Cuenta Regresiva: 26.280 horas.
Ahogando los recuerdos.
El profesor se dirigió al laboratorio de su hija por la tarde. No la había visto desde la mañana y necesitaba saber si se encontraba bien ya que no había salido en todo el día, ni siquiera a comer algo. Dio un par de golpes a la puerta y al no recibir respuesta ingresó con cuidado, como quién entra a alimentar a los tigres, encontrando a Bulma semi recostada sobre el escritorio de acero, garabateando en una libreta.
-Hola, querida… ¿qué haces? – preguntó con cautela.
-Ah, hola, papá… - respondió sin ganas, levantando su vista un segundo para saludar – Nada en especial…Solo diseño un arma…
Su padre la miró asustado -Pero, cariño… ¡nosotros no nos dedicamos a eso!
-Lo sé… Pero no te preocupes, no es para humanos…
- ¿Y entonces? – preguntó el profesor, estirando el cuello hacía lo que dibujaba su hija. En ese momento ella hizo un gesto lleno de maldad y le respondió, en voz baja - Es un paralizador para príncipes saiyajin… - su padre sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al oírla pero enseguida suspiró buscando paciencia y le recomendó – Hija, si estás molesta con Vegeta no creo que esa sea la manera correcta de arreglar las cosas…
- ¡No me importa si es correcto o no! ¡Se lo merece por todo lo que me ha hecho sufrir! – gritó, incorporándose y golpeando con ambas manos la mesa, haciendo saltar las cosas y mirándolo un momento con rabia pero enseguida su expresión cambio a una de tristeza y unas lágrimas amenazaron con huir de sus ojos cuando agregó – Papá… tu siempre has tenido un don especial para arreglar las cosas… Dime ¿cuál es la forma correcta de arreglar a Vegeta? Por qué si sigo pensando en cómo, se me va a secar el cerebro…
El científico se la quedó viendo comprensivo por un instante mientras tomaba asiento frente a su hija, a continuación encendió un cigarrillo con calma, mientras pensaba. Apenas supo que decirle cambio su expresión por una de ternura y le respondió – Querida, sinceramente creo que la mejor manera de tratar con Vegeta es no forzarlo por lo que lo mejor que puedes hacer es darle un tiempo a solas para que las cosas se asienten y las medite… Si realmente siente algo por ti, volverá. Te lo aseguro…
Bulma se exasperó. Ella no quería esperar, ella quería que lo que sentía desapareciera y que no le doliera tanto la ausencia del saiyajin. De hecho, después de lo ocurrido dudaba mucho que él siquiera sintiera algo de cariño o siquiera amistad por ella, por lo que le dijo irónica - ¡Claro que volverá! Tiene que venir a derrotar a los androides y a Gokú… ¡No va a volver por mí!
Su padre colocó una mano sobre la de su hija, para tranquilizarla - Bulma, te aseguro que él volverá antes de eso…
- ¿Cómo lo sabes?
El científico estaba indeciso entre decirle o no de la conversación que había mantenido con Vegeta cuando le pidió que hiciera una nave y sobre la impresión que había tenido acerca de la solicitud del príncipe de llevársela consigo. Eso no pasó desapercibido por la agudeza de Bulma que de inmediato lo interrogó -¡Tú sabes algo! ¿Qué te dijo? ¿Te dijo acaso que me quería? - su padre prefirió no contarle al verla tan alterada - No, nada de eso, querida… pero lo deduzco porque ustedes parecen ser muy cercanos y debes reconocer que Vegeta no puede estar sin ti por mucho tiempo aunque sea para molestarte por alguna tontería. La verdad es que se ha apegado mucho a ti…
-Yo también pensaba lo mismo… pero ahora no estoy tan segura de ello…
El profesor se puso de pie para decirle - Hija, sabes que no solucionarás las cosas estando triste. Tú no funcionas así… Lo mejor es que esperes a que Vegeta regrese o que te llame para aclarar las cosas… lo que ocurra primero.
La peli turquesa, no muy convencida, miró a su padre y le sonrió levemente – No quisiera aceptarlo pero supongo que tienes razón, Papá… ¿Sabes? Me siento mejor después de hablar contigo…
-Me alegra mucho oír eso, hija… Oye, ya casi es hora de cenar. ¿Qué te parece si vamos a comer con tu madre?
Ella asintió, ampliando su sonrisa.
…
Vegeta había terminado instalándose en un planetoide bastante alejado del sistema solar y cuya gravedad era bastante mayor que la de la Tierra, esto con el fin de poder llevar a cabo un exhaustivo entrenamiento que lo llevara a su transformación sin tener que depender de la muchacha. Ya llevaba allí cerca de dos semanas, entrenando día y noche, casi sin descanso, con la finalidad de aumentar sus habilidades y poder transformarse sin necesidad de la mujer. Pero sus esfuerzos habían resultado infructuosos hasta ahora y eso lo descomponía. En más oportunidades de las que pudiera contar intentó usar como recurso sus recuerdos de cuando casi lo había conseguido aquella vez en que tan solo de pensar en que ella estaba muerta logró, por un instante, sentir esa nueva energía expandirse desde su interior. Pero lamentablemente no pudo llegar a sentir ese cóctel de emociones que por poco lo habían hecho conseguir su transformación aquella vez.
Dio una respiración cansada e iba a retornar a la nave a descansar cuando algo en el cielo llamó su atención. Era una enorme lluvia de asteroides que se dirigía hacia él y tras ésta venía un enorme meteorito que podía apreciar a simple vista, lo que lo hizo sonreírse de lado con ironía. "Perfecto" pensó, preparándose para lo que ocurriría, sintiendo su corazón latir con fuerza y sus músculos tensarse con anticipación.
El ataque de las rocas comenzó y, aunque sabía que no estaba al cien por ciento de sus fuerzas en ese momento, se elevó y voló en dirección a ellas a toda velocidad. Por suerte ese tipo de entrenamiento no era nuevo para él, ya que desde que era un niño tuvo que enfrentarse muchas veces a planetas con climas aun más extremos que este. Así que destruyó sin problemas las rocas que amenazaban con dañar la nave por unos minutos, sin embargo, la cantidad de rocas aumentó y debió aumentar la velocidad para evitar quedarse sin medio de escape de ese lugar olvidado de los dioses. En ese momento se le ocurrió imaginar que la humana estaba dentro de la nave pero cada vez que golpeaba una nueva piedra iba sintiendo como mermaban sus fuerzas y no sentía la motivación suficiente para sacar al súper saiyajin que permanecía dormido en su interior. Lamentablemente el peligro aun no había pasado ya que finalmente vio sobre él al asteroide. El enorme objeto se aproximaba a una velocidad sorprendente, por lo que dejó de prestarle atención a las rocas y puso todo su empeño en detenerlo y destruirlo lo antes posible. Así fue que, con ambas manos, expulsó toda la energía que le quedaba, repeliendo el avance. "Mierda, no voy a morir aquí" pensó apretando sus ojos. Su ki ya no era suficiente para detener el inminente impacto, por lo que gritó con todas sus fuerzas haciendo un último intento, pero sin darse cuenta se le vino a la mente una imagen, la cual evitó verbalizar a toda costa, sin resultado: "Bulma". Si moría allí no volvería a sentir la suavidad de su piel ni la calidez de su cuerpo ni volvería a ver su sonrisa ni tampoco esos ojos que parecían escudriñar dentro de su ser y apaciguar cualquier mal recuerdo de su vida pasada. Fue entonces que apretó sus dientes con impotencia e ira contenida y un halo dorado lo envolvió, logrando hacer volar la enorme roca en miles de pedazos. Pero fue solo un instante, lo suficiente para sacarlo del apuro en el que se encontraba por lo que la explosión lo lanzó lejos, azotándolo de bruces contra las rocas del suelo, quedando inconsciente por un momento.
Cuando recobró totalmente el conocimiento levantó su cabeza y observó sus ensangrentadas manos
-Demonios… -dijo golpeando el suelo con uno de sus puños - Así jamás podré superar a Kakaroto… "No sirve de nada si sé que ella no está dentro de la nave… (suspiró, sintiendo su pecho apretarse) ¡Mierda! ¿Qué me está pasando? Soy el heredero de la sangre más poderosa del universo… No tengo por qué depender de una hembra para alcanzar mis objetivos…"
Una enorme impotencia comenzó a embargar su corazón, por lo que se levantó lentamente y apretó sus puños, mientras sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas. Levantó su rostro para evitar que salieran, mientras maldecía su suerte "Se supone que soy el príncipe la raza guerrera más poderosa y que es mi destino convertirme en el hombre más fuerte del universo sin tener que depender de nada ni de nadie" Apretó sus dientes haciéndolos rechinar "¿Qué mierda me pasa? Me he convertido en el hazme reír de mi raza… No logro completar la transformación en súper saiyajin y en lo único que puedo pensar en este momento es en ella… (volvió a mirar sus manos, que temblaban en ese momento) ¿Será posible que yo, el gran Vegeta, esté condenado a depender de una débil hembra para siempre…?" La respuesta vino de manera automática a su mente pero no debía, no podía y no quería aceptarlo, por lo que negó aquello con todas su fuerzas, apretando aun más fuerte sus puños mientras que una ira ciega comenzaba a formarse en su pecho. Ira contra sí mismo por dejar que las cosas hubieran llegado hasta ese punto, por no poder sacar de su vida a la mujer escandalosa esa, por haber comenzado a tener extraños sentimientos por ella, pero, por sobre todo, porque se dio cuenta de que no podría estar sin ella nunca más. Respiró hondo, dejó de pensar y solo se dejó llevar por aquel sentimiento, que tanto había renegado. Su respiración se calmó y su corazón comenzó a latir con fuerza, como si no cupiera en su pecho. Finalmente, de su garganta salió un grito de liberación.
- ¡AAAAAAAAAAAHHH!
Y entonces sucedió. Su cuerpo se cubrió en un halo dorado, su cabello cambió a un rubio brillante y sus ojos a un azul casi turquesa, mientras sentía un nuevo poder emanar de manera constante desde su centro. Comenzó a respirar algo agitado y observó sus manos sorprendido - ¿Esto es…?... ¿A-Acaso… lo conseguí?... ¿es esto lo que se siente? ...Kakaroto, ¿es esto lo que ocultabas?… esta sensación… este sentimiento de poder infinito… - una sonrisa comenzó a formarse en sus labios – ¡Al fin soy un súper saiyajin! Ja, ja, ja – rió mientras comenzaba a lanzar esferas de ki con una de sus manos – pero se detuvo y volvió a fruncir, mirando nuevamente sus manos para comentar, con algo de melancolía – Hmn… Ella estaba en lo correcto… Ahora lo comprendo todo.
Volvió a la normalidad, soltando un suspiro de alivio e intentó nuevamente transformarse al tiempo que acercaba ambos codos a sus costados. Se concentró con todas sus fuerzas en aquel sentimiento y volvió a conseguirlo aunque con algo más de dificultad, pero ya tenía la clave y solo era cosa de practicarlo hasta que su cuerpo asimilara de una vez por todas ese nuevo poder. Por lo que soltó una carcajada relajada - Ja, ja, ja… ¿Quién lo diría?... Ya no la necesito para esto… Ahora solo debo concentrarme en mi entrenamiento y en mejorar mis técnicas…
Deshizo la transformación y avanzó lentamente hasta la nave. Observó que había una abolladura cerca de la entrada y frunció- ¡Tsk! fallé uno…- enseguida sonrió - ¡Bah! Ahora soy un súper saiyajin ¿Qué me importa si me reclama por esto?
Ingresó de una vez y se dirigió a su habitación, no sin antes pasar por el baño y asearse.
El agua estaba realmente fría pero eso nunca le había incomodado, de hecho duchas no eran de otra forma mientras estuvo bajo el mando del lagarto.
Mientras restregaba su adolorido cuerpo, sonrió, pensando en lo divertido que sería cuando los idiotas de la Tierra lo vieran convertido en súper saiyajin. Y ella. "Ya quiero ver su expresión cuando le refriegue mi transformación en su cara ¿Qué nunca podría convertirme en un súper saiyajin? Ja, ja, ja… La haré tragarse sus palabras…" Al pensar en ella, no pudo evitar que cierta idea volviera a rondarlo. Frunció con intensidad al recordar lo dicho por la humana "…No me quedaré tranquilamente esperando a que vuelvas de tu "viaje"…" El príncipe gruñó por lo bajo. Ya no requería de ella para su transformación, sin embargo, esas palabras taladraban su cabeza una y otra vez. Definitivamente algo que no soportaría de ella sería la traición. Además la mujer, aunque él no lo quisiera reconocer abiertamente, era su compañera, y aunque no era algo definitivo no podía negarlo puesto a que ya la había reclamado como propia y no permitiría que nadie pusiera sus manos en lo suyo. Sin embargo no tenía la intención de regresar a buscarla aún, después de todo él era un guerrero de élite y podía lidiar perfectamente con cualquier cosa del universo, inclusive con una mujer vengativa. Así que decidió que lo mejor era tomarse las cosas con calma hasta poder dominar a la perfección su transformación antes de regresar a la Tierra. Pensando en esto terminó su baño y se dirigió a su cuarto donde se vistió mientras meditaba ahora sobre qué lugar sería el apropiado para entrenar sus nuevos poderes. Sin embargo, al abrir uno de los cajones inferiores para sacar una camiseta, se encontró con la cinta que le quitó del cabello aquella vez a Bulma y comentó, mientras la sostenía en su mano - Más te vale que te estés comportando, mujer. No querrás provocar la ira de un súper saiyajin…
…
Se cumplieron tres semanas desde que Vegeta dejó la Tierra y Bulma aun no dejaba de extrañarlo, pero se había prometido a sí misma no deprimirse por lo ocurrido. Después de todo, la vida era muy corta para sufrir por amor. Además, si lo dicho por su padre era cierto, Vegeta pronto la extrañaría o la necesitaría y esto lo haría venir por ella. y aunque no era muy esperanzadora la premisa, era lo único que tenía para darse ánimos y por lo menos hasta ahora le había funcionado.
Como todas las semanas, se dio un tiempo para ir al departamento de Yamcha, para regar las plantas. Muchas veces pensó en dejar algún sistema de riego automático, pero ir a ese lugar le servía para hacer un quiebre en su rutina. Además, no le tomaba más de quince minutos hacerlo y ella se lo había prometido a Yamcha.
Abandonó el lugar, verificando que todo quedara bien cerrado. Luego se fue al centro comercial y realizó algunas compras, además de pasear y comer allí. Al finalizar, salió por el estacionamiento subterráneo, pero cuando se abrió la compuerta del ascensor vio que el lugar estaba casi vació. Nunca le había gustado la oscuridad y en ese momento el estacionamiento le pareció poco iluminado y hasta lúgubre por unos focos que parecían haberse estropeado desde que dejó su carro allí. Así que sin más remedio se dio ánimos subiendo y bajando los hombros varias veces y se dirigió a su vehículo, con un montón de bolsas colgadas en sus brazos. Se sentía algo nerviosa y tenía la sensación de estar siendo observada por lo que apresuró su paso. Estaba por sacar las llaves de su automóvil, cuando escuchó que la llamaba una voz muy ronca.
- ¿Bulma Briefs? Vaya, Vaya ¡¿Quién diría que te encontraría aquí?!
Se volteó a ver hacia la voz y al instante palideció. Frente a ella estaba un hombre delgado, de mediana edad, vestido muy elegantemente, alto y bastante atractivo, que le insistió - ¿Qué ocurre? ¿Ya no saludas a tus viejos amigos?
La muchacha tragó duro y se armó de valor para decir entre dientes, mientras intentaba en vano meter la llave en la cerradura de la puerta - Tú no eres ni amigo, ni conocido, ni nada ¡¿Qué mierda haces aquí?! ¿Te aburriste de vivir a la sombra de tu padre?
El hombre la miró de arriba abajo con lujuria poco disimulada antes de responder - ¡Vaya! ¿Quién lo diría? Te has convertido en toda una mujer… y en una con mucho carácter debo decir. Ni comparada a la niñita de antaño… La verdad es que solo vine a la Capital por negocios… ¿No te lo dijo tu padre?
Bulma sintió un vacío en su estómago. Quiso creer que estaba teniendo una pesadilla y deseó con todas sus fuerzas despertar pero no ocurrió, por lo que lo miró altiva mientras decía con sarcasmo – Pues, fíjate que no. No me lo dijo. Para que veas que no eres más que una basura insignificante...
El sujeto dio un par de pasos hacia ella - Vamos, no te pongas así… Solo vine por unos cuantos días a la Capital por unos negocios pero cómo ya estaba aquí pensé en aprovechar el viaje para comprar algunos vehículos de alta gama. Lo hubiera hecho por el medio regular, pero cuando le comenté a tu padre que estaría aquí insistió en que viniera para poder charlar y elegir los modelos… Además, no me hubiera perdido por nada el placer de volver a verte…
Bulma no supo porqué pero en ese momento recordó el repertorio de insultos intimidantes de su novio, por lo que se armó de valor y le dijo - Para mí es de todo menos un placer. Para serte sincera ya ni me acordaba de ti… Eres tan poca cosa… eres una basura insignificante - arrastró las palabras con asco poco disimulado, agregando - Supongo que tu padre murió esperando que hicieras algo con tu patética vida de desgraciado vividor… - el sujeto alzó sus cejas sorprendido un momento por el lenguaje de ella, pero al siguiente le sonrió - ¡Vaya! Eso fue innecesario, pero para serte franco, Bulmita, tengo mis propios negocios, aunque ayudó bastante haber heredado el negocio familiar, varias propiedades y una gran fortuna. Sinceramente no me quejo de mi vida, las mujeres me llueven y puedo vivir con comodidad hasta tres vidas más sin tener que trabajar ni un día... Pero volviendo a lo nuestro, debo confesarte que yo guardo lo que pasó entre nosotros en el fondo de mi corazón, como un recuerdo muy querido… ¡Y qué recuerdo si me lo permites decir! Eras tan dócil e inocente…– terminó su frase al tiempo que metía sus manos en sus bolsillos, para agregar – Lamento que no haya funcionado, después de todo yo no estaba listo para un compromiso y tú… bueno, no eras más que una chiquilla aburrida…
-¡Maldito! ¡Tú te aprovechaste de mí! - le gritó ella, sin tapujos.
- Bulmita, aclaremos algo. En ese entonces yo tenía veinticinco años, y no buscaba precisamente una relación platónica y tú… Bueno, hay que decirlo, estabas tan "dispuesta"… Debo reconocer que fue un buen revolcón, pero no más que eso. Si las cosas no resultaron entre nosotros como querías no fue mi culpa porque ¿Quién en su sano juicio compra la vaca si tiene la leche gratis?... Ahora, si es que estás disponible podríamos volver a salir… Pero ¿Sabes? Prefiero que las mujeres sean más jóvenes e inexpertas… Si me comprendes ¿verdad? - le cerró un ojo, buscando complicidad en la mujer, pero al verla reacia, acercó una de sus manos al cabello de Bulma, como para acariciarla. Esta apartó su rostro - ¡No te atrevas a tocarme, bastardo de mierda! - le gritó con rabia – Tengo novio y él es tan fuerte que podría matarte con solo pensarlo… y aunque no lo tuviese ¡No volvería a salir contigo, aunque fueras el último hombre sobre la Tierra!
Él volvió a guardar la mano en su pantalón, diciéndole enseguida con hipocresía - ¿Alguien que conozca? ¡Bien! ¿Qué te parece si me lo presentas esta noche en la cena? … Podríamos tener una conversación de lo más interesante los tres… Yo podría darle un consejo o dos sobre cómo llevarte a la cama, si es que aun no lo hacen… porque supongo que le dijiste a tu prometido que ya no eras virgen ¿verdad? - hizo un chasquido con su boca, que a Bulma le hizo sentir nauseas y el hombre se despidió al ver que ya había conseguido indisponerla - Nos vemos en tu casa, Bulmita, y espero poder conocer a ese novio tan maravilloso que mencionaste – caminó hacia la oscuridad y desapareció tras unos vehículos.
Bulma, con los puños apretados, esperó a perderlo de su campo visual para dejarse caer de rodillas al lado de su vehículo, dejando caer las bolsas de donde se desparramaron algunas cosas. Todo su cuerpo temblaba incontroladamente mientras intentaba sin resultado ahogar los sollozos con una de sus manos mientras que con la otra se sujetaba al vehículo. Contra su voluntad volvía a sentirse como una niña indefensa, siendo usada y vulnerada en todo sentido "Bastardo desgraciado… ¡Lo odio!"
….
Desde un recoveco del estacionamiento una sombra bastante conocida había sido testigo de ese encuentro. Había vuelto al planeta la noche anterior dejando la nave en el desierto para no ser descubierto, apagando además el sistema de rastreo. Tenía la intención de saber si la humana le había sido infiel, tal como lo había amenazado, así que estaba vigilándola desde la mañana. Cuando la vio ir al departamento de la sabandija, se molestó. Pero desde fuera pudo comprobar que ella se encontraba sola y que solo se estaba dedicando al mantenimiento de algunas plantas. Después la siguió al centro comercial, verificando que no se encontrara con ningún humano. Como no ocurrió nada se tranquilizó mientras se decía a si mismo lo patético que se debía ver vigilando a la mujer. Iba a retirarse cuando algo lo hizo cambiar de opinión. Había notado que en ese subterráneo había un sujeto cuya presencia era tan asquerosa como la de Freezer pero con un bajísimo poder de pelea. Lo observó bajarse de un automóvil cuando Bulma pasó frente a él y enseguida vio como se le acercaba y parecía conocerla. No logró oír mucho desde donde estaba pero no era necesario ser un sabio para darse cuenta de lo que había ocurrido al oír los gritos de la científica y luego verla desmoronarse junto al vehículo. Una parte de su ser intentó obligarlo a actuar pero como no ocurrió nada decidió quedarse donde estaba "Así que ese asqueroso humano es el responsable de que ella esté dilatando nuestro asunto… interesante…Pero ¿Cómo pudo Bulma fijarse en ese debilucho?... Pensé que sería más parecido a Zabón…" Desde donde estaba siguió con la vista al sujeto y lo vio subir por el ascensor hacia al centro comercial. Se concentró en seguir su débil y pútrido ki, cambiando de objetivo. Era momento de tener una plática de saiyajin a humano y de paso darle un susto de aquellos para así vengarse de traumar a su humana.
Lo siguió sigilosamente, tratando de no ser visto por los demás terrícolas que deambulaban por el lugar. El hombre había abandonado el centro comercial por una puerta lateral donde lo esperaba un vehículo negro con vidrios polarizados. Siguió la van por algunos kilómetros hasta que salieron de la ciudad llegando a la zona industrial donde al fin aparcaron junto a un edificio de oficinas que parecía abandonado. Vegeta lo vio ingresar junto con otro sujeto y esperó pacientemente a que su objetivo abandonara el edificio, pero como no hubo movimiento durante unos quince minutos decidió ir a averiguar en qué andaba. Ingresó al lugar y comenzó a escuchar un llanto y al hombre que gritaba obscenidades. Continuó avanzando por el pasillo, ahora guiándose por su oído y se encontró con el otro sujeto en frente de una puerta, el que probablemente debía ser un guardaespaldas o algo por el estilo por su corpulencia. Lo noqueó sin problemas y miró la puerta frente a él, notando que los gritos, golpes y jadeos se oían ahora muy claramente.
Vegeta supo de inmediato de qué se trataba ya que no era la primera vez que oía esos sonidos. Sintió su estómago revolverse ante los recuerdos y de un golpe echó abajo la puerta. La escena le fue totalmente desagradable, por lo que su nariz se arrugó, su labio superior se elevó mostrando sus incisivos y una furia descontrolada lo invadió.
Las luces del ocaso eran las únicas presentes e iluminaban apenas una vieja oficina donde había un sofá sobre el cual estaba una chica preadolescente semidesnuda y el sujeto del estacionamiento, el que conservaba solo su camisa y quizás sus calcetines, y que intentaba follarla mientras la sujetaba de las piernas.
Vegeta apretó sus dientes hasta casi sentirlos trisarse. Esta vez no eran sus subordinados o algún soldadillo raso quien cometía ese repudiable acto, no. Ahora era el miserable que muy probablemente había abusado de Bulma, por lo que en su mente vio, en vez de a la chica, a su humana siendo abusada cuando debía tener una edad similar, cosa que llevó su irá a un punto de no retorno, tanto así que sus ojos se tornaron de un color rojo brillante.
El hombre, al ver al príncipe brillando en la oscuridad, se quedó estático en su lugar y la chica solo atinó a decir un "Ayúdeme, por favor" entre lágrimas, tratando de alcanzarlo con una de sus manos, en cuya muñeca el saiyajin pudo apreciar claramente marcas de ataduras recientes y cuyo rostro estaba hinchado y con moretones bajo sus ojos que parecían acompañarla desde hace días. Vegeta en un abrir y cerrar de ojos estuvo junto a ellos y tomando al sujeto por el cuello lo elevó en el aire, a pesar de la diferencia de tamaño. El tipo comenzó a suplicar por su vida, mientras la chica recogía lo que quedaba de sus ropas y salía huyendo.
-Po-por favor…no me hagas daño… t-te lo ruego… -suplicó el sujeto, con un hilo de voz.
- ¿Por qué debería perdonarte tu miserable existencia, gusano miserable?
-A-A ella me la consiguió otro sujeto… te lo juro… Y-yo...Es primera vez que hago esto...
Vegeta no respondió, en cambio le dio su más maligna sonrisa, anticipando el sonido del cuello del sujeto partiéndose bajo su agarre.
El hombre abrió sus ojos como platos al sentir que aumentaba la presión sobre su vía de aire y apenas consiguió decirle – N-No lo hagas, p-por favor… tengo mucho dinero… D-Dime tu precio… - Vegeta al oírlo escupió a un lado y le respondió - Eso no me interesa, desgraciado. No eres más que una mierda degenerada y un desperdicio de oxigeno para los demás habitantes de este planeta.
-…. – los ojos de terror del hombre no se hicieron esperar y el saiyajin continuó, ampliando su sonrisa malvada - ¿Así que te gustan las niñas pequeñas? Dime, hijo de perra ¿con que te las vas a tirar ahora?
Sin esperar respuesta, Vegeta agarró los genitales del hombre y los arrancó de cuajo, sacándole un grito
de dolor y espanto al sujeto que se debió oír a varios metros a la redonda.
Una vez hecho esto el príncipe lo arrojó a un costado, con asco y le advirtió, lanzándole en la cara su extirpado miembro sanguinolento - Más te vale, miserable, que te alejes de tu asqueroso vicio… Porque te encontraré donde sea que te escondas para terminar lo que empecé…- y diciendo esto se envolvió en un brillo celeste y salió disparado por la ventana, terminando de quebrar los vidrios de ese lado del edificio.
…
Cuando Bulma llegó a casa se negó a bajar a cenar sobre todo después de que su padre le confirmara que tenían un invitado que ella conocía. Así fue como se encerró en su habitación diciéndoles a sus padres que la excusaran porque se sentía enferma y muy cansada. Su madre también estaba impactada con la visita y le dijo a su marido que lo mejor era que saliera a comer con él fuera, ya que era un asunto de negocios. Esto, aunque le pareció extraño al profesor, le pareció mejor idea ya que de todos modos solo estarían hablando de temas que les concernían a ellos.
Bulma no supo de esto. Solo quería estar a solas y olvidarse de todo. Para esto se preparó un baño caliente y, para acompañarlo, sacó una botella de vodka que había comprado de camino a casa. Ahogaría sus recuerdos en agua y alcohol, como hace mucho no hacía. Una vez dentro de la bañera, encendió un cigarrillo y se sumergió entre las burbujas.
-Y pensar que fue mi primera ilusión… ¡Maldito el día en que su padre hizo negocios con la Corporación! ¡Maldito el día en que acepté ir a su habitación de hotel!… - exclamó con rabia para enseguida poner una expresión de pesar y agregar en un tono de vos casi inaudible - Pero pensé que él me amaba...Era tan lindo y amable pero…- volvió a gritar, casi histérica, golpeando el agua con ambas manos, sumergiendo su cigarrillo en el proceso - ¡Maldito hijo de puta! ¡Solo quería abusar de mí! ¡LO ODIO! ¡ESPERO QUE SE MUERA DE ALGO HORRIBLE Y DOLOROSO! - terminó llorando por largo rato, hasta que se calmó un poco. Fue entonces que tomó la botella y comenzó a beber de ella mientras seguía deseándole lo peor al culpable de su despertar sexual.
Tenía doce años cuando lo conoció. Ella era muy inteligente y despierta para su edad, decían. Y de él, de él decían que era un joven educado, muy guapo y atento, además de ser amigo de la familia y muy simpático con ella. Él comenzó a llevarle regalos cada vez que iban de visita, y se quedaban conversando mientras sus padres hacían negocios. Ella nunca se había sentido atraída por ningún compañero de clase o amigo, pero él era tan maduro y caballeroso, que comenzó a despertar en ella sentimientos que nunca había experimentado.
Así fue como comenzó a enamorarla, primero una caricia, luego un beso furtivo para tiempo después, pasar a decirle que estaban predestinados y que a él le encantaría que ella le expresara su amor de la manera "correcta". Bulma no lo dudó siquiera. Ella estaba enamorada, además de que nunca se sintió de la edad que tenía debido a sus amplios conocimientos, pero ni todos los libros del mundo pudieron advertirle de lo que ocurriría a continuación. Lamentablemente ella no tenía una relación cercana con sus padres en ese momento como la mayoría de las adolescentes, además de creer que ellos no comprenderían su amor por el hijo de su socio de negocios.
Así fue como se pusieron de acuerdo para encontrarse en el centro de la ciudad un día, y después de pasear, él le dijo que aprovecharan la oportunidad para demostrarse su amor finalmente.
Llegaron al hotel donde él estaba alojado y subieron directo a su habitación. Una vez dentro, él comenzó a besarla y a decirle lo hermosa que era, llenándola de caricias y palabras de amor eterno hasta que consiguió su cometido. Bulma lloró al hacerlo, sí, pero él la tranquilizó diciéndole que era normal, que era un sacrificio que hacían las chicas por los hombres que amaban y que las siguientes veces ya lo pasaría mejor, pero no fue así. Ya que después de ese día el joven desapareció del mapa. Los negocios con la Corporación se habían terminado de cerrar el día anterior y su amor se había marchado sin dejar ni siquiera una dirección donde ubicarlo ni un número de teléfono donde llamarlo. Esto lo supo porque ella misma fue a averiguar al hotel y también le preguntó a su padre, disimuladamente. Pero nadie sabía nada sobre su paradero.
Guardó silencio por mucho tiempo, sin atreverse a decirle nada a sus padres hasta que un día lo vio en los periódicos y supo donde hallarlo.
Ya habían pasado cerca de dos años desde su encuentro en ese hotel y quiso el destino que en ese mismo lugar se alojara esta vez. Así que Bulma se vistió muy elegante y se dirigió a su encuentro, pensando en que solo se habían alejado por cosas de los viajes de negocios del padre de él.
Llegó a su habitación y golpeó la puerta con algo de ansiedad. Esperó por unos segundos y se iba a marchar, pensando en que no estaba cuando la puerta se abrió.
Él la saludó algo incómodo deteniendo su intento de besarlo. Tampoco la invitó a pasar, atendiéndola en la puerta y diciéndole que había cometido un error con ella y que dejara de buscarlo porque él ahora tenía otra novia. Eso rompió el corazón de la muchacha, lo que no impidió que le gritara que era un tonto y un desgraciado, intentando también agredirlo. Terminaron sacándola los de seguridad, enviándola a casa solo con una advertencia.
Fue entonces que Bulma se dio cuenta de todo. Ese hombre, que le había propinado tantas caricias y palabras de amor, solo se había aprovechado de ella y ahora no era más que una tonta que había entregado su cuerpo a un imbécil con muy buena labia.
-¡Qué estúpida fui en confiar en él! - terminó exclamando, luego de varios tragos.
El agua de la bañera comenzó a enfriarse y la botella ya estaba a la mitad pero a pesar de ello no sentía deseos de salir de ese sopor. Pensó en que si estuviera Vegeta sin duda le hubiera solicitado que eliminara al causante de su dolor. Pero al recordar al saiyajin, deseo poder olvidarlo también y volver a su vida a como era antes. A cuando tenía una relación estable y amorosa, cuando siempre era ella la que ganaba las peleas, donde su pareja la amaba de verdad y le rogaba que lo perdonara hasta por lo más mínimo. Regresar a cuando su vida era más sencilla y ella llevaba las riendas, siendo ama y señora de su tiempo.
Continuó fumando y bebiendo, mientras poco a poco sentía como sus ojos se volvían más y más pesados con cada pestañeo producto del alcohol y del relajo de su cuerpo tras la tensión de la tarde. "¡Váyanse a la mierda todos los hombres!... Necesito olvidar… ¡Olvidarlos a todos! Solo sirven para hacer sufrir a las mujeres, es para lo único que fueron hechos… ¿por qué Kami- Sama? ¿Por qué?… Si tan solo fuera tan sencillo… borrarlos a todos… a Vegeta…"
Por suerte para ella el dolor fue mermando y su cuerpo comenzó a dejar de sentir, sucumbiendo a un profundo sueño. Lo último que percibió fue apenas un sonido lejano, un sonido como de una botella quebrándose sobre baldosas.
…
Vegeta volaba en dirección a la propiedad aun sintiendo nauseas por lo que había presenciado pero con la convicción de llevarse a la humana al espacio lejos de cualquier humano que desease siquiera mirarla. Tenía un buen plan para ello, el cual consistía en ir a su habitación, noquearla para que no abriera la boca y dijera algún disparate que lo hiciera arrepentirse y se la llevaría sin más con él, junto con las herramientas necesarias para que se mantuviera ocupada durante el viaje y no lo molestara, dejándole además una nota a los padres para que no lo acusasen nuevamente de llevarse cosas de la casa sin permiso.
Entró sigilosamente a la habitación por el balcón, seguro de que estaría allí pero no la encontró en su cama por lo que supuso que estaría en el baño. Así que simplemente se sentó a esperarla mientras pensaba en sus propios asuntos "Hmn, debería esperarla junto a la puerta para dejarla inconsciente apenas salga del cuarto… O podría esperar a que se vista… No. No tengo tiempo para eso. Esta es una operación de sustracción y debe hacerse rápido y sin errores…" Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de un objeto quebrándose por lo que agudizó sus sentidos, a la espera de alguna palabrota por parte de ella pero nada ocurrió, lo que lo hizo ponerse en alerta. Pasaron unos segundos y no se oía nada. Puso mayor atención y entonces su pecho se apretó al sentir el ki de Bulma debilitado, llegando al extremo de ser casi inexistente. Como un rayo se levantó y derribó la puerta, encontrándola sumergida en la tina, con un brazo fuera. Se quedó petrificado unos segundos sin saber qué hacer. Comprendió en un instante que la vida de la humana estaba en sus manos, pero su orgullo de saiyajin intentó detenerlo de cualquier intento de salvarla gritándole que era lo mejor que podía ocurrirle ahora que ya había alcanzado su transformación y que era un soldado de élite y no necesitaba a nadie estorbándole pero Vegeta lo suprimió de un golpe al recordar que sin ella no hubiese sido posible alcanzar ese estado por lo que ignoró sus voces internas procediendo a inclinarse para sacar a Bulma de la bañera. Cuando la sostuvo en sus brazos notó que ella no estaba respirando y que su corazón estaba por detenerse, por lo que de inmediato la sacó del cuarto de baño y la recostó en el piso alfombrado de la habitación. Enseguida se arrodilló junto a ella y comenzó a abofetearla suavemente, para hacerla reaccionar mientras le decía – No puedes hacerme esto ahora, mujer… ¡Despierta, humana¡ ¡Bulma!- lamentablemente no había reacción por parte de la científica y para ser sinceros Vegeta era un artista en cuanto a asesinar seres se trataba por lo que resucitarlos estaba muy lejos de su campo de experticia.
Un grito desgarrador se oyó en toda la Corporación, junto con un remezón completo de la casa.
Vegeta respiró pausado, apretó sus dientes y sintió como su frente se perlaba de sudor mientras intentaba contener su transformación. A duras penas lo consiguió y en medio de su desesperación recordó de repente uno de los tantos libros que había leído durante su primera estadía en la Tierra: un libro sobre primeros auxilios para humanos. Así que cerró sus ojos un momento para acceder a su memoria y procedió a actuar según lo explicado allí para una situación como en la que estaba. Comenzó a presionar el pecho de la muchacha con ambas manos teniendo sumo cuidado de no romperle ningún hueso. Luego se detuvo, para poder insuflar aire en sus pulmones, repitiendo un par de veces la operación, mientras los padres de la muchacha entraron a la habitación alertados por su grito. El profesor al darse cuenta de la situación se lanzó al suelo a tomar el pulso de la muchacha, mientras la señora llamaba una ambulancia. Vegeta no los oía debido a que estaba concentrado en su labor "Mierda, Bulma, no puedes irte sin pelear… Reacciona, maldita sea… Te necesito, tal como lo dijiste, mujer escandalosa" Un par de insuflaciones más y la muchacha comenzó a toser y expulsar agua y algunas burbujas. Vegeta la ladeó, para facilitarle la expulsión de líquido de sus pulmones, percatándose de que el ki de Bulma subía levemente lo que lo hizo soltar el aire que tenía contenido en sus pulmones desde que la vio toser. Luego se dejó caer a un lado, exhausto, apoyándose en una de sus manos ya que presionar el pecho de la muchacha sin ejercer demasiada fuerza había sido demasiado agotador para él. Enseguida levantó la vista hacia el anciano, que aun sostenía la muñeca de su hija, y pudo notar el rostro de alivio del hombre. Bunny, por su parte, trajo una toalla para cubrir la desnudez de su hija y luego canceló la ambulancia.
-Su pulso ya es estable – comentó el profesor dando también un suspiro de alivio. Enseguida miró a al saiyajin y le dijo, con los ojos llorosos - Vegeta… ¡No sabes cuánto te agradezco que hayas salvado la vida de mi pequeña!
El saiyajin solo atinó a preguntar suavemente, con lago de incomodidad sin dejar de mirar a la humana- ¿Por qué no despierta?
El hombre acarició el rostro de su hija, mientras decía - Al parecer no alcanzó a estar un minuto bajo el agua, no tiene los labios morados por lo que no creo que sea debido a un daño neurológico… - miró hacia el cuarto de baño y agregó - Seguramente debe ser por el alcohol que estuvo ingiriendo… Creo que lo mejor es que la traslademos a la enfermería.
Vegeta ayudó en todo lo que se le solicitó sin objeciones ya que, por decirlo de alguna manera, estaba choqueado, tanto así que era primera vez que acataba órdenes de alguien que no fuese su padre o Freezer o, por qué no decirlo, de Bulma.
Después de que la muchacha estuvo instalada donde mismo estuvo él hace un tiempo y al cuidado de sus padres, subió a su cuarto y se puso ropa seca, ya que su uniforme había terminado totalmente empapado pero mientras se vestía no pudo evitar pensar en la situación "¿Lo habrá hecho a propósito? Esto es muy extraño… Supongo que tuvo algo que ver el sujeto con el que se encontró en el centro… Ese asqueroso insecto nunca más volverá a fornicar niñas…" Una sonrisa malvada se dibujó en sus labios con el recuerdo "Espero que haya aprendido la lección. No mentí cuando le dije que regresaría para finalizar mi trabajo..."
Terminó de vestirse con un pantalón holgado azul y una camiseta negra y bajó a la enfermería, encontrándose a los padres de la muchacha. Bunny le dijo que le traería algo de cenar, ya que seguramente no había comido bien fuera y el profesor le dio una palmadita en la espalda antes de abandonar la habitación mientras le decía – Eres un buen muchacho, Vegeta… Mi hija hizo bien en elegirte.
El saiyajin abrió sus ojos sorprendido sintiendo un leve sonrojo en su rostro, pero no se giró ni respondió nada. Solo se quedó en su sitio mirando a Bulma dormir, recordando cuando tuvo el accidente en la nave y que a la primera persona que había visto al despertar había sido ella, quien esa vez se había quedado toda la noche cuidándolo.
Una vez solo, avanzó hasta la camilla y frunció - Supongo que debía devolverte el favor, humana… - susurró, tomando enseguida asiento en la misma silla que ocupara ella aquella vez.
Poco después, la madre de Bulma le trajo alimentos y el profesor pasó a ver a su hija antes de ir a dormir, diciéndole al saiyajin - Vegeta, sé que Bulma no terminó las conexiones de los termostatos. Si quieres mañana traes la nave y terminaré el trabajo.
-Yo ayudaré con las cosas que les faltó guardar para el viaje… - dijo la señora, mientras sostenía un pañuelo, cerca de su rostro.
Vegeta asintió sin mirarlos.
Ambos ancianos se miraron extrañados por el comportamiento del saiyajin. Luego el anciano le asintió a su mujer y dijo - Vegeta, pensamos que Bulma estará en muy buenas manos contigo... Si es que decides llevártela contigo. No tenemos ninguna objeción.
-Eso no me interesa por ahora…
Con esa respuesta se dieron por satisfechos y dejaron solo al príncipe con su hija.
Una vez solo, se puso de pie y acomodó la silla junto a la camilla. Tomó asiento nuevamente y se cruzó de brazos, comenzando a interrogarse en voz baja -Debí dejarte morir… Eso es lo que hubiese hecho un digno representante de la raza guerrera de los saiyajin… ¿Qué me has hecho, mujer?
...
Comenzaba a amanecer y el saiyajin aún permanecía sentado al lado de la camilla, con sus ojos cerrados y de brazos y piernas cruzadas. Sin embargo el cantar de las aves lo despertó, por lo que abrió sus ojos y observó por enésima vez a la humana que aún permanecía inconsciente. Luego se estiró en su lugar para después ponerse de pie y tronar su cuello, mientras veía aparecer los primeros rayos del sol por detrás de la delgada cortina.
No pudo evitar pensar en ese momento en lo incomprensible que era para él quitarse la vida, y peor aún, por cosas tan insignificantes como una mala experiencia, ni menos sentimental, eso era totalmente irracional. Bien lo sabía él, que su vida no había sido precisamente un jardín de flores. Al pensar en ello recordó todos los abusos y vejaciones a los que había sido expuesto desde que era tan solo un niño y que, desde entonces, en lo único que pensaba era en la venganza. Apretó los puños y alejó el pensamiento de su mente. Eso ya era parte del pasado.
Pasaron unos minutos y bufó, pues consideró que, después de todo, era posible morir por alguien. Sus subordinados por obligación debían dar la vida por él, después de todo era su príncipe y le debían el mayor de los respetos. Pensó en que sus entrenamientos y algunos combates también podían catalogarse de suicidas, pero de ahí a terminar la vida de forma tan deshonrosa era incomprensible para él.
- ¡Tsk!
Volvió a cruzarse de brazos y cerró sus ojos. Recordó que en la Tierra había sido testigo de un suicidio, cuando aquel enano blanco había hecho el ridículo intentando derrotar a Nappa en un ataque kamikaze. También cuando el propio Kakaroto se sacrificó para matar a Raditz. "¿Qué honor hay en morir junto con el enemigo?"
Abrió sus ojos y observó nuevamente a la muchacha "Estás demente, mujer… ¿En qué demonios estabas pensando cuando te metiste a la bañera a emborracharte?... ¿?... Hmn, actuaste igual que cuando supiste lo de la sabandija… Acaso ¿lo hizo porque la dejé?... (sonrió levemente)… No, seguramente para mí tiene preparada alguna sutil venganza… Torpe humana… ¿realmente deseabas la muerte?... Pero ¿por qué no pude dejarte morir? ... Era tan sencillo y me ahorraba de paso todos tus molestos reclamos... Supongo que debía pagar mi deuda... ( Volvió a fruncir) ¡Por mil demonios! Solo conseguí ponerme en evidencia delante de los viejos... Ahora creerán que de verdad me importas. Eso es imperdonable para alguien como yo. Por todos los dioses, soy un saiyajin de élite... Mierda… ¡Qué patético me he vuelto!... Sin embargo, yo… ¿?" Giró su vista de golpe hacia la puerta de entrada, sintiendo a alguien aproximarse. Se dirigió a la mesa y destrabó el cerrojo de la ventana, absolutamente ni un alma debía saber que estuvo allí toda la noche. Miró una última vez a Bulma y salió, saltando sobre la mesa y escapando por la ventana.
…
Los primeros rayos del sol iluminaban la mitad superior de las ventanas cuando Bunny entró a la enfermería. Sonrió un momento al ver que el suero había sido reemplazado y que algunos objetos habían caído desde la mesa y que aun se movían sobre el suelo.
Se aproximó a la cama y acarició la frente de hija. No podía creer que su niña, tan alegre y apegada a la vida, hubiera intentado matarse. Enseguida recordó el asunto de la visita del día anterior y su expresión cambió a una de profunda tristeza. Se sentía culpable de lo ocurrido años atrás ya que ella, como madre, debió sospechar que su hija estaba viéndose con un hombre mayor, pero Bulma había ocultado muy bien sus huellas y jamás sospechó de que estuviese entablando una relación con ese muchacho. De haberlo sabido, jamás lo hubiera permitido ya que aquel joven tenía mala fama y por el mismo padre de éste, sabía que tenía más de un problema de faldas.
Cuando Bulma le confesó la verdad, ya no había mucho que más que hacer que apoyar a su bebé. Bunny conoció toda la historia y enjugó en su falda las lágrimas de su niña mientras su corazón se oprimía por el dolor. Debía simplemente aceptarlo. Su hija había vivido su primera ilusión pero desgraciadamente fue con el tipo equivocado. No lo denunciaron a las autoridades por petición de la propia muchacha quien no quería armar un escándalo para su padre ni tampoco quería que él se enterara, y también porque el joven en cuestión le había puesto una orden de alejamiento por el escándalo provocado en su hotel, amenazándola con culparla de acoso si insistía con su versión, sin contar que ya que no habían pruebas para culparlo por lo ocurrido.
Su marido la sacó de sus pensamientos, al ingresar a la habitación.
- ¿Cómo sigue nuestra hija?
-Bien, querido – dijo, pestañeando un par de veces, contrariada - Está estable, pero creo que demorará un poco más en despertar…
-Mmm, lo suponía… Nuestra pequeña no se había estado alimentando muy bien, ni tampoco ha descansado lo suficiente.
- Es verdad… - comentó ella – Estuvo bastante deprimida por lo del viaje… ¿Has visto a Vegeta?
-Sí. De hecho, acabo de encontrarme con él en la cocina… Ahora debe estar yendo a buscar la nave… Me arrepiento de no haberle instalado un sistema de encapsulamiento, pero para una nave espacial de sus dimensiones es un riesgo - el profesor hizo un alto y agregó con algo de inseguridad - Con respecto a Bulma, creo que lo mejor será mantenerla sedada para que se recupere por completo, de lo contrario querrá ir a ayudar en la nave si despierta.
-Estoy de acuerdo, cariño. Ella siempre quiere ayudar.
La señora se acercó al estante donde estaban los suministros médicos y sacando algunas cosas volvió donde su hija e hizo lo solicitado, mientras le consultaba a su marido - ¿Supiste finalmente algo del hijo de tu difunto socio? - el señor Briefs se cruzó de brazos, mientras miraba a su mujer, pensando en si decirle o no, pero finalmente habló - Con lo ocurrido se me había olvidado comentarte. La verdad es que pasó algo espantoso… Hace un momento me devolvieron las llamadas y su asistente me dijo que fue víctima de un asalto y que está grave en el hospital… Es una lástima…Pobre muchacho…
Bunny, aun de espaldas a él, abrió muy grandes sus ojos. Enseguida se recompuso y dijo - Sí, que pena ¿no?… - después agregó como ida, mientras se giraba – Si me disculpas, amor, iré a alimentar a los animales… ¡Los pobrecitos deben estar hambrientos!
Su esposo la miró extrañado ya que Bunny siempre se compadecía por los demás pero dadas las circunstancias no le dio mayor importancia a la frialdad casi cínica de sus palabras. La siguió, tomando después dirección a su laboratorio para ir a buscar las herramientas que necesitaría para trabajar en la nave. Estaba decidido a terminar lo que había dejado pendiente su hija.
…
Vegeta avanzaba a toda velocidad, pasando montañas y valles. Seguía maldiciéndose por haber vuelto, pero en el fondo sabía que era absolutamente necesario. Sin embargo, él no contaba con lo que ocurriría a su regreso. Él no la había salvado por que quisiera, su cuerpo lo había traicionado reaccionado casi automáticamente y para ser sincero consigo mismo, su mente también. Para él no había sido más que una estúpida coincidencia.
"Debí dejarla morir…"
Llegó al desierto y divisó la nave. Descendió junto a ésta y sacó de un bolsillo la llave, no pudiendo evitar sonreírse ladino al recordar la forma cómo la había obtenido. Se aproximó a la entrada, pero se quedó un momento observando una abolladura que había en un costado. Colocó su mano sobre esta y amplió su sonrisa, al recordar que se produjo cuando alcanzó su tan ansiada transformación. Enseguida suspiró "Esa es la única razón… Ella no debe morir porque me pertenece y porque es esencial para mis planes" Reflexionó, ya más tranquilo consigo mismo.
Ingresó a la nave, activó los controles y emprendió rumbo de vuelta a la Corporación. Necesitaba dormir con urgencia pero tenía curiosidad por saber si el anciano había hecho lo que le solicitó.
…
Bunny preparaba unas cajas, con algunas cosas que, según ella, podría necesitar el saiyajin en su viaje, ya que su marido le había dicho que lo más probable era que el príncipe volviera al espacio para completar su entrenamiento. Pero al oír aterrizar la nave en el jardín, se dirigió a la cocina con la intención de encontrarse a su futuro yerno, segura de que Vegeta haría una escala en ese lugar.
Efectivamente, cuando llegó a la cocina lo encontró con la cabeza metida en el refrigerador. El hombre al sentirla frunció su ceño - Hmn… ¿ya se murió? – preguntó, haciéndose el desinteresado.
- ¡Tan bromista, Vegeta! Pero con eso no se juega… Aun así, querido, me alegro mucho de que estés de mejor humor… Bulma se encuentra descansando aún…
Vegeta cerró sus ojos, evaluando lo que había dicho la señora.
Bunny al no recibir respuesta alguna del saiyajin, decidió preguntar - ¿Quieres comer algo? ¡Debes estar exhausto y hambriento! Puedo prepararte algún platillo delicioso, si quieres…
Vegeta levantó una ceja, asomándose para poder ver a su interlocutora - Supongo que es mejor que hacerlo yo mismo… - dicho esto, cerró el refrigerador, se dirigió a la mesa y tomó asiento, mientras veía que la señora le servía un refresco para después dirigirse a prepararle lo prometido. Después de varios minutos, Bunny le sirvió una torre de emparedados y Vegeta, sin decir nada, comenzó a atacarlos.
La señora al verlo comer con tanto entusiasmo se sonrió y le comentó – Vegeta, ahora que lo recuerdo no pude encontrar tus guantes para lavarlos junto con el resto de tu traje…
El saiyajin tragó lo que tenía en la boca de una vez y le respondió - Se estropearon y tuve que tirarlos… – gruñó, manteniendo su vista en los alimentos.
- ¡Oh! Ya veo… - comentó la señora, secándose las manos en su delantal – debiste realizar un entrenamiento extraordinario esta vez…
-Hmn… Por supuesto – respondió, no dando más información.
-Quería comentarte que el resto de tu traje está impecable, sin ni un resto de sangre y listo para que lo vuelvas a utilizar.
Vegeta no se atrevió a mirarla al darse cuenta de que la señora algo sabía de su incursión del día anterior. Aún así, agradeció internamente que su hija no hubiera heredado ese "defecto".
Bunny lo miró con ternura, mientras agregaba - Si me disculpas, tengo que ir a terminar de empacar las cosas para el viaje… ¡Gracias, Vegeta!
- ¿Hum? – hizo, con cara de loco.
- Ay, querido… por lo de Bulma… ¡te portaste como todo un caballero!
- No diga estupideces… Solo fue una coincidencia que fuera a fastidiarla justo en ese momento…
-Sí, como digas…Bueno, no te quito más tiempo. Aún tengo mucho que hacer… ¡Nos vemos, apuesto y valiente Vegeta! – terminó diciendo cantadito, mientras abandonaba la cocina.
El príncipe estrechó sus ojos un momento por el tono chillón de la mujer prosiguiendo enseguida a terminarse la comida. Una vez satisfecho se dirigió a los laboratorios, ya que él también tenía mucho que hacer antes de descansar.
…
Continuará...
