Un escape entre las ruinas del espejo Parte 3
—Wow, solo, wow.
Luis se dio la vuelta, encontrándose frente a tres estudiantes de Glandus, todos observándolo con miradas intensas y llenas de curiosidad. La primera, una figura de piel marrón claro y ojos azul oscuro, avanzó un paso, esbozando una sonrisa desafiante.
—Acabaste con esa reptibestia y derribaste a un guardia como si nada.
Un demonio de piel dorada, cubierto casi hasta los ojos por una gorra gris, se inclinó hacia adelante, escrutando a Luis con una mirada evaluadora, como si quisiera analizar cada aspecto de su hazaña.
—Nada mal para ser un humano.
Luis arqueó una ceja y respondió con una sonrisa indiferente.
—Gracias. Y, la verdad, preferiría mil veces ser un humano antes que un demonio poco agraciado, gordito y... bueno, tan repulsivo como el que tengo enfrente.
La joven bruja de cabello azul púrpura y mirada ambiciosa, junto con el brujo de piel marrón, soltaron una carcajada al ver la expresión ofendida del demonio dorado.
—¡Te atrapó, amigo! —se burló el brujo de piel marrón, dándole una palmada en el hombro al chico dorado, quien bufó, visiblemente irritado.
Sin perder la oportunidad, la bruja de cabello azul púrpura dio un paso hacia Luis, sus ojos escudriñándolo de pies a cabeza, con una sonrisa astuta y calculadora, como si tratara de medir su potencial.
—Oye, guapo, me pareces familiar. No sé si es solo mi imaginación, pero... tienes un aire similar a...
—¡Lusine! —exclamó el joven brujo moreno de Glandus, alzando con entusiasmo la mano derecha para saludar a la joven bruja, cuyo parecido con Luz era inconfundible, mientras se acercaba junto con Gus y Katya.
—Lamento la tardanza —se disculpó Lusine, sosteniendo un pergamino en su mano derecha.
Gus dio un paso al frente, señalando con entusiasmo a Lusine.
—¿¡Puedes creerlo, Luis!? ¡Esta bruja se parece a Luz!
Katya levantó una ceja y observó a Lusine con una mirada curiosa, casi divertida.
—Asi que los sosías, o también llamados "dobles fantasmagóricos" no se limitan solo a los espejos malditos —comentó, analizando cada gesto de la doble de Luz, como si estudiara un enigma fascinante.
Lusine sonrió con una ligera malicia, moviendo su dedo índice zurdo en círculos en el aire.
—Oh, parece que tienes hambre.
En un parpadeo, conjuró algo redondo, humeante y blanco, con una cruz en el centro, que atrapó con la palma libre y acercó a la cara de Katya.
—¿Pan de ajo?
El aroma penetrante del ajo alcanzó las fosas nasales de Katya, causando que su rostro se contrajera en una mueca de desagrado.
—Gracias —intervino Luis, tomando el pan con su mano derecha, para desconcierto de Lusine y alivio de Katya—. Hoy no tuve tiempo de desayunar.
Con una mordida al pan, Luis miró a Gus con reproche, y tras tragar, agregó:
—Y si el diminuto caballero fuera tan amable de devolverme mi sudadera, no lo aplastaría como el insecto que es.
—¿Qué?
Gus parpadeó, confundido y algo nervioso, hasta que notó que aún llevaba cierta prenda amarilla puesta como si fuera una capa. Con una risa nerviosa, se la quitó de un tirón y se la entregó a Luis, quien en ese instante terminaba de devorar el pan de ajo.
—Oh, oh, sí... jeje... Aquí tienes.
—Tratar mal a un chico inocente te hace menos atractivo, ¿sabías eso? —le dijo Katya, mezclando broma con una pizca de seriedad.
Restándole importancia a sus palabras, Luis se puso la sudadera y, sin mirarla, preguntó:
—¿Alguien tiene algo para beber?
Katya, con una sonrisa, sacó rápidamente de su espalda lo que parecía una bota para beber. Cuando Luis extendió la mano izquierda para tomarla, ella lo apartó, sonriendo de manera juguetona.
—Te lo daré, pero solo si te disculpas con el pequeño ilusionista por haberle hablado de forma grosera.
Luis soltó un suspiro y, dándole un leve golpecito en la cabeza a Gus con su mano izquierda, dijo:
—Perdón, Augustus. Y gracias de verdad por tu ayuda.
Gus sonrió tímidamente.
—No hay problema, Luis.
Con una sonrisa satisfecha, Katya entregó finalmente la bota a Luis, quien lo tomó con la mano derecha y comenzó a beber del pico.
—Amigos, Glándulos —comenzó Lusine, levantando la mano izquierda y señalando primero a Gus—. Conozcan a Gups.
—Gus —la corrigió el joven ilusionista.
Lusine lo miró brevemente, pero no prestó atención y continuó, como si nada.
—Un aspirante a ilusionista de Hexside.
Luego, le lanzó una mirada desafiante a Katya, quien le respondió con una expresión de desaprobación.
—La colmilluda es Katherine.
—Katya —corrigió la bruja vampireza con un tono glacial.
Lusine soltó una risita traviesa.
—Eso fue lo que dije. Una bardo St. Epidermia.
Finalmente, le lanzó una mirada cargada de coqueteo a Luis, quien, en ese momento, le devolvía la bota a Katya.
—Y supongo que ya conocieron al apuesto Luis, el humano.
Se mordió el labio inferior, sonriendo de forma juguetona antes de continuar:
—¿Sabes? No cantas ni bailas tan mal, muñeco.
—Deberías ser bardo, cariño —añadió Katya, con un tono de complicidad.
—Lo tendré en cuenta —respondió Luis con indiferencia.
La bruja de cabello púrpura oscuro les dedicó una sonrisa amigable.
—Es un placer conocerlos —les dijo, señalando primero a sus compañeros—. Ellos son Agmar.
El joven demonio regordete, de la clase de plantas, levantó la mano izquierda con una leve inclinación de cabeza en saludo.
—Gavin —continuó, ahora apuntando al joven brujo de la clase de abominables.
—Hola —dijo Gavin, haciendo un gesto de "pistola" con las manos y guiñando un ojo de forma juguetona.
Por último, la bruja de cabello púrpura se señaló a sí misma, esbozando una pequeña sonrisa.
—Y yo soy Bria.
—Bien, como ya terminaron las presentaciones —anunció Lusine mientras se acercaba al trío con un pergamino enrollado en su mano derecha—. Aquí está el mapa, muchachos. Y solo tuve que golpear al más débil del aquelarre de cazadores de tesoros.
Bria la rodeó con un efusivo abrazo, casi levantándola del suelo.
—¡Esa es mi chica!
Katya, con el ceño ligeramente fruncido, inclinó la cabeza hacia un lado.
—El chico está bien, ¿verdad? —preguntó con un matiz de preocupación.
Lusine respondió con una sonrisa oscura que no ofrecía consuelo.
—Oh, claro. Solo está inconsciente... con algunos moretones, un par de huesos rotos y, tal vez, una pequeña hemorragia interna. Pero sigue vivo.
Katya tragó saliva, su mirada reflejando una mezcla de alivio y nerviosismo.
—"Sigue vivo"... qué tranquilizador —murmuró por lo bajo.
Luis tomó su mano izquierda con suavidad, provocando que un leve sonrojo se dibujara en sus mejillas.
—Bueno, parece que tienen cosas importantes que hacer, así que... —comenzó a decir mientras daba un paso atrás, listo para marcharse junto a Katya y Gus. Sin embargo...
—Esperen —los detuvo Lusine, desenrollando el mapa y mostrándolo al joven humano y al aspirante a ilusionista—. ¿Han oído hablar de las piedras galdor?
—Son reliquias poderosas —añadió Bria—. Muchos brujos y demonios las buscaron.
—Pero todos regresaron con las manos vacías —continuó Gavin.
—Perseguidos por su guardián —intervino Angmar con voz grave—. Hasta hoy.
Lusine enrolló el mapa de nuevo, y con un destello de seriedad en sus ojos, explicó:
—Escuchamos a algunos miembros del aquelarre de cazadores de tesoros hablar de ellas. Pero no será fácil. Ustedes demostraron habilidades excepcionales. Nos vendrían bien sus fuerzas extra.
Luis se encogió de hombros, relajado.
—De acuerdo. De todos modos, necesito distraerme un poco.
Lusine sonrió con picardía, miró a Gus y Katya con curiosidad, y les dijo:
—¿Y ustedes qué dicen, Katrina y Gustónimo? ¿Le entran o no?
Ambos brujos, uno de Hexside y la otra de St. Epiderm, intercambiaron miradas de duda. Mientras tanto, Luis sacó de su bolsillo canguro una libreta de notas algo desgastada y un bolígrafo, comenzando a escribir algo con rapidez.
—Suena increíble, pero... —comenzó Gus, rascándose la nuca con su mano derecha mientras buscaba las palabras adecuadas—. Soy solo un aspirante a ilusionista. Si voy, creo que solo los estorbaría. No sé ningún otro hechizo aparte de las ilusiones.
Katya se cruzó de brazos, frunciendo el ceño con desdén.
—Y yo no...
Luis no dejó que terminara. Interrumpió con serenidad, mirando a ambos:
—Eso no es problema.
Sin más, apoyó una mano firme en el hombro derecho de Gus. Acercándose a su oído, le susurró con voz segura:
—Solo pregúntate, ¿qué haría Luz en tu lugar?
La expresión del joven ilusionista cambió. Sus ojos se iluminaron mientras meditaba la pregunta. Finalmente, una sonrisa decidida se dibujó en su rostro.
—Bien, iré.
Katya los observó con los ojos entrecerrados, una mezcla de sorpresa y escepticismo dibujándose en su rostro. Frunciendo el ceño, dejó escapar un tono incrédulo:
—¿De verdad piensan unirse a esos matones de Glandus?
Luis, sin decir palabra, extendió el papel que había arrancado de la libreta de notas que Eda le había entregado, forzándola a leer lo que estaba escrito a continuación:
.
Bésame, sin pensar,
y acepta que vamos a viajar.
.
Ni bien el joven Noceda apartó el papel, Katya lo miró con los ojos brillando y las mejillas encendidas, antes de rodearle el cuello con sus brazos y darle un beso en los labios, dejando a todos los presentes completamente atónitos. Los cuatro estudiantes de Glandus reaccionaron con expresiones mezcladas: algunos hicieron muecas de asco, mientras que otros mostraron una evidente emoción. Lusine, con un tic nervioso en el ojo derecho, frunció el ceño, mientras que Bria, divertida, sacó la lengua de forma juguetona. Angmar sonrió de oreja a oreja entre dientes, claramente disfrutando del momento, mientras que Gavin observaba la escena con los ojos brillosos, como si estuviera viviendo una aventura. Gus, sacudiendo la cabeza y mirando la escena con cierta pena, dijo:
—A Willow no le va a gustar esto.
Cuando el beso llegó a su fin, Luis se quedó relajado, con la cabeza descansando sobre el pecho de Katya, quien le sonrió de forma traviesa. Con la mano derecha, acarició suavemente su cabello, disfrutando del momento antes de girar la mirada hacia el cuarteto de Glandus. Su voz, casi un susurro, rompió el silencio con una pregunta cargada de curiosidad.
—¿Y dónde encontramos esas piedras?
Lusine se aclaró la garganta, tomando un respiro antes de responder:
—Iremos a las ruinas del espejo en el bosque del antebrazo.
.
.
.
En la elegante y lujosa habitación de Amity, ubicada en la mansión Blight, la decoración ostentosa reflejaba el buen gusto de la familia Blight. Luz, sentada junto a Amity, llevaba un vestido largo estilo renacentista de un verde agua tan brillante que casi deslumbraba, acompañado de un sombrero de cono a juego que le daba un aire encantador, aunque ligeramente ridículo. Mientras tanto, Amity conversaba animadamente con las demás princesas, creando una atmósfera de camaradería.
Sin embargo, a pesar de las sonrisas y las tazas de té perfectamente decoradas, algo no encajaba del todo. Las princesas, aunque aparentaban alegría, parecían ocultar algo, como si una preocupación latente rondara en el aire. Luz, al notar las sonrisas forzadas, frunció el ceño, como si pudiera sentir la tristeza que todas intentaban ignorar.
Aquí tienes la corrección, enfocada en problemas personales en lugar de decepción amorosa:
—Oye, Manoplas... —comenzó Luz, interrumpiendo la conversación sin miramientos—. ¿Soy la única que siente que, aunque todo esté lleno de brillo y risas, hay algo... raro aquí? No es que no me esté divirtiendo, pero... algo no encaja.
Amity se giró hacia ella, sonriendo suavemente. Sus ojos reflejaban una mezcla de calidez y nostalgia, y aunque su tono era alegre, llevaba una ligera melancolía.
—Es que el tema de la reunión del aquelarre de princesas mágicas de hoy es el problema personal, Amigui. Nos reunimos para compartir esas dificultades que a veces llevamos en silencio —dijo, sus palabras teñidas de comprensión—. Cada una de nosotras tiene sus propios desafíos, algunos más pesados que otros, y hoy... estamos aquí para abrirnos un poco y reírnos de esas complicaciones que nos hacen personas. Aunque, claro, siempre hay espacio para la esperanza.
De repente, la princesa Star, visiblemente frustrada, cruzó los brazos y miró su taza de té, frunciendo el ceño con tal exageración que parecía una caricatura. Luego, sin previo aviso, comenzó a murmurar entre dientes, como si hablara consigo misma.
—¡Maldito "chico seguridad"! ¿Cómo se atreve? ¡Esa tonta sonrisa y ese "eres mi mejor amiga" que me da ganas de vomitar!
Las princesas se miraron entre sí, sorprendidas por el arranque de Star, pero ninguna se atrevió a interrumpirla. Star, completamente ajena a la atención que había acaparado, siguió hablando, cada vez más desbocada.
—¿Cuál es su P%$O problema? ¡Saliendo con una patinadora que se cree la reina del mundo! ¡Ja! "Ah, Diaz, tú sí sabes hacerlo..." ¡Claro, claro! ¡¿A qué hora le cayó en gracia?! ¡Como si... como si fuera el único con esos ojos tan... tan... grrr!
Una de las princesas, incapaz de contener la risa, se tapó la boca con la mano. Las demás, contagiadas por la energía de Star, comenzaron a aplaudir y vitorear como si estuvieran en un show.
—¡Eso! —exclamó una princesa regordeta con entusiasmo, golpeando la mesa con sus pequeños puños, haciendo tintinear las tazas de té—. ¡Siga, Princesa Star, siga!
—¡Dígalo con todo! —añadió Amity, levantando su taza de té como si fuera un trofeo.
Incluso la pequeña princesa demonio cabra, con unos cuernos enormes, estalló en carcajadas, disfrutando de la escena como si fuera la comedia del año.
—¡No se detenga!
Star, tomando aire, soltó finalmente:
—¡MARCO DÍAZ ERES UN H %$A!
Y mientras las princesas se retorcían de la risa, Luz alzó una ceja, dejando entrever una mezcla de curiosidad y desconcierto al captar aquel nombre que parecía encerrar más de lo que aparentaba.
—¿Marco Díaz? —murmuró para sí misma, sacando su celular.
En apenas unos segundos, encontró la foto que buscaba: una tomada el verano pasado, junto a su primo Marco y su hermano gemelo, Luis. La imagen parecía capturar la calidez de esa tarde soleada, y una sonrisa divertida asomó en sus labios al girar la pantalla para que la princesa Star también pudiera verla.
Marco, con su altura promedio y complexión delgada, se destacaba en el centro. Su piel bronceada brillaba bajo la luz natural, resaltando sus ojos marrones y el cabello castaño oscuro, que caía de manera desordenada sobre su frente. En su mejilla derecha, un pequeño lunar le daba un toque característico, como una especie de firma que lo hacía inconfundible. Vestía una camisa gris claro apenas visible bajo la sudadera roja que siempre parecía acompañarlo, y sus pantalones gris oscuro le daban un aire desenfadado que completaba con un par de zapatillas marrones con detalles en blanco. En esa instantánea, Marco parecía capturar la esencia misma del verano: relajado, despreocupado, y con una chispa de aventura en los ojos.
—¿De casualidad no es este chico, Alteza? —preguntó con un tono juguetón.
Star miró la foto, sorprendida, sus ojos brillando por un momento antes de llevarse una mano a la boca, como si no pudiera creer lo que veía.
—¡Es él! —exclamó, su tono lleno de emoción al recordar sus momentos juntos, pero en un abrir y cerrar de ojos, su expresión cambió a perplejidad—. Pero... ¿cómo es que...?
Luz, aún con una sonrisa traviesa, se encogió de hombros y adoptó una expresión juguetona.
—Es mi primo —la interrumpió con naturalidad, mientras las princesas observaban, algunas cuchicheando entre ellas—. El hijo del hermanastro de mi mamá. ¿Pero qué le pasó con él, Alteza?
Star la miró en silencio por un momento, suspirando profundamente, como si no supiera cómo explicar lo que sentía.
—Éramos los mejores amigos, y con el tiempo, me fui enamorando de él sin poder evitarlo. Pero siempre estuvo enamorado de una patinadora llamada Jackie Lynn Thomas —respondió con una sonrisa melancólica—. Es una chica genial, no puedo negarlo. Aun así... no sé, sentí cómo algo se rompía dentro de mí el día que los vi juntos por primera vez. Una parte de mí se alegra de verlo feliz, de verdad, pero la otra... se aferra a la idea de que algún día podríamos estar juntos.
Luz dejó escapar una risita nerviosa.
—Ok, esto es un poco embarazoso. Estuve a punto de decir algo como "¡no se rinda, luche por su amor!", pero luego recordé que la última vez que le di ese consejo a alguien, las cosas terminaron horriblemente mal.
Amity esbozó una sonrisa con un toque irónico, y dirigió su mirada a la princesa Star.
—El amor no siempre es una guerra que debamos ganar a toda costa, Princesa Star. A veces, solo queda aceptarlo y… ¡Oopsie Doopsie! No tenía la intención de decir eso, pero se me escapó como una flatulencia accidental.
Todas estallaron nuevamente en risas, disipando gran parte de la tensión que flotaba en el ambiente.
Amity percibió el cambio sutil en el ambiente y, con una mirada astuta, se concentró. Con un suave movimiento de su dedo índice, trazó un círculo en el aire, de donde emergió una pequeña botella de vidrio, cuya superficie estaba marcada por un corazón negro partido en dos. Sonriendo con complicidad, levantó la botella con elegancia para que todos pudieran verla y, con voz firme y segura, recitó:
.
Una gota en el té, un toque de desdén,
un revuelvo lento, y el amor se va también.
Con un sorbo amargo, se olvida el ayer,
y el corazón, libre, vuelve a renacer.
.
Luz y las princesas miraron la botella con curiosidad.
—¿Eso es…? —preguntó la chica Noceda, levantando una ceja.
Amity asintió con un aire teatral, completando la frase de Luz mientras sostenía la botella con delicadeza, como si portara un objeto de suma importancia.
—Un elixir de desamor. Exacto, amigui. La dama búho me lo dejó a mitad de precio. Y será decisión de la princesa Star si lo bebe o no.
Star la miró, indecisa, y luego dejó escapar un suspiro.
—Vaya... realmente se siente como una elección complicada —murmuró, mientras la sala se sumía en un silencio expectante.
Mientras tanto, Luz no pudo evitar que una pequeña y nostálgica sonrisa asomara en sus labios.
«Ojalá hubiera tenido algo como eso a mano...», pensó, sintiendo una leve punzada de melancolía, «...así Lucho jamás habría...».
.
[Escena retrospectiva I]
El gimnasio de la escuela secundaria de Ciudad de las Tumbas vibraba con luces de neón que parpadeaban al ritmo de la música, creando destellos que se reflejaban en los rostros de los estudiantes, sumiéndolos en un sueño brillante. La música suave flotaba en el aire, marcando el ritmo de un lento vaivén, mientras parejas danzaban con una mezcla de alegría y tímido abandono. Cada paso de baile, cada giro, parecía inmortalizar un momento efímero. Entre ellos, un chico de baja estatura y complexión delgada destacaba. Su cabello castaño, cortado al estilo hongo, dejaba al descubierto los costados rapados, y su esmoquin negro, perfectamente ajustado, caía con una elegancia peculiar sobre su cuerpo. A pesar de estar descalzo, su postura era impecable, como si cada movimiento estuviera cuidadosamente calculado, en contraste con la atmósfera desenfadada del evento. A su lado, Marcy Wu brillaba en su vestido lavanda, que reflejaba los destellos de luz. Su sonrisa invitaba a la felicidad, mientras su risa se fundía con el murmullo de la pista de baile.
Desde un rincón oscuro del gimnasio, casi como una sombra, Luz observaba la escena. Su vestido rosa, cubierto de pequeños destellos brillantes, parecía desentonar con la atmósfera que la rodeaba. De pie frente a la mesa de bocadillos, absorbida en su solitaria cena, mordía unas alas de pollo, con la boca salpicada de salsa. Las manchas rojas cubrían también sus manos, y un poco de salsa caía sobre su vestido. Sus ojos, fijos en los demás, reflejaban la melancolía de la felicidad ajena.
—Ñam... Ñam... No puedo culpar... Ñam... Ñam... a Lucho por no haber querido... Ñam... Ñam... venir… —murmuró para sí misma, sin dejar de comer—. Ñam... Ñam... Se ven tan felices… Ñam... Ñam...
La atmósfera, antes tranquila, se quebró de repente con la irrupción de una figura enigmática que cruzó la pista de baile como un relámpago. La multitud se detuvo por un momento, igual que el latido del corazón de Luz. Un joven, con un traje azul marino y corbata perfectamente alineada, se acercó sin prisa. Su rostro estaba oculto bajo una máscara de caballo marrón, transmitiendo una sensación de frialdad inquietante, como si hubiera emergido de las sombras mismas.
Luz reaccionó de inmediato. Sus ojos se abrieron en shock al reconocer la figura, y casi se atraganta al darse cuenta de quién era. Su mano, que aún sostenía una alita de pollo, quedó suspendida en el aire, cubierta de salsa, mientras su mente procesaba lo que veía.
—¿Qué…? —murmuró, con la boca llena de pollo, sus palabras ahogadas por el asombro.
Antes de que pudiera asimilarlo completamente, Luis, con una rapidez sorprendente, sacó una palanca de hierro de su chaqueta. Un chasquido seco rompió el aire cuando la blandió con precisión, golpeando la nuca de Grillo, quien cayó al suelo con un estruendoso golpe.
—¡Grillo! —gritó Marcy.
Pero Luis no vaciló. Con una calma inquietante, levantó la palanca una vez más y, en un movimiento preciso, golpeó a Marcy. El sonido del impacto fue sordo, y ella se desplomó, cayendo junto a su novio como un muñeco de trapo. Una chica rubia y otra tailandesa-estadounidense, con los ojos desorbitados por la incredulidad, soltaron un grito de horror que resonó como un eco sin fin.
—¡Marcy!
Luz, temblando de pies a cabeza, se aproximó con paso incierto a la mesa de bebidas. Sus manos, completamente fuera de control, agarraron el cucharón con una torpeza evidente, sumergiéndolo en el ponche de frutas. Intentó servir el líquido en un vaso, pero el temblor de sus brazos transformaba el acto en un caos: el ponche salpicaba la mesa y el suelo, y algunas gotas llegaron incluso a su propio vestido. Finalmente, logró llenar el vaso lo suficiente y, con un movimiento vacilante, lo acercó a sus labios.
—¡Llamen al 911! —gritó una voz masculina.
[Fin de la escena retrospectiva I]
.
[Escena retrospectiva II]
Luz se encontraba frente a su casillero en la escuela, absorta en su celular mientras los estudiantes pasaban a su alrededor, sin notarla.
En la pantalla de su teléfono, un titular captó su atención:
—Un extraño incidente sacudió el baile de graduación en la escuela secundaria de Ciudad de las Tumbas. Un par de estudiantes resultaron heridos tras un ataque violento. A continuación, tenemos a dos testigos. ¿Qué sucedió?
La cámara enfocaba a Anne y Sasha, las mejores amigas de Marcy. Ambas parecían visiblemente afectadas por lo ocurrido. Anne, con la voz quebrada, fue la primera en hablar:
—Fue todo muy rápido. Un chico con una máscara de caballo atacó a Grillo y a Marcy con una palanca de hierro.
Sasha, aún temblando por la tensión del recuerdo, añadió:
—Y luego salió corriendo... Fue... horrible. Nunca imaginamos que algo así podría pasar.
En ese momento, Luis se acercó a su hermana y, al escuchar el informe, le dio un vistazo en silencio. Luego, con tono suave pero serio, murmuró:
—El amor duele, ¿no, Nutria?.
Luz observó a Luis, su mirada cargada de tristeza y decepción. El bullicio de los estudiantes conversando en el pasillo los envolvía, pero todo quedó en silencio cuando sus palabras, claras y firmes, se filtraron en un susurro.
—Quiero que sepas, Luciano, que la única razón por la que no te entregué a la policía fue por mamá. Ella ya tiene bastante con la enfermedad de papá. ¿Qué crees que pasaría si también tuviera que cargar con un hijo delincuente?
Luis se quedó mirándola en silencio, su expresión enigmática, mientras Luz lo observaba con los ojos llenos de lágrimas, luchando contra la marea de tristeza, frustración y culpa que amenazaba con desbordarse. Después de un momento, dejó escapar una sonrisa frágil, casi desesperada, mientras su voz se quebraba.
—Esto es mi culpa, ¿verdad? "Oye, mi pana, lucha por amor." Qué tontería.
[Fin de la escena retrospectiva II]
.
Decidida, Luz inhaló profundamente y fijó la mirada en la princesa Star con una expresión seria. Con voz suave pero firme, le dijo:
—Mire, Alteza, si realmente está pensando en darle un descanso a su corazón, quizás debería considerar beber esa poción.
La princesa Star la miró, sorprendida, mientras sus ojos brillaban de incredulidad. En ese instante, Amity soltó una risita entre dientes, disfrutando del momento, antes de recitar nuevamente, con un tono juguetón:
.
Mi amigui de versos tiene razón, Princesa Star,
Yo lo hice cuando sufrí mi primera decepción, sin dudar.
Fue lo que me permitió avanzar,
Y dejar atrás todo el pesar.
.
Luz tragó saliva al recordar que, en cierto modo, había sido responsable de que Lusine, quien era la novia de Amity en aquel entonces, terminara su relación con ella.
La princesa Star, con una mirada algo distante, suspiró profundamente, como si al fin hubiera tomado una decisión.
—Supongo que no quiero seguir arrastrando este sentimiento por más tiempo —murmuró en voz baja, casi como un susurro, antes de levantar su taza de té con una mano temblorosa, extendiéndola hacia la jóven bruja de cabello púrpura—. Quizá es hora de soltarlo.
Amity, con una mirada llena de ternura y comprensión, destapó la botella que había estado sosteniendo y dejó caer con delicadeza una gota de la poción en el té de la princesa Star. La mezcla burbujeó suavemente, y una pequeña nube de humo emergió, formando un corazón partido que se desvaneció poco a poco en el aire.
La princesa Star observó el espectáculo por un instante, respirando profundamente, antes de comenzar a remover el té con la cucharita. Al tocar la poción, el color del líquido cambió de un marrón cálido a un negro profundo. Star, pensativa, llevó la taza a sus labios, y tras una ligera pausa, dio un largo sorbo, dejando que el sabor inusual llenara su boca.
Cuando finalmente terminó, bajó la taza con un suspiro de alivio, mientras el aire se llenaba de expectación. En ese momento, las demás princesas y la joven humana se pusieron de pie, aplaudiendo con entusiasmo.
—¡Yaaaaay! —exclamó Amity, radiante de felicidad—. ¡Qué refrescante!
—¡Siii! —añadió Luz, llena de entusiasmo—. ¡Woohoo! ¡Muy bien hecho, Princesa Star!
