Está en medio de la patrulla diaria, perdido en sus pensamientos, cuando nota a la distancia una figura molestamente familiar y se detiene antes de siquiera poder procesar por completo lo que está viendo.

No da crédito a sus ojos, China no se supone que volvería hasta quién sabe cuándo y sin embargo esa cara boba no la confundiría por nadie más.

¿Pero y tú que haces aquí?

Kagura le sonríe, con esa sonrisa que lo pone débil en las rodillas y lo hace soñar de un futuro a su lado y la cual lo metió en este problema para empezar.

En mi planeta decimos hola.

Sí, bueno, en mi planeta saludamos con una patada en la cara así que agradece.

Kagura rueda los ojos y sigue su camino, no sin antes contestar:

No puedo dejar a mi perro tanto tiempo solo.