Un escape entre las ruinas del espejo Parte 1

Un día antes del primer día...

En medio de la noche, Luis estaba profundamente inmerso en un sueño extraño. Entre imágenes borrosas, su mente navegaba por recuerdos de Willow, pero había algo distinto, algo que lo hacía sentir intranquilo. Su cuerpo se movía inquieto sobre la bolsa de dormir, y murmuraba suavemente mientras sus pensamientos se enredaban en sensaciones que no podía controlar.

—Mimosa... —susurró con el rostro tenso, ajeno al mundo real.

De repente, despertó sobresaltado, con el corazón latiéndole rápido y una sensación de incomodidad invadiéndolo. Se sentó rápidamente sobre su bolsa de dormir, cubierto de un sudor frío. Miró a su alrededor, asegurándose de que Luz no se hubiera despertado. Sus ojos se desviaron hacia su entrepierna, donde notó algo que lo hizo asquearse de inmediato.

—Diache, soy del bajo mundo... —murmuró con una sonrisa de resignación y tristeza.

Luz, aún medio dormida, se removió en su propia bolsa de dormir y abrió los ojos con pereza.

—Pero que mereketembe, ¿quién apagó el sun? —preguntó, estirándose con un bostezo mientras se incorporaba.

Al notar la gran mancha húmeda en la truza roja de su hermano mellizo, sus ojos se abrieron con sorpresa, y una sonrisa divertida comenzó a asomarse en sus labios. Intentando contener la risa, lo miró con una ceja levantada.

—¿Eto e neta, Chato? —le dijo, burlona.

Luis, se cubrió la entrepierna con ambas manos, pero su incomodidad solo lo hacía ver más vulnerable.

—¡Tira pa' la sábana otra ve, loca!—le ordenó con hostilidad.

Luz, ahora completamente despierta, no pudo evitar soltar una pequeña risa burlona.

—Mmm... Yo sabía, te pudo el desespero, ¿eh, tiguerón? —dijo, inclinándose un poco hacia él con su sonrisa de "nutria con un lado oscuro".

Luis gruñó en respuesta, y Luz solo rió más mientras se dejaba caer de nuevo en su bolsa de dormir.

—Tranquilito, eso es normalito. Solo que... nunca pensé verte en esa vuelta, mi pana —bromeó, disfrutando de la oportunidad de molestar a su hermano.

—Al fina, iempre hay una primera pa' cada cosa, ¿tú me entiende? —murmuró Luis, todavía avergonzado, mientras Luz seguía riendo suavemente desde su lugar.

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Más tarde...

Con la cabeza llena de dudas, Luis sintió que no podía quedarse callado. Necesitaba consejo, pero ¿de quién? Después de darle vueltas al asunto, se dio cuenta de que solo podía confiar en una persona.

—Oye, bruja, necesito hablar contigo —dijo con seriedad, mientras Eda se preparaba para entrar a la ducha, envuelta en una bata de baño verde agua y con el pelo envuelto en una toalla del mismo color.

—Claro, corchito —respondió Eda—. Solo dame unos minutitos.

Luis apretó los puños, sintiendo cómo la necesidad de hablar lo sobrepasaba.

—Perdón, pero esto puedo esperar —insistió, casi rogando—. De verdad esto es urgente.

Eda lo observó detenidamente, captando la desesperación en sus ojos. Con una sonrisa comprensiva y un gesto de su mano derecha, lo invitó a seguirla al baño.

Luis sintió una leve náusea al tener que acompañar a la dama búho a la ducha por segunda vez en su vida. Sin embargo, al notar la inquebrantable determinación de Eda por apoyarlo, la incomodidad fue desplazada por una creciente sensación de esperanza. Su fortaleza le hacía sentir que, con ella a su lado, podrían superar cualquier obstáculo.

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Bajo el agua tibia, Luis respiró hondo, dejando que el vapor lo envolviera como un refugio temporal.

—He estado teniendo sueños un poco... "peculiares" con Willow —confesó con su voz apenas audible sobre el sonido del agua cayendo.

Eda, mientras se enjabonaba, esbozó una sonrisa pícara.

—Uy, eso suena interesante —respondió con una chispa de picardía—. Pero, ¿qué hay de malo en eso?

Luis se mordió el labio.

—El problema es que soy un pervertido de closet —admitió, avergonzado—. Aunque ella aceptó ser mi "amiga especial", no sé si está lista para... algo más.

Eda levantó una ceja, intrigada.

—¿Y qué crees que pasaría si le dices lo que realmente quieres? —lo interrumpió curiosa pero comprensiva.

Luis cerró los ojos con fuerza, apretando los puños.

—Quizás me repudiaría. Y si eso sucediera, me aterra pensar que podría enojarme tanto con ella que...

Abrió los ojos, revelando unas pupilas de un rojo intenso y furioso. Eda se estremeció, pero no retrocedió.

—No quiero hundirme más, bruja —dijo Luis con un tono oscuro, como si luchara contra algo dentro de sí mismo.

El silencio entre ellos se extendió, pesado y cargado de emociones no dichas. El agua seguía cayendo, como un eco lejano de lo que Luis intentaba reprimir. Apenas podía sostener la mirada de Eda, temiendo lo que ella pudiera pensar.

Finalmente, Eda lo envolvió en un abrazo cálido, apretándolo contra su pecho. Su toque no era solo físico, sino también emocional, y casi maternal.

—No te preocupes, corchito. —le susurró con voz tranquila, mientras acariciaba su cabello—. Tengo la solución para tu problema. Pero primero, terminemos de ducharnos, ¿sí?.

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Después de la ducha, Luis se acomodó en el sofá de la sala, sintiéndose un poco más ligero y envuelto en su suave bata de baño blanca. Eda, también vestida con su bata verde agua, se acercó a él, y con un giro juguetón de su dedo índice zurdo, hizo aparecer una pequeña libreta de notas con papeles rosas, que logró atrapar con su mano derecha.

—¿Qué es esto? —le preguntó, entre intrigado y escéptico.

—Es un lienzo en blanco para ti —le respondió Eda con una sonrisa traviesa—. La primera persona que lea tu redacción, estará a tu disposición.

Y le guiñó un ojo, añadiendo un toque de misterio al momento.

En ese instante, Luis sintió que el destino de su relación con Willow pendía de una diminuta libreta. Era consciente de que no podía permitir que la magia resolviera todo, pero la posibilidad de que Eda tuviera la clave para su dilema le ofrecía un atisbo de esperanza.

Tras un breve silencio, inhaló profundamente y recitó:

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Supongo que a veces, la trampa es un arte sutil,

si no hiere a nadie, no es tan vil.

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Eda le dedicó una sonrisa suave, casi maternal.

—Tienes talento para los versos, corchito. Deberías aprovecharlo.

Luego, se retiró con un gesto elegante hacia su habitación, dejando a Luis reflexionando.

Justo cuando Luis reflexionaba sobre lo que había dicho Eda, Luz irrumpió en la sala, con su pijama un tanto desordenado y una sonrisa que apenas podía contener, incapaz de olvidar el "húmedo incidente" de su hermano mellizo. Se acercó a él y, al sentarse a su lado en el sofá, no pudo aguantar más y estalló en carcajadas.

Pero antes de que Luis pudiera decirle algo, la imagen de Amity apareció en la bola de cristal que estaba sobre la mesa de la sala. No estaba sola. Detrás de ella, una elegante mesa adornada con teteras, platitos y tazas relucía bajo la luz suave de la mansión Blight. Seis chicas, todas vestidas con delicados y brillantes atuendos de princesa, estaban sentadas a su alrededor, en silencio pero irradiando una palpable emoción contenida.

Amity, con un elegante vestido largo color rosa, sonrió amablemente.

—Buenos días, querida Luz y querido Luis —saludó alegre y educadamente—. Llamo para decirles que alguien muy importante desea hablar con ustedes.

Amity se giró levemente, y una figura a su lado se levantó con un movimiento encantador y radiante.

—Princesa Star, adelante.

La Princesa Star, también conocida como "La Mariposa Estelar", se destacó con su larga cabellera rubia, sus mejillas decoradas con corazones rosados y un vestido azul cielo que brillaba bajo la luz. La misma con quien los mellizos habían luchado una vez en la peligrosa zona de la Rodilla del Titán. Con una corona reluciente sobre su cabeza y su varita mágica en la mano, ella saludó a los gemelos con una reverencia dramática.

—Oh, ilustres humanos —comenzó Star con un tono teatral, levantando su varita para enfatizar sus palabras—. Es para mí un honor, como princesa heredera del trono del reino de Mewni, invitarlos a un mágico y espléndido desayuno real... ¡que tendrá lugar hoy mismo, en el humilde castillo de la familia Blight!

Luz inclinó levemente la cabeza, mostrando buenos modales y una expresión calmada.

—Nos encantaría, Princesa Star —respondió con una voz suave y educada—. Será un honor acompañarlas.

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Y en un abrir y cerrar de ojos, los jóvenes Noceda ya caminaban tranquilamente sobre el puente de Huesosburgo, sin ninguna prisa. La brisa fresca de la mañana les acariciaba el rostro, y ambos disfrutaban del momento de tranquilidad mientras conversaban.

—Qué heavy que la Agüizot-EDA nos ha soltao pa' ir a meterno un mañanero con to el flow —comentó Luz, rompiendo el silencio con emoción—. Se ve que cachó que nos hacía falta un break.

Luis se encogió de hombros, mirando el horizonte con desinterés.

—Yeterday, ya me lo picturizo: sentao, con mi teíto, pretando oído a un reguero de caraitas freitas boceteando de plepla... ¡Qué chulería! —respondió con un tono sarcástico mientras se detenía a mitad del puente.

Luz también se detuvo, girando hacia él con una ceja levantada.

—¿Tanta brega te tá dando?—le preguntó, sonriendo divertida—. Ere el único príncipe en el junte de princesas. ¡Tú ta en la gloria, mi pana!

Luis suspiró, apoyando las manos por el parapeto, mientras observaba a la gente pasar bajo el puente.

—No e que me dé brega, ni brigue, ni brogui, Nutria. E nada má que...

—¿Tienes miedo de engañar a tu novia? —lo interrumpió Luz con su sonrisa de "nutria con un lado oscuro".

Luis la miró con una expresión impasible.

—¿Novia?

Sin poder contener su travesura, la jóven Noceda sacó su celular y deslizó algunas imágenes hasta detenerse en una particular.

—Y eso que me soltate un saco de diparate, que si todavía les quedaba tajazos en la molleja, que no se iban a volver a coronar con lo piquitos, y que mejo cierre el hocico o me iba' a arrancá la lambreta. ¡Pero qué phony tú ere', loco! —le recordó, mostrándole la pantalla, donde se veía la foto (que había tomado a escondidas) de Willow y él, besándose en medio de la nieve en la rodilla del Titán.

Luis contempló la imagen por un momento, y su expresión se tornó en resignación. Sabía que discutir con su hermana sería inútil.

—Bueh, ta bien, lo admito, de ángel solo tengo la cara.

—¡Oh, Villana Lucy! —exclamó Luz, apenas conteniendo la emoción—. ¡No tienes idea de las ganas que tengo de saltar y gritar como una loca ahora mismo! ¡¿Willow y tú, juntos?! ¿¡Que Marcy por fin haya quedado en el pasado!? —Sus ojos brillaban como estrellas—. ¡Voy a empezar a planear su bo...!

—Ya basta, Lucinda —la interrumpió Luis, metiéndole un calcetín con dibujos de patitos en la boca—. Tú vas a la fiesta, yo no, y se acabó.

Luz escupió el calcetín, y Luis lo atrapó con destreza en su mano derecha, guardándolo en el bolsillo canguro de su sudadera.

—Como quieras, odioso empedernido —dijo Luz con una dulce ironía—. Pero si cambias de opinión, ya sabes dónde encontrarme. Solo cuídate, ¿sí?

Y, sin decir más, se inclinó hacia él, rozando su piel con un suave beso en la mejilla izquierda antes de alejarse tarareando.