Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
El sonido de la citadela era un contraste demasiado grande en comparación con la tranquilidad a la que había estado acostumbrada durante todos esos años alejada de la capital; lo único bueno de volver a ese sitio, era que podía estar más cerca del hombre que amaba y el padre de sus hijos, aunque eso no lo supiera el resto del reino, sonrió tenuemente cuando la mirada miel de su marido se topó en ella, estaba nerviosa, y la manera en la que sostenía a su hijo contra ella lo dejaba muy claro.
—Nada malo va a pasar, Lily, tranquila.
—Lo sé, su majestad no dejará que nada nos ocurra –aceptó.
—Entonces, deberías dejarme cargar a tu hijo un momento.
La mujer observó a su marido, tenía la costumbre de llamarlo "tu hijo", en privado, pero tratarlo como propio en público, al igual de que lo hacía con Elizabeth, tanto así, que incluso la pequeña creía que Edward Lupin realmente era su padre, quizás, en un futuro, cuando pudiese saber la verdad, una parte de ella, la odiaría —y al rey—; por ocultarle algo tan importante de ella, después de todo, la misma Lily había tenido ese mismo sentimiento por "sus tíos", al no confesarle que realmente era la hermana del rey.
Arribaron al castillo cuando el sol se estaba ocultando, en su tonta creencia, los Lupin, creyeron que su llegada al castillo sería tranquila y sin llamar la atención, lo cual no fue así, la reina consorte estaba frente al castillo, con un vestido inmaculado, rebosando de una enorme felicidad, como si el regreso de la princesa, realmente le causara una inmensa alegría genuina, el que realmente se veía menos desinteresado de lo habitual era Scorpius, que en cuanto sus ojos se encontraron, un destello de gusto brilló en ellos al volver a verla; así que la mujer le dedicó una sonrisa enorme y bonita, quizás no podía considerarlo un amigo, porque jamás habían compartido secreto alguno, infancia, ni nada, pero verlo ahí, dándole la bienvenida —aunque fuese porque estaba obligado a cuidar de la reina—; fue un gran bálsamo para ella y esa picazón interna que tenía.
—¡Bienvenidos! –Comentó con un tono elevado y lleno de falsa alegría Druella.
—Gracias, alteza –Lupin sonrió incómodo e hizo una pequeña reverencia para ella –pero creo que esto es demasiado excesivo para recibirnos a la princesa y a mí.
La mueca de la sonrisa decayó un momento, sin comprender de primera instancia a Edward, sus ojos grises escudriñaron el interior del carruaje esperando ver a un despreocupado James, como no lo encontró, siguió, intentando encontrarlo entre los guardias cabalgantes.
—El rey se ha quedado en la finca –murmuró apenado Edward.
—¡No seas tonto! –chilló Druella, fingiendo que su intento de sorprender a su marido, no había fracasado –desde luego que sabía que él no llegaría hoy, me lo dijo por una nota –mintió tan descarada y hábilmente que sorprendió a Lily, que por un momento lo creyó.
—Oh, supongo que lo hizo –rió incómodo Lupin.
—Pero es un gesto para recibir a mi cuñada, hace años que no nos hemos visto, no había podido ir a verla, por otros asuntos importantes en el reino que me involucran –suspiró.
—¡Claro! –Respondió unas octavas arriba Lupin y se hizo a un lado.
La mueca que colocó Druella en su bonito rostro al ver a la princesa sosteniendo un bebé en brazos, sin duda no fue nada agradable, la sorpresa no pudo ser más obvia, incluso por un momento, Lily se sintió la persona más cruel en el reino, por tener que mostrarle delante de todos los sirvientes que la princesa bendijo al reino con un pequeño príncipe, los murmullos comenzaron a escucharse un poco, pero después de que Scorpius se girara a verlos con cara de pocos amigos, el silencio fue sepulcral.
—Papi, ¿puedo bajar ya?
La vocecita suave de Elizabeth llamó la atención de la reina consorte, la niña se asomó, dejando a la vista su intenso cabello rojo, más claro que el de su madre y sus ojos verdes, que cualquiera que hubiese conocido a su abuelo Harry, y su bisabuela Lily, sin duda sabrían, que era una digna Potter.
—Claro que sí, Elizabeth, te presento a la reina Druella –comentó Ted.
La mirada inocente de Elizabeth se encontró con la mujer rubia, que la observaba atentamente, completamente sorprendida de que nadie le hubiese dicho que su cuñada había dado a luz a dos hijos.
—Es un placer, majestad –hizo una reverencia y sonrió.
—El placer es todo mío…
—Elizabeth Lupin –se presentó la niña.
—Elizabeth, es un bonito nombre –sonrió Druella.
—Usted es preciosa, majestad –comentó la niña, poniéndose un poco roja y escondiéndose un poco detrás de su padre.
—Tú también lo eres; serás una mujer hermosa, igual que tu madre –fingió una sonrisa.
La reina se dio media vuelta, indicándoles que la siguieran, así que lo hicieron sin hacer comentario alguno, el matrimonio Lupin se observó de uno a otro, aquella sin duda era bastante incómodo, el fatal error de la reina los había hecho estar en la boca de todo el mundo, y su llegada sería un hervidero de chismes; no solo su llegada, sino que el hecho de que hubiese dos príncipes de los que nadie sabía nada, no iba a agradarle mucho a James cuando llegara, pero sin duda, la furia del rey, recaería en las acciones de su esposa y no en ellos, después de todo, había ordenado de que su llegada pasara desapercibida, y Ted se uniera a los deberes del consejo como si nunca se hubiese marchado.
—Majestad –habló un sirviente, deteniendo a Druella.
—¿Ocurre algo? –Cuestionó altanera.
—El rey dejó dicho que el duque y la princesa tendrán las mismas cámaras de antes.
La reina sonrió, para ocultar su enfado, muchos ahí seguían teniendo información privilegiada y a pesar de que Zabini había logrado involucrarla en la corte, seguía sin saber lo que su marido hacía o decía, cuando se enteraba, ya era en situaciones así, que la hacían ver como una completa inútil.
—Pero ellos tenían cámaras separadas ¿recuerdas? –Se burló Druella.
—Así es, pero usarán la misma ala, el rey mandó acondicionar dos más para los príncipes Remus y Elizabeth –comentó.
Los ojos grises de Druella fueron al bebé que sostenía en brazos la pelirroja, tal parecía que ninguna sirvienta era digna de tocar a ese niño, cosa que la irritó más, sonrió y asintió, haciendo que el hombre les pidiera que lo siguieran.
La servidumbre que iba con ellos, se encargaron de sujetar a la pequeña princesa y al príncipe bebé, y seguir a los demás, Lily y Ted se quedaron solos en la habitación, dudaban que James realmente dijera que compartirían habitación, aunque… suponía que, en el castillo, no podían tener habitaciones separadas.
Lily sonrió incómoda, una vez que se quedaron solos, Ted suspiró aliviado de que todo el espectáculo hubiese terminado por fin, se sentó en el sofá cerca de la ventana y observó antes de sonreír divertido.
—Sonríes, ¿a qué se debe? –Cuestionó.
—Su hermano, realmente la ama –comentó –es eso, o la reina ha podido hacer de las suyas y ha mandado dar vida al jardín.
Lily avanzó apresurada ante las palabras de su marido, su sonrisa apareció en su boca de manera amplia, dándole a saber a su marido, que realmente había sido el rey, quien había pedido personalmente que dieran mantenimiento al jardín.
—Fue un buen gesto –admitió Ted.
—Yo… realmente lo siento –murmuró ella.
—Descuida –sonrió un poco dolido.
—Realmente siento no poder amarte como lo amo a él –lo sujetó de las manos –pero en otra vida, quizás a quien amo es a ti y no a él.
—Las cosas ocurren por algo, tranquila –quitó importancia.
—No, en verdad, eres un buen hombre, un padre increíble, sin duda, si las cosas hubiesen sido un poco diferentes, te habría amado a ti, y no a él, pero… realmente ahora, no puedo amar a nadie como lo amo a él.
—Yo lo sé, que, si las cosas fuesen diferentes, quizás pudiera tener una oportunidad de ganarme tu corazón –acarició su mejilla y depositó un casto beso en su frente –no te atormentes por no amarme, Lily, sé que no puedes hacer nada, después de todo, ¿quién en su sano juicio, querría amar a un hermano de esa manera? –Sonrió comprensivo.
—LHR—
La pequeña cabaña estaba bastante decente, pensó James al observar a su alrededor, el hombre acuclillado frente al fuego era un blanco demasiado fácil, aun así, se giró para observar las decoraciones y los pequeños bordados colocados como si fuese cosa de orgullo, se giró cuando el propietario dejó de arrojar leños y se incorporó.
—Me sorprende su visita, alteza –comentó en tono tranquilo.
—Creí que no me tendrías formalidades, y me llamarías simplemente James –se burló, girándose hasta él –es un buen lugar.
—El duque me dejó ocupar el sitio cuando llegué aquí –comentó.
—Muy considerado de su parte ¿no lo crees?
—Fue gracias a su esposa, la princesa, al darse cuenta de que no vivía solo por mi cuenta.
—Puedes darte el lujo de tener un hogar, cuando te encargue cuidar de mi hermana –lo observó serio –su vida solo la confío a ti ¿sabes eso?
—James, confías muchas cosas en mis manos y solo tengo dos, y claro, puedo darme ese lujo, porque tu hermana, vivía en un sitio apacible, rodeada de gente que aprendió a quererla y que sería capaz de dar su vida por ella –sonrió –tengo otras ocupaciones iguales o más importantes.
—Para ti…
El rey se quedó callado cuando la puerta trasera se abrió, los dos hombres se observaron en silencio, y después a la persona recién llegada, que traía un canasto lleno de flores con las que suponía, adornaría un poco el interior del lugar.
—Oh, tenemos visitas –comentó la voz de la joven.
La joven recién llegada era alta y delgaducha, su cabello castaño llegaba hasta su cintura, y estaba cubierto por un pequeño paño, su vestido era sencillo, no muy alejado a lo que llevaban las pueblerinas, sus ojos azules se posaron en la persona que conocía.
—Papá, ¿por qué no me dijiste que vendrías? –Cuestionó sorprendida.
—Quería sorprenderte –comentó el hombre y extendió los brazos.
La jovencita corrió hasta él, tirando el canasto y abrazándolo fuertemente; sin duda había bastante cariño entre padre e hija, nada que pudiese fingirse en un momento tan inesperado como ese, así que James se aclaró la garganta, visiblemente incómodo ante la escena.
—No piensas presentarnos –comentó el rey.
—Oh, bueno, no me interesa mucho, que conozcas a mi hija –se burló.
—Papá, se educado con las visitas –le golpeó el estómago.
James amusgó la mirada, aquel gesto era fácil de evitar para alguien como el hombre, sin embargo, dejó que la joven lo golpeara, como si pudiese tomarlo tan desprevenido.
—Soy Victoria –extendió la mano la joven.
—James –la sujetó observándola con atención.
—Sé lo que estás pensando –murmuró el otro hombre.
—Que es idéntica a su madre, sí, sin duda –admitió.
—¿Mi madre? –Los ojos de la chica se abrieron sorprendidos –señor, ¿usted conoció a mi madre? –Sonrió emocionada.
—Oh, es que tu padre no te ha contado de ella –lo observó.
—James –lo reprendió.
—William –respondió con una sonrisa socarrona y observó a la joven –siempre me he preguntado ¿qué le vio tu madre a tu padre? Éste es un imbécil –rió divertido.
—Si solo viniste a insultarme, es mejor que te marches –argumentó William.
—Partieron hace unos días, así que eso te dice porque estoy aquí.
—Oh, es que el imbécil del rey ya se ha marchado –comentó la joven observando a su padre –supongo que por eso la princesa te dio permiso de venir a casa ¿verdad?
—El imbécil del rey no se ha marchado –comentó James, divertido.
—Oh, es una lástima, supongo que no podrás quedarte mucho esta vez ¿verdad?
—Tranquila, ya que la princesa volvió al castillo.
—¿Se marchó la princesa? –Comentó en un tono triste –es una lástima, era una buena persona, al igual que su marido.
—Lo sé.
—Su marido es un imbécil, si me permites opinar.
—Claro que no –lo observó enfadada el señor Lupin es muy amable, se preocupa por nosotros.
—¡Meh! –dijo James haciendo una mueca de disgusto –es un imbécil a mi parecer, no sé qué le ven las mujeres.
—Que es realmente atractivo, para la edad que tiene -se encogió de hombros.
—Tienes muy mal gusto, igual que tu madre –resopló –te daré un mes, y tendrás que unirte a Lily en el castillo.
—No, no, sabes mejor que nadie que no puedo ir al castillo.
—La pena de muerte que tenías sobre tus hombros ha sido perdonada, William –lo observó sobre su hombro y luego a la joven –sí, agradécelo a tu hija, la de mal gusto, por cierto.
—Mal gusto sería si dijera que usted es atractivo –chilló sonrojada la joven.
—Oh, gracias al cielo no te parezco atractivo, ya tengo mucha gente considerándome irresistible, además, eso probaría que no te pareces a tu madre, porque las dos tienen mal gusto, y yo soy un gusto exquisito –sonrió.
—Es repulsivo –bufó la joven.
—Victoria –pidió William –por favor, se un poco educada ahora tú.
—Tu amigo empezó, además ¿qué se cree para darte ordenes, el rey?
James soltó una risa divertida, observó a William, y después todo signo de simpatía se perdió, volvió en sus pasos hasta Victoria, logrando que el otro hombre reaccionara ante aquella señal clara.
—No se te ocurra ponerle una mano encima, o te la cortaré –soltó William.
—¿Eres capaz de eso antes de que saque tus entrañas delante de ella? –Cuestionó en un tono bajo –es mejor que vayas educándola mejor, o sin duda, aprenderá que tener una bocazas como esa, hará que su cabeza termine en una pica.
—Solo atrévete –lo retó William.
—Pruébame, solo hay tres personas que me importan y ella no es parte –la observó.
—Lo tengo claro –aceptó –me encargaré de mi hija, ahora, alteza, retírese de mi casa.
—¿Cree que, porque es el rey, tengo que respetarlo? –Bufó la joven saliendo de la seguridad de su padre.
—Claramente eres muy joven, niña, después de todo, eres mujer, ¿se puede esperar más? –Negó.
—Una mujer podría gobernar el reino mejor que tú –soltó haciendo que James se girara de nueva cuenta, ya que se había dispuesto a marcharse –pero es claro que los hombres pequeños temen lo que podemos hacer las mujeres, por eso, ninguna mujer, por muy primogénitas que sean, son consideras para regir el reino, su esposa, es el claro ejemplo.
La mano del rey se colocó alrededor del cuello de la joven, y la punta de su espada, estaba en el cuello de William, los movimientos habían sido tan rápidos, tan ágiles, que ninguno de los dos se había dado cuenta hasta que la situación ya estaba.
—Los reyes, tienen que ir a la guerra, no preocuparse por sus vestidos –cerró más su mano entorno al cuello de la mujer –ni siquiera fuiste capaz de ver un ataque tan sencillo, débil y lento, ¿Cuánto crees que durarías frente a un ejército? Por eso, las mujeres jamás…
James soltó una risa divertida, cuando la joven lo pisó, intentando usar esa distracción para atacarlo, ahora forcejeaba intentando zafarse, su espalda estaba contra el pecho del rey, que actualmente tenía su brazo alrededor de su cuello.
—Eres valiente, lo acepto –observó a William –aun así, más vale que no sigas tentando a tu suerte, Victoria, o en tu lápida haré que coloquen: Aquí yace derrota.
La soltó, dándole un empujón en la espalda, haciendo que tropezara un poco, pero que cayera sobre su rodilla, no sobre su cara, el rey hizo una mueca.
—Me agradan las personas que no son inservibles –admitió –en algunos años, quizás puedas llegar a ser algo más que una simple campesina.
—No me avergüenza ser una campesina.
—Tu padre es un guardia real, no seas tonta, no eres una campesina, solo la sangre noble puede ser un caballero –se burló –la austeridad en la que vive tu padre, es por culpa de tu madre, así que –se encogió de hombros –agradécele que sigas viva, dos veces.
