Así es, no ha muerto, les recuerdo que esto también comenzará a publicarse a parte, pueden leerlo independientemente de la historia principal que es Simbionte en París, debido a que ocurre meses antes del inicio de esta. Espero les guste la historia y la pareja de la que se habla aquí. Sin nada más que decir, un saludo y espero los comentarios.


Caline Bustier iba a pedirse unas vacaciones al finalizar aquel viaje, debía tomar un descanso de todos los adolescentes hormonados que se revolvían en el bus, acaparando asientos para sus compañeros y organizándose como les daba la gana.

Suspiró al bajar la mirada y ver su plano de organización para el viaje, fue lo último que logró hacer luego de una jornada intensa de ocho horas de trabajo el día anterior. Concilió el sueño a las cuatro de la mañana y tuvo que despertarse a las seis para llegar antes y arreglarlo todo.

—Chicos, en orden —pidió la mujer pelirroja, haciendo un gesto agrio al detectar un olor pestilente inundando el transporte—. ¡Adrien!

Entre todo el ajetreo, el rubio se puso rojo de vergüenza al recibir la mirada de su maestra y sacó del bolsillo interior de su camisa una bolsa con varios trozos de queso.

—Cielos, amigo, eso es mucho queso —recalcó Nino, sentado a su lado y conectando sus audífonos a su teléfono, seleccionando unaplaylistpara jugar durante el viaje.

—Señorita Bustier, Adrien volvió a traer queso apestoso —se quejó Iván, recibiendo una mala mirada de parte del rubio.

—¡No es cierto! —replicó el rubio, recibiendo una bola de papel en la cabeza de parte de Kim, que le envió una sonrisa mordaz—. Esto no se va a quedar así... ¡Señorita Bustier, Kim me está molestando!

La mujer pelirroja bufó y decidió sentarse en su lugar, sus propios hijos ya le daban problemas, no estaba para soportar a Adrien en modo bebé.

—Ya somos maduros, decían; podemos viajar solos, decían —murmuraba por lo bajo Nathaniel, sentado en las sillas del fondo y dibujando en su cuaderno.

—Entonces, le pedí que me lo trajera de importación, ¡y mira! —Al lado del pelirrojo, Chloé hacía un video reseña personal con Sabrina de todas las joyas caras que compró durante el festival pasado.

—¿Qué traes en el bolso? —preguntó Rose, asomando la mirada hacia el regazo de Juleka, encontrando dos libros de Lovecraft y papiros envueltos en tinta negra.

—Prefiero probarlo fuera de casa, o se podría hundir —explicó la gótica, encogiéndose de hombros y mirando por la venta, percatándose de una figura que corría a la distancia.

Alya preparaba su nueva cámara de video y trasteaba de tanto en cuenta con la de su teléfono, maravillándose por lo bien que se veía. Decidió probar el alcance y enfocó a través de la ventana, haciendozoomde inmediato al ver a su mejor amiga.

—¡Chicos, Marinette está llegando!

Aquellas palabras activaron un detonante en los miembros de aquel autobús.

—¡Chicos, despacio! —exclamó Caline al ver como todos se pegaron a la ventana, creando un contrapeso que la hizo levantarse e ir al lado contrario para estabilizar el autobús—. Esto no va a acabar bien...

Nathaniel estaba siendo aplastado por Chloé y Sabrina, en especial por la última, que le apretujaba las costillas con la rodilla.

Marinette corría hacia el autobús por una razón que todos conocemos, lo diferente esta vez era que el camino no estaba despejado, todo parecía una pista de obstáculos dispuesta a evitar que se uniera a aquel viaje escolar.

No iba a permitirlo.

—Apuesto a que no pasa de las puertas del quiosco —soltó Kim, recibiendo una mirada extraña de Max.

—¿Bromeas? Eso es muy sencillo de esquivar, yo digo que no logra superar los últimos dos hidrantes —afirmó con seguridad, ganándose una mirada de todos en el autobús—. ¿Qué?

—Viejo, eso ni siquiera es un obstáculo —apuntó Nino.

—¿Recuerdas esa partida de hace dos días?

—¡Ah, yo me la perdí! —lloró Adrien, recordando que estaba en clase de alemán.

—Sí, ¿por? —Nino recién cayó en cuenta de lo que le dijo Max y se quedó callado, se cruzó de brazos y frunció el ceño, unos malditos hidrantes le quitaron diez segundos valiosos en elspeedrunque intentaron—. Oh, ya, malditos hidrantes.

—Apuesto por el charco de lodo —se unió Chloé, alzando la mano y guiñándole un ojo a los chicos.

—Yo por la alcantarilla —añadió Juleka.

—Se le cae la hilera de bicicletas —dijo Alix, que estaba apoyada en los hombros de Kim y Max para poder ver a través de la ventana, era eso o estar como Nathaniel.

—Oigan, dejen de apostar —les reclamó Alya, cruzándose de brazos.

—Alya, si no vas a apostar, te recomiendo retirarte de la ventana —le aconsejó Nino, viendo en cámara lenta como Marinette esquivó una hilera de bicicletas atravesándose en su camino—. Alix pierde.

—Mierda —masculló la de cabello fucsia.

—Señorita Kubdel —mencionó la Señorita Bustier, haciendo que la joven sintiera un escalofrío y se soltase para pisar el suelo.

Mientras ella estaba en problemas, el resto veía atentamente como su amiga saltó el agujero de la alcantarilla, esquivó el charco de lodo y logró evitar un portazo por parte del dueño del quiosco.

—Solo queda la apuesta de Max —recordó Nino, observando a su alrededor y notando que todos veían la escena con una tensión única, casi como si fuera un evento olímpico importante.

Marinette lo iba a lograr, estaba a unos cuantos pasos del autobús, ya lo tenía. Pisó una zona débil del pavimento y este se inclinó hacia el hidrante puesto a su izquierda, que empezó a temblar y expulsó un chorro de agua que refrescó de inmediato a la franco-china.

—¡¿Cómo?! —exclamó Kim, mirando a su amigo moreno que se regodeaba con una sonrisa.

—Es sencillo, estuvieron haciendo obras en el agua el fin de semana, y noté que no lo taparon bien —explicó Max.

—Maldito desgraciado, lo sabías desde el principio.

Luego del chapuzón recibido, Marinette bajó los brazos y caminó hacia el autobús como muerta en vida. Todos se organizaron de nuevo y la esperaron.

—Bien, como ya estamos todos —comenzó a hablar la profesora Bustier, dándole una toalla a Marinette para que esta pudiese secarse—, déjenme decirles que, a pesar de tener actividades en conjunto, habrá días libres para que puedan pasear y conocer lo que quieran. El viaje no será largo, pero habrá una parada por si alguien tiene necesidades.

Aquella última frase recibió un par de risitas y sonrisas pícaras entre los estudiantes, haciendo que la mujer pelirroja se ruborizase y sacudiera las hojas que sostenía entre sus manos.

—No ese tipo de necesidades —recalcó ella, frunciendo ligeramente el ceño y observando las expresiones de todos, fila por fila.

Como no eran muchos estudiantes, se habían organizado de la mitad del autobús para atrás, pero todos habían hecho lo que querían en ese sentido.

Iván y Mylene estaban sentados juntos y observaban cosas en sus teléfonos, llevaban audífonos y es posible que ni siquiera le hubiesen escuchado.

Detrás iban Adrien y Nino, el rubio jugaba con su cabello de forma afeminada y eso le hizo enarcar una ceja. Su amigo, por otro lado, había escuchado perfectamente su anuncio anterior y miraba a Cesaire con una sonrisa mientras le guiñaba un ojo.

A la izquierda de los dos chicos, Rose y Juleka compartían el asiento, la rubia estaba muy roja por la insinuación de sus compañeros, y la pelinegra la ignoraba mientras leía un libro muy raro.

Detrás de la pareja sol y luna, Marinette se dispuso a sentarse al lado de su mejor amiga, que luego de sonreír por el gesto de Nino, aprovechó el momento y le tomó una foto a Marinette para su calendario de recuerdos.

Y el resto ya era un desastre, detrás de Adrien iban sentadas Chloé y Sabrina, que seguían grabando un video extraño para alguna plataforma. Luego se saltaba hacia las sillas del fondo, donde Alix, Kim y Max estaban sentados en fila.

Al menos hasta ese momento, todo iba bien, pero algo no cuadraba, y es que siguió buscando con la mirada y encontró a Nathaniel sentado solo, estaba una fila antes del final y mirando por la ventana.

Hizo un nuevo conteo de sus estudiantes y asegurándose de que no se quedaba nadie, los miembros que gestionaban el viaje y el conductor se sentaron en sus sitios.

Decidió tomar sus cosas y caminar hacia la penúltima fila, se acomodó el bolso y se sentó al lado del chico pelirrojo.

—Señor Kurtzberg, no le molesta que me siente aquí, ¿o sí? —preguntó la profesora Bustier, observando la expresión de sorpresa del pelirrojo.

—No, puede sentarse —respondió tímido Nathaniel, dando alguna cabezadita el frente por el sueño.

—Bien, espero disfrute el viaje —le sonrió su maestra. El autobús arrancó e inició la historia, una aventura de fin de curso donde todo podría pasar. Pues fue a los veinte minutos de viaje cuando a alguien se le ocurrió una muy mala idea.

—Oye, robémosle el queso a Adrien y pongámoslo en el bolso de Chloé —susurró Alix, recibiendo un asentimiento de parte de Kim.

Caline Bustier logró escuchar eso y suspiró, bajando la cabeza para observar cómo Nathaniel estaba acurrucado contra ella y dormía como un bebé. Luego podría avergonzarlo un poco con eso.

¿Qué? Se la pasaba rodeada de todos esos chicos, estaba claro que tenían que pegarle algunas de sus mañas.

—¿Crees que podamos lanzarnos desde algún barranco? —le preguntó Adrien a Nino.

—Sí, puede que sí, pero no se lo digas a Kim, que será el primero en hacerlo y lo hará una competencia —le recordó en voz baja el de lentes.

Un pequeño bache los hizo saltar y los mantuvo en silencio buena parte del camino, al fin había tranquilidad.


Continuará...

Bueno, ese es el prólogo de esta pequeña y corta historia, espero sus comentarios, y verlos en el siguiente cap. Cualquier duda u opinión que tengan será bien recibida.

Un saludo y hasta la próxima.