Capítulo 3
Revelaciones
RITSUKO
Cuarteles de Nerv. Laboratorios de Investigación y tecnología.
El cigarrillo en los labios de Ritsuko ardía en silencio mientras ella contemplaba la pantalla. Un mensaje parpadeante, inusual e imponente, pareció desafiarla:
"PROTOCOLO FUNDADOR ACTIVADO."
Una última calada, temblorosa y llena de nervios, le llenó los pulmones del humo acre y amargo. Aplastó lo que quedaba del cigarrillo contra el cenicero rebosante y empujó la silla frente al computador. No podía sentarse, se sentía como un animal encerrado en una jaula.
"Como un eva en su jaula, quizá."
Ritsuko sonrió con amargura y masajeó sus sienes, intentando aliviar la tensión que se había instalado en su cabeza desde que apareció la alerta. La ironía no se le había escapado.
Entonces, con dedos ágiles gracias a la experiencia, trató de todo en la computadora.
Ningún comando funcionaba. Reiniciar las MAGI era impensable, y la absurda idea de cortar cables a hachazos cruzó su mente, pero la descartó con una mueca irónica. Esa no era la solución, quizá para Misato, pero no para ella.
No había registro alguno de este protocolo en los manuales, oficiales o no. Ni siquiera las notas de su madre, meticulosamente codificadas y guardadas en cajas polvorientas, mencionaban algo parecido. Sin embargo, la sensación era inconfundible: esto era obra de su Naoko.
La tensión en su pecho creció. ¿Qué podía estar escondido detrás de ese mensaje? Cerró los ojos y dejó que su mente vagara por recuerdos del pasado, la voz de su madre resonando en su memoria con una frialdad que ahora parecía encerrar secretos imposibles.
En especial la recordaba cuando daba clases y la llevaba a ella al trabajo. Era, en esencia, una máquina imparable. Desde que despertaba hasta que dormía funcionaba bajo estrictos códigos de lógica, probabilidades y vastos conocimientos. Su ética laboral le parecía, en su juventud, algo exagerada. Ahora, con los años, anhelaba tener una fracción de esa fortaleza.
Caminó hasta la cafetera, buscando una distracción, pero incluso el aroma del café recién hecho no lograba apaciguar la creciente ansiedad en su pecho. La terminal seguía mostrando esa palabra en letras blancas, inmóvil e inquietante.
Regresó al escritorio, con pasos más lentos, como si algo en ella temiera lo que estaba a punto de descubrir. Esta vez sí se dejó caer en su silla y, sin pensarlo mucho más, pulsó una tecla diferente, una que se usaba solo en casos de extrema necesidad. Solo servía para una cosa, obligar a la MAGI a ejecutar comandos en contra de todos los protocolos. La pantalla cambió al instante.
En lugar de una pantalla negra con letras verdes, que era lo usual, una ventana amplia y de color ámbar surgió frente a sus ojos. Era un proceso automático, por más que Ritsuko hizo clic y movió los controles, nada tenía efecto otra vez.
Ante sus ojos se reveló un listado de carpetas fechadas. Las fechas hicieron que su corazón se detuviera un momento: eran del día después de la muerte de su madre. Otra vez el mismo dato. Pero era algo muy extraño, todos los archivos tenían el mismo formato y el mismo día como fecha de creación, como si…
Ritsuko tragó saliva.
Como si las MAGI hubiesen armado esos archivos en el mismo instante y los hubiesen ocultado por años.
Un mensaje nuevo apareció en la pantalla:
"DESENCRIPTANDO, POR FAVOR, ESPERE."
Al mismo tiempo, una alerta se disparó en la pantalla principal del laboratorio. Era un código que manifestaba un excesivo uso de energía y recursos de las tres super-computadoras.
Casi siempre estaban al 8% o incluso hasta 10%. Cuando hacían pruebas con los Evas esos números se elevaban hasta los 15% o 16%. Por alguna razón, acceder a esos archivos alcanzaba el 23% de todos los recursos disponibles. Las MAGI, habitualmente silenciosas, vibraban ligeramente y un constante zumbido, bajo y profundo, se podía incluso sentir reverberando en el aire.
—¿Qué has hecho, madre? —murmuró.
Encendió otro cigarrillo mientras observaba la barra de progreso avanzar con dolorosa lentitud.
Habían pasado ya un par de horas desde que Ritsuko iniciara el proceso de desencriptación. La ansiedad había dado paso al agotamiento, pero la pantalla aún mostraba la misma escena: carpetas abriéndose lentamente, revelando secretos que podrían sacudir los cimientos de NERV.
Ritsuko cabeceaba, entre sueños que iban y venían.
Sin previo aviso, un sonido agudo rompió el silencio, sacando a Ritsuko de una de esas extrañas pesadillas.
Se frotó los ojos, luchando por recordar los fragmentos de aquel sueño, que se desvanecían rápidamente. Recordaba la enorme cabeza del Eva-01 el imposible grito de aquella bestia, el cielo teñido de rojo y la sensación de peligro inminente que le hacían querer salir huyendo.
Ritsuko sacudió la cabeza, necesitaba despejarse. Rebuscó entre sus cajones y a manotazos sacó otra caja de cigarrillos. No tardó en encender uno y darle una larga calada.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la pantalla, donde finalmente todos los archivos estaban abiertos. La mayoría eran informes de experimentos, pruebas en laboratorio, pero uno llamó su atención de inmediato.
—¿Quién es Rei Ayanami y qué es el Plan de Instrumentalización? —murmuró para sí misma, con el corazón latiendo más rápido de lo normal.
Desplegó el archivo en la pantalla y sus ojos se abrieron con horror al leer los detalles perturbadores que aparecían ante ella.
El archivo revelaba experimentos con seres humanos, manipulación genética, clonación y términos como "transferencia de mentes", "respaldo de memorias" y "fusión de almas". Era una verdad que desafiaba todo lo que creía saber sobre NERV, sobre su propia madre y sobre Gendo Ikari.
El tiempo pareció detenerse mientras procesaba la información. Ritsuko se sentía atrapada entre la incredulidad y la necesidad de entender más. Respiró profundamente, intentando mantener la compostura frente a una revelación tan impactante.
Los archivos seguían mostrando cada vez cosas más terribles. Ritsuko los leía con mayor velocidad y aprehensión. Cada vez más horrorizada. Con cada cosa que leía se sentía más asqueada de pertenecer a esa organización.
¿Qué mente tan retorcida había ideado un plan así?
Entre los documentos, el nombre de Rei Ayanami continuó apareciendo de manera constante, siempre vinculado a un misterioso "Plan de Instrumentalización". Pero entonces algo más le llamó la atención.
—¿SEELE? ¿Qué es SEELE?
Como si la máquina le hubiese leído la mente, los siguientes archivos revelaron las identidades y acciones de ese ancestral consejo de… "personas". Era imposible que sean solo humanos, que hayan vivido tanto.
Incluso la tecnología tenía sus límites.
Cada palabra era como un golpe directo a su percepción de la realidad.
—¿Cómo pudo esto estar ocurriendo bajo mi guardia?…¿Cómo pudo mi madre saber esto y no hacer nada…
Con una mezcla de rabia y confusión lanzó su taza de café contra una de las paredes de su laboratorio. Se sentía mal, mareada, necesitaba vomitar o salir corriendo y gritando.
Su madre, había dejado un legado de secretos oscuros que ahora la confrontaban con una verdad perturbadora. Y Gendo Ikari, el hombre en quien había depositado alguna vez su confianza, estaba inmerso en el centro de este laberinto de engaños y manipulaciones.
El tiempo pasaba y Ritsuko se sentía cada vez más atrapada en la vorágine de revelaciones. El deber profesional le gritaba que actuara, que confrontara a Gendo, que detuviera este plan aberrante antes de que fuera demasiado tarde. Pero el miedo y la incertidumbre la paralizaban.
Con cada archivo, resultado y nota se encontraba siempre una serie de notas y adiciones realizadas por aquel hombre. Era un monstruo aterrador, frío, insensible e implacable.
La pantalla parpadeó, reflejando su propio rostro pálido y consternado. El laboratorio, normalmente lleno de actividad y eficiencia, ahora parecía un lugar sombrío y amenazante, cargado con el peso de lo que ahora sabía. NERV, una organización para la defensa y la protección de la humanidad, era ahora algo que amenazaba con derrumbar todo lo que ella amaba, con usar la ciencia que tanto le apasionaba para destruirlo todo.
Una decisión se forjó en su mente, un giro en el camino que había trazado hasta ahora. Ritsuko sabía que no podía ignorar lo que acababa de descubrir. Aunque temía las consecuencias, sabía que debía enfrentarse a Gendo Ikari y exponer sus maquinaciones.
Incluso si eso le llevaba a la muerte.
Solo faltaba un archivo entre todos. El único que tenía nombre y no solo un puñado de caractéres y números como designación.
"Akagi-Naoko"
Ritsuko inspiró hondo, en un intento por preparar su mente para lo que pudiese encontrar. Estaba dispuesta a aceptar que su madre fuese parte instrumental de todo aquel complot en contra de la integridad de la humanidad entera. A leer que ella lo aprobaba o que incluso lo anhelaba.
Siempre había respetado a su madre como científica. La odiaba como mujer y la desconocía como madre, pero su para Ritsuko, la mente de de su madre era una fortaleza de razón, lógica y progreso.
No concebía cómo alguien así podía ser parte de un plan tan nefasto. Pero se preparó de todos modos.
Con una mano aferrándose al borde de su escritorio, presionó el botón para abrir el archivo y empezó a leer.
Lo que fue leyendo hizo que, poco a poco, su corazón pareciera querer explotar y su estómago cayera hasta atravesar el suelo.
No supo en qué punto empezó a llorar en silencio. Las lágrimas mojaron el tablero de su escritorio y su vista se nubló tanto que se tuvo que frotarse los ojos con la manga de su bata e laboratorio varias veces.
A su madre la habían manipulado. Engañado, drogado, sugestionado y hasta abusado de ella de tantas formas que Ritsuko se preguntó como es que al final seguía en pie.
Y todo lo había hecho Gendo. El muy bastardo.
El estado mental de su madre, cerca de su muerte, era tan precario que un insulto de una pequeña Rei Ayanami la empujó al asesinato y al suicidio.
Ahora entendía por qué su madre explotaba en cólera al más mínimo inconveniente. Por qué la mandó lejos a estudiar y no a la universidad de la misma ciudad. El por qué se aisló de todos y dejó sus contactos y amistades.
Siempre decía lo mismo. Trabajo, responsabilidades.
Pero era todo mentira. O una excusa que ella misma se había creído.
Ahora entendía, quizá un poco mejor, por qué su madre contribuyó a todo lo que estaba pasando. No era ella, eran años de condicionamiento, tortura y presión por parte de la única persona que parecía tener poder sobre ella.
Con una sensación de asco leyó los últimos párrafos que hacían mención a como, bajo la promesa de un amor verdadero, fue empujada a realizar tareas tan desagradables como participar en la misma creación de la niña que llegaría a matarla luego.
Y lo peor de todo es que, en los últimos años, había detectado las mismas tendencias hacia ella por parte del Comandante Ikari. Reuniones para comer, para beber, para hablar. Se le había acercado de formas bastante más amigables e incluso lanzó insinuaciones románticas hacia ella. Se le erizó la piel al recordar como correspondió esos coqueteos en su momento.
Entonces, con una sensación helada que le hizo temblar las rodillas, su cabeza se giró con lentitud y observó la cafetera que siempre estaba en su oficina, siempre llena, siempre lista. Las bebidas y comidas en su maquina dispensadora, que también aparecían por arte de magia todas las veces que ella entraba a su despacho…
No supo en qué momento pasó pero Ritsuko se encontró de rodillas, con la cabeza inclinada sobre uno de sus tachos de basura llenos de papeles. Las arcadas y la horrible quemazón de todo el proceso la hicieron sentirse débil. Alguien gritaba y tardó unos segundo en darse cuenta que era so propia voz, rota, la que salía de su lastimada garganta.
Aún así, una parte de su mente, la más analítica y fría, le hizo pensar en algo que solo causó que su enojo alcanzara alturas más terribles.
¿Por qué habían tardado años en aparecer esos archivos? ¿Quién se lo había ocultado y por qué justo ahora se lo habían mostrado?
Faltaban datos en la ecuación y mientras su entrañas se revolvían ante las duras verdades que había descubierto, decidió llegar a lo más profundo de todos esos secretos.
