admiración y diversión, mientras Boscha expresaba su desagrado con una pedorreta hecha con la lengua, y el profesor fruncía el ceño, claramente escéptico ante su historia.
—Y si sé todo eso, es porque fui testigo —agregó Gus, encogiéndose de hombros con despreocupación—. Lo vi y escuché todo mientras estaba oculto en mi casillero.
—Vaya bebé —murmuró Boscha con burla, y Satan le dió unas leves palmadas en la espalda con su mano derecha.
El profesor arqueó una ceja, escudriñando a Gus con incredulidad y desconfianza, mientras el director Bump lo miraba con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Entonces, ¿realmente no cree que nuestros problemáticos héroes merecen una recompensa? Pensemos en esto, Director Bump. Si no se hubieran escapado, no habrían enfrentado la amenaza, llevándola, aunque fuera por casualidad, hacia otra, y Hexside habría terminado como St. Epiderm.
El profesor de la clase de castigo, indignado, intentó intervenir:
—¡Señor director, no debería escucharlo!
—Haz lo correcto, torpe! —insistió Gus.
Boscha jadeó, afectando una sorpresa teatral, mientras una sonrisa maligna se dibujaba en su rostro.
—¿Va a permitir que esta insolente alimaña le hable así, director?
Sin embargo, Bump no le hizo caso.
—De acuerdo —aseguró, esbozando una leve sonrisa acompañada de un suspiro—. Soy inteligente como para reconocer que todo tiene sentido.
Boscha resopló, visiblemente molesta, mientras el profesor de la clase de castigo gruñía y, resignado, se alejaba furioso del auditorio. Entonces, el director Bump agregó:
—¿Qué es lo que quieren?
Luz, Amity y Cristo intercambiaron miradas emocionados, y Luz fue la primera en hablar:
—Queremos que nos permita estudiar lo que queramos.
—¡Ja! Eso...
Boscha iba a burlarse, pero Satan la interrumpió, rozando sus labios con los de ella en un beso que, aturdida, decidió corresponder.
El director Bump evaluó su petición en silencio antes de volverse hacia Cristo:
—Tú, chico de los milagros, ¿en qué clase te gustaría estar?
Cristo respondió sin titubear:
—Curación y tenencia de bestias, por favor.
—Así será.
Levantó su mano izquierda y trazó un círculo mágico en el aire. Con un leve destello, los tonos de su atuendo cambiaron: las mangas de su túnica adquirieron un azul profundo, mientras que sus pantalones se tiñeron de un marrón terroso.
—Que el titán lo bendiga, señor director —añadió Cristo con una leve reverencia.
De repente, Boscha interrumpió el beso con Satan, se acercó a Cristo y lo arrastró de la oreja derecha (lo que hizo que el joven Blight protestara con un quejido: "¡Ay, ay, ay! ¿Siempre tienes que ser tan brusca?") hacia la estatua de Medusa con su brazo esqueleto, mientras decía:
—Vamos, chico de los milagros. Tienes trabajo. Y después...
Se giró hacia Satan, que la seguía de cerca, y lo miró con seriedad.
—Tú y yo tendremos una larga charla.
El director Bump observó a las chicas con curiosidad.
—¿Y ustedes?
—¡Plantas y abominables! —exclamó Amity, avanzando con evidente entusiasmo—. Pero...
Con un gesto sutil, le hizo una señal al director con el dedo índice, invitándolo a inclinarse para susurrarle algo al oído.
Finalmente, cuando el director se enderezó, asintió y dijo:
—Está bien.
De repente, Amity comenzó a girar sobre sí misma con los brazos extendidos, sus dedos índices apuntando entre su cabeza y su cuello. Mientras giraba, un círculo mágico se formaba a su alrededor. Este círculo se dividió en dos, ascendiendo y descendiendo, transformando las mallas de su uniforme, que resplandecieron y se volvieron de un intenso verde. Su cabello, que antes era castaño con tintes púrpuras claros, se transformó en un hermoso tono de aquamarina brillante, fluyendo en suaves ondas hasta su barbilla, con la raíz castaña todavía visible en la parte superior.
La joven humana y el joven ilusionista miraron a Amity con asombro en los ojos.
—Wow, te pareces un poco a Azura en su fase gótica —comentó Luz.
—¿Sabes, Amity? No puedo evitar notar que acabas de hacer un "Willow" —añadió Gus—. Es decir, cambiarte de la clase de abominables a la de plantas.
Luz soltó una risita.
—Es verdad, y es una lástima, porque a diferencia de mi futura cuñada, tú eras excelente con esos desechos andantes.
Amity dio una última vuelta y, al detenerse, recuperó su aspecto habitual.
—¿Decían, amiguis? —preguntó, mordiéndose el labio inferior para contener una sonrisa divertida.
Los tres rieron por lo bajo. Amity, con una sonrisa traviesa, extendió la mano zurda y conjuró un labial rosa que flotó hacia ella. Con un toque de magia, se lo aplicó en los labios, dejando un brillo encantador. Luego, sin previo aviso, se acercó a Gus y, en un abrir y cerrar de ojos, lo levantó en sus brazos al estilo nupcial. Gus soltó un grito de sorpresa, atónito ante el repentino giro de los acontecimientos.
—Creo que cierto Gus-anito también merece una recompensa —dijo Amity, haciendo un guiño mientras sostenía a Gus.
—No podría estar más de acuerdo, Manoplas —apoyó Luz con picardía.
—Nos vemos, amigui.
Amity salió corriendo hacia la salida del auditorio con Gus en brazos, mientras él gritaba:
—¡Luz, auxilio!
Luz no pudo evitar soltar una pequeña risa al ver la escena, pero pronto su mirada se volvió seria y melancólica al volverse hacia el director Bump.
—Y en cuanto a mí, director Bump... aún no me decido. Tal vez es una locura, pero... desearía poder estudiar un poco de todo.
—No hay problema.
Con un movimiento ágil, Bump dibujó un círculo mágico en el aire con su índice derecho. Para sorpresa de la joven Noceda, las mallas de su uniforme comenzaron a brillar y a transformarse, mostrando nueve colores vibrantes que representaban cada clase de magia.
—¡Sí, sí, esto es genial! —celebró Luz, levantando el puño izquierdo al aire con entusiasmo desbordante—. ¡Voy a estudiar todo!
—¿Sabes? Solo una estudiante quiso estar en todas las clases —comentó Bump, su tono cargado de nostalgia—. Desafortunadamente, nunca le dimos la oportunidad.
—Fausto era un cretino —interrumpió una familiar voz femenina que surgió detrás de la chica Noceda—. Pero las angustias sabíamos que tú eras diferente, querido Bumpino.
Luz se dio la vuelta, sorprendida, y su rostro se iluminó al ver a...
—¡Eda!
Con una amplia sonrisa, la abrazó con alegría.
—¡Regresaste!
Luego, retrocediendo un paso para modelar su uniforme.
—¡Mírame! ¡Ahora estoy en todas las clases!
La dama búho le acarició la cabeza con la mano derecha.
—Muy bien hecho, mi jóven aprendiza. Has logrado lo que yo nunca pude alcanzar.
—¿Y cómo estuvo la terapia de parejas de tu otro sobrino y su esposa? —preguntó Luz curiosa.
Eda se encogió de hombros.
—Digamos que esta vez nadie terminó en el hospital, gracias a Val y a mí. Pero tengo fe en que las cosas mejorarán entre ellos, para cuando Dipper y Mabel regresen de sus vacaciones.
—Wow, sigo sin poder creer que el hijo y los nietos de tu hermanita pequeña sean 100% humanos y no parte brujos como Satan —comentó Luz.
Eda solto una risita.
—Y yo jamás imaginé que una "remedo de bruja" como ella pudiera extraer un saco biliar con un bisturí de cuerno de ti...
Bump interrumpió el momento con un carraspeo.
—Lamento interrumpir esta conmovedora interacción entre maestra y alumna, pero... ¿puedo saber dónde se encuentra el joven Tikbalang?
Tanto Eda como el director dirigieron su mirada hacia la joven Noceda, quien, con una sonrisa traviesa, solo soltó una risita juguetona.
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En la habitación secreta de los atajos, la boca del abomi-gato se abrió lentamente, revelando a Luis y Willow recostados uno junto al otro, cubiertos por la húmeda "lengua" de baba del felino. Alrededor de ellos, sus ropas estaban esparcidas por el suelo, como si un torbellino las hubiera lanzado en todas direcciones. Los lentes de Willow descansaban entre las prendas, mientras su cabello, revuelto y desordenado, caía en mechones enredados. Ambos permanecían en silencio, mirando al techo con rostros de sorpresa compartida, aún procesando lo que acababa de suceder.
—Wow… —susurró Luis.
—Mis padres van a matarme —añadió Willow.
De repente, se escuchó que una puerta se abrió de golpe. Amity apareció, todavía llevando a Gus en brazos como recién casados. Él parecía asustado, con la cara cubierta de manchas de labial rosa.
Amity les lanzó una mirada dulce.
—¿Ya terminaron? Porque también queremos usarla.
Willow y Luis se incorporaron al instante. La jóven bruja de las plantas, roja como un tomate, se aferró a la "lengua" para cubrirse mejor.
Gus trazó un círculo con su índice derecho, y, sobre él y la joven bruja de cabello púrpura, surgieron unas letras brillantes en rojo intenso, formando un mensaje en el aire que decía:
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¡Ayúdenme, por favor!
