El quinto día, por fin, disculpen en verdad, la primera semana fue de aclimatación, la segunda solo tuvo eventos de bienvenida y apenas podía escribir algo. Esta semana ya iniciaron clases aquí y la biblioteca es el lugar donde más tiempo paso.
Pero bueno, aquí tienen el capítulo de esta semana, creo que la siguiente saldrá capítulo de Simbionte en París o incluso de Nueva Era, ya lo veré. Del último fic creo que es mejor no decir nada, porque los caps son larguísimos y jode mucho escribirlos.
Y por cierto, sé que existe Intercambio en Australia, pero ahora mismo estoy trabajando en investigar todo lo necesario para mantener el punto realista de la historia. Sin nada más que decir, os dejo con el cap.
La actividad de aquel día era diferente a otras, luego de un desayuno alrededor de las 9, todos se subieron al autobús vistiendo ropa cómoda para un día de actividades al aire libre. Estuvo pegado a la pared y con Marinette como compañera en el asiento de al lado.
Suspiró y siguió mirando por la ventana, esta vez sí se había tomado el tiempo para leer el programa de actividades. A diferencia del primer viaje, no se iban a pasar horas en el bus, con el olor a tapiz viejo en la nariz y las constantes peleas estúpidas de Kim y Alix.
El Parc de Gerland quedaba al sur de donde se encontraban hospedados, tenían que cruzar por unos cuantos minutos la ciudad, lo que le daba una buena vista de algunos sitios muy conocidos a los que iría en una segunda visita que haría con su padre.
No quería apartar la mirada para centrarla en el interior del transporte, estaba seguro de que sus ojos viajarían hacia una persona con el cabello de color fucsia sentada unas cuantas filas por delante. Ya se encontraba realizando desmadre e intercambiando bolas de papel con Kim y un enfermo Nathaniel que servía de escudo humano.
Su amigo pelirrojo ya se encontraba mucho mejor, pero tenía un vendaje enorme en el brazo y unas ojeras terribles. La piel se le teñía de un ligero morado bajo sus ojos y le daba un aspecto de zombi que no había visto desde aquella fiesta de Halloween en primaria.
—Adrien, ¿hoy planeas hacer algo? —preguntó Marinette, por lo que desvió la mirada de la ventana para centrarse en ella y poder responder con educación. Pero sentía que la pregunta era un poco tonta, después de todo el plan de hoy iba a ser obligatorio y nadie se podía escaquear.
O eso era lo que decían.
Él no estaba de ánimos para intentar destruir la actividad que a su bella maestra tanto le costó conseguir. Pero en su mente, tenía sus propios planes que involucraban a cierta chica sentada justo detrás.
Juleka había subido al autobús justo unos centímetros por delante de él y eso le costó ser su pareja de viaje. Chasqueó la lengua varias veces antes de percatarse que tenía a Marinette sentada con altos niveles de cafeína recorriendo su cuerpo.
Y eso lo estaba suponiendo por sus movimientos erráticos, su hablar rápido que le provocaba trabas en la lengua y su movimiento de ojos tan ágil que parecían los de un águila rebuscando a su presa a cientos de kilómetros.
—No, no tengo ningún plan a parte de las bicis —respondió con calma, volviendo su mirada a las calles que se veían desde la ventana y repasando su plan con sumo cuidado. Visualizándolo en su mente como una escena caricaturesca de los años noventa, con efectos de sonido y mucha violencia de fondo para hacer reír a los niños.
Hoy tenían programado un recorrido en bici por el carril que bordea el río Ródano, no solo podrían disfrutar de la naturaleza, sino conocer otras zonas de la ciudad en la que sin duda la gente sería mucho más amigable.
Tenía que lograr acercarse a Juleka lo más pronto posible, al ser una actividad sin fin competitivo, estaba seguro de que no podría adelantar al resto para situarse a su lado. Debía utilizar la artillería pesada para poder provocar al hombre perfecto para ese trabajo.
Kim.
Cuando a Kim se le soltara la lengua como a un muñeco de cuerda, estaba seguro de que Alix lo seguiría para hacer que este mordiese el polvo. Eso se sumaría a un par de minutos en los que su competencia podía alterar perfectamente el orden de todo el grupo, y pensaba aprovecharlo para ejecutar su plan a la perfección.
—Eh, si no tienes ningún plan en mente, ¿quizá podrías...?
Las palabras de Marinette fueron interrumpidas por un frenazo del autobús que la hizo pegarse al asiento de adelante, la fuerza del impacto fue tal que parecía una representación abstracta de una mosca aplastada por el cristal de una ventana.
—¿Alguien tiene una espátula, creo que Marinette ama mucho la tela de los asientos? —bromeó Chloé, de una forma mucho más sana y sin menos malicia que hace un par de años. Él estaba seguro de que el cambio de Chloé se produjo por algo más que simple palabras, pero no se había decidido a investigarlo.
—¡Yo tengo! —Alzó la mano Nino, ganándose un par de miradas del resto—. ¿Qué? Leí que existían sitios para hacer parrilla y quería probar.
No estaba tan seguro de que esa información fuera cierta, en la hoja de actividades ponía que el almuerzo sería una especie de picnic al aire libre. Incluso revisó la zona en Google Maps para asegurarse de que esta tuviera buenas reseñas.
Efectivamente, las tenía.
Observó un momento por la ventana para verificar que era lo que obligó al bus a detenerse de forma tan abrupta. Por lo que pudo reconocer en un primer momento, era una señora de casi noventa años cruzando en andador que salió en el último minuto. Para la buena fortuna de ambas partes, la señora estaba ilesa, pero cruzando la calle con tanta calma que parecía que disfrutaba joder paseos escolares.
La señora cruzó de luego de unos dos minutos de pura angustia. Había visto a sus propios compañeros lanzarse mochilas de un lado a otro y tuvo que agachar la cabeza al menos dos veces cuando una bola de papel se dirigió hacia su rostro.
No gracias, ya tenía suficiente con haberse quitado el vendaje de la nariz hace poco. Y es que el golpe que le dio Alix había sido fuerte, como si ella tuviera el brazo entrenado por un boxeador profesional. Sabía dónde debía dar el golpe y cómo hacerlo.
Era una especie de chica letal.
Le dedicó unas miradas por el rabillo del ojo y tragó saliva, ¿en que momento había dejado de verla como todos la veían? Por que ahora no podía apartar la mirada de sus piernas envueltas en aquella tela negra que se ajustaba tan bien, o sus blusas de manga larga con los hombros desnudos que ahora le provocaban una sensación asfixiante y hormigueante en el pecho.
¿Qué era lo que ella le había hecho?
Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la ventana, sintiendo pequeños golpes contra el vidrio cada vez que el autobús superaba un bache o giraba en las esquinas. Pero al menos eso le dio tiempo a aclarar su mente de tantas locas ideas que no planeaba hacer más que en su subconsciente.
Mantuvo los ojos cerrados todo el viaje, ignorando así los quejidos de frustración de Marinette cuando terminó enterrada por segunda vez contra el asiento delantero.
El vehículo se detuvo frente a su destino y la puerta se abrió, los primeros en bajar fueron Iván y Max, quienes se sintieron como los astronautas del Apolo XI al pisar por primera vez una terreno inexplorado. Y lo era, el césped cubría cientos y miles de metros en todas las direcciones, con árboles cubriendo zonas estratégicas a los lados.
Las familias se movían por el interior, aprovechando el espacio inmenso que daba el lugar, algunos perros corrían por intentar atrapar unfrisbee, y algunos niños corrían con balones en las manos y jugaban a atraparse para luego caer y girar sobre la hierba.
Sí, era un buen lugar.
Cuando bajó del bus, se llevó una mano a la frente para intentar cubrirse los ojos del sol. Sus ojos verdes viajaron por el parque y sonrió cuando vio a Alix propinarle una patada en el trasero a Kim. Parece que perdió en la competencia que ambos tuvieron en el interior del vehículo.
—Un bonito lugar, ¿cierto Adrien? —preguntó la señorita Bustier, apareciendo en último lugar y sonriéndole ampliamente. Se había atado el cabello pelirrojo y dejado que varios mechones rebeldes cayeran por su frente. Los pantalones tejanos ceñidos, la camisa de cuadros sin mangas y unas botas marrones la hacían parecer una agricultora a punto de cosechar todo un campo de maíz sin derramar ni una sola gota de sudor.
—Sí, creo que sí —respondió con calma.
—Bien, ahora ve a relajarte, espero que esta vez si te hayas leído la hoja de actividades —dijo Bustier, sonriendo y pasándole una mano por el cabello rubio.
—Lo hice, tenemos veinte minutos antes de las bicis, ¿cierto?
—Así es. —Sonrió su maestra, guiñándole un ojo.
Asintió y con un ligero rubor en las mejillas, se dirigió hacia donde se encontraban el resto de sus amigos, Marinette ya se había juntado con Alya y Nino, por lo que estaba seguro de que debía ir para ocupar su lugar como cuarto integrante del grupo. Nathaniel estaba hablando con Juleka y Rose mientras las dos chicas le acariciaban el brazo herido con suma delicadeza.
Bien, tenía una buena oportunidad para ir por su objetivo antes de que iniciase la actividad; unos veinte minutos debían ser suficientes para lograr sacarle algo a Juleka sobre lo ocurrido la noche del club.
Y estaba seguro de que ella le diría la verdad.
Sin embargo, no esperaba que Nino fuera a buscarlo y lo tirase de la manga para arrastrarlo hacia las dos chicas.
—Viejo, ayúdame a ganar esta discusión —le pidió el moreno con una mirada derrotada detrás de sus gafas.
—Amigo, si de ganar hablamos, entonces vamos mal, perdimos un duelo de videojuegos, ¿recuerdas?
Nino adoptó una postura depresiva y caminó como un reo directo a su ejecución. Adrien conocía bien a su amigo y la tendencia de este para meterse en competencias que no podía ganar, menos cuando se trata de videojuegos.
Llegó junto a Marinette y Alya, percatándose del chichón que comenzaba a formarse en la frente de su compañera de asiento. Alya tenía la cámara baja, pero estaba seguro de que no desaprovecharía la oportunidad para tomar alguna fotografía para el álbum secreto de la excursión.
—Mari, ¿quieres un adorno de rinoceronte junto a tu foto?
—¡Alya!
Las dos se siguieron reclamando e ignoraron su presencia. Pensó que aquello era bueno, después de todo no tenía muchos ánimos para intentar solucionar los problemas de ambas chicas o molestar a Marinette por convertirse en un unicornio temporal.
Nino siguió hablándole sobre su mala suerte en la noche de ayer, cuando todos los chicos de clase se juntaron en una habitación para iniciar una noche loca llena de juegos estúpidos y que amenazaban su integridad física.
Cosas que solo se les ocurría a ellos, no era extraño decirlo en voz alta, pero estaba seguro de que el grupo masculino de su clase estaba más loco que el femenino.
El grupo se fue moviendo como si siguiera el cauce del propio río, se movieron alrededor del campo abierto para no interrumpir el día de descanso de las personas que se relajaban bajo el perfecto sol que bañaba el césped y las copas de los árboles.
Los minutos pasaron volando y para cuando quiso darse cuenta, se encontraban justo frente a las bicicletas.
Bien, se relajó y debido a ello ahora tenía que ejecutar su plan.
Solo esperaba que Kim tuviera más ansia de ganar que de divertirse.
Las bicicletas resultaron ser una muy buena idea, quizá demasiado. Se alejó un poco del grupo de Marinette cuando se subió a una bici de color verde y pedaleó hasta adelantarse unos cuantos metros. Ahora el grupo estaba en marcha, divirtiéndose mientras sentían el viento traer una sensación refrescante y el olor a agua dulce.
Kim se encontraba a dos posiciones, emparejado con un Iván que observaba el río e ignoraba el camino frente a él, no se había caído hasta ese momento debido a que Kim le movía el manubrio de la bicicleta y lo acomodaba para apartarlo de los baches y personas.
Adrien tragó saliva y apretó los labios, desvió la mirada hacia el río y se hizo el desentendido. Aceleró y se colocó junto a Kim, fingiendo estar relajado por la actividad.
—Oye, Kim —dijo Adrien de forma casual mientras hacía equilibrio en la bici al levantarse del asiento con los pedales—, ¿no te parece que este paseo es un poco... demasiado tranquilo?
Kim alzó una ceja y se inclinó hacia adelante, flexionando los músculos de sus brazos contra el manillar, lo que no pasó desapercibido para un par de chicas que lo observaban desde el otro lado de la orilla.
—Es muy relajante —respondió sin dejar de pedalear—. Justo lo que necesitaba luego de la locura que fue ayer.
Asintió mientras recordaba por unos segundos a Kim haciendo flexiones con Nathaniel sentado en su espalda, uno de los momentos más raros de aquella noche. Intentó disimular su sonrisa mientras observaba como las chicas ahora lo reconocían a él y lo saludaban con entusiasmo.
—Sí, relajante... pero también un poco aburrido, ¿no crees? —insistió con un tono de voz que sugería algo más emocionante.
Kim frunció el ceño, sin entender del todo hacia donde quería llegar el rubio.
—Dijeron que era un paseo relajante —recordó Kim, como si estuviera defendiendo la idea original.
Adrien sonrió, sabiendo que ya lo tenía en la bolsa. Dejó escapar una pequeña risa y giró su bicicleta ligeramente, haciendo que ambos quedasen al mismo nivel respecto al resto del grupo.
—¿Y quién dice que un paseo relajante no puede convertirse en una carrera... también relajante?
La expresión de Kim se transformó y su mirada adquirió un brillo único, una chispa que solo se activaba cuando se le aparecía un reto en frente. El agarre en el manillar de la bici se volvió más firme e incluso su postura relajada se volvió tensa hasta transformarse en la clásica de competición.
—¿Una carrera? —repitió con una sonrisa ancha en su boca y entrecerrando los ojos—. Amigo, sabes que no puedo resistirme a un desafío.
—Pero hay una condición —añadió Adrien—. La carrera es contra Alix.
Kim se rio en voz alta y contagió a Iván con su entusiasmo.
—¡Eso suena perfecto!
Adrien entonces fue frenando hasta ponerse detrás de Kim y se dedicó a disfrutar del espectáculo que se venía. En menos de un minuto, el paseo por el parque se había convertido en una versión de bajo presupuesto del Tour de Francia.
Y él lo iba a aprovechar.
Acercarse a Juleka había sido sencillo, cuando la emoción inundó a más de la mitad del grupo, todos se vieron envueltos en la carrera de bicicletas, teniendo como línea de meta los dos árboles que se podían ver en el otro extremo del parque. Había un anciano sentado en el banco de madera que pareció emocionarse y se quitó la chaqueta negra para usarla como una bandera.
—Juleka —saludó Adrien, dejando de acelerar para ponerse lado a lado de la pelinegra.
Juleka lo devolvió en voz baja, con un ligero pero amigable gesto que hacía volar su flequillo morado hacia un lado debido a la brisa provocada por los múltiples factores que se combinaban durante la carrera en bici.
—¿No estabas junto a Marinette y los demás? —preguntó Juleka después de procesar que el rubio no se iría a ninguna parte.
—Tú misma lo dijiste, estaba.
Su sonrisa provocó una reacción en Juleka que ya era bastante conocida para él, la hacía siempre que cruzaban miradas en cualquier situación y le divertía en extremo las palabras que ella llegaba a decir.
—Guarda tu sonrisa de comercial y ve al grano, Adrien.
—Está bien, está bien —cedió con una sonrisa mientras se acercaba más con su bicicleta, dejando de pedalear para permitir que sea solo el impulso lo que los lleve hacia adelante—. Vengo a preguntarte algo.
—¿Será como la vez en el torneo escolar?
Después de que Juleka le hiciera esa pregunta, tuvo la decencia de lucir avergonzado. Él no había querido que ella recordase aquel evento y mucho menos sus palabras antes de entrar al partido de baloncesto que perdieron en el último cuarto.
Se sintió sumamente culpable y luego la abrazó por un buen tiempo para consolarla del mal día que fue aquella final. El desempeño en la cancha fue disminuyendo a medida que sus palabras hacían mella en Juleka, los minutos finales del último cuarto de juego fueron cruciales debido a que falló dos tiros de tres puntos que les hubieran dado la victoria.
Todo se debió a él y a su lengua felina.
—No, no, esta vez es algo diferente —dijo con la voz un poco baja y dándole una mirada sincera, los ojos de tono avellana de la pelinegra temblaron cuando hicieron contacto visual con los suyos y terminó por relajar su postura.
—Está bien, entonces dime...
—¿Qué fue lo que de verdad ocurrió en el club? —preguntó sin tapujos, entrecerrando los ojos y frenando de golpe la bicicleta al mismo tiempo que Juleka lo hacía. Apoyó el pie izquierdo y bajó la mirada, no podía saber en lo que estaba pensando o si le diría la verdad, pero Juleka era la única esperanza que tenía para poder saber si Alix le había mentido.
—¿Qué te dijo Alix?
—Qué me puse loquito al tomar un vaso equivocado.
Un leve gesto de vacilación en Juleka era todo lo que él necesitaba. Pero parece que había subestimado la capacidad de guardar secretos de su amiga; o aparentemente Juleka tenía una buena cara de póker.
—Entonces te ha dicho la verdad.
Juleka volvió a poner en marcha su bicicleta y se alejó de él. Normalmente le hubiera creído, pero todavía tenía un espina en su corazón que le hacía pensar que algo no estaba bien. Juleka ni siquiera le había mirado a los ojos cuando le respondió, era posible que todavía ocultase la verdad.
—Bien, tendré que seguir con el siguiente plan —susurró el rubio por lo bajo, observando a lo lejos como las bicis de Kim y Alix terminaron chocando de lado y causando una reacción en cadena que terminó con todo el grupo cayendo al suelo.
A excepción de Iván, que ni siquiera había participado en la carrera, absorto en seguir el paisaje y cruzando la meta improvisada antes que nadie.
Y así fue como Iván le ganó una carrera a Kim.
La pausa se realizó en una zona de picnic, con mesas de madera en las que se sentaron los grupos formados luego de la caída de las bicicletas. No estaban todos muy contentos, algunos llegaron con las rodillas repletas de raspones y las manos rojas de los golpes que se llevaron al caer.
Se sentó justo en la misma mesa en la que Juleka planeaba comer, lo supo porque había dejado la mochila a un lado mientras ayudaba a Rose con las pequeñas heridas de sus manos. Él tomó un sándwich de queso preparado esa misma mañana y se dispuso a comerlo con tranquilidad mientras esperaba.
Juleka volvió luego de unos minutos y suspiró cuando se lo encontró sentado frente a ella. Estaba saboreando el sándwich y no le prestaba atención a su alrededor, solo centrado en el sabor del queso contra su lengua y nada más que eso.
—¿No te lastimaste? —preguntó finalmente, habiendo dejado su almuerzo a la mitad sobre el papel que lo envolvía. Se centró en su amiga y le clavó la mirada para volver a analizar su expresión, no era bueno en ello, pero podría saber si a Juleka se le escapaba algún gesto que la delatase.
—No, por suerte estaba lejos cuando todos cayeron —explicó la pelinegra, sentándose en la misma mesa y tomando su propio almuerzo del interior de su pequeña mochila negra de tonos azules.
—Parece que nuestra conversación nos salvó —comentó Adrien.
—Sí, así parece —concordó Juleka, destapando el pequeño táper para dejar al viento el olor de la pasta con queso y tomate. Adrien movió la nariz de forma inconsciente cuando detectó un queso mucho más oloroso que el suyo propio y se le hizo agua la boca.
Tomó su propio almuerzo y siguió comiéndolo, observando por unos segundos al resto de sus compañeros en la zona de picnic del parque. Todos se encontraban organizando sus alimentos con mucha calma, quizá debido a que más de la mitad tenía heridas en las articulaciones que les provocaba dolor al moverlas.
Hace un tiempo había ocurrido algo similar, pero fue en un evento benéfico en el que todo se salió de control. Las competiciones amistosas se volvieron cada vez más serias hasta que la rivalidad fue inevitable, todo porque Kim habló con el representante de la organización, un tipo con un solo brazo que le ganó al echar un pulso.
Alya grabó dicho suceso y estuvo colgado en su blog personal durante días, hasta que Kim se enteró y tuvieron que borrarlo para evitar dañar el ego de su amigo. Aunque losstickersya rondaban por los grupos de distintas aplicaciones de mensajería.
Un pequeño quejido de Alix hizo que volviera a la realidad, observando como su amiga patinadora le daba golpes en el hombro a un diminuto Nathaniel que parecía haber absorbido el daño de todo el grupo, porque tenía una venda inmensa alrededor del torso y un ojo morado que clamaba por un filete.
Tenía que disculparse con Nath, él solo era una víctima de un plan que cuyo final ni siquiera debió ser ese. Se lo compensaría con creces cuando sea el momento.
—¿Estás pensando que te mentí?
La pregunta de Juleka hizo que él volviera a prestarle atención, para su suerte ya había terminado de comer, por lo que un mal sabor de boca no podría arruinar el delicioso queso que hizo disfrutar a sus papilas gustativas.
—Sí, lo creo —confesó sin titubear. No tenía sentido alguno mentirle a Juleka, era todo lo contrario a lo que debía hacer; jugar a meterle presión al decirle que no le creía en absoluto.
—Pero ya te dije la verdad —resopló la pelinegra, tomando una pequeña porción de pasta y llevándosela a los labios. El humo que emanaba de la comida era como un cartel gigante que indicaba lo caliente que se encontraba, pero a ella no pareció importarle.
—Creo que lo único que has hecho es continuar la mentira de Alix —expuso el rubio, juntando los labios para tratar de mantener una expresión neutral cuando Juleka se quemó los labios.
Al quejido que soltó, le siguió un toque suave con sus dedos y un quejido mucho más largo cuando deslizó la punta de su índice por su labio inferior.
La cara estática y neutral de Adrien solo duró dos segundos, luego metió la mano en su mochila y sacó una botella de agua fría.
—Toma, mójate el labio y bebe un poco —ofreció con su típica amabilidad y una sonrisa sincera.
Juleka aceptó la botella de agua e hizo exactamente lo que le recomendó, la destapó y dejo caer unas cuantas gotas sobre sus labios antes de poder darle un sorbo. Ella no se preocupó e hizo contacto con la botella, un hilo de agua se escurrió por su barbilla y llegó hasta su cuello, donde inició un goteo lento y tortuoso hacia su camiseta negra.
El Adrien de siempre habría pasado por alto todo tipo de detalles y simplemente se habría quedado preocupado por saber si su amiga estaba bien.
Pero ahora no podía evitarlo, la experiencia de Schrödinger con Alix (porque era verdad y mentira al mismo tiempo) había desembocado un cambio en él, y aunque no quisiera hacerlo, su cuerpo reaccionaba casi por instinto.
Suspiró y dejó que sus ojos se posaran en la ligera mancha oscura sobre el cuello de la camiseta de Juleka, al igual que con Alix, nunca se percató de como su amiga y compañera crecía hasta que comenzaron a jugar juntos al baloncesto.
Juleka finalmente dejó la botella sobre la mesa y tomó profundas bocanadas de aire, relamiéndose el labio inferior y suspirando cuando sintió que su dolor era reemplazado por una sensación agradable.
Adrien recuperó su botella y le dio una rápida mirada a su reloj, se acercaban a las doce de la mañana, hora en la que empezarían su siguiente actividad antes de volver a juntarse para poder comer de verdad hasta las dos de la tarde.
Y a su pesar, decidió darle un poco de tranquilidad a Juleka, quedándose callado el resto de la hora para evitar distraerla y causarle nuevamente una quemadura.
Se encontraba agachado, acomodando los elementos del interior de su mochila cuando sintió algo. Los vellos en su nuca se erizaron y sus sentidos volaron en todas las direcciones, los olores entraron por sus fosas nasales como un par de policías iniciando una redada.
Las reacciones instintivas de su cuerpo siempre habían sido bien recibidas; lo salvaron innumerables veces cada vez que usa el traje de Chat Noir, por lo que había aprendido a confiar en su instinto.
Y sus ojos se dirigieron de inmediato hacia los de Alix, que le devolvía la mirada con una expresión seria antes de desviarla por completo y centrarse de nuevo en sus compañeros de mesa.
Apretó los labios y gruñó por lo bajo.
Iba a sacarle la verdad de una forma u otra, incluso si tenía que usar métodos poco ortodoxos.
La hora que hicieron patinaje había sido la más aburrida del mundo para él, no ocurrió nada interesante a excepción de Alix. Su pequeña piedra en el trasero se había sentido como un pez en el agua y disfrutó al máximo sus horas en la pista de patinaje que tenían junto al lago.
Pero ahora ya estaban todos cansados.
La hora de comer se fue volando y el bus pasó a recogerlos a la hora pactada con anterioridad, el conductor era muy puntual y parecía que Bustier tenía todo el plan cogido por el asa, por lo que aquel día iba a ser lo más perfecto posible en cuestión de horario.
O eso parecía.
El siguiente lugar al que iban estaba a unos cuarenta minutos en el bus, eso habría estado bien de no ser por el accidente acontecido hace diez minutos. Se encontraban detenidos a dos calles del parque y con las autoridades intentando encontrar una solución para desviar el tráfico sin afectar la circulación de la vía.
Sorpresa, eso ya había ocurrido.
Esta vez estaba sentado en el pasillo y era Juleka la que lo acompañaba. Tenía un ojo puesto en lo que sucedía a través de la ventana y no le permitió perderse ni un solo detalle. Una señora mayor en un andador se detuvo en el borde de la calle e inició una llamarada de insultos hacia los trabajadores de emergencias que tuvieron que reducirla sin dolor.
Y luego la señora se levantó y procedió a pegarles con el andador. Estaba seguro de que era la misma señora de la mañana.
Afuera estaba ocurriendo una versión distorsionada de la batalla de Verdun con censura incorporada; adentro del bus, los heridos estaban durmiendo en sus asientos sin conocer el cruel destino que les espera en su siguiente parada.
Adrien conocía el sitio debido a que tuvo financiación de su padre para ser construido, algo que les daría mucha mejor propaganda y contactos para futuros acuerdos comerciales. Él estuvo en esa reunión hace años y no se acordaba de absolutamente nada.
Quizá los desafíos iniciales ya habían cambiado.
Sea como fuere, quiso dejar de pensar en eso e intentó centrarse en lo que Juleka le relataba. Al parecer la señora dejó de golpear a los dos adultos para irse a regañadientes y con el andador sobre el hombro.
Bien, ese era un giro de guion algo estúpido.
Cuando el autobús volvió a moverse, todos los conscientes en el interior alzaron los brazos y gritaron de alegría. Al fin se estaban moviendo y el flujo del tráfico volvió a la normalidad, el accidente entre el taxi y la ambulancia culminó con el propio taxista siendo ingresado y en dirección al hospital.
Un buen servicio.
Los servicios de emergencia ya se retiraron y volvieron al camino, esperando a que los minutos pasaran tan rápido como elflashde la cámara de Alya al captar un evento humillante en clase.
—¿Sabes a dónde vamos? —preguntó Juleka, algo cohibida luego de ver su expresión en la ventana. Adrien asintió con la cabeza y sacó el teléfono de su bolsillo para buscar la página web y mostrársela.
—¿France Aventures?
—Yo me iría preparando para usar cuerdas —comentó el rubio, sonriendo y guardándose nuevamente el teléfono en el bolsillo, cruzándose de brazos en su asiento para poder disfrutar de lo que quedaba del viaje.
Bustier preparó una tarde llena de aventuras, pero no contaba con que su clase estuviera fuera de combate después de solo cuatro horas en el parque. Eso solo dejaba a cuatro personas para poder probar el parque de aventuras; Iván, Sabrina, Adrien y Juleka.
Observó de reojo a Juleka buscar el propio parque en su teléfono y se dedicó a revisar las actividades, pasando de arriba abajo por la lista y el mapa del recorrido que estaba seguro de que harían.
Cerró los ojos y volvió a pensar en las cosas que le sucedían, su mente viajó de nuevo a aquel recuerdo de la noche y las sensaciones que experimentó al besar los labios de Alix. Ese fue su primer beso, y era obvio por que se estaba frustrando tanto.
Sea como fuere, toda su pesadilla mental acabó cuando llegaron al lugar.
El bus entró por un pasaje estrecho y abandonó la calle principal antes de tomar el desvío al aeropuerto. Los árboles hicieron presencia junto al césped y un par de edificios aledaños con carteles que indicaban ser casas de acogida o refugios para los niños.
Las puertas se abrieron y fueron bajando uno a uno, un camino recto con un aparcamiento de coches a un lado fue lo primero que vio al bajar. A un lado se hallaba un cartel que detallaba el complejo del parque Fort de Bron, con un mapa que resaltaba la forma de pentágono torcido del parque.
El camino del frente cortaba la circulación a los vehículos, obligándolos a continuar a pie. Todos bajaron del bus, con Bustier siendo la última mientras acompañaba a un Nathaniel que debió ser maldecido antes de viajar; nadie podía tener tanta mala suerte.
—¿Está siguiendo el camino? —le preguntó a Juleka, que se mantuvo a su lado mientras caminaban siguiendo al resto del grupo.
—La ubicación no dice mucho, pero diría que está adelante y a la izquierda —explicó la pelinegra, moviendo los dedos sobre la pantalla de su teléfono para cuadrar su ubicación. Las luces moradas que brotaban de los lados de su protector negro con decoraciones satánicas eran hipnotizantes.
—¿Has podido leer algo sobre el recorrido?
—Solo que tendremos que firmar una autorización por si no sobrevivimos —expresó Juleka, bajando el tono de voz hasta hacerlo sumamente terrorífico., dándole un pequeño escalofrío al rubio. Rogaba internamente que Juleka estuviese bromeando respecto a su integridad física.
La entrada al parque era tal y como la recordaba, con una especie de túnel de hojas con el nombre del lugar en letras de madera coloridas y muchos adornos infantiles para los niños. Las cuerdas y pasos elevados colgaban de los árboles en forma de una inmensa red para una araña arborícola que estaría muy feliz de poder saciar su apetito. A los lados de cada puesto había una cinta con un color que indicaba la fase de la prueba en la que uno se encontraba. Debías llegar al final obteniendo las cinco para considerar que habías superado el reto.
Caline fue la primera en cruzar la entrada y encontrarse del otro lado con uno de los encargados del parque. El hombre destacaba por tener un bigote inmenso y despeinado de un color castaño oscuro que recordaba a las hojas de los árboles muriendo en otoño.
—Bienvenidos —habló con una voz animada y en un tono divertido, casi como si ellos fueran niños de preescolar emocionados.
—Chicos, el señor Lambert es uno de los trabajadores del local —explicó Bustier, poniéndose a un lado del hombre de traje marrón con parches de logros aventureros en los hombros y el pecho—. Les explicará cómo hacer el recorrido.
Las normas del parque eran sencillas y luego de una pequeña explicación, les dieron a los únicos cuatro participantes un arnés sobre sus pantalones, el suyo era de color verde y combinaba con sus propios ojos.
Juleka tenía uno de color azul marino con manchas de pintura blanca, algo que según el señor Lambert, ocurrió hace un par de meses cuando organizaron un torneo de Paintball. No salió bien, parece ser que uno de los chicos tenía muy mala puntería.
—¿Estas lista? —preguntó una vez que estuvieron frente al primer árbol del recorrido. Tenía una escalera incorporada en un lado del tronco y arriba una plataforma donde un hombre con chaleco de seguridad esperaba por ellos.
—No, no lo estoy y no creo que lo esté —respondió Juleka, tocándose el arnés varias veces y haciendo sonar los ganchos metálicos—. ¿Y por qué tengo que hacer equipo contigo?
—Es algo que se llama Destino.
—Creo que es mala suerte.
Le sacó la lengua y ella puso los ojos en blanco, decidiendo subir primero por la escalera. Él la siguió poco después, los guantes que les dieron se agarraban a la perfección a la superficie rugosa de la madera, y estaba seguro de que harían lo mismo con las cuerdas.
Una vez estuvo en la cima de la plataforma, pudo centrarse de verdad en el recorrido que tenía frente a él. El primer camino era un puente colgante que abarcaba dos secciones, luego dos paredes de redes que debían escalar para poder cruzarlas y finalmente una tirolina larga que los dejaba justo en la parte final del recorrido, donde un rocódromo hacía su aparición.
No parecía algo complicado, pero el hecho de que tuvieran hasta las seis de la tarde para completar el recorrido indicaba que aquello no era fácil en absoluto.
Y eso es porque apenas eran las tres de la tarde.
Pero no iban a conseguirlo quedándose de pie como un par de idiotas, Iván ya tenía su propio arnés y a Sabrina recién se lo estaban acomodando, por lo que ellos serían los últimos para cruzar el circuito.
El tipo con el chaleco de seguridad les dio una explicación rápida sobre la importancia del arnés, así como al hecho de que debían asegurarse a las cuerdas en cada punto de control. Si se caían, el arnés los sujetaría, y si eso fallaba, debajo había una red que amortiguaría el impacto.
Asintió con la cabeza y entrecerró los ojos, su vista se puso en el camino y exhalando una pequeña parte del oxígeno en sus pulmones, inició el recorrido.
El primer puente colgante fue muy sencillo, sin embargo, en el segundo las cosas se complicaban. La separación entre las tablas era mucho mayor y aquello los obligaba a estirarse para poder pisar apenas con la punta del pie. Todo ello se sumaba con el hecho de que un dispositivo hacía vibrar las cuerdas para obligarlos a mantener el equilibrio.
—A la próxima voy a fingir una lesión —jadeó Adrien, gruñendo mientras se aferraba a una cuerda y daba una pisada segura en la tabla para seguir avanzando. Estaba cien por ciento seguro de que no sería pan comido para él, después de todo contaba con un equilibrio muy bueno.
Parecía que el síndrome del gato paracaidista venía con los poderes del Miraculous.
Juleka compartía su situación y solo se encontraba a dos escalones de distancia, si estiraba la mano era más que seguro que llegaba a tocarle el hombro. Claro, si al final no apoyaba la mano en ningún sitio, terminaría colgando hacia abajo y perdería.
—¿Cómo vas, Juleka? —preguntó al dar una segunda pisada y acercarse a su amiga, teniéndola justo delante.
Juleka se sujetó con ambas manos de las cuerdas y giró un poco la cabeza para alcanzar a verlo de reojo, tenía los dientes apretados y las manos bien aferradas a las cuerdas. Parecía estar a punto de soltarse, y se le notaba en la cara que no quería responderle.
—No mucho mejor que tú —respondió tambaleándose y cambiando su peso hacia adelante, recuperando el equilibrio—. Ya entendí porque nos dieron tanto tiempo.
—Al menos tenemos tiempo para hablar, ¿cierto?
Sonrió cuando escuchó el chasquido de la lengua de Juleka, eso significaba que la estaba sacando de sus casillas; en las bicis optó por un enfoque suave, pero ahora iba a molestarla hasta que ella le dijese la verdad.
—Adrien, ya te dije lo que querías saber —resopló Juleka, hastiada y siguiendo su camino, parecía que la molestia inducida por el rubio era suficiente para obligarla a avanzar por el puente y evitar cualquier otro desafío que se encontrase en su camino—. Deja de molestarme.
—No, no lo haré —respondió con una sonrisa que, si bien ella no podía ver, formaba parte de su propio personaje para intentar sonsacarle información.
—Eres imposible.
Se tardaron al menos quince minutos para superar el desafío, debido a que, en la recta final, el vigilante puso una sonrisa malévola y activó la vibración de las cuerdas al máximo. Adrien le frunció el ceño cuando llegaron a la siguiente, si seguían a ese mismo paso, iba a terminar odiando ese tipo de lugares.
Continuaron por la plataforma del árbol y llegaron a la primera red de cuerdas, Juleka se detuvo y ni siquiera dio un paso adelante. Alzó la cabeza para poder abarcar la altitud de la prueba y la oyó tragar saliva desde su propia posición.
—¿Miedo?
—Es muy alto —respondió Juleka con un hilillo de voz silencioso, casi perfecto para evitar ser escuchado por alguna persona normal. Pero su oído era tan bueno que no tuvo que realizar mucho esfuerzo para poder captar sus palabras.
—Ah, creo que entiendo. —Adrien plantó una sonrisa en su rostro y se acercó a Juleka, apoyando una mano en su hombro y señalando la red de cuerdas como si no fuera más que una simple araña en la pared—. Puedo ayudarte a subir.
—Me vas a pedir algo a cambio —supuso Juleka, chasqueando la lengua y apretando los puños. Sacudió los hombros para soltarse y rehuyó su mirada.
—Normalmente no lo haría, pero...
—Sigues pensando que te he mentido —concluyó la pelinegra.
—Correcto.
—Sabes que te he dicho la verdad, ¿por qué sigues en una búsqueda inútil?
—Si quieres la respuesta a esa pregunta, entonces te veré del otro lado —dijo el rubio, dando un paso hacia la red y colgándose de ella. Las cuerdas se movieron como si fueran un columpio, Adrien pasó un brazo por los agujeros de la red y lo utilizó para sujetarse—. A no ser que de verdad necesites ayuda.
Le extendió la mano y se mantuvo en una postura similar a la de cierta película de Disney, sin embargo, en vez de una princesa atormentada por su destino y en búsqueda de libertad; estaba Juleka.
—Lo haré sola, gracias.
Adrien se encogió de hombros y procedió a subir la red, apoyando los pies cada dos o tres escalones de cuerda, hasta que el arnés se lo impedía y le recordaba que debía asegurarse en el siguiente punto de control para no perder su progreso. Algo así como una partida de un videojuego antiguo que jugó un par de veces en el desván, debía asegurarse de llegar a los puntos seguros, porque la vieja consola no tenía memoria de guardado.
Perder en ese juego significaba perder horas significativas de años de tu vida que no iban a regresar bajo ningún concepto.
Sintió que Juleka se subió a la red cuando las vibraciones hicieron su trabajo, ahora conocía de primera mano la sensación de las arañas cuando algún insecto se enredaba entre los hilos mortales de su tela.
Llegó a la cima sin mucha dificultad y cambió de lado para iniciar su descenso hacia la siguiente plataforma. Se detuvo por un momento para observar que Juleka se había detenido a la mitad y tenía los ojos cerrados; no iba a poder hacerlo.
Se maldijo internamente y se mordió el labio inferior, fue una gran oportunidad para obtener sus respuestas, pero no si aquello implicaba dejar un amigo a su suerte.
Regresó por el mismo camino de antes y se detuvo a unos cuantos centímetros de Juleka, extendiéndole nuevamente la mano y chasqueando los dedos.
—Creo que necesitas ayuda —explicó cuando ella abrió los ojos y se sorprendió de verlo allí, sus manos se siguieron aferrando a las cuerdas y apretó los labios.
—Pero...
—Nada de peros, Juleka —la interrumpió, extendiendo un poco más la mano y utilizando los dedos de la otra para sujetarse. Le dio un toque en la frente y abrió la mano de nuevo—. No te voy a pedir nada, solo voy a ayudar a mi amiga.
La mirada de Juleka se suavizó y volvió a ser la de siempre, pasó un brazo por el agujero de las redes y estiró la mano, una vez que Adrien sintió el fuerte apretón, sonrió y utilizó su fuerza para ayudarla a ir subiendo. Una vez que Juleka lo alcanzó a unos cuentos metros de la cima, le fue guiando sobre como sujetarse bien y sirvió de apoyo para evitar posibles caídas.
Un buen trabajo en equipo. Repitieron la misma metodología en el descenso por el lado contrario, grabando con fuego en la madera del árbol un récord en dobles.
La segunda pared de redes fue tan fácil como la primera, un paseo en el parque en el que ambos se divirtieron y Adrien soltó un buen repertorio de juegos de palabras que harían sentir orgulloso al mismísimo Chat Noir.
Claro, si no fueran la misma persona.
El penúltimo reto estaba justo frente a ellos, y era una de las razones por las que el arnés era tan importante y tenía todo bien engrasado y reforzado.
La tirolina abarcaba una gran cantidad de campo y se encontraba muy alta. En el lado contrario se hallaba la zona de aterrizaje, con colchonetas reforzando los lados y el suelo, él estaba seguro de que alguien se había dado un tremendo putazo por soltarse antes.
El encargado que se encontraba a su lado les explicó del funcionamiento, lo que uno debía hacer era asegurar su arnés, agarrarse fuerte y dejarse llevar. Cuando estuvieras sobre cerca de la zona, o te mantenías par frenarte con la pared, o podías pulsar un botón para soltarte y caer sobre las colchonetas del suelo.
Bastante divertido, aunque él iba a preferir la primera opción, no se arriesgaría a soltarse y que su cuerpo mágicamente se contorsione en el aire para caer de pie.
No sería la primera vez.
Sea como fuere, ahora la decisión estaba en quien iría primero. Juleka pareció leer su mirada y se echó hacia atrás para descartarse a si misma de la ecuación. Eso no iba a funcionar.
—Las damas primero —dijo finalmente, sonriendo de forma casual.
Por supuesto, recibió una mala mirada de su amiga, ¿qué esperaba?
—No, claro que no —replicó la pelinegra, alzando las manos y separándose de la penúltima prueba.
—Juleka, tú puedes hacerlo —animó el rubio a su amiga, alzando un pulgar y dejando que sus mágicos ojos verdes hicieran su trabajo para convencer a la gente.
—No pongas esa mirada —refunfuñó Juleka, cubriéndose los ojos con las manos.
—Tú me la enseñaste —le recordó el rubio, manteniendo la mirada y la sonrisa.
—Pero no para que la uses en mi contra —chilló Juleka, con la manos temblorosas.
—Vamos, tú puedes hacerlo, Juleka —repitió Adrien, ladeando la cabeza.
Juleka entreabrió los dedos y suspiró, gruñendo mientras sus mejillas se ponían rojas del enojo, el ton contrastaba con su piel pálida y los detalles morados de su cabello.
—Está bien —cedió la pelinegra, acercándose de nuevo—. Pero ayúdame a que todo esté bien puesto.
—Ya verás que te vas a divertir —prometió el rubio.
Tal y como acordaron, la ayudó para que Juleka no se sintiera insegura, como si un movimiento en falso pudiera hacerla caer. Ya todo estaba en su lugar y el la sujetaba de la cintura, preparado para darle un empujoncito y enviarla a volar.
—¿Lista?
—No, siento que todavía me queda flojo —dijo Juleka.
—¡No te escucho! —exclamó Adrien, empujándola hacia adelante.
Se quedó de pie, observando como Juleka se iba haciendo cada vez más pequeña en la línea del horizonte hasta que chocó con la colchoneta de pared y se soltó. La observó dar dos vueltas para luego quedarse tumbada boca arriba y mostrarle el dedo medio.
Pudo ser peor; él lo iba a tomar como una victoria.
No se tardó mucho tiempo para hacer lo mismo, por lo que se lanzó dando gritos de júbilo mientras sentía el viento mover su cabello y entrecerraba los ojos para que nada raro le entrase. Se acercaba al final y se debatía entre las dos opciones de aterrizar, tenía que pensarlo rápido, muy rápido.
Y finalmente presionó el botón.
La cuerda se soltó y Adrien cayó hacia la zona de las colchonetas, preparado para caer bien y no doblarse ninguna articulación, sin embargo, su cuerpo giró en el aire por instinto y lo obligó a aterrizar sobre sus piernas.
Dolió, no lo iba a negar.
Sintió una vibración subiendo por todo su cuerpo y se quedó de piedra antes de caer de cara sobre la colchoneta.
No iba a volver a soltarse en el aire jamás.
Se levantó cuando Juleka fue a por él y lo tomó de la camiseta, arrastrándolo hasta la última prueba.
La pared de escalada era alta a más no poder, y tenía todo tipo de rutas para realizar, desde las más fáciles, hasta aquellas en las que solo se usaba la yema de los dedos para sujetarte.
Era escalada libre, no tenías cuerda alguna para sujetarte y debías llegar a la cima por tus propios medios. Arriba se encontraba un botón rojo que debías pulsar para proclamarte ganador de la última etapa y recibir un diploma por ello.
Sí, el premio era decepcionante, pero estaba seguro de que Bustier solo realizó esa actividad para poder cansarlos y que no molestasen en toda la noche.
Una táctica inteligente.
—¿Te veo arriba? —preguntó el rubio, tomando un poco de polvo de magnesio con sus manos y aferrándose a la primera presa de color amarillo.
Juleka lo miró esta vez de forma diferente, con mucha más calma y una sonrisa de agradecimiento. También se puso magnesio en las manos y se acercó al muro, tomando una presa de color azul oscuro cuyo camino serpenteaba de forma diferente hasta la cima.
—Te veo arriba.
Y ambos iniciaron su ascenso.
—Y estuviste a punto de caerte dos veces —recordó Juleka en el autobús, haciendo gestos con las manos y luciendo una sonrisa contagiosa que Adrien repitió cuando tuvo oportunidad.
—Porque tuve que volver a ayudarte, señorita Puedo con el Camino Difícil.
—Eso no es cierto —replicó Juleka, cruzando las piernas y dirigiendo su mirada hacia la ventana, cruzándose de brazos—. Yo podía sola.
—Yo creo que no —añadió el rubio.
Estaban sentados en la misma zona que el viaje de ida, pero mucho más cómodos y recostados gracias a la inclinación del asiento que hacía las cosas más cómodas para ambos. El muro de escalada como parte final los había cansado, tenían los brazos y las piernas hechos puré, por lo que solo buscaban llegar al hotel a dormir.
Adrien observó a Juleka mientras ella miraba a lo lejos por la ventana, el resto del bus estaba callado y pocas veces apreció el momento de silencio que sus compañeros le daban, pero aquel era el más oportuno.
—Adrien, gracias.
Para su propia sorpresa, fue Juleka la que habló primero con él, dejándolo descolocado y sorprendido.
—No fue nada, no me agradezcas, Juleka.
—En serio, gracias, sin ti no habría podido hacer nada de lo que hice hoy —expresó la pelinegra con una pequeña sonrisa y acercándose más a él dando un pequeño saltito en el asiento—. Creo que te mereces un premio.
Enarcó una ceja y tragó saliva, sintió que las manos se le ponían pegajosas y las hundió todo lo posible en el fondo del asiento.
—Juleka, ¿acaso tú...?
—Alix te mintió.
Y aquello era todo lo que Adrien necesitaba saber, por lo que se inclinó por el pasillo, y observó el sitio de Alix, que dormía a pierna suelta sin importarle molestar a su compañero de asiento.
Solo debía esperar a que llegasen al hotel, y le iba a demostrar un par de cosas a Alix Kubdel.
Entró a su habitación y se detuvo frente a la puerta del baño, esperando alguna señal para poder entrar a enfrentarse a Alix, necesitaba algo, lo que fuera, un sonido, una luz a este punto ya esperaba alguna señal extraterrestre.
Y la hubo, bajo el marco de la puerta se filtró la luz del baño y Adrien apretó los puños, frunció el ceño y entró de golpe sin importarle lo que pudiera encontrar del otro lado, pues eso ya no importaba.
Solo importaba decirle un par de cosas interesantes a Alix.
El baño estaba tal cual lo dejó en la mañana, pero ahora Alix tenía las manos sobre el rostro y un poco de agua resbalando en dirección a su camiseta, su cabello estaba peinado hacia atrás debido al agua y tenía la frente descubierta, dándole un aspecto más joven al que estaba acostumbrado.
—¿Adriencito? ¿Qué tienes? —preguntó con una sonrisa burlona en los labios, aunque dicha sonrisa murió cuando el le mostró su expresión enojada y se fue acercando a paso lento.
—Quisiste engañarme... —pronunció con voz grave y entrecortada, soltando un gruñido que subía desde su garganta y hacía vibrar sus propias cuerdas vocales.
—¿Estás estúpido o te golpeaste con una piedra? —replicó Alix, cruzándose de brazos y devolviéndole el contacto visual con una expresión aburrida.
—Ya lo sé todo, Alix —declaró el rubio, acercándose a ella y levantando lentamente los brazos, apretando los dientes y frunciendo el ceño, su campo de visión se oscureció en los bordes y enfocó a Alix en el centro de su mirada—. ¿Por qué me mentiste?
—No sé que es lo que hayas comido hoy, pero estás delirando. —Alix dio un paso hacia atrás e inclinó la espalda para alejarse su imponente presencia en el baño.
—Alix —gruñó el rubio, con una voz profundamente grave y realizando un movimiento rápido, encerrando a Alix entre su cuerpo y el lavamanos, dejándola sin escapatoria alguna de lo que sería su venganza, su forma de liberar todo el dolor sentido en esos últimos días.
—Piensa muy bien lo que planeas hacer... —masculló Alix con una incomodidad notoria debido a la posición y a la cercanía del rubio—. Ni se te ocurra...
Y él la calló con un solo gesto, uniendo sus labios nuevamente, como aquella noche en el club que su mente fue disolviendo a pedazos. Pero la sensación era la misma que en ese entonces, no le importaba nada, solo acariciar aquellos labios que le causaron una marejada de sensaciones y llenaron su pecho con algo diferente.
Sintió que Alix se revolvía y lo sujetaba de los hombros, por lo que decidió acabar con ello y volver a su realidad, seguramente Alix lo odiaría después, pero no podía dejar las cosas en calma luego de que ella intentase arrebatarle de la mente la mejor noche de su vida.
Cuando se encontró a centímetros de separar sus labios, un tirón en su cabello lo sumergió nuevamente en un mar de color fucsia, donde los labios de Alix se movían como los de un depredador intentando saciar su hambre de la única forma que conocía.
Ella rompió aquel beso y la escuchó gruñir, quejarse y golpearle el costado varias veces con el puño derecho. Su rostro tenía lágrimas en sus mejillas y el sufrimiento era notorio a leguas de distancia, jadeaba de cansancio y tenía las mejillas rojas, pero todavía mantenía la mano en su costado golpeado y la otra en su cabello, con una maraña de hebras en su puño.
—¿Por qué haces esto...? —preguntó Alix con una voz rota y apegando el rostro a su pecho, su respiración dificultosa y la forma en que su cuerpo temblaba le hicieron temer por sus acciones.
—Yo... Oh por... —Su divagar fue interrumpido cuando ella tiró de su pelo y volvió a unir sus labios, entrando nuevamente en aquella sinfonía que unía la ferocidad y la pasión en una obra maestra perfecta y digna de ser contada.
—No te quedo claro con ese puñetazo, ¿cierto? —masculló Alix, jadeando mientras rompía el beso y hablaba tan cerca de sus labios que su propio aliento chocaba con su boca—. No me gustan estas bromas de mierda, Adriencito...
—No es una maldita broma —gruñó el rubio, apretando los puños sobre el lavamanos y ejerciendo la fuerza suficiente para llegar a agrietarlo de forma superficial—. No sé qué me has hecho estos días, Alix...
—Estamos en la misma situación... ¿Por qué tenías que ser tú? —jadeó Alix, apegándose más a su cuerpo y apretando el agarre en su cabello—. Me prometí que nunca volvería a caer en esto...
—Alix...
—Se supone que me gusta otra persona...
—Y a mí también.
Ambos se miraron a los ojos por unos segundos que parecieron eternos, con el rostro llenándose de sudor y tragando saliva, nerviosos hasta la médula y con las mejillas rojas. El ambiente en aquel lugar estaba lejos de ser perfecto, pero para ellos lo era.
Y luego sin que Adrien lo tuviera en cuenta, Alix lo besó de nuevo.
Fin del capítulo
Bien, luego de este cap me tomaré un pequeño descanso antes de volver con Simbionte en París y luego con Nueva Era, que a este ritmo sale capitulo por año. Espero les haya gustado, un saludo y hasta el siguiente cap.
