Capítulo 2
Un acto de valentía
KOZO
Pasillos provisionales de NERV, sector abandonado, nivel 0.
Fuyutsuki se separó del terminal en el que había estado trabajando. Se aplastó el puente de la nariz, en un intento por quitarse el leve dolor de cabeza que tenía y parpadeó.
Ya solo quedaba un paso. Un único paso para demostrar que no era un cobarde y que no estaba de acuerdo con todo lo que sucedía.
Como siempre, estuvo a punto de sonreír, sacudir la cabeza e irse, pero el recuerdo de Yui pesó demasiado en esa ocasión. Sobre todo luego de leer los informes de la última reunión con SEELE.
No podía permitir que se hiciera todo aquello con lo único que quedaba de ella.
Con un fuego de valentía ardiendo en su viejo y cansado corazón, Kozo conectó el dispositivo que le había dejado Naoko Akagi hace tantos años.
Al principio no ocurrió nada, pero solo un par de segundos después una luz roja se iluminó en la pequeña pantalla del ordenador.
Una luz que por solo unos instantes lanzó destellos sobre la pequeña habitación en la que se encontraba el sub-comandante. Era un rincón viejo, empolvado y sucio, lleno de maquinaria antigua y tecnología obsoleta.
En la pantalla aparecieron ventanas con textos y comandos se ejecutaron por si solos en el terminal. Se pudieron ver notificaciones y una enorme cantidad de código fuente se deslizó ante sus ojos antes de quedarse la pantalla de un uniforme color ámbar.
El último mensaje que Fuyutsuki pudo leer fue: "PROTOCOLO FUNDADO ACTIVADO... GRACIAS."
Cuando la luz murió, una serie de chisporroteos eléctricos resonaron, provenientes de la computadora. Unas volutas de humo se elevaron con el olor a plástico quemado y un último chirrido agonizante informó a Fuyutsuki que nada en ese ordenador podría ser salvado.
Sus rodillas tronaron cuando se puso de pie y le costó estirarse, para luego sacudir su uniforme.
—Estoy demasiado viejo para estas tonterías, Naoko… —murmuró con una sonrisa exhausta, pero determinada— pero es necesario… gracias por tu último sacrificio.
Luego forcejeó con el aparato que había conectado a la máquina. Estaba pegoteado, era obvio que la corriente fue tan alta como para fundir un poco del plástico del conector, pero al final pudo arrancarlo.
Sin pensarlo dos veces lo arrojó por un enorme agujero en la pared oeste. Entonces se quedó en silencio, aguantando la respiración hasta que escuchó el lejano chapoteo del artilugio al caer en el océano de LCL a los pies de Lilith.
Entonces y solo en ese momento, se limitó a respirar hondo. Quizá por primera vez en años. Empujó con una mano la computadora que tenía al frente, dejándola caer entre la montaña de cosas que tenía alrededor y desconectó la energía de aquel lugar.
Mientras caminaba y subía unos escalones hacia los niveles más bajos del cuartel general, se preguntaba qué haría la hija ahora que estaba en sus manos la verdad.
¿Habría valido la pena el riesgo que acababa de tomar? ¿Sería su breve período de valentía recompensado o el comandante lo descubriría y lo desecharía tal como él hizo con el último regalo de la creadora de las MAGI?
Aún podía escuchar sus palabras.
"Si lo usas, es por que al igual que yo tienes la pequeña semilla de la desconfianza ya sembrada en su contra. Es implacable… es un monstruo. Pero quizá en algún momento tengamos que detenerlo."
Quizá ya había llegado el momento.
