Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
El rey avanzó hasta la pequeña mesa donde ya los sirvientes habían puesto una jarra con vino y unos aperitivos, pero el monarca solo se sirvió el líquido en su copa, se giró hasta el rubio sin expresión alguna en su rostro, recargó su cadera de forma despreocupada en una mesa que usaba para comer o trabajar, le dio un largo trago a su bebida y no dijo absolutamente nada mientras examinaba al chico, aún tenía sus sospechas sobre si era falsa lealtad o ¿Qué podía ser?
—Me temo, que quizás el trabajo que voy a pedirte que hagas, no es mejor que cuidar de tu hermana –aceptó resoplando irritado.
—No importa lo que pida, majestad, lo haré…
—Te dije que cuidaras de tu hermana, y llevas todo este tiempo en tus ensoñaciones que cuidando de ella.
—Con todo respeto, majestad, ese fue un castigo, no una petición.
—Eres un príncipe heredero, seamos honestos, cuidar a la gente no es algo digno de un príncipe ¿o sí?
—No me interesa el trono –comentó –y creo que lo sabe, me juramenté a su guardia, renunciando a título, tierras, mujeres y familia.
—El hecho de que no te interese el trono, no significa, que no fueses criado como un príncipe, que todo este trabajo pueda ser tomado… como un insulto.
—No es mi caso, majestad, todo lo que usted me ordene, sin que esto sea un castigo…
—Ese es el problema, Malfoy –comentó irritado –odio a tu hermana, y lo sabes, sin embargo, te puse a cuidar de ella, fuese o no fuese un castigo, tu deber era cuidar de ella –sonrió –eso es lo que todavía hace que tenga problemas en confiar en ti.
—Yo…
—Verás, Lys, odia a su hermano, aun así, es capaz de pelear contra mí, si le digo que su deber es preservar la vida de ese ruin ser –se encogió de hombros –esa es la diferencia entre una persona leal a mí, y alguien… tibio.
—Tiene razón, majestad, y no gastaré más saliva defendiendo lo indefendible.
—Cuidaste bien de Lily –aceptó –te pusiste contra mí, cuando de proteger su virtud se trataba, eso es lo que espero de ti, no importa a quién te envíe a proteger –hizo un mohín –y las instrucciones que te dé, claramente, porque si solo quisiera que los vigiles, y me dejes matarlos cuando sea el momento –sonrió –pero no es el caso ya.
—Entonces ¿ya no ocupará nada de mí?
—No –hizo un ademán con la mano negando –digo que no es el caso de que quiera espiar a alguien para matarle después.
—Oh –asintió tranquilo el rubio –pero quiere que le vuelva a jurar lealtad ¿por qué?
—Como ya te lo dije, cuidaste bien de Lily, y si piensas que no sé todo lo que hiciste cuando los planes eran matarla, bueno, estás equivocado, es por eso, que ahora que Lily volvió, mis inquietudes, han resurgido, pero más amplificadas que nunca –lo observó.
—Yo cuidaré de la princesa, nada va a ocurrirle…
—No es sobre ella, la seguridad de mi hermana está al cuidado de la persona en quien más confío que la proteja, William no ha llegado, por el momento, pero Alexander hará un mejor trabajo…
—¿Qué yo? –Se burló enfadado.
—Todo mundo juzga a Alexander por su apariencia, pero sino fuese capaz de cuidar de ella, lo hubiese dejado en el camino, para que se lo comieran las liebres –bromeó.
—Yo puedo hacer un mejor trabajo que ese tal William o Alexander, podría contra ellos aun con los ojos cerrados.
—Y confío en eso –sonrió –sé que William jamás se atrevería a lastimarla, Alexander regresará a Birmania pronto, no hay de qué preocuparse por ello –informó –pero… hay un detalle suelto, pequeñito, muy pelirrojo bastante travieso y muy suelto.
—Habla de la princesa Elizabeth, ¿cierto?
—Efectivamente, en las tierras de Lupin, ella podía crecer tranquila, correr descalza y libre, sin preocupación alguna, pero conoces mejor que nadie la corte, ella tendrá que ser controlada y enseñada a ser prácticamente… una inútil –se encogió de hombros –quiero que cuides de ella, mejor de lo que cuidarías de mí –informó.
—Es su hija, ¿cierto? –Lo observó, ocasionando una sonrisa en el castaño –también el joven príncipe, Remus II.
—Bueno, no te daré créditos, la viste en mi cama desde la primera vez, hasta que te envíe con tu hermana; es algo como que… obvio, para todo aquel que sabe de mi relación con Lily, por lo tanto, sabes, que, si alguien se entera, la vida de Elizabeth… correrá peligro.
—No tiene que decir más, majestad.
—Sí, necesito decirte más, porque, aunque los demás piensen que es mi amor de padre, lo que me hace protegerlos… es más bien, solo yo puedo decidir si ellos siguen vivos o no, a menos que yo lo decida o que de ello dependa el reino –sonrió.
—No tiene que explicarme más, majestad, yo cuidaré de la princesa…
—Ahora es muy pequeña, pero cuando cumpla los doce –observó a Scorpius –quiero que la enseñes a combatir, obviamente, eso será confidencial.
—Desde…
—Dime algo más, Malfoy –lo observó –olvida por un momento la jerarquía y dime tan honestamente como lo serias si no fuese el rey, y fuese un donnadie, en tu entendimiento, ¿crees que tu hermana es más capaz que tú, de gobernar su reino? –Cuestionó –dime ¿crees que una mujer sería capaz?
—Majestad –sonrió divertido Scorpius –mi hermana es una loca, es controladora y manipuladora, si se concentrara en derrocar a alguien lo conseguiría sin tener que pestañar, en mi amplia opinión, mentiría si no dijera que muchas veces lo hablé con mi maestro, Druella era la mejor opción para gobernar el reino de mi padre, pero para su desgracia, nació mujer.
—Les das mucho crédito –comentó tranquilo James.
—No lo creo, supongo que solo nos da miedo.
—¿Miedo de qué? –Frunció el cejo.
—Que las mujeres no nos necesiten para nada, ¿Qué sería de nosotros los hombres sino tenemos a nadie indefenso a quién salvar y proteger? –Sonrió –los niños no siempre son niños, así que… hacemos que las mujeres siempre sean todo, menos capaces.
—Si tú lo dices.
Scorpius sonrió divertido, James le había hecho una pregunta y pedido que fuera honesto, y cuando lo fue, lo enfadó, a pesar de haber compartido su opinión, no lo creía capaz de cambiar su forma de ver el mundo y la vida; y bueno, él había conquistado muchas cosas a lo largo de su vida, pero siempre había vivido aferrado a que solo los hombres eran dignos de la guerra y el poder de gobernar; aunque hubiese mujeres mucho más capaces, como en su caso, si bien él era bueno con la espada y en batalla, Druella lo era pensando y estructurando, y quizás debía devolverle su crédito, posiblemente podría conseguir algo sin siquiera proponérselo del todo.
—Mi hijo normalmente está cerca de Lily; así que será cuidado por William –informó –pero en cuanto crezca, los dos serán tu obligación ¿está claro?
—Sí, alteza –asintió.
—Si en algún momento, ocupas de mí –lo observó –puedes pedirlo; a excepción, eso que ni siquiera te atreves a pensar –Scorpius levantó la vista hasta él –quizás en otra vida, pero no en esta, Malfoy.
—No será necesario, majestad.
—Quiero que sepas, que no tengo problema alguno con tus gustos –sonrió llevándose la copa a los labios, y aunque sí, veo a otras personas, hice una promesa; que no pienso romper, cuando es algo mínimo, que puedo hacer por ella.
—No se preocupe, yo no…
—Pero descuida tus votos, puedes tomar a cualquier hombre que te plazca, siempre y cuando, esto sea mutuo, ¿queda claro?
—¿Me da permiso de tener un sirviente sexual? –Se burló.
—Lo de sirviente ha salido de tu criterio, no del mío, Lys eligió a la esposa de su hermano, al inicio no fue mutuo, pero ahora lo es, así que –se encogió de hombros –sea quien sea, menos yo –mostró su copa –y que sea mutuo, puedes tenerlo.
—Lo pensaré, majestad, gracias.
—De acuerdo, me vestiré y te la presentaré.
—Puede tomarse su tiempo, esperaré en la puerta y ordenaré que le preparen el baño.
—Descuida, no es necesaria tanta amabilidad de tu parte.
El castaño se vistió rápidamente, ropa ligera sin tanto chiste, se acomodó el cabello y salió por la puerta escondida hacia la cámara real conyugal, que era obvio que solo ocupaba Druella, aunque había una puerta secundaria; no la usaba, ya que lo habían visto entrar.
Avanzaron tranquilamente por los pasillos del castillo, hasta la sala donde estaban las princesas, Scorpius ya había visto a la pequeña Elizabeth, pero no había pasado tiempo con ella, sin duda era tan bonita como su madre, pero tenía el encanto de su tío, la sonrisa de la mujer pelirroja fue instantánea en cuanto lo vieron entrar, y la pequeña niña sonrió un poco temerosa.
—Alteza –dijeron las dos al mismo tiempo, sonriendo felices al verlo.
—LHR—
Los días habían pasado desde que James le había dicho a Scorpius que le daría un nuevo y mejor trabajo, aunque Druella ya lo había visto ser la niñera de la primogénita Lupin, sin duda aquello no podía ser un mejor trabajo, aunque admitía que la niña le incomodaba un poco, sin saber la razón, no le había hecho absolutamente nada, y contrario de su madre, cada que la encontraba por el castillo, hacía una reverencia y le informaba lo bonita que lucía ese día, aunque alimentaba su ego, y era una niña inocente, simplemente, le desagradaba.
«Es solo envidia, porque tú no has podido engendrar un solo hijo de tu marido, el rey; si hubiese sabido que solo darías problemas al buen nombre de la familia, no habría dejado que el embarazo llegara a término».
Las cartas de su madre cada vez eran más desagradables, de la comprensión, habían brincado a la presión y casi el desagrado absoluto, tildándola de una completa inútil, sin duda no podía encontrar un buen camino para que el resto del reino no pensara que era ella la culpable, no tenía la culpa de que el rey no la encontrara atractiva, según tenía entendido, aunque muchos maridos no se sentían atraídos por sus esposas, no tenían problemas con cumplirles y hacerles un hijo, pero claro, James no estaba obligado a ellos, después de todo, era el rey.
—Quizás las formas –murmuró Zabini arrojando la carta al fuego –no son las mejores formas, alteza –sonrió, de una forma que nunca antes le había visto.
—Es mi madre, después de todo…
—Bueno, majestad, quizás con anterioridad, ella podría hablarle así, incluso por carta, pero… ahora es usted la reina de este reino, incluso está por encima de ella, no estaría de más, que le recordara algo de eso, incluso a su padre, si la culpa no es de usted, y Dios, no ha querido bendecirlos con un heredero a pesar de que usted lo ha hecho todo bien, quiere decir que no está en el destino del rey, tener un heredero legítimo al trono.
—¿Qué quieres decir con legítimo? –Lo observó frunciendo el cejo.
—Alteza, el reino tiene que tener un heredero, y si no es hijo del rey –se encogió de hombros –mejor un Malfoy sentado en el trono, que el hijo de cualquier sirvienta.
—Insinúas que le sea infiel a mi marido –soltó furiosa.
—Hay ciertas prácticas –se encogió de hombros –no son bien vistas por algunos, pero… conservar la pureza de la sangre real es mucho más primordial ¿no lo cree usted?
—No te comprendo –informó.
—Su hermano –comentó –le daría la seguridad; de que…
—Scorpius iría directo a mi marido a decirle que le fui infiel.
—Oh, sí, hay rumores corriendo por el reino, diciendo que su hermano tiene ciertos… gustos.
—Eso es estúpido, ha tenido muchas mujeres, los soldados en el reino de mi padre, decían que era imposible que fuese célibe por un tiempo prudente, tenían que sacarlo de burdeles.
—Yo solo opino, después de todo, nunca le he visto mirar a las criadas ni a otras de esa manera, ni un poco lasciva, contrario de otros guardias de la corte.
—Mi hermano es un príncipe heredero, bien educado, sus bajos instintos no tienen que ser mostrados en público.
—Cierto –sonrió Zabini.
La reina frunció el cejo, y por más que intentó el bordado no quedó tan bonito y bien hecho como siempre quedaban, estaba inquieta, no quería ser el blanco de críticas más tiempo, ya estaba bastante cansada de todas las habladurías a sus espaldas, las cortes nunca habían sido un sitio para gente débil, y Druella nunca lo había sido, claro que nunca había estado en un puesto tan importante como en el que ahora poseía, y siempre había creído que podía con cualquier hombre que le pusieran enfrente, entonces ¿por qué el rey era la excepción? Dudaba que estuviera enamorado de su amante, o de cualquier otra persona, no era un tipo de sentimientos, y le había costado un tiempo, pero ya aceptaba su realidad.
—X—
Druella se cubrió la boca mientras reía fingidamente diversión de alguna de las anécdotas que una de las mujeres había contado, estar ahí, tampoco le agradaba, pero las fiestas de té, que organizaba, eran muy populares, y le ayudaban a recolectar cierta información de nobles importantes dentro de la corte; y es que ser la reina consorte era beneficioso, las demás mujeres, solo por tenerla feliz y ser parte de su círculo cercano, solían comentar cosas que escucharon sin querer en casa mientras servían a sus maridos.
—Mi marido asegura; que Lupin trajo de vuelta a la princesa, porque quería que su majestad, simpatizara con los niños, y conseguir futuros favores –murmuró una.
—Cierto –asintió otra –mi marido dijo exactamente lo mismo, que la princesa no tenía razón para volver al castillo, que fue más bien pretensión de los Lupin, para ganar más poder.
—Pero todos sabemos, que la única favorecida por el rey, es la reina.
La mirada de Druella fue hasta la mujer rubia, frunció el cejo confundida, recordaba haberla visto, pero no muy bien, era muy bonita, pero carecía de la elegancia de la buena cuna, así que sonrió al recordarla, era Audrey Scamander.
—Pero… -intentó una mujer.
—No, pero nada –la interrumpió –la princesa Lily, al final del día, igual que yo, no deja de ser una simple campesina, tendrá sangre real corriendo por sus venas, pero fue criada como una campesina, como yo.
Las demás mujeres se miraron entre sí, la buena postura, la calidad de la tela de su vestido, su peinado y maquillaje, les confundía un poco.
—Que no les confunda mi buena forma de sujetar la taza de té –sonrió fingiendo inocencia, mientras las observaba satisfecha –no se olviden, que el rey masacró a su familia, con excepción de la princesa Lily, quiere decir que no le importa mucho, así que –se encogió de hombros –no va a favorecerla más que a su esposa, la mujer que ama.
Las palabras de Audrey agradaron a Druella, tanto tiempo en el papel de que el rey era una persona completamente diferente con ella en la intimidad, al fin habían dado sus frutos, alguien había comenzado a creerlo y usar esos argumentos para defenderla —aunque estuviese presente, y fuese como para ganar su favor—.
—Cierto, mi marido también ha dicho, que a pesar de que los Lupin tomaron la oportunidad de unirse a la familia real, y usar a la princesa para hacerse de más poder y así, someter al rey, éste mismo puede solo deshacerse de ellos, ahí está el claro ejemplo de los Parkinson.
—Cierto –habló una mujer castaña –alteza; ¿Qué hizo la familia Parkinson para que el rey hiciera algo tan espantoso como quitarles sus títulos, propiedades y riqueza?
—Mi marido, ha mostrado a lo largo de sus años gobernando, que es justo, y no va a dejar que nadie pretenda dañar al pueblo con sus fortunas, la traición, es algo que no perdona.
—Bueno, majestad –sonrió Audrey –lo que nosotras podíamos ver, era como la señorita Parkinson, pretendía ser más importante que usted en la corte, es obvio, que, a su alteza, eso no le agradó, nadie es mejor que usted, es lógico que el rey la pondría en su lugar.
—Nadie ha sabido nada de ella ¿o sí?
Las mujeres volvieron a observarse entre sí, para asegurarse de que nadie sabía nada de Pansy Parkinson, que hacía doce años, el rey había ordenado a Remus Lupin despojar a toda persona que llevara su apellido y sangre de sus títulos, tierras y riqueza, la mujer había sido escoltada fuera del castillo con un par de grilletes y subida a un carruaje, esa había sido la última vez que habían sabido de ella, muchos decían que la había ejecutado él mismo; muchos especulaban que por fin había tomado su vida por haber hecho de la vida de su madre un martirio, pero a James eso no le era relevante.
—Bueno, es cierto –admitió Druella –no le gusta mucho que alguien ande por ahí diciéndose más importante que yo, por eso mismo, me llevó a una larga luna de miel, y en el lapso de nuestros mejores momentos de pareja en ese entonces, hizo que su hermana y el duque se recluyeran en una lejana propiedad.
—A la que nunca fue, majestad –murmuró otra mujer.
—Mi marido sabe, que los viajes largos me abruman, así que no me agobió teniendo que soportar ese trayecto.
—Es cierto, el rey es bastante considerado con usted, alteza –sonrió Audrey.
La charla cambió drásticamente, todas comenzaron a hablar sobre el banquete que estaba siendo organizado por la reina, ya que sería el cumpleaños del rey, no se le había ocurrido a ella, sino más bien, había escuchado a la princesa Lily, hablando con su marido, sobre ¿qué sería apropiado para ellos regalarle al rey?
De ahí, Druella había organizado un banquete, había invitado a muchos nobles, y si el rey decía algo, ella podía mencionar, que su hermana, había dado la idea.
