Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.
2. ... Molesto Cuando No Encienden sus Direccionales, y Vas a Cruzar la Calle.
Lune caminaba por las calles con parsimonia, aunque llegaba algo tarde a su destino, sabía que no le reclamarían por su tardanza, así que trataba de no verse apresurado, no sólo porque no había presión, sino porque no quería arruinar su vestimenta formal y cabello perfectamente peinado corriendo por toda la ciudad. Caminaba siguiendo el ritmo de las demás personas, se detenía en los semáforos cuando era necesario y evitaba pararse en la orilla de las banquetas.
Como siempre que salía, llevaba puestos sus audífonos, por lo que el ruido del exterior no le molestaba en lo más mínimo. Mantenía sus manos dentro de los bolsillos de su saco y trataba de mantener en general una actitud relajada, sabiendo que cuando llegara a su destino, con Minos, sus niveles de estrés aumentarían significativamente.
Al llegar a un cruce de calles, se detuvo mientras los autos pasaban, esperando. Atento, miró que el semáforo a su derecha poco a poco cambiaba de color, indicando que los autos a su lado ya podían pasar, él incluido. Cuando los autos comenzaron a pasar, Lune volteó a verlos, asegurándose de que ninguno fuera a dar la vuelta. Al ver que nadie ponía sus direccionales, Lune continuó con su camino, feliz y tranquilo, contando con que tenía varios segundos para pasar la calle.
Cuando llegó a la mitad de la calle el claxon de un auto lo hizo saltar y detenerse de golpe; frente a él, un auto blanco acababa de dar vuelta y la situación casi terminaba en tragedia. Lune miró al auto con una expresión asustada que rápidamente mutó a una de molestia.
Ese auto no había puesto su direccional, por lo que estuvo a punto de ocurrir un trágico accidente donde él saldría terriblemente herido. Sólo porque un tipo no había movido su mano un par de centímetros para encender las direccionales.
Para más molestia de Lune, el tipo todavía osó volver a tocar el claxon, como si estuviera diciéndole que se apresura a pasar. Irritado, Lune continuó con su camino mientras levantaba la mano izquierda, haciendo una señal obscena con el dedo.
Diez minutos después, al llegar al hogar de Minos, este lo miró con una ceja levantada, evaluando su nivel de enojo.
—¿Otra vez casi te atropellan porque un idiota no encendió las direccionales y tú no fuiste demasiado observador?
—¡¿Cómo carajo iba a saber que el imbécil iba a dar la vuelta?! ¡Para eso sirven esas luces!
Dijo mientras ingresaba al lugar, aún despotricando sobre autos y conductores, como cada vez que salía a caminar.
