El segundo día en Lyon, esta vez empezamos paso a paso y el capítulo se partirá en dos, debido a que prefiero que en esta historia, no sean muy largos y puedan pasar mejor el rato leyéndolo en algún transporte o similares. Espero les guste y ya saben que adoro leer sus comentarios.


—Vamos, solo acércate y discúlpate.

—No estoy seguro de ello...

Plagg tiró del bolsillo de su camisa y Adrien le dio un toque en la cabeza para que se calmara, estaban rodeados de gente y no era un momento propicio para que el kwami hiciera tonterías.

El programa para este día era visitar el Museo de las Confluencias, estaba claro que la actividad prometía a ser la más educativa posible, pero algunos chicos del grupo ya tenían sus propios planes para disfrutar de la experiencia.

Bustier organizó a su grupo y les presentó a la guía del museo que les haría el recorrido, el lugar por dentro era amplio y contaba con cuatro exposiciones, la que más llamaba la atención, era sin duda: "Especies, la malla de los vivos"

Ahora, el grupo se había adelantado un poco y les dieron libertad para observar la primera exposición a su gusto, además de los carteles y meteoritos expuestos tras las vitrinas, lo que llamaba la atención eran los fósiles.

Y Adrien se acercó a observar el fósil de mosasaurio con la esperanza de que este pudiera moverse y darle un buen bocado. Alix estuvo evitándolo toda la mañana y se dedicó a hablar con Kim durante todo el viaje.

Todos sabemos que aquello no acabó bien, ambos comenzaron a competir por las cosas más estúpidas y por esa razón terminaron formando pareja en la entrada al museo. La profesora los organizó de esa forma para que nadie se perdiese.

La pareja del rubio era Juleka, que apenas alcanzó para ponerse junto a Rose, por lo que ahora ella aguantaba cada uno de los murmullos de Adrien y sus expresiones de disculpa dirigidas a un esqueleto prehistórico.

—Adrien, ¿estás bien? —preguntó acercándose lentamente al rubio y debatiéndose si poner una mano en su hombro o no. A pesar de que llevaban años estudiando juntos, ella no sentía tener la confianza suficiente para tratarse mejor con él.

—Sí, claro que sí —respondió Adrien, agitando la cabeza y mostrándole una pequeña sonrisa—. ¿Qué hay de ti?

—¿Qué hay de qué?

La expresión confusa de Juleka hizo que Adrien se golpease mentalmente, estaba tan distraído que apenas se daba cuenta de lo que salía por su boca.

—Oh, eh... Me refiero a sí te gusta el museo.

—Bueno, hay cosas que se ven interesantes —respondió Juleka, desviando la mirada del fósil hacia los meteoritos, algunas rocas lunares, y luego al techo oscuro del lugar.

—Sí, tienes razón —concordó Adrien con la vista puesta en Alix, que se movía de un lado a otro para observar con curiosidad cada pequeña exposición de la sección del museo.

Sintió el tirón de Plagg en su bolsillo y le dio un ligero golpe para que estuviese tranquilo, sabía que debía disculparse con Alix, pero dudaba de como ejecutarlo de la forma correcta para evitar cualquier golpe de su parte.

—¿Qué te parece ir a la siguiente exposición? —propuso el rubio a Juleka, decidiendo dejar para después el tema de Alix y el baño compartido. La pelinegra observó con curiosidad aquello a lo que el rubio dirigía la mirada de tanto en cuando.

—Chicos, no se queden atrás —advirtió Bustier, encabezando a los grupos de Sabrina, Max y a todos aquellos que deseaban escuchar al guía. Nathaniel estornudó por lo bajo y se pasó un papel por la nariz.

—Bueno, parece que igual iremos a la siguiente exposición —dijo Juleka, adelantándose un poco. Adrien se puso a su lado de inmediato, pues una condición de hacer esa parte de la excursión de forma libre y en grupo, era no separarse.

—Mira, un evento del museo —le dijo Kim a Alix—. Apuesto a que voy a ganar.

—Ni siquiera sabes de que se trata, cabeza hueca —respondió la patinadora.

Al entrar al siguiente pabellón el grupo se unificó y observaron aquel evento que señaló Kim hace unos segundos. Parecía ser una trivia sobre diferentes datos históricos que supuestamente la gente debería conocer.

—Así que... ¿eres bueno aprendiendo cosas? —preguntó Nino, dirigiendo la mirada a un Kim que se cruzó de brazos molesto y aparentemente ofendido—. ¿En serio te vas a poner así?

—Déjalo, su mente ha eliminado el recuerdo de aquel examen en el que se ofreció a pasar respuestas, y, por supuesto, todos suspendieron —añadió Max.

—Tú no —recordó Adrien.

—Lo sé, por eso no me incluí con ustedes.

Nathaniel estornudó de nuevo, y soltó un gemido de frustración, traía entre sus manos un cuaderno pequeño y parece que en verdad deseaba comenzar a dibujar todo lo que veía en el museo.

—Nathaniel, ¿tomaste la medicina? —le preguntó Bustier, acariciando el cabello rojizo del joven artista, ruborizándolo al estar bajo el escrutinio de todos sus compañeros.

—Eh, sí —musitó avergonzado el pelirrojo, escondiéndose de la mirada de sus compañeros mientras abrazaba a la mujer. Bustier sonrió como una boba y sus instintos hicieron el resto, acariciando el cabello de Nathaniel.

—Nath debe saber que en un futuro le recordaremos esto —mencionó Juleka, riendo por lo bajo.

El grupo se unió a sus risas y cuchichearon entre ellos.

—Dejen de hablar sobre su compañero —pidió amablemente Bustier, sonriendo y señalando el evento organizado justo al frente. Varios visitantes del museo se veían animados y seguramente buscarían intentarlo—. Suban a divertirse.

El presentador notó al gran grupo de estudiantes y decidió actuar para incentivar a las mentes jóvenes, los únicos que solían participar en los eventos del museo eran los propios historiadores de más de treinta años y algunos ancianos que se leían todos los libros posibles por falta de diversión.

—¿No planeas subir, Kim? —retó Alix, riendo mientras le daba palmadas en la espalda a su compañero.

—Lo mío son los deportes, no las competencias de nerds —respondió Kim, girando la cabeza para intentar ocultar el hecho de que estaba molesto por no poder subir y demostrarle a la enana que era mejor que ella—. Además, tampoco creo que tu lo vayas a hacer mejor que yo.

Aquel reto hizo brillar los ojos de Alix de forma peligrosa.

—Bueno, ya veremos quien muerde el polvo —declaró la patinadora.

—¡Bienvenidos, jóvenes! —saludó el presentador, moviéndose por la zona preparada para el juego y llevando las manos a los bolsillos de su traje—. ¿Alguno de ustedes quiere intentarlo?

Los grupos se miraron entre ellos y se lo pensaron, Adrien estaba decidido a pasar de ello, no era bueno en historia y había pasado el último examen por rascar unas décimas yendo a revisión con el profe de turno.

—¿Por qué no lo intentas? —le sugirió Juleka.

—Digamos que no soy bueno cuando se trata de saber cosas —respondió el rubio, avergonzado y revolviéndose el cabello.

El presentador siguió observando al grupo de estudiantes con esperanza de que alguno levantase la mano.

—¿Nadie se va a animar? —preguntó el presentador, nervioso de que por segundo día consecutivo el evento se quedase vacío.

—Yo voy —alzó la mano Alix, sonriendo y caminando hacia el lugar mientras sus amigos la observaban con extrañeza. Se imaginaban a Alix compitiendo en alguna carrera o incluso en un concurso de patinaje, pero no en una evaluación de conocimiento.

—Alix en una trivia, ya sé a quién no le apostaré —soltó Nino en broma, recibiendo el asentimiento de un ofuscado Kim, que parecía a punto de lanzarse hacia el escenario para competir.

—Yo no lo haría, tus probabilidades de salir humillado por no saber absolutamente nada son muy altas —agregó Max, poniendo una mano en el hombro al musculoso chico.

Adrien observó como Alix subió al escenario y se posicionó de forma relajada en el lado izquierdo de las dos mesas dispuestas para la actividad. El rubio tragó saliva y sintió algo removerse en su bolsillo, Plagg se estaba inquietando por alguna razón, por lo que se giró un poco para evitar que Juleka lo notase y abrió el bolsillo con ambas manos.

—¿Qué estás haciendo? —susurró el rubio, ganándose una mala mirada del kwami.

—Es tú oportunidad, chico, sube allí e interactúa con ella —dijo el kwami en voz baja, observando a Adrien con sus ojos verdes y preparado para darle un golpe si este se quedaba de pie con cara de idiota—. Ahora.

—Pero, no sé nada, ¿y si mejor espero?

—Si no haces nada ahora, seguirás con la misma cara de baboso todo el día, así que sube allí.

—Pero... ¿y las preguntas?

—Eres un desastre, chico, por lo que intentaré ayudarte, ¡ahora sube!

El grito no fue tan fuerte, pero si es cierto que llamó un poco la atención de Juleka y los compañeros del rubio que se encontraban cerca, como Nino, Alya y Marinette.

—¿Dijiste algo, viejo? —preguntó Nino.

Adrien puso una sonrisa nerviosa y dio un golpe suave en el bolsillo de su camisa, observando el escenario y levantando la mano contra todo pronóstico.

—¡Yo también voy!


Cinco minutos después:

Adrien debía reconsiderar las ideas que le daba Plagg de vez en cuando.

Estar en aquel escenario se sentía extraño, era diferente a cuando se encontraba en una pasarela de la semana de la moda con conjuntos extravagantes y horribles. No tenía que imaginar a sus compañeros y a los visitantes del museo como personajes no jugables de videojuegos para dejar de lado los nervios.

—Eres valiente, Agreste —mencionó Alix, con una expresión seria y observando al frente con los brazos cruzados.

—Gracias... creo —musitó el rubio, tragando saliva y sintiéndose avergonzado por compartir lugar con Alix. Su corazón dio un vuelco cuando notó que ella lo observaba de reojo, sintiendo la intensa mirada de aquellos ojos azules, las orejas se le calentaron.

Y eso nunca había pasado.

Era curioso si lo pensaba, luego de aquella escena en el hotel, había pasado de no prestarle atención, a tenerla en su mente todo el tiempo por culpa de su propia idiotez.

La mente funcionaba de formas muy extrañas.

—¡Qué emoción, damas y caballeros! ¡Dos estudiantes han tenido la valentía para subir y probar sus conocimientos! —exclamó alegre el presentador, moviéndose por el escenario y tomando las tarjetas de preguntas de la mesa central—. Espero que puedan darnos un gran espectáculo.

El escenario no era algo espectacular, parecía que solo se usaba para presentar nuevas adquisiciones o exponer algún proyecto de investigación. La madera crujía si recargabas todo tu peso en una de tus piernas, por lo que Adrien optó por pararse bien y prestar atención a las palabras del presentador.

—Las reglas son sencillas —comentó el presentador, ajustándose el traje y observando a los participantes. Adrien y Alix, no se dirigieron la palabra, pero las miradas que el rubio le enviaba cada ciertos segundos hicieron que el hombre adulto enarcase una ceja—. Son diez preguntas, el que acierta más, gana, para responder deben apretar el botón

—Y en caso de empate —preguntó Alix, recostándose sobre su lado del estrado, observando el botón rojo con una sonrisa.

—Hay una última pregunta de desempate —terminó de explicar el presentador, sonriendo y volviendo a su postura emocionada—. ¡Bien, este juego va a comenzar!

Del otro lado, entre los espectadores, Marinette y Alya observaban todo, la de rasgos asiáticos estaba extrañada, hasta ella sabía que, aunque Adrien fuese el chico perfecto para ella, no era muy bueno en los estudios.

—¿Preocupada, nena? —agregó Alya al notar su expresión.

—No, solo es... raro —respondió Marinette, notando que su mejor amiga tenía la cámara en la mano—. ¿Vas a grabar esto?

—Obvio, no puedo esperar para reírme de tu príncipe rubio, Alix lo va a masacrar.

—¿Por qué lo dices...? Oh, es cierto...

—Kim, déjame decirte que nunca tuviste oportunidad contra Alix.

—Cállate, Max.

—¡Que empiece el juego!

Alix Kubdel vs Adrien Agreste

Adrien movió los dedos y mantuvo las manos quietas a una distancia prudencial del botón, ni siquiera sabía para qué se estaba preparando, no estaba seguro de conocer en su totalidad las respuestas a las preguntas que le estaban por hacer.

Contó en su mente hasta tres y sintió una gota de sudor caer por su frente, en verdad se estaba poniendo nervioso, pero le iba a servir. Acabando el concurso podría ir a hablar con Alix y disculparse por lo ocurrido, arreglaría las cosas y listo, podría seguir con su vida.

Iba a intentarlo con todas sus fuerzas.

—¿En qué año y durante qué guerra se libró la Batalla de Cannae, considerada una de las mayores victorias tácticas de Aníbal Barca?

Sin duda, Adrien ya estaba muerto, su esperanza era que Alix no supiera varias de las preguntas, por lo que hizo el ademán de intentar tocar el botón y se giró para fijarse en sus movimientos.

—En el doscientos dieciséis antes de Cristo, durante la Segunda Guerra Púnica —respondió Alix con suma confianza y pulsando el botón, como si hablar de aquello fuese de lo más sencillo para ella, incluso aburrido.

—¡Correcto, punto para la chica!

Adrien se quedó boquiabierto, sintiendo a Plagg removerse en su bolsillo y escuchándolo susurrar sandeces gracias a su agudo oído.

—Cierra la boca, Agreste, se te pueden meter moscas —lanzó Alix con una mirada afilada dirigida hacia él. Adrien asintió de inmediato y tragó saliva, sintiéndose avergonzado, de nuevo.

—¡Pasemos a la siguiente pregunta!

Bien, esa era una segunda oportunidad para demostrarlo, Adrien se mentalizó y volvió a poner los brazos en la posición de antes, muy concentrado.

—¿Qué artefacto antiguo se utiliza para descifrar jeroglíficos egipcios?

Adrien se sintió animado de pronto, sabía esa respuesta, claro que la sabía, después de todo, su padre estaba sacando una colección con su nombre para la marca.

—Piedra de Rosetta —respondió de nuevo Alix, presionando el botón más rápido que él y ganándole la respuesta.

—¡Correcto, dos puntos para la chica!

—¡Ah, esa sí me la sabía! —sollozó el rubio, dejándose caer y volviendo a levantarse de inmediato, decidido a responder la siguiente.

—¿Cuál es el nombre de la antigua ciudad mesopotámica, conocida por sus famosos zigurats, que floreció alrededor del tercer milenio a.C.?

Adrien se dio un golpe mentalmente y se quedó con los ojos abiertos, ¿quién en su sano juicio era capaz de saber eso?

—Ur.

—¡Correcto, tres para ella!

El rubio se dio un golpe en la frente y comenzó a gruñir, Plagg se reía en el bolsillo de su camisa recibió un nuevo golpe de parte de Adrien.

—Todavía puedo ganar esto.

—Claro que puedes, a la próxima aprieta el botón sin pensar —aconsejó Plagg.

Adrien asintió y volvió a concentrarse, mirando de reojo a una Alix que parecía regodearse con cada gesto suyo de desesperación.

—¿Cuál es el punto más bajo de la Tierra en tierra firme?

El rubio apretó el botón de golpe, llamando la atención de todos, incluyendo a la propia Alix. Todas las miradas se centraron en él, lo que le hizo reír de forma nerviosa.

—Eh...

Plagg se removió en su bolsillo y pareció susurrar algo, Adrien ni siquiera lo escuchó de forma clara, así que soltó de inmediato lo primero que le pasó por la cabeza.

—Eh... El Mar Muerto.

—¡Correcto, un punto para el chico rubio!

—¡Vamos! —exclamó de alegría Adrien, mirando a Alix, que le sonreía de forma retadora.

—Nada mal, Adrien.

El corazón de Adrien dio un vuelco y sintió que un peso se le movía de encima, que ella volviese a llamarlo por su nombre se sintió mejor de lo que había pensado en un inicio.

—Veamos si puedes seguir un nuevo ritmo —añadió Alix.

—¿Quién pintó la obra maestra "¿La persistencia de la memoria", conocida por sus derretidos relojes?

Esta vez ambos presionaron el botón con rapidez, pero el sonido estaba a favor de Adrien.

—Eh... Salvador Dalí.

—Correcto, segundo punto para el rubio.

Adrien volvió a girar para ver la reacción de Alix, los ojos verdes se encontraron con los azules debido a que los dos tuvieron la misma idea, la sonrisa de Alix era la misma de siempre, observándolo con una ceja enarcada, sin creer que hubiera respondido dos preguntas bien.

—¿Qué truco estás usando, Adrien?

—¿Yo? Ninguno, solo estuve estudiando estas semanas —respondió el rubio con una sonrisa tímida.

—Creí que estudiar era un término que no llevabas de la mano —comentó Alix, volviendo a centrarse en el concurso.

Adrien hizo lo mismo, sonriendo con confianza, ya había respondido dos preguntas el solito, sin necesitar la ayuda de Plagg, aunque la primera era debatible.

—Bien, tenemos un duelo reñido, sigamos con las preguntas —dijo el presentador, tomando la siguiente tarjeta—.¿Cuál es el título completo de la obra escrita por Miguel de Cervantes Saavedra que comúnmente se conoce como "El Quijote"?

—"El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" —citó Alix presionando el botón con rapidez, dejando sin oportunidad a un Adrien que la observó con molestia. Ella solo le sacó la lengua.

—¡Correcto, cuarto punto para la chica!

Adrien se dio unos golpecitos en las mejillas y volvió a concentrarse.

¿Cuál fue el concepto filosófico desarrollado por Immanuel Kant que se centra en la idea de que las acciones deben ser guiadas por el deber y no por las consecuencias?

—¡Ética deontológica! —exclamó Adrien, presionando el botón primero, eso lo sabía porque la clase de Filosofía se volvió una de sus favoritas en ese mismo curso, quizás porque el profesor se ponía a jugar videojuegos con ellos en días aislados después de clase.

—¡Tres puntos para el rubio!

—Vamos bien, vamos bien —sonrió Adrien.

Mientras tanto, el público tenía sus propias opiniones, entre ellas corría el rumor actual de que Adrien debía estar haciendo alguna especie de trampa especial para poder acertar las preguntas.

—Debo admitir que Adrien me está sorprendiendo —comentó Alya, grabando todo el concurso para evitar perderse algún detalle.

—Somos dos, Alya —secundó Marinette.

—Tres —añadió Nino.

—Cuatro —susurró Juleka.

Volviendo al escenario, el presentador preparaba la siguiente pregunta.

¿Qué famoso paleontólogo y arqueólogo descubrió la ciudad de Troya en la década de 1870?

—El paisano de Nathy, Heinrich Schliemann —respondió Alix a una gran velocidad, anticipándose al rubio y sonrojando a un pelirrojo envuelto en los brazos de su maestra.

—¡Cinco puntos!

—Ah, no puede ser, aunque esa sí no me la sabía —murmuró por lo bajo el rubio, suspirando.

—¿Cuál es el nombre original del "Libro de los Muertos" en egipcio antiguo?

—Papiro de Ani —respondió Alix, sintiéndose como pez en el agua mientras le enviaba una nueva mirada de superioridad al rubio.

—Y ella suma seis puntos, dejando al chico rubio con tres a falta de una última pregunta —comentó el presentador, dando vueltas por el escenario—. Sin embargo, como me han caído muy bien, si el chico responde la siguiente, le daré la oportunidad de empatar.

—Eh, gracias —dijo el rubio, volviendo a mentalizarse para responder la pregunta, sentía las manos temblar y la lengua seca, no quería quedar mal frente a Alix o hacer algún movimiento que ella viese como raro.

—Bien, última pregunta, es todo o nada —dijo el presentador, leyendo la última tarjeta—.¿Cuál es el río más largo del continente asiático?

Dos cables se conectaron en la mente de Adrien al escuchar la pregunta y sonrió, apretando el botón con rapidez, escuchando la exclamación de frustración de Alix y soltando su respuesta:

—El Yangtsé.

—¡Correcto, bien hecho chico, empataste!

—Bueno, eso quiere decir que desempataremos con una última pregunta, Adrien —comentó Alix, observándolo mientras el rubio se sentía cada vez más nervioso bajo su escrutinio—. Prepárate para perder, rubiales.

—Bueno... Será mejor que tú te prepares para perder —respondió Adrien.

—La tensión se siente en el ambiente —interrumpió el presentador, tomando esta vez una tarjeta dorada—. Bien, esta es la última pregunta, el que gane obtendrá como premio un regalo cualquiera de la tienda de regalos del museo, y una cena para dos en el Agastache.

La mirada de Alix se dirigió a la tienda de regalos del museo y clavó la mirada en un peluche de conejo que tenía el ojo parchado como un pirata. Por su parte, Adrien no se imaginó nada con los regalos, pero estaba decidido a ir a cenar con su mejor amigo si es que ganaba.

—Última pregunta —comenzó a hablar el presentador, leyendo la tarjeta—. ¿Cuál es el nombre del último faraón de la Dinastía XVIII de Egipto, conocido por su papel en la revolución religiosa y su construcción del templo de Karnak?

Adrien se quedó en blanco con esa pregunta, y Alix presionó el botón con una sonrisa, pues sabía que había ganado.

—Akhenatón.

—¡Y es correcta, por lo que la victoria es para la chica de cabello estrafalario! —señaló el presentador, por lo que cientos de aplausos se oyeron, dirigidos hacia la chica con aspecto de delincuente juvenil—. ¡Y no nos olvidemos del otro gran competidor, el rubio sudoroso!

Los aplausos siguieron por un momento hasta que finalmente se acabaron, Adrien y Alix se acercaron en el escenario y se dieron la mano por orden del presentador.

—Ahora que acabó todo y gané, no estuviste tan mal, rubiales —dijo Alix, soltando la mano del rubio.

—Tú eres muy buena en esto, no lo sabía —confesó el rubio, regresando la mano a su bolsillo y tocándose la pierna con nerviosismo, moviendo el dedo con rapidez.

—Normalmente nadie se espera que sepa tantas cosas históricas, arqueológicas o así, pero yo creo que es lo normal viniendo de alguien cuyo padre y hermano son egiptólogos —dijo Alix, revolviéndose el cabello salvaje y desviando la mirada hacia la tienda de regalos.

Adrien sintió el silencio entre ambos y a Plagg revolviéndose en el bolsillo, sabía que aquella era su mejor oportunidad, por lo que se acercó un poco más y tragó saliva, ¿por qué estaba tan nervioso?

—Eh... Alix —la llamó el rubio. La patinadora se devolvió para prestarle atención, pero el presentador interrumpió el momento trayendo una pequeña bolsa de papel coloreada y con el logo del museo.

—¡Felicidades! —exclamó alegre el hombre de traje—. Aquí tienes tus premios, adentro hay un cupón canjeable en la tienda y los dos tiques de reserva del Agastache, solo para hoy en la noche, ¡espero los disfrutes!

—Gracias. —Alix volvió a su habitual expresión y caminó hacia la escalera para bajar del escenario, Adrien tuvo que seguirla luego de recibir la palmada en la espalda del presentador.

Mientras caminaba, se fijó en la figura de Alix al frente y suspiró, se le había ido la oportunidad.

Diez minutos después:

Adrien entró a la tienda de regalos acompañado de la profesora Bustier y Nathaniel, el resto de sus compañeros se encontraban en la zona de comida, probando ciertos dulces alrededor de una mesa gigante mientras se reían de su extraño comportamiento en el concurso.

Ahora tenía un nuevo tic nervioso, que consistía en golpearse el pecho justo en el bolsillo de la camisa, pobre Plagg, luego le daría un poco más de queso por soportarlo.

—Bueno, Adrien, en cuánto termines, regresa con el resto, yo iré a por la medicina de Nathaniel, porque parece que alguien no empacó la suficiente —dijo la maestra de forma dulce, acariciando la mejilla de un febril pelirrojo que apenas parecía distinguir cosas.

—Está bien, la veo luego —se despidió el rubio, comenzando a caminar por los pasillos cortos de la tienda, observando bolígrafos, tazas, juguetes, llaveros y todo tipo de cosas efusivas al museo en el que se encontraban.

Se llevó una mano al bolsillo y palpó su billetera, mordiéndose el labio inferior al recordar que su padre le cortó el grifo del dinero por un mes debido a que lo encontró regresando de la casa de Nino a altas horas de la noche... y lo hizo entrando por la ventana.

—Puedes quedarte sin labio si sigues así —comentó una voz a su lado.

—Lo siento, es una mala costumbre —dijo el rubio, llevando su mirada hacia Alix, que tenía el cupón entre los dedos y los brazos cruzados—. Oh, vienes a pedir algo de la tienda...

—Sí, al menos esto es lo único que usaré de aquel premio —comentó la de cabello fucsia, caminando por un lado del rubio y tomando el peluche de conejo que se encontraba detrás—. ¿Qué habrías elegido gastar primero?

—Sin duda la cena, porque en lo que respecta a cosas de una tienda... bueno, tener algo gratis es algo muy pequeño cuando puedes comprarla toda.

—Oh cierto, el humilde pero millonario Adrien —comentó Alix con una sonrisa y sujetando el peluche de conejo en la mano—. ¿Y a quién habrías invitado? ¿A Marinette?

—¿Por qué invitaría a Marinette? —preguntó confundido el rubio, ladeando la cabeza como un minino y poniendo una expresión que a Alix se le hizo muy tierna; era como un niño pequeño.

—Bueno, porque pensé que te caía muy bien —respondió Alix, llevándose una mano a su bolsillo trasero y tomando los dos objetos más preciados por cualquier turista que llegase a la ciudad—. Además, como que últimamente han pasado mucho tiempo juntos.

—Ah, eso fue porque ella quiere ser diseñadora como mi padre —explicó el rubio, estremeciéndose al pensar en su padre—. Y necesita un modelo.

—Así que tu eres el maniquí —concluyó Alix, dirigiéndose a la caja para canjear el cupón por el peluche.

—Prácticamente —sonrió Adrien, acompañándola, aunque de pronto sintió de nuevo a Plagg moviéndose en el bolsillo de su camisa, y cayó en cuenta de la situación.

Esa era su oportunidad de arreglar las cosas.

—Oh, y... Alix —llamó el rubio, haciendo que la patinadora se detuviese y se girase para verlo, por alguna razón ella tenía una sonrisa juguetona y movía en la otra mano los dos tiques del restaurante.

—¿Qué pasa, Adrien? ¿Los quieres? —preguntó su compañera, levantando la mano.

—¿Qué? No, yo...

—Anda, Adrien, sé que los quieres —respondió Alix, extendiéndolos hacia el rubio.

—No, lo que yo quiero es disculparme —declaró finalmente el rubio, haciendo contacto visual mientras la patinadora entrecerraba los ojos—. Quería disculparme por lo de ayer, ya sabes, estar en ese estado y que tuvieras que ver todo eso, a parte de todas las cosas que dije y...

Alix le calló, cubriéndole la boca con la mano.

—Adrien, está bien, es verdad que estaba molesta en un inicio, pero sé que no eres esa clase de chico... —dijo Alix, que luego procedió a darle un golpe en el hombro—. Pero como pase de nuevo, te dejaré sin descendencia, rubio idiota.

Adrien asintió ante las palabras de Alix, pero no se sentía bien, así no quería que salieran las cosas, ¿por qué? ¿Por qué sentía el corazón tan pesado y un malestar cada vez que revivía la escena en su memoria?

—Así que, todo bien, Adrien —sonrió Alix, extendiéndole de nuevo uno de los regalos por su victoria en el concurso—. Ten, te los regalo.

—Pero son tuyos —reclamó el rubio por lo bajo.

—Ahora son tuyos —sonrió la patinadora, guiñándole un ojo—. Aprovéchalo, y, por cierto, creo que Marinette está libre hoy.

Y dejándolo con la palabra en la boca, Alix se fue a la caja a cambiar su peluche de un conejo tuerto.

Patio de comidas del Museo de las Confluencias, Lyon:

Adrien entró al patio con la sensación de que lo estaba a punto de hacer era una locura.

Estaba seguro de que todo lo que estaba sufriendo se debía a su crianza y a los perfectos modales que le inculcaron debía tener. Al menos su padre se lo decía. La disculpa con Alix ni siquiera se había sentido como una, ¿se le puede llamar disculpa a eso? Para el rubio aquello era inaceptable, por lo que su instinto lo estaba obligando a ir más allá para poder hacer algo.

La mesa de las chicas se había dispersado debido a que varias de ellas estaban revisando las pequeñas tiendas que albergaba el museo en su interior. El lugar solo estaba ocupado por Alix, Juleka y Rose, las dos últimas ojeaban un mapa sobre las siguientes exposiciones a visitar.

—Eh, viejo, estamos aquí —dijo Nino, pero Adrien lo ignoró y siguió su camino hacia la mesa.

—Oh, Adrien —dijo Juleka.

—Hola, Adrien —saludó Rose.

—Eh, rubiales, ¿qué haces aquí? —preguntó Alix, observándolo con una ceja enarcada.

—Bueno, es por esto —señaló Adrien, enseñando los dos tiques del restaurante.

—Ah, bueno, Marinette no tarda en llegar, ¿cierto chicas? —preguntó Alix, a lo que Juleka y Rose asintieron.

—No, no es por eso... yo...

Adrien no estaba seguro, no se sentía para nada seguro, pero creía fielmente que luego de aquello, podría mirar a su compañera sin sentir que el pecho se le hacía pedazos.

—Alix, ¿quieres ir a cenar conmigo?

La pregunta le salió con tanta confianza, que estaba preparado para que ella se lo tomase a broma. Lo que nunca esperó, fue que Alix se levantase del asiento con las mejillas encendidas, lo mirase con los ojos entrecerrados y le diera un golpe directo en la nariz.

—¡Uy! —exclamaron los testigos.

—¡Directo al rostro! —soltó Juleka, cubriéndose detrás del mapa.

El rubio cayó sentado al suelo y se cubrió la nariz con la mano, sintiendo que algo brotaba de sus fosas nasales, al mismo tiempo que unas gotas rojizas se filtraban entre sus dedos y manchaban el borde de su camisa y pantalón.

Levantó al cabeza para hacer contacto visual con Alix, y su visión se nubló.


Al llegar al hotel, lo primero que hizo Adrien fue encerrarse en su habitación. Tenía ambas fosas nasales cubiertas de sangre seca y un tono morado en el puente de la nariz.

—Viejo, en serio no te ves bien —señaló Nino, sentado en una silla de la habitación de Adrien—. Parece que te golpeó un caballo en la cara.

—Créeme, un caballo habría dolido menos —respondió Adrien, tirado sobre su cama y observando el techo con una expresión de dolor plasmada en el rostro.

Por su mente todavía se reproducía la escena del museo en bucle, Alix con las mejillas rojas y dándole con el puño en una de las zonas más sensibles de su rostro. Había logrado parar el sangrado luego de varios minutos de luchar y luchar contra la hemorragia, y fue gracias a la profesora Bustier que apareció luego de comprar la medicina de Nathaniel.

—¿Sigues pensando en eso? —preguntó el moreno, dejando a un lado su teléfono para observar con preocupación a su amigo.

—Solo... Solo hay algo que no entiendo —pronunció en voz baja el rubio, dándose la vuelta sobre sus sábanas y enfocando su mirada en la puerta del baño. Sus ojos verdes viajaban por todas las esquinas de la puerta, buscando alguna luz filtrada que le indicase que su compañera de clase estaba utilizando el baño.

—Viejo, sabes que puedes contarme tus cosas —le recordó Nino, pero Adrien no estaba para expresar sentimientos o sincerarse con alguien, solo quería pensar en algo y repetirlo una y otra vez hasta encontrarle sentido.

—Solo quiero pensar... —musitó Adrien, llevándose una mano al pequeño bulto que comenzaba a asomar en el puente de su antes perfecta nariz.

—Está bien, amigo, recuerda que la cena es a las ocho —dijo Nino, levantándose y caminando hacia la puerta para salir de la habitación, dejando a Adrien solo y envuelto en sus propias pesadillas.

Una vez la puerta se cerró, Adrien se llevó dos dedos a la boca y aguantó un grito que luchaba por salir de su garganta. No era el dolor físico lo que le estaba matando, aquello que sentía abriéndose paso por sus entrañas y separando su corazón eran las secuelas de haber tomado aquella decisión.

Y le dolía.

—No te ves nada bien —le dijo Plagg al salir de su camisa y plantarse justo frente a su nariz—. O esa chica pega muy fuerte o tú eres un debilucho.

—Gracias por tus ánimos —pronunció el rubio, sintiendo la voz temblorosa.

Plagg no dijo nada tras escuchar el tono de voz de Adrien, solo se alejó flotando en silencio y se dedicó a deleitar su preciado queso camembert a una distancia prudencial. Una comunicación tácita se había establecido entre ellos y el joven modelo agradeció profundamente que su kwami se hubiese largado sin soltar alguno de sus comentarios típicos.

—Vas a establecer una nueva moda con esa nariz —dijo de lejos Plagg.

—Eres imposible —susurró Adrien, suspirando y formando débilmente una sonrisa.

—No te pongas a llorar, recuerda que cada reacción violenta tiene una dura historia a sus espaldas —dijo Plagg, manteniéndose a una distancia prudencial de Adrien.

—Lo sé, pero... No es por eso —sollozó por lo bajo, cubriendo su rostro con la almohada y llevando una de sus manos al pecho, apretando la tela en su pectoral izquierdo y mordiendo la tela del cobertor con tanta fuerza que logró ahuecarla.

—No eres el primer Chat Noir que veo sufrir de esta forma, chico —añadió Plagg al percatarse de sus gestos y su dolida expresión.

—¿Qué quieres decir? —sollozó de forma entrecortada Adrien, soltando por algunos segundos su refugio temporal para intentar sentirse mejor consigo mismo.

—Averígualo tú mismo —respondió Plagg, volviendo a su forma de ser habitual y centrándose solo en el queso—. No soy un terapeuta.

Adrien suspiró y volvió a refugiarse en sus sábanas, usando la almohada para evitar cualquier otro sonido del exterior, cerró los ojos y esperó despertar de la pesadilla en la que poco a poco se convertía su viaje escolar.

La habitación individual había pasado de ser un privilegio, a una condena, le recordaba todas las veces que su padre lo castigaba en su habitación por llegar sucio del parque o haber olvidado la tarea. En su soledad, imaginaba que las sombras proyectadas por los objetos cobraban vida y lo acechaban, la imaginación de un niño era demasiado para su propio bien, por lo que siempre se refugiaba bajo sus sábanas como un gatito asustado.

Un pequeño movimiento proveniente de la habitación contigua le hizo abandonar el búnker de seguridad que construyó a su alrededor y sentarse en la cama, con un pequeño gramo de esperanza.

Dejó de respirar cuando una sombra se proyectó bajo la puerta y tragó saliva.

—Plagg, escóndete —pidió en voz baja, observando la sombra y centrándose en eso, escuchando su respiración agitada mientras su pecho se movía lentamente de arriba abajo.

—Niño, no creo que ella...

El kwami se detuvo cuando sonaron un par de golpes en la puerta del baño, Adrien se mantuvo en silencio, procesando el evento y se levantó con cuidado de la cama, tambaleando para apoyarse en la pared y ajustarse el pequeño vendaje sobre el puente de su nariz.

Bien, ese era el momento, era la oportunidad perfecta para aliviar el dolor que abarcaba su pecho y le quemaba como un fuego interno.

Otro par de golpes en la puerta y Adrien se agitó nuevamente, apoyando la mano en el pomo y contando mentalmente hasta tres. Abriendo la puerta e intentando mantenerse lo más sereno posible.

—Hola... —musitó Alix del otro lado de la puerta, vestida con una sola camiseta que le llegaba hasta las rodillas, su cabello despeinado adoptaba una forma singular, sus mechones se intercalaban como una gran pista de patinaje de varios niveles.

Se mantuvo quieto y esperando algo más, alguna oración que acompañase su tímido saludo y la expresión avergonzada que pocas veces inundaba su rostro. Era un lado que no conocía de su compañera de clase, y tampoco le ayudaba a sentirse mejor.

—Eh, hola. —Alzó una mano y se sintió incómodo, el revuelo de sentimientos de hace unos minutos no lo ayudaron para tratar con una situación similar, y los consejos de su padre no eran los mejores del mundo.

¿Qué esperaba? Alix era una de esas chicas que casi nunca se disculpaban de sus acciones, era capaz de soltar una broma de mal gusto, pero si había hecho reír a unas cuantas personas, no se iba a retractar.

—¿Quieres pasar...? —preguntó por instinto, luego de tantos años con clases sobre modales y formalidad, estas se habían grabado en su sistema como un tatuaje hecho con hierro. Sin embargo, Alix no era un empresario codicioso o un simple patrocinador al que debía caerle bien.

—Gracias —respondió Alix por lo bajo, enfocando sus ojos azules al suelo y pisando la suave madera de la habitación de Adrien con sus pies descalzos. Adrien se hizo a un lado y cerró la puerta del baño con lentitud para no golpearla.

—Entonces... —comenzó a hablar Adrien, una vez que se movió con cuidado y caminó hacia la parte de la habitación que contenía dos pequeños sofás—. ¿Qué opinas?

El silencio inundó todo después de su pregunta y tragó saliva, la camiseta le picaba y si seguía sintiendo la incomodidad en el ambiente, se iba a lanzar por la ventana.

—Se ve... acogedor —susurró Alix, paseando la mirada por la habitación—. Diría que es más grande que la mía.

Adrien esbozó una pequeña sonrisa, pero la incomodidad latente seguía pululando por el ambiente.

—Bueno, es acogedora, pero también es algo...

—Solitaria —completó Alix, sentándose en el borde de su cama y juntando las piernas, levantó la mirada y sus ojos azules hicieron contacto visual con sus orbes verdes—. Yo...

Adrien sintió que su corazón comenzaba a acelerarse y todo el dolor desaparecía, incluso el vendaje de su nariz se sentía invisible. No, ignoró esas sensaciones y se recordó a si mismo que Alix no era de las que se disculpaban.

Decidió no hablar y se mantuvo callado a la espera de que Alix completase lo que quería decir, se le notaba nerviosa y movía los dedos de las manos con rapidez, como si fuera un síntoma de TDAH, algo que estaba seguro de que su compañera no padecía en lo absoluto.

Estaba decidido a no insistir, eso nunca salía bien. Las pocas veces que decidió insistir por alguna razón u otra, su padre lo terminaba regañando y lo apuntaba a más clases para que tuviese el día ocupado.

Para que no lo molestase.

—Adrien, lo siento, ¿bien? —se disculpó Alix de manera hosca y con poca sensibilidad.

Sintió un pequeño calor subiendo por su estómago y un peso en sus hombros que desaparecía de golpe, liberándolo de un peso inexistente que lo habría condenado a una noche triste y dolorosa.

—Está bien, fui yo el que te preguntó eso frente a todos... —comentó mientras se llevaba una mano a la nuca y la frotaba con cierto nerviosismo. El simple hecho de haberla invitado de una manera formal como esa en un ambiente en el que estaba con sus amigos era lo que fomentó su reacción.

Alix era la chica de deportes peligrosos, la que prefería el arte urbano y ese tipo de cosas, seguro que tenía una apariencia que mantener. Y él no había ayudado en eso.

—No, no... No es por eso —le corrigió Alix, adoptando una expresión seria y mordiéndose el labio inferior, se subió un poco más en la cama y apoyó la espalda en el fino respaldo de madera mientras pasaba una almohada bajo sus piernas.

Adrien detectó algo en su tono de voz, sus oídos funcionaban mejor que los del resto, y las pequeñas vibraciones de la voz de Alix en la frase hicieron que se moviera lentamente hacia ella. La propia expresión del rostro de su amiga de ojos azules le recordó a alguien que conocía muy bien.

Él mismo.

Y era capaz de reconocer el dolor en las palabras de otros, porque él también lo había sentido.

Se sentó con cuidado y su peso hundió el borde del colchón, Alix tenía apoyados los brazos sobre las piernas y lo miraba con confusión, ladeando la cabeza como un cachorro perdido entre las piernas de cientos de peatones en Times Square.

—Alix, eres mi amiga, si algo te ha ocurrido, puedes confiar en mi y contármelo... —dijo con calma y apoyando la mano en el hombro de su amiga, sus mechones de tono fucsia le rozaron los dedos y la expresión de Alix flaqueó.

—Hace unas horas acabo de romperte la nariz.

—Eso no quita que seamos amigos, Alix.

—Tienes una venda manchada de sangre en la cara.

—Para mañana ya no habrá nada.

Su respuesta le sacó una pequeña sonrisa mordaz a su amiga patinadora.

—Eres raro, ¿lo sabías?

—Creo que es un secreto a voces entre todos —respondió él con un ligero atisbo de su perfecta sonrisa y encogiéndose de hombros ante el conocimiento común de la opinión que tenían los otros grados sobre él.

—¿Entonces sabes que las chicas de primer año dicen que eres inalcanzable? —le preguntó Alix.

Torció la boca y arrugó la nariz en una mueca de incomodidad que provocó unas risas de la chica sentada sobre su cama. Luego de unos segundos, la expresión de Alix volvió a la que era antes para luego tomar una bocanada de aire y retomar su expresión habitual.

—Entonces, ¿qué haces aquí para divertirte? —preguntó Alix, su mirada se movía de un lado a otro y evitaba mirarlo fijamente. Adrien entendió la señal y decidió dejar el asunto pasado para cualquier otro momento.

—Ayer vi una película —respondió señalando el televisor de la habitación, que no había sido encendido desde que regresaron del museo y Adrien decidió encerrarse del resto del mundo.

—¿Ayer? —preguntó Alix—. ¿La viste antes o después de la escena del Adrien borracho?

—Ya me disculpé por eso —se quejó, haciendo una mueca con los labios y levantándose de la cama—. Y para que lo sepas, no recuerdo nada de esa película.

—Eso te pasa por beber, Adriencito —le habló Alix como si fuera un niño pequeño.

—Sí, no lo haré de nuevo por un buen tiempo —prometió.

—¿Hasta el cumpleaños de Luka?

—Hasta el cumpleaños de Luka. —Adrien sonrió y con un impulso, se tumbó hasta llegar al otro lado de su colchón, Alix recogió las piernas para darle algo de espacio y él lo aprovechó para arrastrarse hacia su lado de la cama y mirar el techo—. Y el de Juleka, que cumplen el mismo día.

—Cosas de mellizos —añadió Alix.

La habitación del hotel pasó de un ambiente a otro con aquella conversación, sin duda, Adrien lo sentía así. Plagg ya debía haberse dormido dentro de su bolsa de queso y no hablaría por un buen rato.

—Entonces... ¿quieres ver una película?

Adrien se mordió la lengua al reconocer la mirada que le lanzó Alix, idéntica a la que vio por unos segundos antes de sentir el dolor punzante atravesar su nariz.

Iba a tener que disculparse de nuevo...

—Está bien —aceptó Alix, acomodándose en el lugar elegido de la cama y observándolo por unos segundos—. Pero pide comida, Adriencito, no quisiera que te desmayes si no cenas.

Chasqueó la lengua y gimió por lo bajo contra la almohada, estirando el brazo hacia el pequeño mueble con el teléfono. Lo tomó con cuidado y levantó la cabeza para hablar mientras oprimía el botón, recordó por un instante que Nino dijo que la cena era a las ocho, pero no le apetecía bajar.

—¿Qué quieres comer? —preguntó mientras esperaba la contestación del servicio.

—Me apetece un poco de pasta.

—Entonces que sean dos...


A la mañana siguiente:

Adrien abrió los ojos cuando la luz del sol se filtró por sus cortinas, la suavidad de sus sábanas y la ausencia de dolor le brindaron un muy agradable despertar.

No había sentido algo tan placentero en años, quizá por eso las personas mayores tomaban una siesta. Un sueño sin preocupaciones en el que solo descansas de todo lo ocurrido para amanecer como nuevo al día siguiente.

Movió la cabeza y sus ojos divisaron una torre de platos vacíos, estaban sobre la mesa y en el suelo de la habitación. Adrien reconoció su propia mochila tirada en un ángulo extraño y sus bolsas de queso revoloteadas en dirección del pequeño minibar.

—Parece que fue una noche muy buena —comentó Adrien, sonriendo y levantándose de la cama, su pantalón de pijama era lo único que conservaba y se estiró mientras caminaba por las zonas limpias del cuarto para tomar una camiseta nueva.

—Oh, sí que lo fue.

Adrien se congeló en su sitio y se dio la vuelta para hacer frente a Alix, que salía del cuarto de baño con sus mechones fucsia húmedos y su ropa casual.

—¿Qué haces todavía en pijama? ¡Cámbiate, nos vamos en media hora! —le recordó Alix, lanzándole la toalla húmeda que traía entre los brazos—. Usé una de las tuyas, espero no te moleste.

—Eh, no, no...

—Bien, entonces te veré abajo, Adriencito —se despidió Alix, sacándole la lengua y cerrando la puerta del baño para volver a su habitación. Adrien se quedó quieto e intentó procesar la situación hasta que la toalla húmeda en sus manos goteó y le cayó la humedad en el pie.

Alix había usado su toalla.

Su nariz se movió y sintió que su rostro le ardía. Meneó la cabeza y colgando la toalla con rapidez en el respaldo de una silla, se apuró a vestirse antes de que a la señorita Bustier se le ocurriese pasar a buscarlo.

Se peinó con rapidez y caminó hacia su mochila, detectando un olor horrible y restos de queso aplastados y untados como mantequilla por las paredes.

—¿Qué diablos...? ¿Plagg? ¿Estás bien? —llamó a su kwami y esperó unos segundos, pero el gato negro flotante no apareció por ningún lado—. Oh, dios, espero no sea otro coma alimenticio.

—¡Plagg! —siguió buscándolo por la habitación y abrió la puerta del armario—. Oh, vamos, ¿en serio?

Plagg descansaba sobre lo que él llamaría: El paraíso de queso. Una gran manta roja con queso por todas partes, torres de pequeños trozos que se habían echado a perder luego de una noche en un lugar como ese y todos sus bigotes repletos de queso que sería muy difícil de quitar.

—Plagg, despierta, tenemos que irnos —llamó el rubio, tomando al kwami con cuidado entre sus manos y procediendo a zarandearlo para que se levantase.

—Cinco minutos más... —bostezó el kwami, haciéndose bolita en su mano y procediendo a roncar como un camionero.

—No sé qué voy a hacer contigo —bufó Adrien, poniendo a Plagg en el bolsillo de su camisa y asegurándose de que todo estuviese en orden. No llevaba ninguna prenda al revés y olía tan bien como se podía luego de una buena noche—. Bien, vamos a bajar, y si te despiertas, te quedarás sin queso por una semana.

Salió de su habitación y cerró la puerta con llave, el pasillo ya estaba vacío y las voces de sus compañeros se oían por la escalera, por lo que caminó con rapidez para evitar ser el último. Aunque ya estaba seguro de que lo era.

Bajó los primeros escalones y se detuvo al toparse con un Nathaniel con el rostro rojo y la nariz congestionada, el pobre llevaba una caja de pañuelos en una mano y luchaba contra la mucosa nasal mientras bajaba por la escalera lentamente.

—Hola, Nath... ¿Buenos días?

Nathaniel alzó la mirada y sus ojos llorosos se esforzaron en intentar reconocerlo.

—Adrien... Buenos días —respondió el saludo con la voz rasposa y aspirando por la nariz de vez en cuando, se pasó un pañuelo y limpió el exceso de mocos virulentos que asomaban en búsqueda de la libertad.

—Amigo, no estás bien, ¿de verdad puedes salir así? —preguntó preocupado el rubio, adoptando el ritmo del enfermo Nathaniel que bajaba mientras su mano se aferraba con fuerza a la baranda.

—No quiero estar más en la habitación —explicó el pelirrojo.

—¿Qué dice la señorita Bustier sobre esto? —Adrien apoyó una mano en el hombro de Nath para estabilizarlo cuando este amenazó con tambalearse de forma muy peligrosa.

—No estaba enterada de esto —habló la mujer, apareciendo en el piso inferior y cruzándose de brazos al ver a Nathaniel en aquel estado—. Nath, no puedes salir así.

—Pero...

—Estás muy enfermo, por lo que no puedes salir hoy —sentenció Caline Bustier, observando al pelirrojo y acercándose a él—. He tenido que reprogramar la actividad para que esto sea mucho más sencillo.

—¿A qué se refiere? —inquirió Nathaniel, haciendo un ademán de estornudo.

—A qué me quedaré a cuidarte, los chicos tienen la mitad del día libre, pero serán acompañados por un personal del hotel —explicó la mujer pelirroja, sonriendo mientras desviaba su atención hacia el rubio—. Adrien, espero que puedas explicárselo a tus compañeros.

—No se preocupe, yo les digo... E intentaré acabar con la posible revuelta que causen —prometió Adrien con una sonrisa de niño bueno.

—Eres de los que más me preocupan en ese sentido, Adrien —bromeó Bustier, llevando una mano al cabello rojizo de Nathaniel y atrayéndolo en un abrazo—. Ve con tus amigos, yo cuidaré a este enfermito.

—Señorita Bustier... —se quejó Nathaniel, inmóvil cuando la mujer le acarició las mejillas y le sonrió con cierto cariño maternal—. Ah, está bien.

—Entonces yo les avisaré —dijo Adrien, bajando un par de escalones—. Espero que te mejores, Nath.

—Gracias.

Adrien dejó a los dos pelirrojos y bajó hacia la recepción del hotel, la amplia zona de espera ya tenía los muebles rojos ocupados y la mesa de centro siendo utilizada como un coliseo de lucha de pulgares.

—¿Qué está pasando? —preguntó Adrien, llegando con el resto del grupo y asomándose para inspeccionar mejor la situación.

—Kim retó a Alix a una lucha de pulgares y ya le ha ganado dos rondas —explicó Alya, apareciendo a su lado y sosteniendo la cámara—. Es una buena escena para mi video recopilatorio del viaje.

—¡No te olvides de la cascada de vómito en el desayuno! —gritó Nino desde el otro extremo de la fila de espectadores.

—Oh, claro, esa también —dijo Alya, inclinándose un poco hacia el rubio y procediendo a hablar en voz baja—. No la voy a poner, es terriblemente asquerosa.

—Rayos y me la perdí —se lamentó Adrien.

—Tardaste en bajar, ¿qué estabas haciendo? —preguntó la castaña mientras se enfocaba en grabar una nueva ronda.

—Me encontré a Nathaniel enfermo y a la señorita Bustier con él, me pidió que les dijera que tenemos las primeras horas del día libres —respondió Adrien, percatándose de que el ruido a su alrededor se detuvo. Movió la cabeza y observó las expresiones de sus compañeros, suspiró y bajó la mirada, sabiendo lo que estaba a punto de ocurrir; a veces deseaba equivocarse.

Un estallido de júbilo lo atrajo a un mar de brazos y piernas que arrasó con toda la recepción.


Fin del capítulo

Me disculpo nuevamente por tardar y parecer un desaparecido en wattpad, espero les haya gustado y agradecería que me hicieran notar cualquier error o detalle para corregirlo o mejorar en un futuro.

Un saludo y hasta el siguiente capítulo.