Dentro del cuarto de control las máquinas funcionaban a máxima potencia, las pantallas mostraban toda clase de cifras y las luces de los paneles ardían como pequeñas llamas. Todavía en la silla, los ojos de Tara brillaban con un rojo intenso pero las cosas no terminaban allí, todo su cuerpo se encontraba cubierto por un aura carmesí. Esta a su vez recorría el cable que brotaba del casco hasta llegar a la máquina del techo. Zumbaba como un abejorro mecánico enfurecido.

— ¡¿Tara?! ¡¿Estás bien?!

—Tranquilo, Chad. Puedo con esto.

Pese a sus palabras la muchacha sonaba como si el esfuerzo la estuviera carcomiendo. Su rostro estaba empapado en sudor y contorsionado por una gran presión.

—Excelente —dijo Gangreen ajeno a esto y con la vista en el monitor principal—. La población de tomates ya ha sido reducida en un sesenta por ciento.

Presionó un botón y la pantalla mostró imágenes recolectadas de todo el mundo. Un tren subterráneo de Nueva York llegaba a una estación y al abrirse las puertas una marejada de salsa de tomate salía disparada por estas. Oxford Street se hallaba vacía y silenciosa, cubierta por la misma plasta roja que salpicaba edificios y autos. El coliseo romano se veía como un gran tazón de gazpacho y olas rojas barrían una playa de Río de Janeiro. Todo mientras la lluvia roja seguía cayendo.

—Cielos, doctor. No creí que la muchacha tuviera tanto poder.

—Bueno, en realidad no lo tiene. Por eso es que la máquina amplificadora lo está tomando "prestado" de otra parte.

El monitor mostró el pilar de luz elevándose desde la torre hasta dejar el planeta atrás. Recorría el espacio hasta alcanzar algo que a simple vista parecía ser el planeta Marte. Pero comenzó a moverse, girando sobre su eje con relativa velocidad para revelar que tenía un rostro. La cámara se alejó para revelar que se trataba de Larry, el tomate gigante. El pilar de luz lo impactaba por su parte inferior y como resultado su estómago se estremecía. El resultado era que el gigante eructaba constantemente, como si los poderes de Tara fueran una versión energética de Alka Promo. Y con cada eructo, más de aquella lluvia roja era liberada sobre la tierra.

— Los poderes de la chica convierten la masiva cantidad de energía almacenada por Larry en el arma definitiva contra los tomates.

—¿Gary? —preguntó Igor confundido.

—Larry, cerebro de mosca.

—Ah, es el tomate que usted no podía controlar ¿Verdad, doc? ¿Recuerda? El que trató de controlar con ayuda de Tara, pero ella lo traicionó otra vez. Y luego Chadster lo mando a volar con una explosión. Ha ha, vaya doc, sí que le vieron la cara esa vez.

Gangreen, que se había puesto considerablemente furioso con cada nueva palabra de Igor, volvió a tomarlo del cuello de su camisa y lo acercó a su rostro. Habló rechinando los dientes.

—Sí, Igor… Me vieron la cara.

FT chilló sorprendido y se cubrió el rostro con sus zarcillos para no ver el castigo que recibía Igor. Chad y Tara no prestaban atención a esto, incluso cuando la paliza que Gangreen le da a su asistente se oía de fondo. Algo más serio estaba pasando por sus mentes.

—¡Chad!

—¿Tara?

La chica sonaba no solo exhausta sino también horrorizada.

—Es horrible. Odio tener que hacerle esto a mis compañeros tomates.

Él quiso consolarla, pero no era conveniente tocarla en esos momentos. No con tanto poder corriendo por su cuerpo.

—Lo sé, Tara. Desearía que no tuvieras que hacerlo.

—No es como si no haya ayudado a destruir tomates antes… Pero nunca así.

Su voz sonaba como si estuviera siendo desgarrada. La joven parecía al borde del llanto. Él no podía dejar que siguiera con eso, la victoria no valía sacrificar así a su mejor amiga.

— Escucha, Tara. Si esto es demasiado para ti…o si no te sientes cómoda haciéndolo… Solo detente. Ya es suficiente.

Ella sonrió con debilidad.

—Oh, Chad. Sé que puedes entenderme mejor que nadie, pero también sé que tienes que oír esto: entre los tomates o ustedes… ¡Los elijo a ustedes!

El resplandor en sus ojos se volvió más intenso y el interior de la torre se tiño de rojo cuando sus poderes empezaron a derramarse sobre las máquinas. Un rojo tan espeso que no podía notarse nada de lo que quedaba atrapado en su interior. Chad abrió la boca asombrado.

—Wow, es como estar dentro de un… de un…

—¡Tomate!

El niño volteó para descubrir a Hombre Tomate parado junto a él.

—Oh, genial ¿Tenías que aparecer ahora?

En ese momento Chad vio algo de reojo. O mejor dicho no vio algo de reojo. O mejor-mejor dicho, no vio a alguien de reojo.

—¡Ey! ¿Dónde están Gangreen e Igor?

Y entonces el resplandor de los poderes de Tara se desvaneció llevándose con ellos la energía eléctrica de las máquinas. El rojo se convirtió en negro a la vez que la torre quedaba en silencio. Todo fue tragado por una espesa oscuridad, como un televisor al ser apagado. Después de aquel despliegue de poder, la repentina quietud resultaba irreal e inquietante. Algo que no debería haber pasado.

Chad extendió una mano esperando tocar a la joven que había estado frente a él segundos antes. Su voz salió como un delgado hilo.

—¿Tara?