Con el amanecer, Luffy simplemente no quiso abrir los ojos.
Podía oler el desayuno, escuchar la llamada de la gente, pero simplemente no quería levantarse de su cama. Sus tripas rugían, sabía que tenía que ir al baño, pero no se iba a mover de la cama.
Aún quería estar encerrado en ese bello momento hasta que abrió la boca.
Se maldijo a si mismo por bajar la guardia y dejarse llevar. Había hecho que Nami lo escuchará sin decir palabra, había logrado que ella sonriera y le diera un abrazo. Su primer abrazo con la prótesis. De nuevo sentía su calor, su aroma quemaba sus fosas nasales y ella hacía aquellos ruiditos gatunos que le encantaban. Se sentía como en una nube, no hacían falta palabras, hasta que abrió la boca. Esas emociones tan bellas le habían dado una sensación de plenitud imposible de describir.
Simplemente le nació pedirle que se quedaran así para siempre.
Otra vez abrió su maldita boca, para decir algo que deseaba.
Rompió el momento en mil pedazos y Nami agarró uno de ellos para herirlo, apartándose de él, sin decir nada. Ni lo miraba a la cara mientras se apartaba y se dejaba abrazar por León antes de terminar de retirarse ambos y dejar a los Mugiwara terminar su fiesta sin invitados.
Aquello no solo devastó a Monkey D. Luffy, hizo que un nuevo sentimiento golpeara su pecho mientras probaba una de las jarras de alcohol de Sanji. Sentimientos tan negativos que no quería ponerles nombre con cada trago. Mientras que por fin demostraba todo aquello que sentía por la peli naranja, todo estaba bien… hasta que decía algo. Abría su boca para que ella pudiera escuchar una pequeña parte de todo aquel que no lo dejaba descansar.
Y ella huía.
No aceptaba escucharlo. No se abría a la posibilidad de nada… mantenía esas cosas que había escuchado de Robin.
No era justo. No era malditamente justo.
"Tierra a la vista, capitán" Escuchó la voz de Franky en la puerta "En tres horas atracamos"
"…Gracias"
Pensó que el carpintero se había marchado, pero no escuchó la puerta golpearse. La luz se encendió de golpe y Luffy se tapo con las sábanas. El peli azul lo estaba obligando a despertar.
"¡Franky!" Se quejó el peli negro
"No, Luffy. Compórtate como un hombre y habla con Nami sis"
Se un hombre.
Debía ser un hombre.
Si no lo era, ¿Cómo iba a ser el rey de los piratas? ¿Qué tipo de rey sería si era incapaz de lidiar con tantas emociones que involucraban a una persona tan especial para él como Nami?
Pero… ¿Qué era lo que debía decirle?
"¿Cómo supiste que estabas enamorado de Robin?" le preguntó de pronto, mientras salía de su cama y llegaba a su lado
"Eso no se sabe, se siente" le aclaró el carpintero mientras lo miraba serio, con los brazos cruzados "un hombre de verdad sabe y hace lo mejor por la mujer que ama. ¿Quieres lo mejor para lil sis? Primero admite tus sentimientos por ella y llámala por lo que de verdad sientes. Solo así, ella te responderá de forma honesta y se quedara"
"No…"
"A mi no, a ella"
Esa forma de cortarle revelaba que Franky sabía algo de sus dudas. A través de los ojos, podía leer sus miedos y anhelos, estando totalmente expuesto a pesar de querer ocultar aquello que no llegaba a querer decir. Aquella pose, la forma de observarlo, sabía que era una provocación para que diera ese último paso antes de que atracaran. Porque sabía que Luffy no aguantaría que lo viera como alguien inferior al capitán que era, como un niño recién saliendo de la casa, que no era capaz de enfrentarse a un simple matón sin un hermano mayor.
Él era el capitán y si tenía que enfrentarse a una charla profunda con la única mujer que le hacía sentir cosas, lo iba a hacer.
Respiró hondo antes de salir de la habitación. Paso al lado del carpintero, quien le dio su ánimo antes de salir. Se peino un poco el cabello con las manos, se acomodó el chaleco rojo y buscó a la navegante. Se paseó por el navío, buscándola, hasta llegar a los huertos. Ahí estaba ella con Robin, probando el brazo sin conectarla a ella, con una suave lluvia para regar tanto sus flores como los árboles de mandarinas. Robin notó su presencia, por lo que se retiró antes de que Nami pudiera decir nada.
Luffy llegó a su lado y Nami suspiró. Podía ver en la mirada del capitán que no había forma de escapar y, por mucho que quisiera marcharse, él la seguiría. La peli naranja miró al horizonte por un momento. La suave brisa marina peinó sus bellos bucles naranja y cerró los ojos por un momento. El peli negro sabía que estaba ordenando sus pensamiento y, sobre todo, de que iban a hablar, por mucho que ambos no le hubieran puesto nombre. Aunque, la frase correcta, era que él todavía no le ponía nombre.
Tragó seco, sin saber que decir. Su garganta estaba seca y ninguna palabra salía de su boca. A pesar de estar decidido en hablar de todo aquello que los había mantenido separados por más de cinco meses, aun no terminaba de encontrar como iniciar esa conversación tan difícil.
"Está bien si no quieres tener esta conversación" terminó por empezar a hablar Nami "es evidente lo que…"
"¡No!" interrumpió de forma abrupta "No, por favor"
La peli naranja miró sorprendida al capitán, quien se veía sumamente nervioso. Suspiró e intentó buscar lo que realmente quería decirle, pero las palabras nuevamente no salían. Solo emociones muy dispersas a las que intentaba agarrarse para saber cuál enseñarle a Nami. Hasta el momento, solo había dicho cosas que los herían ambos y, a pesar de que no fuera para nada su intención, creó tal océano en el que no sabía navegar sin ella.
La única forma que encontró para intentar acortar esa distancia y recuperarla, era con un abrazo. Un abrazo fuerte como todo lo que sentía y no sabía verbalizar, algo que le dijera que no sabía cómo avanzar sin ella, algo que le suplicara quedarse a su lado, siendo esa segunda o tercera al mando que lo ayudara a ser el rey de los piratas. Algo que le dijera que le daba igual todo, mientras fuera a su lado, juntos.
Sin embargo, Nami no correspondió.
Con delicadeza, puso su brazo artificial entre ambos y, con una media sonrisa llena de compasión, dijo las últimas palabras que Luffy quería escuchar.
"Luffy, no"
Su rostro se desencajó por completo, en lo que apretó los dientes. Lo que Robin dijo ese día, explicando los planes de futuro de Nami, se hacían reales ante sus ojos, sin poder evitarlo. Una vez más, estaba al margen de un maravilloso panorama, siendo el espectador de algo que no quería. Siendo ese otro al que solo le llegaba el eco de una felicidad que él ansiaba solo para él.
Resentimiento.
Era la primera palabra que podía nombrar con los dientes apretados, sin terminar de reconocer todo lo que había perdido por una simple frase dicha hacía más de cinco malditos meses.
"Entonces, haz que este sentimiento pare, por favor"
Al escuchar como prácticamente suplicaba aquello, Nami recordó cómo era que habían llegado a ese punto y, simplemente, sonrió.
"Buena suerte" susurró ella antes de intentar marcharse.
Pero él agarró su brazo y la obligó a encararlo una vez más.
Luffy ya no podía alargar aquella situación. Ya no podía buscar excusas. Estaban a horas, que se sentían segundos, del puerto final, y no podía dejar que lo dejaran como una masa reducida de emociones a las que solo podía nombrar las negativas. Su tripulación, a pasos agigantados, le estaban perdiendo el respeto y él, con sus inseguridades, estaba demostrando ser incapaz de ser el próximo rey de los piratas.
E inmerso en todos esos pensamientos, ella una vez más era la que se veía en la tesitura de iniciar esa conversación que tanto le costaba.
"Puedo verlo, Luffy" dijo ella mientras intentaba zafarse del agarre "dices que quieres que pare ese sentimiento… ¿Cuál es?"
"No me hagas esto, Nami"
"Eres el que quería hablar, ¿no? Eres el que quiere terminar con este asunto, yo ya he trazado mi rumbo lejos de aquí, pero eres el que insiste una y otra vez que tenemos que hablar, estar juntos… pero dime que es lo que pasa."
"¡Todo y nada!" terminó por gritar Luffy "Sabes que odio estas conversaciones complejas que no llevan a nada. A planear estupideces y que, como la gente sabe que entiendo todo lo que dice, tener que meterme a enredar cosas con una respuesta más sencilla de la que quieren admitir. Siempre has sabido cual es mi verdadero sueño, que solo te veo a ti como mi navegante para ser el rey… no te puedo dejar marchar sin más. Es simple, tú ves que hago lo que siento, por lo que no tendríamos que estar así ahora"
"Pero hemos llegado a ese maldito punto en el que tienes que verbalizarlo para que lo entienda, Luffy" suspiró Nami. Vio que por fin respiraba y se armaba de valor a decir toda la verdad. Podían ver la tierra, cada vez más cerca, por lo que debían hacerlo o ya no habría más oportunidades "llevaba tiempo queriéndote pedir dar ese paso, Luffy. Porque también lo siento: amor por ti. Fuerte, brillante como un lingote de oro y más costoso que toda nuestra fortuna…"
Luffy abrió los ojos de par en par, comprendiendo el peso de las palabras de la navegante. Escuchar que ella lo admitía antes que él, sin dejar un hueco a la duda, se sentía especial. Tenía los sentimientos de la navegante más hermosa y especial de cualquier maldito azul.
"Pero en la última isla, comprendí que no podía seguir así. Noté que te molestaste con ese chico y quería hablar contigo… pero al escucharte hablar así, comprendí que no tenía derecho. Por fin verbalizabas algo y… fue hiriente"
Vio como una lágrima rodaba por su suave mejilla. Luffy se la secó con el pulgar, comprendiendo que esa tristeza era obra suya. Cada ladrillo de esa pena era por no saber como encarar aquello que más miedo le daba. Ella tembló ante el contacto.
"¿Por qué lo primero que escuché fue que me podía marchar de esa forma tan despectiva cuando quise decirte que te amo?" preguntó frente a frente.
Luffy podía ver como ella apretaba los dientes, queriendo no llorar en frente de él mientras que comprendía el peso de sus palabras. Mientras que él estaba pensando en que Nami lo iba a dejar porque le gustaba otro chico, ella pensaba en él. Mientras que él por fin decía algo de su frustración, ella se alejaba, con el mensaje contrario.
Todo aquello se podía haber evitado tan fácil… pero no. Y ahora debían ser tan honestos que se sentía como estar desnudos frente a frente. O solo ella, ya que el capitán aun no encontraba la forma de decir todo aquello que temía. No podía dejar que Nami fuera la única que le mostrara su alma, por lo que respiró hondo, antes de decir todo aquello que atormentaba su mente.
"Estaba tan frustrado de ver como parecía que podías tener lo que querías lejos de mí, que hable sin pensar" reconoció finalmente
"Lo se… siempre eres honesto. Y ese es el problema, Luffy. No puedes mentir, por lo que cuando escuché aquello, supe que mi mejor opción era enfrentarme al nuevo mundo. Mala idea, está a la vista… pero si ponemos distancia, dolerá menos."
"No digas eso, no me gusta" se indignó Luffy
"¿Entonces?" imploró Nami
"No quiero llamarlo por su nombre" terminó por reconocerlo "No quiero verte sufrir como la madre de Ace si llegamos a ese bonito futuro, no quiero ser la causa de tus angustias y… que te suceda algo porque todo el mundo sepa que… que… yo… te… ¡no! ¡No puedo! Si simplemente lo viviéramos como en el baile, sería más sencillo, Nami."
Nami no necesitaba más palabras. Su rostro desencajado, la forma en la que cada vez hablaba de forma tan torpe, de la misma forma que podía ver esa batalla interna. Él había prometido ser quien la hiciera sonreír, y la simple idea de que esos sentimientos que le costaba admitir fueran la barrera principal de que dijera toda la verdad, basado en el pánico que le daban las vivencias pasadas, hacían que claramente no pudiera admitir todo aquello que quería decir. Haciendo que esta última conversación entre ambos se quedara en un momento vacío.
"¿Tú me amas?" terminó por presionar a que reconociera finalmente ese sentimiento que había nacido entre ambos. Luffy negó vehementemente con la cabeza "¿tú me amas?" regresó a preguntar, sin nuevo resultado. "¿me amas?" preguntó con más fuerza
Pero Luffy regresó a negar y le dio la espalda a la navegante. Podía ver como apretaba los ojos, los dientes y luchaba consigo mismo mientras que empezaba a clavarse sus propias uñas con tal de buscar esa fuerza que le evitara cometer esa estupidez tan necesaria pero a la vez irreal de darle nombre a ese verdadero sentimiento que los había llevado a ese puerto.
No quería condenar a Nami a todo eso a lo que le tenía miedo. No lo podía hacer.
"Pues no hay más que hablar, Monkey D. Luffy. Ha sido un placer ser tu navegante." Le dijo a modo de despedida "irme es… lo mejor para ambos. Lo mejor para ti. Esta distancia te ayudará a aclararte y sentir cosas mejores… al principio quemará, pero no será nada. Se te pasara lo que sientas por mí y te reirás de todo. Confió en ello. Y si no… simplemente para el mundo, quizás así para ese sentimiento que te molesta o da miedo"
Quiso atraparla nuevamente, pero sabía que el resultado seguiría siendo el mismo. No terminaba de admitir sus sentimientos, a diferencia de ella. Daba rabia, se sentía un mero idiota y un gran inútil al ser incapaz de ir más allá de sus acciones y gritar todo aquello que sentía. Simplemente no podía más, pero algo se retorcía dentro de él, dejándolo como un inútil incapaz de decir dos simples palabras que sentía mucho más de lo que en verdad significaba decirlo.
Ya no quedaba con quien hablar y miró por un momento las mandarinas de Nami. Era lo único que iba a quedar de ella en ese lugar. La revelación de Robin aun ardía en su pecho, en la zona en la que su corazón luchaba por latir a pesar de que le faltara oxígeno cada vez que intentaba respirar. Solo llegaba el cítrico aroma de la fruta, siendo el remanente más doloroso.
El recordatorio de que ella se marchaba, siendo la única valiente de los dos en no solo admitir lo que sentía por el otro, también la única en darle una solución a todo aquello que ambos sentían. No era para nada la mejor solución, pero era una acción. Desde el principio, más por él que por ella, había puesto distancia… y ya no quedaba nada más allá.
Se acercó al borde y se sentó en el reposabrazos, donde podía ver como ella terminaba de despedirse, en lo que Jimbe atracaba en el puerto. Para su sorpresa, ya habían llegado y solo podía ver como Nami terminaba de marcharse. Franky lloraba con Sanji, podía ver los buenos deseos de Robin y Usopp, a la par que Chopper la abrazaba con fuerza. Zoro estaba en una esquina, sin mediar palabra, pero aquella mirada lo decía todo.
Y él sentado, perdiendo a la persona que más le importaba por elección.
Se fijó en que Franky estaba al lado de Robin. Él lloraba y encontraba consuelo en ella. Algo que envidiaba con todo su corazón, ya que era una muestra de ese apoyo mutuo y todo aquello que sentían en sincronía perfecta. Delante de todos, sin tapujos. Ese chico, intentaba ese movimiento con ella, sin éxito, ya que Nami seguía con el abrazo y con Chopper, quien no podía dejar de lagrimear, ya sin causa.
Solo en ese momento, recordó la conversación con Robin. En todo lo que Nami le había confesado: sus planes de aprender a amar a ese chico, con tal de evitar que su sentimiento le hiciera perder el norte una vez más. En como se iba a alejar de ellos por completo y, pensando solo en el bien de Luffy, era capaz de poner en pausa su propio sueño.
Su sueño, el mapa que había jurado sobre su madre que iba a completar.
Solo porque él era un idiota incapaz de admitir todo aquello que sentía por ella y dar ese paso.
Haría una vida con un chico que no quería como apoyo. Un sentimiento que solo le pertenecía a él.
Y él lamentándose de todo.
Cuando lo sentía a todas horas, en todos los segundos, a cada bombeo de su corazón. Sabía el nombre de ese sentimiento desde el primer momento que se enfrentaron a Buggy, cuando la salvó de Arlong, en Skypea… durante todas sus aventuras. En alta mar, ella enseñando un mapa del cielo con una honesta sonrisa de oreja a oreja. De la misma forma que cuando le dejaba comer una de sus mandarinas. Cuando ella usaba su sombrero para trabajar y él la animaba a participar en sus juegos en el barco.
No solo era un sentimiento, era una realidad.
Porque no solo estaba construido en un pasado lleno de aventuras y detalles de las que se acordaba hasta el último coma, también era en el acciones durante el presente y, sobre todo, como dibujaba un futuro juntos.
Mientras veía como terminaban de bajarse del barco para jamás regresar, con un pequeño equipaje como último regalo, con aquellas prótesis, un miedo terrible le embargó la paz por lo que sintió que fue una eternidad. Si en solo cinco meses le había ocurrido todo aquello, ¿Qué podía esperar de más tiempo? En una isla nueva, con esa recompensa a su espalda… sin poder protegerla.
Peor… ¿y si todo eso salía bien y ella se enamoraba de él? Lo olvidaría y ella solamente sería el vago recuerdo de alguien incapaz de decir que era lo que sentía. Él se llevaría todo aquello que quería de ella y no tendría derecho a reclamar, porque habría sido lo suficientemente idiota para dejarla marchar sin pelear. Seguro, en ese maldito futuro, ella tendría una familia, sus mandarinas en un huerto bien escondido y su visita no serviría para nada más que contar como habría seguido adelante sin él con modestia, ya que él solo sería una sombra de lo que realmente.
Todo por no decir que lo que sentía era…
Amor.
Simplemente era amor. Estaba enamorado.
Su corazón solo sabía gritar su nombre desde ese maldito día que se conocieron y formó parte no solo de su tripulación, también de su vida. Estaba desesperadamente enamorado de la navegante y ya no sabía respirar o descansar si ella no estaba cerca. Por muy dolorosa que pudiera ser la posibilidad más fea del futuro, quería vivirla a su lado…
No quería tener arrepentimientos, y menos con alguien tan increíble como Nami. Alguien que se sacrificaba por quien más quería y tenía una fuerza y resiliencia increíbles que la hacían salir adelante por muy negro que fuera el futuro, y verla usar aquellas dos prótesis eran solo una de las tantas pruebas de ello.
Debía hacerlo.
Debía portarse como un hombre, expresarse como en el baile. Debía convencerla de quedarse de que todos sus sentimientos eran más que correspondidos y, si no podían pararlos, querían llegar con ellos hasta el final.
Saltó desde la barandilla en la que estaba sentado hasta el césped de la cubierta. A pesar de notar la mirada de todos, simplemente siguió adelante y cruzó la pasarela a marcha rápida, hasta atrapar a Nami en un abrazo por la espalda. Sin miedo, deseando no solo alcanzarla, también llevársela, finalmente lo grito. Lo gritó a pleno pulmón. Lo gritó varias veces, a pesar de notarla temblar entre sus brazos y notar las miradas de todos.
Lo grito nuevamente te solo para que alcanzará a la persona que más le importaba.
"¡Te amo!" terminó por reconocer con los ojos cerrados, mientras la abrazaba por la espalda. "¡Te amo, Nami! ¡Te amo!"
