En los años posteriores a la Cuarta Guerra, Marran Aterratrols fue nombrada Señora de Stromgarde, debido a sus derechos dinasticos, por lo que Lord Radulf Leder se apartó sin oposición. Con el tiempo, se convirtió en una fiel creyente del legado del rey Thoradin y del Imperio Arathoriano. Ella demostró ser una gobernante beligerante y buscó hacer la guerra contra los clanes Mag'har de Caída del Martillo para tomar el control de las Tierras Altas de Arathi.

A los pocos meses de su regencia, la regente Marran convocó a la Séptima Legión , alegando que ayudarían a los granjeros a defenderse de los depredadores, entrenarían a nuevos soldados para apoyar a la Alianza y mantendrían el gobierno de su familia mientras su tío estuviera ausente. Sin embargo, sus patrullas comenzaron a alejarse cada vez más de su base y lo que alguna vez habían sido encuentros amistosos entre sus fuerzas y la Horda dieron paso a la violencia. En respuesta, la Señora Suprema Geya'rah convocó a los Kor'kron para que los ayudaran a entrenar y disuadir la acción de Stromgarde.

Diez días después de la destrucción de Dalaran , Lady Marran respondió a la reunión conjunta de Jaina Valiente y Thrall en Boralus, donde buscaron acabar con las tensiones. Propuso asegurar la Séptima Legión y los Kor'kron, y negó las acusaciones de la Clarividente Aggra sobre que estaba alimentando las tensiones con los Mag'har. En su camino a Stromgarde, Jaina y Thrall fueron atacados, lo que terminó con este último siendo mortalmente envenenado.

Esto fue la gota que colmo el baso de la situación ya volátil en las Tierras Altas de Arathi e inició una lucha de poder entre el tío y su sobrina por el reino. La Quinta Guerra había comenzado.

Los Mag'har eran un pueblo forjado en la batalla, los Kor'kron eran los guerreros más elitistas de la Horda y se lanzaron contra la Muralla de Thoradin. La Señora Suprema Geya'rah se jactó de cómo Stromgarde caería ante el poder de los Mag'har y de que no necesitaría la intervención de los demás líderes de la Horda. En ese momento recibió la noticia de que la Alianza había lanzado su ataque y que las fuerzas de la Horda se apresuraban a luchar.

Durante la Batalla del Muro, los Kor'kron fueron prácticamente liquidados por la artillería de última generación que habían integrado durante su reconstrucción. Geya'rah se sintió abrumada al ver como los torreones de rayos, escorpiones, ametralladoras y cañones infligieron un daño mortal a sus tropas, los orcos más regios y duros criados en Terrallende. Por lo tanto, tocó un cuerno, llamando a los Mag'har a la retirada, mientras la Séptima Legión le pisaba los talones.

Cuando el Emperador Anduin finalmente llegó, hizo arrestar a Marran y escoltó al capitán Roderick Brewston hasta sus aposentos, donde permanecería bajo arresto después de que se la relevara de sus deberes oficiales por sus crímenes. Él era un pacifista y se lamento saber que por la muerte de Thrall la paz entre la Alianza y la Horda sería imposible. Al sentirse responsable de haber iniciado otra guerra, Anduin, como Gran Rey de la Alianza, declaró que ninguno de los miembros estaba obligado a intervenir en el conflicto. Al final los enanos, gnomos y elfos prestaron ayuda a Arathor.

Mientras la Séptima, Sexta y Cuarta Legión montaban el Asedió de Caída del Martillo, la Horda estaba en plena descomposición. Sin Thrall, solo el Jefe del Consejo Rokhan podía llevar a una resolución pacífica, pero eso acabó cuando esté murió en manos de la Médico Bruja Tzadah, quien fue poseída por el loa Mueh'zala el Señor de la Muerte.

El nuevo Jefe del Consejo y de los orcos fue el General Talgar de los Kor'kron y uno de los pocos sobrevivientes de la Batalla del Muro. Talgar impulso al Consejo de Guerra, liderado por la facción de los Pielesverdes (Orcos y Duendes) en favor de guerra total, noción que apoyo la Reina Talanji de los Zandalari y los demás clanes Troll del Imperio de Zul. Pero, fue criticado por Baine Pezuña Sangrienta, Mayla Alta Montaña y Ji Pata de Fuego. Sin embargo, los orcos, quienes se volvían cada vez más desconfiados de los no-orcos, o por lo menos otro pielverde. Sin el liderazgo de Thrall y con muy pocos veteranos de la Primera y Segunda Guerra, los orcos más jóvenes y hambrientos de batalla querían probarse así mismos en una verdadera guerra liderados por un verdadero orco.

Ante este panorama, Talgar reclamó el titulo de Jefe de Guerra, acabando con el Consejo de Guerra con el apoyo de los trolls y duendes. Esto ocasionó que los Tauren y Pandaren se retiraron de la Horda, volviendo a sus tierras con sus fuerzas. Talgar se deshizo de los consejeros Eitrigg y Drek'Thar y se acercó a elementos de la extinta Horda Oscura, un grupo de renegados compuesto por orcos, trolls, ogros y goblins que continuaron con los ideales de la Antigua Horda que incluían el culto a los demonios y el derramamiento de sangre. Formando un referente para aquellos orcos que ansiaban los viejos días y pronto sus filas volverían a ser lo que antaño fue.

Sin embargo, sabía que el sitio de Caída del Martillo no duraría, por lo que desesperado, ordenó a sus magos, chamanes y medicos brujos que convocaran un ejército de demonios para reponer sus fuerzas. Pese a los peligros evidentes, sin la Legión Ardiente los demonios volvían a estar desorganizados y no había riesgo de una invasión como antes. Los arcanos realizaron el ritual y atrajeron a un demonio de inmenso poder.

Anetheron es un nathrezim mejor conocido por ser el lugarteniente de Archimonde. Anetheron había tomado control de una hueste de demonios tras el vacío de poder dejado por la Legión Ardiente y quería venganza contra los mortales de Azeroth por humillarlo en el pasado. Sin embargo, intrigado por la invocación llegó de nuevo a Azeroth, encontrándose un panorama nostálgico. Siendo un astuto Señor del Terror no fue difícil tenderle una trampa a Talgar y a su Horda de Pilesverdes.

"Estos mortales nunca aprenden" — se burla Anetheron.

Anetheron ofreció su ejército para que la Horda los dirigiera contra sus enemigos, lo único que tendrían que darle a cambio era su adoración en base de sacrificios. Talgar aceptó y con la sangre de quienes se opusieron a él, incluyendo a la familia de Thrall; su esposa Aggra y sus hijos, Durak y Rehze, una hueste de demonios se alzó para servirle.

La aparición de tantos demonios en Azeroth hizo que Velen tuviera una visión de estos y abvirtio a Anduin de lo que la Horda había hecho. Horrorizado, el Emperador declaró que la Horda se dejo corromper de nuevo por los demonios y debía ser detenida a toda costa. Por ellos, tuvo que terminar el asedió cuánto antes. Cuando le conto a Geya'rah lo que la Talgar había hecho, ella no lo creyó, pensando que el humano estaba mintiendo para que bajarán la guardia. Anduin no tuvo más remedio que acabar el asedio por la fuerza y capturar a los sobrevivientes.

La amenaza demoníaca llevo a que los eredar decidieran entrar en la lucha, junto con la Cruzada Argentea. Además, la situación critica llevo a que los gnomos decidieran revelar su nuevo invento; los mekkas. Autómatas gigantes controlados desde su interior. Estos tenían forma humanoide, aunque toscos y lentos, tenían suficiente armamento para destruir una montaña con su poder de fuego. Para hacerlos más efectivos contra los demonios, fueron imbuidos con la Luz Sagrada.

La Horda de Talgar se lanzó en masa contra la Alianza, sin saber que eran esperados. Cuando llegaron a las Tierras Altas de Arathi no encontraron un asedió, sino a toda la Alianza esperándolos desde el terreno alto. Sin intimidarse, Talgar ordenó cargar contra ellos, usando a los demonios como punta de lanza. Estos fueron recibidos por los paladines y guerreros humanos, siendo atacados por los costados por las flechas elficas y pólvora enana.

Talgar, viendo que ya casi no tenía demonios y su Horda se hallaba desmoralizada. Desesperado, invoco a Anetheron, suplicando por más poder. Él demonio acepto... pero a un costo terrible.

Como Anetheron prometió, envolvió a los orcos en su magia vil repugnante y los hizo mucho más fuertes a costa de su inteligencia. Ahora en adelante, los orcos no dejarían de crecer y fortalecerse durante toda su vida, pero siendo casi completamente poco inteligentes más allá de sus instintos más básicos, principalmente el de buscar peleas y conflictos, por lo que cargaron sin más miramientos a la batalla al grito de ¡Waaagh!.

No fue hasta que Talgar cargo también con la segunda oleada que la otra parte del ejército de la Alianza se cerró a su alrededor. Los magos liderados por Jaina Valiente lanzaron conjuros devastadores sobre la Horda desde lo alto, mientras los gnomos desplegaron sus mekkas, provocando una devastación sin parangón. Los orcos, goblins y trolls se hallaban atrapados en una picadora de carne, dónde fueron masacrados si contemplaciones.

No fue hasta que Talgar murió y los trolls, y goblins huyeron que los orcos perdieron las ganas de luchar. Muchos fueron encarcelados y puestos en Campos de Internamiento, pero otros escaparon, volviendo a Durotar en Kalimdor. Cuando se recibió un embajador Zandalari pidiendo la paz fué el momento en que la Horda dejo de existir definitivamente.

Una vez más el sur de Lordaeron se construyeron varios campos de internamiento de gran tamaño destinados a albergar a los orcos cautivos. Vigilados tanto por los paladines de la Orden de la Cruzada Argentea como por los soldados veteranos de la Alianza. Los orcos Mag'har de Geya'rah al ver en lo que se habían convertido sus congéneres sintieron repulsión. Con la venia de la Alianza, partieron de nuevo al Draenor Alterno y serraron el porta definitivamente, dejando atrás Azeroth.

Los campamentos resultaron ser un gran éxito. Aunque los orcos cautivos estaban tensos y ansiosos por volver a luchar, los distintos guardianes del campamento mantuvieron la paz y mantuvieron una fuerte apariencia de orden. A medida que pasaba el tiempo, cada vez más prisioneros orcos eran acorralados y colocados en campos de internamiento. Cuando los campos comenzaron a desbordarse, la Alianza se vio obligada a construir nuevos campos en las llanuras al sur de las Montañas de Alterac.

Con el tiempo, muchos de los guardianes de los campamentos comenzaron a notar un cambio inquietante en los orcos cautivos. Los intentos de los orcos de escapar de los campamentos o incluso de luchar entre ellos habían disminuido considerablemente con el tiempo. Los orcos se estaban volviendo cada vez más distantes y letárgicos. Aunque era difícil de creer, los orcos, considerados en el pasado la raza más agresiva jamás vista en Azeroth, habían perdido por completo su voluntad de luchar. El extraño letargo confundió a los líderes de la Alianza y siguió pasando factura a los orcos, que se debilitaban rápidamente.

Claramente, los demonios habían adulterado la sangre de los orcos y, a su vez, los brutos habían obtenido una fuerza, resistencia y agresividad antinaturalmente aumentadas. El Kirin Tor teorizó que el letargo colectivo de los orcos no era en realidad una enfermedad, sino una consecuencia de la retirada racial de las volátiles magias de los brujos que los habían convertido en guerreros temibles y sedientos de sangre. Lo más perturbador era el deterioro que sufrían sus cuerpos, los orcos eran considerados "mastodontes corpulentos", ahora estaban obesos y débiles a pesar de que su dieta no había variado en absoluto, y su inteligencia se deterioraba todavía más.

En cuanto a los orcos en libertad la historia era diferente...

Según los espías elfos. La mayoría de las tribus orcos y goblins de Durotar habían desarrollado una violenta sociedad jerárquica. Debido a su fuerza pero a su actitud perezosa hacia el trabajo, los orcos ocupan la "casta guerrera" de la sociedad de los pieles verdes, mientras que los goblins ocupan la "casta de los trabajadores". En esta unión, los orcos reciben una fuente abundante y grande de trabajadores que se encargarán de todas las tareas domésticas de la vida tribal diaria, como cortar leña, fabricar armas o construir chozas. A cambio, los goblins reciben la protección intimidante de sus amos más grandes frente a las amenazas de invasores externos, como feroces depredadores u otras tribus de pieles verdes.

Sin embargo, hay ocasiones en las que una tribu de pieles verdes puede estar formada casi en su totalidad por orcos. La composición de estas tribus dominadas por orcos es amplia y diversa. Sin embargo, independientemente de su composición, la mayoría de las tribus orcas se forman en torno a un núcleo de guerreros orcos que luchan duro. Sin una gran fuerza de trabajo goblin que haga los trabajos domésticos de la tribu, el mayor de los guerreros orcos obliga al más pequeño y débil de su grupo a realizar la tarea por ellos. Como resultado de sus tendencias violentas, los orcos, siempre beligerantes, se enfadan aún más, lo que da lugar a muchas peleas a muerte con una regularidad casi alarmante, incluso dentro de las tribus de pieles verdes. Estas luchas físicas a menudo ayudan a establecer una jerarquía dentro de la tribu, obligando a los guerreros de menor rango a hacer todo el trabajo duro mientras sus hermanos más grandes y poderosos holgazanean.

Un orco es una criatura testaruda y perezosa, y tener que hacer tanto el trabajo como soportar la humillación de tareas repetitivas como cortar leña o construir chozas solo garantiza otra pelea feroz en el futuro inminente. Con el tiempo, estos orcos volverían a luchar entre ellos, estableciendo un nuevo orden jerárquico entre los sobrevivientes.

Este entorno social extremadamente hostil e inestable garantiza que la mayoría de las tribus dominadas por orcos sean más pequeñas pero mucho más curtidas en la batalla que una tribu típica de pieles verdes con una membresía de especies mixtas. Sin embargo, como consecuencia de sus frecuentes luchas internas, los campamentos de las tribus orcas generalmente carecen incluso de las comodidades más rudimentarias que los trabajadores goblin normalmente proporcionan, como empalizadas o incluso simples chozas de piel.

Aunque los síntomas eran claros, el Kirin Tor no pudo encontrar una cura para la condición actual de los orcos. Además, muchos de sus compañeros magos, así como algunos líderes notables de la Alianza, argumentaron que encontrar una cura para los orcos sería una empresa imprudente, debido a que de esta forma eran muchos más manejables.

La aparente involución de los orcos en cautiverio llegó a un punto donde varios empezaron a morir, por qué fueron liberados en la península de Durotar... Solo para ser asesinados por sus parientes orcos, mientras se burlaban por lo fofos y gordos que eran.

"... De alguna forma, es bueno que Thrall y su familia no vivieran para ver cómo ha caído su pueblo" — se lamento Jaina Valiente.

Sin la Horda, la Alianza paso a ser una mera sombra de lo que era. Cada raza siguió su propio camino, aunque no se habían abandonado por completo. El Reino de Elun'Suntor y el Imperio de Arathor tenían una animosidad común por el Imperio de Zul, combatiendo contra los trolls de vez en cuando. Y los enanos y humanos eran simplemente demasiado parecidos como para renunciar a su hermandad. Pero la verdad sea dicha, la Alianza ya no tenía razón de ser.

No fue hasta que Anduin I abdicó en favor de su heredero, Thoradin IX, para liderar el Ejercito de la Luz en la Gran Cruzada contra el Vacio, que la Alianza de Lordaeron fue disuelta, aunque los lazos que forjaron jamás desaparecerian...