Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.
3. ... Molesto Cuando Se Acaba la Batería del Teléfono.
Vermeer era un hombre sumamente precavido, siempre trataba de adelantarse a cualquier eventualidad que pudiera ocurrir, siempre preparado, siempre atento.
Ese día se despertó tarde, al parecer su despertador no había sonado pero pronto eso se convirtió en el menor de sus problemas, puesto que ese día debía tomar un importante vuelo hacia Japón. Molesto, y algo preocupado, tomó su teléfono que se encontraba en su escritorio, se dio una ducha rápida, se vistió, tomó sus cosas y caminó, con mucha velocidad, hacia la puerta.
Antes de cerrar la puerta de su casa por completo, Vermeer hizo un repaso rápido para asegurarse de que todo estuviera en orden. La estufa estaba cerrada, todo lo había limpiado y dejado en orden el día anterior, su maleta había sido revisada tres veces antes de ese día, su teléfono estaba en su chaqueta y tenia sus llaves en su mano.
Sí, todo estaba perfectamente en orden.
Posterior a salir de su casa, comenzó a caminar por las estrechas calles, esperando llegar pronto a la avenida principal, donde el taxi que había solicitado minutos atrás lo esperaría.
Justo cuando llegó a la avenida, su taxi hizo acto de presencia, lo que fue excelente para él, que no quería retrasarse ni un minuto.
Apenas se acercó al taxi, subió su maleta y se sentó en el asiento trasero; mientras el auto daba marcha, Vermeer se acomodó en su asiento y sacó su teléfono del bolsillo, planeando mandar algunos mensajes que tenia pendientes, y revisar sus notificaciones.
Cuando salió de su departamento, apenas y se había detenido a mirar algo de su teléfono fuera de la aplicación de taxis, demasiado apresurado como para ver algo más; ahora, mientras esperaba, se tomó el tiempo para revisarlo todo. Fue en ese momento, en ese preciso momento, en el que una notificación saltó a su vista, una que indicaba que sólo le quedaba cinco por ciento de batería.
Alarmado, Vermeer se llevó la mano al rostro y ahogó un grito, su cargador, así como la pila de emergencia que siempre cargaba, se encontraban en su maleta, que estaba en la parte trasera del auto.
Frustrado, no le quedó de otra más que ver como lentamente su teléfono iba perdiendo su vida, hasta que fue el fin, y su teléfono murió.
Por suerte, había elegido la opción de pago en efectivo, y sabía cuanto debía pagar, además, estaban cerca del aeropuerto.
