Bien, el tercer día de Lyon, al menos hasta la noche, porque planeo ponerlo como un inicio para el cuarto día del viaje. Espero que les guste y cualquier opinión siempre será escuchada. Les dejo con el capítulo.
Entonces, aquel monumento debía ser algo mágico, ¿cierto?
Él no lo sentía así.
Luego de los daños ocasionados a la recepción del hotel, llegó el encargado que los vigilaría durante sus horas libres en la ciudad. Ya se habían formado algunos grupos con ideas distintas, ir a tiendas de ropa o visitar alguna que otra cafetería.
Por supuesto, todo bajo la condición de que estuviesen cerca del punto de encuentro en un radio de quinientos metros o algo así. No lo había escuchado del todo bien, pero no le importaba, en realidad quería admirar un poco la arquitectura de la ciudad y sus zonas más turísticas.
—¿Viejo, vienes alarcade? —preguntó Nino, apareciendo de la nada y señalando el centro que se encontraba detrás del monumento que Adrien planeaba admirar con suma tranquilidad—. Las chicas nos han retado diciendo que son mejores que nosotros.
Bien, no había tiempo para admirar arquitectura pasada, ahora tenía asuntos más importantes que atender.
—Vamos —aceptó manteniendo sus labios juntos en una línea y entrecerrando los ojos—. Tenemos que recuperar nuestro trono en los videojuegos.
Ambos se miraron por unos segundos.
—¿Recuerdas que Marinette nos dio una paliza?
—Ella es un caso aparte, está baneada.
Con esa última oración, Adrien dejó que Nino lo llevase hacia el lugar, las puertas corredizas se abrieron y el interior hizo que el rubio arrugase un poco la frente, la luz azul interior le molestaba los ojos y le hizo quejarse por lo bajo.
Afortunadamente para él, luego de pasar el mostrador con los premios, la luz desapareció y dio paso a una sala bien iluminada y con juegos modernos y clásicos. Una amalgama extraña pero bien hecha, con solo un primer vistazo, descubrió que los juegos de piano, puntería y azar darían más boletos que el resto.
—Parece que Adriencito aceptó el reto, ¿eh? —Alix se acercó a ellos luego de salir de detrás de la columna, como si hubiese estado esperando ese momento por años. En realidad, era intimidante si no tenías contexto alguno de la situación.
—Prepárense para morder el polvo —dijo Juleka, siendo enfocada por la luz del establecimiento. Estaba sentada sobre una mesa deAir Hockeyy masticaba un chicle mientras su único ojo visible parecía brillar en la oscuridad.
—Estoy viendo un par de perdedores. —Marinette apareció a un lado de ellos y le dio un susto a Nino. El moreno se aferró al brazo de su amigo y ambos se miraron antes de separarse y hacer un acuerdo tácito de no volver a mencionar esa reacción.
Marinette había bajado de un juego de carreras en moto y se apoyó con estilo, cruzándose de brazos y entrando en lo que todos llamaban: "La zona de juego". Era un punto de la personalidad de su compañera que la volvía una amenaza potencial para las partidas, sus reflejos volaban al límite y era capaz de obtener puntajes inverosímiles.
—¿Ensayaron la entrada? —preguntó Adrien, confundido y observando el local, antes parecía vacío, pero ahora podía ver con claridad que había gente metida en sus propios asuntos. ¿Dónde se habían metido antes?
—¿Te gustó? Se me ocurrió cuando Gafitas dijo que iba a buscarte —explicó Alix, sonriendo de forma torcida y guiñando un ojo—. Entonces, ¿están listos para su derrota?
—Marinette se va baneada —pidió con rapidez Nino.
—¡No! ¡¿Por qué siempre yo?! —lloró la franco-china, llevándose las manos al rostro y sentándose en el suelo con un aura depresiva rodeando su cuerpo—. ¡No pueden hacerme esto!
—Bueno, ellos lo pidieron primero, qué se le va a hacer —se encogió de hombros Alix, ignorando a su amiga—. Este reto será muy fácil de ganar, ¡Seis juegos! ¡El que obtenga más boletos gana!
—Hecho —aceptó Adrien, sonriendo y extendiendo la mano para sellar el trato. Nino siseó como si su mejor amigo hubiese hecho un tratado con el diablo, aunque tratándose de Alix, tampoco podía ser mucha diferencia.
—Empezaremos cuando ese reloj, esté en punto —señaló Alix hacia su izquierda, las manecillas de aquel reloj con fondo negro se movieron y Adrien le hizo una señal a Nino para que este vaya apartando un juego.
La manecilla larga se acercó al doce, y lo tocó.
Alix Kubdel – Juleka Couffaine VS Adrien Agreste – Nino Lahiffe
¡ROUND 1 - FIGHT!
Adrien se acercó corriendo a un juego que tenía divisado desde que entró al local, tuvo que esquivar a unas cuantas personas y saltar a un niño cuyo helado se había caído, pero logró llegar y tocar la mesa del juego al mismo tiempo que otra mano.
Unos ojos de color avellana hicieron contacto con sus orbes verdes.
—¡Llegué primero, Juleka!
—¡No, yo llegué primera!
La mesa se encendió y el conocido laberinto con puntos blancos apareció, el juego pedía la moneda necesaria para iniciar, pero ya era reconocible para cualquier fanático de los videojuegos.
—Juleka, tengo el mejor récord de Pac-Man en la clase —le recordó el rubio con una sonrisa confiada.
—Luka me enseñó a jugar —reveló la gótica, haciendo que Adrien gruñese ante tal noticia. Luka había sido el único capaz de competirle en aquel juego, se enteró cuando ambos decidieron matar el rato jugando en vez de explorar las catacumbas como tenían planeado.
—Entonces hagamos esto... —se rindió el rubio, sacando una moneda y lanzándola hacia arriba—. Una moneda, tres vidas, como este juego da pocos boletos de por sí, ganará aquí el que más dure antes de que los fantasmas lo toquen, luego podemos regalarle una partida a alguien.
—Hecho.
El choque de miradas rivalizaba con un panfleto de la Guerra Fría, Adrien metió la moneda y el juego inició, decidió tomar el primer turno y es entonces que todo comenzó.
Adrien se dispuso a jugar como si llevara toda la vida haciéndolo, esquivó cualquier movimiento trampa de los fantasmas y usó las pastillas para poder comerlos en el momento justo, siguió acumulando tantos puntos que la partida parecía interminable.
O así era hasta que una distracción, que eran los gritos de desesperación de Nino, le hizo tocar a un fantasma y morir. Aunque parte de eso era su culpa, estuvo jugando al límite y algo así podía ocurrir en cualquier momento.
Adrien Agreste - 25.500
—No está mal, ahora es mi turno —sonrió Juleka, haciendo a un lado al rubio y poniéndose en los controles.
Adrien simplemente se mantuvo observando la forma en que Juleka movía la palanca y apretaba los botones en ciertos momentos, cerró los ojos, confiado en que ella no pudiese superar su puntuación, aunque admitía que podía hacerlo mejor, no era tan enfermo para llegar al millón de puntos, aunque siempre estaba cerca.
Abrió nuevamente los ojos y su mirada se desvió hacia el lugar donde provino el grito de su amigo. Identificó a Nino y Alix alrededor de un juego de baloncesto donde claramente la ganadora había sido la de cabello fucsia. Los boletos caían sin parar y Nino apenas tenía unos cuantos.
Ni siquiera sabía por qué había aceptado eso, Nino era malísimo en baloncesto, incluso las pocas veces que habían ido a jugar a la cancha detrás de las Tullerías, había elegido a Juleka primero.
Y no se podía quejar, en esos días Juleka era su carta del triunfo y le hizo ganar en las partidas con apuesta. Se hizo una nota mental de volver a jugar baloncesto y llevarla, no era suficiente con la actividad casual en clase de Educación física.
Pasaron un par de minutos en los que Adrien tuvo tiempo de enumerar cada uno de los peluches de Chat Noir que estaban en el mostrador y que costaban aproximadamente cinco mil boletos cada uno. Mientras más movía su visión a la derecha, más grandes eran.
—Toma eso, Agreste —celebró Juleka cuando un sonido de celebración sonó por la pantalla y el rubio quedó boquiabierto al ver que la puntuación de la pelinegra superaba la suya en demasía.
Iba a matar a Nino por distraerlo.
Juleka Couffaine – 27.800
Juleka Couffaine – 1 0 – Adrien Agreste
Alix Kubdel – 1 0 – Nino Lahiffe
¡ROUND 2 - FIGHT!
Esta vez Adrien estaba emparejado con Alix, el juego era uno que sería sencillo para él, solo tenía que tocar las notas de un piano gigante mientras estas aparecían en la pantalla. La velocidad subía mientras más acertabas y obtenías la mitad de los boletos del puntaje que salía en pantalla.
Tenía que ganar.
Nino eligió un juego de azar debido a que estaba seguro de que ganaría, no era Max, pero tenía tanta suerte como un jugador de Blackjack en un casino de Las Vegas.
—Adrien, serás el primero en caer en este juego, más vale que estes preparado —pronunció Alix, imitando a cierto personaje que al rubio se le hacía conocido, pero no sabía de dónde.
—Está bien —aceptó el rubio, guardándose un as en la manga, las clases de piano si iban a servir para algo después de todo.
Alix sacó la moneda en este juego y la introdujo de inmediato, la máquina contaba con una siento acolchado y las teclas grandes debían presionarse con algo de fuerza, por lo que era normal que se centrase en la comodidad del usuario.
—Vamos —sonrió Alix, comenzando la ronda y concentrándose en la pantalla.
Adrien habría dirigido la mirada a la pantalla para poder seguir de cerca la puntuación de su compañera, pero no lo hizo, por alguna razón, se quedó mirándola fijamente. Nunca le había prestado ese tipo de atención, y se arrepentía.
Los ojos azules de Alix reflejaban las teclas de la pantalla y brillaban con cada acierto, sus manos se movían con rapidez por la sarta de teclas y las presionaban con firmeza. Adrien tragó saliva cuando su mirada se posó en la línea de su nariz o en sus rosados labios, entreabiertos y dejando a la vista unos dientes blancos y un ligero vaho cuando ella dejaba ir su aliento.
Movió la nariz y la arrugó al captar un olor, sintiéndose mareado y apretando la mano en el borde de la máquina al reconocerlo.
Alix había usado su toalla.
Alix tenía su olor.
Agradecía que Plagg estuviese dormido en su bolsillo, porque si el dato lo llegaba a conocer, iba a sufrir el peor de los castigos con sus burlas durante varios días.
—¿Tengo algo en la cara? —preguntó Alix, percatándose de su mirada y devolviéndosela con una sonrisa mordaz en el rostro—. Me parece que Adriencito está creciendo muy rápido.
—Lo que digas —respondió el rubio desviando el rostro, avergonzado por haber sido atrapado, pero disimulándolo como podía—. Mejor céntrate en el juego, no es divertido si te gano por distraerte.
—Eso no va a pasar.
Adrien adoptó una sonrisa triunfal y la mantuvo por un par de segundos hasta que los quejidos de Alix se escucharon, la pantalla se tornó roja y le mostraron a la pequeña delincuente su puntaje obtenido.
—¿Cincuenta y seis? No está mal —mencionó Adrien, con una sonrisa pequeña en los labios y apartando a Alix del asiento del juego, la longitud del asiento era suficiente para que dos personas pudieran estar, pero el rubio abrió las piernas y Alix se cruzó de brazos mientras se mantenía sentada con medio trasero fuera—. Ahora deja que el experto se encargue,Belle.
El apodo le salió con fluidez y complementaba su forma de decir la oración, la coquetería de Chat Noir era buena para poder molestar a las chicas a su alrededor; conquistarlas ya se consideraba avaricia.
Dio una mirada de soslayo a Alix mientras el juego se iniciaba, esperaba que ella devolviese una mirada retadora y poder ganarse una revancha a doble o nada, sus habilidades eran más que suficientes para ganar.
Las mejillas de Alix se tiñeron de rojo y pareció tensarse por unos breves segundos, la reacción era diferente, totalmente diferente. Adrien en verdad creía haber encendido la mecha de una máquina de competitividad capaz de destrozar disciplinas olímpicas. Bueno, la Alix actual era todo lo contrario.
—Idiota —susurró ella por lo bajo. Adrien decidió volver a prestarle atención al juego y comenzó a hacer de las suyas en el teclado. Sus manos se movieron con rapidez y presionaron las teclas indicadas conforme iba subiendo la dificultad y la velocidad.
Se mantuvo centrado en el juego, ignorando a algunos niños que se le acercaron para verlo. En alguna otra situación se habría girado, aunque sea un poco para sonreírles y poder demostrar lo bueno que era en el piano, sin embargo, se encontraba en una guerra que iba perdiendo contra sus compañeras de clase.
Y estaba decidido a ganarla.
La pantalla hizo un cambio de contraste y ahora las teclas negras se volvieron blancas y viceversa, Adrien movió las manos y presionó con fuerza en las piezas del teclado correctas para no perder su puntaje.
Siguió así por al menos diez segundos, sus manos comenzaron a arder por dentro y estaba seguro de que los tirones de sus dedos eran ocasionados por el estrés en lugar de la rapidez de movimientos. La pantalla se puso muy rápida y Adrien falló mientras suspiraba.
—Bueno, no estuvo tan mal —concluyó el rubio después de su partida, moviéndose hacia la izquierda para cederle más espacio a Alix. La patinadora gruñó y le picó en las costillas con el codo, enarcando una ceja cuando ambos hicieron contacto visual.
—Tienes un maldito noventa y seis —refunfuñó la de cabello fucsia con una mueca en los labios, Adrien se encogió de hombros y se dispuso a teclear su nombre cuando la pantalla se lo pidió al registrar un récord.
—Qué es lo que puedo decir, soy un gran pianista —bromeó el rubio, anotándose la victoria en su marcador personal, sus boletos salieron después de los de Alix y los tomó de inmediato para partirlos—. Ahora toma esto y busca otro juego, perdedora.
—Sigue soñando con tu victoria, perdedor —refutó Alix, con una sonrisa mordaz y comenzando a buscar el próximo desafío para ponerse de nuevo en cabeza del concurso—. Por lo que puedo ver por allí, Juleka ha ganado por los pelos.
Adrien se levantó como si tuviera un resorte instalado en el trasero y observó de inmediato a Juleka festejar frente a Nino. El rubio le hizo una seña a su amigo para poder saber lo ocurrido en una nueva derrota de su amigo moreno, Nino le dio una respuesta sólida y reconocible.
Lo vapulearon en juegos de puntería.
Juleka Couffaine – 2 1 – Adrien Agreste
Alix Kubdel – 1 0 – Nino Lahiffe
¡ROUND 3 - FIGHT!
—Amigo, por el amor de... Ah —siseó Adrien, dándole una palmada a Nino en la espalda y tomándolo de los hombros—. Escúchame, tenemos que ganar los dos, no se tolerará ni una sola derrota más, basta con que ganen solo en uno de los juegos por un puntaje más alto que el último registrado y serán imposibles de derrotar.
—¡Entendido! —respondió Nino, adoptando un rol de soldado raso ante la mirada de general que le enviaba Adrien Agreste. Los niños que pasaban por su lado los observaban raro, y algunas chicas adolescentes también, por más que les resultase atractiva la idea de ir a hablar con Adrien, les parecía todo un nerd y por eso lo evitaban en todo momento.
—Si lo entiendes, entonces no seas idiota, busca juegos que te den alguna ventaja —recomendó el rubio mientras zarandeaba a su amigo y le señalaba la zona de juegos—. ¡Elige uno donde puedas usar tu cerebro!
—Eh, tienes toda la razón, viejo —aceptó Nino, sacudiendo los hombros y preparándose mentalmente para un desafío durísimo—. Esto se gana.
—Por supuesto que se gana —sonrió el rubio, dándole una palmada en la espalda a su amigo y dejándolo ir hacia una de las maquinitas, Alix lo esperaba a un lado de la zona para saber a dónde dirigirse.
Adrien asintió al ver que su amigo había elegidoSpace Invaders, una buena decisión, Nino era suficientemente capaz de conocer los patrones del juego y ganar sin ningún problema.
Caminó hacia el otro lado de la sala y se encontró a Juleka al lado de un juego del que poco había oído hablar; sin embargo, las leyendas decían que, en una época antigua, ese juego entretenía duques y reyes.
O eso decían los abuelos.
El Pinball esperaba por un ganador.
Y tenía que ser él.
—Bien, Juleka, entonces... —pronunció el rubio al acercarse.
—El que haga mejor puntuación que el otro, así lo decidiremos —dijo Juleka, mostrando una pequeña sonrisa y haciéndose a un lado para dejarle observar la máquina en todo su esplendor.
—Bien, creo que al final todos olvidamos que debíamos sacar más boletos —mencionó el rubio, riendo levemente y metiendo la moneda para empezar la partida. Juleka asintió y se rio por lo bajo apoyando la mano sobre el cristal para observar la partida de Adrien.
El rubio vio la pelota salir y tragó saliva, no importaba que luciera absolutamente confiado al tocar los botones, estaba aterrorizado por dentro. Nunca en su vida había jugado al Pinball.
Solo podía confiar en la diosa del azar y su extraña habilidad para ganar en la ruleta y perder en el Blackjack. Su discurso había enviado a Nino a una guerra segura, y había estado confiado en sacar los dos puntos de ambas partidas.
Ahora ya no se sentía así.
La pelota golpeaba los objetivos y Adrien hacía de todo para que esta no cayese por la zona central, se mordió el labio inferior un par de veces. En los momentos críticos de su partida, donde casi se le iba el alma al pensar en su derrota y la humillación que recibiría a cambio de parte de Alix y Juleka.
Aunque Juleka no parecía capaz de dañar ni a una mosca, su mirada fija en el juego y su expresión concentrada se le hizo agradable. Ella en verdad era muy agradable.
Debía invitarla más seguido a hacer cosas.
El sonido de los golpes le permitió concentrarse nuevamente en el juego, presionó los botones cada vez que la bolita gris caía y era elevada por las paletas para chocar de nuevo y sumar puntaje. Ya podía entender el gusto de la gente mayor por ese tipo de juegos, si el hubiera nacido haciendo retos de Pinball con sus amigos, también sería una religión para él.
Un par de toques más y Adrien no pudo hacer nada cuando la pequeña bolita cayó por el carril central y perdió. Su puntaje salió en la pantalla y estaba orgulloso porque creía que era alto, solo esperaba ganar.
—Juleka, te toca —avisó el rubio, sonriéndole mientras le dejaba espacio para que ella pudiese poner bien las manos a los lados, con los únicos botones del juego siendo presionados para probar como iban.
—Sí, me toca... —habló la pelinegra con cierto nerviosismo, Adrien lo notó y se extrañó al ver que la mano le temblaba. La pelota salió hacia el tablero para empezar a rebotar y Juleka comenzó a jugar.
Adrien pensaba que él era malo, pero Juleka estaba siendo un desastre.
Tres veces había salvado la pelota por los pelos, se ponía nerviosa cuando caía por las paletas y las levantaba mucho antes para evitar que cayera. Había llegado a un punto en el que los propios rebotes hechos por Adrien parecían cuidadosamente calculados.
—Juleka... —balbuceó el rubio, llevándose las manos al rostro e intentando ocultar su expresión horrorizada—. Tú...
—Sí, no sé jugar a esto —confesó la gótica, bajando la cabeza mientras la pelota caía y señalaba su derrota.
—Entonces, ¿por qué lo escogiste? —preguntó Adrien, adoptando una expresión calmada y poniendo una mano en el hombro de su amiga.
—En realidad, había escogido el de al lado, pero viniste aquí y... No tuve el valor de corregirte.
Bien, Adrien podía contar con los dedos todas las veces en las que eso había ocurrido, solo habría levantado tres, pero ya era raro que hubiera pasado tres veces.
—Juleka, sabes que pudiste decírmelo, ¿cierto? —sonrió Adrien, acercándose a su compañera y poniendo una expresión que le provocó un sonrojo a la gótica. Juleka se sintió algo avergonzada y asintió de forma tímida—. No muerdo, o rasguño.
Sea como fuere, esa ronda había sido la más corta y estaba decidida desde el primer momento, en realidad esperaba que a Nino le fuera bien. Era su última oportunidad para empatar e intentar cambiar el rumbo de aquel desafío.
Recibió un mensaje en su teléfono y lo tomó para revisarlo por encima, sonrió al ver que el remitente era Nino y le había enviado una cara sonriente.
Juleka Couffaine – 2 2 – Adrien Agreste
Alix Kubdel – 1 1 – Nino Lahiffe
¡FINAL ROUND - FIGHT!
Bien, esa idea no había sido suya. En primer lugar, no creía que el lugar pudiera tener ese tipo de máquinas que eran más originarias de Japón que el sushi y el sashimi.
La parte superior del juego tenía el nombre escrito en letras brillantes y coloreadas, el lugar donde solían ir flechas para saber dónde pisar era un tablero de colores que reaccionaba con cada movimiento. Se iluminaba con cada pisada que daba y lo hacía con colores diferentes.
—Todo lo definimos nosotros —dijo Alix, sonriendo mientras se cruzaba de brazos, de pie en el segundo tablero y agitando suavemente los pies para prepararse. Adrien miró la pantalla grande y una lista de canciones hizo su aparición.
—¿Cuál quieres? —preguntó el rubio, levantando la mano y tocando el panel táctil a un lado de la pantalla para deslizarse por la lista. Tenía un diseño intuitivo y se movía como si fuera un disco, los nombres de las canciones estaban en inglés y a un lado, el número de estrellas media la dificultad de jugarlo.
—Veamos que tienen. —Alix entrecerró los ojos y leyó los temas de la lista mientras el iba bajando o subiendo según lo que le ordenase—. Orange Lullaby... Night Dancer... Oh, esa, juguemos Night Dancer.
—Eh, está bien. —Adrien presionó el botón para confirmar el tema y sudó frío al ver que era una canción de cinco estrellas, y teniendo en cuenta que el nivel más alto eran siete, no pudo evitar sentir que lo iban a apalizar.
—Sabes que ganará el primero que le acierte a los pasos, ¿cierto? —sonrió Alix, guiñándole el ojo y preparándose cuando el contador salió en la pantalla.
—Gracias, saber que no soy el único inútil en este juego me hace sentir mejor —dijo Adrien con una sonrisa y tomando una respiración profunda. El contador en la pantalla dejó de contar y entonces, letras doradas y con tipografía grande aparecieron declarando el inicio.
Dou demo ii you na yoru dakedo
Doyomeki kirameki to kimi mo... Oh
Adrien comenzó a moverse mientras veía las luces de la pantalla llegar hacia él, atraídas como los insectos a la luz. Sus pies estuvieron a punto de tropezar entre ellos y hacerlo caer, y eso que era solo el inicio.
Mada tomatta kizamu hari mo
Iribitatta chirakaru heya mo
Kawaranai ne omoidashite wa
Futari toshi wo kasaneteta, ah
Poco a poco comenzó a tomarle el ritmo al asunto, no debía hacer movimientos bruscos al momento de pisar, el truco era hacerlo suave y fluir con la música mientras se dejaba llenar por su melodía. Desvío un poco la mirada para poder comprobar que Alix había llegado a la misma conclusión.
Dou demo ii you na yoru dakedo
Doyomeki kirameki to kimi mo "odorou"
Dou demo ii you na yoru dakedo, ah
Futari kizamou (Du-du-du-du)
La versión corta de la canción hizo de las suyas y Adrien ni siquiera tuvo que esforzarse, la pantalla solo era una sucesión de luces instintivas que sus pies tocaban en el momento justo y sin sudar. Juleka y Nino observaban la escena desde un lado, asombrados debido a lo bueno que se estaba volviendo Adrien. Al menos en el lado del baile.
Después de todo, el tema era puntuar, y a pesar de que sus movimientos eran más gráciles y elegantes que los de Alix, ella pisaba el tablero en el momento justo.
La canción siguió por un par de minutos más, hasta que parecía llegar a su fin, el puntaje de Alix era mayor que el de Adrien, pero solo por unos cuantos aciertos más. Si por alguna razón extraña, los planetas se alineaban y Adrien pisaba en el momento perfecto los siguientes pasos, podría remontar la guerra.
Sin embargo, todo eso cambió cuando en los últimos segundos de la canción, los colores se cambiaron y los pasos se volvieron rápidos, no supieron cuál de los dos fue el primero, pero ambos cayeron juntos al suelo y el juego quedó detenido con el puntaje ganador de Alix en la pantalla.
Los jadeos de ambos se escucharon y el aliento era capaz de visualizarse. Adrien había quedado tumbado en el suelo del local y Alix estaba en su encima, sentada sobre su estómago y con las manos apoyadas en los hombros del rubio.
Ambos se vieron fijamente y Adrien sintió un ardor en el pecho. El calor ascendió por su garganta, obligándolo a tragar saliva para intentar aliviarlo e ignorar la sensación. Todavía sentía en sus fosas nasales el olor de Alix, cubierto por una capa leve de su propio olor y erizándole los vellos de la nuca al sentir el peso de su amiga sobre él.
Alix pareció no reaccionar ante ninguno de sus gestos y simplemente le sonrió, mostrando una sonrisa confiada y ganadora, restregándole su triunfo y superioridad sobre los juegos, a pesar de tener a Marinette en el banquillo.
—He ganado, Adriencito —celebró mientras le guiñaba el ojo y se levantaba de él, extendiéndole la mano para ayudarlo. Adrien la tomó y jadeó cuando Alix lo incorporó de un solo tirón.
—No puede ser, ya veo esta derrota publicada en el tablón de la escuela —sollozó Nino, negando con la cabeza y arrodillándose para intentar procesarlo todo.
—Bueno, eso suma a nuestro registro —dijo Juleka, sonriendo con timidez y sacando su propio teléfono. Abrió el bloc de notas y fue al primer archivo denominado: "Humillaciones". Era todo un marcador de las veces en las que se había enfrentado a alguien en un videojuego y había ganado, no era una lista tan grande como la de Marinette, pero estaba algo orgullosa de ella.
En especial de una victoria aplastante contra su hermano en uno de sus juegos favoritos.
Adrien se revolvió el cabello con nerviosismo y le dio una palmada en la espalda a su amigo.
—Lo siento, ganaremos la próxima —intentó animarlo el rubio, consiguiendo un asentimiento del cabizbajo Nino.
Alix siguió regodeándose a un lado, burlándose del rubio cuando este se giró para verla.
—Eres muy madura —comentó Adrien con un notorio sarcasmo, sonriendo cuando Alix frunció el ceño y le hizo una peineta.
El juego había terminado.
Juleka Couffaine – 2 2 – Adrien Agreste
Alix Kubdel – 2 1 – Nino Lahiffe
¡Team 1 – Winners!
Al salir de las recreativas, se toparon con una Marinette aburrida y sentada sobre un pequeño muro de piedra al lado de un jardín. Se le notaba ansiosa y tenía las manos sujetando su teléfono en horizontal, por lo que era obvio que se encontraba trasteando algún juego nuevo para pasar el rato.
—¡Chicas! ¡¿Qué tal les fue?! —exclamó Marinette, levantándose y guardando su teléfono para acercarse a Juleka y Alix.
Adrien se hizo a un lado para observar como las tres chicas celebraban el triunfo en una especie de abrazo grupal, lo que le hizo sonreír un poco, al menos se había divertido más que ver el arte escultural y arquitectónico de la ciudad.
No podía decir lo mismo de Nino, pero se le pasaría.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó el rubio, volviéndose el centro de atención del grupo cuando Marinette, Alix y Juleka dejaron de celebrar.
—Todavía queda tiempo hasta el mediodía —apuntó Nino, levantando la muñeca con su reloj digital—. No sé ustedes, pero yo creo que iré a ver a Alya.
—Yo debo buscar a Rose, me dijo que estaría en una pastelería cercana —añadió Juleka.
—Yo iré con Nino para reunirnos con Alya, tenemos algunas que hacer —se excusó rápidamente Marinette, dejando un poco confundido a Adrien.
—A mi me da igual, no tengo nada que hacer así que...
Alix se detuvo al ver que donde estaban sus amigos, solo quedaban estelas de humo. Adrien soltó una risa al ver que todos pensaron lo mismo cuando Alix comenzó a hablar, estaban cien por ciento seguros que la de cabello fucsia los habría retado a hacer algo sumamente estúpido.
—Parece que solo somos nosotros,Belle—bromeó el rubio, recibiendo un ceño fruncido de Alix y un golpe en el hombro—. Cuidado, vas a dejar moretones y debo modelar al volver.
—Oh, es cierto, lo siento. No sabía que había dañado a mi muñeco de Ken —expresó Alix con una falsa vergüenza antes de volver a golpearle en el hombro—. Vamos a ver que encontramos, idiota.
—¿Encontrar en dónde? —preguntó el rubio, siguiendo a Alix cuando ella comenzó a caminar hacia el lado contrario de la zona delimitada como permitida.
—No lo sé, donde nos lleve el viento —respondió Alix, dándole un ligero golpe en las costillas al rubio. Adrien se cubrió la zona mientras reprimía un pequeño gemido de dolor.
Aspiró con fuerza y al sentir el olor de Alix volver a entrar en su sistema, se llevó una mano al rostro e intentó ocultar el color rojo que iba a inundar sus orejas y sus mejillas.
Estaba seguro de que esa chica iba a meterlo en un gran problema.
Luego de una comida en la que dos albóndigas salieron volando y se jugó a algo prohibido por el mismísimo Vaticano, Adrien pudo descansar en su habitación de hotel. Había planes para la noche, una especie de recorrido nocturno en la ciudad para poder admirarla de una forma diferente al resto de turistas.
—Creo que me gustaría más quedarme aquí —susurró el rubio, sentado sobre su cama y observando el techo de su habitación.
—A mí también me gustaría.
Por supuesto, a su lado estaba la invitada sorpresa del viaje. Alix estaba pasando el rato con él en su habitación, despojada de la ropa con la que la había visto en la mañana y solo cubierta con una larga camiseta negra que estaba seguro de que la había sacado de su armario.
Reconocía la marca, pero no iba a hacer un problema.
Además, su olor volvería a quedarse con ella.
Se mordió el labio inferior y ladeó la cabeza, cubriéndose de nuevo el rostro y dejando que su corazón latiese en silencio en el interior de su pecho. No era la primera vez que ocurría, en la comida se había sentado a su lado y lo tuvo incomodo cada vez que estiraba la mano para pellizcarle el abdomen y la pierna sobre el pantalón.
Alix lo estaba matando, necesitaba pedir ayuda.
¿Dónde diablos estaba Plagg cuándo lo necesitaba? Ah, cierto, dormido en el bolsillo después de un coma alimenticio.
Adrien se golpeó la cabeza con la cabecera de la cama y cerró los ojos con fuerza, nunca se había imaginado en una situación como esa, y menos con Alix Kubdel. ¿El universo estaba mal o algo así? Siempre había soñado con al menos una modelo de su propia estatura y que no lo golpease cada vez que hacía una broma típica de Chat Noir.
No estaba seguro de lo que seguiría, pero al menos se estaba divirtiendo, la película que estaban pasando en la televisión era malísima, pero parecía que los trucos macabros para matar personas eran un gran atractivo para buena parte de la población mundial.
—No le veo la gracia... —comentó Adrien luego de ver como separaban a una persona por la mitad.
—No tiene gracia, en realidad te da como escalofríos, aunque si eres un psicópata si que te podrías reír —explicó Alix, agriando su expresión al ver la siguiente muerte en la pantalla—. Lo interesante puede ser la historia, aunque está algo desordenada.
—Ya veo.
—No, no lo ves, creo que tienes miedo, Adriencito —le picó Alix, golpeándole nuevamente la costilla con el codo y guiñándole un ojo—. El pequeñito tiene miedo, ¿cierto?
—¡Claro que no! —exclamó el rubio avergonzado, haciendo un puchero con los labios que le sirvió a Alix como material para risas por al menos quince minutos.
—Ya, ya, tranquilo, si tienes miedo, aquí estoy para protegerte, Adriencito —comentó Alix, riéndose mientras estiraba un poco los brazos hacia él—. Así que puedes abrazarme cuando quieras, solo no llores como un bebé.
—No lo haré —sentenció Adrien, desviando el rostro y ocultando sus mejillas rojas—. Y no lloraré como bebé.
—Bien, veamos cuanto duras —dijo Alix antes de volver a prestarle atención a la película. Adrien ni siquiera se molestó en mirarla mientras se acomodaba para seguir viendo el material cinematográfico extremo.
Eso ni siquiera le daba miedo, ¿cómo podría asustarse?
Unos minutos después:
Bien, estaba asustado y quizá levemente traumado.
Dejó que la mano de Alix le acariciara el cabello para calmar sus temblores y no aflojó ni un solo momento el agarre de sus brazos alrededor de la estrecha cintura de su compañera. Ella tuvo razón cuando insinuó que no soportaría la película, y dejar que la abrazara había sido algo muy bonito para consolarlo.
Siempre y cuando no estuviera grabando la escena de alguna forma u otra, pero no podía procesarlo. Escuchó el grito desgarrador en la pantalla y sus sentidos felinos se pusieron alerta, haciéndolo temblar y apegarse cada vez más al cuerpo de Alix.
—Cielos, tiemblas más que un chihuahua recargando energía demoniaca —comentó Alix, acariciándole el cabello con suavidad y llegando justo detrás de sus orejas. Adrien sintió el toque en esa zona y emitió un pequeño jadeo acompañado de un sonido en su garganta que salió cuando menos se lo esperaba—. Espera... ¿Acabas de ronronear?
Sí, lo había hecho.
Su rostro se puso completamente rojo y agradeció que ella no pudiera verlo, bajando la cabeza para ocultarse en los suaves muslos de Alix. La sensación nubosa y limpia lo desconcertó, por lo que, hipnotizado, llevó una mano y tocó la piel con sus dedos con suma delicadeza, jadeando de asombro ante lo magnífica que se sentía al tacto.
Tragó saliva y lo acarició de arriba abajo, su vista ya no enfocaba nada más que no fuera la piel blanca del muslo de Alix. Un instinto en lo más profundo de su ser le dijo que debía apretar un poco para experimentar nuevamente la sensación blanda.
Debía hacerlo de nuevo.
Apoyó la palma de la mano y dio un pequeño apretón, entreabriendo los labios con sorpresa y sintiendo que su rostro ardía.
—Adrien —susurró Alix, aunque el rubio no se detuvo para mirarla hasta que el agarre en su cabello se hizo más fuerte y le hizo doler—. ¡¿Qué carajos estás haciendo?!
Alix lo levantó de un tirón y de pronto, Adrien se percató de que estaban frente a frente. El rostro de Alix era una gama de diferentes tonos de rojo y sus ojos azules chispeaban con enojo, ni siquiera había notado que esos ojos podían mostrar más emociones a las habituales, o las pequeñas pecas casi invisibles que surcaban sus mejillas y el puente de su nariz.
Y el olor...
Era sumamente embriagador y lo ponía en trance, la mezcla de lo que desprendía Alix y el aroma de su camiseta le provocaba fuertes latidos provenientes de su corazón.
Un jadeó brotó de sus labios cuando su vista se posó en ella, Alix tragó saliva y desvió la mirada mientras hacia una mueca con su boca que dejaba a la vista sus dientes blancos.
—¿Estás borracho de nuevo? —preguntó Alix, con timidez mientras observaba la expresión boba en el rubio—. ¿O quizás... ya eras bien raro...?
Adrien no procesaba las palabras y simplemente reaccionó cuando Alix volvió a acariciarle el cabello detrás de las orejas, arqueando la espalda y comportándose como un gatito antes de volver a abrazarla con fuerza. Movió la cabeza y frotó su mejilla sobre el pecho de Alix como si este tuviera hierba gatera por todos lados.
—Adrien... suelta... —masculló Alix, con la voz entrecortada y la respiración agitada, el rubio estaba seguro de que le había dicho más que esas dos simples palabras, pero ya no podía escuchar. Adrien dejó de ronronear, pero alzó la mirada y se topó de nuevo con el rostro de la patinadora.
—No —respondió como un niño pequeño, sonriendo mientras cerraba los ojos y se acurrucaba con ella.
Escuchó a Alix suspirar y volver a acariciar su cabello, Adrien sonrió y si tuviera orejas de gato, estaba seguro de que se moverían con cada toque. Solo quería quedarse allí y descansar, al menos hasta que llegase la hora de la actividad nocturna que habían planeado.
Nunca había tenido una almohada tan cálida como la de ese día.
Fin del capítulo
Bien, este fue el capítulo del dia tres, espero que les haya gustado, como dije antes, he estructurado mejor esta historia, pero aún así, el tema de hacer romances es algo que no solía tratar antes. Si me equivoco o cometo algun error me gustaría que me lo dijeran para mejorar en el futuro.
Sin nada más que decir, nos vemos el siguiente capítulo.
