Por supuesto que tenía que inmiscuirse. Era de vida o muerte. Su consciencia no le dejaría tranquilo hasta asegurarse de que Dauper estaba fuera de peligro.

Colocar protecciones fuera de la villa para proteger a todos sus habitantes debía ser complicado, pero no era un novato.

Se dio cuenta de que la magia normal no servía de mucho porque unos asaltantes -que se refugiaron como viajeros en la villa- casi matan a alguien cuando la policía militar encontró su paradero y vino a capturarlos. El confundus tampoco funcionó para que dejen libre a la rehén.

Pero sí una maldición punzante.