Especial de otros personajes.
Kahori
Día anterior
Después de sentir que moría de vergüenza frente a mi tía, caminé por el pasillo e ingresé a la habitación de mi hermana. Cerré la puerta y me apoyé en ella, cerrando mis ojos y suspirando.
- ¿Y? ¿Cómo te fue? - miré a Hitomiko, quien estaba sentada sobre su cama y en sus ojos pude notar el brillo de la curiosidad.
Si, había hablado con ella antes de salir con Inuyasha.
- Él es... hermoso. - sonreí ampliamente, recordando cada segundo a su lado. - No puedo explicártelo hermana pero... - me acerqué, sentándome a su lado. - Por un momento sentí que lo conocía de toda la vida.
- Wow, ya. - elevó sus manos. - Cálmate, ¿si? sólo lo viste una vez en esa fiesta.
- Lo se, y es por eso que se siente tan extraño. - fijé mis ojos en la pared. - Me sentí tan cómoda a su lado... tan segura, como si supiera que mientras estuviera a mi lado, nada malo podría pasarme.
- Hermana, si no te conociera diría que te enamoraste. - rio. - Pero eres más inteligente que eso, ¿verdad?.
- Oye. - la miré, entrecerrando mis ojos. - Es por estas cosas que jamás te cuento nada. - intenté ponerme de pie, pero ella me detuvo.
- Lo siento. - suplicó, llevándome nuevamente a la cama. - Al menos dime que planeas hacer con él.
- Bueno... - me ruboricé, recordando aquellos ojos dorados que me miraban con gran intensidad.
¿No es hermosa?
No tanto como tú.
Verdaderamente me había dicho hermosa, verdaderamente se había acercado, tomando mis hombros con intenciones de besarme. El mero hecho de recordar aquello sólo causaba que mi corazón palpitara con un frenesí que no conocía, pero no pretendía que nadie más lo supiera.
- Me pidió mi número. - tomé mi móvil, observándolo. - Asique supongo que esperaré a que me llame.
- ¿Tienes su número? - asentí. - ¿Y por qué no lo llamas tú? Si está interesado, responderá de inmediato.
- No, no es necesario. - me puse de pie.
- Himari, no seas así.
- Yo se porque te lo digo. - el rostro de la mujer a la que llamó Kikyo, pasó por mi mente, bajando notablemente mi emoción. - Lo mejor será que el haga lo que desee.
- ¿Me estas diciendo que dejarás que él haga lo que quiera contigo?.
- No fue lo que dije. - elevé mi mano, deteniendo sus palabras. - Sólo dije que, si él está interesado en mi, me escribirá, de lo contrario sólo quedará como un bonito encuentro.
No quise seguir hablando del tema, por lo que salí y me dirigí nuevamente a la sala.
- ¿La tía ya se fue? - pregunté al encontrarme sólo con mi madre.
- Si, dijo que tenía cosas que hacer. - me miró y sonrió. - ¿Cómo les fue?
- ¿He?
- ¿Cómo les fue con su almuerzo?
- Bien... bien, él fue muy amable conmigo.
- ¿Te gusta?.
- ¿Qué? - me sorprendí ante su pregunta. - ¿Por qué me preguntas eso?.
- Porque tus ojitos brillan más de lo normal.
- Creo que estas imaginando cosas. - suspiré. - Voy a ducharme y saldré a caminar un poco.
- ¿Necesitas aire?
- Algo así. - no quise seguir hablando, por lo que regresé sobre mis pasos e ingresé directamente en el baño.
Kirinmaru
El sol había comenzado a esconderse y mi oficina se estaba tiñendo de aquel color anaranjado que contrarrestaba a la perfección con el marrón oscuro de mis muebles.
Un nuevo día que finaliza, un nuevo día que no hay noticias de Zero.
- Hermana. - murmuré. - ¿Dónde estás?.
Demasiadas teorías convergían en mi mente, sin embargo ninguna lograba ir más allá de las meras suposiciones. ¿Qué había pasado con ella? ¿Por qué? ¿Qué es lo que estaban buscando? ¿Acaso Taisho estaba involucrado?.
- Maldición. - me puse de pie y fijé mis ojos en el ventanal. Tomé mi celular y marqué el número de mi hermano, después de todo, si Magatsuhi no era controlado, era capaz de cualquier cosa.
El tonó llegó al límite, sin embargo no obtuve respuestas, algo que me daba muy mala espina.
Espero que no seas tan idiota de continuar con la matanza sin mi autorización.
- Una mujer por cada semana que ella esté desaparecida. - pronuncié, frunciendo mi ceño.
Emití un nuevo suspiro y decidí salir del edificio con la idea de despejar un poco mi cabeza. Comencé a caminar sin rumbo fijo hasta que llegué a un pequeño parque, en donde me detuve repentinamente.
No puede ser... es... su aroma.
Estaba completamente seguro de ello, por lo que seguí aquella fragancia sin dudarlo. No me llevó demasiado tiempo el encontrarla pero, al verla, mi corazón comenzó a latir a un ritmo frenético.
- Kahori. - murmuré.
Realmente estaba hermosa, aquel vestido completamente rojo, suelto, a la altura de sus rodillas, realzaba increíblemente el color de sus ojos, amén de que su cabello, el cual se veía siempre perfecto, encerraba su rostro a la perfección, dándole una imagen casi inexistente. Me quedé observándola unos segundos, estaba completamente sola, sentada en uno de los banquillos, mirando a las personas pasar. Mi idea inicial fue sólo verla de lejos, pero los recuerdos de la época feudal me invadieron.
¿Realmente cometerás el mismo error que en aquel momento?.
En la época feudal jamás había tenido el valor para hablar con ella, quizás porque nuestros roles estaban demasiado delimitados y, al ser una figura sagrada cuyo deber era exterminar a los yokai, lo más probable es que jamás hubiéramos podido entablar un diálogo.
O al menos eso pensaba hasta que la vi interactuar con Inuyasha.
Respiré profundo y me encaminé hacía ella. Cada paso provocaba que mi corazón amenazara con salirse de mi pecho, pero ya era muy tarde para arrepentirme.
- Buenas tardes, señorita. - sonreí en el momento en el que ella me miró.
- Señor Kirinmaru. - me sonrió, provocando que mis piernas amenazaran con flaquear.
¿Qué es lo que tiene esta mujer que me enloquece?
- ¿Me recuerda?.
- Claro, usted es el hombre que me saludó en la fiesta.
- Debo decir que me sorprende y me alegra mucho saber que no me olvidó.
- No podría olvidar a alguien con su apariencia. - respondió con tanta naturalidad que me sentí vulnerable ante sus palabras. - El color de su pelo es algo que no he visto antes.
- Herencia familiar. - verdaderamente me sentí halagado. - Himari, ¿verdad? - asintió. - A riesgo de parecer un hombre indecente, me gustaría invitarla a tomar algo, eso si lo desea.
- Bueno... - contuve la respiración, casi escuchando la excusa para negarse. - Recuerdo fue usted quién me libró de ese hombre extraño en la fiesta. - respondió con diversión, llenando mi pecho de calidez. - Supongo que le debo una.
- Oh no, no lo tome como un compromiso, si no lo desea o no puede, lo entenderé.
- No se preocupe, no es compromiso. - se puso de pie. - Usted fue muy amable en ese momento.
Me quedé en silencio, procesando el hecho de que estaba por ir a tomar algo con la mujer de la que me enamoré en la época feudal y de la que jamás logré olvidarme.
Kahori
Había decidida salir a tomar aire para pensar un poco en mis cosas, en mis estudios y todo lo que aún tenía por delante, también para pensar en él...
O mejor dicho, tratar de olvidarlo.
Ya que el hecho de recordar a esa jovencita me hizo repensar mejor y... ya no estaba tan segura de que debía volver a ver a Inuyasha. ¿Y si estaba comprometido? ¿Y si esa mujer era una ex novia loca? No, gracias, no quería arriesgarme a nada que pudiera perjudicarme.
Llegué a mi parque preferido y me senté a contemplar a las personas que caminaban como si la vida no tuviese mil responsabilidades. Estaba inmersa en mis pensamientos cuando una voz conocida llamó mi atención.
- Buenas tardes, señorita.
Oh, el señor Kirinmaru.
Comenzamos a platicar y se mostró sorprendido al notar que lo recordaba, pero la realidad era que me iba a ser imposible olvidarlo. De hecho, aún recordaba el alivio que sentí en el momento en el que apareció y Magatsuhi, aquel joven que me ponía los pelos de punta, en el mal sentido, se alejó.
Me sorprendí un poco cuando me invitó a tomar algo, pero por alguna razón no deseé decirle que no, algo en mi interior me decía que no era una mala persona. Acepté su invitación y me puse de pie, ambos comenzamos a caminar y, a medida que hablábamos, más me agradaba su forma de ser.
- Lamento saber que mi hermano la haya incomodado esa noche.
Cierto, había olvidado que era su hermano.
Me reprendí mentalmente por como lo había llamado momentos atrás.
- Oh... lamento haberlo llamado hombre extraño, pero...
- No te disculpes. - me sonrió. - De hecho, puede ser un poco perturbador a veces. - suspiró. - No eres la primera a la que ha espantado.
- Bueno, ¿eso es bueno o malo? - reí levemente.
Él se quedó observándome y, quizás estaba enloqueciendo, pero por un momento me pareció ver un brillo de dulzura en su mirada.
Casi como si estuviese observando a alguien con cariño.
¿Qué demonios estoy diciendo? Verdaderamente estoy loca.
Siempre me consideré una persona muy intuitiva, casi como si para mi el leer las expresiones de una persona me fueran suficientes para saber algo más sobre ellos.
- ¿Hay algún lugar en específico al que desearías ir?
- Hay un pequeño café aquí al frente. - señalé. - Creo que sería bastante cómodo.
- Sus deseos son órdenes.
No podía mentir, su amabilidad era increíble, además de que... era bastante guapo si debía ser cien por ciento honesta.
Naraku
Ya me estaba hartando de la presencia de este ser repugnante. Todos los días se aseguraba de molestarme ya fuese con una llamada u honrándome con su presencia, y todo para saber si ya tenía algún tipo de información de esa sacerdotisa.
¿Qué si me interesaba algo de todo esto? Para nada, yo sólo tenía un objetivo en mente y pensaba conseguirlo cuando menos se lo esperaran, incluso podría arriesgarme a decir que esperaría hasta el momento en el que todo ya hubiera salido perfecto y se confiaran en que ya no deberían hacer más.
Cuando ya se hayan eliminado entre ellos.
Un nuevo mensaje de Magatsuhi llegó, nuevamente preguntándome si tenía respuestas a lo que, al parecer, le inquietaba más de lo que podía soportar. Leí el texto y llamé a quien se estaba encargando de todo por mi.
- Bankotsu.
- ¿Qué es lo que quieres?
- ¿Tienes algún dato?
- Si, de hecho si lo tengo.
- ¿Y que esperas para hablar?
- ¿Crees que soy idiota? Yo si hago algo, lo hago bien, Naraku. Tengo la información que deseas justo en mis manos, asique tendrás que venir por ella.
- Hm. - sonreí, cerrando mis ojos. - Al parecer debo recordarte con quien estas hablando y lo que puedes perder por tu insolencia.
- Esa amenaza ya es vieja.
- Tal vez, pero sigo siendo el único que puede acceder al lugar en donde se encuentra tu arma.
Touché, sabía que todo lo relacionado a ese estúpido Banryu hacía que sus pelos se pusieran de punta.
- Estoy en mi casa, idiota.
- Enviaré a alguien por eso.
Sin esperar respuesta, corté la llamada y busqué el número de ella, de mi mujer. Luego de un par de toques, por fin respondió.
- Buenas noches, bonita, ¿aún sigues jugando a la familia feliz?. - si, por supuesto que estaba enterado de que ella y Taisho irían a la doctora ese día. - ¿Ya te lo follaste o estabas en eso?.
- Estamos en un restaurante, ¿Qué es lo que quieres?.
- Bueno, supongo que debo darle créditos a Inuyasha por ser un hombre considerado con la madre de su hijo. - incomodarla hacía que todo mi mal humor se esfumara.
- ¿Qué quieres?.
- Necesito que vayas a buscar algo a la casa de Bankotsu.
- Bien, iré en cuanto termine aquí.
- Kikyo, mi vida, parece que no me has comprendido. - sonreí. - No te estoy pidiendo un favor, te estoy dando una orden. Supongo que deberás dejar plantado a Taisho. - me encogí de hombros. - Te espero en mi departamento.
Corté la llamada y me dirigí a la cocina con la intención de prepararme un café bien cargado mientras pensaba cuales serían mis siguientes pasos y le enviaba un mensaje con la ubicación.
Kikyo
Mis ojos se llenaron de lágrimas luego de cortar la llamada con Naraku. Miré al cielo y suspiré levemente. ¿En que momento el pecho había comenzado a apretarme cuando veía su nombre en mi móvil? ¿En que momento dejé de sentir ese amor que quemaba mi pecho y ahora quería mantenerme lejos de él?.
Quizás... desde el momento en el que me enamoré de Inuyasha y me enteré que esperábamos un hijo.
El rostro de la tal Kagura, la mujer que encontré en su departamento aquella mañana, pasó por mi mente. Si, tal vez el hecho de pensar que me estaba engañando no había ayudado mucho que digamos.
Ingresé nuevamente al restaurante y, con toda la pena e incomodidad del mundo, le cancelé la cena. Por suerte para mi, se lo tomó bastante bien, pero eso no lo hacía menos molesto. Salí del lugar y abordé mi Uber con destino a la dirección que Naraku me había dejado por mensaje.
- Oh, buenas noches preciosa. - se sorprendió al abrir la puerta
Bankotsu... ya se me hacía extraño pasar tanto tiempo sin ver tu rostro.
- Vengo por lo de Naraku.
- Claro, aquí lo tienes. - me extendió un sobre. - Oye, te ves mucho más hermosa de lo que recuerdo.
- Será mejor que te tragues esas palabras si no quieres que te maten.
- Hay un ligero aroma de Taisho en ti. - miró mi vientre. - Oh, no me digas que lograste amarrar al perro después de todo.
- Eres un imbécil. - lo miré con todo el asco que mis gestos faciales pudieron expresar y volteé, reingresando al Uber y brindándole la dirección de Naraku.
Mi hijo no es ningún maldito amarre.
Coloqué mi mano sobre mi abdomen, recordando y reconfortándome con el recuerdo de los latidos de su corazón. Si había algo que lograba hacer que tuviese el deseo de seguir adelante, sin dudas era su pequeña existencia. Tan diminuta, tan gigante al mismo tiempo y tan llena de amor.
Descendí del taxi y subí hasta su departamento. Toqué el portero y me encontré con sus ojos rojos, los mismos que antes me hacían sonreir, ahora me causaban cierto rechazo.
- Hola, mi amor. - tomó mi mano, jalándome hacía él y encerrándome en sus brazos. - Te extrañé.
- Yo igual. - murmuré contra mi voluntad, provocando su risa burlona.
- No te fuerces amor, ya se que no querías venir aquí. - se apartó, regresando sobre sus pasos. - ¿Conseguiste lo que te pedí?.
Extendí mi brazo, entregándole el sobre. Él lo tomó y lo abrió, viendo en su interior al mismo tiempo en que una sonrisa se formaba en sus labios.
- Al parecer no es tan estúpido como pensé.
- ¿Qué hay ahí?.
- Nada que pueda ser de tu interés. - lo cerró, dejándolo sobre una pequeña mesa. - sus ojos se enfocaron en los míos y una chispa de deseo se desprendió de su mirar. - ¿Sabes, Kikyo? Te ves realmente preciosa. - comenzó a acercarse y yo desvié mis ojos a sabiendas de lo que planeaba. - ¿Hace cuanto que no estamos juntos?.
- Hace... - tragué saliva al sentir su mano acariciar mi cintura. - Hace un tiempo.
- ¿Y no me extrañas?
No, la verdad es que no extrañaba para nada el sexo con Naraku, sin embargo si lo extrañaba con Inuyasha.
- Un poco. - mentí.
- Porque yo si te he extrañado. - sus manos ascendieron hasta mi pecho, acariciándolo con suavidad y cerré mis ojos al sentir sus labios sobre mi cuello.
Maldición, él si sabía como tratarme para remover mis impulsos.
Mordí mi boca al sentir sus colmillos rozar mi piel y recordé el motivo.
- Taisho puede poseer tu cuerpo todas las veces que lo desee, sin embargo yo soy el único que puede causarte esto. - su lengua en mi piel hizo estragos en mi interior, recordando todas las veces que él había dejado que su lado yokai tomara el control mientras estábamos en pleno acto.
- Naraku. - susurré, colocando mis manos en su nuca.
Su boca se apoderó de la mía y supe que había perdido la batalla. Sus manos se detuvieron en mi trasero y, en sólo segundos, sentí el frío de la madera de la mesa mientras él se colocaba entre mis piernas.
Aquella maldita sensación de éxtasis se apoderó de mi con tal rapidez que mi conciencia quedó atrapada en la marea de sensaciones placenteras que, sin darme cuenta, necesitaba. Sentí como sus dedos se deslizaban por la parte interna de mis muslos, rasgando mis bragas al mismo tiempo en que desabotonaba su pantalón.
- ¡Naraku! - grité, abriendo ampliamente mis ojos al sentir como me llenaba por completo. Su mirada se encontró con la mía y su sonrisa nuevamente fue la encargada de mostrarme su lado demoníaco poseyéndome.
- Te extrañé, mi querida Kikyo.
Sólo fue cuestión de tiempo para que el silencioso departamento se llenara completamente de nuestras respiraciones agitadas y mis gritos, los cuales eran producto de aquella sensación del orgasmo eterno.
Magatsuhi.
La paciencia nunca había sido mi fuerte, de hecho, la falta de ella me había costado demasiados regaños de parte de mi hermano mayor, sobre todo en los momentos en los que debíamos ser precavidos. Y, para estas alturas ya había pasado demasiado tiempo desde que todo esto había comenzado.
- Maldición, estos ineptos me tienen harto. - murmuré. - A este paso... - sonreí al recordar lo sucedido tiempo atrás.
Inicio del flashback.
Era muy tarde en la noche y estaba afuera del edificio en el que vivía mi hermano. Había tomado mi decisión hacía bastante tiempo y por fin había llegado el momento de darle inicio a mi plan, uno que era demasiado sencillo pero que requería de la participación (voluntaria o no) de demasiadas personas.
El primer paso: causar un problema lo suficientemente grande como para quebrar el tratado de paz entre mi clan y el de los Taisho, después de todo, necesitaría mantenerlos ocupados para no levantar sospechas mientras continuaba con mis siguientes pasos.
¿Y que mejor que mi hermana para esto?.
Esperé pacientemente hasta que por fin la vi salir. Sonreí y me acerqué.
- ¿Había reunión de hermanos y no me avisaron?.
- Vaya, al parecer si te invocamos. - me devolvió la sonrisa. - ¿Nuevamente estas usando tus trucos? Ya que es obvio que has ocultado tu esencia.
- Quizás porque estoy de cacería. - comencé a caminar a su lado.
- ¿Cacería? ¿Tienes idea de lo que Kirinmaru te haría si se entera que estas haciendo de las tuyas?.
- Descuida. - dejé que se me adelantara. - Estoy seguro de que no lo sabrá... al menos no en poco tiempo.
Mis garras atravesaron su espalda con la suficiente fuerza como para salir por su abdomen. El sonido al retirarlas, acompañadas del calor que emanaba su sangre, fue simplemente delicioso.
- ¿Qué... demonios? - cayó de rodillas, mirándome por sobre su hombro. - Maldito.
- Descuida, el veneno de mi mano provocará que te duermas rápido. - me arrodillé frente a ella. - También puedes notar que no hay nadie por aquí. - miré a nuestro alrededor. - Y el elixir de nuestra madre hará imperceptible el olor de tu sangre, hermanita. - sonreí, tomándola entre mis brazos. - Tranquila, te necesito con vida asique te sugiero que te relajes y te entregues al sueño, después de todo eso es mejor que ver lo que vendrá.
Fin del flashback.
- A este paso me temo que tendré que matarla para que la guerra estalle de una vez. - suspiré.
No me agradaba demasiado la idea de asesinar a mi propia sangre, pero mis propósitos eran más importantes y el segundo paso estaba tardando más de lo hubiese imaginado o deseado.
- Definitivamente no esperaba la presencia de personas como Midoriko o Kahori, quienes me están obligando a retrasar todo, aunque... - sonreí al recordar aquel momento. - No me molestaría volver a enfrentarte, Midoriko.
Inicio del flashback.
El sol se encontraba en su máximo esplendor. Me encontraba sentado bajo la sombra de aquel árbol, esperando que llegara, como cada vez que nos encontrábamos en secreto. Sonreí al percibir su aroma acercarse.
Desde que me había enterado de la existencia de esa tal Shikon No Tama, se había convertido en mi obsesión. Deseaba poseerla y convertirme en el demonio más poderoso. Llevar a mi clan a lo más alto (o no, dependiendo que tanto pudiese mantenerme por mi cuenta) pero primero debía obtenerla.
Después de mucho tiempo había logrado dar con la sacerdotisa que la protegía y, poco a poco, pude ganarme su confianza con buenos actos, comportamientos y mostrándole intenciones de estar a su lado, incluso procurando protegerla.
¿Enamorarla quizás? Bueno, si ese un efecto secundario de mi accionar, no me molestaba en lo absoluto.
Sin embargo, ya me había hartado de esta amabilidad, por lo que había decidido que esa mañana iba a ser el punto final de toda esta farsa.
- Magatsuhi. - no podía negar que su dulce voz si era agradable.
- Hola, bonita. - me puse de pie.
Ella se acercó, deteniéndose frente a mi. Poseía unos ojos castaños realmente hermosos, amen de que su lacio pelo siempre se veía impecable, más no me interesaba en lo absoluto que tan bella pudiera ser, seguía siendo un obstáculo entre mi verdadero objetivo y yo.
- ¿Me esperaste mucho?.
- Nunca es una molestia esperarte, Midoriko. - sonreí, tomando sus manos. - ¿Iremos a la aldea de la que te hablé?
Asintió y emprendimos nuestro viaje. Por supuesto que todo era una mentira, ya que mi intención era alejarnos lo más posible de la aldea en la que ella vivía para que quedara incapacitada de pedir cualquier tipo de ayuda.
Fuimos charlando amenamente, como siempre hacíamos cuando nos veíamos, hasta que la dejé que se adelantara un par de pasos con la excusa de que algo había llamado mi atención en una de las plantas del camino. Aproveché esos pequeños segundos para rociarme con el elixir que mi madre nos había otorgado, el mismo que desaparecía nuestro aroma.
A fin de cuentas, cuando encuentren tu cuerpo, no quiero que sean capaces de rastrearme.
- Magatsuhi. - pronunció sin voltear. - El yokai que está atacando esa aldea, ¿anda en busca de algo?.
- No lo se, bonita. - respondí con seriedad. - Quizás si lo esté. - empuñé mis garras y, en un casi imperceptible movimiento, desgarré su espalda completamente, provocando que estrellara su pecho en el suelo. - Quizás... esté en busca de la Perla de Shikon.
Rodeé su cuerpo y me arrodillé frente a ella, tomándola por su cabello y obligándola a mirarme. Sonreí al ver sus ojos llenos de confusión entremezclados con un dejo de molestia.
- Sorpresa, bonita. - me burlé. - Debo admitir que me sorprendió que confiaras tan rápido en mi, teniendo en cuenta que fuiste entrenada para odiarnos.
- Mal...dito.
- En fin, supongo que tu ingenuidad va a costarte la vida. - la solté y tomé la perla, la cual descansaba en el bolsillo de su hakama. - Me quedo con esto.
Guiñe mi ojo y, cuando estaba a punto de marcharme, sentí como aquel frío metal atravesaba el centro de mi abdomen, provocando que soltara la joya y abriera mis ojos ampliamente.
- ¿Creíste que te saldrías con la tuya? - el tono de su voz denotaba su tristeza. - ¡Maldito traidor! ¡¿Cómo fuiste capaz?! - gritó, sosteniendo su espada.
- Maldita bastarda. - gruñí, sintiendo como el aire comenzaba a faltarme poco a poco.
Me está purificando, maldita desgraciada.
Fin del flashback.
- De no ser porque soy un yokai con una gran fuerza y porque ella estaba demasiado herida, me hubiese purificado de inmediato. - sonreí, moviendo mi cabeza. - Recuerdo que tuve que salir corriendo, dejando la perla ahí, de lo contrario, iba a ser yo el muerto.
Y al poco tiempo me enteré de que habías muerto, seguro producto de mis heridas, las cuales cumplieron su objetivo a fin de cuentas.
- Midoriko, ¿acaso regresaste para vengarte de mi? - mi sonrisa se esfumó. - ¡¿No te bastó con dejar inservible la Shikon No Tama?! - grité.
Espero que ni se te ocurra intervenir en mis planes, de lo contrario... no tendré piedad.
