¡Hola mis amores! Hoy, lamentablemente, no podré responder los reviews porque no tuve mucho tiempo. Les pido mil disculpas y espero que disfruten el capítulo de hoy. Ya en el siguiente regresaré a responder con normalidad mis amores.
Ahora si, comencemos con este capítulo.
Capítulo 32.
Viernes de chicas
Perspectiva de Kagome
Dos semanas después
—Hijas, estoy bien.
—Sí, madre, pero aún tienes que reposar, ¿verdad, Kikis?
—Sí, mi hermana tiene razón, aún tienes que descansar.
—Lo hago, hijas, pero tengo que hacer las cosas de la casa.
Miré a Kikyo para ver quién se lo decía.
—¿Pasa algo, cariños?
—Bueno... sí. Este... Kikis, explícale, por favor.
—Ni loca, fue idea de tu novio y tu suegra. Encárgate tú.
—Gracias por el apoyo, hermana —susurré, achicando los ojos.
—De nada —me respondió, guiñándome un ojo.
—Hijas, me están asustando. ¿Qué pasa?
—Mamá... —me senté a su lado para explicarle—. Bueno, lo que pasa es que... como tú tienes que reposar, y la bruja de la jefa de Kikyo no dejó que ella tomara unos días libres, y a mí me llamaron para un caso de problemas fiscales... Inuyasha e Isayoi tuvieron un lindo detalle.
—¿Cuál, hija?
—Contrataron a una enfermera, una cocinera y una chica de limpieza hasta que te recuperes.
—¿Eso hicieron Inuyasha e Izayoi? Pero hija, es mucha molestia, no es necesario.
—Mamá, ellas ya están aquí en la casa, en el primer piso.
—Kagome, ¿por qué me lo dices a esta hora?
—Perdón, pero estamos preocupados por ti, madre. ¿Verdad, Kikis?
—Sí, mami, por favor, acéptalo. Mira, el abuelo está muy contento con las chicas.
—¿Y Sota? ¿Quién se encargará de mi bebé?
—Por eso no te preocupes, mamá. Rin se ofreció a traerlo todos los días.
La vi soltar un suspiro y luego sonrió.
—Está bien, hijas, ustedes ganan. Pero solo hasta que el doctor me dé de alta, ¿entendido?
—Sí, madre —y la abracé con mucho cariño.
—¡Shhh! —me quejé cuando sentí una palmada en mi trasero.
—Oye, yo también quiero abrazar a mi madre.
—¿Y por eso me golpeas el trasero?
—No fue para tanto.
—¿Cómo que no? Mamá, ¿ya la viste? ¡Ella...!
Pero me callé al ver a mi madre sonriendo con lágrimas en los ojos.
—Mami, ¿por qué lloras? —se acercó Kikyo también.
—No, cariño, no se preocupen. Lloro de felicidad. Es que le rogué tanto a todos los dioses por verlas así de nuevo.
Sonrió y miré a mi hermana, que estaba a mi lado. Ella también sonrió y le habló a nuestra madre.
—Así nos verás para siempre, mami. El destino nos puso una prueba muy difícil y la superamos. Ahora nada ni nadie nos podrá separar, ¿verdad, Kag?
—Sí, Kikyo. Nada ni nadie.
—Ahora mueve tu trasero, que quiero abrazar a mi madre —y me empujó de la cama.
—Oye, Kikyo, ¡ese era mi lugar!
—Tú lo dijiste: era —y me sacó la lengua.
Yo hice lo mismo, y las tres reímos como en los viejos tiempos.
Perspectiva de Inuyasha
—Miroku, mañana regresa Sesshomaru, así que la junta de mañana se la dejamos a él.
—¿No se enojará por dejarle trabajo después de un viaje?
—No, a él le gusta trabajar mucho. Solo lo consiento dándole más trabajo.
Tanto Miroku como yo soltamos una carcajada.
—Sesshomaru te va a maldecir, lo sabes, ¿verdad?
Me encogí de hombros.
—Como si fuera la primera vez que lo hace —dije con una sonrisa maliciosa.
—Inuyasha, mañana no vendré a trabajar.
—¿Por qué?
—Porque tu hermano se va a desquitar conmigo, y porque mañana no puedo faltar a una cena con mi suegro, mi cuñadito y mi Sanguito.
Levanté una ceja para verlo.
—Así que a Miroku Mushin ya lo están atando al cuello —solté con burla.
—No te rías. Sabes que, si por mí fuera, me caso hoy mismo con mi Sanguito.
—No tienes ni que decirlo, se te nota cómo se te cae la baba por Sango.
—La misma que se te cae a ti por Kagome, ¿verdad?
—Soy más discreto que tú —le solté.
—¡Oh, sí, claro! Eres tan discreto que casi tienes un romance con Kagome en la clínica.
—¿Tú cómo... —pero me callé, porque era obvio quién había hablado de más—. Tu novia es una chismosa.
—Y tú un pervertido. La clínica tiene cámaras por todos lados, Inuyasha. ¿Cómo no pensaste en eso?
—Se me olvidó —me defendí—. ¿Hay algún lugar que no tenga cámaras?
—Los consultorios de los doctores son los únicos que se salvan.
Lo miré fijamente, y él esquivó mi mirada.
—Maldito Miroku, te conozco muy bien. ¡Fuiste a bautizar su consultorio!
—Eso es algo que no te incumbe.
—Tienes razón... ¡Guácala!
—Oye, mejor, en lugar de andar metiendo las narices donde no te llaman, ¿por qué no organizas una cena con tu familia y la de Kagome para mañana?
—Tienes razón. Podemos hacerla en el templo; sería más cómodo para la señora Naomi.
—¿Aún no la llamas suegra?
—Cállate, aún no se lo pido.
—Hazlo mañana.
—Hablaré con mis padres y con Kag para ver si podemos ir mañana.
—Está bien.
Vi cómo se abría la puerta, y Sesshomaru entró.
—Oye, ¿tú no regresabas mañana?
—¿Para qué? ¿Para que me dejen solo con la reunión? Pedazo de mierda.
—¿Cómo lo supiste? —preguntó Miroku.
—Yo sé todo lo que pasa en la empresa, por si no lo saben. Ya arreglé el horario de mañana: la reunión es a las 8 de la mañana. Ahí los quiero ver a los dos. Mi padre también va a ir. — con eso dicho, se fue.
Miré a Miroku, y él me habló.
—Eso quiere decir que sí tenemos la tarde libre, sobre todo la noche. No fue tan malo, Inuyasha.
—Sí, eso creo.
Perspectiva de Sesshomaru
Entré a mi oficina, me quité el saco y lo dejé en el respaldo de la silla. Luego me senté y me recosté, quedándome pensativo.
Dos semanas. Dos malditas semanas que no veía su rostro, y eso me enfermaba. ¿Cómo demonios esa muchachita se me había calado tan hondo? Jamás en mi vida estuve tan ansioso de volver a Tokio. Fue una tortura estar lejos de aquí, porque eso significaba no verla y conformarme solo con unas cuantas llamadas telefónicas.
Maldije mi suerte. ¿Por qué era tan malditamente débil cuando se trataba de la maestrita?
Cuando llegué hace dos horas a Tokio, tuve que contenerme para no ir a verla en ese mismo momento. Tampoco iba a parecer un hombre desesperado como mi hermano o Miroku. No, ni loco. Pero mañana la iba a ver. Teníamos una cita pendiente, y la iba a hacer valer, sí o sí.
Perspectiva de Rin
—Bien, mis niños, vayan con cuidado, ¿sí?
—¡Sí, maestra!
Mis pequeños salieron uno por uno y, como de costumbre, Sota y Shippo se quedaron conmigo.
—Shippo, ¿Quién viene por ti hoy?
—Mi mamá
—Bien, entonces vamos para que la esperemos afuera.
Tomé a cada uno de la mano, y salimos cantando una canción:
"El mundo he de cambiar,
para ir a un futuro ideal,
en donde no reine el mal,
lo haré con decisión.
Un mundo lleno de esplendor
es mi ilusión.
Con temor iba mi corazón,
sin poder un futuro esperar.
Sin pensar, ningún aliento
me podía animar.
Pero un día te conocí
y encontré motivo para vivir.
Con tu ternura e ingenuidad
conocí la verdad.
Brotando en mí un anhelo:
el mundo he de cambiar.
Quiero ver que podrá llegar
un nuevo amanecer.
Pues a tu lado sé que
mi futuro no es oscuro.
Cambiaré, pues hoy sé
que lo lograré.
Junto a mí vas a estar,
abre tus alas, ven,
a un mundo donde reine el bien.
¡Hay que lograr!"
Cuando terminamos de cantar, los tres aplaudimos.
—¡Bien, mis niños, ya se la saben!
—¡Sí! ¡Enséñanos otra, por favor! —me pidió Shippo, y Sota se unió a su petición.
Me quedé pensando un momento y luego sonreí.
—Muy bien. Mañana vamos a cantar mi canción favorita.
—¿Cuál es? —chillaron los dos emocionados, y yo solté una risita.
—Se llama Futari No Mori. Es mi canción favorita, así que esa vamos a cantar, ¿sí?
—¡Sí! —gritaron los dos mientras llegábamos a la entrada del colegio.
—Mira, Shippo, ahí está tu mamá —le dije, soltándole la mano. Él corrió hacia ella.
—¡Hola, cariño!
—¡Hola, mamá!
Llegamos hasta donde ella estaba, y la saludamos.
—Hola, señora Izayoi —la saludé haciendo una reverencia, y Sota imitó mi gesto también.
—Hola, cariño, pero ¿Qué es eso de señora? Llámame Izayoi, linda. Y tú, pequeñito, me puedes decir tía. Después de todo, ya somos familia.
—¿De verdad?
—¡Claro, cariño!
—Gracias, tía.
—Qué lindo, Shippo. Tienes que invitar a Sota a la casa, ¿sí?
—¡Sí, mamá!
—Hola, maestra Rin.
Miré hacia mi lado y vi que del auto bajaba el señor Inu no Taisho.
—Hola, señor.
—¿Puedo hablarle de tú?
—Sí, claro.
—Gracias, Rin. Pero tú también tutéame. Sé que eres una de las mejores amigas de mi nuera, así que dime Toga, sin más
—Sí... como usted diga, señor Toga. Digo, Toga.
—Así está mejor.
—Bueno, yo tengo que llevar a Sota con su mamá. Fue un placer verlos. Con permiso.
Hice una reverencia y caminé hacia mi auto, pero el señor Toga volvió a hablarme.
—Por cierto, Sesshomaru llegó hoy de su viaje.
—¿Qué? —dije dándome la vuelta, y él sonrió.
De inmediato, me sonrojé como un tomate.
—Ya me tengo que ir.
Subí a Sota al auto como pude y, después, me subí yo. Arranqué rápido, queriendo escapar de ese lugar.
—Rin, ¿te pasa algo? Estás muy roja.
Miré a Sota y negué con la cabeza.
—No, cariño, estoy bien.
No dije más y seguí conduciendo, pero me quedé pensando.
¿Por qué no me dijo que llegaba hoy? Si prácticamente hablábamos todos los días por teléfono... ¿por qué no vino a verme? ¿Y si se olvidó de nuestra cita?
Pensé esto con tristeza mientras seguía mi camino.
Perspectiva de Izayoi
—Cariño, ¿por qué le dijiste eso a Rin?
—Por nada, amor, por nada. Pero creo que vamos a ver a la maestra Rin más tiempo de lo que pensamos.
—¿A qué te refieres, amor?
—Cosas que vi en la clínica este tiempo.
—Cariño, me estás escondiendo algo, ¿verdad?
—En la casa te cuento. Vamos, tengo hambre, y apuesto que el pequeño Shippo también, ¿verdad?
—¡Siiii!
—Ok, vamos —dije mientras lo subía al auto. Pero apenas llegáramos, mi querido marido tendría que contarme el chisme.
Perspectiva de Kikyo
—Ya, chicas, ya es tarde. ¡Vámonos!
—¡Sí!
Recogimos las cosas y nos fuimos.
—Kikyo, ¿sabes dónde está la jefa?
—Está hablando con una empresa por las modelos que quiere de Francia.
—Con razón no ha venido a molestar.
—Ni lo hará, porque ya nos vamos. Así que, ¡deprisa!
Nos fuimos al elevador y bajamos al primer piso. Caminamos hacia la salida, nos despedimos de los guardias y nos dirigimos a nuestros autos.
—¡Kikis!
—Dime, Asuka.
—¿Y si hoy hacemos día de chicas? Es viernes, ¡vamos, digan que sí!
Me quedé pensando. Era verdad, los viernes eran sagrados para el grupo. ¿Para qué esperar más? Miré a las chicas y, con una sonrisa, dije:
—Ok, chicas. Hay que llamar a Kag, Rin y Sango. ¿En qué departamento nos vamos a reunir?
—Mmm... el de Kag.
—Va, vamos al de Kag. Antes pasemos por algunas botellas para la noche. Iremos todas en mi auto, ¿sí?
—¡Siiii! —gritaron las dos.
Subimos a mi auto y fuimos al supermercado. Tomé mi teléfono y marqué a Kag.
Perspectiva de Kagome
—¡Ya, Inuyasha, saca la mano de ahí! —lo regañé, riendo.
—No quiero. ¿O prefieres mi boca aquí, cariño? —me susurró al oído para luego morderlo.
—Mmm, Inu, ¡ya! Tramposo, me dijiste que solo venías para que viéramos una película en Netflix. ¡Mentiroso!
—Cambié de opinión, abogada Higurashi.
—Ya, saca la mano. ¡Shhh! —Justo en ese momento, mi teléfono sonó. Lo tomé para ver el nombre.
—Inuyasha, me llama Kikis. ¡Ya quita tu mano! —Lo empujé, y él se cayó del sillón. Solté una carcajada y contesté.
—Hola.
—Hola, Kag.
—Hola, Kikis. Dime.
—Kag, las chicas y yo vamos a tu departamento.
—¿Pasó algo?
—No, solo que es viernes, y el cuerpo lo sabe.
—¡Verdaaaaad! ¡Es viernes!
—Oye, Kag, eso me dolió.
—Shhhh.
—¿Estás con Inuyasha?
—Sí.
—Ok, voy a llamar a Naraku y le diré a Sango que lleve a Miroku. Estos caballeros tienen que saber que los viernes son sagrados. ¡Nos vemos allá, amiga!
—Ok, los vemos. —Colgué.
—¿Qué quería?
—Ella y las chicas vienen acá.
—¿Por qué no les dijiste que estabas muy ocupada?
Solté una risita y lo miré.
—Amor, hay algo que ustedes tienen que saber.
—¿Ustedes?
—Sí. Tú, Naraku, Miroku... los viernes son sagrados.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabrás por qué.
—Lo que quiero saber mejor es por qué no te has ido a vivir conmigo todavía.
—Amor, el caso de esos malditos me ha ocupado todo este tiempo.
—Sí, es verdad —me dijo mientras me abrazaba—. Jamás pensé que fueras tan buena como abogada. Yo creí que esos malditos iban a pasar 10 años en prisión, pero tú buscaste más pruebas para hundirlos, haciendo que les dieran cadena perpetua a esos bastardos. ¿Cómo lo lograste, Kag?
—Mmm... —Me encogí de hombros—. Tengo mis contactos, Inu. No podía dejarlos libres ni loca.
—Eres la mejor, Kag. De ahora en adelante, cada vez que tengas un caso, yo estaré ahí para admirar a mi mujer.
Sonreí por sus palabras. Lo besé, y él me abrazó más hacia él.
Perspectiva de Kikyo
—Sí, Kikis, ahí estaré. Voy en camino.
—¡Súper! Nos vemos allá, Rin —respondí mientras colgaba—. Bien, ahora falta Sango.
La llamamos. Se demoró en contestar, pero finalmente respondió:
—¿H-hola?
—Hola, Sango. ¿Qué haces?
—Yo aquí, en mi consultorio... ¿por quéeeee?
—¿Te pasa algo? —pregunté extrañada.
—No, mmm... nooo.
Miré a las chicas y fue Asuka quien habló:
—Sango, ¿estás con Miroku?
—¿Yo? ¡Ah! —dijo, nerviosa—. Sí, ¿por qué?
—Sango, ¿estás follando en tu consultorio? —gritó Asuka a mi lado.
—¡Noooo! —gritó Sango—. Un segundo.
—Ok —dije, ya sin aguantar la risa.
Pasaron unos segundos, y en efecto, se escucharon unos gemidos antes de que Sango volviera a hablar.
—Chicas, ¿Qué pasa?
—¿Ya terminaste de follar? —preguntó Koshó.
—No estaba haciendo eso.
—Sí, ajá. Oye, Sango, si ya no tienes turno en la clínica, ve al departamento de Kag.
—¿Pasó algo?
—No, pero es viernes.
—¡Verdad, es viernes!
—Así que lleva a Miroku contigo. Él y los otros dos tienen que saber que los viernes son sagrados.
—Ok, vamos para allá.
—Vale, adiós, y sigue follando tranquila —dije mientras colgaba y soltaba una carcajada junto con las demás.
—Kikis, ¡falta Naraku!
—Así es —dije entre risas, mientras le llamaba.
—Hola, bonita.
—Hola, Naraku. Oye, ¿estás ocupado?
—Para ti, nunca lo estoy, hermosa.
—¡Haaaaaaa! —dijeron las chicas a mi lado.
—¿Estás con las chicas, Kikyo?
—Sí, perdón. Es que necesito que vayas a donde Kag.
—¿Pasó algo?
—No, solo necesito que vayas, ¿sí? Por favor.
—Ok, voy para allá. Nos vemos.
—Nos vemos —respondí antes de colgar.
—¡Qué tierno es Naraku, verdad, Kikis?
—Así es, Asuka —respondí con una sonrisa.
Perspectiva de Rin
Subí a mi auto y me dirigí a donde Kag, pero justo en el camino mi teléfono sonó. Al verlo, el nombre de Sesshomaru apareció en la pantalla. Mi corazón saltó de emoción y contesté en alta voz:
—¡Hola!
—Hola, Rin. ¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien. Llegué hoy a Tokio, pero tuve que ir directo a la empresa. Recién me desocupé.
—Ah, entiendo. ¿Todo bien, sí?
—Sí, todo bien. ¿Y tú, Rin?
—También.
—¿A qué hora paso por ti mañana?
—¿Mañana?
—Sí, mañana. Supongo que no olvidaste nuestra cita, ¿verdad?
Mi corazón empezó a latir con una rapidez que pensé que saldría de mi pecho.
—Rin, ¿lo olvidaste?
—¡No! —grité—. Digo, perdón, este... no, claro que no. Solo pensé que tú sí lo habías olvidado.
—¿Por qué pensaste eso?
—Bueno, nunca hablamos de la cita estas dos semanas que nos llamamos por teléfono.
—Disculpa, pero yo jamás lo olvidé.
—Yo tampoco —me apresuré a contestar.
—Entonces, ¿a qué hora paso por ti mañana?
—A las 8 de la noche.
—Perfecto.
—Súper. Bueno, ya tengo que irme. Las chicas me esperan.
—Claro. Adiós, cuídate, Rin.
—Igual tú, Sesshomaru —respondí antes de colgar. —¡Haaaaaaa! —grité de emoción—. ¡Sí lo recordó, sí lo recordó! ¡Sesshomaru recordó la cita! —chillé mientras acariciaba mi collar. —Sesshomaru... —susurré con una sonrisa.
Perspectiva de Kikyo
Llegamos al departamento y bajamos cantando:
—¡Hoy vamos a tomar, sí!
—¿Y qué vamos a tomar? ¡Alcohol!
—¿Quiénes estarán ahí?
—Las mujeres.
—Y los hombres.
—¡Adiós con ellos!
Íbamos cantando hasta que nos metimos al ascensor y entonamos dos canciones más:
"Pero no me acuerdo, no me acuerdo, y si no me acuerdo, no pasó, eso no pasó…"
"A mí me gustan mayores, esos que le llaman señores, los que te tocan la puerta y te mandan flores. A mí me gusta más grande, que no te quepa en la boca, los besos que pueda darte y te vuelva loca, loca…"
Cuando las puertas se abrieron, caminamos hacia la puerta del departamento y tocamos el timbre. Kagome nos abrió.
—Hola, chicas. Vaya, traen muchas cosas —dijo mientras entrábamos.
—Algo así.
—Naraku ya llegó
—Ah, ok.
Dije mientras intentaba cerrar la puerta, pero alguien lo impidió.
—¡Oigan, no los dejen afuera!
Miroku y Sango venían detrás de nosotras.
—Sí, pero con sus canciones ni los escucharon —respondió Sango.
—Perdón —dije sonriendo mientras entrábamos todos.
Llegamos a la sala, donde ya estaban Naraku e Inuyasha.
—Hola —dijimos todos.
—Hola —respondieron ellos.
—Bien, chicas, ¿para qué nos reunieron? —preguntó Inuyasha.
Dejamos las bolsas en la mesita del living, y fui yo quien tomó la palabra.
—Ok, seré breve. Por lo que sé, tanto Inuyasha como Miroku los domingos los pasan con la familia Taisho, ¿verdad?
—Sí —dijeron ellos.
—Bien, porque nosotros y Naraku también hacemos lo mismo, ¿verdad?
—Sí —respondió él.
—Pues resulta que nosotras tenemos un día sagrado, y ese no se cambia por nada ni por nadie: los viernes de chicas.
—¿Los viernes de chicas?
—Sí, Miroku. Hoy es viernes, y los chicos quedan fuera.
—Oye, pero yo llegué primero —me habló Inuyasha.
—Pues lo siento, pero es lo que hay —le respondí.
—Kag, yo llegué primero.
—Perdón, Inu, pero Kikyo tiene razón: los viernes son sagrados.
—¿Y la película?
—La vemos otro día.
—Yo creo que no era precisamente una película lo que los tortolitos querían ver —comentó Miroku, haciendo que todos riéramos.
—Tú no te pintes de santo, ¿verdad, Sango? —le sonreí a mi amiga.
—No sé de lo que hablas —respondió, esquivando la mirada.
—Ok, mucha charla. Hoy es viernes de chicas y punto —dije, terminando la conversación.
—¿Y qué haremos nosotros? —preguntó Naraku.
—No sé —dije sinceramente.
Pero Koshó habló detrás de mí:
—¿Y si hacen viernes de chicos?
Todos nos quedamos mirándola antes de asentir.
—¡Sí, viernes de chicos! —dijo Kagome a mi lado.
—Bien, en mi departamento tengo una mesa de pool y un mini bar, ¿Qué dicen? —propuso Miroku.
—Acepto.— dijo Inuyasha.— Vienes con nosotros, ¿verdad? —le preguntó Inuyasha a Naraku
—Mmm… bueno.
—¡Súper! —dije aplaudiendo—. Bien, que les vaya bonito, caballeros —les dije para despedirme de Naraku.
—Nos vemos mañana, ¿sí?
—Ok, linda —respondió, y nos despedimos con un beso.
Perspectiva de Kagome
Me despedí con un beso de Inu, mientras Kikyo y Sango hicieron lo mismo.
—¡Oigan, no cuenten plata frente a los pobres! —nos gritó Asuka.
Yo reí y me separé de Inu para caminar hacia la puerta.
—Kag, yo quería estar contigo hoy.
—Pero podemos vernos mañana, amor.
—Oye, Kag, quería preguntarte si mañana mis padres y yo podemos ir a cenar con tu familia. Claro, contigo también. ¿Qué dices?
—¡Me parece genial! —respondí feliz, para volverlo a besar—. Los estaremos esperando, Inu.
—Ok, pequeña.
Nos separamos, nos despedimos de los chicos y, al abrir la puerta, me encontré con Rin.
—¡Hola, Rin!
—Hola, chicas. Hola, chicos.
—Hola, Rin —respondieron los chicos mientras se iban.
—Adiós —les dijimos.
—Adiós.
Dejé pasar a Rin y cerré la puerta.
—Kag, ¿Qué hacían ellos aquí?
—Pues ya sabes, les dejamos claro que los viernes son sagrados.
—Ah, ya entendí —me respondió con una sonrisa, para luego unirse a las demás.
Nos sentamos en el suelo, y Sango ya tenía los tragos listos, por lo que nos entregó uno a cada una.
—¡Bien, un brindis por esta noche!
—¡Por esta noche! —gritamos todas, levantando las copas.
Los minutos pasaban, y ya llevábamos dos botellas vacías. Estábamos abriendo la tercera cuando Rin ya no quiso más
—Rin, toma más.
—Chicas, saben que yo no bebo. Con mi juguito estoy bien.
—Si no te conociera, Rin, pensaría que eres virgen —soltó Koshó, riendo.
—¡¿Qué dices?! —chilló Rin, con las mejillas rojas.
—Ok, ok, cambiando de tema —intervino Sango—. Dime, Kikyo, ¿ya le dijiste a Naraku que lo amas?
Miré a mi hermana.
—¿De verdad estás enamorada de Naraku? —pregunté.
—Sí, Kag, ya hace un tiempo, pero con todo lo que pasó en la clínica no he tenido tiempo de decírselo. Quiero que sea especial.
—¿Y por qué no haces una cena mañana? —le sugerí.
—¿Tú crees?
—¡Claro! ¿Verdad, chicas? ¿Para qué esperar más?
—Kag tiene razón. Hay que hacer una cena bien romántica mañana —dijo Asuka, muy feliz
Miré a mi mejor amiga y me lancé encima de ella.
—¡Ahora no solo somos mejores amigas y hermanas, también primas! —exclamé.
—Estamos reafirmando nuestra amistad, Kag —me habló Kikyo desde debajo de mí. De pronto, todas se tiraron encima.
—¡Shhhhh! ¡Me van a ahogar, perras! ¡Sáquense! —gritó Kikyo, haciendo que todas nos levantáramos riendo.
—Bien, bien —habló Sango—. Ok, el tema de Kikyo ya está resuelto. Ahora falta el otro.
—¿Cuál? —preguntamos todas.
Sango gateó hacia Rin, quien de inmediato se puso nerviosa.
—¿Qué pasa, Sango? —habló Rin.
Sango la miró con ojos acusadores antes de responderle:
—Rin, ¿Qué te traes con Sesshomaru?
—¡¿Sesshomaru?! —gritamos todas.
—Nada —respondió Rin, esquivando la mirada.
—Rin, no sabes mentir —la acusé—. Ya suéltalo.
—¿Por qué Sango dice eso?
—No sé.
—Rin, no te hagas. Yo te vi, y no solo yo, Miroku también. Así que, ya, habla.
Perspectiva de Rin
Me puse muy nerviosa ante las miradas que todas me lanzaban. ¿Acaso fui muy obvia cuando me quedaba viéndolo como tonta cada vez que estaba cerca de él? pensé.
—Ya, Rin, suéltalo.
Las miré a todas y, soltando un fuerte suspiro, decidí hablar.
—Está bien, chicas, ustedes ganan. Les contaré todo, desde el día uno, cuando lo conocí, hasta la llamada que tuve con él antes de venir aquí.
—Te escuchamos —dijeron todas.
—Bien, pues lo que pasó fue...
Perspectiva de Inuyasha
—Inuyasha, al final Sesshomaru va a venir también.
—Sí, me dijo que sí cuando le mandé el mensaje —respondí, mientras seguía jugando pool con ellos. Entonces, sonó el timbre.
—Inuyasha, ¿puedes ir, por favor?
—Es tu departamento, Miroku.
—Solo ve, flojo.
—Sí, ya voy —contesté. Caminé hacia la puerta, la abrí y me encontré con mi hermano.
—Pensé que no ibas a venir.
—Pues ya ves que sí.
—Pasa —dije, cerrando la puerta detrás de él. Caminé hacia el minibar para ofrecerle un trago—. ¿Quieres cerveza o coñac?
—Coñac.
—Ok, ten.
—Gracias.
—Estamos en una partida de pool. Vamos —le dije, y nos reunimos con los demás.
—Hola, Sesshomaru.
—Hola, Naraku. ¿Cómo se encuentra la señora Naomi?
—Mucho mejor, gracias.
—Me alegra.
—¿A mí no me saludas?
—Miroku, te veo todos los días.
—Bueno, nomás decía.
Nos reímos y seguimos jugando pool y Como siempre, Sesshomaru nos ganó una vez más.
—Naraku, ni tú le pudiste ganar —me burlé.
—Cállate, Inuyasha, porque ustedes tampoco le ganaron. Pero, si sé de alguien que podría darle una paliza en el pool Sesshomaru.
—No me hagas reír. A ver, ¿Quién es esa persona?
Vimos a Naraku sonreír antes de responder:
—Sango. Ella te podría dar una paliza en el pool
—¿Una mujer? Sí, claro. Qué buen chiste.
—¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué no juegas con ella otro día? A ver si dices lo mismo.
—No compito con mujeres. No es mi estilo dejarlas tristes o llorando.
—Creo que lo que tienes es miedo de que una chica te gane —respondió Naraku con orgullo. Miroku y yo lo miramos disfrutando del espectáculo mientras bebíamos nuestras cervezas.
—¿Qué pasa? ¿Es miedo, Sesshomaru?
—Huuuuuuuu —dijimos Miroku y yo, mirando a mi hermano por su respuesta.
—Bien, acepto, pero no me culpen si se queda llorando después.
—Huuuuuuuuu —volvimos a decir, mientras mirábamos a Naraku por la réplica.
—Eso no va a pasar. Al contrario, mi mejor amiga será la que te deje llorando a ti.
—Huuuuuuuuu —dijimos, mirando a Sesshomaru, quien solo chasqueó la lengua para añadir
—Sí, claro, como digas. Ya veremos. Por ahora, me conformaré con humillarlos a ustedes. Así que, ¡a jugar, trío de gallinas!
Dejé mi cerveza a un lado y regresé a jugar con Miroku y Naraku. Como ya sabía, Sesshomaru nos destrozó a los tres en el juego.
Perspectiva de Rin
—Eso fue lo que pasó.
—¡Dios mío! ¿Y era muy grande su...?
—¡Asuka! —grité, roja de vergüenza—. No les conté para que se imaginen a Sesshomaru desnudo en la ducha —le recriminé.
—Pero si tú tienes la culpa, Rin. Sabes lo pervertida que es Asuka, y ahora tú, la más inocente de todas, viste algo... bueno —me dijo Sango, guiñándome un ojo.
Iba a decir algo, pero las risas de Kagome, Kikyo y Koshó me interrumpieron.
—¡Oigan, no se rían de mí! Les conté todo, pero creo que a ustedes no les importa la vergüenza que pasé cuando lo vi desnudo.
—Perdón, Rin, es que te comprendemos. Pero, por Kami, ¿Cómo te equivocaste tanto, mujer? —me dijo Kagome, aún riendo.
—En mi defensa, estaba que me hacía pipí y me quedé viendo el hermoso adorno de su departamento —chillé, cruzándome de brazos.
—Ok, ok, no te enojes. Pero dinos, ¿Qué harás mañana? ¿Irás a la cita, verdad?
—Claro que sí.
—Rin... —vi a Kagome gatear hacia mí en el piso para verme—. ¿Tú estás enamorada de Sesshomaru?
Me sonrojé, pero ellas eran mis amigas, así que tenía que decirles la verdad.
—Sí, Kagome, yo me enamoré de él. Es tan lindo, atento y tierno.
—¿Tierno y atento? —exclamaron todas.
—¿Sí? ¿Por qué ponen esa cara, chicas?
—Vaya, sí que te pegó fuerte el amor, Rin. Sesshomaru... su mirada es más fría que la Antártica y más serio que un militar en la guerra.
—Sango, eso es porque ustedes no lo conocen como yo —lo defendí, con mis mejillas sonrojadas.
—Huuuuuu —y todas me tiraron un cojín.
—¡Ay, ya! Perdón, no hablaremos más de tu Sesshomarito —me dijo Sango.
Yo les tiré los cojines de vuelta.
—Ya, chicas. Mejor no me pongan más nerviosa de lo que estoy.
—Sí, Rin tiene razón. Además, Sesshomaru hizo un lindo detalle el día de su cumpleaños. Hasta un regalo le dio. Creo que él también siente algo por ti, amiga —dijo Kagome.
—¿Lo dices de verdad, Kagome?
—Claro. Si no, ¿por qué te invitó a cenar? Él no es el tipo de hombre que jugaría con una mujer... eso creo.
—No, Kagome, él no es así. Se los aseguro.
—Bien, entonces esto hay que celebrarlo —dijo Kikyo, mientras Asuka pasaba las copas.
—Chicas, yo no bebo, lo saben.
—Solo una copa, Rin —me respondió Kikyo, entregándome la copa.
—Bueno... —dije, tomándola. Brindamos todas.
Mientras tanto, Koshó hablaba a mi lado.
—Entonces, mañana hay tres cenas.
—Cuatro —respondió Kagome.
—¿Cómo que cuatro ?
—Sí. Inuyasha, antes de irse me dijo si mañana podía ir a cenar al templo con sus padres.
—Vaya, Inu va muy deprisa —dijo Sango, emocionada.
—No sé, creo... —respondió Kagome.
—Oye, Kag, ¿y si Inuyasha te quiere pedir matrimonio? —dijo Kikyo, con una sonrisa.
—¿Eh? No, es muy rápido. Además, aún no me voy a vivir con él.
—¿Te vas a ir a vivir con él? —le dije emocionada.
—Sí, este fin de semana se lo digo.
—Kag, ¿y los viernes? —preguntó Kikyo.
—No te preocupes, hermana. Lo haremos en alguno de sus departamentos.
—Bueno —le dijo Kikyo con una sonrisa.
Kagome también le sonrió.
Miré a mis amigas felices de la vida. Al fin, todo volvió a ser igual, pensé, dando gracias a todos los dioses por escuchar mis ruegos. Volvimos a brindar, esta vez, por la amistad.
—¡Por la amistad! —gritamos todas.
Continuará...
Si llegaron hasta aquí, gracias. El crédito de la ortografía es para la bella autora cbt1996. ¡Gracias, linda!
El próximo capítulo... mmm, no, mejor que sea sorpresa. Jijiji. ¡Besos!
