Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.


James montó su caballo una vez que estuvo fuera del pequeño lugar, la mirada de Alexander se enfocó en el lugar y después en su amigo, que no dijo absolutamente nada, pero el malhumor era bastante palpable, así que posiblemente lo más prudente para hacer en ese momento, era no decir ni hacer nada que lo enfadara aún más; pero el rubio que encabezaba la formación no tuvo el mismo nivel de mesura, demostrando todavía la diferencia en la clase de confianza que había entre ellos.

—William no es tu persona favorita, pero nunca terminas tan enfadado como ahora, ¿Qué rayos pasó en el lugar?

—Su hija –comentó en un gruñido.

—Oh, ya veo, te hizo enfadar y William no te dejó matarla, sí, es tu humor de maldita persona que no me dejó matar a otra, simplemente porque respira.

—Es mejor que te calles –ordenó.

—La chica tiene los cojones que no tienen muchos hombres, ¿eh? –Sonrió divertido –sin duda es igual que su madre.

—Y mira donde terminó; ahora seguramente la mala yerba crece de sus entrañas.

—¿A qué vinimos? –Preguntó Alexander –creí que no había nada a qué esperarse, a estas alturas, ya estaríamos en el castillo.

—Claramente William no está en el castillo, genio –soltó Lysander –y es la persona encargada de cuidar la seguridad de Lily.

—Pero, ¿es acaso que no hay más guardias útiles en el castillo que puedan encargarse de algo así? –Cuestionó sin comprender.

—Yo solo confío en pocas personas –argumentó James.

Si dijo algo más, Alexander no lo escuchó ya que hizo que su caballo comenzara a cabalgar, como si quisiera hacer un viaje de catorce días, terminara a la caída del sol; el hombre extranjero suspiró e imitó las acciones de los otros dos, sin duda; se había metido en algo completamente complicado, y a él no le gustaba así, así que evitaría meterse en algo innecesario, permanecería lo suficiente y volvería a casa.

El humor del castaño se calmó notablemente después de un rato, aunque eso no hizo que disminuyera el paso, si los hombres que lo acompañaban, no fuesen quienes eran, sin duda no hubiesen podido sostenerle el paso, dos días sin descanso, eran señal de que quería llegar al castillo en cuanto le fuese posible, fue hasta el comienzo del cuarto día, que hizo una pausa, quizás teniendo un poco de consideración con su caballo que con sus acompañantes.

—Es más complicado de lo que parece, ¿no es así? –Cuestionó Alexander.

—¿El rey? –Elevó una ceja Lysander –hay más cosas pasando en su cabeza que en todo el reino –soltó divertido el rubio –pero nunca lo admitirá.

—Soy una persona sencilla, contrario de lo que piensan todos –soltó James, dejando caer un montón de ramas secas y un par de liebres –si quieren algo de comer más abundante, díganlo ahora –murmuró –estas las encontré mientras recogía las ramas.

—No fue como que buscaras qué casar –rió Alexander.

—Puedo buscar un ciervo, si es lo que quieres o un jabalí –se encogió de hombros.

—Las liebres están bien –murmuró Lysander.

—Bien, les toca cocinarlas –iré por un poco de agua al río.

—De acuerdo –asintió Lysander.

—Iré contigo –se puso de pie Alexander.

Avanzaron un poco hasta el río, con los cuencos que llevaba el castaño y otros que llevaba el moreno, estaba un poco inquieto, por si compartir sus dudas con él o no, pero había demostrado tener un poco de miramientos con él, cuando era impertinente, después de todo, había sido eso mismo, lo que le había sido de ayuda para saber que Elizabeth y Remus, eran hijos del castaño que le daba la espalda, acuclillado frente al río.

—Dime, ¿por qué le tienes tanta confianza a ese soldado? –Preguntó de la nada –tiene que tener algo especial, para que le des consideraciones.

—Lo tiene –aceptó sin darle importancia –es un buen guerrero, capaz de proteger a Lily y a mis hijos, si están cerca.

—Sí, pero ¿Qué hizo para conseguir esa confianza de tu parte?

James gruñó, movió la cabeza de un lado a otro, claramente irritado, aun así, terminó de llenar los cuencos y observó al otro hombre inspeccionándolo atentamente, pero no de una manera que le hiciera pensar que su integridad estaba en peligro.

—Principalmente, no hizo nada digno de admiración –hizo una mueca de simplicidad –pero sé que no es una amenaza para mí, sí, cuando lo conocí, iba a matarlo, no era nada en especial –sonrió –es algo que a veces hago, estaba en el lugar, maté a casi todos, ¿por qué a él no?

—¿Por qué a él no?

—Solo había algo que William realmente amaba –lo observó –la mujer que amaba y el hijo que ésta iba a concederle.

—Había –repitió.

—Ella no lo amaba –informó –estaba siendo considerada a ser comprometida a otro noble, pero éste fue forzado a casarse con otra mujer, así que… William era un noble, le gustó desde que la vio, y pensó lo que cualquier persona estúpida piensa al perder la cabeza por otra persona –se burló –creyó que él podía hacer que ella lo amara, enorme error.

—Lo dices, como si amar a alguien más fuese algo malo.

—No podría decirte si es algo malo o no –se encogió de hombros James –pero perder la cabeza por alguien, es lo peor que puedes hacer, no puedes ver las señales cuando están frente a ti –sonrió.

—Lo traicionó –dijo lógicamente Alexander.

—Podría decirse –asintió –y aunque muchas personas lo nieguen, hay algunos que aman más a su amante, que a sus hijos –se puso de pie –y son capaces de cualquier cosa por ellos, hasta matar a sus crías por la seguridad del otro.

—Estás diciéndome que amas a tu amante –comentó –por eso sin dudarlo asesinaste a tu primogénita.

—El amor es un sentimiento que no termino de comprender –admitió James –lo que siento por Lily, es intenso a pesar del tiempo, cosa que no he sentido por ninguno de mis otros amantes –aceptó –así que es lo único que puedo decirte, el amor en mi vida ha sido algo sin importancia.

—Sin embargo, todo lo que quieres es su tranquilidad, que sea feliz y estar con ella; todos lo notan, al menos en ese lugar, eres más tú que rigiendo el reino.

—Ese es el caso –señaló a Alexander con una rama –no pienso dejar mi trono, yo logré todo esto –señaló a su alrededor –y nadie ha podido quitarlo de mis manos, no voy a dejarlo por nada ni nadie, jamás.

—¿Ni siquiera por ella? –Cuestionó sorprendido.

—Lily lo tiene claro, se lo he dicho muchas veces a lo largo del tiempo, el amor es algo que no soy capaz de sentir, la obsesión –lo señaló de nuevo –es otra cosa diferente.

—No, no puedes mantener una obsesión tan viva, no cuando ya has obtenido lo que te obsesiona, y no le has destruido en el proceso –murmuró Alex.

—Quizás lo hice, pero ninguno ha sido capaz de verlo aún.

—¿Ni siquiera por tus hijos? –Preguntó de nuevo Alex –digo, has hecho lo imposible por mantenerlos ocultos.

—La paternidad es algo que tampoco comprendo, digo, al final del día, fui capaz de asesinar a mi primogénita, sin parpadear, sin dudarlo un segundo, porque era necesario para mantener el reino –sonrió –así que, no comprendo del todo el amor a los hijos por eso mismo, cuando vi a mi madre interponerse entre mi hermana y mi espada, no comprendí la razón, fue una decisión estúpida y se lo dije, me burlé de esa mujer que suplicó que no tocara a su pequeña, que ofrecía su vida y todo lo que era ella, si la perdonaba, si dejaba a su bebé vivir.

—Aun así, cuando estás con ellos, se ve que eres feliz –informó Alex.

—Simplemente hay menos cosas que me irriten alrededor –se burló –Alex, a veces, las personas no tenemos razones ni visibles ni ocultas para ser como somos, simplemente… somos como somos, en cada momento dejándonos guiar por nuestro propio beneficio.

—Entonces ¿qué es lo que tienen de ti?

—Mi lealtad, tanto como no intervenga con mi lealtad para mí mismo, igual tú, y todos a los que les he jurado lealtad.

—¿Cuántas personas somos? ¿Y si dos de ellos estuviesen en la disputa, cuál lealtad ganará?

—Buenas preguntas –sonrió –mi lealtad para conmigo mismo, siempre ganará, yo no voy a traicionar a nadie, si éstos no ponen de por medio al reino.

—¿Y si traiciono a Lysander?

—Traicionar a los tuyos, es sinónimo de deslealtad, ¿por qué atacarías a alguien que está de tu lado? –Sonrió –y… si él te atacó a ti, significaba que no era leal –se encogió de hombros –la lealtad es un juego complicado, mi estimado amigo –lo palmeó en el hombro –así que bien, llevemos esto, lo más probable es que Lys, esté furioso ahora mismo.

—LHR—

Druella levantó la mano en cuanto entró a la amplia habitación de estar, cuando su consejero se giró hasta ella, dispuesto a decir un par de cosas, pero no estaba de humor, el rey se había atrasado demasiado en volver ¿por qué razón? Si la estúpida de su hermana ya estaba ahí, ¿era acaso que su regreso había pasado también sin interés por su alteza? Gruñó visiblemente colérica, le agradaba que por fin no pusiera a Lily Luna primero que, a ella, mostrándole más favoritismo, pero… era una manera de poder estar cerca de él.

—Alteza, esos sonidos son indignos…

—¡Soy la maldita reina, puedo hacer los sonidos que quiera! –Bufó.

—Tiene toda la razón –hizo una reverencia.

—Ya, dime ¿qué querías decirme?

—Arribó una carta de su madre.

—¿Y qué dice? –Puso los ojos en blanco la mujer.

—Básicamente, sigue preocupada porque su majestad, no ha podido dar un hijo al reino.

—¡Es que no les ha pasado por la cabeza que el problema puede ser el rey!

La sonrisa burlona del hombre desapareció de inmediato en cuanto ella lo notó, la risa de Scorpius —que lo hizo así, para que lo escuchara reírse—, dejaron en claro, que eso jamás pasaría, no habría nadie en el reino capaz de dudar de que él tenía el problema.

—Alteza, es bien sabido que el rey toma muchas precauciones con sus amantes, para no preñarlas, y encargándose él mismo, cuando el problema ya estaba creciendo en esos vientres –informó –ha sido así por todos estos años, incluso antes de ser el rey.

—Así que el problema, siempre termino siendo yo –negó.

—Su madre propone, que pretenda un embarazo, y que después de un tiempo, finja que no se logró, eso le quitaría un poco de presión de los hombros.

—Eso jamás pasará –informó negando.

Pretender estar preñada, era lo último que quería, James jamás la había tocado en todos esos años, si el rumor de su condición llegara a sus oídos, él la exhibiría en la corte y sería sentenciada a muerte, no, no podía hacer algo así, sumando, que, a lo largo del tiempo, él jamás se había embriagado lo suficiente como para quedar inconsciente y así ella, pudiese meterse en su cama, pretendiendo ser su amante.

—Alteza, tiene que hacer algo al respecto, la información de que la princesa ha bendecido al reino con dos nuevos príncipes, y uno varón, ha traído nuevos festejos, si usted no tiene un heredero varón, o el rey no preña a una de sus amantes con un varón, el trono irá a Remus Lupin II, al morir el rey, no quiere esa vergüenza ¿o sí?

—Pero…

—La princesa, pasaría a ser la reina madre, en lo que es lo suficiente mayor, como para contraer nupcias, tomando en cuenta, que no sea un adulto hecho y derecho, cuando el rey muera por causas naturales.

—Eso no ocurrirá jamás –soltó –yo voy a darle un hijo al reino.

Su hermano sonrió y volteó a otro lado, sabiendo que esa afirmación era completamente imposible de cumplir, James primero muerto, que tocar a su esposa de forma sexual, así que sería divertido verla rogarle al rey, que por favor la tomara, que yaciera con ella de esa manera, que le permitiera mostrarle a los reinos que no era una completa inútil, ni siquiera oírla llorar en soledad, le hacía sentirse un poco apenado por ella, pero todo era su culpa por aferrarse a un hombre que jamás mostró la mínima gota de interés en su persona.

La puerta se abrió de golpe; sobresaltando a la reina consorte a causa de la violenta interrupción, pero su hermano y guardia apenas si volteó un poco interesado, como si el hecho de que podrían haber sido atacados le pareciera algo maravilloso, más que una amenaza como tal, pero después de doce años siendo el guardia de Druella, la muerte sonaba como algo piadoso para él.

—¡Pero como se atreve, Ser Lysander! –Chilló Druella –¿Acaso es usted un bárbaro para irrumpir en un lugar así? Sabiendo que la reina… esta… yo…

Cuando la mujer comenzó a tartamudear, llamó la atención de Scorpius, sin duda Lysander no tenía el encanto suficiente como para lograr eso en la reina, solo existía una persona digna de ese honor, y no solo en ella, en mucha gente del reino.

—He sido yo, quien ha abierto la puerta como un bárbaro, Druella ¿algún problema con eso? –La voz de James atrajo la atención inmediata de Scorpius.

¡Cariño! –Chilló entusiasmada y avanzó hasta él, pero los guardias que lo acompañaban impidieron que se le acercara de más.

El rey avanzó hasta el fondo de la habitación, en dirección a Scorpius, que se puso derecho y contuvo el aliento al saber que su alteza se acercaba deliberadamente a él, sabía lo volátil que podía ser su humor, pero lo había puesto como guardián de Druella, y lo había olvidado ahí los últimos doce años, ¿por qué de la nada se acordaría de su existencia?

—Malfoy –habló en tono un poco enfadado cuando llegó hasta él.

—Majestad –se hincó frente a él, bajó la cabeza, pero su mirada se elevó un poco, quedando a la altura de su entrepierna, así que desvió la vista también.

—Agh, ustedes los Malfoy y su dramatismo, levántate, y ven conmigo si quieres deshacerte de tu trabajo actual, a menos que disfrutes de cuidar de la inútil e insípida de tu hermana.

Esperó a que el rey avanzara lo suficiente para ponerse de pie y comenzar a seguirlo, la boca de Druella se abrió sorprendida, aunque su hermano ya le había dicho deliberadamente que siempre seguiría a James a donde quiera que éste le pidiera, incluso si eso significaba la muerte.

La mirada de Scorpius fue discreta al observar a su alrededor, la cámara del rey no la había visto nunca —al menos no, la cámara secreta que existía dentro de la que se suponía que compartía con la reina—.

—Supongo que tu odio por tu hermana es más grande que tu lealtad a tu familia –se burló James, cuando supo que nadie más los escucharía.

—Majestad…

Se quedó callado, en algún momento, el castaño había decidido comenzar a desnudarse, la ropa que traía se veía un poco sucia, así que supo que acababa de llegar de su viaje, que fuese a verlo a él primero incluso que a la princesa Lily, lo inquietó un poco más; se giró y su espada apuntó a quien entró por la puerta.

—Relájate un poco, cuando entré a la estancia de tu hermana apenas si reaccionaste –se burló James.

—Lo lamento, majestad, sé que me encargó cuidar de ella, pero…

—Agh, James, ¿puedes ponerte un poco de ropa? –Se quejó Lysander al verlo desnudo.

—Bueno, es la primera vez que te quejas –se burló y fue hasta la bata.

—Alexander se unirá a tu hermana y Lupin, en lo que William llega al castillo –comentó.

—Bien, bien, si Alexander está cerca de ella, no tengo que preocuparme en absoluto.

—Majestad, yo puedo cuidar de ella mejor que…

—Silencio –ordenó Lysander, y avanzó hasta el rey –a menos que quieras pagarle con sexo lo que vas a pedirle, más te vale andar tapadito frente a este –se burló el rubio observando a Scorpius.

—¿Son celos los que escucho, Lys? –Sonrió James, acercándose a su guardia –creí esa etapa cerrada en ti –lo sujetó del cuello, acercándolo a su rostro –podría, pero no –lo empujó –ve a descansar, te veré al alba.

—No me sentiría nada cómodo dejándote solo.

—Christopher se hará cargo, es el menos idiota.

—Yo podría…

—Tú estarás ocupado conmigo –le informó James.

—Oh, así que sí planeas pagarle con sexo.

—Tus celos me halagan, Lys, ve a dormir –le sonrió.

El rubio puso los ojos en blanco, observó a Malfoy, con una clara advertencia de que no se atreviera a pasarse de la raya, con el despreocupado rey y su evidente despreocupación a estar en una situación tan vulnerable, como la desnudez lo era.

—Dime, ¿Qué pides a cambio de tu lealtad absoluta y sumisa a mí y mi sangre, Malfoy?

—No necesito nada, majestad, mi lealtad es solo suya, haré todo lo que me pida.

—Entonces, a cambio, voy a darte mi lealtad –sonrió.