Un escape entre las ruinas del espejo Parte 4
Luis avanzaba detrás del grupo, cuidando cada paso para no tropezar con las raíces traicioneras que se entrelazaban como serpientes por el suelo del bosque. Bria, al frente, cortaba los arbustos con movimientos precisos, y su figura se dibujaba entre los destellos de luz que atravesaban las hojas. Luis dejó escapar un suspiro apenas audible, mientras sus pensamientos comenzaban a divagar:
«Curvas como las de la Venus calipigia… Aunque, claro, Mimosa tiene lo suyo. Pero… ¿y si fueran ambas?»
El pensamiento lo hizo tambalear por un segundo, pero antes de que pudiera reprimirlo, su mirada se desvió hacia Gavin, caminando a su izquierda con esa despreocupación que casi parecía estudiada. Su cabello despeinado por la brisa lo hacía parecer aún más atractivo.
«Hmm, él no está nada mal. En realidad…»
La idea surgió con descaro, completando el escenario en su mente:
«Mimosa, Bria, Gavin, y yo. Una sinfonía de deseo»
El simple pensamiento lo dejó con un leve calor en las mejillas.
Y entonces, justo cuando su imaginación estaba a punto de desatarse por completo, una voz se deslizó en su oído, como un filo de ironía:
—¡Ajá! —Katya emergió a su lado como una sombra burlona, inclinándose hacia él con una sonrisa juguetona—. Así que, chico, ¿qué estás maquinando? Tu linda carita lo dice todo. Bria al frente, Gavin al lado… y oh sorpresa, tu crush quizás no está lejos —Rió suavemente, dándole un codazo—. ¿Qué pasa por esa cabecita tuya? ¿Una pequeña conspiración secreta? Porque, cariño, se nota que tu imaginación está a tope.
Luis se llevó una mano a la frente, mezclando vergüenza y molestia, sintiendo el ardor de la situación. A pesar de todo, no pudo evitar ofrecerle a Katya una sonrisa falsa, esa que ya había adoptado como una máscara para ocultar lo incómodo que se sentía.
—Déjame sufrir en paz, por favor, te lo pido.
—¿Y qué se supone que hacen esas piedras galdor? —preguntó Gus, de repente.
—Si sostienes una, y cualquier hechizo que lances se vuelve mucho más poderoso —respondió Lusine, con una sonrisa enigmática.
—¡Podría fundar mi propia escuela de magia y demonios! La llamaría "Corpus Magnifica", y nuestro lema sería: "Solo aquellos que conquistan el miedo alcanzan la grandeza" —dijo Bria, levantando su espada y cortando con precisión más de la vegetación que se interponía en su camino.
—Podría crear la mayor abominación de la historia —añadió Gavin, una sonrisa cruzando su rostro—. Apuesto a que papá prestaría atención a eso.
—Y yo podría cultivar un bosque entero, y tener mi propio santuario de mariposas... —remató Angmar, maravillado, mientras unas mariposas amarillas danzaban a su alrededor. Se quedó mirando el espectáculo, con una sonrisa de asombro—. Sin mencionar todas las espectrosporas que podríamos comer.
Pronto, Lusine sacó de su espalda una bolsa transparente repleta de lo que parecían ser fragmentos de algo similar a la madera, teñidos de un tono amarillo anaranjado.
—¿Alguien mencionó...?
—¡ESPECTROSPORAS! —gritaron Gavin y Angmar, acercándose rápidamente a ella, mientras Bria se reía.
—Cortesía de mi jefa —anunció Lusine con una sonrisa presumida, agitando la bolsa con orgullo.
—¡Daría lo que fuera por comerme una ahora mismo! —exclamó Gavin.
—¡DAME, DAME, DAME, DAME, DAME! —añadió Angmar, dando pequeños saltitos de impaciencia.
Lusine rió y, negando con la cabeza, volvió a guardar la bolsa.
—Nah, ah, estas delicias serán para después de esta cacería de tesoros... —Miró hacia Luis, Katya y Gus, y añadió con una sonrisa—. ...y hay suficientes para todos.
—¡Oh no! —exclamó Gus, alarmado. Se inclinó hacia Luis, su rostro un reflejo de pánico, y agitó su brazo derecho con urgencia—. ¡Luis! ¡Debemos irnos ahora!
Luis, sin mirar a Gus, se encogió de hombros y apartó su brazo con un gesto algo brusco, como si todo fuera un juego de poca importancia.
—Ya hemos llegado demasiado lejos, enano —replicó con voz baja y desafiante, el tono teñido de una actitud que desbordaba confianza, tal vez excesiva.
Katya, sin perder la compostura, frunció el ceño. Sus labios se curvaron en una ligera mueca antes de hablar, con un tono que cargaba la seriedad de quien ya ha visto demasiados horrores en su corta vida.
—¿Sabes lo que son las espectrosporas, niño? —le dijo con sus palabras goteando veneno con cada sílaba.
Gus, desesperado, interrumpió antes de que Luis pudiera responder con la voz temblorosa por la preocupación.
—Willow me habló de ellas. Son hongos mágicos alucinógenos peligrosamente adictivos. Con solo una probada...
—Ya no podrás escapar —añadió Katya con dureza, como si las palabras le supieran amargas en la lengua—. Varios de mis compañeros en St. Epiderm quedaron hechos unos zombies por esas malditas cosas. Algunos ni siquiera recuerdan quiénes eran. Y los que no, ni quiero recordar cómo terminaron.
Luis se encogió de hombros, sin inmutarse. Su mirada de desdén no cambiaba, como si la amenaza fuera solo una molestia menor.
—Descuiden —dijo con tono entre serio y tranquilizador, como si todo estuviera bajo control, a pesar de la oscuridad que lo rodeaba—. Para cuando estos chinwenwenchas consigan sus piedrecitas, ya nos habremos largado, ni bien comience el festival hippie.
Apenas Luis terminó de hablar, todos se encontraron frente una una densa muralla de zarzas espinosas, que se alzaba como una barrera natural e inquebrantable.
—Muy bien, tropa —anunció Bria, observando el panorama con una sonrisa—. Hemos llegado a nuestro primer desafío.
Lusine, con una sonrisa de oreja a oreja, se volvió hacia Luis, Katya y Gus, claramente disfrutando de la expectativa.
—Muéstrenos lo que pueden hacer, Primores.
Katya le dio una palmadita en el hombro a Gus y, con un tono cómplice y alentador, le susurró:
—Vamos, cariño. Este es tu momento de brillar.
—Recuerda lo que te dije —añadió Luis.
—¿Qué haría Luz en este caso? —pensó Gus en voz alta, frunciendo el ceño mientras observaba la muralla de zarzas espinosas.
Pocos segundos después, un destello de inspiración cruzó por su mente. Sin pensarlo mucho, hizo un gesto a Luis y Katya para que se acercaran. Les susurró algo y Luis levantó una ceja, mientras Katya sonrió.
—¿Estás seguro? —preguntó el joven Noceda, escéptico.
Con una sonrisa algo tensa, Gus se encogió de hombros.
—La verdad, no. Pero... no perdemos nada por intentarlo.
Katya amplió ligeramente su sonrisa, sus ojos reflejando una determinación firme.
—Sin miedo al fracaso, ¿eh?
—Debo admitir que eso sí me gusta —añadió Luis, con una ligera sonrisa.
Con calma, se agachó y sacó su kriss, el cual brilló suavemente en sus manos. Con un gesto decidido, comenzó a trazar un amplio círculo sobre el suelo, bajo las miradas expectantes de los jóvenes estudiantes de Glandus. Dentro de él, dibujó dos glifos con precisión: uno representaba el hielo, el otro la luz, y ambos se conectaban en el centro mediante una línea recta que los unía.
Cuando terminó, Luis se apartó lentamente del círculo, y Gus miró a Katya con una sonrisa cómplice.
—Te dejo el honor, Katya.
Katya no pudo evitar que una chispa de emoción brillara en sus ojos.
—Muchas gracias, cariño.
Tras darle un beso en la frente a Gus, dio un paso adelante, su mirada fija en los glifos y el círculo. Tomó un momento para estudiar cada detalle, como si se preparara mentalmente para lo que estaba por suceder. Respiró profundamente y, con decisión, colocó el pie derecho dentro del círculo. En cuanto su peso tocó el suelo, una energía chisporroteante de color púrpura comenzó a rodearla, haciendo que los glifos de hielo y luz resplandecieran con intensidad. En un instante, en el centro del círculo, apareció una figura etérea que flotaba levemente sobre el suelo, pareciendo una polilla luminosa, su forma humanoide y misteriosa emergiendo con una delicadeza surreal.
El misterioso ente observó a cada uno de los sorprendidos presentes, y cuando su mirada se detuvo en Angmar, un destello en sus ojos pareció incitarlo a acercarse. La figura de la polilla humanoide le dedicó un guiño juguetón.
Angmar, sintiendo un calor súbito en sus mejillas, se ruborizó completamente, los ojos brillando con una mezcla de sorpresa y fascinación. Sin pensarlo, corrió hacia ella y, con voz entrecortada por la emoción, exclamó:
—¡Eres muuuuy bonita!
La polilla humanoide soltó una risa suave y melodiosa, halagada por la espontaneidad del joven demonio.
—Gracias, pastelito —respondió ella, su tono cálido y amable—. Eres muy dulce.
Angmar, que no pudo evitar seguir mirando con admiración a la criatura, se armó de valor para hacer la siguiente pregunta:
—¿Qué especie eres?
De pronto, Luis se acercó con paso firme pero medido, como si cada movimiento estuviera cargado de una energía contenida. Con una mirada profunda, sus palabras salieron suaves pero seguras:
—Ella no es simplemente una criatura, gordito; es una manifestación de la magia misma. Y por lo que puedo percibir, parece ser magia oscura.
Sus ojos recorrieron la figura de la polilla humanoide con fascinación, mientras Katya se inclinaba ligeramente, como si reconociera la majestuosidad del ser frente a ellos.
—Disculpe la urgencia, pero necesitamos cruzar al otro lado de este muro de zarzas espinosas —dijo la bruja bardo—. ¿Sería posible que nos brindara su ayuda para sortearlo?
La polilla humanoide soltó una risilla suave y agradable.
—Vaya, qué jovencita tan bien educada —dijo con una sonrisa cálida—. ¿Cómo negarme, si me lo pides de esa forma?
Para asombro de todos los presentes, el extraño ente cruzó los brazos, juntó las piernas y, en un parpadeo, su forma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en una sombra etérea. Con un sutil movimiento, se elevó ligeramente del suelo y comenzó a flotar hacia la muralla de zarzas espinosas, avanzando en reversa. A medida que se desplazaba, su tamaño crecía de manera impresionante.
Cuando finalmente tocó la muralla, un fenómeno asombroso ocurrió. La zarza pareció ceder ante su toque y, en un giro surrealista, la criatura se transformó en un túnel oscuro que emergió de la zarza. A pesar de la distancia, el otro lado del túnel se podía ver claramente, como si estuviera casi al alcance de la mano, distorsionando el aire con la forma misma del ente.
—Pasen sin miedo, mis amores —dijo la voz de la polilla, resonando como un eco espectral que retumbaba en las paredes del túnel.
Bria, Gavin y Angmar comenzaron a vitorear, llenos de entusiasmo mientras se lanzaban al túnel.
—¡Síii!
—¡Eso fue increíble, amigos!
—¡Genial!
Lusine, que había estado observando con una sonrisa, se acercó a Luis y Gus. Sin previo aviso, les dio un suave beso en la mejilla a cada uno, un gesto rápido pero lleno de complicidad. Luego, con una mirada traviesa, les dijo:
—Sabía que era una buena idea que vinieran.
Gus, con una ceja levantada, le lanzó una mirada curiosa.
—¿No piensas agradecer a Katya? Ella también contribuyó.
Lusine giró su mirada hacia la bruja vampireza, su expresión volviendo a ser un tanto indiferente.
—Ahmm, gracias, colmilluda —respondió con tono seco.
Al igual que sus compañeros de Glandus, se alejó corriendo hacia el túnel, mientras Katya dejaba escapar un suspiro y ponía los ojos en blanco.
—Tiene la educación de un alma en pena —comentó.
—Curioso —respondió Luis con una sonrisa irónica—. Mi hermana pensó lo mismo de mí cuando critiqué su cocina. Y hablando de ella...
Sacó su celular del bolsillo canguro, y la pantalla se iluminó con un par de notificaciones. Mientras las revisaba rápidamente, Gus señaló:
—A diferencia de ti, tal vez Lusine esté afectada por las secuelas de las espectrosporas.
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Todas seguían disfrutando de la acogedora atmósfera en la habitación de Amity, donde las risas y las charlas fluían con naturalidad después de un delicioso desayuno. Con una sonrisa satisfecha, la princesa Star suspiró suavemente.
—Chicas, no sé cómo agradecerles por todo lo que hicieron por mí. Este ha sido el mejor desayuno real que he tenido. ¡Todas son FA-BU-LO-SAS!
Luz y las princesas le sonrieron con calidez, emocionadas de haber compartido un momento tan especial.
—El placer fue nuestro, Princesa Star —dijo Amity.
Luz, curiosa, aprovechó para preguntarle:
—Y, ¿cómo se siente su alteza respecto a... Marco?
La princesa Star frunció el ceño y ladeó la cabeza, confundida.
—¿Quién?
Todas comenzaron a reír, entendiendo que la poción de desamor que la princesa Star había bebido realmente había funcionando.
Amity, mirando a Luz, señaló entonces:
—¡Y pensar que fue gracias a ti, querida amigui, que la Princesa Star se animó a beberla! Si no fuera por ti, probablemente no lo habría hecho.
Luz, profundamente conmovida, comenzó a sollozar, sorprendiendo a todas las princesas. Al verla así, Amity y las demás se acercaron de inmediato, inquietas.
—¡Oh, por todo el maíz dulce de Mewni! —exclamó la princesa Star, preocupada—. ¿Qué pasó?
—¿Qué te sucede, amigui? —preguntó Amity, con mezcla de preocupación y ternura—. ¿Por qué lloras?
—¿Dijimos o hicimos algo que te molestara? —dijo la princesa de cabello gris y piel morena, mirando a Luz con ojos gentiles.
—¿Te duele algo? —preguntó la princesa regordeta, invocando mágicamente un pañuelo para limpiar las lágrimas de la joven humana.
—Tal vez se hizo pipí o popó —sugirió la más pequeña de las princesas, con total inocencia.
Después de sonar su nariz en el pañuelo que la princesa regordeta le había puesto, Luz, con una sonrisa radiante y llena de alegría, respondió:
—No, no… es solo que…
En ese momento, el celular de Luz vibró sobre la mesa. Al ver que era una videollamada de su hermano, contestó con una sonrisa radiante.
—¡Lucho! —saludó Luz, entusiasmada al ver su rostro en la pantalla.
—Nutria —respondió Luis con una media sonrisa—. Tengo algo para ti.
La más pequeña de las princesas, observando la pantalla con ojos curiosos, exclamó sorprendida:
—¡Es el nuevo príncipe de la princesa Mimosa!
Luz y las princesas no pudieron evitar reírse, y luego la joven humana frunció el ceño al notar que Luis estaba en un bosque.
—¿Donde estás? —le preguntó, intrigada.
—Te lo diré más tarde —respondió Luis, levantando su palma derecha y mostrando el glifo recién descubierto por Gus, que estaba dibujado en ella—. Solo mira esto.
Luz se acercó rápidamente, su mirada fija en el glifo. Sus ojos se iluminaron de asombro y emoción.
—Eso es...
Antes de que Luz pudiera terminar su frase, una figura apareció repentinamente en la pantalla, interrumpiendo con una pregunta:
—¿Ese es un nuevo modelo de pergamino?
Lusine, asomándose con curiosidad, miró directamente a la cámara. Luz parpadeó, claramente sorprendida.
—Espera, ¿esa es Lusine? —preguntó, con incredulidad evidente en su voz.
—¡Hola, Ciruelita! —saludó Amity con una sonrisa juguetona y un tono lleno de energía—. ¡Cuánto tiempo sin verte-inerte! ¿Cómo has estado-pescado?
Lusine se quedó inmóvil por un momento, visiblemente incómoda ante el entusiasmo de Amity. Finalmente, respondió de forma apresurada:
—Bien, excelente, de maravilla. Gracias, Manoplas y adiós para siempre.
Sin más, se apartó de la pantalla.
Luz, claramente apenada, murmuró:
—Villana Lucy, eso sí fue horrible.
Luis, quien había permanecido en silencio hasta entonces, rodó los ojos con un suspiro. Cambiando de tema, se dirigió a Luz con tono ligero:
—En fin, disfruta tu presente, Nutria. Hasta luego.
Cuando la transmisión se cortó, Luz dio un pequeño salto de emoción y se giró hacia las princesas, su sonrisa iluminando el ambiente.
—¿Quieren ver algo genial? —preguntó, alzando las cejas con aire misterioso.
Las princesas se miraron unas a otras, sus ojos brillando de curiosidad. Apenas unos segundos después, como si lo hubieran ensayado, estallaron en un grito sincronizado:
—¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
