Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.


24. Recuerdos (Día 20 Temporada de Luces).

Aquella mañana de diciembre, InuYasha y Kagome se encontraban en la bodega del Templo Higurashi, estaban buscando las decoraciones decembrinas, ese año, por primera vez, se reunirían las dos familias y las de sus amigos.

Kagome se encontraba agachada frente a una caja polvorienta, buscando unos manteles individuales, pero hasta ahora no había tenido éxito, tomó una caja etiquetada con "Taisho, Árbol". Intrigada, la abrió y una sonrisa nostálgica apareció en su rostro al reconocer su contenido.

—¡Mira esto!— exclamó, levantando un pequeño soldado de cascanueces—. Recuerdo perfectamente ese día.

InuYasha, que revisaba otra caja a su lado, se tensó al oír la palabra "Cascanueces" y un ligero rubor cubrió sus mejillas al recordar la historia detrás de esos adornos.

—¡Aquí están las bailarinas!— dijo Kagome, sacando varias figuras de papel brillante. Su atención se centró en un detalle que de niña no había notado: las bailarinas estaban hechas a mano. Los recortes eran algo toscos, claramente el trabajo de un principiante. Levantó la vista hacia InuYasha, quien fingía buscar algunas luces, pero sus orejas se movían de una manera en que delataban su nerviosismo.

—Las bailarinas las hiciste tú— dijo Kagome al mirarlo con ternura y una sonrisa iluminó su rostro.

—Sí, las hice yo— evitó su mirada, aunque sus orejas se movían nerviosas—. Sentí que algo le faltaba al árbol, quería hacerlo especial para ti.

Kagome lo miró con calidez, pero no pudo evitar que una pregunta surgiera en su mente.

—Inu… ¿por qué pusieron un árbol ese año? Nunca lo habían hecho antes.

—No lo recuerdo.

—No me mientas— le advirtió, entrecerrando los ojos.

—Es tonto, ya no importa.

—Para mí sí importa. Quiero saberlo.

—Está bien…— murmuró resignado—. Ese año Kōga entró a nuestra escuela. Pasabas mucho tiempo con él y cuando fui a su casa vi un árbol enorme, lleno de adornos llamativos. Alardeó diciendo que te lo mostraría cuando fueras a visitarlo.

—Es cierto…— dijo Kagome al recordar vagamente aquel evento—. Ya recuerdo ese árbol, tenía muñecos de jengibre y enormes esferas como caramelos.

—Y luego me mentiste— continuó InuYasha, algo molesto.

—¿Yo te mentí?— preguntó Kagome, confundida.

—Dijiste que no irías a mi casa a jugar porque saldrías con tu familia, pero Kōga dijo que irías a su casa.

Kagome seguía confundida, de eso, habían pasado muchos años, frunció el ceño intentando hacer memoria.

—¡Ya lo recuerdo!— dijo luego de un momento—. Fue cuando tu papá te trajo un nuevo juego de combate y querias estrenarlo— InuYasha asintió—. Yo no sabía que mamá nos llevaría a casa de Kōga. Solo me dijo que no estaríamos en casa. Aunque… no recuerdo bien por qué fuimos. Espera un momento— se acercó a InuYasha, mirándolo fijamente—. ¿Todos estos años has pensado que te mentí?

El rubor volvió a inundar el rostro de InuYasha, quien desvió la mirada, incómodo. Kagome no pudo evitar reír, le parecía increíble que aquel recuerdo siguiera atormentando a su esposo.

—No tiene gracia— protestó InuYasha—. Me habías estado ignorando y hasta le regalabas jugos a Kōga.

—Desde niño eras un celoso— bromeó Kagome.

—¿Yo celoso?— respondió indignado—. ¿Y quién se puso celosa de Miroku?

—¿Quién se aplicó en química para darme asesorías por videollamada?

—Y te fue mejor ¿no?, lograste más de 90 en esa materia— se cruzó de brazos molesto.

—Es verdad, pero… ¿quién se puso celoso porque acompañé a Kōga a comprar el regalo para Sango?

—Yo no…— balbuceó InuYasha, nervioso, ¿cómo es que Kagome sabía eso?

—No lo niegues, ya lo sé todo, Miroku me dijo.

¡Claro!, ese bocazas de Miroku no perdió oportunidad para delatarlo y de paso avergonzarlo.

—Al menos yo no pensé que había vuelto con mi ex y le tenía un anillo.

—Yo no dejé una fiesta porque me hicieron creer que estaba con alguien más— replicó Kagome con una sonrisa retadora.

InuYasha sonrió, acercándose más a su esposa, la rodeó con los brazos por la cintura, acercándola a su cuerpo.

—Gracias a eso— murmuró cerca de su oído—. Tienes un maravilloso esposo y una linda niña.

Kagome rió mientras lo abrazaba de vuelta, sintiéndose afortunada de tenerlo a su lado, y como si fuese invocada, una pequeña de dos años y medio entró corriendo, directo a las piernas de su madre.

—¡Mamá!

—Moroha, ¿no estabas con tus abuelas?— Kagome cargó a su pequeña quien tenía una sonrisa traviesa.

—¿Ahora qué hiciste pequeña?— Inuyasha le revolvió el cabello a su hija.

—Aquí estas— dijo Izayoi al entrar a la bodega—. Apenas tu padre abrió la puerta, este pequeño torbellino se escabulló al patio.

—Moroha, sabes que no debes hacer eso— le regañó InuYasha.

—Por cierto, Sesshoumaru no tarda en llegar y tu padre quiere una foto de su nieto y nietas con Santa.

—¿Cómo logró mi padre que Sesshoumaru aceptara?— preguntó InuYasha.

—De hecho, tu padre se lo pidió a Rin y ella estuvo de acuerdo en que sería un recuerdo maravilloso.

—¡Ahora todo tiene sentido!

—¿Qué dices Moroha?, ¿quieres ir al centro comercial y tomarte una foto con Santa?— preguntó Kagome a su pequeña.

Moroha asintió con entusiasmo, no entendía quien eran Santa, pero si sabía que en el centro comercial había juegos y dulces.

—Pero primero tienes que prometer que te portarás bien, nada de escaparte, ¿entendido?— dijo InuYasha, dándole un pequeño toque en la nariz—. No me convence esa sonrisa traviesa— aunque su hija asintió, su risa la delataba.

—Creo que hoy, papá terminará cansado por ir detrás de su hija— su burló Kagome.

—Haa que darse prisa, tu padre está emocionado con la idea de la foto familiar y ya debe estar esperando en el auto— dijo Izayoi.

. . . . . .

En el bullicioso centro comercial, las luces navideñas parpadeaban alegremente por todos lados. La multitud se reunía frente a una pequeña área decorada con un gigantesco árbol de Navidad y un escenario donde Santa Claus esperaba para tomarse fotos con los niños.

Mientras Izayoi y Kagome intentaban convencer a InuYasha de tomarse la foto. Moroha, veía a su prima y primo emocionarse por pedirle sus deseos a aquel hombre de barba blanca y traje rojo, ella estaría emocionada también, pero a la entrada, había unas figuras que le inquietaban.

—Moroha, ¿qué tienes?— preguntó InuYasha, mirando a su hija que se aferraba a él con fuerza del pantalón.

—Creo que le da miedo el elfo— dijo Kagome al notar a donde veía fijamente su pequeña.

InuYasha parpadeó, procesando las palabras de su esposa. En cuanto lo hizo, una risa escapó de su boca.

—No te rías de tu hija— le reprendió Kagome.

—Lo siento, es que… no me río de ella— cargó a Moroha para calmara—. Eres igual a mamá.

—Moroha, ¿te tomarías la foto con Santa si papá va contigo?— preguntó Kagome, con una sonrisa traviesa.

La sonrisa desapareció del rostro de InuYasha y el rostro de Moroha se iluminó de inmediato, su sonrisa era tan grande que InuYasha se sintió completamente derretido.

—Te llevo hasta Santa pero no me tomaré la foto— InuYasha intentó negociar con su hija.

—¡No!, quiero que papá venga— dijo con firmeza, cruzándose de brazos.

—Sabes que no cambiará de opinión— dijo Kagome, Moroha era igual de terca que ellos.

—Está bien, pero solo será una foto— aceptó a regañadientes, aunque una sonrisa genuina se asomó en su rostro al ver lo feliz que se puso su hija—. Solo una.

—¡Si el tío Inu se toma una foto también papá!— gritó Airi, cruzándose de brazos y miró fijamente a su padre.

Sesshoumaru bajó la mirada hacia su hija, con cinco años le mostraba una expresión llena de determinación. Rin, parada a su lado, le dio un suave empujón en las costillas.

—Vamos, Sesshoumaru, hazlo por ellos.

—¡Sí papá! Ven con nosotros— Ryusen de seis años le jalaba de la mano.

—Yo no me pondré uno de esos gorros— dijo al ver que Kagome le colocaba un gorro navideño a InuYasha.

Touga, por su parte, observaba a sus hijos con una sonrisa socarrona.

—La mejor foto de todas, mis amados hijos con mis nietas y nieto.

—Tú también vienes viejo— dijo InuYasha.

—¡Claro que si!— dijo al tomar un gorro verde y colocándoselo.

La toma de la foto fue un caos adorable. Moroha estaba feliz, su mamá le había colocado una diadema con un moño rojo brillante con un cascabel y para hacerlo sonar movía ligeramente la cabeza, pero lo más importante, era que sentada sobre las piernas de InuYasha ya no les tenía miedo a esos elfos.

Airi y Ryusen peleaban por quién estaría en el centro, mientras Rin intentaba calmarlos sin mucho éxito. Hasta que finalmente, Sesshoumaru, cargó a su hija y tomó a Ryusei de la mano, colocándolo delante suyo.

Touga, por su parte, parecía disfrutar el caos a su alrededor. Observando con una sonrisa satisfecha cómo Sesshoumaru siendo como era, ahora intentaba mantener el orden entre sus propios hijos, e InuYasha poco a poco se relajaba y jugaba con Moroha.

Cuando finalmente el fotógrafo gritó "¡sonrían!", Touga cargaba a Airi, Ryusei hizo una mueca graciosa mientras Sesshoumaru lo mantenía en su lugar. Moroha sobre los hombros de InuYasha tenía una gran sonrisa traviesa. Dando como resultado una fotografía única llena de contrastes.

—Es perfecta— dijo Izayoi con una sonrisa mientras veía la imagen en la pantalla donde se mostraban todas las fotos recién tomadas.

Sesshoumaru observó la foto en silencio. No lo admitiría en voz alta, pero la calidez de esa imagen le recordó algo que no había experimentado jamás, y no por culpa de su padre, Touga siempre quiso integrarlo, pero él se negaba a convivir con su medio hermano. Rin, perceptiva como siempre, le dio un leve apretón en la mano.

—El próximo año— dijo Touga, levantando un dedo al ver la foto—. Quiero una sesión completa, con disfraces temáticos para todos.

—¡Ni lo sueñes!— replicó Sesshoumaru, InuYasha lo hubiese apoyado pero un jalón de Moroha lo distrajo.

—¿Qué pasa?, ¿Los elfos?— ya se encontraban baste lejos de aquellas figuras.

—No… ¿podemos tener otra foto ahora con mamá?

—Pero debemos formarnos de nuevo.

—Por favor— sabía que su padre dijo que solo una foto, pero ella deseaba una con su mamá y papá.

InuYasha suspiró, no podía resistirse a esos ojitos suplicantes en su pequeña, tomó la mano de Kagome apartándola de la charla que tenía con Rin respecto a que Sesshoumaru sería un buen Grinch.

—¡Oye Inu!, ¿A dónde vamos?

—A tomarnos una foto con Santa— dijo sin voltear a verla, podía sentir la sonrisa divertida y burlona de Kagome.

—¿De verdad?, creí que dijiste que solo una.

—Sé lo que dije— gruñó molesto, rodando los ojos, aunque el leve rubor en sus mejillas lo delata.

Rin los observó divertida mientras se alejaban y se formaban en la fila que sorprendentemente era menos larga a cuando todos se formaron.

—Vaya, parece que alguien está cediendo ante los caprichos navideños— comentó Rin, mirando a Sesshoumaru de reojo.

—No me mires— replicó Sesshoumaru con su tono habitual, aunque con una pequeña curva en la esquina de sus labios, él estaba feliz con una foto.

Una vez frente a Santa, InuYasha se percató que este era otro Santa, seguramente el turno del anterior había terminado, esperaba que Moroha no notase que este era más regordete, barbón y sus mejillas estaban coloradas.

—¡Hola, me alegra tanto volver a verlos!— dijo Santa, haciendo que InuYasha arqueara una ceja confundido, él estaba seguro de que era otro Santa. Pero decidió no darle más importancia, seguramente estaba en personaje y este nuevo actor los vio antes de entrar a su turno.

—¡Sí!, traje a mamá— explicó Moroha con felicidad, mientras sujetaba las manos de sus padres y tiraba de ellos hacia la silla de Santa.

—¿Y qué deseas para Navidad?

Moroha se acomodó entre sus padres, con la emoción brillando en su rostro y miró a Santa con total seriedad antes de hablar.

—Quiero un hermanito que tenga orejas como mi papi— declaró con una sonrisa traviesa, señalando las orejas de InuYasha, que se movieron ligeramente, revelando su incomodidad.

—¿Qué?— balbuceó InuYasha, mientras Kagome reprimía una carcajada.

—¡Sí!— continuó Moroha con entusiasmo, ignorando completamente la reacción de su padre—. Quiero juegue conmigo, que tenga las orejas suaves y peluditas como las de papi.

Santa, que claramente no esperaba ese tipo de petición, soltó una risa profunda y cálida.

—Eso es un deseo muy especial, pequeña. Haré lo posible, pero necesitaré la ayuda de tus papás para cumplirlo— dijo, lanzándoles una mirada complice a Kagome e InuYasha.

Kagome intentó mantener la compostura, pero sus mejillas estaban completamente rojas mientras sonreía tímidamente. InuYasha, por otro lado, estaba tan atónito que no pudo articular ninguna respuesta coherente.

—¿Podemos tomar la foto ahora?— preguntó InuYasha rápidamente, buscando desviar la atención.

—¡Claro!— respondió Santa, todavía divertido.

El fotógrafo aprovechó el momento para capturar la imagen: Moroha con una gran sonrisa entre sus padres, Kagome luciendo encantadora con un leve rubor, e InuYasha claramente confundido, pero sosteniendo a su hija con orgullo.

Cuando se levantaron, Moroha no pudo contenerse y abrazó a Santa.

—Gracias, Santa, sé que lo harás

InuYasha subió a Moroha en sus hombros para volver donde el resto los esperaba, entonces la diadema de Moroha se cayó y Kagome se detuvo a levantarla.

—Veo que tu deseo se cumplió.

—¿Cómo dice?— parpadeó confundida al escuchar la voz de Santa.

—Tú y ese niño continuaron juntos y ahora forman una hermosa y linda familia.

"Deseo que InuYasha y yo seamos amigos— aunque lo acaba de conocer, sentía una conexión especial con él—. Que siempre estemos juntos y seamos felices".

—Feliz Navidad, pequeña, espero el próximo año vuelvan a venir los cuatro.

—¿Cómo que cuatro?— quiso exigirle una respuesta pero la voz de Moroha llamandola la distrajo.

—¡Mami!

Kagome volteó a ver a su hija que le hacía señas con la mano y antes de alcanzarles, volteó a ver a Santa, él ya esperaba a que otro niño le dijese su lista de deseos.

—¿Qué pasó?— preguntó InuYasha con curiosidad, podía notar que algo la había inquietado.

—Moroha tiró su diadema— dijo al volver a colocársela.

—¿Segura que estás bien?

—Sí, es solo que...

—Hijo— interrumpió Izayoi—. Tu hermano nos invita a comer pizza, ellos y tu padre ya se adelantaron.

—Eso sí es un milagro navideño— comentó InuYasha con una sonrisa.

Kagome seguía observando a Santa, las dudas no se iban de su cabeza, ¿cómo es que él sabía de su deseo? y ¿por qué había dicho los cuatro?

—Kagome, quiero la verdad, ¿Qué tienes?

—¿Y Moroha?— preguntó al no verla sobre los hombros de InuYasha.

—Tú madre y la mía se la llevaron, dime qué tienes.

—Recordé el día que nos conocimos, aquel día iba a venir con mamá, pero estaba muy cansada por su embarazo, mi papá llegó temprano y me trajo… si hubiera venido con mi mamá, ¿nos hubiésemos conocido?

—Claro que sí, tú fuiste mi deseo de navidad.

—¿Cómo que tu deseo?

—Un año antes, iba en otra escuela, yo era el único hanyou, se burlaban de mis orejas y no tenía amigos, vinimos a ver a Santa y le pedí un amigo, solo quería alguien con quien jugar— Kagome le apretó la mano para darle apoyo—. Seguí sin tener amigos y un día me peleé, fue que mi papá me cambió de escuela, ya había otros niños como yo, pero no hacía amigos, tú fuiste mi primer amiga.

—¿Por qué jamás me dijiste eso?

—No lo creí importante— se encogió de hombros para restarle importancia.

Kagome lo abrazó con toda la fuerza que ella tenía, deseaba que jamás InuYasha hubiese sido tratado de esa manera, pero se alegraba de haberlo conocido.

—Este perfume nuevo me gusta, me recuerda al ponche que haces.

—No he cambiado de perfume— le miró confundida.

Ambos se miraron fijamente, InuYasha dirigió su mirada al vientre de Kagome, ella solo podía pensar que era muy pronto, solo tenían una semana de atraso. Se sorprendió cuando InuYasha la abrazó e inhaló profundo.

—Definitivamente es ponche.

Kagome se quedó inmóvil por unos segundos, procesando las palabras de InuYasha mientras el calor de su abrazo la envolvía. Su corazón comenzó a latir con fuerza, y finalmente apartó un poco su rostro para mirarlo a los ojos.

—¿Estás diciendo que…? —su voz era apenas un susurro, temerosa de nombrar la posibilidad en voz alta.

Las orejas de InuYasha se agitaban en señal que intentaba controlar su emoción ya que estaban en un lugar público, porque de estar en su casa, en ese instante ya la hubiese cargado y besado.

—Tú aroma cambió, como cuando estabas embarazada de Moroha— apenas dijo eso, Kagome llevó una mano a su vientre, en un gesto tan instintivo que ni siquiera se dio cuenta.

—¿Estás feliz?— preguntó Kagome, con su voz quebrándose un poco y las lágrimas acumulándose en sus ojos. La pregunta podría parecer tonta, pero ese bebé estaba siendo una sorpresa, una enorme.

—Tú eres la madre, Kag. Claro que estoy feliz.

Ella soltó una risa temblorosa y lo abrazó de nuevo, hundiendo su rostro en su pecho mientras sus lágrimas de emoción mojaban su chamarra.

—Entonces, mañana hacemos una prueba— dijo finalmente, levantando la mirada con una sonrisa tímida pero llena de esperanza.

—¿Por qué esperar hasta mañana? Vamos ahora mismo— replicó InuYasha con una chispa de entusiasmo.

Kagome soltó una carcajada ante el entusiasmo de InuYasha, mientras le daba un suave empujón en el pecho.

—¡InuYasha! No voy a salir corriendo por una prueba en este momento. Además, nos esperan para comer pizza y si tú olfato dice que lo estoy, confío en el.

InuYasha suspiró, claramente decepcionado, pero al ver la sonrisa en el rostro de Kagome, se rindió con un encogimiento de hombros.

—Está bien, vayamos a comer, pero mañana haremos esa prueba, quiero ver esas dos líneas aparecer— dijo InuYasha con firmeza, pero con una chispa de emoción brillando en sus ojos. No importaba lo bueno que fuese su olfato, quería la confirmación tangible de que su familia estaba creciendo.

Se tomaron de la mano mientras caminaban hacia la pizzería donde los esperaba el resto de la familia.

Al llegar, Sesshoumaru, aunque serio como siempre, se veía más relajado y platicaba con Touga, mientras Ryusei intentaba liberarse del agarre de su padre para escabullirse a la alberca de pelotas. Moroha les mostraba a sus abuelas el dibujo que hizo en el mantel infantil y Rin volvía del baño con Airi.

Kagome e InuYasha se sentaron al lado de Moroha, quien rápidamente les mostró el dibujo que había hecho.

—¡Este eres tú, papi! ¡Y esta soy yo!— señaló con orgullo—. Y aquí está mamá y… — hizo una pausa para señalar lo que Kagome sostenía en brazos—. ¡Y este es mi hermanito!

Kagome e InuYasha se miraron entre sí, sus expresiones estaban llenas de asombro y nerviosismo.

—Estás adelantándote un poco, pequeñita— InuYasha le revolvió el cabello a su hija con cariño.

—¡Pero Santa dijo que ustedes le ayudarían!— replicó Moroha con determinación.

—Bueno, InuYasha, parece que tendrás que trabajar duro esta Navidad— dijo Touga con diversión, haciendo que InuYasha y Kagome se sonrojaran.

Las pizzas llegaron y fue que Kagome notó que su suegro y Sesshoumaru la miraban con una ligera inclinación de cabeza, como si ya supiera algo más de lo que estaban dispuestos a compartir. Y por primera vez pensó en que probablemente ellos ya sabían que estaba embarazada, y era lógico, ellos tenían mejor olfato que InuYasha.

. . . . .

Más tarde, cuando regresaron a casa, InuYasha llevó a acostar a una dormida Moroha , mientras Kagome se dirigió a su dormitorio. Encendió la lámpara de noche y se quedó de pie frente al espejo, llevando las manos instintivamente a su vientre, perdida en sus pensamientos.

—¿Qué pasa?— preguntó InuYasha al entrar al cuarto, cerrando la puerta tras de sí.

Kagome levantó la mirada hacia él, con una mezcla de curiosidad y algo de preocupación en sus ojos.

—¿Crees que tu papá y Sesshoumaru ya lo sepan? —dijo finalmente, acariciando suavemente su abdomen.

InuYasha arqueó una ceja, algo sorprendido por la pregunta, pero luego dejó escapar una suave risa mientras se acercaba a ella y tomaba sus manos entre las suyas.

—Estoy seguro de que no— respondió con seguridad—. La primera vez, ni siquiera se dieron cuenta hasta que les dimos la noticia.

—Sentí que me observaban con más atención de lo normal y como tienen mejor olfato que tu...— dijo Kagome, haciendo que InuYasha se cruzara de brazos y arqueara una ceja.

—Primero: nadie tiene mejor olfato que yo cuando se trata de ti— se inclinó para mirarla a los ojos con una mezcla de orgullo y cariño—. Y segundo: estoy seguro de que no lo saben. La primera vez tampoco lo notaron, y eso que mi padre tiene la costumbre de entrometerse en todo. Kag…— la llevó a que se sentara en la cama—. Ellos no te conocen como yo y está vez tu aroma es mucho más claro para mí porque ya sé qué buscar.

Kagome lo miró, sorprendida por la intensidad en sus palabras. Sentía una calidez en su pecho que no podía describir, una mezcla de amor, seguridad y algo más profundo que conectaba ambos corazones.

—Está bien, confío en ti. Pero si tu papá o Sesshoumaru dicen algo antes de tiempo, será tu culpa— bromeó, con una sonrisa juguetona mientras se separaba ligeramente de él.

—Si dicen algo, será porque tú los provocaste con esas manos en tu vientre todo el tiempo— replicó InuYasha, señalándola con una sonrisa burlona.

InuYasha y Kagome se acostaron a dormir, acomodándose el uno junto al otro como siempre lo hacían, enredados en la calidez de su amor. Kagome apoyó su cabeza sobre el pecho de InuYasha, escuchando el ritmo constante de su corazón, un sonido que siempre lograba calmarla.

Mientras cerraba los ojos, una mezcla de pensamientos y emociones llenaban la mente de Kagome.

Si estás ahí, pequeño, prometo que te vamos a querer tanto como queremos a tu hermana.

InuYasha, por su parte, permanecía despierto, observando el rostro sereno de Kagome mientras ella comenzaba a quedarse dormida. Sus orejas se movían ligeramente, captando los sonidos suaves de la noche, pero su mente estaba fija en una sola cosa.

Dos líneas. Mañana veremos esas dos líneas.

—Buenas noches, Kagome— murmuró suavemente, besando su frente.

Ella sonrió en sueños, como si pudiera escuchar sus palabras, y se acomodó más cerca de él. InuYasha cerró los ojos, permitiendo que el sonido de su respiración tranquila lo arrullara.

Y así, con el peso de la posibilidad y la promesa de un futuro lleno de amor, ambos se dejaron llevar por el sueño, sabiendo que, al amanecer comenzarían un nuevo capítulo en su historia juntos.


25/12/2024

Una disculpa enorme, en verdad que capítulo me ha costado mucho.

Muchas gracias por todos sus comentarios, me da gusto que cada capitulo fuese de su agrado, nos estamos viendo en fin de año para el ultimo relato de esta colección.