Desafío para escribir 30 historias de nuestra pareja favorita: Haruka y Michiru
Desafío de Cuentos
10
Algo que empiece con la letra 'S'
Silencio
Después de la intensa batalla contra el Faraón 90, Haruka, Michiru y Setsuna tomaron una decisión conjunta: las Sailor Inner serían las encargadas de proteger el planeta, mientras ellas se dedicaban a cuidar de Hotaru. Era una responsabilidad que asumieron con amor y compromiso, pues la pequeña representaba no solo una nueva esperanza, sino también una razón para mantenerse unidas ahora que reinaba la paz en la tierra.
Los días pasaban con tranquilidad, pero también con un ritmo exigente. Haruka y Michiru se volcaron completamente al bienestar de Hotaru, asegurándose de que tuviera todo lo necesario para crecer en un ambiente cálido y seguro. Setsuna, siempre serena y observadora, se convirtió en un pilar silencioso, sus compromisos por ser la guardiana de la puerta del tiempo le hacían tener ciertas ausencias últimamente, lo que había sido una mayor carga para las otras dos outers.
Una tarde, después de varias semanas de rutina sin pausas, Setsuna las observó con una sonrisa comprensiva mientras jugaba con Hotaru en el jardín.
—Haruka, Michiru —dijo Setsuna, su voz calmada como siempre, pero con un toque de firmeza—. Han estado dedicando toda su energía a Hotaru, pero también necesitan tiempo para ustedes.
Haruka frunció el ceño, mientras Michiru ladeaba la cabeza con curiosidad.
—¿A qué te refieres? —preguntó Michiru, aunque en el fondo ya intuía la respuesta.
—A que hoy me encargaré de todo —respondió Setsuna con una leve sonrisa—. Hotaru estará bien conmigo. Ustedes dos deberían salir, respirar un poco de aire fresco y distraerse.
Haruka abrió la boca para protestar, pero Michiru puso una mano suave en su brazo.
—Setsuna tiene razón —intervino Michiru, mirándola con una mezcla de gratitud y convicción—. Necesitamos este momento.
Haruka bufó, pero cedió al ver las miradas de ambas mujeres. Finalmente, accedió.
—De acuerdo. Pero si algo pasa, llámanos de inmediato.
Setsuna asintió
—No se preocupen por nada. Disfruten.
Esa noche, Haruka y Michiru tomaron el auto y condujeron sin rumbo fijo, hasta que la brisa del mar las guió a estacionar su auto en un acantilado familiar. Allí, bajo un cielo estrellado, una vista perfecta del océano infinito ,el rugido de las olas y el aroma salado del océano las envolvieron.
Michiru se recargó en el hombro de Haruka mientras ambas observaban el horizonte. Había un aire de calma entre ellas, pero también algo latente que ninguna se atrevía a decir en voz alta.
Se recargaron en del auto, dejando que el silencio hablara por ellas durante largos minutos. Michiru recostó la cabeza en el hombro de Haruka, su mirada perdida en el horizonte.
—Hace tiempo que no veníamos aquí —murmuró Michiru, rompiendo suavemente el silencio.
—Demasiado tiempo —admitió Haruka, pasando un brazo por la cintura de Michiru. Sus ojos estaban fijos en el mar, pero su mente viajaba por los recuerdos de los últimos meses—. ¿Sabes? Nunca pensé que nuestras vidas cambiarían tanto después de la batalla.
Michiru asintió lentamente, sintiendo la profundidad en las palabras de Haruka.
—Hemos cargado con mucho desde entonces, pero Hotaru... ella hace que todo valga la pena, ¿no crees?
—Claro que sí —respondió Haruka con una sonrisa leve—. Pero a veces, no puedo evitar preguntarme si estamos haciendo lo suficiente. Si podemos protegerla de todo lo que pueda venir.
Michiru levantó la mirada, observando el perfil de Haruka, siempre tan fuerte, siempre tan determinada, pero también tan humana en momentos como este.
—Haruka, nadie puede predecir el futuro, pero eso no significa que estemos solas en esto. Setsuna, Hotaru... e incluso nosotras mismas, somos más fuertes de lo que creemos.
Haruka respiró hondo, pensando si serian ciertas las palabras de Michiru, si serían capaces de enfrentar nuevos retos, un nuevo despertar de Saturn, de una nueva batalla, meditando las opciones. Pareció un largo tiempo en el que ninguna de las dos dijo alguna palabra
—Es curioso, ¿no? —dijo Michiru finalmente, rompiendo el silencio
—¿Qué cosa? —respondió Haruka, girando apenas el rostro para mirarla, intrigada.
—El silencio. Es... hermoso, pero también inquietante. A veces parece un refugio, pero otras... es como si escondiera algo.
Haruka asintió lentamente, comprendiendo las palabras de Michiru. Sabía que había algo más detrás de esa reflexión.
—El silencio puede ser cómodo, pero también puede ser una señal de algo que nos negamos a enfrentar —murmuró Haruka, fijando su mirada en el horizonte.
Michiru dejó escapar un suspiro apenas audible, como si el peso de lo que llevaba dentro finalmente buscara escapar.
—Haruka... —su voz era suave, pero cargada de una seriedad inusual—. He estado pensando mucho en lo que significa nuestro deber como Sailor. Lo que hemos sacrificado... y lo que aún podríamos perder.
Haruka la observó con atención, dejando que sus palabras viajaran a través de ella.
—Siempre supe que nuestro destino era complicado —respondió Haruka con voz grave— Pero nunca pensé que te arrepentirías de algo.
—No es arrepentimiento —corrigió Michiru rápidamente, tomando la mano de Haruka con delicadeza—. Es más bien... miedo. Miedo de que el silencio que a veces compartimos sea el preámbulo de algo inevitable.
Haruka apretó su mano con fuerza, una acción silenciosa que transmitía su determinación.
—Michiru, el silencio nunca será algo que debas temer cuando estoy a tu lado. Si el mundo se queda en silencio, si incluso los sonidos del océano desaparecen, mi voz siempre estará contigo.
Los ojos de Michiru se humedecieron ligeramente, pero su sonrisa transparente apareció en medio de la obscuridad
—Haruka, no tengo dudas de que estarás ahí, incluso en los momentos más oscuros.
— entonces, ¿qué es lo que temes?
Michiru no dijo nada más, su mirada se quedó fija en el mar, las olas empezaban a romper contra el acantilado con mayor fuerza, la misma fuerza que ahora sentía en su corazón, fuerza que gritaba por salir.
—¿Sabes por qué hablo tanto del silencio? —preguntó Michiru suavemente, sin apartar la vista en el océano ni esperar una respuesta inmediata.
Haruka giró apenas el rostro hacia ella, pero no dijo nada.
—Porque es lo único que he tenido contigo durante tanto tiempo. Un silencio cargado de cosas que nunca me atreví a decir.
Haruka la miró, sorprendida por la vulnerabilidad en su voz.
—Michiru...
—Déjame terminar —interrumpió Michiru con un gesto suave pero firme—. Haruka, siempre pensé que eras la persona más valiente que conocía. Siempre tan decidida, tan fuerte... Pero en todo este tiempo, nunca te diste cuenta o... tal vez no quisiste darte cuenta, de algo que he estado tratando de decirte desde el principio.
Haruka sintió que su corazón se detenía por un instante. Sabía exactamente a qué se refería Michiru, pero el miedo que siempre la había perseguido comenzó a apoderarse de ella de nuevo.
—Michiru, yo...
—Te amo, Haruka. Desde el momento en que te vi, supe que eras especial. Que eras diferente. Y durante todo este tiempo, he tratado de demostrarlo de mil maneras, esperando que un día te dieras cuenta, que dijeras algo, pero nunca lo hiciste.
El peso de esas palabras cayó sobre Haruka valde de agua fría. Había esperado este momento durante tanto tiempo, pero también lo había temido. Temido porque sabía lo que podía perder.
—Michiru... —comenzó Haruka, su voz tembló ligeramente—. Siempre lo supe. Siempre supe cómo te sentías, pero... tenía miedo, aún tengo miedo.
Michiru la miró con sorpresa, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
—¿Miedo? ¿De qué?
—De perderte —confesó Haruka, su voz cargada de emoción—. He visto lo frágil que puede ser nuestra vida como Sailor's. He estado a punto de perderte más de una vez, Michiru, y no creo que podría soportarlo de nuevo — la voz se le quebró — te vi morir, ¡maldita sea!, vi sacrificar tu vida por mi; y viste lo que hice, no quería vivir una vida sin ti, por eso me disparé ¿qué sentido tenía seguir sin ti?
Michiru recordó aquel fatídico día en la catedral marina, cuando Yuyal había apuntado su pistola directamente al corazón de Haruka. No tuvo tiempo de pensar, simplemente corrió, guiada por un instinto desesperado. Su mirada estaba fija en el arma, ignorando todo a su alrededor mientras intentaba llegar a tiempo. Justo cuando llegó, un ardor abrasador atravesó su pecho y apagó su vida. Momentos después su espejo le llamó resonando como si estuviera vivo trayéndola de regreso, teniendo ante sus ojos a Haruka enfrente de su espada. Más tarde, en el refugio de su departamento, Michiru vio el dolor y la furia contenida en los ojos de Haruka, pero jamás imaginó hasta qué punto aquel evento había dejado una cicatriz en su alma.
—Haruka... —Michiru tomó su mano entre las suyas, apretándola con fuerza—. Yo… lo lamento, yo no lo pensé. Pero…no importa cuánto miedo tengamos, no podemos vivir ocultando lo que sentimos, no podemos seguir en silencio. Hemos enfrentado tantas cosas juntas, tantas batallas, tantas pérdidas... pero este miedo, esta distancia que hemos creado, no puede ser otra de esas batallas.
Haruka sintió cómo su decisión de mantenerse al margen de manera personal con Michiru empezaba a desmoronarse. Había pasado tanto tiempo tratando de protegerse de sentir nuevamente ese dolor, que se convenció que esa distancia era para proteger a Michiru, pero ahora se daba cuenta de que en realidad esa distancia era la que la estaba lastimando y alejando más, incluso cuando lo único que quería era acercarse a ella.
—Te amo, Michiru. Siempre lo he hecho —dijo finalmente, dejando que las palabras fluyeran como un torrente imparable—. Pero si te lo decía... si reconocía cuánto te amo... pensaba que eso haría que todo fuera más real, y que dolería aún más si te perdía.
Michiru dejó escapar un suspiro tembloroso, pero su sonrisa apareció, cálida y sincera.
—Amarme no hará que duela menos si algo llega a pasar, Haruka. Pero no amarme, no vivir este amor plenamente, sería un dolor aún mayor para ambas.
Las palabras de Michiru eran ciertas, y Haruka lo sabía. Finalmente, dejó que sus miedos se disiparan, al menos por esa noche. Se inclinó hacia Michiru, su frente tocando la de ella, mientras susurraba:
—Entonces prometo que ya no habrá más silencios entre nosotras.
La respuesta de Michiru fue un beso, suave al principio, como una promesa contenida, pero pronto se llenó de la intensidad de todo lo que las palabras no podían expresar. En ese instante, el rugido del océano parecía perderse en el eco de sus corazones, latiendo al unísono.
Bueno... aquí pasando a dejar esto. Creo que nunca había escrito algo dentro del universo de las chicas, pero así salió esta historia jeje déjenme saber que piensan. Saludos
